Disclaimer: Todos los personajes de Black Jack, del manga y anime homónimos, así como todas sus situaciones, son propiedad de Osamu Tezuka.

Notas de Autor: La broma ligera que empezó como un pairing "perturbador" —según palabras de Shadow Shaw Phantom (preciosa, muchas gracias) — acabó convirtiéndose en algo un tanto más serio, dando inicio a este fic. Les advierto que habrá spoilers para los que no han leído el manga de Black Jack; Lime subido de tono; e insinuaciones de temas delicados cómo la eutanasia, la guerra, la transexualidad, y el incesto. Disfruten de la lectura.


"Los Que Han Sido"

I: Los Amores

Un fic de Kiriko y Kisaragi

por

Miriam Puente (Esplandian)

De todos los que han sido, el primer amor—el que se calla—es el más trágico en la vida de Megumi Kisaragi. Es aquel taciturno interno de rostro joven cubierto por cicatrices, y un notorio mechón blanco. Es su nombre Kuro Hazama, y su talante es frío como el metal templado. Es la sombrilla que la espera en los días de lluvia, y los pasos anónimos que la protegen de regreso a casa. Es el que no la mira, jamás, como a una mujer pero que se queda en vela junto a ella después de que las enfermeras se han ido. Es él enamorado que no se atreve a confesar su amor hasta que es demasiado tarde, al que le debe la vida, y también sus dilemas.

Recuerda sus manos, sus dedos, su toque clínico e inquisitivo.

Un beso, pero nada más…

—No— tanta añoranza, tanta dulzura—. Este instante es eterno.

Es eterno en el recuerdo, cómo todo lo que muere. El "quizás", el "hubiera", siempre deambulan implícitos cómo fantasmas de una realidad suspendida. Igual, ella había dejado de ser una mujer a sus ojos…cómo si solamente ser o no ser fuera necesario para amar y ser amado. Las reservas de ambos eran cobardías.

Decidió que lo mejor era embarcarse como doctor, a la bastedad de los océanos y empezar de nuevo. Ya no era Megumi sino Kei, un hombre.

Entonces aparece el segundo. Es el marinero joven de Manila,el muchacho de corazón ardiente como una fragua. Es ingenuo a sus dieciséis años, rebelde, conflictivo, pero su ímpetu es tan desbordante y su amor tan inocente... es aquel que gritaba desafiante a los siete mares y al mundo todo lo que no le cabía en su robusto y altivo cuerpo.

—Qué sanes tan rápido no significa que debas buscar pleitos con la misma prontitud.

—Oiga, doc, yo no los busco, ellos lo hacen... No quiero que piense que soy un rufián, usted es tan bueno conmigo que…—la calidez de sus manos curtidas despertó todo lo que Kisaragi creyó perdido. En esta ocasión, hubo mucho más que un beso.

Es salvaje, tempestuoso, y tan sincero cómo el mar en días de cielos claros. Recuerda esos largos rizos rubios, sus ojos azules, su traje blanco; y su piel de lienzo donde exóticas deidades y peces recibían a sus dedos navegantes.A ese niño le hubiera dicho "sí" por siempre. Pero la reserva, el resto… la cobardía, y el disimulo de un año de encuentros secretos y drama adolescente, de aquella inigualable pasión de la que solamente queda una carta por constancia; aquella carta que le escribió a Kuro en favor del chico, para que empezara una vida nueva: Una vida de libertad y oportunidades, sin marcas dejadas por la penuria de la vida en altamar; una sin las grafías de Hong Kong que adornaban su epidermis; una lejos—muy lejos— de Kei Kisaragi. Pero dicen que "el camino al infierno esta empedrado de buenas intenciones"...

Apenas un hombre, y murió queriéndole, ardiendo, agonizando para salvar a otros. Ella recibió su cuerpo blanco—el impecable toque quirúrgico de Kuro—, y la noticia de su heroísmo cómo la última muestra de afecto. Beso sus labios en despedida, y le prometió ser valiente. Las lagrimas salían sobrando entre ellos.

La travesía por los mares continúa de un puerto a otro, con los caprichos de la naturaleza interrumpiendo. Y un día las costas familiares se extienden en el horizonte: es Yokohama, Megumi la reconocería hasta con los ojos cerrados.¿Cuánto ha pasado desde la ultima vez que pisó la tierra a la que llamó hogar? Cinco años, un lustro, lo suficiente para volverse una extraña, un extraño. Tiene tres días para sumirse en la nostalgia de quien regresa a casa.

Cuándo ve aquella silueta oscura en el puerto no puede creerlo, vence su cobardía y decide que será valiente, por ella, por él, por los dos.

— ¡Kuro! ¡Hazama!

El hombre vestido de negro y prematuramente encanecido se vuelve a ella: pero no es Hazama.

—Me confunde—sonríe—, pero sería un verdadero placer conocerle.

Un ojo cubierto por un parche, y el otro a la vista. Verlo directamente es asomarse a un espejo oscuro, donde toda ilusión se confunde.

—Disculpe, no quise molestarle…

Los pómulos salientes y la nariz aquilina y los labios, que se curvan ligeramente, imprimen cortesía al ofrecer su mano blanca. Poseen una delicadeza que raya en melancólica resignación. Era como si no tuviera prisa por llegar a un destino fijado desde antaño.

—Por el contrario, usted ha venido a alegrarle el ocaso a este vagabundo—la sonrisa en el cuerpo tan frágil pesaba como mil muertes o mil nacimientos. Y algo en su voz resuena en lo más hondo del Doctor Kei Kisaragi, en los restos de quien fue Megumi Kisaragi.


Notas de Aclaratorias: Megumi /Kei Kisaragi aparece por primera vez en "El Encuentro/ Confluencia"[めぐり会い], y se le menciona más adelante en "El lejano perfume de amor(que viene del mar)" [海は恋いのかおり].

Habrá que correr riesgos: todos los comentarios (flammes/criticas/sugerencias/etc.) son bienvenidos.