Título: A través de mi Ventana

Autor: Chikanne-Chan

Fecha: 24 de Mayo de 2010

Capítulo 1: El pervertido

La vida no podía ser mejor. Tenía tiempo sin sentirse así de feliz, sin sentir que su corazón se aceleraba de esa manera y sin la sensación de mariposas en el estomago. Estaba emocionada...ilusionada quizás...

Ese día había sido sin duda especial, y ella estaba segura de que era el comienzo de algo grandioso.

El apuesto y afable muchacho de su instituto, ese que siempre tenía una actitud cordial y simpática le había comenzado a hablar desde hacía unas 2 semanas. Ella había mantenido su atracción por él en secreto, pero cada vez se le hacía más difícil, ya varias veces se había sorprendido mirándolo como una tonta en los recesos, observando sus movimientos, sus gestos...su sonrisa. Desafortunadamente para ella no pertenecían a la misma sección.

Por mucho tiempo no se atrevió a dirigirle la palabra, pero por alguna razón, él se había comenzado a interesar en ella, la buscaba en los tiempos libres y siempre trataba de entablar conversación...pero...ahora las cosas mejoraban...ese día, el joven se le había acercado con una sonrisa algo avergonzada...

- Hola...Higurashi... ¿Como estás hoy? – Le preguntó con las manos metidas en los bolsillos.

Kagome, que se encontraba sentada en una banca del patio del instituto mientras desayunaba, casi se ahogó con el jugo de naranja y volteó el rostro sorprendido a él, con el pulso comenzando a acelerarse. – Houyo...muy bien...¿y tú?

- Bien...- Respondió él simplemente en un encogimiento de hombros.

Pasaron los segundos y ninguno de los dos volvió a hablar, al parecer esperando a que el otro lo hiciera. El silencio se hizo pesado y eso torturó a Kagome, así que decidió que tendría que ser ella la que tomara la iniciativa esta vez, pero cuando pronunció una palabra el sonido de su voz de ligo con el de Houyo que también iba a comenzar a hablar, ambos callaron y rieron por la casualidad.

- Habla tú – Murmuró Kagome manteniendo una pequeña sonrisa.

- Bueno...solo quería preguntarte algo...- Dijo él finalmente, pero no la miraba, sino que tenía la vista fija en el suelo mientras que con su pie jugueteaba y pisoteaba la hierba.

Kagome tragó y lo observó expectante - ¿Si?

- Quería saber si podrías darme tu número telefónico...- Sonrió, mirándola esta vez, ella se sonrojo y se desvió la mirada alterada.

Tardó un momento en procesar, luego parpadeó varias veces – Si...si...claro...te lo daré...- Se calló un momento y se relamió los labios, tratando de no tartamudear por lo estúpidamente nerviosa que se sentía – Te lo daré a la salida...- Sonrió con levedad y el chico asintió luciendo entusiasmado.

Las horas en el salón de clases pasaron lentas y tortuosas para ella, que a menudo admiraba un pequeño papelillo en el que había puesto su numero, con dígitos grandes y cuidadosamente bien remarcados. A la hora de la salida, él la buscó y ella le extendió el papelillo al instante.

– Genial - Dijo el muchacho tomándolo y guardándolo en la chaqueta de su uniforme-te llamaré esta noche...esperaras mi llamada? – Preguntó alzando ambas cejas mientras daba pasos hacia atrás para marcharse, ella asintió efusiva, él le sonrió una vez más – Genial...- Y luego se marchó caminando, dejándola a ella con la respiración agitada y sin poder creer lo que había sucedido.

Cuando Kagome llegó a su casa lo hizo casi dando saltos, le dio un gran beso de saludo a su madre que la miró algo interrogativa por esa extrañamente jovial actitud para luego seguir en su labor de fregar los platos.

– Kagome, hoy vendrán a conocernos los nuevos vecinos...- Dijo la mujer, pero la joven ya estaba subiendo las escaleras mientras tarareaba una canción y por lo tanto no alcanzó a escucharla. Entró a su habitación, pero se quedó recostada a la puerta una vez que la cerró, llevándose una mano al corazón y percibiendo el fuerte latido de este.

- Houyo...- Murmuró, y se le salió un suspiro profundo. Hacía unos días no podía siquiera imaginar que algo pudiera pasar entre ellos, pero ahora...todo era tan posible... era como un sueño...ella, la virginal chica de 16 años por fin se había enamorado.

Se llevó una mano a la boca mientras cerraba los ojos, evocando el momento de su primer beso. Sería muy romántico -pensó - tenía que ser perfecto, tal y como en las películas, tal y como siempre lo imaginó. Sería a la luz del atardecer quizás, o bajo la lluvia...o bajo un cielo nocturno poblado de estrellas...o...o mejor tenía que dejar de leer tantas novelas románticas, se burló de su propia cursilería, sintiéndose algo avergonzada. Sus amigas constantemente la molestaban por ser tan soñadora e imaginativa, pero ella no podía evitarlo, amaba las historias de amor, y ahora que por fin una parecía estarle sucediendo a ella, sentía que estaba en las nubes.

Tiró su mochila al suelo, caminó un poco y encendió su equipo de música, puso el CD de una banda japonesa que le gustaba mucho y de la cual incluso tenía un gran póster colgando sobre la cabecera de su cama y después subió todo el volumen.

La música inundó la habitación, Kagome comenzó a cantar la letra de la canción que sabía de memoria, y, aprovechando que nadie podía verla, se dispuso a bailar alrededor de la recamara. ¿Qué tenía de malo? Si se sentía feliz, quería cantar, bailar, hacer lo que fuera para drenar un poco la emoción. No le importaba nada más.

He estado viviendo con una sombra sobre mi cabeza

He estado durmiendo con una nube sobre mi cama

He estado esperando por tanto tiempo

Esperando a que algo cambie mi vida

Se acercó a la repisa de su espejo y tomó un cepillo que uso como micrófono, luego bajo el cierre de su falda del colegio y esta callo al suelo, y siguió cantando, imitando a alguna estrella de televisión.

Todo lo que quiero es encontrar el amor

Yo podría hacerlo todo para encontrar el amor

Recordó unos pasos de baile que hizo una cantante, e intentó copiarlos, segura de que no lo intentaría en público por temor a que pudieran burlarse de ella, pero nada pasaría estando en su habitación.

He estado observando las estrellas brillantes del cielo

He estado buscando la señal

Se que está allá afuera

Allá afuera debe haber algo para mi corazón

Dio unas cuantas vueltas, siguiendo la canción. Aun conservaba su camisa de la escuela y sus calcetas. Las puntas onduladas de su cabello oscuro se habían alborotado.

Todo lo que quiero es encontrar el amor

Yo podría hacerlo todo para encontrar el amor

¿Y si tu me enseñas lo que es?

¿Y si me dices que hacer?

Yo estaría contigo hasta el final

La canción era una de sus favoritas, y por alguna razón se sentía más identificada con ella ahora. A medida que el ritmo fue terminando ella disminuyo sus movimientos, jadeante. Se peinó el cabello con los dedos y paso su flequillo detrás de su oreja, luego se agachó y recogió su falda del suelo, pero cuando se levantó, su vista se dirigió inconscientemente a la ventana de la recamara que había permanecido abierta, y entonces su corazón dio un tremendo vuelco y ella palideció mortalmente.

Su vista se había encontrado de pronto con la de un chico, que la miraba igual de asombrado al haber sido descubierto espiándola. El muchacho se encontraba recostado en el marco de la ventana de la casa vecina, la cual quedaba exactamente frente a la de Kagome, ambas ventanas solamente separadas por unos cuantos metros y un alto y añoso árbol.

El cuerpo de Kagome se paralizó, su estomago se contrajo, el aire se le escapó de los pulmones y del tiro sintió unas inesperadas ganas de llorar de vergüenza.

Sus ojos estaban fijos en el muchacho que después de un segundo se adentró raudo en su cuarto y no volvió a asomarse. Kagome entonces chocó con la realidad, pestaño varias veces, corrió a su ventana y la cerró de golpe, arrastrando luego la cortina lo más que pudo hasta que la habitación quedo casi en penumbras. Se quedó ahí un momento, apretando fuertemente la tela de las cortinas con las manos y tratando de normalizar su respiración.

Que pena...que vergüenza sentía...había hecho todo eso mientras que ese chico la miraba...quizás estaría pensando que era una loca o algo así. Agachó su cabeza y miró sus piernas desnudas, su cara enrojeció y a sus ojos se asomaron lagrimas, pero esta vez de ira. Apretó más los puños hasta que le dolieron. Maldito...era un asqueroso mirón, un pervertido... ¿Qué hacía él en la casa vecina? Esa casa había permanecido vacía desde el año pasado y hasta donde sabía nadie planeaba mudarse para allá.

Se terminó de quitar la ropa del colegio y se puso una más cómoda, mientras suplicaba para no tener que volver a cruzarse con ese degenerado nunca más en lo que le quedara de vida. Bajó las escaleras y se dirigió a la mesa, ya su madre tenía la comida lista, pero incluso el apetito se había desvanecido. En su estómago, donde antes habían miles de hormigas causándole un placentero cosquilleo, ahora quedaba una sensación amarga e incomoda. Al final recogió los platos y su madre le ordeno que fuera a botar la basura. Tomó una gran bolsa negra y salió de la casa solo para detenerse con la vista fija en la casa de al lado, en cuyo frente se encontraba estacionado un gran camión de mudanza.

Apretó los labios y su corazón se aceleró de pánico. ¿Desde cuando estaba ese camión ahí? No lo había visto al llegar del instituto...aunque...por esos momentos bien pudo haberla arrollado un auto y ella ni lo hubiera notado. Soltó la basura en un cubo metálico y corrió hasta su casa como si estuviera escapando del demonio. Maldición...esto no podía estar bien...ese chico...iba a ser su vecino...¿Cómo iba a mirarlo a la cara cada vez que se cruzaran en el camino? No se sentía capaz ni de hablarle...no después de lo que había pasado.

Estuvo el resto de la tarde encerrada en su habitación, sin abrir la cortina que había sido cuidadosamente arreglada para que no dejara pasar ni los rayos del sol. Decidió que no pensaría más en aquello. Simplemente era cuestión de evitar el tema de los vecinos, con suerte lo vería un par de veces a la semana al salir de la casa.

Sus cavilaciones fueron interrumpidas por el sonido de un teléfono. Ella abrió los ojos al instante y se abalanzó hacia el aparato para contestar olvidando por un momento su frustración.

- ¿Hola? – Murmuró conteniendo la respiración.

Hubo un segundo de silencio al otro lado de la línea, pero finalmente se dejó escuchar una voz que la hizo sonreír con ternura. – Hola Higurashi...

- Houyo...¿Como estas? – Kagome se había sentado en su cama y apegaba con fuerza el auricular a su oído.

- Muy bien..¿y tu?

- Bien...

Hubo otro silencio corto. Ella alejó un poco el teléfono por miedo a que él pudiera escuchar el agite de su respiración.

- ¿Te encuentras bien? – Preguntó de pronto de muchacho con un tono preocupado.

Kagome se extrañó ligeramente, a decir verdad, si estaba bien ahora que por fin estaban hablando, pero había una sombra que le impedía sonreír completamente. Por un momento pensó que Houyo realmente podía definir su estado de animo con facilidad, era definitivamente su alma gemela – Si...si...lo estoy...¿Por que lo preguntas?

- Tu voz...esta un poco apagada...- El chico suspiró y ese sonido hizo que ella enrojeciera – Quería saber que harías el viernes en la tarde.

- Nada – Respondió Kagome al instante, luego retractándose por ser tan impulsiva.

- Entonces me preguntaba si querías ir al cine conmigo...es el estreno de una película que...

- ¡Si quiero! – Lo interrumpió, sin contener el tinte de emoción en su voz. Escuchó la sonrisa del chico.

- Muy bien, quedamos así...¿nos vemos mañana?

Kagome no respondió al instante, pensando que quizás era un sueño todo aquello, que quizás en poco tiempo despertaría. Era Houyo Uchida...Era él quien la estaba invitando a salir...solo a ella...

- ¿Sigues ahí?

Despertó cuando él volvió a llamarla.

- Si...nos vemos mañana, buenas noches – Respondió acelerada.

- Buenas noches Higurashi – Fue lo ultimo que ella escuchó antes del molesto pitido que le anunciaba que había se había acabado la llamada.

Dejó caer su cabeza para atrás y cerró los ojos. Otra vez estaba feliz. No iba a dejar que un pervertido opacara ese sentimiento, no señor, por ella que se muriera y que pensara que era una loca si quería, al fin y al cabo era normal bailar en tu propia habitación...pero no era normal espiar a la gente ¿o si?

Ya era de noche cuando bajó las escaleras y se dirigió a la cocina. Al pasar cerca de la sala escuchó unas voces que no le eran familiares. Arrugó el entrecejo extrañada.

- ¿Kagome? – La llamó su madre. Ella se detuvo y luego caminó hasta el umbral de la puerta de la sala – Conoce a nuestros nuevos vecinos, los Taisho – Le dijo la mujer con una sonrisa, pero ella no reaccionó. Se había quedado de pie en el umbral, sin siquiera respirar.

Era él, sentado como si nada en los muebles de su casa. Pero no alzó la cabeza para mirarla cosa que la irritó demasiado, y se sintió sulfurada, con ganas de sacarlo a patadas de ahí.

- ¿Quieres más té Inuyasha? – Le ofreció su madre al joven, pero él negó gentilmente.

Inuyasha. Ese era su nombre. Ese era el nombre del pervertido. Si esta fuera su primera impresión de él, y a juzgar por su apariencia, hubiera podido incluso llegar a pensar que era un buen chico...pero no...no lo era, era un mirón, y no le dirigiría la palabra a un desvergonzado como él, jamás.

Continuará...


Les agradezco a quienes tomen un poco de tiempo y lean la historia, espero y sea de su agrado. Los fines de esta son entretenerlas y hacerlas pasar un buen momento leyendo al igual que para mí escribiendo.

Un besote y nos vemos prontito. ;)

Att: Chikanne-Chan