Y estoy de regreso! Ya saben, los examenes y las vacaciones y la familia y lalala. Pero yo muy inteligente empecé el capitulo imediatamente despues de acabar el otro. Así que! Aquí esta, es corto, pero muuuuuuuuy escencial. Y...raro. En fin! Los amo y espero que les guste!


La sala regresó a las garras del silencio, aturdido sólo por mi corazón contra el pecho rígido de mi exlíder. Sabía que había tocado un tema muy frágil para ambos, el motivo de nuestras discusiones y nuestro frío tratar. Pero tenía que decirlo, si no, las palabras se pudrirían en mi boca y me matarían por dentro. Lentamente lo solté, rogándole telepáticamente que dijera algo; imaginando su voz aceptando mis disculpas e invitándome nuevamente al equipo y a sus brazos. Pero sus labios se mantuvieron juntos en todo momento. Mi mano subió a su mejilla, tratando de mostrar mi cariño, pero, rompiéndome el corazón una vez más, alejó mi mano de él con lentitud. Lágrimas se apresuraron a mis ojos, pero las contuve, mostrando una sonrisa triste.

- Entiendo – murmuré, tomé un respiro profundo antes de hablar para evitar que mi voz se quebrara. – Espero que puedas perdonarme.

La sala rugió y se tiñó de rojo, haciéndome parpadear varias veces, acostumbrándome a la luz. La parálisis del pelinegro desapareció cuando enarcó una ceja, curioso, mirándome aún. Me giré sobre mis talones y observé la gran pantalla cobrar vida y enmarcar varias cámaras de seguridad que mostraban un banco, dos figuras corriendo por los pasillos con bolsas en las manos.

- ¡Están robando el banco! – anuncié, mis ojos buscando a Robin quien, tras de mí, asintió y sacó su comunicador.

- Titanes, emergencia – dijo, tranquilo, al aparato que contestó con un ronroneo.

Minutos más tarde, los otros tres integrantes del equipo aparecieron en la sala, un chico verde tallando sus ojos, aún adormilado.

- ¿Y ahora qué? – se quejó, su piel verde tomando otro color por la luz roja que aún iluminaba el lugar.

- El banco – resumió su líder, su voz aún tranquila.

Los titanes se miraron entre ellos y luego a la pantalla detrás de mí. Sin esperar respuesta de parte de ellos, me miró.

- Starfire, vendrás con nosotros esta vez. – esas palabras eran las que había estado esperando por tanto tiempo, sintiéndome parte del equipo una vez más. Asentí y sin más, salimos al banco


No nos tomó mucho para llegar al banco que estaba siendo asaltado. El lugar era familiar, claro por ser el banco más famoso de Jump City, lo recordaba de mis años como adolescente. Raven nos transportó al interior sin parpadear y los pasillos oscuros nos recibieron en silencio. Robin murmuró algo a Cyborg y él le asintió. El pelinegro comenzó su camino, dando vueltas en cada esquina hasta llegar a un cuarto con monitores, dándonos acceso a la seguridad del lugar.

- ¿Los ven? – preguntó Robin, refiriéndose a los asaltantes.

Hice una mueca, mis ojos clavados en los monitores, buscando movimiento. Por el rabillo de mi ojo, noté dos figuras corriendo en la cámara superior izquierda. La señalé segura y miré a mi equipo.

- ¡Pasaron por allí!

- ¿Viste cuantos eran? – preguntó Cyborg.

- Dos, son dos. – aseguré saliendo del cuarto.

Robin conocía el lugar perfectamente, pero no era fácil perderse pues éramos guiados por los gritos de los guardias. El primer cuerpo que encontramos estaba sentado contra la pared, su rostro hinchado por un golpe evidente. Seguía con vida, pero estaba inconsciente. Seguimos nuestro camino, corriendo ahora, yo volando al frente de todos.

Llegamos por fin a la salida, cerrada, pero nos encontramos sólo con una silueta, buscando una manera de salir. Me detuve y esperé a que Robin hablara, pero no lo hizo.

- Titanes – respondió mi ex compañera, Jinx, sin mirarme ni una vez, probablemente aún molesta de haberme ido con mi viejo equipo. – Terminemos con esto – anunció y se preparó para pelear.

Fue en ese instante que mi equipo se congeló, incluyendo a nuestro contrincante. Era como si el reloj se hubiera detenido y cada respiro fue retenido en sus pechos. En mi cabeza, un chillido infernal cobró vida y fue acompañado por un grito desgarrador de mi parte. Slade. Estaba tratando de controlarme nuevamente, seguramente para que ayudara a Jinx a escapar. Los ojos de mi equipo se enfocaron en mí, un gesto de preocupación escrito en sus rostros. Robin comenzó a acercarse pero negué violentamente y di un paso para atrás señalando a Jinx.

- No se preocupen por mí, Slade está distrayéndolos para que ella escape. – anuncié, tratando de contener los gritos adoloridos que rogaban salir de mi boca. Pero Robin, ignorándome, se acercó más y me sujetó por los brazos.

- Starfire, no hay nadie aquí. – murmuró, un tono de tristeza en su voz.

- ¿Qué? – cuestioné, mis ojos abiertos de par en par, el chillido de mi cabeza agudizándose.

- La alarma jamás sonó, el banco nunca estuvo bajo algún riesgo. – continuó el pelinegro.

- Bueno, lo estuvo, pero solamente cuando tú lo robaste junto con Jinx – habló por fin Raven. Mi ex líder le lanzó una mirada molesta, pero la chica de cabello purpura simplemente desvió la mirada.

- No, se equivocan, yo la vi. La alarma. Jinx. El banco… - mi cabeza comenzó a dar vueltas, y sentí la boca de mi estómago revolverse. En un parpadeó, perdí conciencia de absolutamente todo.