El comienzo de mi Historia

Capitulo 1- Los inicios

El comienzo de mi historia, fue más bien un golpe de suerte, quizá inesperado. Yo no fui invitado a esta vida con una planeación anterior, de hecho se pensó en sacarme de ella.

No comenzare con los famosos 3 años, sino más bien nos situaremos en un año después del comienzo de la historia tormentosa de la relación de mis padres, cuyo comienzo fue tan inesperado como mi concepción.

Él se iria al espacio a entrenar por el tiempo que fuera necesario, así que ella lo preparo todo para una noche inolvidable, le llevó a su cuarto y hacían el amor hasta caer extenuados, para después recobrarse y comenzar de nuevo. fue esa ocasión la que propicio el inicio de mi vida. Ni siquiera se despidió de ella, al amanecer, él se había marchado, yo apenas llevaba unas horas de vida.

No se amaban aun con la fuerza que los distinguiría años después sino que simplemente se tenían una atracción, un cariño inexplicable, en ella avanzaba más rápido, en él se detenía por su propia petición; nunca permitiría tener un sentimiento más allá del deseo hacia mi madre, porque, después de todo, un saiyajin no debía tener esos sentimientos.

Hasta estos momentos entró hacía la cuarta semana de mi vida, mi corazón comienza a latir, un verdadero milagro, que de la nada, un conjunto de células comienzan a moverse de manera rítmica, mi vida es aún desconocida para mi madre, quien esa misma tarde apenas se percatara de que tiene un retraso; tiene tanto trabajo y tantas preocupaciones que en un principio le atribuir todo al estrés. Por las noches se detiene a pensar en mi padre, le es inevitable, se preguntara si estará bien y se dice a sí misma "No estará contento hasta que se mate". Antes de entrar a la habitación, súbitamente recuerda la desenfrenada última noche que pasaron juntos y, de repente, cae en la cuenta que tal vez ese retraso no se deba al estrés, que ella no se cuido esa noche porque estaba segura que nada pasaría, pero quizá algo sucedió aquella noche.

Es una cálida tarde de primavera, mi madre duerme, pues toda la noche se la paso pensando en mí. Pensaba en su futuro, en el mundo que le deparaba tanto a ella como a mí. Después de todo mi existencia marcaba un antes y un después La palabra aborto era una constante en sus pensamientos, ella no me esperaba, él no me esperaba. Aborto se hacia una palabra frecuente. No quería hacerlo, pero sabía que la relación con mi padre no llegaría muy lejos, era probable que un buen día él se marchara y… ¿Después? que sería de ese hijo concebido sin querer hacerlo, de un ser con la herencia del sanguinario príncipe dentro de sus células. Hasta ese momento, el comienzo de mi historia, también parecía el comienzo de mi final. Su siesta le dejo un sueño, quizá fue el que salvo mi vida. Se vio a sí misma con un bebé en brazos, que le miraba como si ella fuera su todo, su mundo, le acaricio y supo que era un varón. al despertar miro su vientre plano y lo acaricio casi de inmediato "No te preocupes, perdóname…estaba asustada" y lloró, en ese momento nació en ella el instinto maternal.

Se decide por ocultar su embarazo, no solo de mi padre, también de sus amigos más cercanos, solo sus padres y algunos empleados de confianza, aunque dejaría la empresa en manos de mi abuelo antes de que comenzara a notarse y se hiciera público en los periódicos y demás revistas de chismes. Alguna vez dijo que quería sorprender a sus amigos, aunque la verdad fue que su embarazo era algo que no deseaba compartir con nadie más que sus padres, en esos momentos le parecía un poco vergonzoso el hecho de que estuviera gestando al hijo del hombre que alguna vez los quiso muertos, que dio lo último de sí para acabar con la vida del hombre que tantas veces había salvado a la tierra. Además de que el famoso príncipe ni siquiera sabía de la existencia de ese hijo, del cual, estaba segura que no aceptaría; esas fueron las verdaderas razones de las cuales se enteraron de mí hasta los seis meses de edad, donde todos se sorprendieron no solo por mi existencia si no por mí origen; pero aun no llegamos a ese punto de la historia.

Para estos momentos avanzo hacia las primeras 12 semanas de vida, pasara algo que hará qu ella este aun más unida a mí, mis primeros movimientos, por lo general los hubiera sentido a las 16 semanas, pero debido a mi fuerza, herencia de mi padre, los sintió hasta esos momentos y se preguntaran si eso es fue lo que causo que se uniera más a mí, pero no fue por ello, simplemente el contexto en el que ocurrió, ella pasaba por una depresión, la causa no era yo, era él, los meses de silencio. La nave tenía amplios sistemas de comunicación, pero no usaba ninguno, de hecho desactivo los sistemas de alarmas y localización, no quería que nadie lo localizara. "Me uso" se decía una y otra vez, lloraba, se sentía un objeto, en algún momento pensó que era quien llevaba las riendas del juego; pero ante ese silencio exasperante sentía lo contrario.

En todo ese tiempo ella sabía de mi existencia, pero aun no me visualizaba como lo que en realidad era, sabía que llegaría a su vida y la cambiaria pero aun no lo asimilaba, hasta esa noche, cuando, por primera vez, moví una de mis piernas. Miraba hacia el cielo, apoyada en el balcón pensando en mi padre, en mi y en ella. Fue entonces cuando ocurrió…asustada se llevo las manos al vientre y sintió de nuevo mis movimientos, leves, pero lo suficientemente fuertes para ser perceptibles. Un nudo se formó en su garganta y olvido a mi padre, su sufrimiento, su dolor, yo pase a ocupar el primer plano, sonreía mientras acariciaba su apenas abultado vientre "mi pequeño, se supone que no debes hacer eso aun" Se ilusiono desde ese instante, se dio cuenta de lo que yo representaba, de lo que significaba para ella, la vida no sería la misma, porque albergaba una vida en su interior. Mi padre paso hacia un segundo plano, ya no interesaba la humillación, la soledad, la falta de comunicación, no había amor mas incondicional que el de un hijo por su madre.

Al día siguiente se dedica exclusivamente a recorrer tiendas de bebés, compra ropa una tras otra, zapatos, muñecos y todo lo necesario para que a mi llegada me encuentre lo más comodo posible.

El tiempo avanza al igual que el lazo que nos une, mi madre solo piensa en mí y ocasionalmente en mi padre. La corporación toma un nuevo aire, una ilusión, la esperanza de una nueva vida, aun cuando no me conocen, se hacen ilusiones conmigo, a pesar de solo me han visto por ultraonidos y no soy más grande que la palma de su mano.

Los primeros sonidos que escuche fueron los latidos de su corazón, el fluir de su sangre y últimas fechas el sonido de su voz…mi madre. Dependo de ella en lo absoluto y ella depende de mí en cierta manera, le doy esperanza, le hago olvidar su sufrimiento, aunque a veces lo habla conmigo, ese es el origen de nuestro lazo tan especial.

-Hija ¿Por qué no quieres saber el sexo del bebé?

-Tiene que ser una sorpresa….además mamá…se que será un varón

-Qué hermoso, un nietecito, será muy apuesto… ¿Y qué nombre le pondrás?... ¿Vegeta?

Su respiración se acelera, su corazón late aun más rápido, tan solo por escuchar el nombre, incluso su sangre se apresura y pareciera que toda ella se estremece

.Mamá, no me vuelvas a mencionar su nombre, no quiero saber nada de él.

Cada día es una experiencia nueva, siempre sucede algo nuevo dentro de ese mundo reducido que en realidad suele ser inmenso. Lo que es una constante es que ella me habla durante las noches a veces sobre mi padre, a veces sobre mis abuelos, pero el tema de conversación principal somos ella u yo, como me espera con ansias, su risa, sus caricias a su ya abultado vientre, dice que aun no decide como llamarme, pero que no me pondrá el nombre del engreído príncipe. Respondo a sus caricias y a sus palabras moviéndome, a veces llevo uno de mis pulgares a mi boca, deseando que sea eterno, que nunca se me aleje de ese pequeño universo, de no ser separado de ella. Hemos llegado al séptimo mes y algo nuevo comenzara para mí.

Es la noche templada del mes de Octubre, acabo de rebasar las 28 semanas de vida, ella duerme profundamente y yo también, por primera vez puso en práctica lo que leyó en un libro, me leyó un cuento y su voz me tranquiliza sobremanera, pero en esta ocasión, una presencia para mi desconocida me hace despertar.

Regresaba de su entrenamiento habiendo logrado su cometido, era ya un súper saiyajin, había valido la pena alejarse de aquella mujer que le brindaba tanto placer desenfrenado, siete meses lejos lo hacían regresar ansioso, deseaba poseerla a como diera lugar. Tan pronto bajo de la nave se percató de que ella no estaba sola, a su lado había un ki más fuerte que él de ella, más poderoso que de cualquier ser humano; lo primero que pensó fue que alguien más estaba ahí con ella; pero acabaría con los dos en ese mismo instante, La mujer era suya y ningún otro más que él debía atreverse a tocarla. Se lleno de celos, volando subió al balcón y tal como se lo espero las puertas estaban abiertas y únicamente las cortinas no dejaban ver el interior de la habitación, aquel ki se hacía más fuerte, abrió las cortinas estrepitosamente despertando a mi madre. Le miraba atónita sin poder creer que él que tenía frente a sí no era el testarudo príncipe, aquel intentaba localizar desenfrenadamente el ki desconocido, pero aun lo sentía junto a ella a pesar de que no había nadie ahí. Sus miradas se encontraron exigiéndose mutuamente una explicación, fue entonces cuando la sabana de seda cayó de su abultado vientre, revelando a mi padre el origen de aquel ki.

-No puede ser- murmuro para sí mismo clavando la mirada en el vientre de mi madre

-Vegeta- dijo en un susurro, mientras que yo no podía dejar de moverme, ansioso de lo que fuera a pasar, mi madre se levantó despacio, cuidando de que el tenso príncipe no fuera que hiciera un movimiento en falso que acabara con la vida de ambos

-¿De quién es tu hijo?- sonrió tiernamente, ante la exasperación del príncipe

-Es tuyo, Vegeta, fue concebido la última vez que estuvimos juntos- incrédulo ante tal revelación retrocedió unos pasos- Es tu hijo

-¿Cuánto tiempo tienes?

-Siete meses…debe de nacer en 2 meses. Atónito le parecía increíble la revelación de la terrícola, nunca se espero que engendraran un hijo juntos y menos en la última vez.

Mi madre le miraba sin saber que decir, en aquel instante se dio cuenta de mis movimientos, se acercó a él

-Ven, acércate- tomó sus manos entre las suyas y las poso en su vientre, mi padre sintió mis movimientos, incrédulo, sin poder creer que en realidad dentro de aquel vientre terrícola se gestaba su primogénito; rápidamente separo sus manos del vientre de mi madre, le miro colérico, como si ella hubiese cometido la peor de las ofensas en su contra

-¿Mi habitación sigue igual?- ella asiente, él simplemente se da la media vuelta y se marcha, no quiere saber nada de ninguno de nosotros, nunca sospecho de mi existencia, tampoco le era una grata sorpresa, me consideraba un accidente, algo que mi madre debió eliminar o quizá un lazo para atarlo a la tierra. Algo que no funcionaria pues se necesitaba más que yo para lograrlo.

Se quedo sola, derramo unas cuantas lagrimas y se recostó de nuevo, pensaba en él y en mí, en como las cosas habían sucedido y que no tenía la culpa de aquel padre que me toco.

Pero el comienzo de mi historia estaba a punto de tomar otro rumbo…