Disclaimer: Jujou Romantica le pertenece a mi comadre Shungiku Nakamura, este escrito sólo tiene fines de desahogo... o recreación

Dedicado -de cierta forma- a esa persona.

Privilegio.

No podía decirle lo que sentía por él. Si lo hacía, lo perdería para siempre. Si se atreviera a decirle que daría todo lo que tenía por besarlo, si sucumbiera a sus desgarradores deseos de obligarlo a que lo amara, le haría daño. Y no podía hacerlo, no se lo perdonaría. Takahiro merecía tener una vida más fácil y feliz de la que había tenido.

Cuando presentía que no soportaría más esa situación, tomaba aire y se contentaba recogiendo las migas de la frescura que él emanaba, contemplaba su blanca piel y bellas facciones y se sentía feliz cuando encontraba un pretexto para abrazarlo. Unos cuantos minutos le bastaban para sentir que tenían una conexión más allá de la amistad y que quizá, algún día, le haría saber de alguna forma en la que no le hiciera daño, que tocarlo era lo mejor que le había pasado en su corta vida. Y después del breve instante de felicidad, se separaba de él una vez más, con la dolorosa punzada de la verdad: nunca podría ser suyo.

En el colegio, Akihiko miraba desde su lugar los expresivos ojos de Takahiro brillar cuando ella le sonreía. Le dolía verlo reír con ella y sobre todo, sentía que moriría de celos cuando se abrazaban frente a él. Ahora comenzaba a acostumbrarse pero la primera vez que los vio, estuvo a punto de apartarlos de un golpe, su amigo no lo sabía, pero Takahiro era suyo y lo seguiría siendo aunque la mano que buscaba no fuera la de él, lo seguiría siendo aunque nunca ocupara un lugar en sus sueños.

"Te amo" le escuchó hablar por teléfono y entendió que hablaba con la persona que se lo había arrebatado, las palabras que nunca le dirigiría a él. El ambiente se volvió tan negro y espeso que por unos minutos le costó respirar, tuvo que seguir caminando a su lado pero sentía que la fuerza en las piernas le fallaban, las manos le temblaban y sintió un escozor en los ojos que le hizo querer cerrarlos para no llorar frente a su mejor amigo.

Siguió andando de forma mecánica, escuchando lejanamente la voz de Takahiro, no había nada más que captaran sus sentidos, solo su corazón bombeando dolor puro. No sabía por dónde caminaba -las lágrimas acumuladas le nublaban la vista- pero no se detuvo, no podía levantar sospechas, si se detenía llamaría su atención y entonces le preguntaría por qué se veía tan afectado. Respiró profundamente y volteó el rostro hacia otro lado, fingiendo interés por un árbol de flor de cerezos.

Quizá era necesario alejarse de él y dejarlo vivir feliz con quien amaba, pero no podía, no podía dejarlo ir, era suyo, seguía siendo suyo. Y lo volvería a ser si esa relación no funcionaba porque, después de todo ¿Quién lo iba a querer más que él?

Después de unos minutos, las lágrimas se evaporaron de sus ojos violeta y pudo contemplar nuevamente a la persona que tanto le gustaba y por la que haría cualquier cosa, incluso callar sus sentimientos. No importaba si Takahiro quería a otra persona, él seguiría amándolo en secreto y disfrutando el privilegio de estar a su lado, disfrazando el amor en la amistad y nadie, jamás, lo sabría.