Incluso un hombre puro de corazón

y que reza sus oraciones por la noche

puede convertirse en lobo cuando florece la luparia

y brilla la luna de otoño...

PROEMIO...

Inglaterra, 19...

Odiaba viajar en barco, todo el mundo lo sabía, no había nadie más infeliz que él en el mar. Su estómago lo odiaba, su alma lo odiaba... Así que cuando por fin sus pies pisaron el muelle de la vieja Inglaterra no pudo menos que levantar la vista al cielo y agradecer el dejar el insano movimiento de las olas.

Sacó su reloj con cadena del bolsillo derecho del pantalón 3:45 de la tarde.

...

Su historia no era muy diferente a muchas otras, su madre había sido una bella mujer inglesa enamorada de un joven que vivía en el mismo pueblo, como resultado de su amor él había venido a este mundo. Lamentablemente, la joven pareja se encontró con el impedimento de la familia de él, ella murió poco después de que el bebé naciera y todo lo que le quedaba por parte de la familia materna era una adorada tía que lo cuido todo el tiempo que la familia del padre se lo permitió, después la familia de papá se llevó al niño a América a donde inmigraban para ganar una vida mejor...

Lo habían logrado, tanto que él era más americano que británico. Aunque su abuelo no estaba muy de acuerdo -su padre había muerto durante los enfrentamientos de los inmigrantes irlandeses en Nueva York- el joven que ahora iba a la universidad no dejaba de intercambiar correspondencia con la única familia que había dejado en Inglaterra, su amorosa tía Gwen...

...

En una de sus cartas, la tía Gwen le hablaba de acontecimientos extraños y misteriosos que bien podían recordar una novela de Mary Shelley...

Por más que quiso adelantar el viaje pese a lo que odiaba el mar y más tomando en cuenta el fatídico accidente del Titanic no logró emprender la marcha a Inglaterra hasta que el abuelo se lo permitió, el viejo no iba a soltarle dinero para un viaje de no hacer nada siendo que él tenía que quedarse a vigilar el emporio familiar... Esa misma noche cuando el anciano fue a dormir él terminó escapando en el primer barco a Inglaterra...

...

Ahora se encontraba en Londres pidiendo información sobre cómo llegar a la tienda de antiguedades de la señorita Conliffe...

Una vez más consultó el reloj con cadena. 4:20 de la tarde, y seguía tan pérdido como al principio.

Su estómago rugió de pronto, no había probado alimento desde el barco y lo poco que había comido el mar se lo había quitado.

El primer pub frente a él era perfecto, lo único que pedía era cualquier cosa de comer y un poco de cerveza.

¡Ey!- gritó de pronto.

Un niño de unos doce años había chocado contra él, el pequeño pillo parecía haber salido de alguna fábrica por lo sucio que se encontraba o tal vez estuviera así de sucio por vivir en la calle, ni idea, lo único que sabía es que ese niño lo había derribado.

¡Alto ahí!- gritó un policía inglés dándole alcance al mocoso.

El niño se veía acorralado, al parecer escondía algo entre su chaqueta ya que intentaba huir a cualquier costa.

¿Está bien, señor?- preguntó el policía levantando de un jalón al infante.

Sí, gracias- contestó el joven levantándose solo- ¿Dónde estabas?- le gritó al niño.

Tanto el niño como el policía le miraban sorprendidos.

¡Sí, te hablo a ti! ¡Primero me dejas esperando en el muelle y ahora te tardas! ¿Crees que voy a cargar las maletas solo?- parecía muy molesto.

¿Le conoce, señor?- preguntó el policía soltando al niño

Sí, este bribón me ha hecho esperarle todo este tiempo! Mi barco acaba de llegar de América hace poco y éste- señaló al niño- se ofreció a ser mi mozo.

¿Es cierto?- preguntó el policía al niño.

Sí... sí... señor- balbuceó el niño.

Pero lo acaban de ver robando unas manzanas- señaló el policía.

Para mala suerte del niño las tres manzanas robadas rodaron hasta los pies del joven americano.

¡Perdiste el dinero!- le gritó el joven agarrando una manzana y dándole una mórdida- Guacalá- la escupió.

¿Señor?- preguntó el policía sin entender.

¡Esta pequeña rata sabe que no tolero las manzanas y es lo único que me trae!- dijo el joven sacando unas cuantas libras.

Lo... lamento- se disculpó el niño.

Al parecer había entendido el juego del joven desconocido.

Señor- se dirigió el joven al policía- disculpe los malentendidos ¿será suficiente?

Sí... bueno... ¡Qué no te vuelva a ver, rufián!- el policía le dio un zape en la cabeza al niño.

...

Gracias, señor- dijo el niño con una sonrisa de felicidad cuando el policía se fue- es usted muy amable.

¿Robaste por hambre?- preguntó el joven tomando sus maletas.

El niño asintió con todas sus fuerzas.

Estoy solo señor, no tengo a nadie, duermo en la calle y...- comenzó el niño

No estoy interesado en los cuentos de Charles Dickens- le cortó el joven- si tienes hambre puedes acompañarme a comer...

¡Muchas gracias, señor!- el niño saltó de alegría.

Al momento le quitó las maletas, estaban pesadas pero a él no le importó.

Me llamo Fossey, señor...- se presentó el niño.

Thadeus, mi nombre es Thadeus Neeson- le palmeó el hombro el joven americano- pero puedes llamarme Thad.

¿Thad?- el niño no dejaba de seguirle dando saltitos.

Sí, así me llama mi tía Gwen, al menos así me llama por las cartas- dijo el joven mirando su reloj- Dios, ya son las 5: 40 ¡Muero de hambre!

¡No señor, ahí no!- el niño lo detuvo de entrar al pub que tenían enfrente- ¡Ahí hay ratas! ¡Las he visto en los basureros!

¿Ratas?- Thad le sonrió, ese niño le agradaba- ¿Y cuál recomiendas, entonces?

¡Yo lo llevare a una mejor! ¡Por cinco peniques le dan sopa y pan a uno!- dijo Foseey emocionado.

-¿Sopa y pan? No puedo esperar a probarla...

...

Tranquilo, Fossey. Vas a ahogarte- dijo Thad.

El niño ya iba en el segundo plato de sopa.

¿Está sabrosa, verdad señor?- preguntó Fossey con la boca llena.

Dime Thad- dijo el americano sonriendo- sí, es buena, al menos no es comida de barco.

¿Cómo es América, señor... perdón, señor Thad?- Fossey tomó otro pan.

Bonita- contestó Thad- Oye, tengo que encontrar a la señorita Conliffe...

Fossey se puso de pie de un salto.

¡Yo me encargo, señor Thad!- dijo el niño saliendo corriendo del pub.

...

No había pasado ni media hora cuando Fossey regresó con una cara sucia pero risueña.

¡Ya sé a quién busca, señor Thad!- dijo él- ¡Les pregunté a los demás pillos! ¡Es la señora de la tienda de antiguedades! ¡Es muy amable!

Será mejor que busquemos donde dormir, ya mañana me llevaras a verla- dijo Thad sorprendido de lo despierto que era ese pillo.

¡Conozco un hostal donde no hay pulgas, señor Thad!- dijo Fossey con la amplia sonrisa.

¡Por el amor de Dios!- exclamó Thad- está vez quiero algo caro, no te preocupes- agregó solo ver la cara del niño- puedo pagarlo, lo único que quiero es dormir en una verdadera cama.

-¡Yo también señor Thad! ¡Dicen que son cómodas! Pero nunca he dormido en una para descubrirlo ¿Son cómodas?

Continuara...