Disclaimer: Soul Eater no me pertenece, es de Okubo-sempai. Kuroshitsuji tampoco es mío, es de Toboso-sempai. Lo único mío es la trama.

Una historia drogada para una autora con problemas mentales :D (?) ¡Gracias a Pully-san por inspirarme para este fic!


Akuma no Bara

&.

Caminé de puntitas por el pasillo que separaba mi habitación de la de mis padres.

Trataba de no hacer ruido, aunque por los ronquidos de papá dudaba que me escucharan aún si la madera del piso rechinaba. Tragué saliva despacio, y comencé a avanzar. La madera rechinó ante mi peso, y paralizada, observé como mi madre se removía incomoda bajo las sábanas. Una gota de sudor frío recorrió mi rostro…

… y luego suspiré aliviada, cuando mi padre pasó su brazo por encima de ella para abrazarla. Mamá suspiró y se recargó contra su pecho, haciendo que yo me sintiera feliz con mi padre… un poco.

Logré bajar las escaleras sin más inconvenientes, y me sorprendí al ver que ya era la una de la madrugada. Sin duda alguna, mataría a Kid en cuanto lo viera. ¿Qué acaso no podía mandar a otros a estas estúpidas misiones? ¡Yo tenía colegio mañana… u hoy… como fuera!

Gruñí molesta, para luego abrir la puerta de la entrada. Un par de ojos rojos se clavaron en mí en cuanto lo hice, haciendo que me sintiera un tanto cohibida. Crucé el jardín y llegué hasta la reja, la cual salté con suma facilidad. Tantas noches de escaparme de casa daban sus frutos.

Soul me atrapó justo antes de que cayera al suelo. Me apretó con fuerza a su pecho y sonrió burlonamente, al mismo momento que mi corazón latía rápidamente y mis mejillas se tornaban rojas como sus ojos.

- Sigues escapándote por la reja, ¿a caso te gusta que te atrape? – me preguntó, juntando más nuestros cuerpos. Un escalofrío recorrió mi espalda.

- No te hagas ilusiones – le dije, nerviosa, mientras que me apartaba de él y lo obligaba a soltarme –, andando, tenemos una misión que cumplir.

- Lo sé – susurró, cansado, mientras que nos encaminábamos hacia la motocicleta naranja que le pertenecía a él y que se encontraba en la esquina de mi casa (por no decir, mansión) –. Kid me dijo antes de que viniera, al parecer un nuevo Kishin se ha revelado.

- Un aperitivo de media noche, ¿eh? – dije divertida, él se subió a la moto y yo tomé asiento detrás de él, aferrándome con fuerza de su pecho.

- No está mal, tengo hambre – murmuró Soul, sonriendo mientras que un hilo de baba se escurría por la comisura de sus labios.

Rodé los ojos, al mismo tiempo que él arrancaba la moto y aceleraba. Como siempre, la sensación de dejar atrás a mi estómago recorrió cada parte de mi cuerpo. Oculté mi rostro en la espalda de Soul, justo entre los omoplatos, mientras que mi cabello se contoneaba en el aire. Deseé que todo el paseo acabara ya, o que mínimo Soul bajara la velocidad. Él leyó mis pensamientos, y pese a mis deseos, aumentó la velocidad.

Juro que lo golpearía en cuanto llegásemos a nuestro destino… o cuando terminara de regresar toda la cena de ayer.

Llegamos a uno de los barrios más alejados de Death City, el cual se encontraba en total paz y silencio ya que las personas se encontraban en sus camas a estas horas de la noche. Los envidié por un momento, pero luego me recordé cual era mi tarea. Mi precio a pagar. Toqué ligeramente mi hombro izquierdo y suspiré, para después bajarme de la moto sin esperar a que Soul me siguiese. Comencé a caminar por uno de los callejones oscuros, mirando atentamente a todos lados, en busca del susodicho Kishin.

- Tiene que andar por aquí – me dijo Soul al oído, sorprendiéndome por el hecho de que me hubiese alcanzado tan rápido.

Bueno, aunque eso ya no era nada nuevo, siempre lo hacía.

- Claro que tiene que andar por aquí – le dije.

- Pues bien, ya se está tardando en atacar o en hacer lo que le guste hacer.

- Según los informes, le gusta atacar de noche a las mujeres indefensas… - volteé a ver hacia el tejado de uno de los edificios de ladrillos que había allí –, ¿por qué no me habrá atacado todavía?

- ¿Será por qué tú no eres una mujer?

Soul lanzó un grito de dolor en cuanto le pateé la espinilla derecha.

Seguimos caminando, y yo ya comenzaba a cabecear por culpa del sueño. Últimamente no había podido descansar bien y todo por culpa de los estúpidos Kishins que se rebelaban a cada rato. Bostecé, y Soul me miró preocupado.

- Deberías de pedirle a Kid que le encargue estas misiones a Black Star. Sabes que no es bueno ni para ti ni para mí que estés cansada.

- Lo sé, se lo diré, pero ahora acabemos con la misión, ¿va…?

Sin embargo, no pude terminar la frase, ya que de pronto, una extraña figura oscura nos atacó de repente.

Soul me cargó en brazos y me apartó antes de que el Kishin me tocara con sus armas. Lo miré detenidamente. Era grotesco, tenía forma casi humanoide. Sus largos brazos tenían llagas con carne y sangre putrefacta, y sus dedos habían sido reemplazados por unas largas y filosas cuchillas. Sus piernas también eran largas, y estaban en el mismo estado que sus brazos. Su cuerpo tenía una extraña forma, y sus ojos eran negros como la noche, con la pupila roja como la sangre. Indicios de que era un Demonio sin Contrato, por lo tanto, un Kishin.

Soul sonrió ampliamente.

- Esto será divertido.

Me dejó en el suelo con cuidado, para después abalanzarse contra el demonio. Invocó su guadaña, y justo cuando la blandió para decapitar al monstruo, este había logrado esquivar el ataque pese a su forma. Miré rápidamente hacia todos lados, tratando de encontrar al Kishin, hasta que de pronto, un aliento cálido y putrefacto golpeó mi nuca, logrando estremecerme.

- Sangre, almas, Rosas… - siseó una voz rasposa, una voz que no sonaba de este mundo.

Apenas iba a gritar, asustada, cuando de pronto Soul llegó a un lado mío y pateó al demonio, lanzándolo lo más lejos posible de mi lado. El Kishin rugió, para luego lanzarse nuevamente hacia nosotros. Soul no se quedó atrás y lo imitó.

El sonido de los metales chocando en el aire hacía eco en mis oídos, logrando dejarme parcialmente desorientada. Soul volteó a verme preocupado cuando me tapé mis oídos, y el Kishin aprovechó esa leve distracción de él para escapar por los tejados de los edificios cercanos. Soul chasqueó la lengua molesto, para luego jalarme del brazo y prácticamente arrastrarme de vuelta hacia la moto.

- ¡Rápido!

Tropecé en el camino de regreso al vehículo. Soul no esperó a que yo me sujetara de él, arrancó la moto y yo estuve a punto de caer. Ya le diría algo después, lo más importante ahora era atrapar al Kishin antes de que…

- ¡AHH!

¡Mierda!

Soul frenó la moto cuando llegamos a la escena del crimen.

Una chica yacía muerta sobre un charco de su sangre a los pies del Kishin, quien engullía felizmente su alma. Soul saltó prácticamente de la moto y comenzó a pelear nuevamente contra él, sin embargo, ahora la diferencia de poderes era notable. Una vez que un Kishin engulle la esencia de la flor de un alma humana, se hace mucho más poderoso.

Pelearon nuevamente con sus armas. La guadaña gris de Soul chocaba contra las nuevas cuchillas que habían salido del cuerpo del Kishin. Ahora tenía casi la apariencia de un puerco espín. Sin embargo, era mucho más rápido, dejando en total desventaja a Soul.

Mi compañero fue lanzado contra el edificio más cercano gracias a un golpe sorpresa del demonio, y fue en ese momento en que supe que tenía que actuar si no quería que esto se saliese de control.

Saqué las dagas que guardaba en los costados de mis botas y me abalancé contra él. Sabía que tenía todas las de perder, puesto que a pesar de haber recibido entrenamiento como cazadora de Kishins, un humano como yo nunca podría hacer nada contra uno que acaba de alimentarse recientemente.

Pelamos. Lograba propinarle patadas en la cara, sin embargo, pronto me dolieron los talones. Su piel era igual de gruesa que la de un elefante. Giré hábilmente sobre mis puntas cuando caí al suelo y con una de las dagas logré herirlo en su pecho. Eso lo enfureció.

Él logró arrebatarme una de las dagas, por lo que ahora mi vida dependía de una sola. Me hirió la mejilla derecha y estuvo a unos milímetros de cortarme el cuello. Tropecé, caí de espaldas y rodé, para luego ponerme de rodillas rápidamente. El Kishin alzó sus garras y las blandió contra mí, yo sólo cerré los ojos, asustada…

¿Así era como moriría?

Un seco sonido me trajo a la realidad. Abrí los ojos, sólo para encontrarme de frente con los de Soul. Estos habían adquirido un tono más oscuro, casi borgoña opaco. Su mano se encontraba fuertemente cerrada alrededor de la muñeca del Kishin, impidiendo que lograse cortarme.

- No te atrevas a alzarle la mano a mi Master – siseó, mostrando sus dientes afilados.

- Soul… - susurré, asombrada, mientras que el Kishin gruñía y retrocedía.

Su cuerpo comenzó a cambiar. Le salieron aún más cuchillas del cuerpo y este se estiró, alcanzando casi los dos metros y medio de altura. Soul sonrió burlonamente, para después voltearme a ver con mirada inocente.

- ¿Crees que ha llegado la hora, Maka? – me preguntó, tendiéndome una mano.

- Es inevitable, ¿no? – pregunté.

- Por algo hiciste el Contrato.

Suspiré, derrotada y cansada, mientras que bajaba el cierre de mi chamarra, dejando expuesto mi cuello. Acepté la mano que Soul me ofrecía, y tan pronto estuve de pie, él se posicionó detrás de mí, sujetándome con fuerza de la cintura y respirando contra mi cuello.

- Et au nom de Marie, bénissez, ange pécheur (1) – susurró contra mi oído, para después clavar sus colmillos en mi cuello.

Gemí cuando la familiar sensación de entregarle mi sangre recorrió cada parte de mí. Soul se aferró con fuerza de mi cintura y caderas, pegándome más a su cuerpo mientras que extraía no sólo mi sangre, sino también la esencia de mi 'flor', de mi alma.

Soul se separó de mí, y yo me aparté de él tambaleándome. El Kishin rugió molesto mientras que mi Demonio comenzaba a sufrir la transformación. Los ojos de Soul se volvieron negros, con el iris completamente rojo. Sus orejas se alargaron y sus uñas crecieron, hasta casi convertirse en garras. Sus caninos sobresalieron entre sus afilados dientes, y su cuerpo tomó la forma de la de un luchador. Sin embargo, a pesar de su aspecto no tan malévolo, aún se podía sentir el aura demoniaca que lo envolvía.

Toqué mi hombro izquierdo, el cual comenzaba a arderme por culpa de la marca del contrato.

Soul invocó nuevamente su guadaña, la cual había cambiado en apariencia. El mango era más largo y de un dorado intenso, mientras que la hoja era negra con detalles escarlata. Sonrió, y luego se abalanzó contra el Kishin que ya estaba planeando su ataque.

No le dio tiempo de defenderse. Lo partió a la mitad, y en un sonoro grito de dolor, su cuerpo desapareció, dejando en el aire una pequeña alma roja. Soul sonrió victorioso mientras que una ráfaga de aire lo hacía volver a su apariencia de siempre. Tomó el alma y me miró fijamente.

- Buen provecho.

- Buen provecho – sonreí.

Engulló el alma como si esta fuese un exquisito manjar, y yo por mi parte suspiré aliviada.

- Ya terminamos con la misión, ahora… por favor, vamos a dormir – supliqué.

- ¿Acaso quieres que duerma contigo? – me preguntó con lujuria.

- ¡No seas pervertido!

Él lanzó una sonora carcajada, al mismo tiempo que se encaminaba hacia su motocicleta. Lo contemplé alejarse, aún sin creerme que él fuese un Demonio Mayor. Un verdadero hijo de Lucifer.

Toqué mi cuello, justo donde Soul me había mordido. No había ninguna marca.

Había una leyenda urbana que se contaba de generación en generación aquí en Death City. Los Demonios vinieron hace años en busca del perdón divino, y para ello, necesitaban proteger a las almas humanas. Sin embargo, su poder era limitado aquí en la Tierra, por lo que debían de tener a un contratista, a un Master. Una persona que estuvo a punto de morir y que burló a la muerte. Los Master se encargaban de entregarle su Rosa a los demonios, aquella flor que posee la esencia del alma y que crece en nuestros corazones, que fluye a través de nuestra sangre.

Los Demonios contratados se alimentan de ella poco a poco, y con ello recuperan sus poderes por tiempo limitado, pero lo suficiente para engullir almas de demonios de poder bajo y lograr regresar al paraíso… junto con las almas de sus Masters.

Yo era una contratista; trabajaba para el Shibusen, la Academia que se encarga de entrenar a los Contratistas y a sus Demonios. Y Soul era mi demonio… tarde o temprano, él reclamaría mi alma…

- Maka, andando – me gritó Soul desde la distancia, encendiendo el motor de la motocicleta.

Sonreí.

- ¡Ya voy!

… y yo estaría dispuesta a entregársela…


Lo sé, extraño, pero bueno… tenía la idea y debía de escribir, o de lo contrario, mi cerebro explotaría xD.

Este fic, como leeyeron, se ha convertido en una nueva saga que espero lograr terminar algún día. Ha estado extraño, y no me canso de repetirlo, pero bueno... xD ¡Gracias por leer! ¡Nos leemos!


¿Review?