Alzó el brazo y fijó su atención en las agujas del brillante reloj rosa, a juego con su cabellera, que enmarcaba su muñeca. Llegaba tarde. Apretó la chaqueta de cuero negro contra su pecho y echó a correr. Tenjou notaba como el calor iba subiendo por sus mejillas y como sus pulmones se llenaban de aire a ritmos frenéticos, pero el deseo de llenar todos esos años vacíos en su memoria podía con ella.

Torció una esquina y aflojó ligeramente el ritmo, recobrando la compostura. Ante ella se alzaba la pequeña cafetería. Tenía unos grandes ventanales que dejaban entrever el interior del local, flanqueados por unos bordes turquesa. La fachada de obra vista, cuadraba muy bien con el cartel de hierro forjado que colgaba a un lateral de la puerta y en el que se podía leer, con letras azuladas: Cafetería Memories. Al fin había llegado.

Utena admiró unos segundos el local e inspeccionó sus rincones a través de aquellos ventanales, pero no había ni rastro de la chica misteriosa. Suspiró. "Bueno… quizá hay alguien que es capaz de llegar más tarde que yo" vació unos segundos y se decidió a entrar.

El alegre timbre de la puerta fue el primero en darle la bienvenida, seguido de una alegre camarera que la saludaba desde el mostrador.

- Bienvenida a Memories señorita – sonrió.

- Gra…gracias – Utena se rascó levemente la parte trasera de la cabeza y sonrió compaciente - ¿Podría hacerle una pregunta?

- Por supuesto, ¿de qué se trata? – Tenjou se acercó al mostrador mientras la camarera la miraba con aire desconcertado.

- He quedado aquí con una persona, es una chica de mi edad… Morena, con el pelo ondulado – hizo un leve gesto de ondas alrededor de su cabellera para ejemplificarlo – y de ojos verdes.

- Si, de hecho, ha llegado hace más de diez minutos, está sentada en la mesa del fondo. Siga el pasillo y a la derecha – la camarera se reclinó encima del mostrador e hizo señas con la mano.

La joven sonrió en agradecimiento y al volver la vista hacia la derecha sorprendió a aquellos ojos verdes mirándola "¿habrá visto toda esta escena…?", se sonrojó. Saludó tímidamente moviendo los dedos de las manos y avanzó a paso firme hacia la mesa en la que se encontraba aquella mujer. Al llegar, no pudo evitar volver a asombrarse por su belleza. Himemiya la miraba, con una sonrisa dibujada en la cara y una expresión tan afable que hacía que la joven sintiera cierta predisposición a hacer cualquier cosa por ella. Y eso, la aterraba.

- Siento el retraso… - balbuceó.

- No se preocupe, llevo esperando encontrarme con usted señorita Utena desde hace muchos años… unos minutos más no son de importancia – Anthy volvió a sonreír cerrando los ojos y Utena comenzó a sentir que empezaba a ruborizarse.

- ¿Por qué dice eso? ¿Cómo que lleva esperando tanto por mí? – Utena estaba completamente desconcertada, no entendía nada de lo que estaba ocurriendo y a la vez quería saber más y más.

- Tome asiento, y no es necesario que me trate de usted, puede llamarme Himemiya

La joven asintió levemente y se deshizo de su chaqueta, colgándola con cuidado en el respaldo de la silla. Bajo la atenta mirada de Anthy, tomó asiento.

- Entonces… Himemiya ¿De qué nos conocemos? – arqueó una ceja, a fin de aligerar el ambiente que cada vez parecía ser más tenso, y sonrió.

- Usted, es mi príncipe – aquella afirmación parecía tan absurda que la primera reacción que provocó en Tenjou fue una risa nerviosa.

- ¿Príncipe? – recobró la compostura ante la mirada fija de la morena - ¿a qué te refieres con eso?

Himemiya la miró con ternura y acercó sus manos a las mejillas de la joven, acariciándolas con delicadeza. Utena notó una súbita calidez y un aroma que la embriagaba "¿qué es esta sensación?, cerró los ojos, "noto que ya he sentido esto antes…". El perfume de rosas de la misteriosa chica cada vez se percibía con más fuerza, la joven entreabrió los ojos a la par que sentía un ligero contacto en sus labios. Aquel aroma… aquel delicado tacto, el sabor dulce de aquellos labios… volvió a cerrar los ojos y se dejó llevar. No sabía exactamente qué pasaba, tan solo sentía que aquello era lo correcto.