A ver, cuñados, ya está. ¿Querían lujo de detalles? Pues bien, aquí se los traigo. Esta vez, iniciaré con el regreso de Tai Lung al Templo.

Retorno

Todo está vacío, ya nada hay;

mi mundo cae en pedazos sobre mí.

Dolor, aléjate; da paso al alivio

y déjame respirar como antes de ti.

Era una noche oscura y tormentosa. En el cielo sólo se veían nubes enormes y grisísimas, derramando raudales de lluvia. Los relámpagos iluminaban el Valle y los truenos se hacían oír con sus ensordecedores rugidos, que podrían espantar a cualquiera. El viento soplaba con fuerza, agitando estrepitosamente las copas de los árboles.

Pero allá en la lejanía, al abrigo de una caverna, un antiguo guerrero contemplaba la tormenta. Lleno de admiración, se decía:

"Ella es fuerte. Todos corren a buscar refugio cuando oyen que se acerca. Es poder. Sí que lo es."

¿Quién era aquel que con sus pensamientos elogiaba a la tormenta? Muy simple: Tai Lung. Sorprendentemente, aún vivía. Imposible de creer. Po lo había vencido, pero no lo mandó al otro patio. Luego de la humillante derrota, Tai Lung había resuelto alejarse para siempre y esperar la muerte en un terreno neutral, donde nadie pudiera ver su vergüenza y desesperación. Sus heridas habían sanado ya y podía hacer todo con normalidad; pero ¿qué caso tenía seguir dando rueda por el mundo? Si volvían a verlo, sería una repetición de todo el teatro donde él había interpretado el papel de perdedor.

No. Ya no más. Eso no era para él. A nada le veía lo bueno. Todo era un vulgar asco como un cadáver del que sólo un carroñero daría cuenta. Estaba harto de su miserable vida. Sólo aguardaba el sueño de la muerte, donde todos los seres encuentran la paz y el descanso de las penas de la vida.

La tormenta empezó a amainar. El viento ya no soplaba con tanta fuerza, los truenos sonaban con menor intensidad y la lluvia iba disminuyendo. Después, el cielo se aclaró. La noche volvió a ser iluminada por la luna y las estrellas. Viendo aquella hermosura que adornaba el cielo, Tai Lung experimentó una sensación de serenidad y paz. Reconfortado, se quedó dormido.

Al día siguiente, Tai Lung quiso salir de la caverna, pero prefirió no hacerlo. No quería volver la mirada hacia la luz del mundo ni tampoco ser objeto de burlas por parte de cualquiera con quien se topara. Entonces recordó su vida en el Templo, los entrenamientos, el esfuerzo que puso en ellos, los elogios que recibía de Shifu, la infeliz época en la que lo rechazaron como Guerrero Dragón, y todo lo demás.

—Todo en mi vida es miseria, ¡todo! —se quejaba—. ¿Por qué no recibo el alivio? ¿O es que hay algo más para mí? Si lo hay, ¿qué será?, ¿dónde está? ¿En el Templo acaso? ¿Debo volver? ¡Quiero volver! Ahora siento el pesar de mis actos. ¿Pero qué digo?, ya no sirve lamentarme. Shifu me odiará de todos modos. Ya no me recibirá. Si en el pasado me amó como a un hijo, ahora me aborrecerá como a su peor enemigo. De todos modos, lo haré. Volveré, le pediré perdón y estaré en paz. Si me acepta de nuevo, rectificaré el camino y todo lo que eché a perder. Si no me perdona, marcharé al exilio, buscaré mi refugio lejos de todo y aguardaré a que la muerte venga por mí.

(Es que quise darle tono de tragedia griega; jejejeje.)

Salió entonces de la caverna y echó a andar. Era un largo camino de regreso hacia el hogar primaveral y estival, pero no importaba. Llegaría, volvería a poner los pies en aquel suelo ahora ajeno y se redimiría. Pero las dudas lo asaltaban. ¿Olvidaría Shifu los agravios? ¿Lo recibiría? ¿Le daría otra vez un lugar dentro del Templo? O al contrario. ¿Le daría la espalda? ¿Lo desterraría para siempre? ¿No habría perdón ni redención ni nada que se les pareciera?

Con sorprendente agilidad, superaba los obstáculos que había en el camino. Se detuvo algunas veces a descansar a la sombra de los árboles, pero pronto dejaba eso y volvía a tomar su sendero. Así estuvo tres días, al cabo de los cuales, llegó al Templo. Verlo de nuevo lo hacía sentirse raro; creyó que jamás regresaría, y vean ahora. Lo contempló largo rato y se puso a pensar cómo haría para entrar y pedir el perdón a Shifu. En esas estaba, cuando escuchó el ruido de la puerta que se abría. ¿Y quién salió? Nada menos que Shifu. A Tai Lung ni tiempo le dio de esconderse, porque la verdad, no planeaba hacerlo. Estaba tendido boca abajo en el suelo, pero al ver a su otrora padre y maestro, alzó la cabeza. ¡Grande fue el asombro de Shifu al ver de nuevo a su hijo descarriado!

—¡TAI LUNG! —exclamó Shifu—. ¡¿Pero cómo? ¡Tú estás muerto!

—¿De verdad? —preguntó Tai Lung, con humor sarcástico—. Entonces, si estoy muerto, ¿qué hago aquí?

—Eso es lo que no me explico.

—Si quieres, yo lo hago: No estoy muerto como creías. Ese panda sólo me rompió algunos huesos, pero nada más. Cuando desperté, me arrastré hasta que llegué a una caverna en la que me refugié durante todo este tiempo. Me curé y aquí me tienes. ¿Listo?

—Bien, parece convincente. Ahora dime, ¿a qué has venido?

—Quiero pedirte perdón. Estoy arrepentido de todo lo que hice. Acéptame de nuevo. He cambiado, ya no soy el monstruo que viste la última vez. ¡Por favor! Mírame, arrastrándome por el suelo como el peor de los bichos, suplicándote.

De los ojos de Tai Lung empezaron a fluir las lágrimas. Shifu lo contempló primero con impasible gesto, pero después, sintió que sus antiguos sentimientos de padre salían de su lóbrega tumba para vivir de nuevo. Empezó también a llorar y, acercándose al leopardo, lo abrazó.

—Por favor, cálmate —le dijo a Tai Lung—. Claro que te perdono, hijo. Este es de nuevo tu hogar. Olvidemos el pasado y empecemos de nuevo.

—Gracias —contestó el leopardo; y entonces, salió de sus labios aquella palabra que nunca pensó volver a mencionar—, padre.

Los dos se levantaron y entraron al Templo para llevar a los otros la buena noticia. Se iban a alegrar mucho.

—¡¿QUÉ TAI LUNG VA A VOLVER A VIVIR AQUÍ? —exclamaron a coro, con gestos de desaprobación.

Aunque desde luego, puedo estar equivocada.

Bueno, espero que esto sirva para empezar. Espero. Aproveché un espacio libre que tuve en la escuela para terminar este nuevo primer capítulo. Dejen review, nenes.