"Reencuentro"

Morothar ordenó de inmediato una búsqueda en todo el reino. Faeron se enteró hasta después que el rey había descubierto lo que Bellethiel había hecho, y que los rugidos que escuchó aquel día fueron resultado de una pelea entre ellos… sin embargo, Bellethiel no había resultado seriamente herida, para alivio del dragón rojo.

Los soldados nunca lograron encontrarlo. El rey parecía haber olvidado que, en el pasado, Faeron había tenido que ocultarse casi a diario, por lo que le era sencillo evadir a sus perseguidores. El dragón nunca permanecía más de unas horas en un solo lugar, y por supuesto evitaba las ciudades grandes.

Lo que más le sorprendió fue la inesperada ayuda de varios dragones. Los habitantes de las aldeas le daban refugio y alimento, y nunca notificaban su presencia a los hombres de Morothar. Eso le hizo recuperar sus esperanzas; su gente no estaba resignada al reinado del dragón blanco, y parecían dispuestos a luchar contra él si se les presentaba la oportunidad. Ahora, lo único que Faeron debía hacer era encontrar al príncipe…

El joven se encontraba en una pequeña aldea cerca de la frontera, cuando notó que alguien lo observaba. Asustado, se dio la vuelta con brusquedad, tan solo para encontrarse con dos ojos azul cielo que lo miraban con lágrimas. Alassëa. Sin detenerse a preguntar que hacia ella ahí, o como lo había encontrado, avanzó hacia ella y la abrazó. Después de tantos años… creyó que nunca volvería a verla y aquí estaba, con sus brazos alrededor suyo mientras sus manos le sujetaban como garras, como si temiera perderlo de nuevo. Jamás la había visto llorar así. Sintió el impulso de besarla, de mostrarle todo lo que ella significaba para él, pero no sabía como lo tomaría, así que se contentó con recargar su cabeza en el hombro de ella, inhalando su fragancia.

"Faeron… Faeron… no puedo creer que seas tu… creí que habías…" murmuró ella con voz triste. El dragón la obligó a levantar la vista.

"Tranquila, Aly… ¿no creerías que podrían deshacerse de mi tan fácilmente, verdad?" dijo él. Ella le sonrió, mirándolo como nunca antes lo había hecho. Sin decir una palabra, tomó su mano y lo guió hasta una pequeña cabaña; él recordó de inmediato que era de ella.

Una vez dentro, Alassëa le pidió que le contara todo lo que había sucedido. Faeron le habló sobre la reina, los prisioneros y lo que sabía sobre el medallón. Vio que ella lo escuchaba con atención, haciendo gestos involuntarios cada vez que él mencionaba –aunque sutilmente- el maltrato de Morothar. Ella vio con pesar las marcas en sus muñecas, donde antes habían estado las cadenas.

"Entonces… la reina te ayudó a escapar" dijo Aly, más calmada. Faeron asintió. "Me temo que la decisión de Morothar ha complicado mucho las cosas" añadió.

"¿Qué quieres decir? ¿Y Arthion…?" preguntó Faeron.

Entonces ella explicó que, desde que los guerreros se habían rendido, Arthion se había visto obligado a salir del reino más a menudo, y que ella servía como informante en caso de que encontraran algo importante. También le habló sobre el medallón; dijo que el príncipe sabía la región en la que estaba, pero no quien lo tenía, por eso visitaba diariamente Sunao para asegurarse de que, quien fuera que lo poseyera, estuviera a salvo del rey. Sin embargo –y tal como Faeron temía- Arthion se encontraba fuera del reino al cambiarse la barrera, y no podía entrar de nuevo sin exponerse a Morothar.

"Debe haber una entrada… algo que se le haya pasado a Morothar" dijo Faeron. Aly se encogió de hombros.

"No lo sé… hace tiempo que no logro contactar a Arthion. La barrera lo ha dejado totalmente incomunicado… ¿Cómo vamos a…?" preguntó ella.

"Eso no importa. Primero deberíamos encontrar una forma de atravesar sin ser detectados" dijo Faeron.

A partir de ese momento, ambos se separaron para buscar una grieta en la barrera. Durante tres días, cada uno buscó en una región específica, tratando de encontrar cualquier cosa que les permitiera salir y entrar sin ser detectados… hasta ahora, no habían tenido éxito.

Faeron se dirigía hacia la pequeña cabaña de Alassëa, que se había convertido en su escondite perfecto: nadie habría pensado en buscar ahí. El dragón suspiró, frustrado ante la falta de resultados; tenían que moverse, y pronto, antes de que a Morothar se le ocurriera algo aun peor para reafirmar su posición. Faeron caminaba despacio, concentrado en sus propios problemas, cuando se detuvo al sentir algo…

Eran dos presencias, las dos extrañamente familiares. Faeron permaneció inmóvil, intentando recordarlas… la primera, recordó, pertenecía a Mael, su antiguo compañero. El dragón rojo miró extrañado en la dirección de donde provenían ambas energías; Morothar había nombrado comandante a Mael, así que el dragón gris ya no tenía tanta necesidad de circular por el área –prefería mandar a uno de sus subordinados-, ¿Qué hacia Mael ahí? Debía ser algo muy importante para que hubiera decidido venir en persona, ¿Acaso sabía que él estaba ahí? Faeron, preocupado, se concentró en la otra presencia para intentar saber más… y contuvo el aliento. La otra presencia era Arthion.

Finalmente, después de años, el príncipe estaba de nuevo en su territorio. Faeron se preguntó como habría conseguido entrar sin ser detectado… era obvio que Morothar no lo había sentido entrar, por eso enviaba a Mael… ¿Cómo lo había hecho? Sin embargo, el dragón rojo olvidó sus dudas al sentir que la energía del príncipe descendía. Faeron de inmediato corrió hacia aquel lugar; era obvio que Arthion tenía problemas.

Al llegar al lugar, la visión frente a él lo sorprendió: Arthion estaba en el suelo, inconsciente y con un costado cubierto de sangre… su cabeza reposaba sobre el regazo de una joven, evidentemente humana, que miraba con horror a un dragón gris –Mael-. Ambos parecían protegidos por una extraña barrera. Al mirar más detenidamente, Faeron reconoció el objeto que colgaba del cuello de ella… era el medallón. Eso explicaba como Arthion había podido entrar sin ser detectado a tiempo. Sin embargo, Faeron decidió dejar esos pensamientos para después al ver que Mael corría hacia la joven, con toda la intención de matarla.

Faeron rugió y, transformándose, se lanzó contra Mael. Esta vez, no lo dejaría ir tan fácil…

Mwajajajaaa! Cap final!

Si, el tonto Morothar olvido q Faeron es EXPERTO en huir (digo, de algo sirvió la vida en las calles) asi q no pudo encontrarlo.

Awww! Momentito tierno entre Faeron y Aly, q ya se merecían uno asi tras tanta desgracia. Ahhh, el amorrrr!

Y, como bien saben es a partir de aquí en donde esta pequeña historia se conecta con la de "El Principe Dragón" asi q es por eso q queda tan… cortada, jeje. Todos sabemos ya como le fue al infeliz de Morothar, y quien es esa mujer humana de cabello rojo *guiño*

Espero les haya gustado esta pequeña historia, y q haya servido para aclarar algunas cosillas de la otra. Ahora, la q siguueee!