Sip…aquí está el final de este fic.

Me siento muy agotada, pero sobre todo feliz. Fue arduo escribir esto, más que ningún otro capítulo…pero siempre he creído que cuando te esfuerzas en algo, al final el resultado te parece más satisfactorio. Al menos a mí me gusta, no se a ustedes jeje…

Lo he hecho muchas veces, pero igual quiero volver a agradecerles a todas de nuevo…gracias por haber leído...

Y bueno, también acepto que me siento un poco triste…quizás en este momento estoy muy dormida como para sentir algo realmente, pero estoy segura que por la mañana será distinto…después de todo pasé MUCHO tiempo recordándome "ya tienes que escribir la continuación de A través de mi Ventana"…y ahora eso se ha acabado T_T …se siente bien, de cualquier forma…es un trabajo terminado.

Recibí muchas fuentes de inspiración para esta historia, entre esas está el manga I'm in love with my Little sister, el anime Marmalade Boy, el dorama Escalera al Cielo, la película It's a boy girl thing, la novela Irresistible de Lisa Kleypas, y otras más que ahora mismo no puedo recordar. (Estoy viendo borroso .)

Enn fiiiin! aquí me despido…no sé si seguiré escribiendo…probablemente si ya que tengo muchas ideas, pero luego lo decidiré… Ojalá me esperen hasta entonces.

Att: Lazzefire.


Capítulo 29: "Lo que el destino quiere"

- Kikyo está esperando un hijo mío.

Inuyasha fue rápido y sincero. Sombría calma y desaliento bordeaban su voz. No levantó ni un instante los ojos de ella, alerta, esperando una reacción de su parte. Al principio había estado esperando que ella gritara o llorara de un momento a otro, indignada por la noticia…

Pero no…

La expresión de felicidad al verlo por fin llegar a su apartamento había sido súbitamente reemplazada por una expresión ilegible…Inuyasha trató de comprender lo que mostraba su rostro, pero no hubo necesidad, porque de pronto ella se deslizó hacia el piso en un desmayo, o lo hubiera hecho si no hubiera sido atajada rápidamente.

- Kagome! - Llamó él mientras la sostenía. Los brazos de ella cayeron flácidos a los costados…realmente estaba inconsciente.

Con cuidado la depositó a lo largo del sofá y se arrodillo a su lado, tomando su mano y apretándola entre las suyas. Inuyasha sintió su respiración volverse temblorosa mientras fuertes punzadas de aprehensión y abatimiento lo golpeaban. No se había esperado esto…ciertamente había esperado que ella llorara enojada o algo así…pero no esto. Quizás eso quería decir que el golpe había sido peor? Que había sido tan duro que sus sentidos voluntariamente habían preferido dormirla para no tener que tratar con la situación?

- Kagome…despierta…- Le dio unas ligeras palmaditas en la mejilla, pero luego se rindió con eso y se levantó. Quizás si iba a la cocina por un poco de agua y luego la salpicaba…

Un leve gemido lo alertó justo cuando estuvo de regreso, listo con el vaso de agua en su mano. El se detuvo, a tiempo para verla abrir los ojos y parpadear al techo lentamente. – Kagome, estás bien? – Preguntó rápidamente mientras se agachaba de nuevo su lado. Ella ya se las estaba arreglando para sentarse lentamente, por un momento miró a Inuyasha, aun pareciendo desorientada, hasta que sus ojos se abrieron un poco más mientras los frescos recuerdos volvían y la hacían apartar su rostro para observar estoicamente el suelo ante ella. Inuyasha decidió permanecer callado, pero al final la presión logró sacar lo mejor de él y la llamó con un ápice de desesperación…necesitaba que lo mirara directamente y le dijera lo que estaba pensando…ella no lo miró…pero le habló. Su cristalina voz pareció irrumpir en el frío del lugar como una campana.

- ¿Estás seguro que realmente está embarazada? ¿Estás seguro que es tuyo?

Inuyasha endureció la quijada mientras bajaba la vista.

– Está embarazada…lo comprobamos…ella juró que era mío.

Kagome no se movió. Miraba pasivamente el jarrón de una mesa.

- Ellos…- El muchacho se relamió los labios – quieren que me case con Kikyo en una semana. Quise evitarlo, les dije que aunque no estuviéramos casados me haría cargo de mi hijo, pero no quieren escuchar…lo único que quieren es unirnos a Kikyo y a mí lo más rápido posible.

Su silencio lo estaba llevando a su límite. No tenía idea de lo que podía estar pasando por su cabeza ni viendo su rostro, y ahora ni eso podía hacer, porque su cabello se había deslizado hasta cubrir un costado de su cara…Inuyasha no tuvo el valor suficiente de acercarse y hacer el cabello a un lado, temía que ella estuviera llorando y que alejara su mano con un golpe. No sabía si estaba bien tocarla. Aun así se apresuró a seguir hablando.

- Pero…pero eso es lo que ellos quieren. No estoy planeando hacerlo…recuerdas? Eso fue lo que acordamos, que nos fugaríamos…aun está la oferta. Yo no voy a casarme con Kikyo.

Por fin ella levantó su mentón y lo encaró. Inuyasha se paralizó, ella no estaba llorando, pero tampoco habían muchas otras emociones en su cara.

- ¿Eso es lo que quieres? ¿Huir conmigo?

Por la forma en que lo había dicho, casi parecía como si ella fuera a despreciarlo si decía que si…lo hacía sonar como algo bajo y desagradable…Inuyasha carraspeó. - Bueno…eso es lo que ambos queremos…no?

- Eso era lo que ambos queríamos. Antes de enterarnos de esta pequeña noticia. – Respondió ella llanamente – Hay alguien más de por medio ahora, tu hijo.

Inuyasha frunció ante eso – Si, lo sé…pero…nunca dije que iba a dejarlo desamparado…no te pongas terca como ellos.

Kagome tomó un profundo respiro, observando la pared frente a ella – Sabes que si vienes conmigo, ese niño no va a poder disfrutar de su padre como debería…como se supone que debe ser. No podría vivir conmigo misma sabiendo que soy la causante de eso.

- ¿De qué estás hablando? No serás la causante de nada! Sólo no voy a vivir con él...no dejaré de ser su padre por eso – Trató de razonar Inuyasha.

- Un niño necesita a su padre. Tal vez tú no lo sepas, pero realmente es difícil no tener a papá a tu lado cada vez que lo necesitas.

Inuyasha se puso de pie– Claro que lo sé – Remarcó él – No sé si lo notaste, pero mi padre tampoco estuvo mucho tiempo a mi lado a lo largo de mi vida…!

- Entonces sabes que duele – Kagome lo miró – Aun así quieres hacerle eso a tu hijo? Yo tuve que resignarme a ello porque no tuve opción, pero tu hijo la tiene.

El no supo qué más responder a eso. Su boca trabajó, pero ninguna palabra salió. Estuvo por rendirse, hasta decidir que debía decir lo único que realmente sentía con fuerza dentro de él.

- Esto no me hará renunciar a ti.

Lo dijo en tono bajo, pero firme. Esperó notar algún tipo de esperanza elevarse en ella, pero todo lo que obtuvo fue la misma vista de su pálido e inexpresivo rostro.

- No te das cuenta, verdad?

Inuyasha arrugó la frente – Darme cuenta…de qué?

- De todo, de todo lo que ha pasado…de todo lo que hemos pasado. Nos amamos, pero apenas hemos podido ser felices sin que algo o alguien interfiera.

Inuyasha escuchó atento, tratando de ver a qué quería llegar.

Kagome bajó la cabeza y apretó sus puños sobre sus muslos – Cada vez que por fin creo que vuelves a mi…pasa algo…algo que te aleja aun más de mi alcance…y termino sufriendo. Es como si el mundo se opusiera a nosotros. No, más bien como el destino.

- No me importa el destino – Inuyasha rápidamente se arrodillo frente a ella sin dudarlo esta vez y apartó su cabello, dejando sus manos a ambos lados de su cara. Sus ojos estaban tristes y vacíos. – Lo hemos desafiado tantas veces, podemos seguir haciéndolo.

- No. No podemos…yo no puedo…no puedo más – Kagome observó apaciblemente las profundidades de sus ojos – Inuyasha… quizás esto nunca debió ser…nunca debió pasar…tu y yo jamás debimos cruzar ese árbol. Debimos ser los simples vecinos amigos que se saludan de vez en cuando, o que se detestan y no se hablan.

- Pero nos hablamos, Kagome, cruzamos el árbol, nos enamoramos…y todo debió ser por el mismo destino del que estás hablando… – Dijo Inuyasha roncamente y en un corto pero rápido movimiento atrapó sus boca, intentando con fervor transmitirle toda la fuerza y el amor que sentía por ella. Pensó que Kagome no respondería, pero lo hizo, sintió sus labios temblar levemente antes de moverse y acariciar los suyos. Inuyasha se separó lentamente– Tonta, no digas esas cosas. No puedes dejarme otra vez…

- Necesitamos aceptar esto, por favor - Su voz tembló ante su petición – Tu necesitas proteger el puesto por el que tanto te esforzaste, ir con tu futura esposa, ayudarla en su embarazo, ver crecer a tu hijo. Tienes una vida prometedora por delante.

- No lo es si no te incluye a ti – Respondió él planamente.

- Entonces tendremos que aprender a vivir con ello. Así como lo hicimos la última vez…- Ella sonrió tenuemente y con delicadeza tomó sus manos para alejarlas. Se puso de pie y dio unos pasos dándole la espalda – Puede que nunca consiga dejar de amarte, pero como cuando te fuiste de Japón, quizás sea capaz de contenerlo todo dentro de mí. Es lo mejor que puedo hacer.

- ¿Cómo puedes decir eso tan fácilmente! – Ella lo escuchó patear algo, pero no se giró para ver. Se escuchaba furioso. – Me estás pidiendo resignarme a una vida infeliz con una mujer que NO amo? Prácticamente son las mismas palabras de mi padre! ESTAS DECIDIENDO MAL. A quien quiero es a ti. PUNTO. Ahora ve a hacer tus maletas, nos vamos de aquí!

- No.

- ¡Kagome!

- Oblígame.

- ¡No lo dices enserio!

- ¿Quieres ver que sí? – Kagome se giró bruscamente, alzó una mano hasta su cuello y en un rápido movimiento arrancó su cadena. Inuyasha se congeló mientras ella se acercaba hacia él con determinación y extendía su mano. – Toma. Te la devuelvo.

Inuyasha miró su mano como si hubiera un animal venenoso en ella. - ¿Por qué hiciste eso?

- Si alguno de los dos tiene que comenzar a ser ético aquí, estoy dispuesta a ser yo. – Al ver que Inuyasha no se movía fue ella quien dio el paso faltante e introdujo el dije y la rota cadena en el bolsillo de su chaqueta. – Has lo que quieras con ella. Ya no importa.

Inuyasha sintió como si algo se rompiera dentro de él mientras la veía alejarse y abrir la puerta. Ella no dijo nada, pero era una clara invitación para que se marchara.

Con una fuerte ola de decepción, comprendió que ella estaba decidida. Ya no tenía nada que hacer allí. La mujer que amaba incluso tenía algo de razón en todo esto…pero hacer lo que la razón dictaba no siempre se sentía bien.

Con lentos pasos él avanzó hacia la puerta, pero se detuvo antes de salir.

- Espero que sepas…que estás sacrificando la felicidad de ambos.

- Lo sé. – Fue su corta respuesta. Luego de eso él simplemente salió, y ella simplemente cerró la puerta.

Kagome dejó reposar su espalda contra la pared en busca de apoyo, porque sentía que sus rodillas no podían sostenerla más. Con una letárgica mirada, se dio cuenta del repentino vacío que había ahora dentro de ella. Se sentía condenadamente sola.

- No puedo creer que ella va a ser la madre de su hijo…- Murmuró.

Era pasado el medio día mientras un continuo y fluido sonido de tecleo llenaba la moderna oficina. Sólo se detuvo cuando Sesshomaru levantó ambas manos para masajear sus sienes, tratando de aplacar su palpitante estrés. Con una aburrida mirada se hundió y giró en su silla de cuero para encarar la ventana tras él, que se extendía desde el suelo hasta al techo regalándole una ventajosa visión de la ciudad.

Se sentía algo flojo últimamente. Quizás porque sabía que había fracasado definitivamente con cierta joven, y también en parte porque su orgullo de Taisho estaba por el suelo, lo cual no era algo muy bueno. Pero tenía que aceptar que el lado levemente rencoroso y vengativo de su conciencia se había sentido bien de saber que su hermanito no podría disfrutar por mucho más tiempo de Kagome.

Ahora Inuyasha iba a ser forzado a casarse mucho más pronto de lo planeado, y lo que era peor, comenzar a criar un hijo. No había manera de que pudiera salirse de esta.

Lo compadecía ligeramente…

Y en cuanto a Kagome… simplemente tendría que quedarse sola.

Aun la quería, pero ciertamente estaba dispuesto a hacer un lado ese sentimiento con el fin de hacerla pagar por lo que había hecho. No podías traicionar a Sesshomaru y salir libre de eso.. Una muy pequeña parte de él esperaba que ella viniera rogando y pidiendo perdón, en cuyo caso tendría que valerse de su enorme orgullo y forzarse a rechazarla considerando que ya le había dejado claro que no tendría segundas oportunidades…si…quizás eso haría…pero otra mayor parte dudaba que tuviera el placer de verla volviendo a él como un cachorrito desamparado. Al igual que él Kagome también era decidida, de carácter fuerte, y tenía su dignidad. Esas eran algunas de las cualidades que más le gustaban de ella…así que no vendría pronto por él.

Y entonces qué? Sesshomaru pasaba a estar soltero de nuevo…algo que no estaba totalmente mal, pero tanto tiempo con Kagome lo había acostumbrado a estar al pendiente de una sola mujer…no tenía planeado volver a sus años de locura en los que a penas recordaba el nombre de la chica con la que se había divertido la noche pasada, podría pasar, pero no era su objetivo.

Incluso podía decir que su gusto por las mujeres se había estandarizado. Antes, como cualquier hombre, se desvivía por las chicas bustonas y de curvas pronunciadas, con piel trigueña si era posible para darles un toque más exótico y seductor…y aunque no estaría mal pasar el rato con una de ese tipo, francamente ahora se sentía más inclinado a las chicas menudas, que fueran mucho más bajas que él y de aspecto algo inocente, de esas con una risa dulce y ligera y fáciles de hacer sonrojar. De ese modo sentiría más placer de protegerlas y consentirlas…

Pero no habían candidatas. No conocía muchas chicas que encajaran en esas descripciones, exceptuando a Kagome…a Kagome y a-

Su joven secretaria escogió ese momento para entrar, sus manos ocupadas con algunos documentos y una taza de café mientras portaba una sumisa sonrisa como siempre.

Sólo entonces el joven hombre pareció reparar verdaderamente en ella. Se quedó observándola extrañamente, tanto que ella lo notó y parpadeó perpleja.

- ¿Pasa algo jefe?

Sesshomaru aplacó su penetrante mirada de inspección sacudiendo suavemente su cabeza y suspiró, mientras comenzaba a apilar distraídamente algunos papeles - No, nada…que traes allí?

- Los documentos del señor Matsushiro. Dice que espera una respuesta de su parte para esta misma tarde…

- Dile que caí en coma y que no podré responder en un tiempo – Exclamó con molestia – Tengo mucho trabajo como para darle prioridad…

Rin rió suavemente y se detuvo cuando su jefe volvió a levantar su rostro. – Uhm…- La joven bajó la mirada hacia la taza de porcelana en su mano – También traigo su café…tal como le gusta.

- Un poco de reconfortante medicina para combatir el estrés – Sonrió Sesshomaru cerrando algunos documentos– déjalo por aquí.

Rin avanzó obedientemente para rodear el escritorio y dejar la taza a un lado cercano a él, pero justo antes su pie tropezó con la esquina del escritorio.

El café salió volando, igual que Rin, quien se preparó para recibir un impacto…pero en vez de eso golpeó contra algo mucho más suave que el suelo.

Pasaron unos momentos para que los sentidos de la jovencita volvieran luego de abrir los ojos y parpadear. Había caído en una posición algo íntima. Una pierna de Sesshomaru se había encajado entre las suyas, sin hablar de que su falda se había alzado lo suficiente para dejar ver algo de su rosa lencería. Fue entonces que notó que las manos de Sesshomaru la sostenían estratégicamente desde la cintura y rápidamente se tensó e intentó enderezarse poniendo ambas manos en el pecho de su jefe.

- ¡Lo siento! – Su cara estaba tan acalorada que le ardía – De verdad lo siento, s-soy una torpe… – Siguió disculpándose un poco más hasta caer en cuenta de repente de que el hombre no había hecho demasiado esfuerzo en ayudarla a salir de esa posición, ni tampoco parecía especialmente preocupado por la caliente mancha de café en su blanca camisa. El corazón de Rin golpeaba desesperado contra su pecho mientras se veía profundamente perturbada y Sesshomaru tan sólo la observaba con calma desde su posición bajo ella.

- ¿Te habían dicho lo hermosa que te ves desde esta distancia?

La muchacha tragó lentamente – N-no…

- ¿No? – Sesshomaru sonrió dejando mostrar su blanca dentadura – estoy feliz de ser el primero en notarlo.

Oh si, definitivamente había encontrado a su candidata.

- ¡No puedo creer esto! – Gritó Sango, caminando en círculos alrededor de la sala mientras Miroku sólo observaba calladamente la ciudad sentado a lo largo del marco de la ventana. – ¡Es un idiota! Si le pusiera mis manos encima juro que-

- Cálmate, no la estás ayudando – Murmuró Miroku sin dejar de pelar la naranja en su mano. Kagome no dijo nada desde su posición en el sofá.

- Pero es que es insano…primero viene a revivirle las ilusiones a Kagome para luego darle ese golpe tan bajo! Se va a CASAR en menos de una semana! Por qué nadie más parece estar alarmado sobre esto? Y no has visto el periódico? De todo lo que hablan es de la estúpida boda!

Miroku suspiró – No es como si él pudiera evitarlo. Se realista Sango, Inuyasha va a ser padre. Si no estuviera ese detalle de por medio estoy seguro que no sería tan difícil salir del compromiso con la modelo…pero ese no es el caso ahora…Inuyasha no puede evadir su responsabilidad.

- Todo esto me aturde…- Sango por fin se detuvo y apretó los puños – es tan injusto…aun así creo que él debería hacer todo en su poder para evitar ese matrimonio…

- Ya déjalo.

Ambos miraron a Kagome. Era la primera vez que hablaba en un buen rato.

– No hay nada que pueda hacer al respecto. Inuyasha se casará con Kikyo y será el fin de todo esto, ya lo he aceptado – Dijo mirando vagamente el periódico sobre la mesa que mostraba a los dos jóvenes y hermosos novios posando tranquilamente. A un lado había una elegante invitación de boda para dos personas…aunque a juzgar por el temperamento de Sango en poco tiempo probablemente estaría reducida a cenizas.

– No puedo creer que estés diciendo eso! – Masculló Sango y avanzó hasta sentarse a su lado con una dura expresión, pero Kagome parecía igual de distraída – Sufriste todo este tiempo sin él, pero de alguna manera Inuyasha regresó a ti. Y quieres darte por vencida a este punto!…eso no es de ti! Habla con ese torpe, váyanse lejos si es necesario, no dejes que se case con esa mujer que sólo hará su propia vida infeliz, y si tiene un hijo bien puede encargarse de él sin estar casado, así que esa no es una excusa, Kagome! – Sango tomó su mentón y la giró para hacer que la encarara de una buena vez – Ya me harté de esa actitud ¡Deja de pretender que esto no te interesa! – Su mirada se suavizó de pronto con perturbación al notar los ojos de su amiga, llenos de una plana y lúgubre oscuridad. Sango tragó sin poder evitar que un fuerte sentimiento de pena y compasión la azotara – Kagome…

- No lo contengas…- Dijo Miroku tranquila y seriamente al otro lado de la habitación.

Con lo obstinada que estaba siendo, naturalmente trató de resistirse un poco más… pero no tomó mucho para que Kagome sintiera su resolución desplomarse bajo todo su peso y su rostro se derrumbara con desesperación mientras caía en los brazos de Sango y desahogaba su corazón. Sango rápidamente colocó sus manos conciliadoramente en sus hombros mientras Miroku la observaba con una reprimida expresión.

- No pedí esto! – El grito de Kagome salió amortiguado - siento que voy a explotar con todo esto que siento dentro de mí, pero al mismo tiempo me siento tan vacía! Qué es esto!

- Es depresión - Le dijo Sango gentilmente.

- Sí, bueno apesta! – Reprendió Kagome – No puedo decirle que vuelva, no puedo estar más con él...lo amo tanto que es muy doloroso. El y yo simplemente no podemos estar juntos! Quiero que se vaya…quiero ser feliz de nuevo, pero cómo puedo hacer eso sin olvidar a Inuyasha! Y una gran parte de mi no quiere olvidar a Inuyasha! Aun si eso significa estar libre de este dolor! Creo que voy a morir…estoy…tan confundida- Su voz se debilitó en un susurro sin aliento.

- Sólo es tu corazón roto el que habla…- Murmuró Sango.

- Si - lloriqueó ella –Cuando se fue…rompió mi corazón…y todas las veces que no llamó…rompió los pedazos de mi corazón en pequeños fragmentos…y cuando comenzó a salir con Kikyo rompió mi corazón y lo destrozó…cuando la besó rompió mi corazón y lo destrozó…ahora Kikyo será la madre de su primer hijo, Inuyasha está obligado a casarse con ella y mi corazón está destrozado otra vez…y otra vez…- Ella temblaba en silencio mientras los sollozos golpeaban su frágil forma - Hubo tantas veces que este corazón pudo romperse que creo que ya no resiste más…no hay caso en seguir intentándolo.

Los otros dos adoptaron impotentes expresiones, pero luego volvieron su atención a Kagome mientras esta se incorporaba y secaba sus lágrimas con su antebrazo con una nueva y decidida expresión – Pero está bien...de todos modos ya decidí lo que tengo que hacer.

- ¿Qué harás? – Preguntaron ambos al unismo.

- Bueno, considerando que exactamente no tengo planeado quedarme a ver el feliz matrimonio, y no quiero arriesgarme encontrármelos por casualidad en un futuro cercano…creo que lo que me queda es…irme.

- ¿Qué! – Sango saltó mientras a Miroku se le resbalaba la naranja de las manos – A donde piensas ir?

Kagome se encogió – América…pero qué importa de todos modos? Es mi turno para desaparecer. Tengo una vieja amiga viviendo allá, dice que puedo quedarme con ella. Ya elegí una buena universidad a la que me puedo trasferir… también tendré que buscar algún empleo mientras… estaré bien por un tiempo, luego veré que más hacer.

Sango movió su cabeza aun en shock – No puedes irte.

- Si puedo, y lo haré. – Kagome observó el suelo con seriedad –este lugar sólo me hará sentir incómoda de ahora en adelante. Por tanto como permanezca aquí jamás podré recuperarme…y también lo hago por Inuyasha, para que pueda concentrarse en su matrimonio sin mi llorando a su alrededor. Es algo que necesito hacer.

- Realmente crees que yéndote podrás conseguir que él se aferre a su matrimonio? – Preguntó Miroku escépticamente. Kagome lo miró y sonrió de medio lado.

- No lo sé. Eso sólo puede decidirlo él…pero no estaré aquí para saberlo.

Sango y Miroku intercambiaron tensas miradas. Al parecer Kagome estaba decidida…no había nada que pudiera detenerla de irse ahora.

La empleada juntó sus manos mientras observaba deslumbrada a la joven novia.

- Se ve tan hermosa…

Kikyo miraba su propio reflejo en el espejo, luciendo un largo y caro vestido blanco cuya vaporosa falda de tul francés caía como una cascada hasta acariciar el suelo. El ajustado corpiño se ceñía a su ya de por sí esbelta cintura al tiempo que un delicado escote con corte de corazón bordeaba sus senos. El vestido además parecía brillar con luz propia, o mejor dicho, luz proveniente de los numerosos detalles hechos con incrustaciones de diamantes de swarovsky que se esparcían esporádicamente por la cremosa y sedosa tela.

Kikyo ubicó a su madre a través del despejo – Y bien…qué piensas de este?

La elegante mujer la observó de arriba abajo críticamente - creo que se ajusta a ti…- Exclamó, sentada de piernas cruzadas en el sofá cercano – Aunque quizás te verías mejor con ese mismo modelo en color marfil…resaltaría más tu piel.

- Puedo traerlo enseguida – La joven empleada se apresuró hacia las puertas pero fue detenida por la novia.

- No. Quiero este, quiero casarme de blanco. – Repuso ella.

Su madre frunció – Al menos puedes tratar de verlo para juzgar. Digo que te pruebes el otro vestido.

- NO – Remarcó Kikyo y se volteó para verla directamente – Es mi boda, mamá. Esta vez no estoy eligiendo el atuendo para una simple sesión fotográfica…deberías dejarme decidir por esta vez no lo crees?

Ella se giró de nuevo y suspiró hondamente, alisando obstinadamente alguna arruga invisible de su falda mientras su madre permanecía imperturbable – Como quieras…- Dijo antes de levantarse y caminar para subir los escalones de madera que conducían al área rodeada de espejos en la que estaba Kikyo. Una vez tras su hija le sonrió conciliadoramente observándola por el espejo y colocó sus manos sobre sus hombros – Siento si soy un poco dura a veces, pero esto es algo realmente importante…te casarás con el hijo de los Taisho.

Kikyo siguió mirando su propio rostro seriamente.

- ¿Por qué tienes esa expresión? - La mujer se inclinó a su lado antes de parecer comprender– Oh, ya veo…sé lo que te sucede. Bueno, te tomó por sorpresa lo de tu embarazo, pero al fin y al cabo eso fue lo que nos ayudó a atrapar a Inuyasha…deberías estar agradecida, ya que sin esto no hubieras podido retenerlo contigo. – Comentó casualmente, Kikyo apretó su mandíbula desapercibidamente. – Y también hay que agradecer que el pequeño aun no se muestra para que puedas caber en este vestido y verte así…aunque es normal, es muy pronto para que se muestre…sólo llevas poco más de un mes, no?

Ante eso la mirada de Kikyo se tensó, mientras se llevaba una mano a su aun plano estómago. Miró a su madre y asintió muy levemente – Si, un mes.

- Está bien. Ya debemos irnos…debemos pasar por la joyería para recoger tus accesorios para la boda. Ve a cambiarte.

Con un débil suspiro la muchacha se dirigió de nuevo al iluminado cubículo y rápidamente la empleada entró con ella para ayudarla. Mientras la chica se concentraba en desamarrar los numerosos cordones tras su espalda, Kikyo dirigió su oscura mirada a un rincón por unos momentos, pero rápidamente se obligó a comprimir y desvanecer ese latente miedo. No tenía caso sentirse así. Después de tantos esfuerzos y frustraciones finalmente había logrado desplazar lejos a Kagome Higurashi y en tan sólo tres días Inuyasha se casaría con ella, todo estaba saliendo en orden y según lo planeado… debía centrarse en eso…

El sol del medio día estaba en todo lo alto, iluminando el limpio y despejado cielo azul mientras el suave suspiro de las olas del mar subía por la empinada cuesta hasta el balcón del restaurante. Afortunadamente no había mucha gente en ese momento en el balcón, así que los dos jóvenes podían relajarse un momento con el paisaje y una fría bebida…bueno, al menos Inuyasha lo estaba haciendo hasta que Miroku decidió hablar.

- Sólo faltan dos días…- Murmuró distraídamente.

El otro apretó los dientes y gruñó por lo bajo – Lo sé, Miroku…no hay necesidad de que me lo recuerdes.

- Lo siento…- Miroku resopló levemente – pero es difícil de evitar…vaya, quién iba a decirlo – Exclamó negando con la cabeza antes de reclinarse más en la silla, haciendo un ruido al chupar la pajilla de su ya casi vacía bebida. Hacía calor, pero el extenso parasol de la mesa les propinaba una refrescante sombra.

- Sabes? Es extraño...

Miroku dejó de sorber aire con burbujas de su pajilla para mirar a Inuyasha, quien observaba con fijeza el horizonte donde el mar se unía con el cielo en la distancia.

- La vida da giros realmente bruscos algunas veces. No puedes predecirlos, no sabes lo que pasará de un momento a otro…- Murmuró Inuyasha pensativamente – Todo tu mundo como lo conoces puede cambiar en cuestión de un instante…es duro…pero creo que a al final, esa es la emoción de vivir. Creo que si todos supiéramos lo que vamos a comer al siguiente día, o si supiéramos si aprobaremos ese examen de la semana que viene...o si supiéramos cuándo moriremos…entonces qué sentido tendría vivir?

El otro lo observó, escuchándolo en silencio.

- Eso es el destino. – Asintió Inuyasha – Kagome me dijo que debemos resignarnos a nuestros destinos…ella le teme a esos cambios bruscos que suceden de repente, por eso quiso ponerle un fin a las cosas. Pero yo creo que no debió haberlo hecho. La emoción de la vida también está tratar de forjar tu propio destino como quieres que sea…pero ella dice que ya no tiene fuerzas para eso…- Inuyasha desvió la mirada del mar y la posó sobre algunas gaviotas que sobrevolaban los alrededores de la costa – dice que no puede seguir soportando que me vaya de su lado…y temo que es muy terca como para que yo pueda hacerla cambiar de opinión. Por eso voy a tener que resignarme a un destino que no deseo, pero el cual todos a mi alrededor me dicen seguir…incluso Kagome…

Miroku dejó su vaso sobre la mesa antes de cruzarse de brazos retrospectivamente – Kagome realmente está cansada de sufrir por ti. – Dijo sin rodeos - De hecho creo que no tengo demasiados recuerdos de Kagome siendo verdaderamente feliz a tu lado, unos pocos de un día en la cafetería…recuerdo algo de una ida al cine, pero principalmente recuerdo un desastre con mantecado…Sango sobre Kagome…- Miroku sonrió ensoñadoramente antes de sacudir su cabeza y regresar al asunto en mano – Como sea, mi punto es que esta relación ha sido un poco tormentosa como para que el frágil corazón de una chica como ella pueda resistirlo…un corazón que ha sido roto y roto, no me preguntes como lo sé, solo lo sé. Por lo tanto es lógico que ella sienta miedo de estar contigo. Es como si voluntariamente se ofreciera a recibir otro golpe…

- Cuando lo dices así…- Inuyasha pasó cansadamente una mano a través de su cabello – Qué ironía…lo único que he querido desde que la conocí es verla feliz, pero parece que he hecho todo lo contrario…y lo peor de todo es que no creo poder enmendarlo…no si las cosas siguen a este paso.

- Creo que podrías enmendarlo si no hubieras embarazado a la que muy pronto será tu esposa …

Ese fue un golpe doloroso. Inuyasha ya sabía muy bien que esa era la razón del desastre actual, pero aun así escucharlo era muy desalentador…

- No planeé esto...no hubo una sola vez en que no haya usado protección al estar con Kikyo, pero creo que ambos nos confiamos al respecto. Esos métodos no siempre son infalibles…en este caso fueron muy… "falibles"…

- De no ser porque tienes esa gran responsabilidad sobre ti, aun podrías esperar que Kagome quisiera intentarlo de nuevo…- Miroku cabeceó sabiamente – Aun podrías ir tras ella antes de que se fuera.

- ¿Antes de que se fuera? - Inuyasha levantó la mirada con un pequeño frunce y Miroku parpadeó recién notando lo que había dicho.

- Uh…

- Kagome, piénsalo un poco más. – Pidió Sango por sobre el ruido de los terminales. No quería apartarse de ella, sabía que debía estar asfixiándola, pero no le importaba mucho en el momento.

- Ya lo he pensado demasiado. – Respondió Kagome con voz apretada, sonriendo con su mejilla aplastada al costado de la cabeza de Sango. – Vamos…no estés tan triste…o yo también lo estaré…por favor, apóyame en esto.

Sango se sonó una vez más antes de finalmente suavizar el abrazo y despegarse levemente – Cómo puedo decir que te apoyo cuando en realidad es todo lo contrario? Vas a dejarlo todo atrás…qué hay de tu familia?

- Tuve una larga charla con mi familia. Ellos lo entienden y dicen que si es lo que realmente quiero, lo aceptarán…- Sonrió – Y no es como si nos estuviéramos despidiendo para siempre…volveré para navidad…

- Si pero…- Sango miró alrededor por alguna otra excusa – Ah! Si, Sesshomaru…realmente te ama, quizás puedas intentar de verdad ser feliz con él y esta vez- Ella se interrumpió cuando Kagome comenzó a reír tenuemente y a negar con la cabeza.

- Tú y tus ideas…- Kagome suspiró – Sesshomaru… no tengo derecho a volver a molestarlo, intentar volver con él sería faltarle el respeto después de lo que le hice. Además yo lo aprecio mucho, pero no lo amo ni podré hacerlo nunca…y estoy segura de que si alguna vez él me amó, yo misma me encargué de desaparecer esos sentimientos…por lo tanto no tiene caso si quiera pensar en ello...y de verdad le agradezco todos los años que estuvo allí por mí, para evitar que sufriera por la lejanía de Inuyasha, pero ahora…- Kagome apretó un poco más la correa de su bolso – ahora no habrá nadie para evitar que sufra al verlo casado y con un hijo, por eso estoy tomando esta decisión…comprendes?

Sango sollozó mientras ladeaba un poco el rostro hacia la pared de vidrio a su lado. Una larga y e inmensa pista gris se extendía como un mar de concreto hasta fundirse con una diminuta línea verde, posiblemente árboles de los límites del aeropuerto, y a lo largo de la pista se distinguían varios aviones por aquí y por allá…había uno que en ese momento estaba dejando de tocar el suelo y comenzando a elevarse en el aire.

- Prometes que no faltarás en navidad, no?

- Lo prometo…- Kagome sonrió dulcemente y fue ella quien la abrazó esta vez – voy a volver a vivir aquí cuando me sienta capaz de hacerlo…también te prometo eso.

- ¿Quién más me halagará tanto por mis recetas?

- Uhm…aparte de todo el que las prueba? no lo sé…

- A quién más llamaré para descargarme cuando esté furiosa con Miroku?

- Aun podrás llamarme, siempre que quieras, estaré allí para escucharte.

En los altavoces resonó de pronto una suave voz indicando la salida del próximo vuelo. Fue la llamada para Kagome, y Sango sollozó otro poco ante eso.

- Te extrañaré…

- También yo…prometo llamarte tan pronto llegue al apartamento.

- De acuerdo – Sango la soltó después de un momento y sonrió mientras la observaba tomar su maleta y dar unos pasos. Pero Kagome se detuvo de pronto y la miró sobre su hombro.

- ¿Sabes? Siento que esto es lo que tengo que hacer…pero de verdad, si de pronto hubiera una señal…una sola…entonces me retractaría y me quedaría aquí.

Los ojos de Sango se ampliaron – U-una señal? Qué tipo de señal?

Kagome miró hacia los terminales un instante antes de encogerse de hombros – No lo sé…lo sabría en cuanto la viera…pero… quizás ya es muy tarde para eso… - ella sacudió su cabeza – Lo siento, olvida lo que dije…

- Kagome…- Sango la vio volver a ajustar su agarre para arrastrar su maleta antes de decir algo más.

- No creo que pase, pero si por alguna razón ves a Inuyasha y él te la pide…por ningún motivo le des la dirección del lugar en que me quedaré. De acuerdo?

Sango tragó y asintió lentamente – Entiendo...

Luego de eso Kagome sonrió por última vez y siguió su camino, mientras Sango se quedaba allí con una triste sensación hasta que la joven cruzó una de las puertas de abordaje y se perdió de vista.

Con un derrotado suspiro Sango se dio la vuelta y comenzó a encontrar el camino por el que había venido. Una tarea un poco difícil estando en un lugar tan grande como lo era el Aeropuerto Internacional de Tokio…y aun más cuando tanta gente pasaba a su lado y la desorientaba.

Estuvo perdida por unos buenos veinte minutos, pero muchas pedidas de direcciones, cruces en corredores y escaleras mecánicas después, finalmente se encontró ante la puerta principal frente al gran jardín de la entrada. Ella sonrió con alivio y rápidamente avanzó por el largo corredor exterior hacia los estacionamientos, pero fue entonces cuando captó algo por el rabillo del ojo y se detuvo.

Podría jurar que ese había sido Miroku.

Rápidamente se dio la vuelta y su boca colgó con asombro al ver a los dos hombres casi correr por las puertas de la entrada.

- Oigan! Ustedes dos! ¡Miroku! – Llamó ella batiendo su brazo, pero ninguno pareció escucharla, así que con un fuerte gruñido y rechinar de sus dientes comenzó a perseguirlos de vuelta al interior.

- ¿Donde crees que estén? – Preguntó un jadeante Miroku tras Inuyasha.

- Bueno, si no me equivoco ellas deberían estar frente al terminal de American Airlines…- Respondió precipitadamente mirando a ambos lados. – Ese terminal es a la derecha, no hay tiempo que perder, vamos…

- Espera…- Miroku trató de detenerlo, encorvado y descansando sus manos contra sus rodillas mientras recuperaba el aire, pero Inuyasha no le hizo caso y estaba alejándose de nuevo – Inuy-

- ¡Inuyasha!

Miroku abrió los ojos ante el agudo y familiar grito e incluso Inuyasha se detuvo en seco.

Sango lo miró furibunda desde la distancia. No tardó mucho en caminar el trecho entre ellos hasta llegar a estar frente a él y apretar las solapas de su camisa.

- ¡Así que aquí estás infeliz!

Inuyasha parpadeó totalmente turbado, intentando decir algo, pero sus palabras murieron al ver los enojados y húmedos ojos de Sango.

- Quería verte y darte una paliza, pero eres un poco más fuerte que yo así que me conformaré con insultarte Patética excusa de hombre! cómo te atreves a hacerle todo esto a mi amiga! Si no te conociera desde hace tanto y no tuviera esta pequeña pizca de simpatía hacia ti juro que te patearía duro en las-

- ¡Sango! – Miroku llegó a su lado y rápidamente la despegó de Inuyasha, logrando sostenerla a pesar de sus pataletas – ¿Qué es lo que te sucede?

- Cómo es que ahora estás aquí? – Le chilló Sango a un paralizado Inuyasha mientras trataba de soltarse – Deberías estar con tu futura esposa! Arreglando las cosas para su precioso matrimonio! Pero no! En vez de eso vienes aquí a intentar atormentar aun más a Kagome no es así idiota? Ella se fue para no sufrir más, no quiere verte! Si querías hacer algo debiste hacerlo mucho antes, ahora es muy tarde!

Sango dejó de patalear levemente cuando el llanto pudo con ella, así que Miroku la soltó lentamente. Los tres se quedaron parados allí, en silencio.

- ¿Hace mucho que se fue?

- Sango levantó la cara de sus manos para lanzarle una mirada a Inuyasha – Pues si…su avión debe estar despegando ahora mismo…triste cierto?

Inuyasha no apartó su apagada mirada del suelo – Entiendo…

- No pienses en preguntarme a dónde fue exactamente porque ella me pidió que no te lo dijera. – Dijo Sango dando un paso hacia él – Se puede saber a qué viniste? Venias a persuadirla para que no fuera a ningún lado?

Inuyasha tragó fuertemente y cerró los ojos – Tal vez. Pero no creo que hubiera podido hacerla cambiar de opinión…Kagome está decidida a sacarme de su vida. Yo…sólo quería verla…y…

- Pues qué caso tiene que la veas si sigues comprometido y a punto de casarte! – Espetó la chica poniendo sus manos en sus caderas -Sólo la harías sentir peor.

- Ya deja de ser tan dura! – La interrumpió Miroku con un marcado frunce – Qué no entiendes que Inuyasha no tiene opción? Lo dices como si fuera muy fácil salir de una situación así!

- Si era tan difícil pudo haber pensado eso antes de volverle a dar esperanzas a Kagome! –

- Cierra la boca Sango! No sabes nada!

- No…está bien. – Murmuró Inuyasha y ambos se callaron y ladearon sus cabezas hacia él – Ella sólo está defendiendo a su amiga, sé que soy el canalla aquí. Le he causado mucho dolor a la chica que más amo en el mundo y ahora ella prefiere irse. Es fácil de entender…pero… realmente deseaba verla una vez más… ni siquiera pude decirle adiós…- Inuyasha apretó sus puños mientras sentía un punzante dolor en el pecho–aunque…aunque está bien. Supongo que me lo merezco.- El miro a sus dos amigos, sonriendo débilmente – Si es lo que ella quiere, si estar lejos de mi la hace dejar de sufrir y seguir adelante, entonces felizmente lo aceptare.

Con eso Inuyasha se dio la vuelta y comenzó a caminar con la manos en sus bolsillos, perdiéndose poco a poco entre la gente.

- Realmente luce como si quisiera llorar… - Murmuró Sango con expresión abatida, sosteniendo una mano sobre su corazón – Quizás fui muy directa…pero no pude contenerme en el momento que lo vi…

Miroku apretó los labios con aprehensión antes de acercarse a Sango y abrazarla confortantemente – De verdad me siento mal por el…se veía bien hasta que le dije que Kagome se iba, debiste ver su reacción. Se olvidó de todo y salió corriendo, a penas tuve tiempo de montarme al auto con él antes de que arrancara…

– Es tan triste… - Sango ocultó su cara en el pecho de Miroku – ojalá las cosas no fueran así…- Susurró – Quisiera que Kagome tuviera su señal…

- Qué? – Miroku levantó una ceja pero Sango simplemente negó con la cabeza, restándole importancia.

- Olvídalo…mejor vámonos de aquí…

Miroku asintió y pasó un brazo por sus hombros para caminar junto a ella, antes de mirar a su alrededor y parpadear – Oye…hacia dónde era la salida?

Sango se tensó. Parecía que necesitaría volver a pedir direcciones…

- Cielos…

Kagome tragó nerviosa mientras caminaba con cuidado en medio de aquel mar de gente. Tropezó contra la espalda de un hombre y rápidamente se disculpó, luego siguió su camino con un suspiro. Había perdido la cuenta de cuantos tropiezos habían sido hasta entonces.

Miro a su alrededor y de pronto un súbito temor la alcanzó ¿Qué si se perdía? Quizás había actuado precipitadamente y había sido un error venir? … se había sentido llena de valor y resolución antes, pero ahora que estaba aquí las dudas estaban surgiendo. ¿Qué si no lo hacía bien? En ese momento estaba tan perdida que estaba a punto de ponerse a llorar en posición fetal.

Tuvo que contenerse de abofetearse a sí misma por ese pensamiento.

No tenía que ponerse con esos berrinches ahora. Tenía que ser fuerte, Kagome NO iba a regresar.

- ¡Kagome!

Ella entrecerró los ojos y miró intensamente en la multitud. Su mente le estaba jugando bromas o alguien había dicho su nombre?

- ¡Kagome, por aquí!

Bueno, eso definitivamente se había escuchado real.

Kagome rápidamente se volteó y una gran sonrisa de alivio no tardó en aparecer, mientras casi corría al encuentro con su vieja amiga. Ambas rieron y se abrazaron efusivamente por primera vez en mucho tiempo.

- Kagome! Tenía tanto tiempo sin verte, no has cambiado nada!

Kagome sonrió ampliamente – Tu tampoco has cambiado, Ayumi...aunque creo que ese es otro corte?

- Bueno, si…y… mirándote bien creo que en realidad has crecido un poco – Sonrió Ayumi mirando directamente al pecho de Kagome, quien se sonrojó furiosamente.

- ¡Ayumi!

Ayumi rió alegremente - No sabes lo contenta que estoy de que decidieras venir. Vamos a pasarla muy bien aquí sabes? Vamos, coge tu maleta, mi novio nos está esperando en el auto.

Al salir del aeropuerto el aire fresco de la noche acarició su rostro en bienvenida. Kagome continuó observando distraída sus alrededores mientras Ayumi caminaba rápidamente delante de ella, halándola de la mano para que no se quedara atrás. Más adelante pudieron divisar el auto aparcado junto a la acera de la calle. Un joven salió rápidamente del auto al verlas y le dirigió una amable sonrisa a Kagome mientras alcanzaba su maleta y la introducía en la cajuela.

- Así que tu eres Kagome…- Dijo cerrando la cajuela – Ayumi ha hablado mucho de ti, es un gusto conocerte, soy Mike – El le extendió una mano y Kagome en seguida le dio un apretón devolviendo la sonrisa. El joven era de piel muy blanca y bonito cabello rojizo, con un agradable tono de voz…bastante guapo, parecía ser un buen novio…Kagome se sintió bien por su amiga.

- Igualmente, encantada...

Mientras pasaban a través de las empinadas calles en dirección al apartamento, Kagome observó muda por la ventana durante todo el trayecto. Esto era totalmente diferente a Japón, esta ciudad tenía un estilo más veraniego y despreocupado, de arquitectura modernista y victoriana, y el aire que se respiraba era un poco más ligero que el de Tokio, quizás porque sentía que aquí había más espacio entre todas las cosas. Podía ver grandes tranvías adornando las calles, y se emocionó al reconocer las pintorescos casas alineadas al más puro estilo de las famosas Painted Ladies. Siempre había querido verlas en persona…

- Mañana te daremos un verdadero recorrido por la ciudad – Comentó Ayumi asomándose desde el puesto del copiloto – Te encantará el puente Golden Gate…

- ¿Podemos subirnos a un tranvía? – Preguntó una esperanzada Kagome.

- Por supuesto – Respondió Ayumi, antes de que Mike aclarara su garganta.

- Para qué necesitan un tranvía si me tienen a mi? Además yo no les cobrare nada…

Ambas rieron ante eso, y Kagome lo observó sonriente desde el retrovisor.

- Oye Mike, hablas muy bien el japonés…naciste en Japón o algo así?

El joven se encogió – No...solía tener un compañero japonés en mi universidad, él tuvo la paciencia de enseñarme todo lo básico y con eso me fue fácil aprender en clases particulares, y luego conocí a Ayumi.

- Ya veo.

- ¿Y qué tal tu ingles?

- Bueno, creo que se lo necesario – Sonrió Kagome – Terminaré de aprender aquí.

- Desde mañana sólo hablaremos inglés, necesitamos ponerlo en práctica de acuerdo Kagome? – Preguntó Ayumi, la otra asintió rápidamente.

Kagome suspiró y se recostó de nuevo contra su asiento dejando su mirada vagar en el desconocido exterior, mientras notaba con gran alivio que el pánico que había sentido antes se había evaporado rápidamente, quizás podía hacer esto después de todo…

- Llámame si necesitas ayuda!

No te preocupes…si los armarios aquí no son diferentes de los de Tokio no habrá problema - Kagome le ondeó una despreocupada mano a Ayumi antes de hacer un esfuerzo en terminar de entrar la maleta a su habitación.

- Está bien. Debes estar exhausta, que tengas buenas noches – Le sonrió Ayumi.

- Buenas noches – Contesto alegremente Kagome antes de cerrar suavemente la puerta.

Su habitación no era muy grande, pero era cómoda y cálida…por muy desconocida que fuera. Kagome colocó la pesada maleta sobre la cama y la abrió con un poco de dificultad, haciendo una mueca ante todo su contenido…tal vez sólo sacaría su pijama esta noche…después de todo estaba muy cansada como para descargarla. Así que simplemente se dispuso a extraer su cómoda ropa de dormir sin revolver demasiado la maleta, fue a tomar un anhelado baño y se cepilló los dientes y el cabello antes de volver a la recámara, teniendo que mirar un poco en las paredes hasta finalmente encontrar el interruptor de la luz.

Kagome esperaba que todo quedara en penumbras, pero cuando la luz se fue, el cuarto aun siguió muy ligeramente iluminado con luz proveniente de la ventana. Kagome no había reparado mucho en esa ventana hasta entonces, así que con suaves pasos se acercó y corrió un poco la cortina.

Era afortunada, tenía una vista verdaderamente hermosa de allí.

La ciudad resplandecía con una inmensa cantidad de luces, llenándose de vida aun a pesar de que la noche había llegado hacía mucho…nadie más parecía estar tan cansado como ella…

Kagome suspiró dándose cuenta de su situación.

Aquí estaba, en un país extraño, intentando comenzar una nueva vida lejos de todos sus amigos y su familia…lejos del hombre que amaba locamente…pero así tenían que ser las cosas. Ella NO podía estar con un hombre que estaba a punto de tener un hijo con otra mujer…no podía, estaba contra su moral…lo mejor era alejarse y dejarlo hacer su vida como debía, sin más distracciones. Quería convencerse de que esto estaba bien incluso si se sentía así de mal.

Kagome cerró los ojos y dejó su frente descansar contra el frío cristal de la ventana.

Aunque… le hubiera gustado despedirse de él. Decirle adiós, desearle suerte…abrazarlo fuertemente…inhalar ese encantador aroma particular que sólo él poseía.

La sirena de alguna patrulla resonó por las calles de allá afuera, pero Kagome a penas lo notó.

Toda la soledad y el dolor del que había estado intentando escapar estaban comenzando a aumentar de nuevo, como lo hacían ahí y entonces. Las lágrimas se elevaron a sus ojos, pero lucho por contenerlas y se obligó a tragar dolorosamente el recién formado nudo en su garganta.

¿Cómo diablos se suponía que iba a dejar de quererlo así?

- Inuyasha…

- Hijo, cambia esa cara...no puedes llegar así.

Inuyasha masajeó sus ojos luciendo estresado. No se veía exactamente emocionado para ser alguien que se dirigía a su propio matrimonio…mientras tanto, su madre lo observaba compasivamente, sentada a su lado en el auto. – Realmente deberías intentar disimular un poco…sólo digo…- Murmuró ella con suavidad.

- Qué es lo que quieres, madre? Quieres que me trague todo esto y que sonría y aparente estar feliz? – Gruñó Inuyasha. – No es tan fácil como parece. No eres tú quien tiene que fingir.

- Pero…- Izayoi tragó fuertemente, sintiendo pena por su hijo – Al menos deberías intentarlo por Kikyo ¿Cómo crees que se sentirá cuando vea tu cara de infelicidad? Ella no tiene la culpa de nada…

El frunce de Inuyasha se suavizó levemente luego de eso. Resopló y desvió su mirada hacia la calle que pasaban, casi quería decirle al chofer que desacelerara y se tomara su tiempo en llegar… – Puedo intentarlo por ella, ahora. Pero no puedo asegurarle que la haré feliz por siempre…me gustaría poder hacerlo, pero sé que no es posible. Kikyo sabe muy bien que no la amo…me estoy casando con ella por compromiso, es todo.

– Inuyasha…- Murmuró la mujer mientras se inclinaba para organizar ligeramente los pliegues el chaleco blanco de su hijo y ajustar el pulcro smoking negro sobre él - Estás así por la joven Kagome…verdad?

Ante la simple mención de su nombre Inuyasha sintió una punzada de dolor atravesarlo. Abrió los ojos y rápidamente ladeó el rostro hacia su madre - Cómo lo sabes…?

- No lo sé…solo lo sé. – Se encogió ella – Sólo era cuestión de estar en la misma habitación que ustedes…intentaban esconderlo, refugiándose al lado de sus respectivas parejas, pero a mí no me engañaron. Sé que siguen tan enamorados como siempre. Y realmente creo que pudiste haber sido feliz con ella, en vez de con Kikyo…pero nadie puede evitar esta responsabilidad ahora, hijo. – Izayoi lo observó apaciblemente con sus ojos castaños y alzó una mano para darle una maternal caricia a la endurecida mejilla de su hijo– Pero ya sea con Kikyo, Kagome o cualquier otra mujer…yo realmente quisiera que pudieras ser feliz…Inuyasha…me parte el corazón verte de esta manera…

Inuyasha tragó y colocó su mano sobre la de su madre. Ver esa triste expresión en su rostro apretaba su corazón y lo hacía sentir verdaderamente culpable…no quería ser causa de su dolor – No te preocupes, ma – Le dijo mostrando una calmada sonrisa– Aun tengo la esperanza de que un día todo esto tenga sentido…estaré esperando hasta entonces…estaré con Kikyo, cuidaré de mi futuro hijo como debe ser…quizás al pasar el tiempo pueda aprender a aceptar mi realidad…así que no llores, no es el fin del mundo para mi…- En realidad él sentía que si lo era, pero su madre no necesitaba saberlo.

Como sea, logró sacar esa sonrisa de alivio que tanto necesitaba ver en Izayoi, así que eso lo tranquilizó…por el resto del camino al menos…

Esto no era muy diferente de prepararse para una pasarela.

Un maquillador profesional ya había hecho su trabajo, y ahora su estilista convertía su lacio cabello en sedosos bucles antes de recogerlos en un moño alto, dejando salir ondulados mechones para enmarcar su rostro. Se podían escuchar alrededor los cuchicheos y risitas de las damas de honor y demás chicas del cortejo mientras se preparaban también, pero a diferencia de sus compañeras modelos estas chicas estaban logrando alterar sus nervios…

Si, estaba bastante nerviosa… Pero sobre todo estaba satisfecha.

Había estado esperando mucho por este día, había trabajado duro por conseguirlo…casi lo pierde, pero no. Cuando Kikyo Daishi se proponía hacer algo, lo hacía. Era así de simple.

- Podrían irse todas de aquí? – Espetó de pronto casi sin pensarlo, habiendo tenido suficiente del molesto ruido a su alrededor. Las chicas se callaron enseguida y Kikyo aclaró su garganta notando que había sido levemente ruda, así que agregó un – Por favor…

De inmediato algunas se pusieron de pie, otras se bajaron de los tocadores donde habían estado sentadas y todas se fueron de la habitación. En cuanto lo hicieron Kikyo literalmente sintió que podía respirar mejor.

- Estás más estresada que nunca, cariño – Le dijo su afeminado estilista – Aunque es comprensible. Hoy es un día especial, cómo te sientes?

- Cómo te sentirías tú si te estuvieras casando con Inuyasha Taisho? – Preguntó Kikyo con una complacida sonrisa, observando cómo el hombre sonreía y se sonrojaba.

– Kikyo, tu siempre metiéndome cosas en la cabeza – Chilló batiendo una mano como si tuviera calor. – De cualquier forma, ambos son afortunados. Son los novios más guapos que he visto…se verán espectaculares en la boda.

- Lo sé – Respondió la mujer con un autosuficiente asentimiento, el otro negó suavemente con la cabeza.

- Siempre tan modesta, Kikyo. – Con eso soltó el cabello de Kikyo y los bucles cayeron suavemente contra los costados de su rostro. El joven estilista suspiró y palpó sus hombros. – Que te parece?

- Uhm – Murmuró ella mirando el trabajo en el espejo, alzando una mano para tocar el ordenado cabello – Me gusta…

De pronto unos toques a la puerta llamaron su atención, ambos miraron justo para verla abrirse y dejar asomar la cabeza de una inesperada visita.

- ¿Puedo pasar?

El estilista sonrió ensoñadoramente mientras Kikyo parpadeaba, luciendo sorprendida – Sesshomaru…

- Pasa, pasa – Invitó el afeminado hombre caminando hasta él y halándolo del antebrazo, quizás simplemente para tocarlo – Puedes ver cómo quedó tu cuñada. Parece un ángel no es así?

- Muy hermosa – Asintió Sesshomaru.

- Gracias…- Kikyo lo miró y luego al estilista, que rápidamente carraspeó y se apresuró hacia la puerta.

- Los dejaré solos, pero ya casi es hora…tu madre debe estar por llegar Kikyo, así que prepárate…- El dio un último guiño antes de salir y jalar suavemente la puerta.

Sesshomaru le envió una plana mirada al lugar por el que el extraño hombre había desaparecido. Esa clase de personas usualmente le provocaban escalofríos…como sea, olvidó eso y volvió la vista hacia la novia.

- ¿Cómo estás?

La joven lo observó un momento, alisando su falda con suaves movimientos de su mano – De maravilla...

- Lo imaginé…- Murmuró Sesshomaru – Salió justo como querías, así que espero no volver a encontrarte llorando en un bar.

- No lo harás…supongo…- Respondió Kikyo con un encogimiento, dejando salir una pequeña y tranquila sonrisa.

Entradas las seis de la tarde, los invitados estaban comenzando a llegar por montones a las afueras de la gran catedral en los límites de Tokio. Relucientes y modernos vehículos se estacionaban en las aceras de enfrente y en los aparcaderos cercanos mientras elegantes personas hacían su camino hacia los escalones que llevaban a las altas puertas de madera de la entrada, luego tomaban asiento según fueran conocidos de la novia o del novio. Sin duda, aquello se veía como un gran evento.

Habían fotógrafos ansiosos por poder entrar y captar el momento en que la novia hiciera su aparición, pero había un grupo de seguridad protegiendo la entrada de la infiltración de fotógrafos o invitados indeseados.

Sentado casi al frente y al lado de la derecha, Miroku giró sus ojos otra vez cuando escuchó el centésimo sonido de disgusto o amargura de parte de la joven a su lado…generalmente podía tolerarlo, pero en este momento él mismo se sentía bajo presión, así que se estaba tornando un poco irritable.

- ¿Podrías comportarte como si tuvieras más de diez años? – Pidió lanzándole una mirada a Sango, quien solo gruñó y se cruzó de brazos.

- Fuiste tú quien me arrastró hasta aquí.

- Recibimos invitaciones especiales! No podíamos ignorarlas…

- Claro que podíamos…- Bufó Sango levantando su mentón mezquinamente.

Miroku se preparó para espetarle algo más, pero luego de un momento el fastidio lo hizo perder las ganas de seguir. No había caso en discutir ahora…Sabía que Sango estaba deprimida y ser infantil era simplemente su forma de cubrirlo, y a decir verdad prefería que actuara así a que adoptara ese temperamento de toro furioso con el que usualmente lograba hacerlo un ovillo…

Y en realidad, ninguno hubiera querido estar allí para presenciar impotentemente la unión de aquellos dos… pero a pesar de todo Inuyasha había sido amigo de ambos desde hacía tiempo, así que tenían que estar allí para apoyarlo. Aun aunque este no fuera precisamente el mejor momento de su vida, sino todo lo contrario.

- Mira quién llegó…- Murmuró Sango de repente, mirando críticamente hacia la entrada. Miroku se giró en su asiento para ver a Inuyasha pasar por las puertas y saludar cordialmente a varias personas. Se veía apuesto y preparado para la ocasión, pero tanto Sango como Miroku sabían que aquello era sólo una fachada. El debía ser la persona más desesperada y aterrada en ese lugar.

Siguieron su camino con la mirada hasta que él se aproximó lo suficiente como para notarlos. Ambos le dispararon alertas y nerviosas sonrisas mientras Inuyasha avanzaba hacia ellos y se inclinaba ligeramente para hablarles.

- Vinieron…- Murmuró con una leve sonrisa. Sólo desde esta cercanía el par pudo notar que en realidad lucía muy pálido – Pensé que felizmente se saltarían la invitación…yo lo habría hecho en su lugar.

- ¿Qué cosas dices Inuyasha? –Dijo Sango inclinándose sobre Miroku para hablarle decididamente – Somos tus amigos, claro que no podíamos faltar… estamos contigo.

Miroku le envió una seca mirada a Sango antes de resoplar y apartarla– Es cierto. Sé que no es mucho, pero al menos quisimos estar contigo en esta… ¿Estás bien?

- Perfectamente…- Respondió Inuyasha exhibiendo una amarga sonrisa, y fue entonces que Sango notó con sorpresa cómo la mano del joven hombre temblaba levemente desde donde descansaba en el espaldar de la banca de madera en la que se encontraban ella y Miroku.

- Enserio, debes calmarte Inuyasha…no sería bueno que te desmayaras justo ahora – Dijo Miroku luciendo repentinamente preocupado, al parecer habiendo notado lo mismo que Sango. – O…o quizás si sería bueno? quizás puedas posponer la boda un poco más? Alúdelo a algún malestar, di que no estás bien…

Inuyasha negó vehemente con la cabeza, pero su comprimida sonrisa no se fue. Al parecer sólo sonreía porque era consciente de que mucha gente tenía puesta su atención sobre él en ese instante, se suponía que no debía dejar ver su creciente pánico – No…qué caso tiene. Esto sucederá tarde o temprano…estoy atrapado, amigo. - Bueno, la leve nota de desesperación en esa frase no fue desapercibida. Miroku y Sango se tensaron visiblemente – Me encantaría seguir charlando con ustedes, pero tengo otras cosas que hacer, están en primera fila así que disfruten el espectáculo…- Dijo mientras daba un paso hacia adelante para alejarse de ellos no sin antes enviarles una última mirada sobre su hombro, como quien se dirige a la horca.

Los puños de Sango se apretaron de repente, arrugando la tela de su vestido mientras se mordía duro los labios. ¿Qué estaría haciendo Kagome en ese momento? Sabría que la hora había llegado e Inuyasha estaba a punto de casarse? Si tan sólo hubiera algo, cualquier cosa, cualquier excusa válida para que Inuyasha pudiera evitar esto…pero era imposible…era demasiado tarde! Y no era como si Sango pudiera levantarse y gritar "Yo!" Justo en la parte del "Si alguien se opone a esta unión, que se levante ahora o bla bla bla"

Aunque estaba tan desesperada que lo estaba medio considerando.

Ella miró a su lado y notó que Miroku se veía tan o más tenso que ella – Miroku…

- Creo que necesito ir a regar las margaritas…- Masculló él. Sango enseguida adoptó una incrédula y molesta expresión. ¿Con que era sólo eso?

- ¿Qué? Cómo puedes pensar en eso en un momento como este!

- Sabes que me dan ganas de ir cuando estoy bajo tensión…– Replicó él - como sea, no más cerveza justo antes de salir de casa…ahora, dónde está el baño en este lugar?

Sango resopló fuertemente teniendo que mirar alrededor – No los sé, ve a buscar uno…pero date prisa…

- No tardaré – Asintió Miroku antes de levantarse para atravesar la banca hacia el otro extremo, dando cortos y tambaleantes pasos y disculpándose cada vez que pisaba algún importante pie.

Suspiró cuando por fin salió de la fila y llegó al corredor lateral. Al final de este podía ver una solitaria entrada hacia otro corredor interno del lugar, presumiblemente habría un baño por allí, así que rápidamente se apresuró a pasar los pilares y columnas que estaban a un lado de él hasta llegar.

Este pasillo era mucho más estrecho y estaba desolado, así que caminó libremente observando las variadas puertas a ambos lados, pero no sabría decir si alguna de ellas era la entrada al baño…no tenían ninguna especie de letrero que las diferenciara entre sí.

De pronto pudo distinguir a alguien que se aproximaba desde el lado opuesto. Miroku estuvo por preguntarle si sabía la ubicación de un baño hasta que notó que el hombre caminaba realmente extraño…y que era extremadamente gay… preguntó de todas formas.

- Ve un poco más adelante, luego cruzas en el primer corredor a la izquierda, hay un baño justo en frente…- Respondió con su suave y amanerada voz. Miroku le dio rápidamente las gracias y se fue sacudiendo el pequeño escalofrío de su cuerpo.

Si alguna vez se encontraba con el arquitecto de este lugar lo patearía hasta dejarlo inconsciente, pensó irritado ¿A quién en su sano juicio se le ocurría poner un baño tan lejos? Aunque pensándolo, no era muy común que a la gente le dieran ganas de ir estando en una iglesia…

Fue entonces cuando suaves murmullos de voces familiares llegaron a sus oídos. Miró a su derecha para ubicar una puerta a penas entre abierta sin desacelerar su paso, pero se detuvo en seco una vez que su cerebro logró identificar aquellas voces. Con un pequeño frunce olvidó momentáneamente su necesidad y después de verificar de nuevo la soledad del pasillo se sintió confiado de dar marcha en retroceso hasta posarse al lado de la puerta, colocando su oído lo más cerca posible de la abertura y escuchando atentamente.

Esto era.

La música nupcial irrumpió en el silencioso ambiente de pronto, haciendo que todos los invitados giraran sus cabezas hacia la entrada por la que en esos momentos pasaba una pequeña niña arrojando pétalos de su canasta.

¿Realmente aquí acababa todo?

Un frío sudor perló la frente de Inuyasha mientras tragaba y su manzana de Adán se removía visiblemente. Hasta entonces su miedo lo había estado corroyendo por dentro lentamente, pero no fue hasta ese instante que la gravedad de la situación realmente lo golpeó. Se estaba CASANDO por Dios! Esto tenía que ser una pesadilla… ¿Qué demonios hacía aquí parado a un lado del altar!

Cerró sus ojos y sintió una fuerte ola de estrés y pavor azotarlo, una temblorosa sensación se apodero de la boca de su estómago, haciéndolo sentir enfermo y débil al mismo tiempo.

Kagome…

Tan sólo deseaba que Kagome pudiera perdonarlo alguna vez, por no haberle podido dar todo lo que le prometió…por no haber podido hacerla feliz… ¿Qué estaría haciendo en ese instante? Probablemente estaba tranquila lejos de él, en su nuevo apartamento recostada en su nuevo sillón viendo algún programa de televisión mientras masticaba cualquier golosina…o quizás estaba caminando y conociendo su nueva ciudad…quizás estaba sonriendo y haciendo que se le marcaran esos pequeños y adorables hoyuelos en las mejillas.

Kagome…

Iba a morir, definitivamente. Inuyasha trató de ignorar la insoportable tensión en su espalda y nuca y miró levemente hacia arriba, suplicante. Dios… No podía hacer esto. No quería hacer esto. Necesitaba salir de allí, cualquier excusa estaría bien…sería muy tarde para decirle a Sango que por favor se levantara en la parte del "Si alguien se opone hable ahora o calle para siempre"?

Se escuchó una gran exclamación de apreciación general e Inuyasha supo que Kikyo estaba a la vista y aproximándose. Jadeó cortamente, tan sumido en su estado de pánico que apenas se dio cuenta de movimiento por el rabillo de su ojo. Miró a un lado a tiempo para ver a un extremadamente alerta y pálido Miroku acercarse hacia él y hacerle una seña para que se inclinara.

A pesar de algunos murmullos indignados, Inuyasha decidió obviar el hecho de que la novia casi llegaba a su lado sin haberla siquiera mirado y bajó un peldaño para inclinarse hacia Miroku, quien enseguida lanzó una mano para acercarlo aun más por la solapa y mirarlo directamente.

- Puedes salir de aquí. No serás padre, el niño que espera Kikyo no es tuyo.

Inuyasha dejó de respirar.

Todo a su alrededor se silenció, mientras esas palabras hacían eco en su cabeza.

- ¿Qué?

Miroku no tenía sentido, no tenía absolutamente ninguna prueba de lo que decía más que sus palabras y su fuerte expresión de convicción y seguridad, pero eso basto. Inuyasha le creyó, le creyó tanto que hubiera podido apostar su vida a ello…Así que sólo se irguió y ladeó lentamente la cabeza hacia donde la novia, el sacerdote, sus padres y todos los demás lo observaban en silencio esperando por él.

Sonrió de puro alivio, mientras la sangre volvía correr por sus venas.

- No, no! no puedes tener cortinas verdes con una alfombra ROJA! No conoces la rima? El rojo y el verde nunca deben verse? – Exclamó Ayumi obstinadamente antes de seguir comiendo su almuerzo.

- Qué hay de la Navidad? – Repuso Mike al otro lado de la mesa - La gente siempre pone cosas rojas en arboles verdes, así que no es eso considerado de mal gusto?

- Duh! eso es Navidad! Está permitido! – Ayumi sacudió su cabeza – Diablos, definitivamente no te dejaré decidir la decoración de nuestra casa si nos llegamos a casar…

Kagome tuvo que dejar salir una ligera risita mientras los escuchaba.

Estos dos jamás estaban de acuerdo y siempre discutían por cosas tontas…era divertido en realidad. Le recordaban mucho a Miroku y Sango. Y ahora que lo pensaba, hoy iba a llamarlos, a ellos y a su familia. Deseaba fervientemente escuchar sus voces y decirles lo mucho que los extrañaba…aunque de alguna forma sentía un pequeño temor de tener noticias de cierta persona…

Según tenía entendido, él debía haberse casado dos días atrás…y en esos momentos lo más probable era que estuviera justo en medio de su luna de miel en sólo dios sabe dónde…quizás en Italia…o una solitaria isla en el pacífico…o en la punta de una montaña…

Donde fuera, no tenía nada que ver con ella.

La única realidad para Kagome era que estaba extremadamente lejos de Inuyasha, y no sólo físicamente, porque sabía que aunque estuvieran de pie uno frente al otro, ahora habría un muro inquebrantable separándolos…por más que ellos quisieran lo contrario con todo el corazón.

No sabía cuántas lágrimas más podría ser capaz de derramar cada noche, no sabía si ese ardiente dolor y ese ahogo algún día desaparecerían, pero sabía una cosa. Amaba a Inuyasha. Lo amaba con cada fibra de su ser, lo amaba aunque estuviera lejos, aunque estuviera casado, aunque tuviera un hijo con otra, aunque la odiara…lo amaba… y siempre lo haría. Había comprendido que ese simplemente era un sentimiento que no iba a ser capaz de sacar de su alma, nunca.

Sólo quería que Inuyasha pudiera ser feliz algún día.

- ¿Qué tal si vamos al cine? – La jovial voz de Mike la sacó de sus pensamientos – Ayer le eché un vistazo a la cartelera, hay buenos estrenos.

Ayumi sonrió mientras lavaba los trastos del almuerzo – Se escucha bien. Después de todo hay que distraernos lo más posible antes de que las clases comiencen la próxima semana…tu qué dices Kagome?

- Uhm? – Kagome se detuvo de recoger la mesa y los miró a ambos con una tímida sonrisa– No lo sé…no quisiera estar de más…

- ¿Qué dices de estar de más? – La reprendió Ayumi – No seas tonta, en realidad sería una perfecta oportunidad para llevarte a conocer uno de los mejores cines de la ciudad, ya deja de ser tan reservada.

- Cierto…- Asintió Mike con una gentil mirada. – Se nota que tienes muchas cosas en tu cabeza. Trata de olvidar tus problemas un momento y sólo relájate.

Con un suspiro, Kagome dejó caer sus hombros, sonriéndole suave y agradecidamente al par. – Está bien…si ustedes lo dicen…

Luego de terminar de ayudar a organizar la cocina y el comedor, Mike esperó pacientemente en la sala mientras las chicas se preparaban para salir. Kagome tomó un baño, se vistió con ropa sencilla y decidió dejar suelto su rebelde y oscuro cabello. No estaba demasiado satisfecha cuando se miró al espejo, pero de nuevo, no tenía ganas de hacer nada más con su apariencia. ¿Para qué? Le daba igual si la gente de ese extraño lugar pensaba que lucía hermosa o desarreglada, y ciertamente Kagome no estaba en plan de cacería…así que no quiso darle más importancia a lo que su reflejo le decía y en vez de eso simplemente se acercó al perchero para elegir entre alguna de sus chaquetas.

- ¡Mujeres! – Refunfuñó Mike con brazos cruzados desde el sofá – Nunca comprenderé por qué les gusta perder tanto tiempo…

El sonido del timbre se escuchó de pronto por sobre el del documental de vida salvaje que el muchacho había estado observando.

- ¡Mike! – Llamó Ayumi desde su habitación.

- See, ya voy…

Se levantó perezosamente y caminó el trecho que había desde la sala hasta la puerta para asomarse y echar un vistazo a través del ojo de pez, y no pasaron dos segundos cuando se alejó bruscamente de la puerta, sorprendido.

¿Realmente era él?…no… debía estar equivocado, pensó mientras parpadeaba y fruncía.

Volvió a acercarse al ojo de pez con una concentrada expresión esta vez, sólo para volver a quedar boquiabierto. Era él! no podía estar confundiéndolo con otra persona…

- ¿Quién es? – Preguntó Ayumi saliendo del pasillo.

Sin esperar un segundo más el muchacho tomó el pomo y abrió ampliamente la puerta, fijando atónitas miradas con su buen amigo, quien pareció incluso más y confundido y desorientado que él.

- Mike…?

- ¿Inuyasha? – Musitó Mike.

- ¿Inuyasha! – Gritó Ayumi.

- Inuyasha…

El último 'Inuyahsa' por supuesto no fue tan enérgico como los otros, fue a penas lo fuerte suficiente para ser escuchado. Todos dirigieron su atención hacia la joven que permanecía pálida de pie al final del corredor, observando en mudo shock al hombre en la puerta.

- Kagome…

Hubo un silencio largo y colectivo, en el que Mike y Ayumi miraban de un lado a otro para ver a los otros dos en un su inmóvil estado. Fue Ayumi quien de pronto aclaró su garganta y le sonrió nerviosamente al visitante.

- Tal parece que has venido a hablar con Kagome…? Puedes pasar, si gustas…

- Gracias - Inuyasha la reconoció, le asintió con una rápida sonrisa y entró al apartamento, dirigiendo sus pasos firmes en una sola dirección. Pero Kagome jadeó con horror al ver que se acercaba y retrocedió hasta que su escape fue bloqueado por la pared, como si se tratara de un fantasma.

- Q-qué haces aquí? – Preguntó con voz temblorosa, luciendo igual que un conejo acorralado – C-cómo es que…por qué?...tú…Sango te dijo el lugar?...no entiendo…e-estás casado, estás en tu luna de miel…Inuyasha…

- Nada de eso - Inuyasha sonrió ampliamente, parecía levemente divertido con su reacción mientras levantaba su mano totalmente libre de alianzas - No estoy casado.

- ¿Qué? – La muchacha respiró fuertemente - ¿Por qué?

- Kikyo nos engañó a todos. Ese niño no será mi hijo…será mi sobrino.

- ¿Qué? – Eso era lo más inteligente con lo que podía salir Kagome en ese momento…pero en realidad era mucho considerando que su cerebro estaba muy congelado como para funcionar.

La sonrisa de Inuyasha desapareció mientras su mirada se volvía más seria e intensa– En otras palabras, Kagome…He venido por ti. – El se acercó un paso más y extendió una mano hacia ella, pero la joven lo esquivó salió de su refugió contra la pared, mirando hacia el suelo y negando aun aturdida y sin comprender lo que pasaba.

- No…cómo puede ser posible…cómo es que de pronto apareces frente a mí y me dices esas cosas… – Masculló comenzando a ahogarse – No me lo creo…no entiendo nada…

- Pues créelo, dice la verdad.

Kagome y los demás se giraron a la puerta, hacia el origen de la voz. Miroku sonrió amistosamente mientras Sango a su lado hacía una señal de paz con sus dedos.

- Miroku…Sango…- Susurró Kagome, las lágrimas comenzando a elevarse asombrosamente rápido a sus ojos.

- Verás, Kagome, poco antes de comenzar la ceremonia, tuve la oportunidad de escuchar una interesante conversación entre Kikyo y Sesshomaru… – Explicó Miroku, recordando claramente las palabras de aquellos dos.

"Ya te lo he dicho. No hay necesidad de que me recuerdes aquella vez, sólo estaba débil y afligida… no me volverás a ver en ese estado…no después de hoy" Había dicho la voz que no podía pertenecer a otra que no fuera Kikyo.

"Está bien. No estoy especialmente deprimido por eso." Y ahora ese era el cándido y sociable hermano de Inuyasha…sarcásticamente hablando. "Como sea, sólo quiero felicitarte. Lo conseguiste, tienes a Inuyasha. Yo por mi parte no tuve tanta suerte con Kagome, pero no moriré…y… también quería hablarte sobre…"

"Lo sé"Interrumpió abruptamente la mujer "No tienes que preocuparte está bien? Nadie tendrá bases para sospechar…a pesar de no ser de Inuyasha, el niño seguirá teniendo los inconfundibles rasgos de un Taisho… Ese será nuestro secreto. No quiero que volvamos a hablar de esto en un futuro. Jamás. Incluso tú mismo bórralo de tu mente…mirarás al niño como tu sobrino y nada más."

"De acuerdo."

Nadie podría saber lo paralizados que habían quedado los adentros de Miroku al escuchar aquello.

- Justo después de eso vi a varias personas acercándose por el pasillo, buscaban a Kikyo para comenzar la ceremonia. No me dio tiempo de escapar así que tuve que mezclarme entre ellos hasta eventualmente poder salir de allí…y… generalmente me interesa lo que los demás piensen de mí, pero en el momento realmente no me importó quedar como un sapo soplón y aguafiestas frente a toda esa gente. Lo único que necesitaba era decírselo a Inuyasha cuanto antes.

Kagome no podía decir nada, su voz se había perdido en algún momento de la conversación. Respiró fuertemente mientras ladeaba el rostro para ver a Inuyasha.

- Todo se detuvo en cuanto lo supe…- Le dijo él – Kikyo y Sesshomaru fueron interrogados después y ante el escrutinio y presión de nuestros padres no les quedó de otra que decir la verdad. Aceptaron haberse encontrado una noche en un bar y haber quedado lo suficientemente ebrios como para cometer una estupidez…- Inuyasha suspiró – Creo que esta ha sido…la primera vez que mi padre se disculpa conmigo y acepta haberse equivocado…aunque no fue tan placentero como esperaba. Mi madre por otro lado no podía estar más aliviada.

La muchacha desvió la mirada al suelo tratando de asimilar toda esa información. – Y…qué pasará con Sesshomaru… – Preguntó.

- No lo sé aun. Esta vez tanto él como Kikyo se rehúsan a casarse. Los padres no están seguros de forzar la situación por miedo a cómo el drástico cambio puede ser visto ante el ojo público… aunque después de lo sucedido en la boda no creo que algo así sorprenda a nadie. Tal parece que la pobre de Kikyo tendrá serios problemas para volver a forjarse una buena reputación…pero supongo que lo hará con el tiempo.

- Kagome Higurashi…! - Musitó Mike de repente, señalándola como si hubiera hecho un gran descubrimiento – Lo SABIA. Sabía que había escuchado ese nombre antes en alguna parte!

Ayumi parpadeó aun con expresión de desconcierto– Mike, No tenía idea de que conocías a Inuyasha…

- Por supuesto que sí. Éramos los mejores amigos en la universidad. – Asintió Inuyasha, notando de pronto el frunce de disgusto por parte de Miroku así que se apresuró a tratar de nuevo – C-claro, Mike es mi mejor amigo de Estados Unidos…Miroku es mi mejor amigo de Japón…

- Oye Kagome…- La voz de Sango los interrumpió, mientras llamaba gentilmente a su amiga que aun permanecía en un mudo estado – No era esta la señal que esperabas…? - Kagome levantó su rostro y Sango sonrió con suavidad - Esta es la señal que te indica que no todo era como pensabas. Cuando de verdad quieres algo, no tienes que renunciar a ello sólo porque el destino o el mundo parece ir en tu contra…esta es la prueba.

- Yo…- Las lágrimas comenzaron a deslizarse y brotar abundantemente, pero su rostro no se veía desesperado o afligido ahora, sólo tranquilamente confundido. – No lo sé…

Fue allí cuando Inuyasha palpó suavemente sus hombros y la giró para encararla, mostrándole una expresión cálida y gentil. – Qué pasa Kagome… ¿Qué es lo que no sabes?… ¿Por qué tienes tanto miedo?

- Porque no sé hasta cuando pueda durar esta vez! – Contestó ella – No quiero cometer el mismo error de antes. No quiero volver a engañarme e ilusionarme para que luego suceda algo que me deje destrozada una vez más…no necesito seguir sufriendo…

- Kagome…- Inuyasha la acercó en un repentino y fuerte abrazo – No sé lo que pueda pasar en un futuro, no soy nadie para prometerte algo que no sé si podré cumplir…no sé si el 'destino' está planeando algo más para nosotros…pero de lo que estoy seguro es de que ahora nos ha dejado el camino abierto, se han aclarado las dudas y nos ha sido dada otra oportunidad. Y lo que soy yo, quiero aprovecharla. Quiero estar contigo. Por favor, regresa…

Kagome sollozó contra su pecho, sintiendo fuertes descargas de emoción correr por sus extremidades. Aun no podía creer lo que estaba pasando…una parte de ella sentía miedo, miedo de volver a caer en la trampa, de creer que todo esto era real. Pero otra gran parte de ella tan sólo estaba nublada con felicidad y euforia indescriptibles. Tener a Inuyasha tan cerca era un alivio tan intenso que la mareaba, él era como su ancla, la única persona capaz de levantarla y de sacarla de su dolor, pero también la única persona capaz de hundirla hasta el fondo. Ese hombre tenía cada pieza de su corazón en sus manos… y ahora trataba de unirlas frente a ella…

- Qué pasará si tienes que irte de nuevo, si matas a otra persona teniendo que salvarme, si tus obligaciones te alejan de mí…

- Entonces tendremos que enfrentarnos a todo eso y superarlo… y luego volver a estar juntos. No podemos evitar que las cosas sucedan, pero podemos hacer lo que está a nuestro alcance ahora, y disfrutarlo mientras tengamos la oportunidad. – Inuyasha se separó y tomó su rostro con sus manos – Te amo, Kagome. Nada de lo que pase en este mundo va a poder evitarlo. Te pido que seas fuerte…te pido que regreses, que te quedes junto a mí, que desafiemos a lo que tengamos de desafiar…te pido que no sigas huyendo por miedo…sólo sé valiente y atrévete…y confía en que todo saldrá bien.

Sus palabras y su poderosa mirada dorada de alguna manera consiguieron penetrar su barrera de temor y protección a sí misma mientras ese fuerte y conocido sentimiento la inundaba por completo, permitiéndole a su rostro exhibir una franca y hermosa sonrisa. Si lo amaba, entonces por qué no arriesgarse? Por qué no tratar de ser fuerte junto a él? No podía dejarlo solo, no quería quedarse sola…y ahí y entonces se prometió a sí misma nunca más dar marcha atrás por más fuertes o imponentes que parecieran las circunstancias. Después de todo el amor de Inuyasha y Kagome había sobrevivido a muchas cosas, y sólo se había vuelto más fuerte…no tenía por qué extinguirse pronto.

- Inuyasha…- Sollozó Kagome envolviendo sus brazos en su cuello y abrazándolo con fuerza, olvidando todos los perjuicios del pasado y sólo deseando vivir su presente – Está bien. Me rindo, no me rehusare más…quiero ir contigo a donde sea, no me importa…sólo llévame contigo - Lo escuchó reír complacido mientras deslizaba sus brazos alrededor de su cintura y la estrechaba.

- Eso era lo que quería escuchar…-Susurró cerca de su oído.

A unos metros de ellos, los otros cuatro jóvenes los miraban con interés.

- No escucho nada, qué creen que estén diciendo? – Preguntó Ayumi intentando captar algo. Sango suspiró soñadora.

- No lo sé…pero lo que sea, debe ser algo bueno…mira como lo abraza por el cuello- Murmuró feliz.

- Es eso o sólo está intentando estrangularlo…ah…se están besando…olviden lo que dije… – Comentó Miroku batiendo distraídamente una mano mientras los otros tres emitían un resoplido grupal.

Ayumi sonrió afablemente de pronto, girándose a Miroku y Sango – Esto es muy bueno. Cuando Kagome me llamó y preguntó si podía quedarse conmigo un tiempo pude notar que llevaba una pesada carga sobre ella…no la había sentido así en años, así que supuse que debía intentar ayudarla, aun sabiendo que nada en mi poder iba a lograr llenarle ese vacío. Por eso ahora me siento muy feliz por ella…gracias chicos, sin ustedes estos dos jamás hubieran podido resolver sus problemas.

- Es lo menos que podíamos hacer – Se encogió Miroku – Sabemos que cualquiera de ellos haría lo mismo por nosotros. Oh Lo olvidaba, soy Miroku… y ella es mi novia Sango, gusto en conocerlos.

- Igualmente – Contestó Mike dándole un apretón de mano - Soy Michael, pero pueden decirme Mike. Y ella es Ayumi. Por cierto, estábamos a punto de ir al cine, si no tienen ningún compromiso entonces …

- Seguro! – Asintieron los otros dos.

Ayumi sonrió y se agarró felizmente al brazo de su novio – Serás el único occidental entre nosotros amor, resaltarás como una cortina verde en medio de un salón rojo. – Mike giró sus ojos y los demás rieron al tiempo que Inuyasha y Kagome finalmente terminaban de hablar y se aproximaban hacia el pequeño grupo.

Sango los observó atentamente, sintiéndose especialmente bien consigo misma por cómo se estaban desarrollando las cosas. Ahora que lo pensaba, era una gran casualidad que todos aquí hubieran tenido que ver con Inuyasha y Kagome en diferentes tiempos…quizás era sólo eso, una casualidad…pero Sango prefirió pensar que era algo del destino…

La vida a veces podía dar giros bruscos. Giros capaces de cambiar todo tu mundo como lo conoces de un momento a otro, pero quien dice que esos giros son siempre dolorosos?

Kagome sonrió tranquilamente desde su cómoda posición sobre la hierba, con su mirada perdida en el oscuro cielo y su infinita cantidad de estrellas. Era hermoso si miraba hacia arriba, pero también lo sería si miraba hacia los lados.

Se encontraba recostada en medio del pequeño claro de alguna solitaria colina en Kakunodate, rodeada de pálidos árboles de cerezos exquisitamente florecidos que parecían recibir de brazos abiertos la brisa nocturna de la primavera. Inuyasha estaba a su lado, contemplando silenciosamente el paisaje al igual que ella. En momentos como esos, era difícil incluso recordar las sensaciones de tristeza del pasado…

Habían transcurrido diez meses desde entonces.

Luego de la cancelación de la boda, por primera vez había podido verse a un Sesshomaru totalmente estresado y nervioso por la pila de problemas que había obtenido, y Kikyo por su parte había atravesado una fuerte crisis emocional. Todos estuvieron severamente preocupados por la salud del bebé, pero al instante ella había sido sometida a sesiones de ayuda profesional y afortunadamente Ryoga, su hijo, había llegado en perfecto estado. Incluso Kikyo se veía mucho mejor desde su nacimiento.

No era necesario decir que el niño había resultado ser absolutamente precioso, de ese tipo que ves como modelos para comerciales de pañales (y conociendo a Kikyo, era de esperarse encontrar a Ryoga de pronto al pasar los canales). Tenía ojos tan inusualmente dorados como su padre y cabello lacio y oscuro como su madre. Bien pudo haber pasado por ser hijo de Inuyasha, pensó Kagome al verlo, pero afortunadamente habían descubierto la verdad a tiempo.

Sesshomaru y Kikyo no se casaron después de todo, acordando cuidar de su hijo aunque llevaran vidas aparte muy a pesar de las quejas de sus familias que decían que algo así se vería inapropiado…pero al diablo con eso. Al parecer ambos estaban a gusto con otras personas ahora. Kikyo estaba comenzando una relación con Naraku, su nuevo agente; y Sesshomaru con Rin, su joven secretaria. En cuanto a aquel importante contrato entre los Taisho y los Daishi, habían conseguido mantenerlo (mucho para la felicidad de Inu Taisho), teniendo al niño como lazo que mantenía unidas a las dos familias…

Ayumi y Michael hacían llamadas y mantenían el contacto regularmente. La última vez que llamaron dijeron que ambos vendrían a pasar las vacaciones en Japón. Sería la primera vez de Mike en ese país, y según Ayumi parecía un niño ansioso contando los días hasta las vacaciones de verano.

El buen Houyo finalmente parecía haber encontrado lo que buscaba en Ayame, su único tormento era que tendría que aceptar también a Maeko, una cuñada realmente irritante…pero se notaba que ambos se apreciaban en el fondo…muy en el fondo…

Mientras tanto en casa de Kagome todos eran felices de que ella hubiera re-establecido su relación con Inuyasha y a Izayoi le encantaba pasar las tardes por allá para pasar el rato charlando con Naomi y el abuelo. El joven Souta aun seguía sin novia a pesar de que había aprendido a manejar bastante bien la patineta…pero era un niño enérgico con gran voluntad y confianza y no se daría fácilmente por vencido…al igual que su hermana, aun le quedaba un largo camino en cuestiones amorosas…

Después de dudarlo y de largas sesiones de convencimiento, Sango finalmente aceptó abrir su propia confitería muy cerca de su apartamento, a la que llamó 'Sweet Destiniy'. Ella no lo esperaba, pero le estaba yendo bastante bien. Se la podía ver sonriente y de buen humor últimamente, en especial desde la semana pasada…quizás debido a que Miroku por fin se había decidido, armado de valor y arrodillado ante ella para pedirle matrimonio…quién sabe.

- Ya empezó…

La voz de Inuyasha la alertó un instante antes de que se generara una explosion de sonidos y colores brillantes en el cielo, provenientes del festival que se estaba llevando a cabo allá en el pequeño pueblo. Miroku, Sango y Kaede probablemente admiraban los fuegos artificiales abajo en la feria junto con todos los demás habitantes, pero Inuyasha y Kagome preferían presenciar el espectáculo justo aquí, en este pequeño y secreto lugar cercano al 'Lago de la princesa dragón', como a Inuyasha le gustaba llamarle.

- Qué bonito…

El joven hombre desvió los ojos del cielo y las bombas para enfocarlos en la mujer a su lado, cuya maravillada y bella expresión calentó su corazón de la misma forma apacible y relajante de siempre. Le gustaba lo que sentía por ella. Era como…si quisiera estar siempre a su lado. Como si deseara poder siempre contemplar su figura y darle su protección. Era intenso. Sentía tanta adoración que se olvidaba se sí mismo…la quería tanto...

Bueno, este finalmente parecía ser un buen momento. Era ahora o nunca.

- Kagome…

La muchacha ladeó el rostro para encontrar su mirada.

- ¿Si?

- ¿Hace cuanto que nos conocemos? – Preguntó. Ella no lo pensó demasiado.

- Casi seis años.

Inuyasha le sonrió. - ¿Recuerdas aquella vez?

- Por supuesto…- Masculló ella enrojeciendo levemente ¿Cómo podría olvidarlo? Aun sentía cierta vergüenza al evocar ese momento.

- Yo era un muchacho antipático e inmaduro hasta ese día. – Dijo Inuyasha pensativamente mientras se sentaba – Recuerdo perfectamente haber visto a esa extraña muchacha bailando a través de mi ventana…y fue ahí cuando mi corazón por fin se fijó un objetivo. No me importaba si tenía que luchar y esperar…tenía esperanzas de alcanzarlo algún día.

Kagome estaba comenzando a ahogarse de nuevo. Tenía un ligero presentimiento de hacia dónde se dirigía esto.

- Inuyasha…

- Parcialmente creo que alcancé mi objetivo. Hacer que esa orgullosa e inocente bailarina se enamorara de mí. Pero creo que eso no me basta ahora. Yo quiero su amor completo. Para siempre, para todos los días…por eso quería preguntar…no, más bien pedir…

La muchacha abrió grande sus ojos, escuchando claramente sus suaves palabras por sobre el ruido de los numerosos cohetes sobre ellos. Se sentó también, sintiendo que su corazón amenazaba con explotar cuando él buscó algo en su bolsillo y se lo mostró, mirando sus ojos con devoción.

- Kagome, cásate conmigo.

Por un momento, ella no pudo hacer más que contener su aliento ante la visión de la pequeña cajita de terciopelo. El delicado anillo en su interior brillaba y resplandecía con la luz proveniente de las bombas, pero esas no eran nada comparadas con el estallido de mariposas en el estómago de Kagome. Una placentera y cálida sensación la recorrió hasta alojarse en su pecho, mientras asentía rápidamente y se lanzaba hacia Inuyasha, escondiendo su rostro en su cuello sin dejar de aceptar su petición, una y otra vez.

No podía creerlo. Después de tanto sufrir, de tanto llorar, de tanto querer aceptar una solitaria realidad…la vida le sonreía de esa manera, dejándola vivir este momento con la persona que más amaba en el mundo. Pero aprendió que todo lo pasado sólo había sido una prueba, sólo había sido un duro camino que la vida o el destino o lo que sea les había hecho atravesar hasta llegar a esto. Se sentía tan afortunada…apreciaría cada uno de sus días al lado de este hombre, como si fuera el último.

Con una sonrisa de absoluta emoción y felicidad, observó cómo él tomaba su mano delicadamente y deslizaba el anillo plateado en su dedo anular.

La muchacha no se dio tiempo para admirar su mano. Volvió a empujarlo efusivamente haciéndolo caer de espaldas en la fresca hierba, besándolo con ansias mientras Inuyasha bajaba sus manos hasta su cadera e intercambiaba las posiciones. Los anchos y fuertes hombros de él impidieron el paso de la luz moteada del los fuegos artificiales, pero ella de todas maneras pudo ver el cambio de colores a los costados de su rostro. Iban de verde a azul…de azul a rojo…de rojo a amarillo…

Inuyasha volvió a sellar sus labios de manera lenta y ardiente. Kagome no pudo evitar reír contra el beso notando cómo él acariciaba sugestivamente su cintura, el joven hombre se separó levemente.

- Para eso tendrás que esperar hasta llegar a casa. – Dijo ella.

Inuyasha sonrió, pero la chispa de malicia que brilló en el dorado de sus ojos fue suplantada por una expresión reflexiva.

- Kagome...si pudieras dar marcha atrás y cambiar las cosas... —murmuró retirándole del rostro los mechones de pelo suelto.

- No lo haría por nada en el mundo —contestó Kagome al tiempo que volvía la cara para besar los suaves dedos de Inuyasha — Tengo todo lo que jamás me atrevería a soñar.

Inuyasha sonrió de nuevo, dejando reflejar toda su devoción en sus ojos —Entonces, sueña un poco más —susurró él, justo antes de que su boca se cerrara sobre la de ella una vez más…

FIN

...

^^ Espero que lo hayan disfrutado.