Disclaimer: Todos los personajes son de StephenieMeyer. La historia pertenece a icecoldhamster, yo sólo me adjudico la traducción.


Summary

TRADUCCIÓN by Sol. * Lemony one-shots de Edward y Bella en la vida matrimonial. Cap1: Deberes maritales Cap2: La venganza de Bella Cap3: Hora del Baño Cap4: Te amo Cap5: Mía Cap6: Suya Cap7: Tabú Cap8 Oh, Sr CullenCap9: Ebrios Cap10: Feliz Navidad Cap11: Madrugadas .TODOS HUMANOS.


Parte I

|~Deberes Maritales~|


No estaba del todo segura de cómo alguien podía verse tan sensual leyendo un libro. No es como si estuviera haciendo algo especial, sólo miraba una página —con esos preciosos ojos verdes que podían convertir mis piernas en gelatina—, y cambiaba las páginas, con sus grandes y musculosas manos, que podían convertir cualquier parte de mi cuerpo en jalea. Incluso allí, sentado, completamente vestido y en silencio, captaba de toda mi atención.

Se veía más sexy allí sentado que cualquier otro modelo masculino que pudiera haber visto en mi vida y, era debido a este hecho, que no me sentía en absoluto avergonzada estando aquí recostada, mirándolo. Tenía la mejor vista desde acá, exactamente alineada con su sillón favorito, tendida en el sofá. Oh sí, asiento de primera fila.

No fue hasta que su lengua se asomó para humedecer sus labios y, que dejé escapar un gemido involuntario, que fui consciente de que él sabía que lo estaba observando.

— ¿Te diviertes, querida? —preguntó sonriendo.

Probablemente hubiera estado furiosa si no estuviera tan excitada en ese momento, y él no se viera tan malditamente delicioso.

—No tanto como podría.

Levantó una ceja sin encontrarse con mi mirada.

— ¿En serio? —me di cuenta de que trataba de mantener un tono desinteresado.

Tuve que morderme el labio para no gemir de nuevo cuando su lengua hizo otra aparición.

— Mm hmm.

— ¿Y posiblemente qué podría hacer tu velada más grata? —preguntó llevando una mano hasta ese cabello bronce impresionante, y alborotándolo.

Respiré hondo, y traté con mi voz constante.

—Oh, no sé, puedes… —hice una pausa y fingí pensar en ello— ¿follarme?

Se rió entre dientes y dejó caer su mano por la parte posterior de su cuello. La camisa se extendía sobre los definidos músculos que se escondían. ¿Por qué tenía que ser tan tentador? ¿Y por qué le seguía dando toda su atención a ese estúpido libro, cuando su esposa estaba claramente necesitada de ella?

—No lo sé, Bella, estoy un poco cansado.

Bueno, si era así como lo quería, dos podían jugar a ese juego.

—Oh, bueno, eso es una lástima, supongo —suspiré con fuerza—. Hubiera sido mucho mejor si también estuvieras implicado. Lástima.

Finalmente levantó la vista del libro. Sin abandonar su mirada, bajé la mano por mi cuerpo, arrastrándola a lo largo de la pretina de mis pantalones de ejercicio. Sus ojos miraron a mi mano, contuve una sonrisa, estaba justo donde lo quería. Metiendo mi mano dentro de mis pantalones, vi que sus ojos seguían cada movimiento que ésta hacía debajo de mi ropa.

Mis ojos se cerraron cuando empecé a hacer círculos en mi clítoris. Dejé escapar un ligero suspiro, sin tomarme la molestia de tratar de ocultarlo; él había pedido esto y no me iba a detener. Sentí que el dolor que había comenzado entre mis piernas, se intensificaba viendo a Edward, y mi mano trabajo más rápido, y yo, gimiendo libremente. Mis caderas comenzaron a moverse al compás con mi mano. Moví mi brazo para que mi otra mano bajara hasta mi abertura, pero fue detenida a medio camino.

Mis ojos se abrieron. Edward estaba de pie sobre mí, mi muñeca estaba en su mano, me agarró la otra y la sacó de mis pantalones, y no pude evitar gemir.

—Tú —comenzó, con voz afectada—. Has sido una muy, muy mala chica.

Puse mala cara y luché contra su agarre; estaba tan cerca antes de que interrumpiera y quería mi liberación.

—Las chicas malas deben ser castigadas —terminó, sacándome del sofá por las muñecas y conduciéndome hasta el dormitorio.

—Edward, ¿qué estás haciendo?

Se volvió para mirarme y, sonrió justo antes de alzarme y dejarme en la cama.

—Ya te dije Bella, vas a ser castigada.

Se dio la vuelta y se acercó a la cómoda, agarrando algo. Estiré el cuello para ver que era. ¿Una corbata?, ¿dos corbatas?, ¿por qué las estaba atando juntas? Saltó de nuevo a la cama y se puso encima de mí, sujetando mis brazos por encima de mi cabeza, más rápido de lo que nunca lo había visto moverse. Mis ojos se abrieron cuando envolvió las corbatas en torno a mis muñecas, y alrededor de la estructura de hierro de nuestra cabecera. ¿Cómo no lo vi venir? Oh sí, porque estaba cegada por su belleza, la historia de nuestro matrimonio.

— ¿Edward? —mi voz tembló ligeramente.

— ¿Sí, querida? —Todavía estaba comprobando si las corbatas estaban lo suficientemente apretadas, pero sin que me cortaran la circulación. Bendito sea su pequeño cerebro doctor, incluso cuando me ataba se preocupaba por mí.

—Me ataste —me encogí mentalmente, buena manera de decir lo obvio, Bella.

Se rió entre dientes.

—Sólo me estaba asegurando de que esas molestas manos tuyas, no intervinieran en tu castigo.

— ¿Y qué sería eso exactamente?

Sonrió con malicia y me besó. Firme y fuerte. Gemí y pasé mi lengua por su labio inferior. Se apartó. Traté de seguirlo. Mi amarré no me lo permitió. Dejé caer mi cabeza sobre la almohada y me quejé. Se rió de nuevo y trasladó su beso a mi cuello. Incliné mi cabeza para darle más acceso y sentí que me mordía.

Jadeé y sacudí mis caderas, desesperada por obtener fricción.

Dios, me encantaba cuando él era así. ¡Tan salvaje… y… sexy!

Apretó sus manos en mis caderas, sosteniéndome abajo, en el colchón, y moviéndose para susurrar en mi oído:

—Lo siento, bebé —no parecía que lo sentía—. No puedo dejarte hacerlo, podría perder la concentración y tú no podrías aprender tu lección.

¿Sin fricción?

Me voy a morir.

De frustración sexual.

Algo irónico, considerando con quién estaba casada.

Mordió mi oreja y mi respiración se enganchó. Estaba utilizando una de mis mayores debilidades. ¡Estúpido hombre súper sexy y doctor! Comenzó a succionar el lóbulo de mi oreja, luché contra su cuerda improvisada. ¡Maldita sea!, ¿quién sabía que las corbatas podían ser tan jodidamente inflexibles?

Probablemente él sí lo sabía.

Gruñí.

Se movió para mirarme a los ojos y levantó una ceja, su sonrisa de comercial haciendo todavía otra aparición esta noche. Quería quitársela de la cara con una cachetada.

No, no quería.

Quería quitársela con un beso. Mucho más placentero…

Justo cuando moví mi cabeza para tratar de llegar a su cara, una de sus manos en mi pecho me detuvo.

¿Cuándo se había metido debajo de mi camiseta?

Cuando estaba deslumbrándome con su maldita sonrisa.

Ahora era su turno de gemir, cuando se dio cuenta que no llevaba sujetador. Empujó mi top a lo largo de mis pechos y agachó la cabeza para aspirar en mi pezón. Sentí que mi corazón martilló contra mi pecho y que se me aceleraba la respiración.

—Debería haber reflexionado mejor sobre esto —murmuró contra mí.

— ¿Qu? —ni siquiera podía pronunciar una palabra completa a través de la nube vigorosa que se había hecho cargo de mis sentidos.

—Mmm, no puedo sacarte tu top con los brazos atados —murmuró rápidamente, pasándose a mi otro seno.

Sentí su pulgar frotar mi pezón, el que todavía estaba resbaladizo por su boca, y gemí.

—Desátame entonces.

Sabía que no lo haría, pero me lo debía a mi misma y a mi inminente orgasmo el intentarlo.

Se rió y me mordí el labio por las sensaciones que me causaba.

—De ninguna manera, nena. No estoy ni cerca de haber terminado contigo todavía, lo haré de esta forma.

Volvió a mi pecho y mordió mis pezones.

Oh, Dios.

Agité mis caderas, oprimiendo justo en su evidente erección. ¡Por fin algo de fricción! Las sacudí de nuevo. Él gimió y sujetó mis caderas con las manos.

—Edward, me estás volviendo loca. Por favor… —sonaba desesperada para mis propios oídos, odiaba pensar como sonaría para los de él.

— ¿Por favor qué, Bella? —Se movió por mi cuerpo. Ahora estábamos con las caras al nivel.

—Tócame —Oh sí, soné…

—Tan sexy —murmuró, jalando mis pantalones hacia abajo—. ¿Sin bragas? —gimió.

Hubiera sonreído, si no hubiera estado tan ocupada retorciéndome en desesperación debajo de él.

—No —le respondí simplemente. Estaba segura de que podría haber salido algo más sexy, pero, ¿cómo puede pensar uno con estas presiones?

O la falta de ellas.

— ¿Cómo quieres que te toque, Bella?

Ughh, estaba haciéndome pensar, ¡maldito… hombre… y sus castigos estúpidos!

—Frótame —lloriqueé.

— ¿Frotarte dónde? —preguntó—. ¿Aquí? —me acarició la cara interna del muslo.

Gemí de frustración.

—Más arriba —demandé con voz débil.

— ¿Aquí? —movió su mano hasta justo debajo de mi ombligo.

—Edward —gemí.

—Dime, ¿dónde quieres, Bella? —su voz sonaba áspera.

Yo le quería aún más.

—Por favor, Edward, por favor, frota mi clítoris.

Gimió y movió su mano hacia abajo, dejando un rastro ardiente en todas las partes en donde sus dedos tocaron. Sentí como separaba mis labios, y arrastraba sus dedos por todo el camino, desde mi palpitante entrada, hasta mi adolorido clítoris. Ambos gemimos.

—Dios, Bella, estás tan mojada.

Apretó los dedos con fuerza contra mí, pero no los movió. Agité mis caderas contra él dos veces antes de que él me detuviera.

—Edward —Si antes mi voz había sonado desesperada, ni siquiera quería saber la palabra que se usaba para describirme ahora.

Se rió entre dientes.

—No sería mucho un castigo si obtienes lo que quieres, ¿no?

Mis ojos se abrieron. ¡Jodido tormento!

Quitó sus dedos de mi clítoris, y los frotó encima de mis labios con un toque ligero como el de una pluma. Tenía ganas de gritar de frustración.

—Por favor —le rogué.

— ¿Quieres esto? —frotó de nuevo mi clítoris.

—Sííííí —grité.

Se echó a reír y lo hizo de nuevo, y de nuevo, obteniendo un gemido de mí cada vez.

— ¿Qué más quieres?

—Quiero que muevas tus dedos en círculos.

— ¿Así? —preguntó dando vueltas en círculos a mi clítoris.

Mis ojos se rodaron en mi cabeza y los cerré con fuerza.

—Sííí —siseé. Sólo un poco más y finalmente tendría mi liberación.

Alejó su mano. Mis ojos se abrieron de golpe y lo fulminé con dagas en los ojos. ¡Se echó a reír otra vez! ¡Era exasperante!

— ¿Crees que no me doy cuenta cuando estás cerca, bebé? —Besó mis labios con rapidez—. Este es un castigo, ¿recuerdas?

Mi respiración era irregular.

— ¿Cómo olvidarlo?

—No te enojes. Tú comenzaste esto.

— ¡Sólo porque no estabas cumpliendo con tus… deberes maritales! —me defendí, tropezando con mis palabras.

Se echó a reír.

—Tal vez debería hacerme cargo de ellos.

Besó a su manera mi cuerpo, pasando por alto la parte en la que más lo necesitaba, y salpicando ligeros besos en el interior de mis muslos. Gruñí.

Levantó la vista hacia mí.

—Me encanta ese sonido —hablaba en serio, algo de lo que estaba orgullosa de ser capaz de notar, dada mi actual condición—. Pero no tanto como esto.

De repente se inclinó y me lamió mi clítoris.

— ¡Edward! —gemí.

Soltó un gruñido.

—Me encanta mi nombre en tus labios.

Me lamió otra vez, antes de bajar y chupar mis labios. Se sentía bien.

Pero no lo suficiente. Sacudí mis caderas en su cara, él presionó hacia abajo mis caderas con sus manos.

—Compórtate —susurró, su aliento me hacía cosquillas en mi carne palpitante.

Gemí.

Su lengua dividió mis labios y lamió ahí, al igual que sus dedos lo habían hecho. Luché contra las corbatas, queriendo más que nunca apretar su cabello y prensarlo hacia mí.

Levantó la vista hacia mí, mi necesidad debió haberse visto en mi cara, lamió de nuevo mi clítoris, chupándolo. Gemí su nombre, y otra vez, pero estaba bastante segura de que nada de eso tenía sentido. No me importaba. Eché mi cabeza para atrás y arqueé mi espalda, al borde del orgasmo.

Se detuvo.

Esta vez, grité de frustración.

— ¡No pares! Por favor, no pares.

Me miró y sonrió, antes de bajarse de la cama.

— ¿Qué? ¿Qué estás haciendo? No me vas a dejar aquí así, ¿verdad? —no estaba segura si me estaba refiriendo a mi evidente excitación, o al hecho de que estaba atada y desnuda en la cama, y francamente, no me importaba.

—Tonta Bella —murmuró, desabrochándose los primeros tres botones de su camisa, antes de sacársela por la cabeza. Se desabrochó el botón y la cremallera de sus pantalones, y los dejó caer al suelo. Continuando con sus bóxers. Jadeé, y no pude apartar la mirada de su gruesa erección. Lo quería.

Estaba de nuevo en la parte superior de mí el mismo segundo en que sus bóxers cayeron al suelo. No me importaba donde había estado su cabeza, lo besé. Me devolvió el beso en esta ocasión, deslizando su lengua en mi boca. Me saboreé a mí misma en él. Me gustó. Gimiendo, arrojé mi pierna sobre su cuerpo y me presioné contra él. Soltó un gruñido.

Se apartó y me miró con seriedad.

— ¿Qué quieres, Bella?

—Que me cojas.

Gimió y entró en mí con un movimiento suave.

— ¡Me encanta cuando hablas así!

Levanté la otra pierna para envolverla en torno a su cintura y tiré de él más profundo.

Apoyó su frente contra la mía, observándome. Aminoró el movimiento de sus caderas.

Lloriqueé.

—Por favor, más rápido, Edward, más fuerte. Fóllame.

Gruñó, y salió y entró de vuelta con rapidez. Mis ojos se cerraron mientras mis caderas se unían a su ritmo.

—Abre… tus ojos —dijo sin voz, moviéndose más rápido.

Negué con la cabeza débilmente.

Me mordió la oreja.

—Ábrelos —exigió.

—Me vengo.

Gimió y bombeó sus caderas aún más rápido.

—Ábrelos y córrete para mí, bebé.

Me mordí el labio. Esto era diferente a su dedo o su lengua, él estaba dentro de mí ahora. No quería correrme tan pronto.

—Quiero ver esos hermosos ojos cuando te corras en mí, ábrelos, por favor —me rogó.

Nunca me le podría negar.

Abrí los ojos. Me estaba mirando. Casi de inmediato sentí el impulso de volverlos a cerrar cuando me contraje alrededor de él.

— ¡Edward! —grité.

Unos momentos más tarde, dijo mi nombre y se derrumbó encima de mí. Permaneció allí hasta que nuestra respiración se regularizó, antes de apoyarse en sus codos y sonreírme.

—Deberías de ser mala más seguido.

Sonreí y rodé los ojos.

— ¿Ahora sí me vas a desatar?

Fingió pensar en ello. Le mordí su hombro.

— ¡Está bien, Está bien! —se rió entre dientes.

Tan pronto como mis manos estuvieron libres nos di la vuelta y me senté a horcajadas en su cintura.

—Mi turno.


N/A: Y ¿qué piensan? ¡Por favor dejen reviews y díganme! Este es mi primer lemon, crítica constructiva será muy bien recibida.

Así como todos los reviews en general.


N/T: Hola! Volví chicas, vi esto y pedí autorización de inmediato.

Una cosa, los reviews serán traducidos al Inglés y publicados en el fic original, así que si le quieren decir algo a ella, ¡adelante!, yo se lo haré saber.

Bye-bye, Besos
*~
Sol~*
(Anteriormente: Anatze Sun Cullen)