Cósmico—

Esto es nuevo. Para tres personas. Tú, alma. Él, Syaoran. Y hasta hace dos días yo era la tercera persona. Y ¿qué es lo nuevo? Mi e-s-p-i-o-n-a-j-e. Me convertí en Sherlock Homes. Y no me mires con esa cara, que tampoco es para tanto. Oh, claro que lo es. Porque se supone que era él (él), el que me espiaba en las horas libres de clase y cuando venía que yo lo veía, rápido dejaba de observarme. Pero desde hace una semana soy yo la que lo acosa con la mirada a todas horas y eso no me gusta. Mentira. Me encanta. Porque en todas las ocasiones en que he volteado a verlo, lo he cachado en una situación reveladora. Como cuando descubrí que es el ser más feliz del mundo comiendo helado de chocolate. O en la otra ocasión cuando lo vi caminando sobre las hojas secas que caen del cerezo, y la sonrisa que brotaba de su boca cuando escuchaba el crush de su zapato al posarse sobre la hoja. Esas son las cosas que lo hacen sonreír y de paso a mí. Ya sabes, yo soy feliz si él lo es también.

"Regálale a Dorian Grey" dices tú y yo digo "Cállate, estúpida alma" Pero entonces pienso que será divertido rebatirle sus argumentos sobre la belleza cuando haya terminado de leer el libro y lo tenga que comentar conmigo, porque soy su amiga, porque soy la única en toda la escuela que puede leer a Wilde y entenderlo, claro, junto con él y porque obviamente es más entretenido leer a Dorian que la aburrida y enredada historia de Ernesto. *

Arg. Ya me he hartado de tanta pregunta tonta que me vienes haciendo desde que le conocí. Pero esta bien, me preguntas que cómo rayos sé que le gusta leer. Obvio, lo espio hasta cuando come sopa. ¡Oye! Tampoco soy una psicópata. Lo descubrí ayer y fue accidentalmente, lo juro.

Yo necesitaba investigar sobre el proceso de ósmosis en las células, así que corrí hacia la biblioteca pública de Tomoeda, caminé un buen rato repasando repisas y allá, en la mesa más alejada, la más oscurecida por el mortecino atardecer, se encontraba él. No es un lector de consulta. Lo hace por gusto. Por pura curiosidad suya es que se dedica a leer novelas, que los gorilas que van en nuestra escuela no leerían ni por encargo expreso de Dios.

Ya dije que él no es de este mundo y eso lo demuestra. Un niño de once años no lee a Óscar Wilde y se queda tan tranquilo. Lo demuestran sus cejas arqueadas, que bajo ellas, sus ojos (re)corren entre las palabras de lo que lo lee.

¡Bah! ¡Qué importa que lea la Importancia De Llamarse Ernesto! Libro que a mi no me gusta mucho que digamos. Pero eso lo soluciono yo.

&.

"Vamos, maldita sea, toma el libro y evítame esta humillación" Pienso yo, mientras sostengo con la mano derecha el libro que le alargo a Syaoran, y él con sus enormes ojos curiosos me mira expectante. Así, se queda sin hacer nada, más que mirarme junto con la mitad de la escuela, que ya empiezan a murmurar que sólo dos raros como nosotros nos podemos regalar libros.

— Gracias, querida amiga—. Me lo dice al momento de cogerlo. Levanto la cabeza y hay una enorme (tanto como sus ojos) sonrisa posada sobre sus labios. Es sincero, y yo le creo.


Well, creo que esta viñeta se sale un poco del contexto que he seguido con las demás, pero me gusta y aquí está, como prometí xD

Don´t worry que seguiré subiendo, ya estoy de vacaciones y tendré más tiempo. Oigan y muchas muchas gracias niñas lindas y hermosas que me siguen y leen esta cosa tan rar ade fic c: Las quiero 3

Madame 16/06/11