SUMMARY: Soy Edward Cullen – el adorable niño de pelo cobrizo habló -… Bueno, como somos novios – empezó con una sonrisa de lado que a Bella se le hizo adorable – este día es nuestra primera cita y como buen novio te invito de mi helado de chocolate Bells.

DISCLAIMER: Los personajes de Twilight, no me pertenecen, son propiedad de Stephanie Meyer.

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º..:¨·-º-·¨:.. POR UN HELADO DE CHOCOLATE ..:¨·-º-·¨:..º

La pequeña Bella de tan solo ocho años salía con su madre Renée tomada de la mano; como de costumbre a comprarse un delicioso helado de chocolate y a divertirse en el parque, esa era siempre la rutina de los sábados por la tarde.

Y, al igual que siempre, sus pequeños ojitos color chocolate brillaron enormemente al visualizar el carrito de los helados más repleto que de costumbre.

— No tienes que preguntarme Bells – habló su madre sonriéndole, como siempre, con amor – Ten, compra tu delicioso helado.

— Gracias mami – agradeció la pequeña estirándose para coger el dinero. Ya soy grande, pensó sonriendo.

Salió a correr rápidamente pero "sus torpes pies", como ella misma los llamaba, le hicieron una mala jugada y cayó velozmente al suelo.

— ¡Oh, Bella! – Renée la levantó lentamente y limpió su vestido azul claro.

— Mami – Bella se restregó sus ojitos fuertemente tratando de eliminar sus lágrimas — Mira como me volví mi vestidito nuevo.

— Sigues viéndote hermosa cariño.

La niña hipó mirando a su mami aun con los ojos nublados.

— ¡No es cierto! – Chilló.

— ¿Por qué no vas rápido?, ¿Te quedaras sin tu helado Bella?

La sola mención de este hizo que la pequeña dejara de llorar y abriera enormemente su boca para después salir a correr sin haber aprendido la lección; para su fortuna no se cayó y pudo llegar al carrito de helados felizmente.

Mientras sonreía, ella como buena niña, esperaba por su turno, sólo faltaba que pasara aquel niño de extraño cabello cobrizo y sería su turno.

— Un helado de chocolate por favor – indicó el pequeño con voz suave y aterciopelada mientras entregaba el dinero.

Bella abrió los ojos curiosa al ver que tenían el mismo gusto y, aunque lo negara, por la voz tan hermosa que tenía.

El señor de traje blanco y gorro de marinerito, como le decía ella, entregó el helado al niño junto con las vueltas.

— Gracias por la compra, pequeño – agradeció el señor.

— Gracias a usted – respondió, se volteó hacia Bella y le sonrió algo torcido, ella pensó que tenía unos lindos ojitos verdes; era lindo, se sonrojó por pensar eso.

Segundos después el adorable niño salió corriendo hacia los columpios con el deseo de volver a ver a ese ángel. A diferencia de ella, él no se cayó, le tuvo envidia por eso, pero pasó rápidamente al saber que era su turno. Así que feliz, le sonrió al señor.

— Un helado de chocolate por favor – pidió amablemente.

— Aquí tienes – le entregó su delicioso y provocativo helado, Bella saltó feliz tomándolo – gracias por tu compra.

— Gracias.

Para Bella el helado de chocolate era lo mismo que los deportes para Charlie, su padre, o como el sol para Renée, su madre; es decir, lo máximo, ese sabor era el cielo para sus pupilas gustativas, no había probado algo más rico que eso.

Mientras ella se deleitaba caminaba sin fijarse en donde pisaba.

— Es mejor que mires hacia delante – indicó el niño del extraño cabello cobrizo –. Puedes caerte.

Bella lo miró curiosa y él quedó hipnotizado con los hermosos ojos chocolate del mismo color de su helado que antes no había podido ver bien; ella era la chica más linda que había visto.

— Estás rojito – indicó la pequeña, quien siguió andando y se acomodó en el columpio del lado.

— ¿Eh?

— ¿Estás enfermito?

— Nop – respondió el sonriendo —. Mi mami dice que estoy más sano que un buey.

— Oh.

— Vienes seguido, ¿verdad?

— Uh – Bella pensó la respuesta –. Todos los sábados – respondió sonriendo – Vengo por un helado de chocolate, ¿y, tú?

— Yo vengo los fines de semana – rió entre dientes –, me encanta el helado de chocolate.

— A mí también.

— Soy Edward Cullen – el adorable niño de pelo cobrizo habló.

— Soy Bella – estiró su manito en señal de saludo y él la estrechó; ambos sintieron una sensación extraña pero no comentaron nada.

— Tu nombre te hace honor.

— Gracias, tú también eres lindo.

Los dos se sonrojaron avergonzados.

— Bella ¿quieres ser mi amiguita? – Preguntó tímidamente el pequeño.

— Claro – respondió ella moviendo su única mano libre de un lado para otro.

— ¡Genial! – Rió entre dientes –. Nos podremos ver más seguido, te gastare muchos helados de chocolate.

— Y yo te gastare a ti también – Contestó — ¡Vaya! – Bella saboreó de nuevo su helado - está muy rico.

Edward comenzó a reír de un momento a otro, se sonrojó adorablemente al ver que ella lo miraba curioso.

— ¿Qué pasa?, ¿tengo monos en la cara? – Preguntó molesta.

— No, no – respondió rápidamente – es que tienes helado en la nariz.

— No me parece gracioso – se levantó molesta al ver que su nuevo amiguito sólo se reía de ella.

— ¡Espera! – Edward alarmado, se levantó también – lo siento, no era mi intención Bells – le tomó la mano y la sentó de nuevo.

Se sintió mal al ver que su nueva amiguita no lo miró y tampoco le contestó; la había defraudado. Triste, se volteó, dispuesto a marcharse y terminar su helado en otra parte.

Ella vio alarmada como él se iba.

— ¿Me dejaras sola, Ed? – Habló sin saber qué más decir.

Él sonrió feliz al verse perdonado, se sentó rápidamente en el columpio y siguió disfrutando de su helado.

— ¿Tienes un pañuelo?

— ¡Oh!, espera – miró sus bolsillos y encontró uno azul, igual que el vestidito que ella traía, agradeció a su hermanita Alice por hacérselo llevar –. Mira – dulcemente se acercó a ella y limpió el helado que tenía en la nariz.

Ella cerró los ojos por la suave caricia, y él aprovechó para darle un pequeño beso en la mejilla.

Bella se sonrojo rápidamente y en un descuido suyo su helado se cayó al piso; no iba a llorar, no enfrente de ese dulce niño que había acabado de conocer. Edward la miró asustado, esperando su reacción, mas no sucedió nada.

— Sabes – hablo él después de un rato – los novios comparten cosas.

— ¿Eh?

— Si fueras mi novia te convidaría de mi helado – se sonrojó – Bells ¿quieres ser mi novia?

— ¿No vamos muy rápido?

— Eh… no, no – tomó la manito suave y pequeña de ella y entrelazó sus dedos con los de él – ya pasamos por la etapa de la amistad, ¿no?

— ¡Oh! – Bella abrió sus ojitos y miró los esmeralda de él –. Entonces sí Ed, quiero ser tu novia.

Edward rió entre dientes, feliz por la respuesta. Ya se imaginaba la cara de envía que pondrían su amiguito Jasper y su hermanito, bueno, hermanote, porque era grande como un oso, Emmett; seguro se ponían verdes de la envidia al ver al ángel que tenía como novia.

— Bueno, como somos novios – empezó con una sonrisa de lado, que a Bella se le hizo adorable – este día es nuestra primera cita y como buen novio te invito de mi helado de chocolate Bells.

Así, durante el resto de la tarde, los dos pequeños se la pasaron juntos montando columpio y comiendo su rico y sabroso helado de chocolate. Edward llevó a Bella con su mami Esme y la presento como su novia; ella no podía creer que su pequeño hijo ya tuviera una, pero al final no le dijo nada e invitó a la pequeña a que fuera a visitarla; Bella feliz aceptó, después para caerle bien a sus "suegros", Edward dirigió a Bella hacia Renée, ella al igual que Esme quedó sorprendida pero rió al sólo imaginárselos.

Cuando ya se hizo tarde, el pequeño Ed se despidió de su novia con un suave y rápido beso en los labios; colorados, ambos salieron corriendo hacia sus respectivas mamis y quedaron de verse al día siguiente.

9 años después.

— ¿Amor?

Bella miró a Edward con curiosidad.

— ¿Dos o uno? – preguntó él sonriendo torcidamente mientras señalaba el carrito de helados.

— Uno – besó sus labios – ya sabes, los novios comparten.

Edward rió feliz devolviéndole un beso más duradero.

— De chocolate – dijo después de separarse.

— De chocolate – afirmó ella esperándolo, como siempre, en el columpio.

FIN

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EDITADO: 13/03/2014.