Epílogo

Paramore ... "The Only Exception"

...

"Estás arruinando sus patéticas vidas, así como hiciste con la mía. Estoy segura que algún día te sentirás como la misma basura que me sentí yo cuando tuve que tenerte… Porque intenté que no nacieras, hice hasta lo imposible por sacarte de mí. Pero te aferraste como una garrapata a mi cuerpo, y no tuve más que hacer que tenerte. ¡No! No te quiero porque me quitaste todo lo que podía tener.

Nunca voy a querer lo que marcó mi vida en un antes prometedor y un después conformista… Ellos se aburrirán de ti, nos volveremos a ver y seremos esa vez, dos mujeres más con una vida perdedora, sin nadie que te diga un te quiero por sentimiento… Sino por conseguir algo a cambio"

...

Desperté recordando esas hirientes palabras que se habían grabado a fuego en mi memoria y que a pesar del paso de los años, aún las memorizaba como si las estuviera oyendo en este mismo momento. Pasé mi mano de forma ausente por mi ya prominente vientre, y acaricié con la otra la mano que descansaba en él, del hombre de mi vida.

Los rayos de sol se colaban por la ventana y recorrí con mi mirada el cuarto que alguna vez fuese mío. Todas y cada una de las cosas, seguían en su mismo lugar. Lo único que variaba, era la enorme cama que ahora reemplazaba aquella pequeña de madera pintada rosa, con cobijas de princesas que ahora estaba en el cuarto de recuerdos… Mis ojos se posaron en las dos fotos que adornaban el mueble color caoba.

Sonreí al ver la similitud las dos mujeres en cada uno de los marcos, vestidas de blanco con una pequeña barriga que enanchaba la tela del vestido… Me quedé pegada en la primera con mi madre el día de su matrimonio. Un sonriente y orgulloso hombre a su lado, acariciando lo que sería otra princesa más en su vida, sin que nadie lo sospechara en ese momento… Y una pequeña niña de rizos como el sol y mirada de cielo, como la describía mi padre, que lucía una enorme sonrisa entre los dos novios.

Trece años más tarde, esos rizos ya no existían y el rubio de ese cabello ya no era tan claro. Lo único que quedaba, eran las mejillas sonrosadas y el azul de mis ojos… Miré la segunda foto, que retrataba uno de los días más felices de mi vida hacía ya un par de meses atrás, el día de mi matrimonio con Tiger… Definitivamente los caminos de la vida ya estaban trazados con anterioridad, pues después de haber vivido diferentes experiencias cada uno por su lado, dos años antes… volvíamos a unirnos y ésta vez para siempre.

La semejanza en esas dos mujeres, no quedaba solamente en su atuendo y su contextura en el momento tal. A mis casi 21 años, yo también me convertiría en madre, con un hijo nacido de mi vientre y al mismo tiempo de mi corazón, como eran las palabras de esa mujer que supo ser madre en todo el amplio sentido de la palabra. Una madre, amiga, consejera y compañera… Una pequeña patadita me trajo al presente. Acaricié el lugar y sonreí.

- Dejaremos a papá descanzar un momento más bebé.- le susurré a mi pancita, y como si hubiese entendido volvió a manifestarse

Tomé con cuidado la mano de Tiger, la quité y la dejé sobre la cama. Murmuró algo de pañales y se volcó hacia el otro lado. Con tranquilidad me levanté de la cama y como todos los días, me paré frente al espejo para observar mi figura. Según yo, mi barriga había crecido unos centímetros más de la noche a la mañana, lo que me arrancó una sonrisa grande y me encaminé fuera de la habitación… Sentí ruido en la cocina y fui allí. Mi padre estaba de espalda a mí tarareando alguna canción antigua y bailando de un lado a otro mientras preparaba una bandeja con comida.

- ¿Adam estuvo despierto toda la noche nuevamente?.- cuestioné. Paró en seco y se volteó hacia mí con su ceño fruncido

- Así es, pero tu madre aun duerme.- me quedó mirando fijo.- Esta bandeja es para otra señorita que no debería estar levantada tan temprano con casi 9 meses de embarazo.- me regañó

- Papá estoy embarazada, no enferma.- puse mis ojos en blanco y me acerqué a besar su mejilla

- Con tus casi 21 años, sigues siendo terca Estefanía.- bufó y comenzó a dejar todas las cosas que había preparado frente a mí.

- Y tú sigues tratándome como si tuviera 5 años.- le devolví

- Para mi siempre serás mi pequeña.- se encogió de hombros y le sonreí con cariño por sus palabras

- Lo sé papá.- estiré mi brazo y acaricié su mano por sobre la mesa

- ¿Y Tiger aun duerme?.- medio gruñó y medio preguntó

- Se quedó hasta tarde estudiando para un examen que tiene pronto.- contesté cansinamente

- Le cuesta mucho levantarse, pero poco le costó hacerle un bebé a mi bebé.- refunfuñó bajo su aliento. Oculté mi sonrisa de él

Había sido difícil contarle a papá que por un descuido mío, había quedado embarazada. La primera en saberlo había sido mi madre, y aunque tampoco era su mayor sueño que me embarazara y tuviera que dejar mis estudios de lado por un tiempo, me había apoyado desde el primer momento. Tiger había sido el segundo, y aunque temblara cada vez que estaba frente al imponente Doctor Edward Cullen, se las había arreglado para decir en una sola frase "Me casaré con su hija en este mismo instante". Yo no lo creía necesario, pero nos habíamos casado igualmente

Lamentablemente esas frases con mi padre, en vez de ocasionar el resultado esperado, eran totalmente opuestas. Y Tiger había tenido que buscar a tía Ángela, tío Ben y mi madre como escudo, ante la furiosa mirada que le había brindado mi papá. Por suerte, aun le quedaba una princesa para cuidar de su virtud, y como era de esperar, había aparecido en el momento exacto para prometerle a mi padre que ella nunca se casaría y tampoco tendría hijos. Esa era mi querida y consentida hermana, Renesmee.

- ¿Cómo te haz sentido?.- cuestionó de pronto, trayéndome de regreso

- Bien papá.- respondí.- Además entre Steph, Emmett y Rosalie no pasan un día sin revisar mi historial médico.- contesté riendo

- Igualmente preferiría tenerte aquí, mas cerca y conmigo.- volvió a regañar

- Papá, me casé hace más de dos meses ¿Recuerdas?.- extendí mi argolla hacia él, que se estremeció.- Es mi deber estar donde se encuentre mi marido

- Existe el divorcio.- murmuró, pero logré oírlo y no fui la única

- ¡Edward Cullen!.- saltamos los dos al oír la voz de mi madre

- Amor…- comenzó papá nervioso y escondí mi risa con una falsa tos.

- ¿He escuchado bien? ¿Estás intentando que nuestra hija…?

- ¡No!.- la cortó mi padre y se levantó inmediatamente de su asiento

- Mas te vale.- lo sentenció y movió su dedo frente a él. Mi padre asintió como si fuera un niño pequeño regañado.- ¿Cómo haz amanecido mi pequeña?.- mi madre se acercó a mi y acarició mi cabello, para luego bajar su mano hacia mi vientre.- ¿Y usted mi nieto regalón?

- O nieta.- la corregí.- Estamos muy bien mamá, con hambre ¿Y tú? ¿Haz dormido con Adam?

- Teniendo en cuenta que tu padre ronca como un toro y no despierta aunque pase un tren por encima de él. He dormido poco corazón. Adam ha estado despierto casi toda la noche

Seguimos conversando los tres con nuestro desayuno. Miré a mi madre bostezar innumerables veces y puse mi mano en forma inconciente sobre mi vientre. En pocas semanas más, yo estaría igual que ella. Con sueño y notorias ojeras bajos sus ojos debido a las pocas horas de sueño que lograba tener con Adam. Mi pequeño hermano de apenas 1 año y 5 meses de vida… Después de Renesmee, mi madre había tenido múltiples pérdidas espontáneas, y habían decidido quedarse solamente con 2 princesas como decía mi padre.

Pero hacía más de 2 años, luego de algunas pequeñas molestias que había presentado por varios días, había concurrido a la realización de varios exámenes para saber qué malestar la aquejaba. Una enorme sorpresa nos habíamos llevado todos, cuando supimos que la enfermedad de mi madre tenía casi 4 meses de vida dentro de su vientre y llegaría en pocos meses más a cambiar todos los esquemas de la familia.

El príncipe encantado para mi madre, el consentido de mamá para mi padre. Y el milagro del amor, para mí. Eso era Adam, el pequeño de pelo idéntico al cobrizo de papá y ojos como el chocolate como mi hermosa madre… La única que había logrado sacar esos suspicaces ojos verdes de mi padre, era Ness. Aquella linda chica de casi trece años, y que era la sombra de mi padre.

- Buenos días.- saludó Tiger. Que fue respondido por todos.- Hola amor ¿Por qué no me despertaste?.- se sentó a mi lado

- Porque dormías como un angelito.- toqué su mejilla con cariño

- Deberías ser tú quien despertara primero.- comentó mi padre pretendiendo seguir concentrado en su café

- Mira quien lo dice.- se mofó mi mamá

- Hola a todos.- saludó mi hermana, entrando con su habitual sonrisa.- Hola papito.- todos reímos. Eso derretía a mi padre

- Hola princesa ¿Desayuno?.- mi hermana apenas asintió, y el volaba por los aires

- Mamá, creo que Adam estaba haciendo algo en su cuarto.- miró divertida la cara que ponía mi madre

- ¿Qué ruidos exactamente?.- inquirió entrecerrando sus ojos

- Algo así como dejar caer todas las cosas que están sobre su mesita y ruidos en las paredes…- mi madre se paró como un felino.- Como si estuviera dibujando.- terminó Ness, mientras todos reíamos

Adam era el artista de la familia. Cada habitación tenía un recuerdo de sus manitos trazando líneas por donde pudiera hacerlo, cuando todos se descuidaban. Mi padre se sentó frente a mi hermana y le sonrió tan cálidamente, que sentí un pequeño dolor en el pecho… Nos habíamos enfrascado en duras peleas cuando había decidido casarme con Tiger. Él apelaba a que podía hacerse cargo perfectamente de mí y mi hijo.

No eran celos los que tenía de Ness. Era una especie de pena por sentir que había defraudado a mi padre, después de todo lo que me habían enseñado ambos. Estaba en mi segundo año de Literatura, y luego de todo esto con mi embarazado sorpresivo, mis estudios pasarían a segundo plano. Quizás en forma definitiva… No me arrepentía de la vida que estaba por traer al mundo, simplemente era pena y nostalgia…

- ¿Qué pasa amor?.- susurró Tiger a mi lado

- Nada. Ya he terminado.- me apresuré a levantarme.- Tus papás nos esperan

- ¿Regresarán por la noche?.- mi padre se levantó rápido a mi lado

- Si papá.- contesté y besé su mejilla antes de volver al cuarto.

Pasamos la mayor parte de la tarde en casa de los padres de mi esposo. Tía Ángela, tío Ben y Benjamín, el pequeño de diez años que habían tenido posterior a la adopción de Tiger, eran muy cariñosos conmigo. Sin embargo, algo pasaba en mí, que a pesar de estar contenta y sentirme mimada por todos, cargaba un peso en mi pecho que no me dejaba disfrutar al máximo. Me recosté un momento, argumentando un poco de sueño, pero la realidad era que me estaba costando trabajo sonreír en forma sincera, cuando sentía unas enormes ganas de encerrarme y llorar hasta quedar sin lágrimas.

Después de dar veinte mil vueltas en la cama, decidí buscar algo en qué entretenerme. Un álbum de fotos fue mi artículo elegido y me recosté con el en mi regazo… Fotos de todos estaban allí, que habían sido tomadas para el aniversario de bodas de mis abuelos Carlisle y Esme hacía un par de años. Todos nos habíamos reunido allí, así que la casa se había llenado de niños de todas las edades.

No pude evitar reírme al recordar a las preciosas Caitlin y Émi de tío Jazz y tía Alice, jugar con los astutos Dilan y Brad de tía Rose y tío Emmett. Los dos hombres adultos casi habían muerto de un infarto, cuando Ness había corrido a decir que los chicos jugaban al papá y mamá. Pálidos, era demasiado para los colores que habían adoptado sus rostros…

Tanya y Liam, en cambio, aun disfrutaban de su pequeña Mady, de en ese entonces cuatro añitos. Les había costado tener familia y habían decidido quedarse sólo con esa preciosura… Liz y tío Steph tenían un precioso hombrecito de mis mismas características, llamado Carlisle Jr., en honor a mi abuelo.

Seguí avanzando por el álbum y encontré a un sonriente abuelo Charlie con mamá Sue. Ellos ahora se dedicaban a cultivar su nido de amor. Seth y Leah estudiaban fuera y Jacob había formado su propia familia con Vanessa y la risueña Julie, una morena encantadora que seguramente arrebataría más de un suspiro… Phil y la abuela Renée, sólo tenían ojos para la hermosa Helena.

No sé en qué momento comencé a llorar, pero percibí una gotita caer sobre las fotos y limpié mi rostro bañado de ellas… La última foto retrataba a mis padres, Ness y yo. Un sollozo se escapó de mis labios al ver la escena. Estaba sentada entre ellos dos y Ness descansaba en las piernas de papá… Él posaba orgulloso con su familia y en ese entonces, sólo con sus dos princesas… Una de las cuales, pasó de reina a la bruja del cuento…

Cerré el libro de un golpe y lo dejé caer. Me acurruqué entre las mantas y lloré como lo había ansiado tanto durante las últimas horas. Ese sueño seguía martillando mi cabeza, y aunque tratara de alejarlo, se sentía real… Yo había arruinado los planes que mis padres tenían para mí, pero al mismo tiempo, ansiaba tanto a este bebé…

- ¿Estefanía?.- intenté limpiar rápidamente mis lágrimas al oír hablar a Tiger.- ¿Fefi?.- llamó como solía hacerlo cariñosamente

- ¿Qué pasa?.- mi voz salió ronca e intenté componerla

- Eso quiero saber yo.- suspiró y se sentó a mi lado.- ¿Qué pasa por esa cabecita?.- tocó con su mano allí

- Nada.- reprimí el maldito puchero que se quería formar

- No me digas que nada porque te he notado extraña.- regañó.- ¿Tiene que ver con tu… papá?.- la sola mención de él me hizo desplegar nuevas lágrimas

- No lo sé.- contesté apenas y me senté frente a él para acurrucarme en sus brazos

- Lo sabes y puedes decirme lo que quieras.- acarició mi pelo

- Siento… siento que lo he defraudado.- solté finalmente mis pensamientos

- ¿Por qué amor?.- levantó mi barbilla y tocó mi labio inferior que temblaba

Me encogí de hombros y seguí llorando en su pecho. No quería que él pensara que renegaba contra mi bebé o que él sintiera culpa de lo que estaba sintiendo yo en este momento… Él tampoco dijo nada, se quedó en silencio consolándome hasta que me dormí.

- Pensamos que volverían anoche, como tu habías dicho.- comentó papá al rato que llegamos a su casa

- Estefanía se quedó dormida y preferí pasar la noche en casa de mi padres que sacarla al frío.- respondió Tiger por mí

- Los podría haber ido a buscar en el auto.- continuó mi padre y estaba comenzando a impacientarme nuevamente

- Estaba cansada y fui yo quien quise quedarme allá.- respondí ante la mirada gélida que le estaba otorgando a mi esposo

- De acuerdo.- masculló en tono bajo y molesto saliendo de la sala

- ¿Estás bien?.- inquirió inmediatamente Tiger al verme con el semblante caído

- Ajá.- fue lo único que dije

- ¿Te sientes mal?.- me sorprendí al oír la voz de mi madre tras de mi. Se acercó rápidamente y se sentó a mi lado

- Estoy bien mamá.- la tranquilicé y moví mis ojos en dirección a Tiger para que no dijera más

- No muy bien.- obvió mi mirada suplicante y prosiguió.- Anoche nos quedamos en casa de mis padres porque no se sentía muy bien.- le explicó a mi madre que comenzó a sobar en forma frenética mi barriga

- ¿Qué sientes? ¿Es el bebé? ¿Tienes malestares?.- siguió con su verborrea de preguntas

- No es el bebé. Es ella.- profirió Tiger cuando yo no respondí.

Mi madre nos observó atenta a los dos. Seguramente sopesando alternativas para mi malestar y creyendo que se trataría de un problema de pareja, al ver las miradas que nos brindábamos el uno al otro. Tiger se levantó y argumentó la compra de algunas cosas y se escabulló por la puerta. Yo aun seguía con mi mirada más mortífera sobre él, aunque era imposible que la viera… Me removí incómoda ante el silencio que se instauró entre mi madre y yo.

- ¿Y Adam?.- pregunté para alejar el tema sobre mí

- Está dormido. Anoche terminó su jornada a altas horas de la noche.- sonrió, pero su mirada seguía escrutándome.- ¿Tienen problemas?.- fue directa

- No mamá.- respondí alejando mis ojos de los suyos

- ¿Entonces? ¿Qué es lo que te está afectando princesa?.- tragué el nudo en mi garganta y me obligué a mentir en cierto modo

- Son las hormonas mamá. A todas las embarazadas nos ponen en una ruleta de emociones.- intenté calmar las aguas

- Lo sé. Pero tu eres mi hija y te conozco de siempre.- ese siempre atrajo un dolor en mi pecho.- Tus ojitos cielo no me mienten, y ahí hay algo más.- añadió tocando mi corazón

Respiré profundo para poder hablar con ella. Mi madre era persistente y no lo dejaría pasar, y sinceramente quizás era el momento de dejar salir mis dudas y temores… Ella tomó mi mano entre las suyas y le dio un cariñoso apretón para darme ánimos

- Siento que los he decepcionado… A ti y papá.- confié con pena

- ¡¿Qué?.- casi gritó.- Estefanía… ¿Por qué dices eso?.- su frente se arrugó

- Ustedes tenían planes para mí mamá.- dije lo que pensaba.- Estaba estudiando y de forma irresponsable me embaracé… Los defraudé.- mi madre comenzó a negar frenéticamente

- ¡Claro que no!.- de pronto se quedó en silencio y me observó detenidamente.- Hija… ¿Tu…? ¿Quieres el…?.- la miré y entendí su pregunta no formulada

- Anhelo este bebé mamá.- un suspiro de alivio abandonó sus labios.- Pero… Pero tengo tanta pena mamá.- me abracé de ella como cuando era pequeña

- Mi bebé.- susurró.- No pienses eso, nosotros te amamos con todo el corazón. Así mismo a esa pequeña vida que llevas allí dentro

- Papá…- no pude seguir hablando por mis sollozos incontrolables

- Tu papá te ama como un demente.- sonrió contra mi cabeza.- Le costó algo más aceptarlo, pero no porque lo hayas defraudado… Él sólo…- se quedó en silencio

- Sólo me cuesta ver crecer a mi pequeña princesa.- habló una voz grave de fondo. La voz de mi padre…

Me voltee y allí estaba él. Con una expresión preocupada y triste en su hermoso rostro. Porque aunque los años siguieran su curso, mis padres seguían siendo el atractivo hombre de ojos expresivos y la mujer hermosa de cabellos mirada chocolate… Se acercó vacilante y ocupó el lugar que Tiger había dejado vacío a mi otro lado. Su mano se posó en mi rostro y fue secando las lágrimas que escurrían por el lugar…

- Nunca me he decepcionado de ti. Y jamás lo voy hacer.- tajó con voz firme y algo quebrada.- Me costó verte crecer mi amor. Porque eras mi bebé, y siempre lo serás… Estoy orgulloso de ti cada día que pasa más y más… Me siento orgulloso de verte hecha una mujer a los ojos del resto, porque para mi podrás tener mil años, pero serás mi princesa

- Papá…- quise hablar pero él me silenció

- He actuado mal preciosa. Me he molestado y enojado por cosas pequeñas, que quizás te han hecho pensar en forma errada… La verdad de todo, es que quisiera tenerte para mí todo el tiempo… Por eso me molesto cuando me pierdo una hora de tu tiempo…

- Esa mujer…- comencé y sentí tensarse a los dos.- Me dijo que algún día yo arruinaría sus vidas… Que…

- Esa mujer, si es que es así como se le puede llamar.- escupió mi madre por primera vez.- Sólo trató de sembrar su desdicha en ti… Pero nunca, óyeme bien ¡Nunca haz arruinado nuestras vidas!... Sin ti Estefanía, nuestras vidas nunca hubiesen tenido el sentido que nos haz dado

- Te amamos con defectos y virtudes hija.- continuó mi padre.- Aunque para nosotros, ninguno de ustedes tiene algún defecto.- sonrió.- Los padres somos ciegos ante los hijos… Yo te amo con todas mis fuerzas, al igual que a tus hermanos… Pero te amé primero que a todos ellos…

- Los quiero mucho.- hablé con las pocas fuerzas que me quedaban

- Nosotros mucho más hija.- dijeron los dos al tiempo que me abrazaban

- Siento haber pensado eso… Soy una tonta.- sonreí entre llanto

- No te preocupes princesa, pero quiero que cuando algo te moleste sea como siempre. Vengas y lo digas.- me pidió mamá

- Y no eres tonta.- me retó en forma amorosa mi padre.- El embarazo y las hormonas han influido en esto

- Y los desatinos de tu padre.- enjuició mamá divertida

- Tu madre era peor con sus embarazos.- contestó papá sonriendo engreído

- ¡Edward Anthony!.- gritó mi madre regañándolo

- ¿Nerviosa?.- consultó Tiger por quinta vez en menos de media hora. Rodé mis ojos

- Son ustedes tres los que me ponen más nerviosa.- acusé a él, a papá y tío Ben

- ¿Nosotros?.- se indicó él mismo

- Tu tío Ben casi se murió cuando tuve a Benjamín.- comentó tía Ángela. Mientras él la observaba con una ceja alzada

- No fue así, solamente me descompuso tanta sangre que veía.- se defendió

- Lo descompuso hasta tres horas más tarde que el parto había pasado ¡Se desmayó!.- se carcajeó de él, mientras todos reíamos

- ¿En serio?.- pregunté entre risas y dolores

- Tu padre no anduvo muy alejado de eso.- fue el turno de mi madre

- No me desmayé.- siseó él

- No, porque te afirmaste en la camilla que yo estaba dando a luz a Ness. Y me corriste con ella y todo.- me reí de buena gana con las anécdotas de ellos

- No tengo culpa que las camillas tengan ruedas. Además fue sólo un poco.- rebatió

- Si, solo un poco, que tuvieron que volver a conectar todas las maquinas.- siguió mi madre riendo a costa suya

- Usted es médico.- afirmó Tiger, con un rostro asombrado y descompuesto. Seguramente por lo que el pasaría en un poco tiempo más

- Ya te quiero ver yo en media hora más en esa habitación.- le gruñó papá

- Buenos días ¿Cómo vamos?.- entró mi médico felizmente

- ¿Falta mucho?.- pregunté, al sentir una nueva contracción

- Vamos a revisarte.

Mientras lo hacían todos salían de la habitación. Miré a mi madre y supo lo que me preocupaba, pero ella me guiñó y sonrió para aclararme que todo estaba bien. El médico comenzó a hurgar todas las máquinas y mi cuerpo, decidiendo al fin que ya estaba todo casi listo, por lo que sería trasladada a pabellón. En ese instante comencé a sudar frío. No había estado nerviosa y los dolores aunque eran fuertes, eran soportables… Pero la hora había llegado…

- Todo va a salir bien princesa.- se despidió mi madre

- Ajá. Te quiero.- dije con un hilo de voz. Los dolores se acrecentaban más

- ¡Fi!.- gritó Adam y depositó un jugoso beso en mi frente

- También te quiero terremoto.- le sonreí

- Estoy orgullosa de ti. Seré la tía más consentidora del mundo, porque yo no pienso tener hijos.- gimió Nes al ver mi cara de dolor

- Eso mismo lo hablaremos… en unos años más.- me reí como pude

- Tranquila cariño y confianza. En un rato más todo habrá pasado.- fue el turno de tía Ángela

- Eres valiente.- dijo tío Ben mirándome en shock.- Adoro ser hombre.- agradeció al cielo dramáticamente.- Eres fuerte y ese bebé también

- Gracias. Los quiero.- susurré

- Mi princesa hermosa, ya todo va a pasar. Todos han llamado y te envían saludos… Emmett dice que recuerdes el por qué estás aquí.- miró a Tiger.- Y que la venganza es dulce.- sonrió maléficamente

- Dile a Em, que le diré a tía Rose que lo tenga sin sexo por meses, como la última vez que me jugó una mala pasada

- Se lo diré. De seguro estará aquí mañana mismo pidiendo perdón para que Rose no lo castigue. Te quiero.

- Está todo listo.- entró la enfermera

- Te veo más tarde princesa.- me dio un beso en la frente y yo tomé su mano con fuerza

- Tú y tú.- indiqué a Tiger.- No van a ningún lado.- gruñí. La enfermera rió

- ¿Cómo?.- preguntó papá sin entender a qué me refería. No pude responder por el dolor agudo que sentí

- Su hija ha pedido autorización al médico para que el padre y el abuelo estén con ella en el parto.- explicó la enfermera.- Así que pasen a prepararse, por favor

Pude ver la cara de turbación que emitió mi padre. Tiger lo tomó y lo condujo fuera de la habitación…

Una vez en la sala, entraron mi esposo y mi padre, ganándose uno a cada lado de la camilla. Tomé fuerte la mano de cada uno cuando el doctor me indicó que era hora… Escuchaba vagamente las cosas que me decían, estaba concentrada en traer a mi bebé a este mundo lo antes posible… Miré de soslayo en algún momento las caras de los dos hombres más importantes de mi vida, y rememoré las de mi familia… Con ellas tuve la fuerza para dar el último paso y poder escuchar un hermoso llanto que hizo llenar mis ojos de lágrimas…

- Es un fuerte y sano hombrecito.- anunció el médico con ese pequeño bultito en sus manos

- Te amo.- susurró Tiger a mi lado con sus ojos repletos de lágrimas.- Te amo y te voy a amar siempre. A ti, a nuestro hijo y los que vengan

- Yo también te amo.- susurré emocionada hasta el fin. Miré la mano que aun sostenía la de mi padre y lo observé. Sus ojos no perdían detalle de su nieto.- Papá.- lo llamé

- Conoce a tu mamá, tu papá y tu abuelo.- irrumpió una enfermera y dejó a ese pedacito de cielo en mi pecho. Sus sollozos aun escapaban de su cuerpecito.

- Es precioso.- sonrió Tiger depositando un beso en su cabecita

- Hola mi amor.- lo saludé y acaricié la pelusita que tenía como cabello.- Mira, ellos son tu papá y tu abuelo

- Es… es muy hermoso, hija.- habló por fin mi padre.- Gracias.- besó mi frente

- Te perdiste 4 años de mi vida papá.- le susurré a él. Me miró con sus ojos brillosos.- Hoy soy yo la que estoy dando vida. Y te quería aquí conmigo… Para que recuperaras esos años perdidos, con la vida que ha salido de mí gracias a ti.

- Te amo... hija.- logró decir con su voz entrecortada

- Anthony también espera que su abuelo le diga que lo quiere.- exclamó Tiger para sorpresa de mi padre.

- ¿Anthony?.- preguntó con voz queda

- Como su abuelo.- contesté feliz de su emoción, al saber que su primer nieto llevaría su nombre

- Bienvenido al mundo, a mi vida y a la de todos Anthony.- besó su cabecita, dejando correr sus lágrimas

- Espero que ahora me quiera un poquito aunque sea.- dijo divertido Tiger

- Vas por buen camino.- fue la respuesta de mi padre, para luego mirarlo y sonreírle.- Felicidades a los dos. Y gracias por traernos este regalo… Un nuevo milagro…

Dejé a mi pequeño Tony en su cuna. Con sus cuatro meses de vida, era todo un pequeño hombrecito… De mí sólo tenía la piel blanca como la nieve, su pelo era un negro azabache como el de su padre, y sus ojos… eran una de las seis gemas verdes más hermosas que había visto, como los de mi padre y Ness…

- ¿A qué hora te atenderá el médico?.- preguntó Tiger entrando a la habitación

- Tengo que irme ya. He dejado un poco de leche para él por si despierta.- besé a mi pequeño tesoro y comencé a recoger mis cosas

- ¿Quieres que te lleve?.- entró mi padre.

- No, prefiero que se queden a ayudarle a él.- indiqué a Tiger divertida.- Por si Tony necesita algo

- Puedo perfectamente.- gruñó en mi dirección

- Me consta.- se burló papá

- No sabía que los bebés no botaban sus gases solos.- se defendió

- Ok ¡Basta!.- pedí riendo.- Estaré bien… ¿Y mamá?.- consulté

- Está abajo. Te está esperando

Me despedí de mis padres y mi bebé nuevamente y bajé las escaleras con la caja sobre mis brazos. Mi madre estaba esperando por mí en la entrada de la sala, visiblemente nerviosa. Sólo ella sabía que la verdadera razón de mi salida no era visitar al médico; sino cerrar un capítulo de mi vida…

- Me voy mamá.- anuncié cuando llegué a su lado

- ¿Estás segura de querer hacer esto?.- me preguntó nuevamente

- Lo necesito mamá.- contesté, sosteniendo con más fuerza la caja

- Toma.- extendió las llaves de su auto.- Cualquier cosa me llamas ¿No quieres que vaya contigo? Sería lo mejor…

- No.- corté su parloteo con una sonrisa.- Tengo que hacer esto sola. Te amo mamá

- Yo más.- me abrazó con fuerza. Cuando nos separamos, sus ojos tenían un tinte de pena

- Eres y serás por siempre la mujer más importante de mi vida. Eres mi madre de corazón y de sangre… Porque todo lo tuyo, lo llevo conmigo siempre…

Me sonrió y me dejó ir. Sabía que esto era difícil para ella, y por lo mismo había preferido guardarme el secreto de mi padre y los demás. Sólo tía Alice sabía, aparte de mi madre, lo que tenía pensado hacer. Pues ella me había ayudado a dar con los datos que necesitaba… Manejé sujetando en mi regazo la cajita que había guardado durante muchos años, y a la que todos los meses iba agregando algo nuevo… Algo de mi vida.

Estacioné frente a la dirección que llevaba anotada en el papel entre mis manos y un estremecimiento recorrió mi cuerpo entero. Tomé la caja y salí del auto, antes que el arrepentimiento hiciera mella en mí y me encaminé a la humilde casa… Respiré varias veces frente a la puerta y finalmente la toqué.

- Hola.- saludó una niña preciosa

- Hola.- correspondí, y no pude dejar de ver mis ojos en los suyos y mi antiguo cabello de igual forma. Era su hija, tal como lo había dicho Alice

- ¡Wow! Tus ojos son igual a los míos.- dijo con asombro

- Así es ¿Cómo te llamas?.- cuestioné aun sabiendo que su nombre era Mía. Paradójico, pero ese nombre le había puesto esa mujer. Quizás con el tiempo había aprendido

- Me llamo Mía ¿Y tú?.- sonrió

- Estefanía.- respondí

- Tienes lindo nombre.- exclamó, y hubo un pequeño destello de pena en mí, al ver que ella nunca le había hablado de mí a su hija, mi media hermana

- ¿Está Victoria?.- decidí terminar con esto rápido

- ¿Mi mamá? Si, voy a buscarla. Pasa.- me indicó

Con paso lento entré a aquella casa. Era sencilla, no tenía ninguna semejanza con la que vagamente recordaba había vivido cuando niña. Sabía por Alice que luego de varios años en la cárcel, había salido en libertad. Se había casado con un hombre modesto y tenía una hija, la pequeña que había salido en su búsqueda… Observé el entorno y una sonrisa triste se extendió por mis labios al ver tantas fotografías de esa pequeña, su marido y ella misma… Una nueva vida, en donde nuestros caminos, no tenían el mismo sentido que nuestra sangre…

- ¿Me buscabas?.- mi corazón latió furioso al oír su voz. Me giré y allí estaban mis ojos nuevamente.

- H-hola.- saludé balbuceando. Sus ojos se abrieron con sorpresa cuando me miró más detenidamente

- ¿Eres…?.- intentó preguntar

- S-si, soy Estefanía.- respondí. Adivinando sus cuestionamientos

- ¡Dios!.- susurró y puntualizó cada detalle de la persona que tenía al frente suyo con sus ojos

- Yo… Sólo he venido a…- no encontraba las palabras

- Estefanía.- volvió a susurrar como si no se lograra convencer

Ya no era la mujer que mis memorias recordaban. Al contrario de mi madre, los años habían pasado por ella, dejando una huella clara en su rostro y todo su aspecto. Sus ojos cielo, ya no tenían la dureza que en mis sueños se apreciaban, como la última vez que la había visto… Pero quien menos la reconocía era mi corazón. Ella no era nada mío, y aunque me había dado la vida y no la odiaba… Mi madre era una sola, Bella…

- Eres toda una mujer.- dijo por fin

- Soy mamá.- dije con orgullo

- ¿De verdad?.- preguntó. Pero su asombro no llevaba implícito alegría por ese hecho

- Si. Se llama Anthony, como mi padre.- le conté sonriendo al pensar en ellos

- Tu padre.- repitió sin emoción.- ¿Se casó con ella?.- inquirió sin nombrarla

- Si, se casó con mi madre.- sus ojos se movieron nerviosos

- Me alegro.- profirió sin ese tono

Alguna vez creí, que el encuentro con ella sería distinto. Mi mente procesaba dos opciones. En una la veía ser dura e hiriente, como siempre la recordaba desde esa última vez. Y en la otra, ella me pedía perdón por todo y aunque no lográbamos conectarnos en sentimientos nuevamente, las cosas quedaban en paz… Pero ella no sentía nada por mí, y yo tampoco por ella. No había palabras de perdón o de odio… Sólo había silencio.

- Sólo he venido a… He venido a darte esto.- extendí la caja hacia ella

- ¿Qué es esto?.- consultó antes de tomarla

- Es toda mi vida.- sonreí.- Quería demostrarte que tus últimas palabras aquella vez… No se cumplieron conmigo.-

Me sentí mal por decir aquello, pero era la única razón por la que había ido escribiendo desde que había aprendido, cada momento que pasaba en mi vida… Por la que cada foto importante, había sido copiada y en ella había una réplica exacta de cada sonrisa que se enmarcaba en ellas… Un pedazo de cada objeto o detalle que había recibido a lo largo de mis casi 21 años, estaba allí… Como una muestra viviente, que yo sí había sido feliz. Y que mi vida era perfecta…

- Lo siento por eso.- contestó incómoda por mi comentario y tomó la caja que le ofrecía.

La abrió y observó lo primero que mostraba. Una foto con mis padres y hermanos. Y en la otra, una con mi propia familia. Mi hijo y mi esposo.

- ¿Es mi nie…? Perdón.- carraspeó.- ¿Es tu hijo?

- Es mi pequeño Tony.- no la corregí. Porque los títulos se ganan y ese era de mis padres.

- Gracias.- sonrió por primera vez

- De nada.- mordí mi labio con fuerza.- Es todo.- me encogí de hombros.- Venía sólo a eso

- Lamento todo Estefanía.- expresó para mi sorpresa

- Yo no tengo nada que disculparte.- le aclaré.- No te odio, y nunca lo he hecho… Te agradezco cada cosa que hiciste…- sonreí.- Cada paso del pasado, me llevó a lo que soy hoy

- Gracias.- volvió a repetir

- Tengo que irme.- me moví para llegar hasta la puerta.- Hay una carta para ti allí

- La leeré.- me confió

No hubo despedidas cariñosas, ni para recordar. Solamente hubo un adiós y una pequeña sonrisa… Mentiría si dijera que el camino de regreso a casa fue tranquilo. Lloré por última vez a causa de ella. Terminé de derramar las últimas lágrimas de ese capítulo de mi vida que hoy se cerraba para siempre… Me bajé del auto, y caminé a casa… Abrí la puerta y miles de risas se escucharon desde la sala… Me asomé y allí estaba mi familia. Mis padres, hermanos, mi esposo y mi hijo… que era el causante de que todos rieran.

Mi madre me observó y le sonreí para dejarle saber que estaba bien. Ahora todo estaría bien…

Encontrarás hojas en blanco en los primeros cuadernillos. Cada hoja representa lo que fue mi vida a tu lado. Porque aunque me duela, no he querido escribir episodios que al leerlos, lo menos que saquen sea una sonrisa.

No te odio, y nunca lo voy a hacer. Porque compartimos un vínculo, que aunque sea débil, es eterno. ¿Sabes por qué no siento rencor? Por mi madre, por Bella. Ella me enseñó a recordarte de la mejor forma. No con cariño, porque eso se va creando, pero te recuerdo sin rencores.

Hoy soy madre, y aunque me esfuerzo por comprender como no fui capaz de despertar en ti algún sentimiento… He aprendido a no ser una copia tuya. Tengo una conexión preciosa con mi hijo. La misma que creó Bella entre nuestros corazones.

Te deseo lo mejor, porque me diste vida y el mejor regalo que ni tu misma sospechaste. Me diste una familia: un padre, una madre y hermanos. Un hijo y un esposo. Felicidad a su lado y amor eterno con ellos… Y espero lo mismo para ti. Por siempre, porque todos necesitamos una segunda oportunidad… Yo la tuve y deseo que tú también la tengas.

No sé si nuestros caminos volverán a conectarse algún día… No me opongo a eso, pero tampoco lo anhelo. Sólo Dios sabe cómo se escribirán nuestros destinos… Aunque el mío, ya tiene un recorrido seguro. Las mismas cosas que leerás aquí, serán lo primero que llegue a publicar cuando sea una Literaria como mi madre… Porque seguí sus pasos, estudio Literatura como ella…

...Como la niñera que llegó un día cualquiera a mi vida, y se convirtió en mi madre…

De niñera a mamá…

Estefanía.-

...

Fin

...


Final total niñas. Muchas gracias a todas quienes se tomaron el tiempo de leerme y también comentar su parecer.

Dulce y agraz el epílogo. Pero finalmente, vence la dulzura =)

...

He conocido a grandes personitas con esto. No las nombro porque puede olvidárseme alguna y no quiero eso. Pero ustedes saben quienes son.

Y las que no, espero seguirlas conociendo con el tiempo. Aun no me voy de acá, seguiré como mona porfiada jiji

Besos enormes a todas

Y nos vemos en mis otras historias. Actualizaré en estos días

Pam3