Dis: "Los personajes son propiedad de Steph. Meyer. Tan sólo la historia es de mi autoria"

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Un hermoso día soleado azotaba la ciudad de Washington el día de hoy. Desde mi humilde apartamento podía observar la majestuosidad de la ciudad y los pocos alrededores que se divisaban. Parecía que el cielo estaba en completo acuerdo conmigo para salir a recorrer las calles y encontrar un buen trabajo. Había tenido que suspender mis estudios por este año, y pensaba buscar algún buen trabajo para poder ahorrar y el próximo año terminar así mi carrera de Literatura, lo que me llevaría a ser una gran escritora algún día.

Mis padres estaban separados, cada uno viviendo en una ciudad diferente y con sus respectivas nuevas familias. Motivo por el cual, era poca la ayuda económica que podían brindarme en este momento. Había intentado compatibilizar estudios y trabajo, pero se me había hecho imposible por las demandas en ambos lados.

Luego de haberme arreglado para salir, tomé el periódico que había ojeado desde las 8 de la mañana del día anterior, lleno de marcas de los posibles empleos y emprendí rumbo en mi búsqueda.

Siete horas más tarde, con múltiples excusas para no recibirme en ningún lado y agotada en forma excesiva, terminé por desplomarme en una banca de alguna plaza que no ubicaba. Ojee el periódico una vez más, sólo me quedaba un lugar donde ir, pero ni siquiera lo tomaba como opción. Por la dirección, podía comprender que se trataba de alguna familia de clase alta y ellas con mayor razón me rechazarían.

El aviso rezaba solamente "Necesito nana puertas adentro, urgente", no había mayores indicaciones, ni tampoco solicitud de referencias. Tras media hora de meditación, tomé la decisión de presentarme igualmente, no perdía nada…bueno, unos cuantos pesos más en locomoción.

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Luego de tomar un taxi que me dejó casi sin dinero para devolverme a mi hogar, llegué a una casa relativamente del porte de mi edificio. Perfectamente podía vivir una familia con treinta personas y sobraría espacio, era una casa de cuentos de hadas.

Me encaminé a la puerta, no se veía nadie alrededor, por lo que deduje que toda la familia estaría en sus trabajos, aunque teniendo una casa así, dudaba que el dinero fuera algo que faltara aquí. Toqué dos veces y esperé.

Un minuto más tarde, la mismísima reina de belleza estaba frente a mí. Alta, con un cuerpo envidiable por cualquiera, cabella sedoso largo y rubio, ojos del mismo color del cielo y vestida como para la premiación de los Oscar. Mi autoestima quedó veinte mil metros bajo tierra

- Buenas Tardes.- saludé cuando recuperé mi voz

- Buenas ¿Vienes por el aviso?.- hasta su voz tenía estilo, incluso sonando ansiosa

- Eh…sí.- lo enseñé

- ¡Magnífico!.-exclamó extasiada.- Estás contratada.-

- ¿Q-qué…?- estaba en shock ¿Acaso había oído bien?

- ¿Buscas el empleo?.- asentí.- Entonces es tuyo

- Yo…-

- No te preocupes por la paga, será mas de lo que podrías ganar incluso en el mejor empleo.- tomó mi brazo y me arrastró dentro de la casa.- Aquí está para que no creas que me aprovecharé de ti.- con eso me pasó un cheque con mas ceros de los que podía tener un número telefónico

- No, yo…- volvió a ignorar mis palabras

- Tengo que realizar un viaje, de hecho iba saliendo.- abrió su bolso y me entregó un papel.- En caso de que alguien llamara, debes decir todo lo que está ahí escrito

- ¿Qué….- era un hecho, esta mujer no sabía escuchar

- Regresaré en dos días, puedes hacer lo que te plazca en la casa.- tomó unas cosas de la mesa y se giró hacia mi.- Si fumas o bebes, no hay problema. Excepto que debes hacerlo en la sala de juegos

- No, yo no…-

- Bien, debo irme. Dentro de dos días estaré de vuelta

- ¡Me llamo Bella!.- grité apresurada antes que volviera a interrumpirme

- Bien Adela, Fifi está en algún lugar de la casa. Adiós.-

- ¡Es Bella!.- volví a gritar, pero ella ya estaba dentro de su lujoso auto.- ¿Y quién es Fifi?.- susurre a mi misma

¿Era yo o el mundo de los ricos estaba al revés que el mío? ¡Ni siquiera me dijo su nombre! Y el mío obviamente no lo capto ni por suerte del destino. Me despojé de mis cosas y sigilosamente me deslicé por la sala. La casa absolutamente hermosa y enorme, al parecer estaba desierta.

Revisé todas y cada una de las habitaciones de la planta baja, a todas las cuales entré nerviosa y dando pequeños golpes, por si había algún integrante de la familia en ellas, pero nada. Estaba absolutamente sola en una casa en la que ya me había perdido un par de veces.

También silbé unas cuantas veces con el fin de llamar a Fifi, pero no hubo respuesta. Porque suponiendo que la casa estaba desolada, lo único que podía quedar era una mascota, la cual se encontraba tan o más perdida que yo en este momento.

Me escabullí hacia un cuarto que parecía ser el de la limpieza, tomé algunos implementos y me devolví a la sala. Si iba a estar aquí, al menos debía hacer algo y aunque todo se veía lujoso y de buen gusto, era muy cierto también que la limpieza no era muy participe de ella, al parecer no había una nana hacía tiempo.

Tomé mi reproductor de música, me puse los audífonos y comencé con mi labor. Entre bailes descoordinados, cantos desafinados y gritos de euforia fui pasando un paño y barriendo por todos lados.

...

Estaba tan ensimismada en mi labor de nana que no reparé en la presencia de alguien hasta que voltee a buscar otras cosas que la vi

- ¡AHHHH!.- grité a los que mas daba mi voz al ver allí a una pequeña niña de pié mirándome curiosa.

Era una preciosa niña de no más de cinco años, si es que mis cálculos no me fallaban. Vestía un ligero pijama de "Ositos Cariñositos" y era una copia exacta de la loca mujer que acababa de contratarme, aunque su cabello albergaba pequeños mechones de un curioso tono.

Me saqué mis audífonos aturdida por la presencia de ella y aún con el corazón en la mano y me acerqué hacia la preciosa niña.

- ¡Hey!.- traté de sonar amistosa, pero la verdad es que estaba un tanto nerviosa

- Hola.- musitó bajito la pequeña

- ¿De donde haz aparecido?.- era lo primero que necesitaba saber

- Estaba en mi cuadto.- explicó siguiendo con su tono de voz frágil

- ¿En tu habitación?.- repetí incrédula.- ¿Es que acaso vives aquí?.-

- Ajá.- respondió, dejándome anonadada

¿Cómo podía ser que una niña de no más de diez años estuviera sola? ¿Y como su madre no me lo había dicho? Esperen, su madre me habló de Fifi, pero ¿Fifi era una perrita no?

- ¿Cómo te llamas?.- crucé los dedos para que no me dijera Fifi, sería una irresponsable si fuese así

- Estefanía.- solté todo el aire de golpe con su respuesta.- Pedo me dicen Fifi.- volví a quedarme ahogada.- ¿Tu como te llamas?

No respondí su pregunta, estaba en shock. Caminé como zombie hacia la mesa ubicada en la entrada de la casa para buscar el papel que mi jefa me había dado…o mi ex jefa, teniendo en cuenta que llevaba mas de una hora en esta casa y no había caído en cuenta que tenía una menor a mi cargo ¡Dios! ¿Qué clase de nana soy? La peor

Tomé la hoja y me voltee hacia Estefanía que me había seguido de cerca para darle una pequeña sonrisa que seguro debía haber salido como una horrible mueca del monstruo del Lago Ness. El papel parecía pesar en mis manos, así que de forma rápida comencé a leer.

"Mi nombre es Victoria Harrison, si lo sé, solo con decir mi nombre ya sabes quien soy" negué inconscientemente, jamás en mi vida había escuchado ese nombre "Si, soy la misma modelo que sale en TV, revistas y todo aquello que implique sinónimo de belleza…" pasé de forma rápida por las quince primeras líneas, donde garabateaba una biografía completa de su carrera ¿Acaso esto era un currículum?

"Pocos llamados se realizan a casa, pero debe tomar especial atención con el llamado de Samantha Wilson. Las palabras exactas a relatar son las siguientes: Fifi está bien, el tutor viene cada tarde, sus controles médicos están al día" Fruncí el seño hasta hacer chocar mis cejas ¿Quién era Samantha Wilson?

"Fifi pasa la mayor parte del tiempo en su habitación" ¿A qué niña le gusta eso? Esta casa era extraña y sus integrantes por lo visto, mucho más "Si Samantha pregunta desde cuando trabajas para mí, la respuesta es la siguiente: La contraté luego de una exhaustiva entrevista y comprobación de sus recomendaciones desde hace mas menos una semana"

¿Exhaustiva entrevista? ¿Comprobación de recomendaciones? Pero si ni siquiera tenía una y para ser más exactos había tenido que gritarle mi nombre, por si le interesaba, que por lo visto, era NO.

"Fifi se ve una niña extremadamente feliz con su madre" Di vuelta la hoja buscando más información, pero todo era blanco ¿Dónde estaba las horas de comida de su hija? ¿Un teléfono de emergencia? ¿Sus horas de dormir? ¿La clase de alimentos que come? ¡¿Las comidas que no debe ingerir? ¿Enfermedades? Nada ¡Nada!

¡Mierda! ¿Estaban todos locos? ¿O la vida de los ricos era tan endemoniadamente así? De pronto unos jalones en mi polera me recordaron que no estaba sola…que estaba al cuidado de la hija de una loca por dos días y no tenía idea de nada ¡Dios, ayúdame!

- Dime.- me agaché a su altura

- ¿Cómo te llamas?.- recordé que aun no se lo decía, al menos la niña era mas sensata que la madre, se interesaba por el nombre de la desconocida

- Me llamo Isabella, pero puedes decirme Bella.-

- Me gusta Bella.- sonrió mostrando la falta de dos pequeños dientes.- Tengo hambde.-

- ¡Oh, claro!.- comencé a caminar, pero de pronto un fino carraspeo me hizo girar

Estefania solo indicó con su pequeño dedo en dirección contraria a la que yo iba decidida ¡Seria excelente idea tener un mapa de la casa!. Llegando por fin a la cocina, urge por todos los rincones hasta que encontré platos y copas, me dirigí a la nevera y pregunté

- ¿Qué quieres co…?.- mi pregunta quedó a mitad al ver el contenido de la nevera

Una fuente con una cuantas verduras, una jarra con un liquido café claro y otras cosas extra que se etiquetaban como DIET, era todo lo que contenía una nevera que me doblaba en tamaño ¿Era esto lo que comía esta niña? Mi pregunta no formulada fue rápidamente respondida

- Esa es mi comida.- seguí su dedo hasta alcanzar verduras

- ¿Estás segura?.- inquirí no muy convencida

- Ajá, mamá dice que debo cuidar mi figuda

Ok, en cualquier otro caso me hubiera reído de su comentario ¡Pero estábamos hablando de una niña! ¡No una súper modelo!, además es de conocimiento público que las verduras son el último alimento que preferiría un niño, al menso era así conmigo

Tras batallar conmigo misma, decidí darle ese pocillo con verduras y un jarro con el agua que nombró como vitamina, que estaba segura no era ni por asomo eso; sino mas bien unos de esos inventos para quemar grasas ¡Por Dios! Bajo mi tutela, sería el último día que Estefanía comería tan poco, aunque me acusaran de "Niños en forma de bola"

Luego de haber comido, si se le podía llamar así, comencé mi plan de escudriñar el manicomio en el que me había metido

- ¿Cuántos años tienes Estefanía?.-

- Cuato.- respondió con su boquita llena de verduras y dejando de lado su servicio para mostrar cuatro deditos

- ¿Tu mamá viaja mucho?.- pregunté como no quiere la cosa

- Sip, todas las semanas

- ¿Y con quien te quedas?.

- A veces con Madía y otras con otras niñas que no conozco.-

Abrí los ojos al punto de sentirlos gritarme que los perdería por el piso si seguía así. Esta niña prácticamente pasaba sola o con desconocidos todo el tiempo ¿Qué clase de madre deja un hijo con alguien que recién conoce? Podría yo misma haber sido una psicópata ¡O una violadora de niños pequeños!

- ¿Y por qué María no vino ahora?.- seguí con mi interrogatorio, manteniendo la calma que ya había perdido

- Poque se comió una semilla que la hace tened una badiga así.- puso sus manos como una pelotita en su estómago, señal de un bebé a bordo

- ¡Oh, que bien!.- no supe ni porque dije eso, era todo mal con esto.

- Sip

De pronto caí en cuenta. La niña debería tener un papá ¿Dónde diablos estaba metido ese hombre? Seguí ordenando ropa tirada en la recamara de Estefania y maquinando la forma de preguntar por el ¿Quizás y la señora era madre soltera?

- ¿Y quienes más te vienen a visitar?.- era una forma adecuada de ni muy directa, ni muy indirecta

- Papá.-

Ok, el susodicho en cuestión existía, el problema era ¿Dónde condenado estaba?

- ¿Y donde está el?.-

- ¿Quién?.- me miró extrañada

- Tu papá

- ¿Cuál de todos?.-

Hubo un ruido grande, muy grande…en el cual pensé que era mi mandíbula rebotar contra el carísimo piso en el que estaban plantados mis pies, pero no era eso…sino la delicada figura que había pasado a llevar por darme vuelta como un torbellino hacia la niña.

- ¿C-como que…cual de t-todos?.- tartamudee ante tamaña información

- Es que tengo dos.- y usó sus deditos para acentuar su respuesta.- Está mi papá James y mi papá Félix.- abrí la boca para preguntar, pero ella siguió con su relato.- A mi me gusta más mi papá Félix

- ¿Y…porqué te gusta más él?

- No sé.- se encogió de hombros.- Es que el me saluda cuando esta aquí

Si antes no tenía palabras, ahora estaban en un nudo en mi garganta. Le puse la TV con dibujos animados y bajé a tomar aire. Me fui al patio y prendí un cigarrillo. Con eso mi mente voló a mi niñez: si bien papá siempre trabajó, jamás pude decir que no fuera un padre cariñoso ¡Y por su puesto que me saludaba todos y cada uno de los días!

No quería hacerme ideas erróneas de lo que acababa de ver en mi primer día de trabajo en esta casa, pero todo me indicaba que Estefanía no contaba con nadie y que la única persona que debía estar para ella…era la que menos lo hacía.

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El resto del día pasó sin mayores cosas. Ordené y limpié todo lo que se cruzaba en mi camino, con una pequeña sombra a mis espaldas, sombra que cada vez que cruzaba su mirada con la mía…dos pequeños hoyuelos hacían su aparición y dos espacios en sus pequeños dientes relucían…era una bebé adorable.

Me reía mucho con sus intentos de pronunciar la R, era lo único que mas le costaba, porque sin duda alguna a pesar de todo, era una niña demasiado inteligente para su edad. Demasiado en algunas cosas.

Estefanía se durmió luego de volver a comer otro plato de esas verduras y yo me quedé en el sofá al lado de su cama.

Mañana sería un nuevo día… Iríamos de compras para surtir esa pobre despensa y nevera, trataría de comunicarme con María para saber mas menos algo del trabajo y lo más importante…haría que al menos los días que estuviera aquí…ella fuera una niña feliz…así como yo lo había sido en mi infancia

- Cocholate Bella.- susurró Estefanía en sueños

Como recordatorio de sus ojitos brillando cuando habíamos visto una película sobre una fábrica de chocolate y yo le había prometido regalarle, si bien no una fábrica, al menos un pedacito de ella…

Esa sería mi prioridad para el día de mañana, un chocolate para ella…

Continuará...


Rew? Tengo el próximo capítulo listo. Espero que este les guste y así subir el siguiente...

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Pam3