¿Por qué tuvo que volver?

En ese momento no supe que hacer, lo vi entre la multitud, parecía buscar algo o alguien, mi corazón se detuvo por completo al verlo ahí, de pie, tan tranquilo, como si nunca hubiera pasado nada…

¿Por qué tuvo que volver?

Mi vida había estado completamente tranquila sin él, había logrado encerrar mis recuerdos, luché contra mis heridas y logré cocerlas, más nunca sanarlas, y ahora él se presentaba aquí y esas heridas que por tanto tiempo había logrado ocultar se habían abierto de nuevo.

Cinco años habían pasado ya, cinco míseros años en los que luché contra mi misma, contra el mundo entero, pensé que lo había olvidado, que mis sentimientos hacía el habían cambiando, por un lado sentía que lo odiaba con todo mi ser, y por el otro sentía que aun lo amaba como nunca he podido amar.

No me había movido de mi lugar durante largo tiempo porque no lograba dejar de mirarlo, estaba tan espléndido como hace diez años, sus cabellos platinados estaban más largos, sus ojos igual de brillantes, los años parecían haberlo favorecido a pesar de lo que había hecho conmigo, ansiaba salir del trance en el que había caído, quería salir huyendo de ahí, no soportaba mirarlo y sin embargo, no podía dejar de hacerlo.

Y entonces sucedió, el continuó caminando hasta que su mirada se topo con la mía, noté el como se detenía de repente, me miró con la misma intensidad con la que yo lo miraba, me estudió y me observó durante un muy largo tiempo, mis piernas no respondían.

Noté como se acercaba cada vez más a mí, no podía permitir eso, no podía dejar que se me acercara y que hiciera conmigo lo que se le diera en gana, al fin mis piernas respondieron y comencé a retroceder, la sola idea de tenerlo a unos centímetros de mi me atormentaba, me había jurado nunca volver a hablare, nunca buscarlo, nunca tenerlo tan cerca, lo había jurado.

El comenzó a apresurar el paso para llegar a mi tan rápido como pudiera, mientras que yo continuaba retorciendo hasta que me tope con un señor, le pedí disculpas rápidamente y me di la vuelta, decidí salir corriendo de ahí, pude sentir la mirada de Diamante clavada en mi espalda. Corrí tan rápido como pude hasta llegar a la estación de autobús, temía que estuviera detrás de mí, no quería que supiera donde vivía, no quería que supiera nada de mí.

Volví a mi departamento con el recuerdo de sus ojos en mi mente y en mi corazón, sentí como mi corazón latía desenfrenadamente, ya no recordaba la última vez que había latido de tal manera… ¿o si?, si…definitivamente la recordaba, desde aquel fatídico día en el que me dejó.

Solo podía existir un hombre en todo el mundo que lograra hacer que mi corazón latiera de aquella manera, y ese era él, Diamante Blackmoon. Ese hombre que me había dejado plantada en el altar, el día de nuestra boda.

Me negaba a creerlo, desee que solo hubiera sido una ilusión óptica, un sueño, un espejismo, no podía ser cierto que él hubiera vuelto a Tokio, no quería creerlo, ¿a qué había vuelto?, el debió quedarse a donde quiera que haya ido…debió hacerlo.

Me tumbé sobre el sofá, prendí la televisión y traté de olvidar lo sucedido, pero mi mente viajaba hacía su rostro a cada momento, y una lágrima resbaló por mi mejilla, una lágrima que había estado encerrada durante diez años y que hoy por fin había decidido salir.