Johnny The Homicidal Maniacno me pertenece, y este es un insignificante Fic.

Empezamos la Segunda temporada de Necrolawyer :)

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Necrolawyer

-Parte 4-

El justiciero, el villano y Johnny

…Entre dientes oí a la muerte que decía así:
"Cuántas veces se habrá escapado
como laucha por tirante,
y esta noche que no cuesta nada
ni siquiera fatigarme
podemos llevarnos un cordero con sólo cruzar la calle"…

Balada del Diablo y la Muerte - La Renga

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Johnny dudó por un momento antes de salir del estudio improvisado que Trent le ayudo a armar hacía unos meses atrás, para volver a tener contacto con el mundo real. Se había sumido a un aislamiento voluntario, en donde entró en contacto con su imaginación y creatividad, hasta el punto de haberse dedicado por completo a plasmarla en papel, lienzo y, cuando estos no le fueron suficientes, las paredes de la casa.

Había extrañado esa parte de su ser, tanto que se le escapaba un jadeo de emoción al ver como su trabajo tomaba forma bajo sus manos. Sin embargo, su contacto con la realidad se había vuelto casi nulo, tal así que Johnny podía estar en absoluto silencio todo el día, y solo cruzaba un par de palabras con Trent cuando le llevaba algo de comer. Aquel abogado sobrenatural lo visitaba a diario, pero no permanecía mucho tiempo a su alrededor, aunque se aseguraba de que se alimentara adecuadamente.

Johnny no confiaba en Trent. Le resultaba imposible sentirse a gusto en su compañía. Llegaba momentos en los que deseaba no volver a verlo nunca más, porque sabía que su presencia era venenosa para cualquier ser racional. Además, temía que le pidiera algo a cambio de su creatividad, y si así fuera, él sabía que no iba a poder negarse.

Trató de apartar esos oscuros pensamientos de su cabeza cuando se disponía a salir a la calle. Johnny abrió la puerta y los rayos del sol le dieron directamente en la cara. Sus ojos apenas podían ver algo por el resplandor, hacía mucho que no estaba al aire libre…Pero pudo ver a Samedi, ese enorme hombre-gorila que le dio la paliza de su vida, parado en medio de la calle que daba a la puerta de su casa. El sol de mediodía hacía brillar su piel morena. Los grilletes y sus cadenas destrozadas resonaron en el silencio en que estaban sumidos, ya que no había una sola alma rondando por aquel vecindario.

Siendo un humano y viviendo en el plano físico, Johnny jamás experimentó lo que era estar frente a alguien que solo viviera por la justicia, y la mirada de Samedi solo transmitía eso: Un deseo de destruir al mal a como de lugar. Los dos se quedaron mirando por un momento, como si se estuvieran midiendo, pero no tenían intenciones de atacarse mutuamente.

De repente, un aterrador grito llamó la atención de los dos y perdieron la concentración. Johnny giró la cabeza hacia la casa de Todd, de donde parecían provenir aquellos horribles ruidos, pero las ventanas estaban cerradas y no podía saber lo que pasaba adentro.

-Squee- Murmura para si mismo Nny. Se da vuelta para ver si Samedi haría algo al respecto, pero este había desaparecido.

-¿Cómo es posible que este jodido gorila sea tan sigiloso?- El maniático homicida escuchó otro grito, y salió corriendo hacia la casa de Todd.

-¡Squee!- Johnny llega a la ventana que daba al cuarto del niño, pero estaba sellada con madera y clavos. Sin mucha ceremonia, la rompe a patadas y entra a la casa -¡Squee! ¿Dónde estás…?-

El niño no estaba en su cuarto. Lo único que encontró en ese lugar fue el horrible oso de peluche que no dejaba de decir mentiras, pero Johnny lo ignoró. Un aroma muy familiar captó por completo su atención, evocando terribles recuerdos. Eso lo alteró mucho, hacia un mes que no sentía el olor de la sangre, y ese mismo hedor estaba invadiendo toda la casa de Squee.

Se abrió paso entre las puertas de ese sitio, para dar con el paradero de Todd. Pero lo primero que encontró fue al padre del chico, sentado en un escritorio completamente cubierto de sangre. Había sido brutalmente asesinado con un cuchillo de carnicero, el cual habían incrustado en su cráneo, justo a la mitad, y parecía que tenía dos trampas para oso destrozando sus tobillos. Otro grito le hizo saltar ante el silencio de esa horrible casa, pero este pertenecía a una mujer. Debía ser la madre de Todd.

Johnny atravesó el pasillo a zancadas y llego hasta la escalera. Comenzó a bajar con cuidado de no hacer ruido y escuchó otro grito. Cuando llega al último escalón, camina lentamente hasta la cocina. Había un sujeto, que tenía un corte de cabello muy parecido al suyo y se vestía como si fuera su copia. Ese extraño hombre estaba sobre alguien que parecía ser una mujer muy malherida, que solo pudo reconocer al ver su cabello revuelto en el piso.

Johnny solo tuvo que ver el pálido trasero de ese sujeto contoneándose en el aire, para saber que estaba haciéndole a esa mujer, mientras le hería los pechos con una afilada navaja. En total silencio y manteniendo la calma, Johnny continua con la búsqueda de su vecino Todd, ignorando los ruidos y gritos ahogados de la mujer, además de aquel espantoso olor a semen y sangre, que parecía intensificarse por lo cerrada que estaba esa casa. Su mirada se clava en el armario que estaba debajo de la escalera, y con cuidado lo abre. Dos ojos rojos con rastros de llanto y una carita pálida lo reciben. Era Squee y estaba temblando de miedo, llorando por todas las cosas horribles que tenía que presenciar.

-Tranquilo, vamos a salir de aquí- Johnny le extiende la mano derecha a Todd. El niño duda por un momento, pero luego extiende la suya para tomarla. De repente, un jarrón de porcelana golpea brutalmente la cabeza de Johnny. Todd grita espantado al ver como los pequeños fragmentos de porcelana caían ensangrentados en el piso, pero algunos quedaron incrustados en la cara de Johnny.

-Vaya, así que eres tú- El sujeto que estaba violando a la madre de Todd había salido de la cocina para hacerle frente a Johnny. Para su suerte, se había subido los pantalones antes de atacarlo –Déjame decirte que soy tu mas grande admirador-

-…- Johnny ni se inmuta por el dolor del golpe. Un hilillo de sangre descendió desde su frente hasta la comisura de su boca, por lo que sintió el sabor de su propia sangre. Siquiera miró al sujeto, solo empuja a Todd dentro del armario y agrega con voz firme –Cierra los ojos y tápate los oídos-

-¿Esos dos tenían un niño? Eso es fantástico, la perra que está en la cocina ya se murió- Dice con una macabra sonrisa, el sujeto que estaba allí.

-¿Quién eres?- Johnny no pensaba matar a nadie ese día, solo quería saber que quería ese tipo en la casa de sus vecinos y sacar a Todd de allí para ponerlo a salvo.

-Soy Jimmy, tu más grande admirador- El chico le sonríe levemente mientras inclina su cabeza hacia un lado –Perdona por lanzarte ese jarrón, pensé que eras un idiota que trataba de hacerse el héroe-

-Si ya terminaste, deberías irte de aquí- Johnny estaba midiendo su temperamento. No se sentía enfadado ante esa situación, pero no podía dejar que algo malo le pase a Squee, por lo que trató de ser precavido.

-Es verdad, ¡Debes decirme como evitar que me atrape la policía!- Jimmy grita eufórico esto, levantando sus manos en el aire.

-Largo- El maniático homicida entorna los ojos. Aquel sujeto estaba acabando con su paciencia cada vez que abría su bocota. Jimmy le sonríe con algo de malicia y se acerca para verlo de cerca. Se percato de que su héroe no olía a sudor, sangre y lágrimas. Sus ropas emanaban un fuerte olor a pintura y disolvente.

-¿Qué te pasó? ¿Por qué no pareces un asesino?- Dice alterado Jimmy –Eras lo máximo, habías matado a muchísimas personas y nunca te pudieron atrapar…-

-¿Qué parte de "largo de aquí" no entiendes?- Johnny estaba un poco nervioso, si ese sujeto seguía acercándose a él o al armario de Todd, iba a tener que enfrentarlo y no deseaba hacerlo. No iba a matar ese día, se había dicho a si mismo que no lo iba a hacer si recuperaba su creatividad.

(Pero es difícil mantener esa promesa, ¿No lo crees así, Nny?)

-Eres un jodido artista… maldita sea… Dime que eso en tu ropa es una mancha de sangre- Jimmy comienza a moverse de un lado a otro, como si estuviera bajo los efectos del síndrome de abstinencia, y le señala a Johnny, la camisa que usaba en ese momento, la cual tenía una enorme mancha de pintura de color rojo oscuro.

-Es pintura…- No le daba pena decir esto, pero pareciera que esa respuesta solo alteró más a Jimmy.

-¡No puede ser! ¿Qué mierda te pasa? ¿Por qué no me amenazas con matarme o dices algo raro sobre la vacía existencia que llevo?- Jimmy estaba gritando en ese momento, mientras pateaba el piso con furia.

(Este es el resultado de tus acciones, un mero imitador… deberías limpiar tu desastre, Nny)

-Mataste a un hombre que no te hizo nada malo, violaste y torturaste a una mujer sin necesidad, ¿Cómo quieres que reaccione?- Johnny estaba elevando la voz a medida que hablaba, ya sentía su sangre hervir. Había matado a muchos otros por mucho menos que todas esas horribles cosas que había hecho Jimmy –Yo estaba muy mal de la cabeza cuando cometí todos esos crímenes y no podía detenerme, pero tú los hiciste porque te pareció buena idea imitar a tu supuesto ídolo, aún teniendo la posibilidad de elegir otro camino ¿Acaso quieres te felicite?-

-No necesito las felicitaciones de un artista de cuarta- Jimmy estaba furioso. Saca una enorme navaja del bolsillo trasero de su pantalón y trata de apuñalar a Johnny. Este lo esquiva, un tanto molesto por tener que lidiar con aquel imitador. Se iría, pero la seguridad de Todd estaba en juego.

-¿Solo me vas a esquivar?- Aquel horrible sujeto se le ríe en la cara.

-Vete a la mierda, jodido imbécil- Johnny estaba insultándolo, si lo presionaba más iba a terminar lanzándose sobre Jimmy para arrancarle los ojos con sus dedos –Deberías valorar tu patética vida y largarte de aquí-

Jimmy sonrió malignamente al notar que, el maniático homicida que tanto admiraba, estaba firmemente parado frente al armario donde se ocultaba Squee. Estaba dispuesto a presionar al viejo Johnny para que vuelva a ser un asesino, y no tenía intenciones de abandonar esa casa sin verlo en acción.

-¿Qué tal si matamos a ese niño que esta allí?- Sugiere Jimmy con una horrible sonrisa.

-¿A Squee?- Johnny no entendía porque ese sujeto querría matar a un niño inocente. Todd no le había dado ningún motivo para quitarle la vida.

-Es solo un niño, tú has matado a mucha gente antes, ¿Por qué no seguir ahora?-

-No vas a tocar a Squee- Johnny dice esto con firmeza.

-Bien, bien, es decir, yo no pretendía hacerlo- Jimmy le extiende su cuchillo al maniático homicida para que lo tome –Quisiera aprender del maestro-

Johnny no entendía lo que pasaba por la cabeza de Jimmy. Parecía que estaba muy seguro de que no iba a matarlo cuando le diera el cuchillo, lo cual no era muy sensato de su parte, además ¿Qué le hacía pensar que iba a matar a Todd? Casi a regañadientes, Johnny tomó aquel cuchillo de acero de baja calidad, y frunció el ceño al verse reflejado en esa hoja de acero ensangrentada.

-¿Podemos torturarlo antes? Aquí tengo todo un equipo de tortura, podemos arrancarle las uñas, picarle los ojos, cortarle el cuero cabelludo…-

-¿Acaso nunca te callas?- La voz de Johnny dejo mudo a su imitador. Se le queda mirando con algo de molestia para luego, darse la vuelta y trabar la puerta del armario con una silla –Todd no tiene nada que ver contigo-

-Escucha, si no vas a matar a nadie, tal vez es el momento de que yo lo haga- A Jimmy se le había acabado la paciencia y saca otro cuchillo, mucho más grande, de su bota. Este reluce como si fuera nuevo, pero seguía siendo de mala calidad –Voy a disfrutar esto… El alumno superará a su maestro-

-Yo no soy tu maestro- Johnny sentía asco de solo pensar que ese sujeto lo veía de esa forma -Me enfermas…-

-¡Hey, Johnny!- La voz de Trent interrumpe aquella pequeña contienda. Jimmy estaba aterrado al darse cuenta de que otro sujeto lo había encontrado, y se encogió sujetando su cuchillo delante de su torso. Johnny se limitó a observar con molestia al recién llegado, que emergió desde la cocina esquivando el cadáver de la madre de Todd con un pequeño e infantil salto. El abogado se acercó a ellos, masticando y con un tazón de cereal con leche en su mano derecha y una cuchara en su mano izquierda.

-¿Quieres cereal, Johnny?- Trent le ofrece de su tazón a Johnny, y este lo fulmina con la mirada. Al ver que su cliente favorito no quería, se vuelve a Jimmy para hacerle la misma oferta.

-¿Y tú, Jimbo? Apuesto a que te gusta el cereal-

-¿Quién demonios eres? Maldito negro de mierda…- Jimmy estaba aterrado por tener otro testigo, tanto que decidió matarlo en ese instante. Sin dudarlo, se lanza sobre el hombre afroamericano para clavarle su enorme cuchillo en su corazón.

–No te metas en mi camino, maldito negro-

Trent se le quedo mirando entretenido. Masticó el cereal que le quedaba en la boca y se lo tragó. Luego le sonrió a Jimmy mientras la sangre brotaba de la herida que le provocó. Aterrado, el asesino arranca el cuchillo del pecho de aquel abogado y retrocede para alejarse de él.

-¿Por qué no se… muere?- La cabeza de Jimmy no registraba lo que pasaba. Trent toca su pecho con su mano derecha para comprobar la herida, y ve que esta se había cerrado.

-Espero que eso te haya dolido- Declara Johnny, muy enojado al ver que su imitador siquiera pudo acabar con su abogado. Ese Jimmy no hacía nada bien.

-Te ofrecí cereal ¿Y me tratas así?- Trent hace un puchero exagerado con su boca -¿Por qué eres tan frío conmigo?-

-No es un buen momento para tus falsos dramas, este sujeto quiere matar a Todd y…- El maniático homicida no termina de hablar porque es interrumpido por su imitador, el cual parecía haber enloquecido porque gritaba como un demente.

-¡QUE DEMONIOS ERES! ¡TE CLAVÉ UN PUÑAL EN EL CORAZÓN! ¡TENDRÍAS QUE ESTAR MUERTO! ¡NEGRO DE MIERDA!-

Johnny y Trent ven como Jimmy cae al piso, lloriqueando como un cobarde, arrancándose el cabello a tirones. Los dos ni se inmutan por esa actitud, y pierden el interés en este, cuando ven como se orina en sus pantalones.

-Ves, ya lo alteraste- Johnny reprende a Trent como si estuvieran discutiendo sobre modales en una mesa.

-Yo debería ser el "alterado", ese infeliz se lanzo sobre mí y me atravesó el corazón con un cuchillo de mala calidad- Se defiende el abogado, alegando ser una inocente víctima.

-Lo tenías bien merecido por el susto que le diste- Johnny suspira, tratando de dejar atrás ese asunto, y vuelve a la realidad -¿Puedes hacer algo por los padres de Squee?-

-No… Lo siento Johnny, hoy es el día en que debían morir… Aunque, no sabía que sería de esta forma tan desagradable- Trent sentía mucha pena por esas dos personas. Le parecía muy humillante haber sido asesinado por un perdedor como Jimmy.

-Ustedes son unos… monstruos- El imitador estaba completamente fuera de si, se había levantado y estaba blandiendo su cuchillo delante de ellos dos, sin saber a quién atacar primero.

-En cambio, este infeliz se morirá dentro de dos días- Trent señala a Jimmy con su dedo pulgar, haciendo que este salte de la impresión.

-Dijiste dos días… - Johnny se vuelve hacia donde estaba Jimmy, su rostro se oscurece por completo y una siniestra sonrisa adorna su cara. El imitador siquiera pudo moverse, se había quedado estático mientras que el maniático homicida lo sujeta con fuerza del cuello con una sola mano. Estrujándole la traquea, lo empuja hasta estamparlo contra la pared.

–Solo dos días… haré que sean las peores 48 horas de tu vida, tanto que suplicaras que te mate- Johnny le dedico una horrible mirada al aterrado Jimmy, que comenzó a temblar y balbucear incoherencias.

-Pe- pero-ro, eres mi maestro, m-mi ídolo-

-Y voy a enseñarte lo que es el verdadero sufrimiento- Esa era una promesa que Johnny estaba dispuesto a cumplir.

(…)

-¿Todd?-

El abogado abrió la puerta del armario para sacar al preadolescente de allí. Todd abre los ojos en forma desmesurada, temblando mientras observa con cuidado al hombre afroamericano que le extendía su mano. Decide no aceptar su ayuda, lo cual a Trent parecía no afectarle.

-Haces bien pequeño, ya viene Johnny para sacarte de aquí- El abogado guarda su distancia y decide no invadir el espacio personal del niño.

-¿Dónde está…?- Todd habla con suavidad y con temor, refiriéndose a Jimmy.

-¿Te refieres al infeliz?- Trent le sonríe al niño con calma mientras agrega –Johnny se lo llevo a un lugar donde no podrá lastimar a nadie más-

Todd asiente pero aun así no sale del armario, hasta que escucha la voz de Johnny.-Squee- El maniático homicida se acerca a Todd, para que vea que esta todo bien. No quería tocarlo, porque el pequeño estaba muy asustado y podría sentirse presionado –Puedes salir cuando quieras, ya saque la basura-

-¿Dónde está mi Papá? ¿Mi mamá está bien?- El niño solloza asustado.

-Lo siento muchacho, pero ellos ya dejaron este mundo- Johnny no sabía si estaba siendo muy insensible, pero Todd había llorado tanto que estaba exhausto como para perder la compostura.

-¿Se fueron al cielo?- Pregunta esperanzado el preadolescente.

-Yo no…- El maniático homicida iba a decir algo al respecto, pero Trent lo interrumpe.

-Tus padres se fueron al infierno de los perdedores, un lugar para la gente que no llega hacer nada en sus vidas por falta de determinación-

-¿El infierno? Pero, ellos no lastimaron a nadie- Replica enojado Todd al abogado. Johnny hizo un gesto de disconformidad ante la defensa del pequeño hacia sus horribles padres, todo el daño que le habían hecho durante su infancia no tenía perdón.

-Claro que no lo hicieron, pero no hicieron nada con sus vidas, culpando a otros por sus errores, personas como esas van al infierno de perdedores, aquellos que sienten lastima por sí mismos y solo…-

-Cállate Trent, Todd es listo y lo entendió a la primera- Johnny fulmina a su abogado con la mirada, este eleva los hombros como si no estuviera ofendido de que detengan su discurso.

-¿Los dejo a solas?- El abogado señala la puerta, dispuesto a irse de allí.

-Si, por favor, quiero que te vayas y nos dejes en paz- Responde el mayor, sin mirarlo.

Trent se da vuelta, camina ligeramente y entra a la cocina. Luego esquiva el cadáver de la madre de Todd para llegar a la puerta trasera de la casa. Cuando está a punto de irse, cambia de opinión y regresa para llevarse la caja de cereal que había comenzado a comer.

-¿Quién es ese hombre?- Pregunta confundido Todd. Le parecía haberlo visto en otra ocasión pero no podía recordarlo.

-Es mi abogado- Johnny parecía estar resignado con ese hecho.

(…)

Samedi estaba algo preocupado cuando su esposa lo llamo. Ella parecía estar eufórica, pero él no iba hacer ninguna observación al respecto hasta que no le explique lo que deseaba. Cuando ella estaba feliz, era porque el mundo estaba sufriendo. Madame Brigitta había estado preocupada por la perdida de la mano derecha de su marido, y se alegro de haberle conseguido un pequeño ayudante hasta que la recupere. Pero aquel enorme sujeto estaba seguro de que su mujer estaba feliz por otras razones.

-Tu querido hermano se meterá en problemas-

Claro, era de esperarse que estuviera feliz de que Trent este en la cuerda floja. Realmente ella detestaba a su hermano menor, y no la culpaba. De su familia, era el único que era demasiado ambicioso como para traicionar a cualquiera con tal de lograr sus objetivos… turbios objetivos que lo hacían poco confiable y una amenaza para la integridad del mundo.

-Es probable, mi niño perdido ha asesinado a muchos humanos que han seguido la senda del mal, tantos que hasta ha matado a los que no iban a morir aún- Samedi no estaba mal por esto, le habían encomendado mover la ficha de Dios, y así ganar la apuesta para este.

-Si, y cuando la Muerte se entere, él perderá a su única protectora- Brigitta se sonrió con malicia –Y cuando lo haga, me comeré su corazón-

-No debes apresurarte- Samedi parecía estar algo desconfiado –Ese chico que tiene a cargo es impredecible, si llega a ponerse de su lado puede ser que consiga su objetivo-

-No voy a preocuparme por un infeliz humano, sabes que estoy destinada a la grandeza- Brigitta parecía estar a punto de estallar de furia –Tu hermano es solo un saco de mentiras y estafas, y no merece su título-

-Te apoyaré en todo lo que pueda, pero debes saber que la apuesta sigue en pie- Samedi asiente levemente mientras habla, recordando que posición había tomado para el universo –Falta que el Diablo mueva su ficha, y sabes que cuando lo haga, esto se convertirá en un caos-

-Entre mas caos haya, mas fácil será confundir a todos para que culpen a Trent- Dice entusiasmada Brigitta.

-Si… pero también podría significar el fin del mundo como lo conocemos- Los ojos de Samedi se oscurecen, augurando un terrible futuro.

(…)

Devi sonríe amargamente al dejar atrás su viejo apartamento. Era la segunda vez que se mudaba, pero tenía que cambiar de domicilio para que Johnny no la encuentre. Seguía escapando de él, pero solo porque no podía concebir la posibilidad de perdonarlo. Era imposible dejar de pensar en la forma en como la miro aquella noche en la que trato de matarla. Aún podía recordar sus calculadores y fríos ojos negros, y aquel intento asesino que solo podrías dedicárselo a tu peor enemigo. Johnny fue un desgraciado por haberla engañado de esa forma, por fingir que la quería o que deseaba su compañía.

Era solo un horrible asesino.

-Veo que está todo listo- Tenna llegó a la puerta del departamento de Devi para ayudar a cargar su viejo auto con las cosas de la mudanza. Su amiga no parecía estar muy dispuesta a hablar, pero le sonríe con un poco de simpatía -¿Por qué tan callada? Estoy segura de que él no te buscará más, se lo dejaste muy claro, y bueno… te lo prometió-

-Johnny es un maldito mentiroso- Devi había llegado a la conclusión que le parecía más acertada acerca de la actitud del maniático homicida –Él me engaño en aquella ocasión, yo solo… solo era una víctima más para su record-

-Pero… - Tenna no sabía que decir, Johnny no podía ser atrapado por la policía, no podía morirse y tenía un abogado que lo cuidaba de ser neutralizado por el mundo sobrenatural. No parecía que hubiera salida para Devi, a menos que el maniático homicida decida dejar de perseguirla -…Te vas a cambiar de casa, y estoy segura de que él no te va a encontrar-

Devi suspira con algo de resignación. No estaba muy segura si mudándose iba a cambiar la situación en la que se encontraba, parecía que su destino estaba ligado al del maniático homicida. En el fondo de su mente, Devi había alojado un oscuro pensamiento. Era la morbosa idea de que Johnny acabaría con su vida algún día. Ella podía hasta vislumbrarlo, y estaba segura que nadie más que él podía llegar a matarla.

-Tienes razón, estoy segura de que no lo hará- Devi no quería preocupar más a Tenna. Los problemas extraños que la aquejaban parecían involucrarla a ella también. Pero por suerte, la extraña forma de ser de su amiga convertía cualquier cosa rara en mundana.

(…)

El nuevo departamento de Devi parecía ser muy confortable y agradable. Las paredes estaban recién pintadas, el techo tenía un cielo raso decente y las instalaciones de agua y luz eran óptimas. Sus cosas parecían ser pocas dentro de esa nueva sala. Pero no se preocupo por eso, comenzó a desempacar y acomodar sus pertenencias.

De repente, alguien golpea su puerta con fuerza y la hace saltar porque aún estaba tensa. Devi no sabía si debía abrirla, pero decidió ver quien era usando la mirilla de la abertura. Con cuidado, le echa un vistazo a la persona que estaba del otro lado. Había un joven de cabello rubio, notorias pecas en sus mejillas y enormes ojos color verde que sonreía afablemente. Estaba vestido con el uniforme del departamento de bomberos de la ciudad. Aún así, Devi no quería abrir la puerta así que simplemente le habla desde el otro lado.- ¿Quién es usted?-

-Disculpe señora o señorita, mi nombre es Kelvin y pertenezco al cuerpo de bomberos de la ciudad, le traigo el protocolo de seguridad en caso de incendio- Explica el bombero con suma cordialidad.

-Bien, puede pasarlo por debajo de la puerta- Devi no se fiaba de ese sujeto. Nadie que trabaje en medio de peligrosos incendios, podía estar bien de la cabeza.

-Esta bien- Kelvin se agacha y desliza las normas de seguridad del edificio –Recuerde que en caso de incendio debe llamar directamente al departamento de bomberos, y seguir el protocolo al pie de la letra-

-De acuerdo, gracias… Kelvin- El nombre de aquel sujeto era raro.

-Por nada, que tenga un buen día- Aquel muchacho se fue con su enorme sonrisa y su cara llena de pecas al departamento continuo.

Devi suspira algo aliviada de que ese sujeto no insistiera en entrar. Miró algo aburrida el panfleto, que estaba muy claro y conciso. Escuchó, más allá de la puerta, como Kelvin empleaba el mismo discurso que le dio a ella. El muchacho estaba haciendo su trabajo, solo eso, no tenía que sentirse amenazada por todo el mundo.

Tal vez se estaba volviendo demasiado paranoica.

(…)

Eran apenas las dos de la tarde, cuando dos malhechores asaltaron aquella farmacia. Habían asesinado a la cajera con un disparo a quemarropa, y mataron a los guardias de seguridad a golpes, porque se interpusieron en su camino. Mientras escapaban, no veían la hora de llegar a su escondite para atiborrarse de los calmantes y drogas que habían logrado obtener.

Los dos malhechores habían llegado a un callejón oscuro donde nadie reparaba en ellos, y comenzaron a revisar su botín. Por este motivo, no prestaron atención a la manguera de incendios que estaba arrastrándose cerca de allí, como una sigilosa pitón.

-Ustedes son un par de horribles villanos- Aquella voz toma por sorpresa a los dos ladrones, y sacan sus armas de fuego para amenazar al que estuviera importunándolos. Pero solo vieron a un joven de cabello rubio parado frente a ellos, sosteniendo una manguera con su mano izquierda y un hacha para incendios a su derecha.

-¿Quién es este lunático?- Exclama incrédulo uno de los ladrones.

-Llego la hora de que mueran- La voz taciturna y grave del muchacho rubio, hizo que el ambiente se volviera un tanto frío.

Los dos malhechores se miraron por un momento y comenzaron a reírse. El bombero no qse hizo esperar, y tomando revolea por el aire la punta metalica de la manguera, para luego lanzarla a una volocidad espantosa. La punta de metal golpea la cara de uno de los ladrones, antes de que puedan reaccionar.

El ladrón que no fue golpeado, estaba sorprendido al ver como su compañero se había desmayado por el golpe, y se prepara para dispararle al extraño muchacho que lo ataco. Cuando logra apuntar, el muchacho ya había llegado a su lado, acortando su distancia con una rápida carrera, y de un solo movimiento, corta con el hacha de incendios la mano con la cual sostenía su revolver.

El pobre hombre ve como se desprende su mano de su muñeca. La bala que estaba en la cámara de la pistola, sale disparada y le da a un basurero cercano. Del muñón que le había quedado al ladrón, comienza a manar un gran chorro de sangre, y este empieza a gritar por el terror de haber perdido una parte de su cuerpo. El bombero lo observo con cierta calma, pero se olvidó por el momento de ese sujeto cuando vio que su compañero había recuperado la conciencia. Tomó la manguera de encendidos, y se acerca con esta, hacia donde estaba el otro ladrón.

-El mal debe ser castigado- Con poca delicadeza, levanta la cabeza de aquel hombre y le abre la boca. Luego le mete la manguera, abre el seguro del pico para que el agua comience a salir. Los pulmones de aquel ladrón se llenan de agua, sus ojos se ponen rojos y su cara se hincha. El bombero lo suelta, y deja que ese reciente cadáver caiga al suelo. El otro sujeto, estaba tratando de recuperar su mano. Al darse cuenta de que el bombero no iba a dejarlo libre, lo mira asustado.

-¿Para quién trabajan?- Pregunta con suavidad Kelvin.

-Espera, espera, te lo diré, lo diré todo... pero ¡No me mates!- El sujeto estaba aterrado, la mirada de Kelvin era oscura y completamente aterradora –Es Romanof, las cuatro pandillas del suroeste de la ciudad trabajan para él-

-Entonces, me vas a ayudar a mandarle un mensaje a tu jefe- Kelvin mueve su hacha hacía delante, para que el filo quedara justo frente a la cara de aquel sujeto –Tu cadáver le dirá que el mal será castigado a como de lugar-

(…)

Pepito no encontró al doctor que su padre le pidió que buscara en aquel hospital. Supuso que debía buscarlo en otro lugar menos concurrido de personas enfermas. Aún así, le costaba trabajo entender que el arma más poderosa del infierno fuera un cirujano, se suponía que esos bastardos salvaban vidas y todo aquello que implicaba ser un médico. Pero ese tal Romanof era especial, y su padre quería que le envíe un mensaje importante, que solo él podría darle.

Las armas del infierno eran raras, y era poco usual que el Diablo usara una de estas en el mundo de los humanos. Sin embargo, se habían enterado de que el cielo ya había enviado a la suya y que la "apuesta" seguía en pie. Lo único bueno que Pepito veía en todo ese asunto, es que finalmente ese abogado iba a esfumarse de aquella ciudad para siempre, cuando su padre gane esa apuesta. Dio con el famoso cirujano en una vieja taberna de mala muerte. Era un sitio deplorable, en la que solo había humanos que habían caído tan bajo en sus vidas que no les importaba ser lacayos o meros esclavos de cualquier ser desalmado que satisfaga sus adicciones.

Entre estos desalmados, estaba el cirujano Romanof. Pepito se había abierto paso con sus poderes infernales, pero al llegar ante ese cirujano, solo pudo quedarse estático ante la horrible aura que emanaba. Los ojos color hielo de ese hombre se clavaron en él mientras que seguía cortando con su bisturí a una joven mujer que estaba fumando crack. Ella estaba demasiado drogada para darse cuenta que Romanof estaba extrayéndole los riñones, de seguro la habían anestesiado tras haberle dado la droga. La chica se río, de forma estridente ante la presencia de Pepito. El anticristo no movió un solo músculo cuando vio a los enormes gorilas que estaban cuidando de su jefe lanzándose sobre él.

-Esperen muchachos, no molesten al chico- Dice con calma el cirujano, guardando cuidadosamente el riñón, de aquella escandalosa muchacha que no paraba de reírse, en una conservadora llena de hielo –Es el hijo del jefe, háganlo sentir como en casa-

-Eso no es necesario- Pepito no planeaba quedarse allí un segundo más, aquel sujeto era demasiado horrible como sentirse a gusto a su lado. Romanof no era más que un mero demonio que aún creía pertenecer al mundo de los humanos.

-Padre dice que la apuesta está en pie y que es hora de que te muevas-

-Eso es cierto- El cirujano empuja a la chica drogada para quitarla de su mesa, dejando que caiga al piso. Esta no puede moverse y comienza a convulsionar – ¿Has oído del niño perdido del Dios? Se ha cargado a varios de mis chicos y unos cuantos peces gordos con los que había hecho negocios-

-Lo sé, muchos de ellos también eran nuestros socios- Pepito era conciente de eso, hasta Todd se había dado cuenta de que alguien estaba pateando el avispero –Por eso te damos la libertad de usar tus habilidades para exterminarlo-

-¿Qué me dices del otro?- Pregunta con algo de calma Romanof.

-¿De quién hablas?- A Pepito no le gustaba hablar de ese asunto, sobre todo porque Todd podría verse involucrado.

-Ya sabes, el infeliz que estaba siendo consumidos por los parásitos, el que se encarga de deshacerse de aquellos perdedores que ni el cielo ni el infierno quiere, la pequeña válvula de escape de la humanidad…-

-Tiene un abogado de su lado- Declara Pepito ante el pequeño discurso del cirujano.

-¿Se trata del bastardo de Trent?- Romanof pregunta esto como si estuviera ofendido y golpea con fuerza la mesa –Ese pedazo de mierda, aún haciendo de las suyas-

-¿Puedes hacer este trabajo?-

-Con tal de cortarle las piernas a Trent, haré mi mejor trabajo- Romanof mira con cierta duda a Pepito -¿Han encontrado la guadaña del destino?-

-No, pero la apuesta es prioridad- Pepito siquiera sabía si eso era cierto, hacía mucho que su padre no mencionaba aquel objeto.

-Bien, pero si llegan a encontrarla quisiera usarla con Trent- Romanof cruje sus nudillos –Ese desgraciado me debe una vida-

-Si cumples con tu trabajo y tienes éxito, dejaremos que hagas lo que quieras con ese abogado- A Pepito le parecía razonable, de todos modos, el fin del mundo era inminente.

(…)

Después de buscar sus escasas pertenencias y a su oso Shmee, Todd siguió a su tenebroso vecino hasta su casa. Se la quedo mirando, recordando que en su tierna infancia ese lugar siempre le había aterrado debido a los horribles gritos que emergían de allí. Actualmente, Todd contaba con trece años, y de las pocas veces que había tratado con Johnny fueron cuando este había matado a un pedófilo que intentó secuestrarlo y cuando se colaba por su ventana para contarle horribles historias que no le dejaban dormir.

Para Todd, su vecino siempre fue la representación de todos los temores de su infancia, y ahora que era un preadolescente, sentía que ese perfil no encajaba con la persona que estaba acompañando. Más bien parecía un hombre perdido, y un poco confundido.

-Lamento el desorden, he tenido una semana muy activa- Se disculpa Johnny cuando deja entrar al chico a su casa.

Aquella casa no se parecía en nada a como la había imaginado Todd. Las paredes estaban cubierta de dibujos y formas que lastimaban la vista, y a la vez parecían tener sentido. En el piso de la sala, había cuadros de lienzo atacados por pinceladas multicolores, en el escritorio del estudio y en la mesa del comedor, había cientos de dibujos en carbonilla que prácticamente estaban desparramados en pilas desiguales. Aquel lugar olía igual a Johnny, disolvente y pintura.

-Creo que hay un cuarto de huéspedes donde podrás quedarte- Declara Johnny mientras comienza a quitar los dibujos de la mesa de la cocina, y sus bocetos del fregadero para hacer un espacio en donde Todd pueda acomodarse. El preadolescente lo mira con cierta duda. Aún estaba nervioso al estar cerca de aquel aterrador hombre. Pero este no parecía molestarse por sus emociones encontradas, estaba muy ocupado juntando todos sus dibujos y pinturas que llegaran a obstruir el paso hacia la escalera que daba al primer piso.

-¿Pasa algo malo Squee?- Pregunta finalmente Johnny cuando nota la carita llena de angustia de su joven vecino.

-¿Usted cree que podría haber salvado a mi madre o a mi padre de ese sujeto?- Todd creía que debió hacer algo más que esconderse en un armario en aquella ocasión.

-No, no tenías una sola oportunidad de salvarlos- Johnny guarda los dibujos de forma desprolija en unos cajones que estaban atestados de más papeles, para entretenerse y no decir algo desagradable sobre los padres de Todd –Y no lo digo porque ese sujeto fuera la gran cosa, solo pienso que le llego la hora de morir a tus padres, como a todos nosotros en algún momento-

-¿Era su momento de morir?- Pregunta algo resignado Todd.

-Solo eso… si te sientes mal por ellos, puedes hacer duelo y llorar su ausencia Todd, pero no hay nada que tu o yo hayamos podido hacer para detenerlo, eres listo, sabes como funciona este asunto de la muerte- Johnny se había quedado mirando a Todd con vehemencia mientras hablaba.

-Es extraño- Murmura Todd como si estuviera avergonzado.

-¿Qué es extraño?-

-Me siento muy triste, pero no puedo llorar- Declara el preadolescente.

-No te preocupes por eso, no significa que no los hayas querido- Johnny no iba a opinar sobre la forma en que los padres de Todd se comportaban con él y que estos no merecían sus lagrimas. Ese asunto le concernía al muchacho, además, él no sabía nada sobre criar niños para andar aconsejando a las personas el cómo deberían hacerlo.

-¿Tienes hambre?- Pregunta finalmente el mayor.

-Si- Todd asiente al mismo tiempo que responde.

-¿Qué te gustaría comer?-

-¿Estaría bien un poco de cereal?-

-Por suerte eso si tengo, no me gusta cocinar- Johnny hace una mueca de exasperación al darle la espalda a Todd mientras camina hacia la cocina –Solo espero que ese bastardo de Trent no se lo haya tragado todo-

-¿Se refiere a ese hombre tan extraño?- Todd recuerda que el amigo de su vecino se le hacía familiar, que lo había visto ya en otra ocasión.

-Si, pero no te convendría hablar con él, es un abogado charlatán y mentiroso, y lo único que hará será usarte- Johnny escupe esto con rabia mientras revisa la alacena de la cocina.

-Entonces ¿Por qué dejas que entre a tu casa?- Todd se acerca hasta la puerta de la cocina para ver lo que hacia su vecino. El lugar estaba bastante limpio a pesar de lo viejo que se veía.

-Yo…- Johnny no se atrevía a decir la verdad a Todd, pero no quería perder su creatividad de nuevo a manos de esos parásitos o lo que sea que lo estuvieran bloqueando –…No tiene importancia Squee, aquí tienes un tazón de cereal azucarado y algo de leche, es poca pero está fresca-

-Gracias- Todd prueba una cucharada del cereal con leche y sonríe al comprobar que estaba delicioso.

-Tu cuarto está en el primer piso, hay un pasillo corto, pero debes tomar la primera puerta a la derecha- Johnny revuelve la caja de cereal y saca el juguete de premio que consistía en un anillo para reflejar el estado de animo del que lo usa –Umm, puedes quedártelo, dicen que si se pone blanco significa que llego la hora de que mueras-

Era inevitable hacer ese tipo de comentarios, teniendo la oportunidad de asustar un poco a Squee del mundo real. Parecía que las cosas eran como antes. Aún así, la expresión asustada de Todd no le pareció muy notoria por la angustia que estaba reprimiendo, y se dio cuenta de que aquel niño había cambiado mucho. Dentro de pocas horas iba a perder la compostura por la perdida de sus padres, pero iba asegurarse de darle espacio y privacidad para que pueda desahogarse sin problemas.

(…)

Johnny bajó al sótano de su casa y noto que Trent estaba allí. El abogado estaba sentado en el frío piso de ese lugar, fumando marihuana al lado de un aterrado Jimmy, que no paraba de sollozar. Por suerte, su boca estaba tapada con una pelota que no le permitía decir estupideces. Johnny lo había atado de manos y piernas, dejándolo de cabeza sobre una trampa para osos, y le había conectado unos cables para pasarle corriente a las cadenas que lo sujetaban.

-No deberías estar aquí- Dice con frialdad el maniático homicida mientras busca su viejo equipo de tortura.

-Lo sé, pero estoy algo preocupado- Trent sonaba algo taciturno, pero una sonrisita tonta se le escapa, por el efecto de la hierba.

-¿Cómo dices?- Johnny ignora la mirada aterrada de Jimmy, y con un escalpelo comienza a cortar pequeñas secciones de su piel. La sangre que brotaba caía en una cubeta, que usaba para pintar la pared…

("Que no se seca nunca, ya no necesitas esa sangre, Johnny")

-Es un sujeto que está matando gente que no esta lista para morir- Declara Trent con seriedad.

-¿Alguien más que yo puede hacer eso?- Johnny parecía sorprendido, pero no parecía que eso afectara a Trent.

-Sep, y este tipo mata a bastardos desalmados como este- Trent señala a Jimmy con desden. Luego cala su cigarrillo por ultima vez y lo apaga, aplastándolo con sus dedos en el piso -¿Te interesa ver como lo hace?-

-No me interesa, y si me estás diciendo esto es para…-

-Solo quiero que vayas a saludarlo, es decir, tienen la misma habilidad, tal vez puedan abrir un club de "Matamos antes de que la muerte llegue"- Trent sabía que no convencería a Johnny con eso, pero no perdía nada con intentar.

-No- Se negaba a hacer algo por Trent. Ya tenía suficiente con esperarse dos días para matar a Jimmy, después de que este le había hecho pasar por un infierno a Todd.

-Esta bien, pero te digo que este sujeto podría ser un problema para ti en un futuro cercano- Declara Trent con cierta calma mientras se levanta del suelo y quita las arrugas de su traje negro.

-¿Como dices?- Johnny había perdido el interés en torturar a Jimmy, pero estaba seguro que pronto iba encontrar otras formas de provocarle dolor. Ahora su atención estaba en Trent. Si ese maldito abogado decía que algo le iba a caer encima, ese algo podría llegar aplastarlos a él y a Todd.

-Solo digo que andes con cuidado, ahora que ese niño depende de ti, deberías cuidar tu espalda- Trent no iba a darle más información a Johnny, no tenía caso, ya que de seguro haría una gran estupidez que terminaría arruinando todos sus planes.

-No necesitas decírmelo- Johnny frunce el entrecejo ante la vaga información que le había dado Trent. De seguro no le convenía contarle gran cosa respecto al problema que se le venía encima. Le da la espalda, porque ya no soportaba verlo y agrega en tono seco –Mejor será que te vayas, ya sabes donde esta la puerta-

...

N/A: Nos vemos el proximo mes ;P