Pues esto se me ocurrio escribirlo mientras lavaba los platos en mi casa despues de desayunar jaja, pero gracia spor entrar, espero lo disfrutes, luego subire los demas capitulos!

Alguna duda, preguntala xD.


6 de Mayo

Han pasado 5 años ya. Aquellos días se desvanecen en mi mente, a veces llego a pensar que solo fueron sueños, que todo lo que viví fue un sueño increíble.

Ya no soy una niña, ya no soy una joven, ya no soy una Titan. ¿Alguna vez lo fui?

Sus rostros son como una imagen en el agua. Al principio eran claras, pero ahora son borrosas y sin claridad. He olvidado el tono de sus voces, la calma de sus ojos, su presencia…

Cerré el pequeño librillo azul. Soltando un suspiro de melancolía me levante y camine a la mesita a un lado de mi cama desordenada. Mire una vez más el libro que guardaba mis secretos y recuerdos.

- Ojala hubiera tenido uno de estos en aquellos días… - me dije guardando el libro en el cajón junto al bolígrafo.

Me senté en la cama dura y fría. El brillante reloj macaba insistente la hora. Faltan 23 minutos para mi hora de trabajo. Me levante con esfuerzos y camine a mi pequeño y desgastado armario.

Mi cuarto era pequeño, era el único con renta posible de pagar. A un lado de la puerta "principal" estaba el pequeño escritorio de madera oscura, libros amontonados en ella, papeles y papeles haciéndoles compañía. Y la pequeña silla de plástico blanco observando todo en frente. A unos 5 pasos de allí se encontraba mi cama siempre desecha conformada por el colchón y un edredón grande para el invierno. Mi mas decente abrigo, enrollado, formaba la almohada con la que compartía mis penas y angustias, y de vez en cuando…mis lagrimas. A un lado de esta estaba la ya mencionada mesita de noche con solo una lámpara y un reloj. El cajón de ésta solo tenía mi diario, un bolígrafo y varias monedas de diferentes tamaños. A un lado de encontraba el armario con aproximadamente 5 prendas para combinar. La puerta al baño era inexistente, era tan solo una cortina roída y malgastada. Para que describir el baño, con esto les bastaba a las personas para saber en las deplorables condiciones en las que me encontraba.

Saque la falda color salmón al igual que la camisa que hacia conjunto con ésta. Los zapatos negros y los calcetines reposaban en la esquina de mi cama.

Después de ponerme mi uniforme, amarré mi cabello maltratado en una coleta alta. Mire mi rostro cansado y sin vida en el espejo roto por la parte de arriba.

¿Cómo llegue hasta aquí? ¿Qué nos sucedió?

Eran las preguntas que me hacia noche tras noche. Solté aire cálido por mis labios secos mientras giraba y tomaba mi pequeño morral gris. Abrí la puerta oscura y salí cerrando mi cuarto con llave. Había tomado precauciones después del primer robo cometido a mi cuarto.

Agité mi mano sin energía a la diminuta anciana sentada al final del pasillo mirando a la nada.

- ¿Como estas, pequeña? – su voz ronca y cálida me hacia sonreír un poco.

Me agaché a su lado mirando sus ojos grandes y desgastados. Su cabello lleno de nieve escaseaba pero ella seguía luciendo hermosa. Puse mi mano sobre su arrugada extremidad que descansaba en el brazo de la mecedora. Ella sonrió.

- Estoy bien, ¿y usted señora Miya? – ablande mi voz mientras ella asentía y comenzaba a relatarme su noche en soledad. Su esposo había muerto apenas 5 meses y ella permanecía de luto.

- Le prometo esta noche traerle la sopa que tanto le encanta, caliente y humeante. – declaré levantándome. Un brillo en sus ojos me miro mientras sus labios pálidos se curvaban formando una sonrisa.

Besé su frente y bajé las escaleras suspirando. Mientras mis pies seguían el mismo camino de diario, mis manos sacaban del morral unos billetes arrugados.

Me detuve frente a la parada del autobús. Este se detuvo frente a mí. La puerta se abrió chillando y yo subí sonriéndole al conductor. Deposite en su mano los billetes, para luego caminar por el pasillito hasta un asiento disponible tras una joven con un bebé en manos.

Me acomodé junto a la ventana y me recargué dejando mi espalda descansar. Miré al bebé sonriente saludarme con los ojos grandes y azules. Mordí mi lengua al recordar aquel tono de ojos, las lágrimas se apresuraron a mis ojos por lo tanto apreté los puños.

Alejé la vista de sus ojos hacia la ventana empañada por el frio. Frote mis manos en mis brazos desnudos tratando de darme calor y distraerme de mi recuerdo.

Recargué mi cabeza en el vidrio y suspire soltando mi lengua. Su rostro se desvaneció como siempre.

Me levanté al ver mi parada acercarse. Apreté el diminuto botón rojo y un sonido agudo alerto al conductor que quería bajar. El autobús se detuvo con lentitud, bajé con un simpático salto al pavimento. Retomé mis pasos hacia el restaurante. Levanté la mirada al cielo oscuro. Era tarde ya, era hora de cenar.

Entre por la puerta trasera, abrí mi casillero y guarde mi morral, saqué mi delantal. Amarré los listones blancos en mi espalda. Cerré de un portazo mi casillero y salí a la puerta de la cocina.

Salude con la mano al chef que se apresuraba a preparar las cosas antes de que abriéramos.

- ¡Kori, llegaste a tiempo! – me saludo mi compañera, le sonreí.

- Gracias si es un cumplido Marlett – dije con una risilla sin gracia.

Ella rodo los ojos y giró para seguir limpiando la mesa roja con blanco. Me acerqué a la puerta de vidrio, mire a través de esta, la gente paseaba y hablaba animadamente por el estacionamiento.

Giré el letrero indicando que ahora estábamos abiertos, luego me puse en la barra a esperar.