Tenía días llorando sin saber qué hacer. Había estado evitando encontrarme con Seiya durante todo ese tiempo inventándole que me sentía muy mal y que no deseaba salir a hacer nada, cuando al fin tuve que ir a la universidad me fue imposible seguir fingiendo y tuve que regresar a mis obligaciones. Mina se encontraba esperando en la cafetería y le dije que iría después de entregar todas las tareas y trabajos que me faltaban por revisar. Cuando terminé con mis pendientes me dirigía a la biblioteca a sacar unos libros, busqué los que necesitaba y al salir se me paralizó el corazón al encontrarme con Diamante. No me atreví a sostenerle la mirada por mucho tiempo y seguí mi camino sin dirigirle la palabra. Pero Diamante no se conformó con eso, me siguió y me detuvo por el brazo obligándome a mirarlo.

-¿Por qué lo hiciste?

Diamante lucía como molesto, yo sabía perfecto de qué me hablaba pero quería evitar a toda costa esa conversación.

-No sé de qué hablas.

-Sabes muy bien a qué me refiero.

Como no le respondí me tomó por los hombros con brusquedad.

-¡Por qué!, tu no lo quieres, solo quieres molestarme.

-Te equivocas, Diamante, yo lo quiero…es por eso que acepté ser su novia, ¿no es obvio?

-No te creo ni la mitad de lo que dices.

-Deja de creer que todo mi mundo gira a tu alrededor, date cuenta que eso se acabó, que ahora pertenezco a otro y me debes dejar en paz.

-¿Sabes qué?, no, no y no, no te creo y mientras no te crea no te voy a dejar en paz, ¿entiendes?

-Suéltame, debo irme ahora.

Diamante acercó su rostro al mío, mi pulso se aceleró sin control y traté de fingir que su cercanía no me producía nada.

-Serena, estas temblando.-dijo rozando su nariz contra mi mejilla. Me estremecí de pies a cabeza, no podía seguir ahí porque temía terminar cediendo, ¡no podía!

-¡Serena!-gritó Seiya de pronto.

Diamante lo miró sin soltarme y endureció el rostro.

-Deja a mi novia en paz.-desafió Seiya.

Diamante me soltó.

-No creas que porque ella aceptó ser tu novia significa que te quiere, Seiya Kou.

-Tú deberías aceptar que ya no te quiere y dejarla en paz, no quiero verte cerca de ella por nada.

Seiya me tomó del brazo y me obligó a caminar junto a él.

-¡Ella me ama a mí!-gritó Diamante tras nosotros.

Seiya parecía que reventaría y me llevó hasta su auto.

-¿Qué haces Seiya?, déjame ir necesito ir con Mina.

-No pienses que te dejaré aquí con ese cretino dando vueltas por ahí esperando a que te quedes sola.

-Quedé de verme con Mina, déjame.

-Escucha, Serena, no voy a permitir que ese idiota se te acerque ni que te hable ni que te mire, ¡mucho menos que te toque!, ¿entiendes?, eres mi novia, ¡mía!

Me solté de su aprisionamiento y lo miré enfadada.

-Seiya, soy tu novia mas no tu esclava, ¿de acuerdo?, déjame hacer lo que yo quiera.

-Lejos del idiota de Diamante, ¿entiendes?, si te veo cerca de él yo…

-¡Basta!, Seiya soy tu novia y nada más, pero yo hago lo que quiero, ¿no es suficiente con que sea tu novia?, te acepté y punto.

Seiya me abrazó aunque yo no deseaba su contacto, me sentía sumamente mal porque estaba engañando a Seiya de esa manera, pero no entendía cómo hacer para que no se fuera. Nos despedimos y me dirigí con Mina a contarlo lo ocurrido, no sabía cuánto tiempo soportaría la situación con Seiya si era tan posesivo.


Vi a Taiki en una cafetería cerca de la facultad. Lo encontré en una mesa cerca de la ventana y cuando me vio soltó una risilla.

-Tienes una cara de odio muy divertida.

-Tu hermano es novio de Serena.

Taiki abrió los ojos como platos.

-¿Qué?

-Como escuchaste, ese idiota hizo algo para que Serena lo aceptara, estoy seguro, ella no pudo aceptar solo porque sí.

-Pues…hace unos días nos dijo que se iría, que aun no sabía adónde pero ni Yaten ni yo le creímos, hizo una maleta con pocas cosas y dijo que iría a despedirse de Serena. Regresó una hora después muy contento y no supimos por qué.

-¡Ese bastardo!, le mintió a Serena para que aceptara ser su novia, ¡maldito!

-Tranquilo, Diamante, habla con Seiya.

-No hablaré con él, soy capaz de matarlo.

-Entonces habla con ella.

-Planeo hacerlo, pero hasta la noche, cuando no este Seiya vigilándola.

Me tomé un par de tragos con Taiki para tranquilizarme, no iba a dejar que Seiya le mintiera a Serena para aprovecharse de ella. Acompañé a Taiki a su casa rogando por no encontrarme con el idiota de Seiya porque si lo veía yo…sería capaz de asesinarlo.

Caminé hasta el departamento de Serena y antes de llegar pude ver que Seiya la dejaba en su auto y se despedían, me aseguré de que Seiya se fuera lejos y entonces continué caminando hasta ella. Serena ya entraba al edificio y cuando entré yo acababa de subirse al elevador. Decidí correr por las escaleras y llegar antes que ella. Me detuve ante la puerta del elevador y cuando se abrió Serena se paralizó al verme frente a ella. Quiso cerrar la puerta del elevador pero se lo impedí y la obligué a salir jalándola del brazo.

-¿Qué rayos estas haciendo aquí?, pensé que te había quedado claro que…

-Seiya te engañó.

-No sé de qué hablas.

-Inventó que se iría solo para obligarte a ser su novia.

-No te creo.-me dijo soltándose de mi mano.

-Me dijo Taiki que se iría de viaje y que solo preparó una maleta y dijo que iría a despedirse de ti, pero que nunca mencionó irse para siempre y dejó la mayoría de sus cosas en su habitación, una hora después regresó feliz, ¿qué te dice eso?

Serena abrió los ojos como platos.

-Acéptalo, Serena, Seiya te engañó para que aceptaras ser su novia.

Noté que Serena comenzaba a ponerse nerviosa y me dio la espalda para ir a su departamento, pero la detuve antes de que entrara.

-No te estoy mintiendo, Serena.

Ella me miró con un par de lágrimas en los ojos.

-¡Sé que no lo estas haciendo!

-Entonces por qué lloras.

No me respondió porque se metía a su departamento e intentaba cerrarme la puerta, pero lo impedí y me metí también, cerrando la puerta después.

-No voy a permitir que llores por ese cretino.

Se limpió las lágrimas.

-No lloro por él, ¡lloro porque me manipuló!, además, ¿quién te crees para decir eso?, te recuerdo que tu me has hecho llorar por cinco años.

La abracé impulsivamente, ella forcejeó para separarse de mí, pero yo anhelaba tanto tenerla entre mis brazos que no permití que se soltara.

-No lo quieres, Serena, tú me quieres a mí.

Serena dejó de forcejear.

-Cómo me puedes hacer esto, no te conformas con haberme hecho sufrir por cinco años sino que además vienes aquí de nuevo y modificas todo lo que había logrado.

-Vine porque quiero recuperarte, Serena, porque no he dejado de quererte ni un segundo desde que me fui.

Serena no respondió, escuché que sollozaba y no pude evitar hacerlo yo también.

-No puedo creerte.-me dijo.-Por favor, suéltame.

-Tienes que hacerlo, Serena, te digo la verdad yo…

-Cómo quieres que te crea, Diamante, te fuiste, sin ninguna razón aparente, no puedo creer ahora.

-No quieres hacerlo, pero sabes que si puedes, porque en el fondo sabes que es verdad que sigo queriéndote y tu a mí.

-No puedo perdonarte.

La tomé por los hombros y nos miramos directo a los ojos.

-Nunca me has dado la oportunidad de explicarte por qué me fui.

-Qué explicación puede haber…tu simplemente dejaste de amarme.

-¡No!, eso nunca, ¡nunca!

No podía más, no podía dejar que Serena siguiera pensando eso de mí, la tenía tan cerca que no pude resistirlo más. Le busqué los labios y la besé apasionadamente, desesperado por probar su boca. Serena no se resistió, atraje su cuerpo más cerca del mío y se pegó instintivamente al mío. La rodee por la cintura, como no queriendo dejarla ir, tenía que tenerla otra vez, porque era mía y siempre lo iba a ser y yo no permitiría que se fuera.

Cuando dejamos de besarnos nos miramos durante un largo rato sin decir palabra, sin soltarla de la cintura, la mirada de Serena parecía haber cambiado, como si todo el dolor se hubiera disipado y yo sonreí.

-Te dije que no habías dejado de quererme.

-Yo no…

-Deja de negarlo, Serena, hay una razón muy pero muy grande por la cual yo tuve que irme…

Serena me miró extrañada. Se separó de mí y se cruzó de brazos.

-Qué razón pudo haber sido más fuerte que nuestro amor.

Me puse nervioso, el momento de la verdad al fin había llegado y yo no sabía cómo empezar, esperé por tanto tiempo a poderle explicar a Serena mi ausencia y ahora tenía la oportunidad justo delante de mí, no podía fallar.

-Antes de casarnos yo…empecé a sentirme mal de vez en cuando, era un dolor terrible, insoportable, pero no le hice caso, y tampoco te dije porque creí que se me quitaría tal como había llegado…pero cuando nos hicimos las pruebas médicas para poder casarnos yo…me enteré de que…-no pude continuar porque las lágrimas habían brotado de mis ojos y me había hincado llevando mis manos al rostro.- ¡Tenía cáncer, Serena!-lo había dicho y no podía dejar de llorar, ni siquiera me atrevía a mirar a Serena.

Un tiempo después sentí las manos de Serena sobre mi cabello y me obligó a mirarla.

-¿Estas hablando enserio?-me preguntó con lágrimas en los ojos.

-Tenía cáncer, Serena, yo no quería que tu cargaras con un hombre con una enfermedad tan horrible como esa yo…tenía que irme a otro lado, el único que lo sabía era mi hermano y yo le rogué que no te dijera, sé que te hice mucho daño, que nunca me perdonarías, pero no iba a ser más dolor que el que ibas a sentir al verme enfermo, no quería que me vieras así ni que me tuvieras lástima, así que me fui, como un verdadero cobarde. Estuve deprimido muchos meses, muchos, hasta que mi hermano fue a visitarme y me dijo cómo estabas, me dijo que no le hablabas a nadie y que te habías convertido en otra persona, yo no podía permitir eso pero tampoco podía volver así…

-¡Sigue, por favor!-me pidió desesperada y sin dejar de llorar.

-Entonces busqué a uno de los mejores doctores que pude, me atendió y me dijo que siguiendo una quimioterapia y otras cosas lograría curarme, y yo le creí, sobretodo porque necesitaba curarme para volver contigo, eras mi único motivo para querer curarme, luché durante cuatro años y medio para curarme y salir adelante, fue muy duro, el cabello se me calló…estaba calvo y horrible, parecía estar muerto en vida, pero luché, luché por ti, porque te amaba y te necesitaba más que nunca y necesitaba volver a tu lado para casarme contigo y esta vez no separarme de ti nunca, ¡nunca!, si no vine hace medio año fue porque quería recuperar mi aspecto, quería que el cabello me creciera, quería recuperar peso y verme tan bien como cuando nos vimos por última vez y ahora…aquí estoy…

Serena se limpió las lágrimas y me miraba mientras me acariciaba las mejillas. Plantó desesperadamente su boca contra la mía y se echó sobre mí.

-Diamante Blackmoon, ¡por qué no me lo dijiste!, yo hubiera estado contigo esos cuatro años.-dijo besándome una y otra vez en todo el rostro.-No te perdonaré que no me hayas dicho, ¡debiste necesitarme mucho!, yo te extrañé como una loca yo…no era yo, no viví sin ti, era una Serena muerta y zombie, yo… ¡te amo!, te amo como el primer día y quiero casarme contigo, y esta vez no voy a dejar que nunca me ocultes nada y que te separes de mí, ¡ya no te librarás de mí nunca!

La tomé entre mis brazos y nos recostamos sobre la alfombra.

-Te amo, y en estos cinco años nunca, ni un segundo te dejé de amar, ni de pensar en ti.

La besé dulcemente en los labios y luego en todo el rostro, Serena enredó mi cuello con sus brazos mientras me besaba en el cuello. La amaba y no planeaba dejarla de nuevo, y no dejaría tampoco que otro se le acercara y se adueñara de ella. Nos desvestimos, nos estudiamos el uno al otro así, naturales, amándonos en cada minutos, en cada mirada. Le besé todo el cuerpo con dulzura, con cuidado, deseándola, anhelándola. Serena recorrió mi abdomen con sus dedos, pegó su cuerpo al mío y yo no resistía aquella sensación de tenerla tan cerca. La sentí unida a mí y ella me sintió dentro de su cuerpo, nos amamos durante horas, sin cansarnos, aprovechando cada minuto, cada centímetro de nuestros cuerpos.

Cuando despertamos estábamos en el suelo sobre la alfombra, Serena se encontraba sobre mi pecho, desnuda, y yo la tenía rodeada con mis brazos.

-Buenos días, mi amor.-le dije al oído.

Serena se despertó poco a poco, primero un poco confundida y luego esbozó la sonrisa más hermosa del mundo, la misma sonrisa de la que yo me enamoré.

-Buenos días, corazón, vida mía.-me respondió besándome.

-¿Lista para comenzar nuestra nueva vida juntos?

-Estoy lista para no alejarme de ti ni un segundo.

-Y yo estoy listo para anunciarle a todos que nuestro amor sigue tan vivo como el primer día.

Me dio un ligero beso en los labios. Yo la amaba y esta vez, esta vez jamás me separaría de ella, porque era el amor de mi vida y así seguiría siendo.