Disclaimer: no soy Yuu Watase; me he cambiado el nombre. Ahora soy... Watase Yuu^^


The last one standing

Llueve sobre Tokio. Luz y ruido parecen lejanos; el agua les protege de ellos, a ambos. Él sujeta el paraguas; ella le abraza, y sonríe. Está bien, dice, no me importa ir mañana. Y le da un beso.

Taka sonríe.

Arranca el coche sin pensarlo, sin casi darse cuenta, en un movimiento automático. Es un modelo deportivo: caro y bonito, funcional. Les gustó a los dos, cuando fueron a comprarlo; el dinero, por suerte, no fue un problema, aunque le dolió un poco gastarlo. Al fin y al cabo, los viejos hábitos son difíciles de romper.

Apenas recuerda su otra vida, ya. Parece lejana, muy lejana; apenas han pasado diez años, en realidad, pero, en el día a día, le resulta difícil pensar en que, una vez, fue algo más que Taka Sukunami, que el hombre que es ahora. Resulta extraño recordar el mundo del libro; es casi un sueño, a estas alturas.

Pero sigue ahí. Al fin y al cabo, dejó atrás muchas cosas, cosas que nunca se irán del todo, supone. Amigos. Familia. A sí mismo, en cierta medida. Y puede que lo eche un poco de menos, en realidad.

Estar aquí merece la pena, sin embargo, piensa, mirando a Miaka –su mujer, ahora. Se ha quedado dormida, como tantas otras veces, una sonrisa leve en los labios.


El tráfico es horrible a estas horas; a este paso, quedarán atrapados en el atasco hasta dentro de una semana, piensa, y se ríe en voz alta. Miaka se remueve un poco, gruñe; Taka ríe más alto. Es un buen día, se dice, a pesar de la lluvia y el atasco, a pesar de que no han podido ir a ese nuevo restaurante que han abierto. Es un buen día, porque tiene a la mujer de su vida, y su niña está en casa de Yui, esperándoles; es un buen día porque no está solo, ya no. Tiene familia. Amigos. Una vida que vivir, de la que sentirse orgulloso; puede que ya no sea la de un guerrero, pero eso no la hace menos digna.

Toca el claxon un par de veces, pero sin verdaderas ganas. No le importa pasarse un rato más en la carretera; es sábado, y no tiene que trabajar, por suerte. Supone que, ahora que el plan se les ha fastidiado, Miaka y él cenarán tranquilamente en casa, viendo una película. Probablemente una comedia; cree que tienen una nueva, pero tendrá que preguntarle a ella.

En un momento determinado, su mujer abre los ojos, verdes y grandes, y le sonríe. ¿Queda mucho?, pregunta; él hace un gesto exasperado. Hay atasco, explica. Miaka le besa en los labios.

Es entonces cuando llega el dolor, agudo y tan fuerte que no podrá soportarlo, cree, no podrá aguantarlo mucho tiempo. Se pregunta si estará muriendo, al principio; luego lo reconoce –ese vacío en el pecho, como si le arrancaran algo de sí mismo- y llora.

Ha ocurrido algo, se dice. Les ha ocurrido algo.

La vida del libro no queda tan lejos, al fin y al cabo, y ahora Taka Sukunami es, sin ninguna duda, el último Guerrero de Suzaku.


Notas: y nada, aquí va un algo cortito cortito. Espero que os haya gustado. Siempre me ha parecido que, esté donde esté, Taka seguirá siendo una Estrella de Suzaku -a menos que sigamos al pie de la letra los OVAs y tal-, y que, como en el libro el tiempo pasa más rápido, probablemente será el último en morir. Nusé.

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Danny