Disclaimer: Soul Eater no me pertenece, es de Okubo-senpai. Lo único mío es la trama.

«¿Nueva actualización?» Hell yeah.


Akuma no Bara

Drop 4: Malleus Maleficarum

— ¡¿Por qué permitiste que se la llevaran?!

Todos se sorprendieron cuando Kid sujetó violentamente a Ragnarok del cuello de su camisa. Si había algo que caracterizaba al chico de cabello negro con tres curiosas líneas blancas de un lado, era su enorme paciencia y consideración; pero ahora se había transformado casi en un total desconocido, y ni siquiera Ragnarok se atrevía a mirarlo en esos momentos. Medusa se había llevado a Chrona, y le había amenazado que si quería volver a verla con vida, tendría que entregarle los documentos que acaban de recuperar.

Estaba claro que no podría hacer eso por nada del mundo. En primera, si llegaba a decirlo, lo mandarían por el tubo más estrecho que tuvieran; y en segunda, posiblemente Raphael y Remiel lo acusarían con Gabriel, y entonces sería considerado como traidor y exorcizado.

Y no quedaría nadie para salvar a Chrona.

— ¡Yo no dejé que se la llevaran! — gritó finalmente, antes de atreverse a trabar su mirada con la del otro — ¡Para empezar, Chrona estaba contigo, imbécil! ¡Tú debiste de haberla protegido! — rugió, antes de empujarlo con fuerza.

Kid dio un traspié, pero por la mueca que tenía en esos instantes bien era capaz de lanzarse contra el otro para asestarle un buen puñetazo en la cara. Y vaya que Ragnarok lo deseaba; quería una buena excusa para poder meterle una buena paliza al Shinigami y desquitarse un poco. Liz rápidamente se dio cuenta de eso y trató de ir a detenerlos, pero fue el joven Exorcista quien se le adelantó.

— ¡Ya paren ustedes dos! — exclamó, mientras que fruncía sus cejas gruesas y extendía los brazos, colocando cada mano sobre el pecho de los dos — ¡No es momento para pelearse por algo así! ¡¿No deberíamos de estar pensando en cómo rescatar a esa chica?!

Ambos hicieron una mueca al ser regañados de esa manera, por lo que apartaron la mirada con cierta vergüenza. Dimitri suspiró, antes de cruzarse de brazos. Kid no pudo evitar mirarle de reojo, pensando que se parecía demasiado a Maka cuando hacía ese gesto…

— En fin, empecemos por lo primordial. ¿Por qué se llevaría esa bruja a Chrona? — preguntó el castaño, pensativo. Debido a que él no tenía tanta relación con el caso de Medusa y Chrona, desconocía por completo el hecho de que ellas estaban emparentadas de alguna forma u otra.

— ¿Será posible que quiera usarla como cebo? — preguntó Annette en voz alta, siguiendo el hilo de su hermano. Incluso los Arcángeles tantearon esa posibilidad, y Ragnarok sintió un nudo en el estómago.

— No creo, no parece ser algo que haría Medusa — murmuró Raphael, quien sopesaba su martillo sobre su hombro —. Seguramente lo que tratará de hacer es que nos distraigamos para poder robar La noche de Walpurgis. No podemos dejar que eso pase, así que partiremos lo más pronto posible a Inglaterra y…

— Espera — lo interrumpió Ragnarok, alarmado —. Espera, espera, espera… ¡¿Estás diciendo que vamos a dejar a Chrona en manos de esa loca, sólo para proteger esos estúpidos papeles?!

La noche de Walpurgis es nuestra prioridad — explicó Remiel, tranquilo —. Medusa es un caso de nivel B a comparación de esto; si estos documentos caen en las manos equivocadas, será el inicio del Apocalipsis.

— ¡Me vale un reverendo comino lo que pase con este mundo de mierda! — el Akuma reformado parecía a punto de explotar, y con preocupación Patty se le acercó para colocarle una mano sobre uno de sus hombros, en un gesto amistoso por calmarlo — ¡Ella es parte del Shibusen, una de sus jodidos aliados! ¡¿Y planean abandonarla como si se tratara de un chivo expiatorio?!

— Ragnarok… — le llamó la rubia, preocupada. Aún si Patty solía comportarse como una niña, ella entendía por lo que él estaba pasando. Hubo una vez en la que casi perdía a Kid y a Liz, sus dos únicas personas importantes en el mundo; así que no le sorprendía que el chico se exaltara de esa manera. Nadie querría que eso le pasara a una persona querida.

— Coincido con Ragnarok — esta vez fue Elizabeth la que habló, seria. Era una de esas pocas ocasiones donde realmente podía poner su porte de hermana mayor; tanto, que hasta logró hacer que Raphael hiciera una mueca, como arrepintiéndose de haber abierto la boca momentos atrás —. No sé cómo trabajen ustedes los Arcángeles, pero en el Shibusen tenemos bien en claro que nunca dejaremos atrás a un camarada.

— Remiel, Raphael — Kid los miró fijamente con sus orbes dorados —, ustedes si quieren partan a Inglaterra, pero nosotros nos quedaremos. Iremos tras Medusa y recuperaremos a Chrona.

Ambos Arcángeles se miraron entre ellos, pensativos. Sabían que Gabriel los mataría si algo le llegaba a pasar a los documentos, pero esos chicos tenían razón. Dejar a la otra a su suerte sería casi una ofensa contra sus cargos. A fin de cuentas eran los enviados de Dios, los que debían de proteger y guiar a todos los ciervos hacia la luz.

— Yo haré lo que tú digas, Remi — el pelirrojo sonrió de lado, claramente divertido por el nuevo reto.

Remiel simplemente suspiró, mientras que se sobaba el puente de la nariz.

— De acuerdo — dijo al fin, tras recapacitarlo unos momentos. Kid y sus Akumas se relajaron un poco, incluso los otros dos Exorcistas parecían contentos con el fallo —; iremos tras la bruja Medusa, pero — nuevamente su mirada se posó en todos los presentes — ella es una persona clave para saber la ubicación del Kishin. No debemos de matarla, sino capturarla con vida.

Todos los demás asintieron, totalmente de acuerdo con la propuesta. Todos salvo por un cierto Akuma, que no dejaba de mirar el suelo.

Ragnarok no podía simplemente dejar a Medusa con vida. La mujer que alguna vez le dio la vida se encargó de que esta fuese su propio tormento; la odiaba más de lo que alguna vez había llegado a odiar a una persona, y no estaba dispuesto a perdonarla. La mataría, sin importarle que aquello pudiese condenarlo por toda la eternidad.

Lo único que deseaba era mantener a su hermana a salvo.


Chrona comenzó a abrir lentamente los ojos.

Se sentía mareada y desubicada, principalmente por el punzante dolor que tenía en el lado izquierdo de su cabeza. ¿Dónde estoy…? Alcanzó a pensar, mientras que lentamente se incorporaba. Poco a poco se dio cuenta de que se encontraba en un claro, específicamente sobre una roca lisa, en la cual había rastros de manchas ya negras por el tiempo, al igual que moho. La chica intentó ponerse de pie, pero fue hasta ese momento que se dio cuenta del grillete que tenía en su tobillo derecho.

¡¿Pero qué?!

— Ungh, ya despertaste-gero… — balbuceó una voz detrás de ella.

Chrona se giró rápidamente para ver de quién se trataba, encontrándose con una chica de cabello platinado y vestido de puntos. Tardó un poco en reconocerla, ya que llevaban un buen tiempo sin saber de la otra.

— Eruka… — la llamó, y la bruja no hizo otra cosa más que pegar un brinco.

— ¡Shhh! ¡Es mejor para ti si Medusa cree que sigues dormida! — le advirtió en un susurro, antes de mirar con cierta paranoia a los árboles que les rodeaban.

Frente a Eruka había una pequeña fogata, y sobre esta estaba una cacerola con lo que parecía ser una sopa de verduras. Aunque ya tenía algo de rato que Chrona no comía nada, sintió que el estómago se le revolvía al oler lo que estaba preparando la otra; tal parecía que el golpe de su cabeza era algo severo.

— ¿Do-dónde está Me-Medusa…? — se atrevió a preguntar, notando que la rubia no se encontraba por ningún lado.

La bruja rana dudó un poco en responderle. A fin de cuentas, ella pertenecía al bando de Medusa, y la chica estaba con el Shibusen; eran enemigas, pese a los años que llevaban conociéndose. Si le contaba algo de lo que estaba planeando la serpiente, seguramente la mataría también.

Pero…

Eruka suspiró después de un rato, antes de ponerse a revolver la sopa.

— Fue a poner unas salvaguardas. Necesita tener a esos Arcángeles lejos de aquí-gero — se limitó a decir.

— ¿A los Arcángeles…? — murmuró, y entonces recordó a Remiel y a Raphael. Dudaba seriamente que ellos desearan ir detrás de ella: a fin de cuentas, sólo era una chica sin importancia alguna, y lo que más les debía de preocupar era mantener los documentos mágicos fuera del alcance de Medusa —.Eruka… ¿sa… sabes qué hará Medusa conmigo…? — quiso saber, algo temerosa.

Eruka miró durante unos momentos el fuego, como si este se tratara de la cosa más entretenida del mundo. Tenía miedo de hablar, y eso era algo que Chrona comprendía a la perfección, ya que a fin de cuentas ella misma le había temido a Medusa durante años. Pero ahora, tras lo que había vivido con sus amigos y su hermano, había logrado cambiar un poco; ya no le temía a nada. A la chica le gustaba creer que mientras tuviera a los otros, podía ser valiente y luchar no sólo a su lado, sino también para protegerles de cualquier cosa que fuese a lastimarlos.

— Yo… no sé exactamente qué es lo que planea — confesó en voz baja, como si temiera que de un momento a otro la bruja se apareciera —. Pero sé que a ti no te necesita para nada, a la que en realidad quiere es…

Sin embargo, tuvo que callarse cuando sintió un movimiento entre los arbustos. Soltó un suave chillido, antes de retomar su tarea de cuidar la sopa. Chrona, por su parte, no dejó de ver hacia la oscuridad del bosque, con el corazón prácticamente en su garganta. Reconoció a la figura alta y delgada que salió de allí, principalmente por la sonrisa de serpiente.

— Chrona, me alegro que despertaras — el tono que Medusa había empleado había sido casi amable y cariñoso, pero la pelirrosa no se dejó engañar por éste —. ¿Qué tal va tu cabeza?

— Kid y los otros no te entregarán La noche de Walpurgis — gruñó, sorprendiéndose a sí misma y a las otras dos presentes por esa actitud. Por un momento había dejado de ser la tímida Chrona, la que le tenía miedo hasta a su propia sombra. La chica pensó que si Maka la viese, estaría totalmente orgullosa.

Medusa, por otra parte, frunció el ceño tras salir de la primera impresión. Realmente no se había esperado que ella se portara de esa forma, puesto que desde que era una niña pequeña le había temido. Y ahora la bruja se daba cuenta de que estaba comenzando a perder el control sobre su objeto más precioso. Si perdía a Chrona, perdía a Ragnarok.

Por lo tanto, decidió cambiar sus cartas y jugar de una manera diferente.

— Oh… bueno, tienes razón. Tal vez ese estúpido Shinigami o los Arcángeles no lo hagan, pero Ragnarok sí — y al decir eso, la bruja notó que la mirada de la chica cambiaba por una seria a una de sorpresa —. ¿Acaso creíste que él no iba a hacer nada para recuperarte? Vaya que eres ingenua…

— Mi hermano no te hará caso — aseguró la pelirrosa, aunque muy dentro de ella dudaba que aquello no fuese cierto. Ragnarok nunca había sido precisamente cariñoso con su persona, y dudaba seriamente que estuviese dispuesto a entregarle aquellos documentos tan importantes a la bruja sólo para salvarla.

Medusa soltó un par de risitas al escucharla, y con tranquilidad se cruzó de brazos bajo el pecho, en lo que se acercaba lentamente hasta donde ella se encontraba.

— Me sigue dando tanta gracia que lo llames "hermano" todavía… — la rubia negó un par de veces con la cabeza, antes de llevarse una mano a la mejilla —. Se nota que él no te ha contado la verdad, mi pequeña Chrona.

La aludida le miraba, entre confundida y seria. Sabía que no debía de confiar en las palabras de aquella mujer, puesto que era igual de mentirosa que aquella serpiente que había logrado engañar a Eva para probar del fruto prohibido. Pero los ojos dorados de Medusa le provocaban un extraño sentimiento que nacía desde lo más profundo de su ser. Chrona intentaba negarlo, alejarse de aquello… pero la tentación era horriblemente insoportable. Tenía curiosidad por saber de qué demonios estaba hablando.

Aunque en el fondo sabía que podría arrepentirse de aquello.

— A… ¿A qué te refieres? — se atrevió a preguntar, con la boca repentinamente seca.

Si las serpientes pudiesen sonreír, se dijo Chrona, causarían las peores pesadillas de la historia. Y en esos momentos estaba segura de que la imagen de su madre con una mueca semejante a una sonrisa la atormentaría por un buen tiempo.

— A que todo este tiempo, Ragnarok te ha estado mintiendo. Ni él ni yo somos tus familiares — al ponerse de pie frente a ella, la bruja sujetó del mentón a la menor, quien había pasado a perder toda su confianza —. O bueno, al menos no lo somos en esta vida. ¿Quieres saber lo que te hizo tu querido hermano cuando aún eras una pequeña criatura…?

— Y-yo… yo… — la mirada de Chrona temblaba, a medida que su pulso comenzaba a acelerarse. No quería saberlo. No deseaba recordarlo (¿recordar qué, exactamente?). No deseaba que aquellos sentimientos desconocidos para ella (y con los que no podría lidiar) aflorasen en su ser.

Pero Medusa no la escuchó. Claro que no.

— Eras sólo una niña cuando ordené a tu hermano que te clavara un puñal en el corazón. Debes de recordar su expresión, ¿cierto? No paraba de gritar "lo siento", aunque te apuñaló una y otra vez. Qué hipócritas fueron sus lágrimas — la serpiente rió; una risa tan horrible que hizo temblar no sólo a la muchacha, sino también a la otra bruja que estaba presente en el lugar —. Ese fue el pecado por el que Ragnarok se volvió un Demonio, y tiempo después yo le invoqué para que me ayudara a buscarte, mi querida Chrona; tú y ese mocoso son piezas fundamentales en mi jugada. Sin ti no habría podido abrir ese portal — susurró.

La chica de cabello rosa soltó un chillido cuando los dedos largos y fríos de la mujer rozaron su cuello, allí donde tenía la fea cicatriz de su recuerdo en Rusia. Su madre (¿era realmente su madre?) le había cortado el cuello sólo para darle su sangre al Portal y poder estar a un paso más de liberar a uno de los peores Demonios de la historia. Medusa no había tenido ningún reparo en sacrificarla como si se tratara de un animal.

Sintió un terrible nudo en el estómago, y su cuerpo menudo comenzó a sacudirse por las arcadas que estaba teniendo. La confesión de la bruja había sido como una "llave" que había comenzado a girar la cerradura del baúl de sus recuerdos. Recuerdos que, desde que tenía memoria, había tratado de ignorar.

Desde niña había tenido aquella sospecha de que algo andaba "extraño" con su hermano y su madre. Claro está, Medusa había sido una terrible figura materna; la había sometido a crueles experimentos, la había obligado a matar personas, incluso había momentos en que el alimento se le había prohibido. Y luego estaba su hermano.

Había creído que Ragnarok la odiaba por algún motivo que ella desconocía, ya que siempre le había tratado como a una escoria, algo que no debía de estar allí. Mas sin embargo las cosas habían cambiado un poco desde que dejaron el lado de su madre, y a veces podía sentir que su hermano había tratado de enmendar sus errores. Especialmente cuando veía el dolor en su mirada.

¿Y si era verdad todo lo que Medusa le estaba contando? Entonces aquello significaría que Ragnarok estaba tratando de enmendar los errores del pasado, de tratar de salvar a la que era su verdadera hermana. Tal vez él ni siquiera veía a Chrona, sino a aquella niña que había tenido que apuñalar una y otra vez por petición de su madre.

La bruja se apartó justo cuando la chica tuvo una fuerte arcada que le hizo doblarse hacia adelante y vomitar todo lo que había tenido en su estómago. Se acercó hacia donde se encontraba Eruka temblando, posiblemente por el asco de la escena que estaba montando la chica. Medusa le chasqueó los dedos para llamar su atención, haciendo que la bruja de cabellos blancos pegase un grito de miedo y brincara.

— Termina los preparativos. Necesitamos estar listas para cuando Lilith llegue.


— ¡Atchí!

Dimitri detuvo su andar en cuanto notó que su hermana estornudaba de aquella forma tan graciosa. Si había algo que caracterizaba a Annette era su peculiar forma de estornudar (una forma muy ruidosa y exagerada, que siempre hacía girar la cabeza de cuanta persona se encontrara a la redonda), por lo que un estornudo tan pequeño como ese era motivo de sorpresa. Tal vez sus pulmones se habían puesto de acuerdo para cambiar aquello.

— ¿Eso qué fue? — preguntó, divertido.

La rubia le miró con mala cara, mientras que intentaba sonarse la nariz con un pañuelo que había sacado del bolsillo de su saco.

— Alguien está hablando de mí. Tengo las orejas rojas — se quejó.

— A Damian también se le ponen rojas cuando quiere llamar la atención — bromeó, recordando que su gemelo era tan terriblemente tímido que, si alguien llegaba a hablarle, ponía su cara más seria pese a que sus orejas se ponían igual de rojas que un tomate.

Anne tuvo ganas de replicarle, pero se contuvo cuando sintió una ligera prenda posarse sobre sus hombros. Sorprendida, se giró apenas un poco para ver al responsable de aquel gesto tan caballeroso. Raphael la miraba con una sonrisa que ella no supo interpretar del todo, pero que consiguió acelerarse el corazón a mil por hora.

— Se pone muy fresco en esta zona cuando es media noche — comentó —. No necesitaré mi capa, así que no te preocupes — le aclaró, antes de caminar un poco más para llegar a la altura de su compañero, Remiel, quien le miraba de una forma un tanto desaprobatoria.

Las mejillas de la rubia comenzaron a ponerse bastante rojas, aún si la capa que el otro le había dado lograba transmitirle una gran calidez que hasta parecía mágica. Su corazón no dejaba de latir con fuerza, y por un momento se preguntó a qué se debía aquella reacción tan… hormonal. A fin de cuentas sólo tenía horas de haber conocido al Arcángel, ¿por qué tenía aquella sensación de hormigueo en la piel y mariposas en el estómago?

Sin saberlo, su hermano adoptivo se hacía casi la misma pregunta. Annette siempre lo había estado rechazando; a él y a cientos de chicos que intentaban ligarla, ¿pero por qué bajaba sus barreras de esa forma ante aquel pelirrojo idiota? ¿Qué tenía de bueno? Ni siquiera parecía ser lo suficientemente inteligente como para meter un círculo en su ranura correspondiente.

El castaño soltó un bufido, casi con fastidio, antes de seguir avanzando.

Kid y sus Akumas, por otra parte, iban detrás de los Arcángeles y los Exorcistas. Ragnarok les pisaba los talones, aunque iban formados de tal manera en que Liz y Patty sirvieran como "muralla" entre los dos chicos. El ambiente entre esos dos eran tan eléctrico que, un paso en falso significaría un desastre peor que Chernóbil.

Todos estaban tan tensos que seguramente se pondrían a discutir de nuevo si alguien decía una sola palabra. Liz pensó, con horror, que todo eso seguramente le afectaría su hermoso y perfecto cutis. Tanto estrés era malo para la salud.

— O-oigan, ¿no sería mejor si descansáramos un poco? — preguntó en voz alta, lo suficiente como para que llegara al oído de los otros —. Digo, tenemos que trazar un plan y tratar de dar con la ubicación de Medusa, o sólo estaremos dando vueltas por allí.

Los Arcángeles se miraron entre ellos, como tanteando esa posibilidad. Era verdad que no podían simplemente ir caminando por allí sin saber exactamente dónde estaba su enemigo, además de que podrían estar yendo hacia una trampa que la bruja les habría preparado; era Medusa, a fin de cuentas, y de esa mujer se podía esperar cualquier cosa.

— De acuerdo — Remiel asintió —. Ustedes vayan pensando en algo, nosotros dos buscaremos alguna fuente de poder — explicó, antes de perderse con su compañero entre las sombras.

Todos los demás soltaron un suspiro. Era como si les quitaran un peso de encima; y no es como si se llevaran mal con Remiel y Raphael (los preferían mil veces a ellos que a Gabriel y Miguel), pero las presencias de ellos dos eran bastante imponentes.

Ragnarok soltó un suspiro, antes de guardar sus manos dentro de los bolsillos de su pantalón. Frente a él los otros estaban comenzando a conversar sobre una posible estrategia de ataque, procurando encontrar una forma en la que podrían capturar a Medusa sin problemas. Por unos instantes él deseó reírse de ellos por ser tan ingenuos, ¿acaso creían que Medusa sería fácil de capturar? Esa mujer siempre tenía trucos bajo la manga, y usaría sus peores miedos para obtener lo que buscaba.

El Akuma reformado frunció el ceño, preguntándose si su hermana se encontraría bien. Aún le quedaba algo de tiempo antes de que se cumpliera el plazo que le había dado la bruja, por lo que si se apresuraba podría llegar antes que los demás e intentar salvarla.

— Hey, Kid — le llamó, aunque no sólo tuvo la atención del susodicho, sino también del resto de los presentes. Cada uno le miraba con un nivel distinto de sorpresa, y es que no era para menos. Era la primera vez que Ragnarok le llamaba por su nombre —, ¿puedo hablar contigo? — preguntó, antes de apuntar con su pulgar hacia atrás para decirle que sería en privado.

El shinigami entrecerró los ojos, pensativo. Se le hacía bastante extraño que Ragnarok quisiera hablar con él en privado, pero seguramente el otro esperaba disculparse por su comportamiento anterior y quería hacerlo en privado. A fin de cuentas él también quería pedirle perdón por haberle gritado así, y era lo suficientemente orgulloso como para no querer que los otros le vieran.

— Bien, de acuerdo — asintió, antes de ponerse de pie y mirar a sus compañeras —. Regreso en unos momentos — murmuró, antes de seguir al otro.

Ambos chicos caminaron durante un rato por entre la maleza del bosque, esquivando raíces o arbustos que no tenían pinta de ser muy amigables. En ningún momento Kid dejó de ver la espalda de su acompañante, ya que si bien no desconfiaba de él, había algo en su actitud que le hacía permanecer alerta. Quería creer que sólo eran imaginaciones suyas a causa del estrés.

Finalmente se detuvieron en un pequeño claro, a una distancia prudente de sus compañeros. Ragnarok se giró lentamente para ver al menor (aunque bueno, seguramente Kid era mucho más viejo que él, pero de estatura le llevaba unas tres cabezas) y sus miradas doradas se encontraron por un momento que casi pareció eterno.

— Mira, si por mí fuera me llevaría a Chrona lejos del Shibusen y de todos ustedes — comenzó diciendo, sorprendiendo un poco al azabache —. Pero no lo haría, porque a ella le dolería. Se ha encariñado con ustedes, especialmente con Maka y contigo.

— ¿De verdad? — preguntó el shinigami, sorprendido. Desde que Chrona se había unido a ellos, él (como hijo de Shinigami) había tratado de ayudarla a integrarse al Shibusen y evitar que se sintiera excluida, aún pese a los problemas que habían tenido en el pasado. Y para su sorpresa, había terminado encariñándose mucho con la muchacha… de una forma que nunca había sentido antes.

Vale que apreciaba a Liz, Patty, Tsubaki y Maka, pero con Chrona era bastante diferente. Cuando estaba cerca de ella comenzaba a ponerse nervioso, y había momentos en los que él temía decir alguna estupidez que lo dejara en ridículo (¡él, Death the Kid, temiendo a algo tan mundano como eso!). Pero principalmente se había dado cuenta de que sus sentimientos eran más allá de una simple amistad cuando Medusa se la llevó.

— Bu-bueno, sí… Yo también me he encariñado bastante con ella… — admitió el chico, sintiendo que las mejillas algo rojas. Era la primera vez que, en sus casi 500 años de vida, que se sentía tan tímido como en ese momento —, aunque claro, yo… — Kid levantó la mirada del suelo para poder ver las reacciones de su acompañante, ya que sabía lo celoso que podía llegar a ser el Akuma con su hermana, pero le sorprendió ver que Ragnarok estaba a un par de pasos de distancia.

— Yo también la quiero. Y mucho. Así que no te tomes esto como algo personal — pidió.

— ¿De qué…? — comenzó preguntando el shinigami, confundido, pero no pudo terminar de hablar, ya que de pronto sintió un fuerte golpe en la boca de su estómago.

El aire se le salió de los pulmones, y el dolor era tal que terminó cayendo al suelo como si fuese un simple costal de papas. Tosió un par de veces, queriendo recuperarse, pero el puñetazo de Ragnarok lo había golpeado como si se tratara de un toro. El Akuma se arrodilló a su lado, antes de meter sus manos dentro de su chaqueta; Kid miró con sorpresa cómo el moreno sacaba la Noche de Walpurgis y se la guardaba dentro de su propia chamarra.

— Recuerda, nada personal — aseguró, antes de marcharse.


— ¡Despierta, Kid! — gritó una voz bastante chillona cerca de él.

Death the Kid sólo pudo recobrar totalmente la consciencia cuando la menor de sus Akumas le vació toda su cantimplora con agua en la cara. El chico ahogó un grito, antes de incorporarse rápidamente y comenzar a toser como si el alma se le fuera en ello. Tras secarse la cara (de la forma más simétrica posible), miró a su alrededor: Raphael y Remiel le miraban con seriedad, aunque los otros (especialmente sus compañeras) parecían estar bastante preocupados. Él tardó un poco en procesar las cosas, y para cuando su mente se despertó del todo comenzó a buscar enérgicamente dentro de su ropa.

— ¿Dónde está Ragnarok? — preguntó Remiel, con los brazos cruzados sobre su pecho.

— ¡La Noche de Walpurgis…! — casi gritó el chico de tres líneas blancas en su cabello, al momento en que se ponía de pie — ¡Ragnarok me quitó los documentos!

— ¡¿Qué?! — chillaron ambas Akumas al unísono, y por ello Liz miró extrañada a su hermana.

— Debimos de suponer que algo así pasaría… — murmuró Raphael, mientras que se rascaba la nuca — ¿Ahora qué haremos, Remi? Si dejamos que Medusa se quede con ellos, seguramente Gabriel nos matará.

— Más que matarnos, nos mandará al infierno — suspiró el otro Arcángel, mientras que se sobaba el puente de la nariz, fastidiado.

— Bueno, al menos tenemos una vaga idea de dónde está Medusa, ¿no? — interrumpió Dimitri, con una ceja enarcada —. Ustedes pudieron seguir su rastro hasta la cima de la montaña, así que seguramente allí se esconde. Y dónde esté Medusa, estarán esos dos chicos.

Kid se sujetó el mentón, pensativo. El exorcista sí que tenía razón; sabía que Ragnarok no los traicionaría así porque sí. A fin de cuentas, lo único que él quería era recuperar a Chrona, y posiblemente habría creído que con los documentos tendría algún chance de hacerlo.

O eso quería creer.

— ¡¿Entonces qué estamos esperando?! — la voz de Patty sorprendió a todos. La rubia señaló hacia lo alto de la montaña, lo cual no estaba tan lejos — ¡Tenemos a dos doncellas a las cuales rescatar, así que andando! — ordenó, haciendo que todos (incluidos los Arcángeles, para sorpresa de sí mismos) se pusieran firmes, como si se encontraran frente a un gran general.

Pero espera, se dijo Liz, tras repasar las palabras de su hermana en su cabeza, ¿acaso acaba de decir "dos" doncellas…?


Ragnarok se detuvo frente a un claro, con la respiración agitada y el pulso acelerado.

Allí, casi en el centro, se encontraba Chrona sobre una piedra; parecía estar encadenada, pero desde esa distancia le era difícil corroborarlo. Frente a ella estaban Medusa y Eruka, quien procuraba no ver hacia donde él se encontraba. El Akuma reformado frunció el ceño, antes de dar un paso hacia ellas.

— Estoy aquí, Medusa. Tal y como me dijiste.

— Vaya que sí sabes cumplir tus promesas, ¿eh, Ragnarok? — la bruja sonrió, antes de señalar con aburrimiento a la chica de cabello rosa —. Chrona está por allí, te la puedes llevar. Realmente no me importa qué hagan o qué no ustedes dos — admitió tras encogerse tranquilamente de hombros —. Supongo que traes los documentos, ¿cierto?

El chico sacó los papeles del interior de su chaqueta. A decir verdad, le sorprendía bastante el poder que emanaba de esos simples trozos de papel; para un Akuma como él, que todavía no lograba purificarse del todo, el miasma que salía de allí le era tan atrayente que incluso le daba vida. Ahora entendía por qué Raphael o Remiel no se habían quitado los cubrebocas, el aire alrededor de La noche de Walpurgis era realmente nocivo para alguien que no fuese una criatura oscura.

Eso explicaría por qué Medusa lo quería, además. La bruja podría ser poderosa, pero su magia no se comparaba en nada a la energía que desprendía un simple documento como ese. Una parte de Ragnarok quería entregarle La noche; pero otra, una mucho más oscura, deseaba salir corriendo de allí con los papeles.

Tuvo que negar con la cabeza, intentando mantenerse cuerdo.

— Primero libera a mi hermana, y luego te los daré — aclaró, conociéndola lo suficiente como para no fiarse de sus palabras.

Medusa pareció sorprendida, pero luego simplemente se echó a reír, como si el otro le hubiera contado el mejor chiste de su vida. Fingió incluso el limpiarse un par de lágrimas, antes de mirarlo con sorna.

— ¿Tu hermana? Vamos Ragnarok, ambos sabemos que eso es mentira. Incluso… — susurró, mientras que se giraba lo suficiente como para ver a la otra — nuestra querida Chrona lo sabe~.

El rostro del chico palideció. Su mirada rápidamente pasó de la bruja a su hermana, quien ahora también le miraba aunque de soslayo, con una expresión que le dio un horrible apretujón a su corazón. Él sabía de lo que Medusa era capaz, pero nunca se había esperado que llegara a tales extremos.

— Eres… ¡Tú… juraste que nunca le dirías nada! — rugió, sintiendo su rostro arder por la furia contenida.

— Oh, querido. Deberías de conocerme ya lo suficiente como para saber que nunca cumplo ese tipo de cosas — la sonrisa de la bruja se ensanchó, dándole un aspecto casi viperino —. Y también debes de saber que no debes de bajar la guardia frente a mí.

Ragnarok ahogó una exclamación, y pudo escuchar a tiempo el grito de Chrona para que mirara hacia atrás. Al girarse, todo ocurrió en una milésima de segundo, por lo que apenas fue consciente de aquellas serpientes con forma de vectores que se clavaron en su pecho.


Kid corría tan rápido como podía.

Frente a él iban los dos exorcistas de Londres y los Arcángeles. La chica, Anne, era la más rápida de todos, y se movía sobre el lugar sin siquiera tocar el suelo. Al parecer se les enseñaba a los Exorcistas a invocar Familiares para sus misiones, y por la gran energía espiritual que ella desprendía, era capaz de invocar incluso a dioses. El joven Shinigami pensó que realmente le sería de gran ayuda tener el apoyo de Hermes para flotar de esa forma.

— Puedo sentir la presencia de Medusa del otro lado — anunció Remiel, señalando hacia el frente, justo donde dos árboles juntaban sus copas.

— ¡Anne, disminuye la velocidad! — le pidió Dimitri, pero la rubia no alcanzó a escuchar. Pasó entre los árboles, perdiéndose la oscuridad, y el chico soltó una maldición antes de intentar seguirla. Pero justo en ese momento, cuando llegó hasta ese punto de la montaña, Kid pudo escuchar un extraño zumbido que venía de frente; no le dio tiempo de anunciar nada, ya que para cuando estaba tomando algo de aire para gritar, Dimitri chocó contra el campo de fuerza que le electrocutó antes de mandarlo a volar varios metros abajo.

Remiel se apresuró a atraparlo antes de que se hiciera un daño severo, y todos tuvieron que parar la carrera para detenerse a verlo. Se había quemado parte de los brazos, los cuales fueron los primeros en tocar la pared electrificada que los separaba de la bruja y sus compañeros.

— No te muevas, o te dolerá más — le regañó Raphael al ver que el chico intentaba liberarse del agarre del otro Arcángel.

— ¡¿Y crees que no lo sé?! — se quejó el chico, antes de doblarse un poco y soltar un grito de dolor. Liz arrugó la nariz en cuanto el olor de carne quemada llegó hasta esta —. ¡Annette pasó! ¡No podemos dejarla sola!

— Si queremos pasar sin terminar hechos ceniza, primero tenemos que encargarnos del campo de fuerza — explicó Kid, serio. Su mirada ámbar se posó sobre el campo electrificado, y sus Akumas pudieron notar la determinación que crecía en él.

— Tú sólo dinos qué hacer, Kid — sonrió Liz, antes de palmearle la espalda —. No queremos hacer esperar a Chrona.

El sólo hecho de mencionar a la muchacha logró que las mejillas pálidas del moreno se sonrojaran un poco. Death the Kid asintió, antes de levantarse las mangas de su traje (de la forma más simétrica posible) y acercarse al campo de fuerza.

— Necesito algo de apoyo — murmuró.

Ambas rubias asintieron, mientras se colocaban detrás del chico y lo sujetaban firmemente de los hombros y la cintura. El shinigami respiró hondo, cerrando los ojos. Un aura dorada comenzó a envolverle, y en sus brazos comenzaron a aparecer extrañas marcas que, a vista de una persona normal, parecerían simples trazos sin sentido; sin embargo para Liz y Patty tenían un significado. El idioma de los ángeles. Las dos tuvieron que apartar la mirada cuando sintieron que los ojos les escocían.

Los labios del chico se movían a una velocidad inhumana, mientras que recitaba un cántico en una lengua ya desconocida por muchos. El campo de fuerza siseó, como si presintiera el peligro, pero eso no hizo que Kid se detuviera. De las palmas de sus manos salían chispas doradas y rojas, antes de volverse en látigos de luz que comenzaron a envolver el campo de fuerza, creando así un domo de luz. Pero el hechizo que había usado Medusa para apartarse del mundo se resistía, y era allí cuando las hermanas Thompson tuvieron que usar toda su fuerza para impedir que tanto ellas como Kid salieran disparados.

Finalmente el chico soltó una palabra en aquel idioma desconocido, usando el tono de voz más fuerte que tenía. Cerró sus manos con fuerza, y como si aquellos látigos de luz estuvieran conectados a éstas, se cerraron con tanta fuerza sobre el campo que lo destrozó en millones de fragmentos brillosos.

— Andando — fue todo lo que dijo el joven de las tres líneas blancas, antes de comenzar a caminar hacia el interior del bosque.


Poco antes de eso, Annette se había dado cuenta que los otros ya no le seguían, pero al intentar regresar no encontró el camino por el que había llegado hasta allí.

Aquí anda algo mal se dijo, aunque conociendo a los demás estaba más que segura que no tardarían en seguirle, por lo que prosiguió con el recorrido. Una parte de ella le decía que todo podría tratarse de una trampa, pero como Exorcista su misión era asegurarse de que todos estuvieran a salvo. Sus pies, rodeados de un extraño brillo azulino, flotaban sobre la tierra, casi como si ella estuviese llena de helio y pudiese volar libremente. La rubia avanzó con seguridad entre los árboles, hasta que finalmente llegó a un claro.

La escena que estaba ante ella era algo que nunca se habría esperado. Ragnarok yacía tendido en el suelo, cerca de un enorme charco de sangre. Chrona se encontraba atada sobre una roca, y no muy lejos de allí estaba Medusa, rodeada de unas hojas que se mantenían suspendidas en el aire gracias a una luz oscura. La chica no tuvo que verlos de cerca para saber que se trataban de La noche de Walpurgis.

— Así que tú eres Medusa — murmuró, justo en el momento en que sus pies tocaban el suelo —. Entrégame los documentos y libera a Chrona — exigió, con el ceño fruncido.

— Vaya que eres una chica bastante seria — comentó la bruja, tranquila. Detrás de ella había otra bruja que temblaba como hoja en otoño, pero Annette no le prestó atención —. Annette Braum, ¿cierto? Investigué un poco sobre ti — Medusa pasó sus largos dedos sobre el borde de las hojas que flotaban alrededor de ella, como si aquello fuese su posesión más preciada —. Hace 16 años, en un poblado cerca de aquí, un grupo satánico quiso traer a la Reina de los Demonios, y entonces una madre ofreció a su recién nacida — sus ojos ambarinos se posaron sobre los azules de ella —. El ritual fue llevado con éxito, pero justo en ese momento llegaron los Exorcistas y sellaron a Lilith dentro de la pequeña para evitar que destruyera al mundo, y entonces…

—… Y entonces me adoptaron — completó ella, seria —. Mi padre me lo contó todo cuando tenía seis años. Sé que Lilith está dentro de mí.

— ¿Y aun así luchas del lado de esos Exorcistas? Vaya que eres tonta. Tienes en tus manos el poder del Infierno y prefieres rehuir de él — la bruja negó con la cabeza, antes de mirarla seriamente —. Pero no te preocupes, yo me encargaré de llevarte por el camino correcto.

Annette entrecerró los ojos, mientras que sacaba un par de pergaminos del interior de su chaqueta. Medusa sabía que la chica intentaría invocar a sus Familiares, por lo que había preparado un plan de antemano; el vector que se había mantenido oculto bajo los pies de la rubia se activó, lanzándola con fuerza hacia un punto específico en medio del claro.

— ¡Ungh! — Anne sólo atinó a acariciar su cabeza en un intento por mitigar el dolor que crecía en ésta a causa de la caída, pero al llevar sus manos a su nuca notó un líquido caliente y espeso. El corazón le dio un vuelco — ¿Q-qué…? — sólo atinó a preguntar, antes de fijarse en la palma de su mano.

Estaba llena de sangre.

Su cuerpo se sacudió, como si presintiera lo que estaba por venir. Lentamente miró a la persona que yacía cerca de ella, encontrándose con el cuerpo inerte de Ragnarok. La sangre provenía de él, y no tuvo que levantarse para saber de qué se trataba todo eso; Medusa la había conducido a una trampa, haciéndole creer que el charco de sangre no era otra cosa salvo eso. Pero en realidad se trataba de un círculo mágico.

— Que el infierno se desate sobre la Tierra — susurró Medusa, antes de empezar a recitar los conjuros que se encontraban dentro del Walpurgisnacht.


Kid no podía creer lo que estaba ocurriendo frente a él.

En medio del claro se encontraba la figura de una chica envuelta de un potente miasma negro. No importaba que ellos se encontraran lejos de ella, la energía oscura era tal que desde esa distancia podía sentirse, causando que el joven Shinigami tuviera nauseas. Liz y Patty no parecían verse tan afectadas, pero él sabía que estaban fingiendo; a fin de cuentas eran no sólo sus Akumas, sino también Demonios. Dimitri parecía algo enfermo, pero Raphael y Remiel lograban mantenerse como si nada gracias a los cubre bocas que llevaban puestos.

— Esa energía oscura no es normal — comentó Liz, con cierto pánico en su voz.

— Claro que no lo es — murmuró Remiel, serio —. Sólo un demonio de alto nivel puede manejarla.

— ¿Un demonio, dijiste? — la voz de Dimitri temblaba, y Kid logró ver el pánico en su rostro. Sus ojos, verdes como el pasto de la primavera, estaban enfocados en la figura que se encontraba dentro del círculo mágico; parecía no estar parpadeando, como si temiera que al hacerlo aquella figura desapareciera —. La que está… La que está dentro de e-ese círculo es Annette, ¿cierto? — logró decir, casi con un hilo de voz.

Nadie le contestó. Ninguno estaba cien por ciento seguro de lo que estaba ocurriendo allí.

La figura envuelta en miasma era claramente la de una chica, y el uniforme casi destruido que usaba era el mismo que dictaba la Academia de Exorcistas de Inglaterra. Sin embargo, había muchos detalles que le hacían perder aquellos rasgos que alguna vez la marcaron como humana. Su piel tenía una coloración rojiza, haciendo que las marcas negras que recorrían sus brazos, piernas y rostro resaltaran de forma más notoria; incluso sus ojos tenían un color oscuro bastante siniestro, y Kid notó que unos grandes cuernos comenzaban a emerger de su cabeza.

Allí ya no se encontraba Annette, en su lugar estaba un Demonio sacado de las profundidades del averno.

— ¿No es hermosa? — preguntó Medusa, dando un paso hacia adelante. La noche de Walpurgis aún flotaba mágicamente en el lugar donde ella había estado —. Ahora que Lilith se encuentra en este mundo, será mucho más sencillo destruirlo con ayuda de la locura. Primero será la Tierra, ¡y luego iremos por el Cielo y el Infierno! ¡Todo desaparecerá en un abrir y cerrar de ojos! — exclamó, con una enorme sonrisa creciendo en sus labios.

— ¡¿Estás loca?! — Raphael frunció el ceño, algo alterado por toda esa situación — ¡Lilith y el Kishin no son algo que puedas controlar, ni teniendo a Walpurgis!

— No me subestimes, perro — la bruja los señaló con un dedo mientras que centraba su atención en el Demonio —. Lilith, acaba con aquellos lazos que te impiden permanecer aquí — ordenó.

El ser que se encontraba dentro del círculo mágico giró lentamente la cabeza hacia donde se encontraba la rubia. Un lento pero sonoro siseo comenzó a salir de su boca, la cual dejó ver unos enormes colmillos una vez que se abrió. Dimitri, por otra parte, no quería admitir que aquella cosa era su hermana; pero en cuanto el Demonio puso su vista sobre ellos, se dio cuenta de que posiblemente Annette ya no existía más.

— Kid, intenta recuperar los documentos — murmuró Remiel, mientras que desenfundaba su espada y se preparaba para la lucha —. Si revertimos el hechizo, entonces Lilith desaparecerá antes de que logre consumir el alma de esa chica.

El joven Shinigami frunció el ceño, antes de mirar a Chrona de reojo. Ella se veía bastante pálida desde donde él se encontraba, y parecía estar a punto de desmayarse. Aquello le preocupó; y aunque sabía que su misión era evitar la destrucción del mundo, le era mucho más importante el bienestar de la otra. "Pero vaya actitud tan egoísta para el hijo de Shinigami-sama" pensó, con cierta ironía.

— De acuerdo — asintió finalmente el muchacho. Extendió sus manos, en las cuales aparecieron dos pistolas gemelas de cabeza, listas para ser usadas por el shinigami —. Sólo traten de no morir.

— Vamos, ¿tan poca confianza tienes en nosotros? — fue Raphael quien le contestó, con una sonrisa ladina.

Kid no dijo más. Simplemente posó su mirada en sus compañeras, quienes le sonrieron ampliamente.

— Te seguiremos hasta el fin del mundo, Kid — respondió Liz en un susurro, cosa que su Bara agradeció con un silencioso movimiento de cabeza.

Sin tiempo que perder, los tres se abalanzaron contra la bruja. Medusa se limitó a chasquear la lengua con disgusto, no sin antes invocar a unas serpientes para que se hicieran cargo de sus problemas. Tanto el shinigami como las dos Akumas comenzaron a disparar contra estas, logrando retenerlas un poco.

— ¡Kid, ve por Chrona! ¡Nosotras nos haremos cargo de esto! — gritó Patty, quien volvía a mostrar uno de sus cortos episodios de madurez.

— ¡Vale! — Kid ni siquiera tuvo que pensárselo dos veces para comenzar a desviarse hacia donde se encontraba la chica de cabello rosa, dejando atrás a las dos rubias que seguían peleando contra los familiares de la bruja.

Esto es peor de lo que pensé… se dijo el muchacho justo al momento de pasar junto al cuerpo inerte de Ragnarok.

El Akuma reformado yacía acostado boca abajo en el suelo sobre un charco de sangre, el cual tenía la curiosa forma de un pentagrama y símbolos mágicos. Al parecer Medusa había decidido utilizar a otro de sus hijos como un sacrificio para despertar a un demonio, lo cual hizo enrojecer a Kid por la ira. Si bien no se llevaba del todo bien con el chico y tenían más diferencias que cosas en común, ver una injusticia como esa le hacía enfurecer. Aunque al menos, para alivio de él, Ragnarok aún seguía respirando. No necesitó acercarse mucho para revisarlo, ya que desde donde se encontraba podía percibir el suave sube y baja de su torso.

— Enseguida vendré por ti — le avisó, esperando que pudiese escucharlo.

Ahora su prioridad era Chrona, y sabía que el chico lo perdonaría por ir antes por la menor que por él.

Evitando el ataque de unas serpientes, a las cuales disparó en la cabeza para matarlas, Kid llegó hasta la piedra en donde se encontraba encadenada la chica. Chrona se veía bastante pálida, lo cual le preocupó todavía más.

— ¡Kid!

— Te sacaré de aquí, ¿de acuerdo? — le aseguró, aunque la otra le sorprendió al negar con la cabeza.

— Son ataduras mágicas. Medusa me está drenando el mana con ellas — explicó.

El shinigami frunció el entrecejo, confundido.

— ¿El mana? ¿Para qué querría eso? — preguntó, confundido Medusa era una de las brujas más poderosas que había conocido, así que no necesitaría robarle la magia a otro para hacer lo que ella quisiera.

— Lo está usando para controlar el Walpurgis — torció un poco la boca, como si eso le molestara —. Si interrumpimos el flujo del mana, Lilith se saldrá de control y no podremos detenerla.

— ¡Entonces debemos de encontrar otra forma! — insistió él, antes de mirar a su alrededor.

Chrona hizo lo mismo, mientras que su cerebro maquinaba rápidamente una forma en la que pudiesen salir de allí con vida, sin dejar de paso a otro demonio libre por allí. Pero, tras unos segundos de plantearse varias alternativas, sólo llegó a ella una única opción viable.

— Tengo que quitarle el Walpurgis.

A unos metros de allí, la pelea que estaban teniendo Raphael y Remiel contra Lilith era, por decir menos, intensa. Mientras que el primero trataba de repeler los ataques del demonio, el segundo yacía tumbado sobre la hierba, con una profunda herida en el pecho que no paraba de sangrar. Dimitri hacía lo posible por tratar de sanarla mediante magia, pero nunca pensó que la herida provocada por un demonio sería tan difícil de tratar. Si dos Arcángeles estaban teniendo problemas con esa tal Lilith, ¿qué le deparaba al resto de los humanos?

— Maldita sea… — espetó por lo bajo, mientras que las manos llenas de sangre le temblaban, tanto por la impotencia como por el miedo.

— ¡Remi! ¡Necesito ayuda por acá! — advirtió Raphael, quien usaba el mango de su martillo para protegerse de las garras del demonio.

— L-lo siento, pero no creo que pueda ayudarte en un rato… — murmuró su compañero, quien había tenido que retirarse el cubre bocas para no ahogarse con su propia sangre.

La única respuesta que obtuvo por parte de su compañero fue un gruñido. Raphael había luchado contra cientos de demonios, de eso no había duda. ¡Por Dios, que tenían la bendición de los Cielos! Sin embargo, Lilith no era un demonio cualquiera… puesto que a fin de cuentas, ella era la madre de estos.

Bien se dice que hay que combatir fuego contra fuego pensó, antes de golpearla en un costado con Mjölnir; no usó mucha fuerza, puesto que no quería lastimarla de verdad, pero bastó para alejarla lo suficiente. Sabía que una vez que lograran exorcizarla, Anne seguiría estando allí, por lo que sería malo que resultara con lesiones graves.

— Ah… Gabriel realmente se enojará conmigo por esto — se lamentó el Arcángel, mientras que llevaba una mano a su parche. Tenía siglos que no hacía eso, así que el cambio sería doloroso.

Apenas se quitó el parche, el muchacho dejó ver un ojo con el iris dorado; sin embargo, su pupila no tenía una forma normal. Era un círculo entero hecho de pequeñas runas, las cuales combinaban a la perfección con la que estaba sobre su párpado. Su cabello, por otro lado, comenzó a perder su color rojizo, sólo para pasar a ser tan negro como la noche misma. Dimitri, quien seguía curando al herido, se percató de que el aura santa que emanaba el otro estaba cambiando poco a poco.

Raphael pasó a convertirse en un demonio.

— Ahora — el muchacho tronó su cuello con un exagerado movimiento de hombros y cabeza, como si intentara quitarse la tensión del cuerpo. Sin embargo, por la leve expresión de molestia que había en su rostro, daba a entender que la ropa sagrada que estaba usando le irritaba bastante —, ¿bailamos?

Medusa estaba más que fascinada con la pelea que estaba teniendo su nuevo juguete contra los Arcángeles. Ella sabía que, si quería vencer en esa guerra, debía de conseguirse lo mejor de lo mejor, ¡y vaya que le había atinado a Lilith! Claro, Asura había resultado ser un gran problema, pero ahora que tenía el Walpurgis era imparable. Podía obligar a cualquier demonio a que hiciera lo que ella deseara, y se saldría con la suya siempre que tuviese una fuente de mana adecuada; por el momento era Chrona, pero ya después se podría conseguir a otros magos o brujas para que fungieran como alimento para su ejército de seres infernales. Eso sólo era el inicio del fin.

Hic circulus potentiae deios antiquios consecro hic filiam apparent et bendicunt. Ego depreco te, circulus potentiae, quo lucum inter mundos tenet, quo potentia…

— ¡Medusa!

Antes de que la bruja pudiese terminar su encantamiento, Kid la hizo retroceder varios pasos con algunos balazos. Los documentos mágicos seguían flotando, intactos, pero ahora que la mujer no estaba recitando ningún hechizo Lilith se hallaba confundida, como si no supiese actuar por cuenta propia. Raphael aprovechó eso para atacarla y debilitarla, mientras que Patty y Liz se encargaban de alejar a las serpientes que Medusa trataba de enviar contra el shinigami.

— ¡Tú y tu padre han sido unas espinillas bastante fastidiosas! — rugió la rubia, claramente furiosa.

— Y que lo digas — Kid le sonrió de regreso, mientras que le apuntaba con sus pistolas gemelas a la cabeza —. Ya ni sé cómo sacarte del medio.

Con un gruñido, Medusa se abalanzó sobre el muchacho, quien no dudó en comenzar a disparar. Sus balas podían atravesar cualquier tipo de magia, pero como era de esperarse de la otra, su escudo pudo resistir unas cuantas. Con un quejido, Kid a duras penas tuvo tiempo de apartarse antes de que la otra le lastimara con sus uñas, las cuales se habían vuelto negras y afiladas. El chico sospechaba que, si la otra estaba ligada a un animal como la serpiente, era bastante posible que poseyera alguna forma de inyectar veneno en sus presas.

— Muy rápido, shinigami, pero no tanto — sonrió la mujer, alertando un poco al joven.

De un momento a otro, una fecha que apuntaba hacia la bruja apareció debajo de él. Kid ni siquiera pudo moverse, y aunque hubiera podido, su cuerpo no reaccionó para nada. Fue lanzado hacia Medusa como si se tratara de un simple muñeco, y ésta lo atajó del cuello con una fuerza que incluso a él le sorprendió. Incluso le costaba respirar, y como mero instinto atinó a aferrarse al brazo de la otra, como si eso fuera a ayudarle de algo.

— Ah~, me va a encantar sacarte los intestinos y ahorcarte con estos… claro, si es que no te desangras primero — se mofó entonces ella, mientras que su mano libre comenzó a recubrirse de unas escamas negras y brillosas.

Por un efímero instante, Kid pensó que ese sería su final. Su mente trataba de pensar en una forma de escaparse, pero la falta de aire y la presión que Medusa ejercía sobre su cuello no le permitía aclarar del todo sus pensamientos. Sin embargo, sí que había un pensamiento constante: Chrona. Él no podía permitirse perder allí, puesto que, de lo contrario, ¿quién ayudaría a la otra? ¿Quién le daría un apoyo a los otros? Debía de hacer algo, debía de esquivar la mano mortal de la bruja…

Todo pasó tan rápido que él no pudo verlo claramente.

De un momento a otro, Medusa había gritado de dolor, antes de soltar a Kid y retroceder tanto como la herida de su espalda se lo permitiera. El joven jadeó un poco cuando finalmente pudo respirar de forma normal, y al levantar la mirada se sorprendió un poco.

Ragnarok yacía de pie junto a él, con una espada negra y blanca en una de sus manos. Se le dificultaba un poco hablar, y la herida que tenía en su pecho seguía sangrando, indicando que no había sanado casi nada. Sus ojos dorados se posaron en los contrarios, y para sorpresa del shinigami, el mayor le tendió una mano para ayudarle a ponerse de pie.

— Creo que te la debía.

— Ni lo digas — Kid se apoyó en el agarre del otro para incorporarse —, aunque aún me debes un buen golpe.

— Ya lo discutiremos luego — aseguró, antes de ponerse en guardia.

El Akuma reformado sabía que la otra estaba furiosa, especialmente porque parecía que sacaba chispas de los ojos. Las serpientes que ella tenía por tatuajes en sus brazos comenzaron a moverse, antes de transformarse en unas de verdad. Los chicos se dieron cuenta de que las cosas no iban a ser tan fáciles, pero, ¿cuándo lo fueron?

— ¿Crees poder ganarme en ese patético estado? — Medusa miró al que alguna vez fue su hijo, quien le regresó una mirada serena.

— Vamos a averiguarlo.

La batalla que se suscitó en esos momentos fue intensa. Si bien eran dos contra uno, Medusa tenía ventaja al invocar tantas serpientes pudiera, además de que usaba sus vectores para escapar rápidamente de sus oponentes. Los chicos habían tenido que dividirse las "tareas" para poder ganar algo de terreno; mientras que Kid se encargaba de las serpientes de Medusa, Ragnarok iba con todo contra la susodicha. La bruja había creado una espada con forma de vector, con la cual rechazaba los ataques del Akuma sin problema alguno. Él había perdido mucha sangre, así que le costaba bastante trabajo poder concentrarse adecuadamente en la pelea.

— ¿Qué pasa, Ragnarok? ¿No que ibas a hacerte cargo de mamá?

— Lo haría con mucho gusto, pero debo recordarte que me perforaste un pulmón hace rato — se quejó, antes de escupir un poco de sangre. Le seguía costando respirar, pero al menos ya comenzaba a curarse un poco…

— Me hubiera encantado perforarte también el corazón, pero no fue así. Creo que tendré que ser más cautelosa para la siguiente.

Ragnarok entrecerró los ojos, molesto.

— Si es que te dejo tener otra oportunidad.

Las espadas siguieron chocando una y otra vez, dejando ver algunos destellos por culpa de la fuerza del impacto. Prácticamente ellos dos se sumergieron en su propio mundo, sin percatarse de la pelea que tenían Raphael o Lilith, o Kid y las serpientes. Ellos dos estaban luchando para matarse, de eso no había duda, y cuando uno parecía retroceder, entonces regresaba a atacar con mucha más fuerza. Ninguno estaba dispuesto a dar su brazo a torcer, aunque poco a poco se comenzó a notar que el Akuma iba perdiendo intensidad. El moverse de forma tan brusca sólo hacía que la herida volviera a abrirse, lo cual no ayudaba mucho a su estado actual.

Fue entonces que, en un mal movimiento, Medusa le quitó el arma de las manos, la cual salió volando lejos de su alcance. La bruja se mofó al ver el pánico en el rostro del chico, y con ayuda de uno de sus vectores le hizo dar un traspié para que cayera de sentón en el suelo. Ragnarok apenas y fue capaz de levantar la mirada, sólo para observar el rostro de la que alguna vez había sido su madre. Medusa sonreía, dichosa de por fin poder quitarse un peso de encima, y levantó su espada con toda la intención de empalarlo con ésta.

— ¡Esto se acabó, Ragnarok! — vociferó.

Pero la espada nunca bajó.

Por el contrario; del pecho de la mujer se asomó la hoja de una espada diferente bañada en sangre. Eso incluso sorprendió a la bruja, quien pronto comenzó a escupir algo de sangre de la boca a causa de la herida. Apenas y tuvo que girar un poco la cabeza para ver sobre encima de su hombro, sólo para notar una cabellera rosa que le era terriblemente familiar. Por la batalla ni siquiera se había dado cuenta de que habían terminado cerca de la roca donde se encontraba Chrona, quien había extendido las cadenas a través de la magia para poder tomar la espada y clavarla entre los omóplatos de la rubia.

— T-tú… — comenzó diciendo, con la voz entrecortada por culpa de la sangre que se acumulaba en su boca.

— ¡N-no… No toques a mi hermano! — gritó la chica tan alto como pudo, antes de sacar la espada de golpe.

Lejos de atacar nuevamente, Medusa simplemente cayó de rodillas, aunque después su cuerpo entero terminó tendido sobre el pasto, inerte. Chrona simplemente respiraba agitada, sin creerse que hubiera sido capaz de matar a la persona que tanto le había hecho sufrir en su vida. Su mirada se cruzó por unos instantes con la de Ragnarok, pero fue apenas un breve momento, ya que la voz de Kid llamó su atención.

— ¡Chrona, el Walpurgis! — le recordó, en lo que llegaba nuevamente a su lado. Tenía los documentos en una mano, y al soltarlos éstos volvieron a flotar; la única diferencia era que lo hacían ahora junto a la chica, ya que ella era la única capaz de suministrar el mana que necesitaban.

— ¿Q-qué tengo que hacer? — preguntó, mientras que soltaba la espada. Ésta cayó en un golpe seco sobre el pasto.

— Creo que éste es un contra hechizo — explicó el shinigami, señalando una página en específico —. No podremos exorcizar a Lilith llegados a éste punto, pero sí podremos volver a sellarla dentro del cuerpo de Anne.

— ¿Y eso no le afectará? — Chrona arrugó un poco el entrecejo, preocupada.

— Es eso o enfrentarnos al fin del mundo.

La Bara lo dudó por unos instantes, aunque pronto supo que era la mejor opción. Rápidamente tomó la página con el cántico que el otro le había indicado, y pese a que el cuerpo entero le temblaba, ella buscó hasta el más mínimo gramo de valor que había dentro de ella para emplearlo en esos instantes.

Venire ventus venire, sinere solus sentire relaxari, venire nunc nunc venire, venire venire venire — comenzó diciendo, tratando de ser lo más clara posible. Al instante, Lilith se paralizó, antes de voltear a ver con ira a la chica —. Qui affecto protego, mixtisque iubas serpentibus et posteris meis stirpique meae domum meam, et deducet me ruunt momenta ut potest iactare servate innoxias!

El grito del demonio no se hizo esperar. Lilith aulló de dolor, mientras que su cuerpo entero se envolvía en una luz similar a la que se podía encontrar en un ocaso. Las piernas le fallaron, y al caer al suelo comenzó a convulsionar un poco. Poco a poco su piel regresaba a una coloración normal, y los cuernos comenzaron a desaparecer de los costados de su cabeza.

Todos se quedaron atónitos ante la escena, pero en cuanto la chica se quedó inerte en el suelo, pronto supieron que todo había acabado.

— ¡Annette! — Dimitri sonrió ampliamente. Ya había terminado de curar a Remiel, quien simplemente se volvió a colocar el cubre bocas.

Sin embargo, ni siquiera le dio tiempo para ponerse de pie. De un momento a otro Raphael estaba junto a la chica, acunándola entre sus brazos como si se tratara del ser más frágil del universo. Ella seguía inconsciente, pero por el suave sube y baja de su pecho se podía ver que seguía con vida, aunque nadie conocía cómo sería todo a partir de ahora. ¿Realmente había regresado Annette, o había quedado algo de Lilith dentro de ella? Sólo sería cuestión de tiempo para saberlo.

Ragnarok estaba de pie, apoyado en el cuerpo de Patty, quien lo sujetaba firmemente de la cintura. Él simplemente silbó, mientras que observaba la escena que estaba frente a ellos.

— Bueno, esto sí que no se ve todos los días.


Chrona miró el cielo por la ventana de su habitación.

Esa mañana había sido su "juicio" impartido por los Arcángeles, quienes estaban más que furiosos por el hecho de que Medusa estaba muerta… o bueno, sólo Gabriel y Miguel. Para sorpresa de la chica, Remiel y Raphael la habían defendido de los otros dos, alegando que de no haber matado a la bruja el mundo habría llegado a su fin. Vale, ahora no tenían pista alguna de dónde se encontraba el Kishin, pero al menos habían evitado que otro demonio de peor categoría anduviese libre por la Tierra.

Con un suspiro, la mirada de la chica bajó hasta sus manos, las cuales descansaban sobre sus piernas. Aún pese a todo, ella seguía sin asimilar todo lo que había pasado durante ese viaje; se había enterado de que Ragnarok no era su hermano, y además fue ella quien le atravesó el pecho a su "madre" con una espada. Hacía unos meses ni siquiera se le habría pasado por la cabeza el hacer eso último, pero ahora… ahora todo era diferente.

Tenía algo de miedo, eso sí. ¿Qué pasaría ahora? ¿Qué sería de ella? Toda su vida había estado bajo el yugo de Medusa, pero ahora era finalmente libre. Y eso le generaba un extraño nudo en el estómago.

Sin embargo, no se sentía tan mal como había esperado. Sabía que aquello había sido lo mejor, y se sentía algo orgullosa de sí misma por haber enfrentado sus miedos de una vez por todas. Muy seguramente Maka estaría contenta con esos logros, y se moría de ganas por verla para saber qué opinaba de todo eso. Aunque claro, eso ya sería al otro día, puesto que ninguna de las dos estaba aún en condiciones para salir de sus respectivas habitaciones; ella había gastado mucho mana por culpa de los hechizos, y de vez en cuando se sentía algo mareada por lo mismo.

Un suave golpe la hizo mirar hacia la puerta, y apenas escuchó la voz de Kid preguntándole "¿puedo pasar?" sus mejillas se colorearon intensamente. No supo porque, pero de todas formas se arregló un poco la ropa y el cabello, queriendo verse lo más presentable posible.

— ¡A-adelante!

El shinigami abrió poco a poco la puerta, antes de ingresar por completo a la habitación. Él también se veía algo cohibido por estar a solas en el cuarto de una chica, y eso calmó un poco a la susodicha. Al menos no era la única que se ponía así en esa situación.

— ¿I… Interrumpo algo? — preguntó él, tras carraspear levemente.

— O-oh… n-no, para nada — aseguró ella, tartamudeando nuevamente. ¿Cómo podía lidiar con una situación así…?

— Ya… veo — Kid asintió suavemente, antes de pasar a tomar asiento en la silla que estaba cerca del escritorio. Miraba de vez en cuando a la otra, casi tímido —. ¿Cómo te has sentido?

— E-eh… ¡Mejor! Me-mejor — sus mejillas se pusieron más rojas, aunque su corazón se encontraba tranquilo —. Sigo teniendo mareos, pero creo que mis niveles de mana ya están estables.

Kid sonrió al escuchar eso, como si realmente estuviese complacido y aliviado de escuchar eso.

— Es bueno escucharlo — torció un poco su sonrisa, antes de bajar un poco la mirada —. De verdad estaba preocupado…

Chrona le miró algo sorprendida por esa confesión, y eso sólo provocó que el muchacho se alterara un poco. Por primera vez en su vida, el joven shinigami comenzó a tartamudear, y no supo qué responder exactamente. ¿Cómo era eso posible? ¡Él era Death the Kid, hijo de Shinigami-sama! Él siempre sabía qué hacer, cómo reaccionar…

Pero ante la presencia de la chica, de pronto él se volvía extremadamente vulnerable… y eso sólo lo confundía más.

— A-ah… bu-bueno, yo…

— Yo también estaba preocupada — Chrona lo interrumpió, algo tensa por los nervios —. N-no sólo por los demás… también estaba muy preocupada por ti, Kid.

El chico la miró con sorpresa, mientras que sus mejillas se sonrojaban levemente. ¿De verdad ella se había preocupado por él? Eso le hizo reír un poco; no con sorna, sino con nerviosismo, alivio y alegría. Sentía una extraña sensación en su pecho, la cual era cálida y agradable. Le gustaba, aunque era incapaz de comprender a qué se debía.

— ¿Te preocupaste por mí? ¿Aunque eras tú la que estaba en peligro?

— ¡Cla-claro! — ella asintió, reafirmando sus palabras —. Temí… temí de verdad por ti — susurró, mientras que llevaba una mano a su pecho —. El sólo pensar que algo malo te había pasado me aterraba. No podía imaginarme cómo serían las cosas sin ti a mi lado.

Él no supo qué responder en esos instantes; la declaración de la chica le había tomado por sorpresa, así que no tenía ni idea de qué decir o hacer. No estaba molesto, y ni siquiera sentía rechazo por esos pensamientos. Una extraña felicidad comenzaba a embargarlo, y Kid realmente quería que ella supiera que él se sentía de la misma manera.

— ¡Yo también…!

— Hey, ¿puedo saber qué haces aquí?

El rostro de Kid se volvió sombrío. Ni siquiera tenía que voltear hacia la puerta para saber que Ragnarok estaba allí, taladrándolo con la mirada. Aún pese a todo lo que habían hecho juntos durante la situación en Alemania, la tensión seguía presente entre ellos dos… y bueno, posiblemente nunca desaparecería. No serían enemigos propiamente, pero tampoco podrían ser amigos. Esto va a ser más complicado de lo necesario pensó el shinigami, antes de suspirar.

— Vine a ver a Chrona — explicó, sintiéndose algo raro por darle motivos al otro.

— Pues ya la viste, ya vete — el Akuma enarcó una ceja, antes de señalar la puerta —. Necesito hablar con ella, a solas.

Con un suspiro, el chico simplemente se puso de pie, sólo para mirar a la chica y disculparse con una leve mueca. Chrona simplemente negó un poco un poco con la cabeza, queriendo decirle que no había problema alguno. Después de todo, eso era algo inevitable; tarde o temprano tendría que hablar con Ragnarok del tema, y aunque eso la ponía bastante nerviosa, era lo mejor.

— Nos vemos después, Chrona — se despidió el shinigami, recibiendo una dulce sonrisa de la joven bruja.

— U-uh, sí — asintió rápidamente ella, sin notar la mirada asesina que le dedicaba su hermano a Kid.

Una vez que se quedaron ellos dos en la habitación, el silencio se convirtió en el rey del lugar.

Ni Ragnarok ni Chrona sabían qué decir o qué hacer. No habían esperado que eso pasara algún día, aunque uno más que otro. Ella, por su parte, había tenido leves sospechas de que Medusa no era realmente su madre, pero nunca pensó que eso fuese verdad; él, por otro lado, había confiado tanto en el hecho de que podría mantener a la otra protegida y lejos de la verdad. El chico suspiró un poco, y sin saber qué otra cosa hacer se recargó contra la pared cercana a la puerta.

— Puedes odiarme si quieres.

— ¿Eh? — Chrona le miró, perpleja.

Su Akuma torció un poco la boca.

— Que puedes odiarme, no te culparía — su mirada se desvió hacia la ventana, como si buscara las palabras allí —. Yo hice que tu vida fuese un infierno, de una manera u otra. Si me hubiese negado a las peticiones de Medusa, tú tendrías una vida normal en estos momentos.

La chica meditó las palabras del mayor por unos instantes. Bien era cierto que habría sido mejor tener una "vida normal", pero eso también significaría que ella nunca habría tenido que conocer a Maka, Kid y a los demás. Pese a todo lo que ella había hecho estando junto a la bruja, ellos la habían aceptado y la habían perdonado; ahora eran sus amigos, y a su lado podía sentir que finalmente estaba en un lugar al cual podía llamar "hogar". Además… ella no podía odiar a Ragnarok. Tal vez su relación no había sido la mejor, pero a su manera él había cuidado de ella, y… ¿no se suponía que eso hacían los hermanos?

— No puedo odiarte — dijo ella al fin, permitiéndose sonreír un poco —. No fue tu culpa todo lo que ocurrió, sino de Medusa — murmuró, recordando también todo lo que la otra le había obligado a hacer —. Sería injusto de mi parte si te tuviera rencor por esas cosas…

— Si lo haces por lástima no cuenta — el chico frunció el ceño, antes de cruzarse de brazos —. No somos hermanos, no tienes por qué seguir pensando que debes de estar bien conmigo sólo por eso…

— ¡Estás equivocado! — Chrona se sorprendió a sí misma por alzar la voz, pero era necesario —. Siempre serás mi hermano, no importa qué — aseguró, aunque no evitó aferrarse a la falda de su vestido, esperando que eso la animara un poco —. Cuidaste de mí, a pesar de todo; no tenías por qué hacerlo, pero de todas maneras me protegías y me orientabas. Y yo siempre admiré lo fuerte que eras — sus miradas se encontraron, y Ragnarok no podía evitar estar algo asombrado por todo eso —. Eres mi hermano, Ragnarok — insistió.

Él, por su parte, apartó la mirada. Sus labios temblaban un poco, aunque ella no supo por qué.

— ¿Aún si te asesiné?

— En esta vida o en otra siempre lo serás — asintió.

Ragnarok no dijo nada; de hecho, se giró un poco, lo suficiente para que ella no viera su rostro. Estaba aliviado, feliz, y un poco ansioso, también. Aquello era como quitarse un enorme peso de encima, y sólo por un instante pensó que finalmente podría perdonarse un poco a sí mismo por todo lo que había hecho en el pasado.

Ese era el principio de un nuevo futuro. Para él y para su hermana.

Continuará…


Aclaración: No sé latín, así que busqué los "hechizos" en Google. Si alguien sabe, los traduce y encuentra tonterías allí, lo siento mucho(?).


Han pasado ya tres años desde que actualicé este fic, y lo lamento mucho. Nunca fue mi intención dejarlo por tanto tiempo, además de que es una de mis metas poder terminarlo algún día. Durante todo este tiempo estuve sufriendo diversas depresiones, ya fuese por culpa de la escuela, la pérdida de una gran amiga y problemas con mi familia; sin embargo, no voy a dejar rendirme por todo eso, ¡y haré lo posible por volver a retomar la escritura! Eso me hace sentir más en paz conmigo misma, además de que al dejar de lado todo lo malo puedo mejorar mi vida.

Gracias a todos por sus comentarios, su apoyo y por seguir este fic. De ahora en adelante espero actualizar con más regularidad, ¡así que estén atentos al siguiente capítulo! En este no vimos para nada a Soul, Maka y otros, pero en el próximo retomaremos el punto de vista de Maka. ¡Ya estamos a dos arcos de terminar el fic! ¿Qué cosas ocurrirán de ahora en adelante? Sólo el tiempo (¿los capítulos? (?)) lo dirán.

¿Review?