EN EL FUTURO

Long-Story

By: Lavi*


Bueno,aquí subiendo el primer capítulo de este FF. Lo tengo escrito desde hace ya rato, aún esta incompleto pero va bien avanzado. No prometo actualizaciones rápida aunque eso depende de si gusta o no.

KHR es cración de Amano, yo no obtengo ningun beneficio de esto.

ADVERTENCIAS: Quise enfocarme en un futuro donde todos rondan los 20 años y ya viven como una familia mafiosa. Creo que esta en el summary pero por si las dudas aclaro, es yaoi. Este capítulo tiene un intento de Lemon al final. Quizá los personajes queden un poco OoC en algunas partes, espero no sea incomodo leer para ustedes.

En fin, disfruten y gracias por sus comentarios en mis otras historias y por tomarse el tiempo de leer.


Capítulo 1. Reunión.

La luz roja en el semáforo que colgaba del techo y la aterciopelada voz de la, seguramente, bonita mujer, que se escuchaba por las bocinas llamando la atención a todos y pidiendo que se alejaran de la línea amarilla, indicaron a los presentes que el tren pronto llegaría al andén.

Así, segundos después que el transporte se detuviera, la congregación de personas en cada puerta abierta se hizo presente y la urgencia de llegar primero y a tiempo a su destino cobró más fuerza para cada uno.

Con un suspiro resignado y agitando los plateados cabellos sobre su rostro, Smoking Bomb Hayato se levantó del banquillo donde, hasta ahora, llevaba treinta y siete minutos esperando.

No es como si no hubiera podido caminar el tramo de su casa a la base Vongola, pero con semejante cortada en la pantorrilla y el montón de vendas cubriendo sus brazos, cuello y torso, había decidido tomar el tren para evitarse una hemorragia múltiple por esfuerzo y miradas curiosas encima suyo todo el trayecto.

Y por supuesto, el hecho de no ir caminando evitaba el esfuerzo, pero no las miradas curiosas. Chasqueó la lengua mientras exhalaba humo de su, recién prendido, cigarrillo.

Estaba consciente que la cantidad de vendas era una exageración, pero tanto Shamal como Bianchi habían insistido tanto en que se las dejara puestas para evitar cualquier cosa. Y, aunque hubiese podido quitárselas al llegar a casa, estaba seguro que si llegaba sin ellas a la reunión los tendría encima suyo como los pesados que eran y eso significaba que seguramente todos los demás se meterían también.

El Décimo se preocuparía sobre si sus heridas eran tan graves o no, quizá Reborn le daría una cátedra sobre ser responsable y cuidarse por el bien de la familia y Yamamoto se le vendría encima con una sarta de estupideces sobre cuidarse como era debido.

Aunque, pensándolo bien, quizá estaba exagerando y nadie le prestaría tanta atención. Sonrió a medias ante ese pensamiento.

Se aproximó al montón de personas en la puerta mas cercana y, nada más entrar, un hombre ataviado con un -probablemente caro-traje se levantó de su asiento ofreciéndole sentarse. Hayato, como era su costumbre, le miró con desprecio y se encaminó a una de las puertas que se mantenían cerradas para recargarse sobre el cristal, dándose cuenta de la enorme lastima que debía darle a los demás en su estado.

_Como si me importara_ Escupió molesto dando otra calada al puro de nicotina que le alegraba, y de verdad que sí, la vida.

Una débil pero perceptible vibración sobre el bolsillo trasero de su pantalón negro llamó su atención. Extrajo el móvil lentamente y observó, con una ceja en alto, el mensaje de texto.

"Amado T." se leía en el espacio destinado a indicar el remitente. Enarcó una ceja y frunció los labios con molestia mientras se anotaba mentalmente que jamás dejaría jugar con su celular a Yamamoto de nuevo.

Seguramente, el muy bastardo, debía haber hecho ese cambio de "Idiota" a "Amado Takeshi" cuando se vieron por última vez hacía un par de semanas, y como él no había sacado el móvil de la maleta, mientras hacía su trabajo, ni por enterado estaba. Sonrió, sin poder evitarlo, al recordar la mirada del beisbolista al despedirse.

"No tardes…" había dicho "…Te estaré esperando…" recordó "…Ten cuidado…" ordenó. Era un completo idiota.

Regresando a la realidad, prestó atención al mensaje recibido: "Tsuna está preocupado, solo faltas tú… Si quieres, puedo ir por ti". Apretó puños y dientes con coraje y devolvió un sólido "Vete a la mierda y dile al Décimo que ya voy para allá", el cual murmuró mientras tecleaba con fuerza.

_Disculpe joven_ Llamó su atención uno de los guardias _Esta prohibido fumar dentro del vagón_ Finalizó señalando uno de esos comunes letreritos con un cigarro tachado en un circulo rojo.

Gokudera no respondió, simplemente le lanzó una mirada de esas que sólo sus enemigos recibían -todos menos el Décimo Vongola-y fue suficiente para que, sin argumentar nada y con paso apresurado, el guardia murmurara una disculpa y siguiera su camino.

El móvil vibró de nuevo en sus manos, indicando la respuesta recibida: "Sólo apresúrate, quiero verte". Fue todo lo que había escrito. Estuvo tentado a responder algún insulto cualquiera, más sin embargo se ahorró el esfuerzo y guardó el negro aparatito de vuelta en su bolsillo.

Las puertas se abrieron segundos después y entre un pequeño grupo de gente, el albino bajó. Solamente bastó caminar un par de cuadras más y frente a él se alzaba la escalinata del templo Namimori. Analizó la subida con hastío y frustración, mas recordando que llevaba ya un cuarto de hora de retraso se apresuró a subir.

Debido a la construcción en proceso de la base, esa y la entrada de los almacenes eran las únicas disponibles actualmente, y debido a que la otra le quedaba aún algo retirada tendría que tragarse el coraje y comenzar a subir. Al llegar arriba -casi diez minutos después y con un tremendo dolor corporal, específicamente en su pierna izquierda- se halló con un sonriente Kusakabe quien de inmediato se colocó a su lado para ayudarle.

Amablemente, Hayato rechazó su ayuda y se adentró a la guarida del "Comité Disciplinario" para posteriormente ingresar a uno de los pocos pisos finalizados de la base Vongola.

_Llegas tarde, Gokudera_ Fue la bienvenida que recibió de parte de Reborn, quien cómodamente sentado tomaba café, apenas puso un pie dentro de la sala de reuniones.

_Lo siento mucho Décimo, por mi culpa se retrasó la junta_ Se inclinó a modo de disculpa realmente avergonzado de ver ya a todos en sus respectivos asientos.

_Esta bien Gokudera-kun, discúlpame tú a mi por pedirte venir en ese estado_ Sonrió como solo Tsunayoshi Sawada sabía hacerlo.

_No seas blando Tsuna, no tendría que salir ni esforzarse si hubiera aceptado quedarse en la base ayer_ Regañó el Arcobaleno del Sol.

_Nadie podría descansar como se debe con semejante escándalo y lo que todos necesitan ahora es precisamente descansar_ Alegó el jefe calmadamente _Ahora no retrasemos mas esto, toma asiento Gokudera-kun_ Ordenó amablemente.

_Gracias por su apoyo Décimo, pero Reborn-san tiene razón, no volverá a suceder_ Susurró ya sentandose en su puesto: a la derecha del capo.

Yamamoto soltó una risilla discreta, regalandole una mirada llena de brillo al chico bomba cuando este le dedicó un insulto entre labios.

El tiempo de ponerse serios comenzó y cada uno de los guardianes presentes –exceptuando a Hibari, quien los entregaba por escrito- dieron sus reportes de misión.

Rara vez se hacían esas juntas, pues rara vez volvían todos casi al mismo tiempo de sus misiones asignadas, por eso, a Tsuna le encantaban. El Décimo Vongola sabía, por clara vivencia, que luego de finalizada la reunión venía el tiempo de ser ellos mismos: solamente amigos tomandose un descanso de la vida y dejando por completo, sólo temporalmente, todo lo relacionado con la mafia y ser adultos.

En cuanto Ryohei terminó de hablar y sin nuevas ordenes poe asignar, cada Guardián se tomó la libertad de relajarse en su puesto. De inmediato Lambo -quien asistía más que nada por mero formalismo-, abandonó la sala en búsqueda de I-pin, seguramente para planear alguna travesura. Chrome se retiró, no sin antes agradecer al jefe sus atenciones e inclinarse respetuosamente, alegando haber quedado con Kyoko y Haru para ir de compras.

Tsuna entonces hizo cuentas mentales y descubrió, muy a su pesar, que justo ese día era el tercer domingo del mes y por tanto sus planes de quedar con la castaña clara en una cita se iban al traste.

_¡Oye, Cabeza de Pulpo!_ Llamó el boxeador desde el otro lado de la mesa.

El aludido volvió el rostro, ya más que acostumbrado al sobrenombre, mientras sacaba otro cigarillo de la bolsa de su pantalon y se lo colocaba en la boca. El ex beisbolista prestó atención aún cuando en ese momento discutía con el capo sobre la organización de los dormitorios.

_¿Y bien?, ¿dirás algo?_ Cuestionó el chico bomba al ver que Ryohei no continuaba hablando.

_¡Ah, si!, estuvimos hablando con Hibari y decidimos trasladarnos a la base, por lo tanto, el único que falta eres tu_ Gokudera hizo una mueca de fastidio.

Realmente, Gokudera Hayato no deseaba trasladarse a la base, en primera, porque significaba estar en el mismo lugar que Yamamoto Takeshi las veinticuatro horas del día y eso representaba una total distracción; segundo, porque su privacidad y libertad se reducirían demasiado; y tercero, por que no se creía capaz de permanecer en el mismo lugar que la Vaca Burra sin provocarle una crisis nerviosa a su Jyûdaime o volar unas cuantas paredes en el proceso. Suspiró y entonces, un poco de lucidez llegó a su cerebro.

_¿Dijiste que Hibari accedió a trasladarse?_ La sorpresa se pintó en su rostro.

_Sí, después de todo el comité quería una "base de operaciones" y llegó a un acuerdo con Sawada_ Se rascó la cabeza, como meditando algo _Finalmente es parte de la familia ¿no? ¡Debe permanecer con nosotros al extremo!_.

Gokudera lo medito y luego de la sorpresa inicial y el desconcierto trató –con demasiado esfuerzo- de verle el lado bueno al asunto.

_Vale, me trasladaré también_ asintió al fin, encendiendo su cigarrillo.

_¡Que bien al extremo!_ Gritó emocionado el boxeador alzando una mano en señal de Victoria _¡Sawada, por fin estamos todos!_ El aludido le miró sonriente y con una gota de sudor descendiendo por su sien.

_Que alegria_ Fue su respuesta. Alargó el brazo para sujetar su taza y se dio cuenta que estaba vacía. Hizo ademán de levantarse y entonces Yamamoto vio su oportunidad.

_Yo te traigo más café y de paso me sirvo un poco_ Ofreció contando mentalmente hasta tres mientras Tsuna le agradecía.

_¡Olvidalo!_ Se icnorporó rápidamente el albino y Takeshi no pudo evitar sonreir _La mano derecha del Décimo, osea yo, soy el único que debe hacer algo como eso_

"Eso no tiene sentido" Pensó el capo mientras, sin animos de detenerla, observaba una nueva pelea entre sus dos hombres de más confianza.

_Yo me ofrecí primero_ Concluyó Yamamoto tranquilo sujetando ambas tazas en tanto se dirigía a la puerta.

_Siempre lo he hecho yo_ Resongó frunciendo aún más el ceño. Tsuna hizo un sonidito de sorpresa que paso inadvertido. Si lo dicho por el bombardero era cierto, era un muy mal jefe al no haberse dado cuenta. _Así que no te pongas dadivoso ahora, estúpido cabeza de pelota_ Le dio alcance arrebatandole la taza del jefe.

_Pues vamos los dos entonces_ Y con la sonrisa más radiante y pasándole un brazo por los hombros, ambos salieron del salón.

_Son tan animados_ Sonrió el Sol _¡Voy a entrenar!_ Se levantó cual resorte sorprendiendo al más bajo quien le miró extrañado _Kyoko volverá hoy a casa, así que también me pasaré por allá, llegaré tarde Sawada_ Se apresuró a la puerta simulando lanzar golpes _¡Entrenar al extremo!_ Y sin más se fue.

Fue entonces, que en la soledad de la sala de reuniones, Tsunayoshi Sawada al fin comprendió que tras todos esos años, todas esas misiones y toda esa historia compartida, él era el único que había madurado –un poco-. Soltó una carcajada sincera y antes de poder pensar en algo más su cabeza se vio estrellada contra la mesa.

_Deja de perder el tiempo y mejor ponte a trabajar_ Reborn, quien hasta el momento permanecia cómodamente sentado bebiendo café, ahora descansaba a un lado de su golpeado alumno _Recuerda que Dino vendrá esta tarde, aunque tus Guardianes tengan el día libre tu no, así que andate_.

_Pero, mi café…_Resongó con ganas de escaquearse del trabajo, más el "bebé" no dijo nada, sólo sujeto a León firmemente, transformado en arma, el cañón apuntando directamente a su rostro.

Tsuna entonces supo que el tiempo de relajarse había terminado, así que con fastidio se levantó para dirigirse a su lugar de entrenamiento, de paso, vería como iba el trabajo de Giannini en cuanto a los demás pisos de la base.


Yamamoto y Gokudera avanzaban en silencio por el pasillo; la máquina de café estaba en el estudio principal y eso era algunos metros lejos –del otro lado en ese mismo piso-.

_Probablemente Tsuna no esté cuando regresemos_ Dijo de pronto el japones.

_Debiste haber buscado una excusa mejor, idiota_ Concluyó el albino apagando su cigarrillo.

El moreno soltó una carcajada y entró al estudio dejando su taza sobre la mesita de centro, de inmediato, le arrebató la otra a Gokudera y lo empujó contra la puerta cerrando en el acto.

Por el duro impacto, el chico bomba hizo una mueca de dolor debido a sus lesiones, pero no se resistió.

_Perdona, pero no puedo contenerme_ Susurró Yamamoto con los ojos brillando intensamente.

_Callate y hazlo de una vez_ Ordenó con ese tono de hastio caracteristico suyo, más no pudo evitar que la frase sonara urgente.

Y aunque era Gokudera Hayato –razón suficiente para nunca decirlo- debía reconocer que durante esas dos semanas de ausencia había añorado en demasia esos labios que ahora le comían la boca y esas manos que ahora viajaban por todo su cuerpo, urgidas por arrebatarle cada prenda.

Aprisionó los negros cabellos entre sus largos y delgados dedos y tiró un poco de ellos logrando así separar sus bocas para lograr algo de oxígeno. Tiró del nudo de la corbata con la intención de sacarsela del cuello pero el moreno se hecho para atrás y comenzó a reir.

_¿Qué es tan gracioso grandisimo imbecil?_ Argumentó mosqueado.

_Estas tan desesperado como yo_ Sonrió acercándose a besarlo _Viniendo de ti eso me hace muy feliz_ El albino se sonrojó y desvió el rostro fingiendo demencia _Gokudera_ Le llamó _Gokudera _Repitió sujetando sus mejillas _Te amo_.

_Idiota_ Fue su respuesta y entonces volvieron a besarse. Con más calma, con más pasión y con el mismo amor que siempre se habían tenido.

Yamamoto le quitó el saco y la camisa de un tirón, los pantalones fueron tarea fácil; a Gokudera le costó más trabajo pues el moreno no dejaba de moverse.

Estar de pie se hizo pesado y sin decir ni una sola palabra, entre besos, se llevaron mutuamente a uno de los sillones.

_¿Que tal tu trabajo?_ Cuestionó Yamamoto mientras besaba su cuello.

_Lo puedes ver tu mismo con todas estas vendas encima_ Respondió de mala gana _Además, ¿a que viene eso justo ahora?_ Se mordió el labio para no soltar ningun gemido cuando el moreno tocó "esa" parte.

_Curiosidad_ Fue su respuesta.

_Pues guarda tu curiosidad para después y no me jodas el momento_ Soltó con un tono que buscaba ser grosero, sin embargo, la voz no le salió como quería y termino sonando algo ronca.

El ex beisbolista soltó una carcajada sobre la piel del cuello blanco, logrando erizarle el cabello al chico bomba quien gimió quedito no pudiendo aguantarse más.

_Te extrañé_ Susurró Yamamoto con es sonrisa tan suya _Demasiado_ Le miró a los ojos realmente enamorado.

Gokudera, con las mejillas rojas por el momento –razón porla cual aborrecía tener la piel tan clara- y el pulso algo disparado, torció el morro en un intento de sonrisa. El moreno sonrió aun más al ver la mueca.

_¿Sabías que eres el idiota más idiota del mundo?_ Soltó de pronto, torciendo distraido entre los dedos un mechón de oscuro cabello.

_Aun siendolo me amas_ Soltó casual, siguiendo el juego _Y yo a ti_ Completó acariciando su estomago provocandole ligeras cosquillas al otro.

_Estas todo despedinado_.

_Y tu todo magullado_ Contesó fingiendo ofensa.

Gokudera emitió un sonido algo extraño que el moreno interpretó como una risa ahogada así que volviendo al juego agachó el rostro hasta el marmoleado pecho y dio una lamida sobre uno de los moretes más grandes, dando después un beso por cada golpe y rasguño en la extensión del torso.

Dio un bote y soltó un suspiro cuando el más alto atrapó una de sus tetillas en su boca y jugueteaba con la lengua al tiempo que las ágiles manos estimulaban su cuerpo acariciando el abdomen y la parte interior de los muslos casi imperceptiblemente.

_Deja el romanticismo Takeshi, tengo un problema allí abajo que esta comenzando a ser doloroso_ Declaró tirando del cabello oscuro para que levantara el rostro y entonces le besó con hambre.

Se besaron sin control por varios minutos, separandose sólo para dar bocanadas de aire. Gokudera sintió la mano intrusa de Takeshi deslizandose por su entrepierna hasta la parte baja y dio un brinco incomodo rompienso el beso cuando el moreno comenzó a prepararle, pero de inmediato sus labios fueron capturados de nuevo.

_Hazlo de una vez_ Suplicó tratando de sonar dominante, pero ni siquiera reconoció su propio tono de voz.

Obedeciendo ciegamente a su enojón amante, Yamamoto le marcó de una sola estocada. Gruño al sentir de nuevo ese cuerpo apretado, así como las uñas del pianista clavadas en su espalda.

_Disculpame, te lastimé_ Le dio un tierno beso en la frente mientras repartía caricias en todo el cuerpo del albino.

_Es normal, sólo me desacostumbré un poco estas semanas_.

Estuvieron un momento así, hasta que el italiano decidió que el dolor era soportable y con un pico le indicó a Yamamoto que continuara, quien ansioso y gustoso acató.

El dolor quedó olvidado y el placer tomó carta culminando en el mayor extasis. Se entregaron mutuamente como tantas veces antes y con un beso tierno y delicado el japones se alejó de su adorado amante, sentandose en el suelo, recargado en el borde del sillón donde Gokudera permanecía recostado.

Yamamoto llevó su mano al brazo de piel blanca que descansaba a un lado de su cabeza y acarició la piel relajadamente. El italiano cerró los ojos disfrutando del contacto mientras soltaba algo parecido a un ronroneo.

_Te amo, Takeshi_ Susurró casi inaudible, pero su interlocutor lo escucho claramente.

_Lo se Hayato, lo sé_ Respondió _Y yo a ti, te amo_ Lo besó en el hombro mientras entrelazaba sus dedos y seguía acariciando el dorso de su mano.


Continúa…


Si llegaste hasta aquí te felicito y agradezco.