HOLA A TODAS (OS) DE NUEVO.

ESTE ES MI SEGUNDO FIC Y TAMBIEN ES UNA ADAPTACIO, COMO SABEN LOS PERSONAJES PERTENECEN A STEPHENIE MEYER Y LA HISTORIA A KATE HOFFMANN.

ESPERO LES GUSTE TANTO COMO AMI.

PROLOGO

Los acordes de una balada de Celine Dion resonaba en el pequeño apartamento y el aroma de las velas de vainilla impregnaba el aire. Isabella Swan emergió del baño de burbujas, se envolvió en un albornoz y salió a la sala tarareando la canción de amor que sonaba.

Todo era perfecto. Las luces bajas, el champán en hielo… había ahuecado los cojines del sofá y las fresas cubiertas de chocolate se enfriaban en la nevera. Era el día de San Valentín y mientras otras chicas se afanaban con citas y vestidos, ella dedicaba el día más romántico del año a mimarse. Después de un baño relajante, estaba preparada para disfrutar de una sesión de películas de Audrey Hepburn, empezando por su favorita: Desayuno con diamantes.

Siempre había preferido el romanticismo de las películas antiguas al de la vida real. En las películas clásicas, el amor era emocionante, arrebatador y perfecto. La pobre experiencia que había tenido en su vida en ese campo había resultado decepcionante. El amor real era incomodo, agotador y a veces aburrido. Sus fantasías eran mucho mejores. Y un día de San Valentín sola resultaba preferible a la otra alternativa, a pasar un montón de nervios y quedarse con expectativas sin cumplir.

Además, ¿Qué otra cosa podría esperar una chica como ella? En el instituto había sido la empollona que nunca tenia novio y se pasaba el tiempo libre estudiando. Su vida social había consistido a visitas a ferias científicas, maratones académicos o a citas con el había conseguido un beca completa para la universidad, donde había decidido estudias Botánica. Pero desde entonces habían cambiado pocas cosas, aparte de que le habían quitado el aparato de los dientes. Y aunque había tenido algunas citas, no había encontrado al hombre de sus sueños.

Bella tomo su diario y se sentó en el sofá, con los pies debajo del trasero.

-Otro día de San Valentín sin un hombre- murmuro mientras escribía. –Procuro mantenerme optimista; sencillamente no he encontrado al hombre ideal, pero esta en alguna parte y debo de tener paciencia y esperar que me encuentre el, como encontró Paul a Holly.

Aun que si que había un hombre casi perfecto, que era el rostro que ella veía cuando pensaba en su media naranja y que además vivía abajo, como el Paul de Desayuno con diamantes. En realidad Paul había vivido arriba, pero ese era un detalle insignificante, teniendo en cuenta que su hombre casi perfecto no la había mirado nunca como miraba Paul a Holly, con lujuria en los ojos.

Bella movió la cabeza y cerro el diario, que dejo en la mesita de café, decidida a no entregarse a la melancolía. Llorar no iba a servir de nada, aunque supiera que, en ese momento, Edward Cullen, su príncipe de cuento, estaría vistiéndose para salir con una de sus muchas amigas.

Bella sabia que había preparado algo grande por que le había pedido consejos sobre flores y ella le había recomendado su floristería favorita y le había dado una lista de flores para un ramo y sugerido unos cuantos restaurantes en los que podía reservar mesa. Incluso le había cosido un botón de la camisa y le había ayudado a escoger la corbata mas apropiada.

-Buena chica- musito para si.

Edward y ella eran amigos desde que el se mudo allí el año anterior. Se conocieron cuando la bañera de ella se salió y el agua cayo por el techo de el, que decidió ayudarla a paliar el desastre, después de lo cual ella le invito galletas caseras y un baso de leche con lo que sellaron su amistad.

Bella no tardo mucho en comenzar a fantasear con el, y tardo mas aun en comprender que jamás se enamoraría de una chica como ella. A Edward le gustaban las rubias altas de sonrisa resplandeciente y cuerpo mas hecho para lencería fina que para los albornoces cómodos. Sus novias siempre eran seguras de si mismas y sofisticadas y tenían aspecto de saber como complacer aun hombre. Bella era bajita y castaña, con un cuerpo que parecía más masculino que exuberante y mucha timidez. Lo único de ella que complacía a los hombres eran sus galletas de chocolate caseras.

Una llamada a la puerta la sorprendió. Fue a abrir y se encontró con Mary Alice Brandon, su mejor amiga, que llevaba una bolsa de ropa en la mano.

-Tienes que ayudarme- dijo. –No me decido entre el negro y el rojo. Creo que el rojo me hace un trasero tan grande como Montana y el negro enseña demasiado escote. Y necesito un abrigo decente. Una chaqueta quedaría fatal- miro a su alrededor. -¿Esperas compañía?-.

Bella forzó una risita.

-No, espero una velada tranquila a solas con mis plantas, Audrey Hepburn y George Peppard-.

Alice soltó un gemido.

-¡Oh, no! ¡Desayuno con diamantes Otra vez no! ¿Cuántas veces puedes ver esa película?-.

-Incontables- repuso Bella. –Es la película más romántica del mundo-.

-¿Por qué no sales con Jasper y conmigo? Comeremos bien, beberás demasiado champan y te sentirás una mujer nueva-.

-Esta en su tercera cita y no creo que a Jasper le haga mucha gracia que vaya yo-.Bella abrió la bolsa y examino los vestidos. –Ponte el rojo y no te preocupes por el trasero. Te presto mi abrigo de cachemira negro y elige un collar de mi joyero-.

Alice le dio un abrazo.

-Eres una joya-.

Entro en el dormitorio y Bella volvió al sofá. Su amiga parecía no tener conseguir citas y había intentado varias veces ayudarla, pero Bella opinaba que las citas a ciegas eran para chicas desesperadas y hambrientas de amor que no podían conseguir un hombre por si mismas… y ella no pensaba admitir la derrota tan pronto.

-Esta bien- Alice volvió corriendo del dormitorio. -¿Seguro que no quieres venir? El compañero de cuarto de Jasper no hace nada esta noche, podemos salir los cuatro, es muy simpático-.

-Otro día- repuso Bella.

Alice se encogió de hombros.

- De acuerdo. Pero nos vemos mañana en la biblioteca. Tenemos que preparar el examen de Biología Celular-.

Cuando Bella se quedo sola, suspiro con suavidad. Tenia que hacer algo para salir y conocer más chicos. Podía ir con Alice a alguno de los muchos bares cerca del campus o podía apuntarse actividades extraescolares, o matricularse en alguna clase donde no hubiera tantos científicos empollones.

-¿Ves? Esto ya se empieza animar- dijo en voz alta. Busco el control a distancia. –Tienes un plan-.

Acababan de pasar los títulos primeros cuando llamaron de nuevo a la puerta. Bella salto del sofá.

-¿Qué as olvidado?- pregunto.

Abrió la puerta, esperando encontrarse con Alice y se quedo sin aliento al ver a Edward Cullen.

Vestía un traje, pero tenia el cuello de la camisa abierto y la corbata torcida. Llevaba el pelo revuelto, lo que le daba un aire de recién levantado. Saco con un gesto elegante un ramo de rosas rojas que llevaba a la espalda y frunció el seño al ver la habitación iluminada por velas.

-Perdona- dijo. –Interrumpo algo-.

-No, no, no pasa nada- ella tomo las flores y se hizo a un lado para dejarlo entrar. Noto entonces que olía a whisky y se tambaleaba un poco. -¿Estas bien?-.

-No, no estoy bien- gruño el. Se sentó en el sofá y se tapo los ojos con el brazo. Levanto la botella casi vacía que levaba en la mano. – Casi se me a acabado el whisky y aun no estoy borracho. ¿Tienes alguna botella?-.

-No. Tengo champán, vino y creo que algo de licor de menta. Sabe bien con el chocolate caliente y a veces cuando no puedo dormir…-.

-Trae el licor- grito el levantando las manos. -¡Que empiece la fiesta!-.

-¿Qué celebramos?-.

-Mi ignorancia absoluta de la mente femenina- tomo otro trago de whisky. –Tu eres mujer ¿no?-.

Bella se sentó a su lado.

-Si- aunque no le sorprendía que tuviera que preguntarlo. Cuando la miraba, veía a la chica tímida que vivía en el apartamento encima del suyo, la chica que tenía muchas plantas, el sofá lleno de cojines bordados y una colección de películas antiguas.

Pero ella si se había fijado en el… en la luz de sus ojos cuando algo le divertía, en sus hoyuelos cuando sonreía y en la belleza de sus manos. Edward Cullen había sido el protagonista de sus sueños románticos incontables y detallados, sueños que incluían esas hermosas manos sobre su cuerpo desnudo.

-¿Qué a pasado? ¿Te as peleado con Tanya?-.

-He ido a buscarla para cenas y me e encontrado con una nota pegada en su puerta. Ha conocido a un futbolista y tenia miedo de decírmelo para no estropearme el día de San Valentín. ¿Te imaginas? Ayer estábamos juntos y hoy hemos terminado-.

-Lo siento- mintió Bella.

-No tanto como yo- el frunció el ceño. –Creo que es la primera ve4z que me dejan tirado- estiro los brazos por el respaldo del sofá y rozo la nuca de ella al hacerlo. –Y no sabía lo que se sentía-.

Bella acerco las rosas a su nariz, cerró los ojos e inhalo profundamente para ocultar una sonrisa de satisfacción. Había conocido a Tanya y le parecía una persona egoísta y demasiado obsesionada con su figura.

-Seguramente estas mejor sin ella-.

-Eso seguro-.

Bella miro su perfil, la mandíbula cincelada, la boca sensual y la nariz recta. Tenía los ojos cerrados y por un momento creyó que se había dormido, pero poco después se movió.

-Tu chica ideal esta en alguna parte, Edward. Solo tienes que encontrarla. Puede estar más cerca de lo que crees-.

-Tanya era ideal-.

-No es cierto por que no te quería tanto como yo…-. Bella trago saliva. –Como yo creo mereces que te quieran-.

Edward abrió los ojos y la miro.

-Eres un encanto. Siempre sabes lo que tienes que decir para que me sienta mejor-.

Lo dijo como si se le acabara de ocurrir, y ella se ruborizo y bajo la vista hacia las flores.

-Es verdad- insistió el. Jugo con un mechón de pelo que le rozaba la mejilla. –Eres la chica más tierna que he conocido en mi vida-.

Le dio un abrazo, alimentado mas por el whisky que por la pasión, y el primer impulso de ella fue apartarse, pero se dio cuenta que esa podría ser la oportunidad que esperaba y le paso los brazos por la cintura.

Cuando el se aparto, miro sus rasgos como en una caricia silenciosa y Bella contuvo el aliento y pidió en su interior que la besara. El corazón le latía con tanta fuerza, que estaba segura que el podía oírlo.

Edward sonrió y paso el pulgar por el labio inferior de ella, con la mirada clavada en su boca. Pero algo cambio de repente en el.

-Nunca encontrare a nadie- dijo. Dejo caer las manos, se recostó en el sofá y le dio otro trago al whisky. –Tengo veinticuatro años, mi padre espera cosas de mi, espera que termine Derecho este curso y que entre a trabajar en el negocio familiar. Tengo muchas ideas para la empresa y quiero algún día dirigirla yo- respiro hondo. – Y el espera que busque una esposa y forme una familia-.

-¿Hoy?- pregunto Bella.

-No. Pero pronto-.

-Tienes mucho tiempo-.

Edward negó con la cabeza.

-He salido con muchas chicas, Bella. Y al principio siempre parece que e encontrado a mi media naranja, pero luego sucede algo y me doy cuenta de que no es lo que busco- termino la botella de whisky y la dejo en la mesita de café. -¿Sabes? Tanya tiene unos pies horribles y cuando se ríe pareciera que tiene hipo-.

-¿Quieres beber algo más?-.

Edward la miro y sonrió.

-Eres un encanto- levanto una mano y le acaricio una mejilla. -¿No te lo he dicho nunca?-.

-Sí-.

-Pues es verdad. Siempre puedo contar contigo. Se que me aprecias-.

-Eres mi amigo- murmuro ella.

El bajo la cabeza, y cuando sus labio se rozaron, Bella emitió un suspiro. Edward tomo el suspiro como una adquiesencia y la beso en la boca. Bella sintió el corazón henchido. Había recibido otros besos, besos torpes de chicos que no sabían lo que hacían, pero ninguno como aquel, que despertaba en ella deseos que no sabia que tenia.

Su mente se lleno de preguntas. ¿Aquello seria el principio de algo o solo era producto del alcohol? Se abrazo a su cuello y pensó que eso daba igual. Edward Cullen la estaba besando y, si lo pensaba demasiado, corría de despertar y que todo había fuera un sueño.

Y de pronto el beso termino tan rápidamente como había empezado. Edward se enderezo y la miro.

-Tengo una idea maravillosa- dijo. –Si a los treinta años no me e casado y tu aun eres soltera, ¿te casaras conmigo?-.

Bella suspiro y se le subió el corazón a la garganta. Había imaginado eso mil beses y de modos distintos, pero nunca así, con ella en albornoz y el bebido y sufriendo por otra mujer.

-No… no lo dices enserio- musito con voz quebrada. –Estas borracho y enfadado con Tanya-.

-Lo digo enserio- insistió el con voz pastosa por el alcohol. Se levanto del sofá y se acerco al escritorio. –Necesito papel-.

-En la bandeja de arriba- repuso Bella. -¿Le vas a escribir una nota a Tanya?-.

Edward volvió a su lado con el papel y el bolígrafo en la mano.

-No. Voy a escribir un contrato. Un acuerdo entre tú y yo estableciendo que, si los dos estamos libres, nos casaremos-.

-¿Que? ¿Lo escribes tu y ya es un contrato?-.

-Claro. Estudio derecho y ya se hacer contratos. Es muy sencillo. Si los dos estamos libres nos casaremos-.

-¿No necesitamos testigos ni notarios ni nada?-.

-Solo hay que buscar un testigo- murmuro Edward. Levanto la botella de whisky y, al ver que estaba vacía, la dejo caer al suelo.

Bella se sentó a su lado en el sofá, con los pies debajo del trasero y lo observo escribir el contrato. Intento leer su expresión, descubrir de donde había salido esa propuesta espontanea, pero cuanto mas lo pensaba, mas se daba cuenta que era una tontería para paliar la herida a su ego masculino.

Bello fue a la cocina a buscar la botella de champan que había metido en el cubo de hielo. Un contrato de matrimonio merecía una celebración. Abrió la botella, lleno una copa alta y la bebió de un trago para darse valor. Tenía que haber un modo de conseguir que volviera a besarla.

Al pasar la ventana de la cocina, se vio en el reflejo del cristal he hiso una mueca. Con el albornoz, parecía una salchicha atada en el medio. Tal vez pudiera atraer a algunos alemanes vestida así, pero Edward esperaba algo más. Se quito el pasador del pelo y dejo que le cayera suelto entorno al rostro, se pellizco las mejillas y aflojo el cinturón del albornoz para que se abriera más en el cuello.

Respiro hondo, busco otra copa y volvió al sofá.

-¿Quieres champan? O puedo traerte otra cosa-.

Edward levanto la vista y le sonrió, con los ojos clavados en el escote. Bella siguió su mirada y se dio cuenta de que no tenía que enseñar. Volvió a cerrarse el albornoz, avergonzada por su intento de seducción. Iba a sentarse al lado de el, pero la detuvo una llamada a la puerta.

-¿Esperas a alguien?- pregunto Edward.

Bella negó con la cabeza, frustrada por la interrupción. Abrió la puerta y se encontró con su casera, la señora Doheny, en el umbral con un plato lleno de galletas con forma de corazón en la mano.

-Feliz día de San Valentín Bella- dijo con una sonrisa.

-Ya casi he terminado- anuncio Edward. -¿Quién ha llamado?-.

La señora Doheny se asomo por encima del hombro de Bella.

-¿Ese es Edward? Edward, acabo de dejarte un plato de galletas de chocolate en la puerta. Creí que habías salido con una de tus amiguitas- lo saludo con la mano. –Feliz día de San Valentín-.

-Gracias encanto- sonrió el. –No puedo dejar pasar este día sin un beso de mi mejor chica-

La señora Doheny entro en el departamento con una sonrisa. Edward se levanto y la beso en la mejilla. La mujer se ruborizo y Bella pensó que aquel hombre podía seducir a cualquier mujer de cualquier edad.

-Llega justo a tiempo- declaro Edward. –Puede ser nuestra testigo-.

-¿De que?- la mujer dejo las galletas en la mesa.

-Se trata de un acuerdo entre Bella y yo- explico el. –Solo tiene que vernos firmar y luego firma usted. Bella, tu primero- le tendió el bolígrafo y el papel, escrito con su hermosa caligrafía.

Lo que había parecido una broma ahora parecía muy serio. ¿Aquello era un contrato de verdad? ¿Era legal? Miro el texto, pero decidió ignorar sus preocupaciones. Aquello era una broma. Además, una persona no podía firmar un contrato cuando estaba borracha y era imposible que Edward apareciera de pronto seis años después a exigir que se casara con el. Después de todo, el era… bueno, Edward Cullen y ella Bella Swan. No había que decir más.

-¿Seguro que lo has hecho bien?- bromeo con ligereza. –No quiero que luego quieras librarte con alguna excusa legal-.

-Esta todo ahí- ella acerco el bolígrafo al papel. -¿No vas a leerlo antes de firmar?-.

-No, me fio de ti- firmo y le devolvió el papel. –Ahora tu-.

Edward miro por largo rato el contrato, lo firmo y se lo paso a la señora Doheny. La casera firmo con una risita.

-¿Qué es esto?- pegunto.

-Nada importante- repuso el. –Solo un pequeño acuerdo entre Bella y yo-.

La mujer asintió y se dirigió a la puerta.

-Bueno, debo entregar más galletas. Hasta la vista a los dos-.

Cuando salió del apartamento, Bella suspiro con suavidad casi temerosa de mirar a Edward. Se llevo una mano a los labios y pensó el beso. Podía actuar como si no hubiera ocurrido nada o podía… Bajo una mano al cinturón del albornoz. Podía quitarse aquella prenda y ver que ocurría. Rozo el nudo con dedos nerviosos.

Edward la miro y se levanto del sofá de golpe.

-Tengo que irme- murmuro.

Bella se quedo inmóvil, con los dedos todavía en el nudo del cinturón.

-Claro- repuso. –Si, se hace tarde y tengo…- trago saliva con fuerza. –Tengo planes- corrió a abrir la puerta.

Edward doblo el contrato y lo guardo en el bolsillo del pecho de la chaqueta. Saco la cartera y le tendió un billete de cinco dólares.

-Es para que el contrato sea vinculante- explico. La miro largo rato a los ojos. –Nos vemos pronto-.

-Claro- repitió ella.

Cuando cerro la puerta tras el, se apoyo en la madera y se mordió el labio inferior para evitar que temblara. Si hubiera sido mas lista, más guapa o más sexy, habría conseguido que se quedara. Le habría metido en su cama y le habría echo el amor toda la noche. Y por primera vez en su vida habría tenido en si vida un día de San Valentín que valiera la pena recordar.

Respiro hondo y volvió al sofá. Una lagrima rodo por su mejilla y se la seco con el dedo. Se obligo a sonreír.

-Bien, por lo menos puedo decir que me han besado en San Valentín- musito. –Aun que el no se acuerde por la mañana-.