Revolutionary Girl Utena

Prólogo. Recuerdos

Alguien… brindaba de luz su mundo, un resplandor extraño la cegaba y poco a poco se fue dibujando una figura entre toda aquella penumbra, no obstante no era quien ella esperaba. Su salvador le habló con voz suave pero ella seguía confusa y sin poder ver quién era, la luz fue disminuyendo y un resplandor rosa brilló en sus ojos, ahora lo sabía… había venido a buscarla.

- Himemiya, finalmente nos encontramos – sus ojos llenos de lágrimas eran de un azul más intenso que el mar y sus manos manchadas de sangre sujetaban con fuerza la tapa de aquel ataúd.

- ¡Utena-sama! – Exclamó la morena desde el fondo de aquel tenebroso lugar y sus ojos poco a poco se humedecieron.

- Himemiya… ¡Dame tu mano! –la joven estiró su brazo y con la mano ensangrentada buscaba a tientas aquel deseado contacto.

- ¡No! ¡Salga de aquí! Las espadas… - Anthy se agarró el pecho sin apartar la vista de aquella mano que la llamaba.

- ¡Tu mano…! Por favor… ¡Himemiya! – Su voz sonaba como una súplica mientras intentaba acercarse más y seguía estirando su brazo sin éxito.

- ¡No! Si no sale de aquí… - volvió a alzar la mirada y lamentó que ella estuviera pasando por todo aquello.

- Himemiya… Date prisa… ¡Tu mano! – Más que una súplica aquello se antojaba como una última voluntad. – Por favor… ¡Date prisa! ¡Dame tu mano!

Anthy agachó la mirada pero al oír aquello volvió a alzarla fijándola en su mano, intentaba agarrarla y estaba llena de magulladuras, sintió un fuerte dolor y sus ojos volvieron a llenarse de lágrimas a la par que tímidamente alzaba su mano buscando el contacto con la de su príncipe.

- Algún día… - Sus manos se aproximaban despacio – Algún día… juntas…

Utena balbuceó esas palabras y segundos después consiguió alcanzar su mano, aquel contacto trasmitía todos sus sentimientos y sus deseos para con ella, aquel contacto de su mano fría, húmeda por la sangre, pero que consiguió llenarla de una tranquilidad casi mística.

No obstante no se habían percatado de lo sucedido en el exterior y aquel anhelado contacto apenas pudo dar sus frutos, el ataúd donde Anthy se encontraba cayó, cayó al vacío, separándolas de nuevo.

[…]

Anthy se despertó sobresaltada, aquella pesadilla había vuelto para atormentarla. Ya había pasado un año de todo aquello y aún notaba el tacto frío y húmedo de su mano, se llevó la suya al pecho y en un leve susurro pronunció un nombre "Utena".

No sabía del todo qué había pasado cuando ella cayó a aquel vacío llamado realidad, se sentía como si hubiera despertado de un sueño muy profundo y por fin viera las cosas tal y como eran pero pese a todo aquello no podía entender qué pasó con su príncipe y dónde se hallaba ella en estos momentos.

Ahora tenía que ocultarse y buscarla a escondidas, huyendo de Akio y sus espinas. Desde que la revolución fue hecha él había enloquecido (aún más por decirlo de alguna manera) al no tener a la novia de la rosa a su lado y cuando ésta decidió marcharse en busca de su verdadero príncipe Akio se llenó de cólera y juró perseguirla.

Himemiya se tumbó de nuevo en la cama y cerró los ojos imaginando la figura de Utena a su lado, ¿Estaría ella bien? ¿Estaría a salvo?… No lo sabía y sufría al no tener noticias suyas, Akio había insistido en su muerte pero ella tenía claro que continuaba viva en algún lugar y por mucho que le llevara la encontraría. Buscó a tientas en la mesita un marco de foto y le echó un vistazo al retrato difuminado por la oscuridad de la habitación, acarició con la yema de los dedos el cuerpo de Utena y una serie de recuerdos le vinieron a la mente.

"-Escucha, si alguna vez tienes un problema, dímelo… quiero que seamos amigas, y algún día juntas…

-¿Algún día... juntas?

- Y algún día, brillaremos juntas."

Ella no comprendió lo que le había querido decir en ese momento pero ahora lo sabía, Utena era su luz y su razón para brillar como nunca.

Dejó la fotografía en la mesita y volvió a dormirse, mañana saldría de Copenhague y se dirigiría de nuevo a Japón, no tenía motivo aparente para volver a su casa pero una sensación extraña la empujaba a querer volver.

Cerró los ojos y se sumió de nuevo en aquella oscuridad, sintiéndose vacía.

La luz entraba por las rendijas de la persiana, acariciando levemente sus párpados, Anthy se tapó los ojos y acto seguido se los frotó, "¿Qué hora debe ser?" pensó mientras sujetaba firmemente el reloj. Suspiró, eran las siete pero el día siempre se la hacía corto y cada segundo la podía alejar o acercar de la persona a la que tanto anhelaba encontrar.

Se levantó perezosamente y se fijó en Chuchu que dormía plácidamente acomodado en una butaca de la habitación, una sonrisa elevó sus pómulos y acto seguido fue en busca de su ropa.

Los billetes de avión se hallaban en la mesita junto a la fotografía que había estado contemplando el día anterior, le echó un vistazo más y la guardó en la maleta junto a todo lo demás. Una vez hecho cogió a su peculiar mascota y salió de la habitación de aquel hotel esperando no tener que regresar jamás ya que eso significaría que por fin había conseguido lograr su objetivo.

Las calles aún permanecían prácticamente vacías y Himemiya formaba parte de la poca vida que se dejaba ver a aquellas horas, por suerte pudo coger un taxi para dirigirse al aeropuerto.

El taxista, era un hombre de pelo largo rojizo, de un singular atractivo y de tez pálida, en conjunto a Anthy pareció recordarle a alguien, y ese alguien era Touga Kiryuu sin embargo la joven no quiso preguntar ya que aquel hombre parecía comprender una edad mayor a la de el sujeto de sus recuerdos pero una serie de imágenes asaltaron su memoria.

Aquel baile… parecía mentira que hubiera pasado tanto tiempo desde que ella y Utena bailaron juntas en aquella fiesta, sin importar lo que dijeran los demás ella se abalanzó a su ayuda cuando la había necesitado y le hizo un vestido casi de la nada… Chuchu pareció notar que algo se tensaba en el ambiente por lo que se puso a hacer niñerías que llamaron la atención del taxista:

- Esa mascota tuya… es muy peculiar. – Para sorpresa de Anthy el conductor se expresaba con un japonés excelente. - ¿Usted es japonesa?

Himemiya vaciló un poco antes de contestar pero al fin supo que era inútil fingir que no entendía el idioma.

- Si, por lo que veo habla muy bien el idioma.

El taxista soltó una leve carcajada con un aire melancólico.

- Pasé parte de mi niñez allí.

La conversación acabó en ese punto y el trayecto restante se sucedió entre una serie de suspiros o bostezos, la mayoría provenían de Chuchu.

El aeropuerto de Copenhague parecía haber despertado hace mucho ya que el ambiente de prisa y estrés que allí se palpaba era muy distinto al de la ciudad. Himemiya pagó al taxista y salió del vehículo dirigiéndose hacia el avión que debería tomar, dirigiéndose de nuevo a su hogar.

[…]

El embarque duró unas horas pero al fin estaba sentada en su asiento, admirando el paisaje de nubes que flotaban cual algodón de azúcar en el exterior, el suave contoneo del avión la iba calmando y poco a poco fue cerrando sus párpados cogiendo un sueño cada vez más profundo.

-Himemiya… Date prisa… ¡Tu mano!

Se despertó de una sacudida y miró a ambos lados, al parecer el hombre que se sentaba a su derecha la miraba sorprendido y ella no pudo hacer más que sonreírle tímidamente y volver a la calma.

Aquella pesadilla la perseguía continuamente, pero era precisamente ese recuerdo lo que la empujaba a seguir adelante, esos recuerdos que guardaba en su corazón y la promesa que le había hecho hace un año… "Estés donde estés, te encontraré. Espérame, Utena".

Capítulo 1. Un príncipe sin espada.

Al fin, había vuelto al punto de partida. Soltó las maletas con desgana y se tumbó en la cama contemplando el techo de aquella habitación más vacía que nunca.

Alzó su mano intentando tocarlo y una sucesión de imágenes de aquella pesadilla abordaron su mente, parpadeó.

No podía seguir así, tenía que encontrarla fuera como fuera.

Se levantó y fue a la ducha llevándose a Chuchu consigo, el cual pataleaba con fuerza intentando alejarse de la ducha.

El agua le caía por todo el cuerpo dejándole una grata sensación, cerró los ojos e intentó por un momento serenarse. Los únicos instantes en que conseguía un poco de paz eran esos.

Un súbito ruido la desconcentró y hizo volver a la realidad perturbante que llevaba viviendo desde hacía un tiempo, el sonido de madera y después el de una leve voz que la llamaba.

- Señorita… Himemiya, han dejado una carta en recepción para usted. – era una voz masculina que entre carraspeos le hablaba en la lejanía.

- ¿Podría pasarla por debajo de la puerta? En estos momentos me encuentro indispuesta para poder abrirle señor… -¿Una carta? No esperaba correspondencia y se le hacía raro que alguien intentara ponerse en contacto con ella de aquel modo.

Salió de la ducha tras oír los pasos del encargado alejarse y al coger una toalla con la que se cubrió medio cuerpo fue hacia el recibidor, contemplando con asombro aquella misteriosa carta.

El sobre era blanco y estaba sellado con un emblema… Anthy ya sabía de qué emblema se trataba y un escalofrío recorrió su espalda, ¿El emblema de la rosa? Acarició con sus dedos aquel dibujo y se dispuso a abrir el blanco sobre que contenía un mensaje que más tarde supo que no debía ignorar.

El olor que desprendía le recordó a su jardín, a las flores que con tanto mimo cuidaba cuando estaba sumida en un infierno del que no encontró salida hasta que la conoció a ella, Utena… podría ser que aquella carta fuera suya. Ante aquella remota posibilidad se apresuró a sacar la hoja del sobre y la desplegó, estaba escrito a máquina por lo que no pudo deducir de quién era la letra. "Te espero, a las doce de la noche en la recepción de este hotel." En el remitente no figuraba ningún nombre pero en el destinatario figuraba claramente "Novia de la rosa".

Estaba claro que quien había escrito aquello conocía toda su historia y no era una persona cualquiera, el miedo invadió su mente y su cuerpo y por unos instantes restó inmóvil en el suelo, agarrando con desesperación aquella carta. El sonido de Chuchu la hizo parpadear y recobrar el movimiento, se alzó y miró su reloj, las once y media. Debía actuar rápido, soltó la carta encima de la cama y fue a vestirse mientras su pequeño acompañante no dejaba de contemplarla con ojos curiosos.

¿Quién había escrito aquella carta? La imagen de su hermano le vino a la cabeza y el miedo volvió a asomarse por todos los poros de su piel "No puede ser Anthy, mantén la calma" tomó aire y acabó de ponerse las botas.

Volvió de nuevo al recibidor vacilando en salir al encuentro de aquella persona misteriosa o huir de aquel lugar, no obstante el hecho que pudiera tratarse de Utena disuadió las tentativas de salir corriendo de allí.

- Chuchu, vigila las cosas ¿De acuerdo? – Le sonrió y le acarició levemente la cabeza mientras su compañero emitía un "Chu" de afirmación.

Bajó las escaleras y volvió a levantar su mano izquierda, miró el reloj "Las doce menos cinco" tenía tiempo para buscar un lugar desde el que se fijara en todo aquel que entraba o salía de recepción y el pasillo que conectaba ésta con el ascensor parecía idóneo para tal operación.

Se escondió allí y por varios minutos fue echándole un vistazo al lugar del encuentro mientras no dejaba de mirar su reloj.

Quedaban pocos segundos para que se cumpliera el plazo cuando una fuerza extraña la sujetó por detrás y la atrajo al interior de un ascensor, Anthy intentó gritar pero aquella opresión no le dejaba omitir ningún sonido. Cerró los ojos con fuerza y unas lágrimas empaparon su rostro, se sentía impotente ante el hecho que no podría cumplir la promesa de volver a reunirse con Utena. Escuchó el sonido de las puertas del ascensor al cerrarse y notó como se elevaban a la par que aquella fuerza que la mantenía sujeta la liberaba.

Se quedó un momento sorprendida pensando de quién se debía tratar y con algo de pánico y curiosidad fue girando, la figura que se encontró no era para nada lo que se esperaba. Un joven de pelo azulado la contemplaba con simpatía.

- ¿Sorprendida? - Su voz melódica tenía un agradable timbre dulce.

- ¿Señor Kaoru?… - Himemiya no podía salir de su asombro, el que fue miembro del consejo de estudiantes la miraba ahora de cerca, había pasado tanto tiempo.

- Nos ha costado mucho encontrare Anthy – Se sacudió el cabello y se hizo un leve masaje en los hombros como muestra de cansancio.

Ella se quedó muda, podía ser que Miki ahora trabajara para su hermano.

- ¿Nos…? – balbuceó.

- Si, Himemiya, ya puedes suponerlo, a Touga, Juri, Nanami, Saionji y a mí. Desde que nos comunicaron tu partida de la academia comenzamos tu búsqueda, ¿Por qué no nos explicaste nada? – Se acercó a ella y la abrazó.

Anthy no conseguía comprender nada.

- ¿Por qué te fuiste? ¿No sabes que tu hermano está removiendo cielo y tierra para encontrarte? – A ella la palabra "hermano" le provocó un escalofrío y sus ojos se llenaron de miedo, Miki pareció percatarse y añadió – No te preocupes, él no sabe que estás aquí.

Aquello consiguió tranquilizarla por un momento.

- Entonces… - prosiguió - ¿Por qué te fuiste?

- Fui en busca de la señorita Utena… - un pinchazo sacudió su corazón.

- ¿Utena? – Miki parecía no saber del todo a quién se refería y Anthy entendió que se había olvidado de ella al igual que los demás.

- Ella una vez estuvo en la academia, pero consiguió su salvación y es por eso que la busco, porque no deseo otra cosa que estar a su lado – Himemiya tragó saliva y agachó la mirada.

- Comprendo, si es así permíteme que te ofrezca mi ayuda – Alzó su mirada con la ayuda de sus manos y se centró en sus ojos verdes. – El antiguo consejo de estudiantes estaría encantado de poder ser útil en algo.

- ¿Antiguo? – Anthy le miró confundida.

- Después de tu marcha el consejo se disolvió y sus miembros prometieron no volver a hablar de lo sucedido por aquel entonces, lo duelos y el poder para revolucionar el mundo fueron poco a poco olvidados – El joven se miró el anillo y suspiró – Pero todo aquello cambió con la creación del nuevo consejo, fomentado por tu hermano, el señor Ohtori. Así pues los duelos volvieron a desencadenarse y todo ello junto a la aparición de…

Miki se quedó en silencio y miró hacia otro lado.

- ¿La aparición de…?

- Una nueva novia de la rosa – Aquellas palabras resonaron en el vacio de aquel ascensor justo cuando sus puertas se abrían dejándoles en frente el último piso de aquel hotel, el mirador.

Miki la sujeto de la cintura y la llevó hacia fuera, pasando por el pasillo que conectaba las habitaciones con el ascensor y dirigiéndose hacia la enorme terraza de que disponía el edificio.

Subieron las escaleras en silencio, Himemiya no entendía del todo qué era lo que había sucedido en aquel año que había permanecido fuera y estaba conteniendo una lluvia incesante de preguntas que deseaba hacerle al joven Kaoru.

Miki abrió la puerta y una corriente de aire les sacudió a los dos a la par que abandonaban el techo del edificio para adentrarse en el manto de la noche.

- Señor Kaoru, si no le importa, me complacería que me explicara todo aquello con detalle.

Ambos se quedaron uno en frente de otro y él prosiguió con su relato.

- Tu hermano… no, Akio, comprendió que al faltarle tu presencia no podía obtener el poder para revolucionar el mundo y se encauzó en tu búsqueda sin embargo lo que el consejo no sabía era que mientras fingía buscarte mantenía una búsqueda alternativa de candidatas a sucederte como novia de la rosa. – aquello último lo dijo con rabia contenida – Y según sabemos ya ha encontrado a la persona idónea, por eso renovó el consejo escolar y dotó a sus miembros con el emblema de la rosa. Nosotros tras enterarnos de todo esto partimos en tu búsqueda, Himemiya tú eres la novia original y tu poder es el único que puede contrarrestar los ideales de tu hermano.

Anthy se quedó un momento pensativa sin saber muy bien cómo reaccionar ante todo aquello, su cabeza parecía debatirse entre hacer lo correcto o hacer lo que ella deseaba, alzó la mirada decidida.

- No puedo hacerlo sola, la única persona capaz de lograrlo es la que estoy buscando. – Se llevó la mano al pecho – si no está a mi lado… yo…

Sus ojos comenzaron a empañarse de nuevo ante la culpabilidad que la oprimía y Miki al verla le acarició delicadamente la mejilla.

- Por eso te dije que te ayudaríamos – le sonrió – y una vez encontremos a Utena debes prometer que estarás de nuestro lado.

La joven asintió y una nueva duda sacudió su pensamiento.

- ¿Cómo conseguiste que aquella carta oliera exactamente igual que las rosas que cuidaba en el jardín?

Kaoru vaciló unos instantes y la miró extrañado.

- ¿Qué carta? – le sonrió confuso.

- La que dejaste en recepción para mí, un empleado me la trajo a la habitación.

Miki mantuvo su porte serio pero ahora le azotaba la preocupación, él no había escrito tal carta, de hecho se había encontrado con Anthy prácticamente por casualidad. Himemiya comenzó a ponerse nerviosa y una serie de posibilidades recorrían su mente, sin decir nada arrancó a correr hacía las escaleras dejando al joven gritando su nombre y persiguiéndola.

No podía ser, miró el reloj, las doce y cuarto… no era muy tarde aún podía permanecer allí, se metió en el ascensor sin vacilar y el miembro del consejo se quedó contemplándola desde una leve distancia, viendo como descendía.

Bajó sin dejar de dar vueltas en el interior del ascensor y los minutos que allí permanecía se le hacían eternos. Al fin llegó a la planta baja y salió apresurada hacia la recepción, para su sorpresa no había nadie salvo los empleados del lugar. Descontenta se acercó al mostrador y una muchacha rubia de ojos claros la atendió amablemente.

- ¿Qué desea? – Su voz denotaba cansancio.

- ¿Hay algún mensaje para mí? – Apoyó sus manos en el mostrador impaciente.

- Dígame su nombre completo y número de habitación por favor. – Dicho esto la recepcionista tecleó un par de cosas en el ordenador y volvió a centrar su mirada en ella.

- Himemiya Anthy, habitación 304.

Aquella mujer introdujo los datos en el ordenador y acto seguido volvió a sonreírle.

- Tiene un recado, espere un momento por favor. – La recepcionista se marchó y la dejó esperando en aquel mostrador.

Una voz la desconcertó, Miki la llamaba desde el pasillo que llevaba a las escaleras y pronto se situó a su lado, exhausto no obstante cuando iba a comenzar a hablar la mujer volvió con un sobre similar al que había recibido Anthy aquella noche.

- Tenga, nos dijeron que le entregáramos este sobre. – Le alcanzó el objeto y tras sonreírle volvió a sus quehaceres.

Kaoru miró la carta extrañado pero comprendió que debía pertenecer al mismo remitente que aquella comentada por Himemiya con anterioridad.

Anthy le miró algo desconcertada y ambos se sentaron en unas butacas de la recepción.

- Himemiya, deberías abrirla – Comentó el joven mientras tragaba saliva.

Ella se limitó a asentir levemente con la cabeza y se dispuso a abrir el sobre decorado con aquel emblema tan característico, la carta estaba perfumada al igual que la anterior y gracias a ello dedujeron que debía tratarse de alguien con libre acceso al invernadero de la academia.

Sacó el contenido del sobre y comenzó a leerlo en casi un susurro "Querida Anthy, entiendo el motivo por el que no has podido acudir a mi encuentro, saluda a Kaoru de mi parte. Me gustaría que nos viéramos, te espero esta madrugada en el santuario Gojo del parque Ueno. Puedes traerte a Miki si lo prefieres."

Se quedaron sin palabras y si respiración entre cortada les impedía cualquier intento de calmarse.

- ¿Quién…? ¿Cómo?… - Kaoru hacía esfuerzos por comprender lo sucedido pero pese a su inteligencia no lograba encontrar la llave que les salvara de aquella encrucijada.

- Al parecer usted no es el único que me ha estado buscado señor Kaoru – Anthy guardó la carta en el sobre y se puso de pie.

Miki se quedó sentado unos segundos y un recuerdo crucial a la velocidad de una corriente eléctrica sacudió su pensamiento.

- Esa carta… Yo recibí una igual hace un par de días… como no lo he recordado hasta ahora… gracias a esa carta supe que estarías en este hotel y vine a buscarte. – Tragó saliva – En la mía tampoco figuraba ningún remitente.

Todo aquello era muy extraño y parecido en cierto modo al juego que había estado manteniendo Akio Ohtori hacía un año, la posibilidad que hubiera sido él quien había escrito aquellas cartas era cada vez mayor.

- ¿Qué piensas hacer… Anthy? – Miki se levantó y posó sus manos en los hombros de la joven.

- Voy a ir, tengo que resolver todo esto o no podré continuar con mi búsqueda… - Acarició la mano de Miki y le sonrió con amabilidad – No es necesario que me acompañe si no lo desea.

Él titubeó unos momentos pero la miró lleno de convicción y fuerza negando con la cabeza.

- Iré contigo, te prometí antes que te ayudaría ¿No es así?

Himemiya cerró los ojos y suspiró, sabía que tenía que detener sus proyectos de búsqueda por el momento, aquello la sobrepasaba pero pensaba continuar hasta el final, la imagen de Utena volvió a sacudirla y se alejó despacio de Miki, dejándose caer en una butaca.

Él se sentó a su lado.

- Tenemos cinco horas para planear el encuentro, ahora debemos calmarnos y pensar fríamente – Lo cierto es que la joven agradecía tener a Kaoru a su lado, él era muy inteligente y transmitía una fuerte serenidad. – No te preocupes por nada, ahora ya no estás sola.