Queridos lectores.

Aquí se presenta una servidora para empezar a crear una nueva historia de Slam Dunk. No os digo de que va a tratar, pero si que está escrita en primera persona y que será desde el punto de vista del Ryonan, no del Shohoku como estareis acostumbrados a leer del manga o ver en el anime.

Espero que nos os decepcione este primer capítulo y bueno, que haya añgún review con algún comentario ya me basta.

Finalmente, recordad que este fic es ÚNICO de su autora y está PROHIBIDO plagiarlo, copiarlo o cualquier otra cosa.

Karen Asano y Haruna Hida son personajes creados por memoriesofkagome

El resto de personajes pertenecen exclusivamente a Takehiko Inoue.


Capítulo 1. Nuevo instituto.

- Karen, date prisa o llegarás tu primer día tarde.

- Ya voy, mamá.

Para los que no me conocéis, me llamo Karen Asano y tengo 15 años recién cumplidos. Vivo en una ciudad de Kanagawa junto con mi madre y hoy es el primer día en mi nuevo instituto, Ryonan. Después de haber cursado la secundaria baja en la escuela Tomigaoka me ofrecieron entrar en diversos institutos, debido a mis buenas notas. Las dos que me quedaban más cercanas eran Ryonan y Kaynan, pero me decanté por la primera. Me habían comentado antiguos compañeros míos que era un buen colegio, y aunque era privado la cuota mensual no subía mucho. Además tenían varios clubes, a los cuales yo no me iba a apuntar. Demasiada faena tendría cuando empezara el curso para desperdiciar el tiempo así.

Así salí de casa y me encaminé lentamente hacia la estación de tren. Sí, estaba cerca pero para llegar tenías que tomar el tren si o si. Eso era algo que me fastidiaba, ya que el anterior instituto lo tenía a tres pies de casa. Hablando de institutos, al escoger Ryonan dejé de lado a una de mis mejores amigas, Ayako Hirota, que ahora mismo debe de estar en Shohoku. Ella también es muy buena estudiante pero lamentablemente no escogió el mismo lugar donde continuar los estudios, además que ella vivía muy lejos y supongo que Shohoku le iría mejor. Una lástima, pero bueno, me he de hacer la idea que así podré conocer gente nueva. Se dé compañeros que iban a incorporarse conmigo a la aventura, pero éramos muy pocos, contados.

Me subí al tren y me alisé la falda, que se me había subido tres centímetros hacia arriba. El vagón estaba repleto de estudiantes con el mismo uniforme, algunos enormes y otros como yo. Vi una cara conocida en la puerta contigua a la mía y me fui hacia allí.

- ¡Haruna! – grité, aunque mis gritos pasaron desapercibidos debido al gran ruido que hacía la gente al hablar.

- ¡Karen! ¡Cuánto tiempo! – dijo mi otra mejor amiga. Era rubia, con los ojos verdes y piel pálida, además de llevar unos tacones de vértigo que hacía que midiera como yo, unos 1,70 cm. - ¿Qué tal el verano?

- Bien, un poco aburrida en casa de mis abuelos en Okinawa pero nada en especial. ¿Y tú?

- Genial, te he de contar muchas cosas. Conocí a un chico en la playa y acabamos juntos durante todas las vacaciones, pero ya sabes cómo soy yo, nada serio.

- Ya, ¿pero no hubo nada? – la miré pícaramente.

- Ai, no seas indecorosa, que estamos en medio de un tren.

- Si claro, cómo si tú lo fueras.

- Anda, calla. Por cierto, hoy empezamos, a ver qué pillamos por el insti.

- Yo mejor no pillo nada, que me he de centrar en los estudios.

- Tú siempre tan buena estudiante.

- Claro, como tú no pegas ni un sello y lo apruebas todo con matrícula.

Ella me iba a increpar pero una voz nos sacó de la conversación "Instituto Ryonan".

- ¡Vamos!

- ¡Sí!

Y las dos salimos a la vez que un tropel de gente que se abalanzó e iban siguiendo una calle larga donde al final se distinguían unos edificios. Nosotras fuimos tranquilamente, observando todo lo que nos rodeaba, ya que era nuevo. Al llegar a la cima, vi dos edificios enormes, un pabellón de deportes y siete campos de fresca hierba, además de dos piscinas. Esto era increíble, que instalaciones tan perfectas, me parece que había escogido un buen sitio donde continuar mi camino.

Juntas entramos en el edifico central y fuimos hacia unas listas para comprobar nuestra aula. ¡Qué suerte! Nos había tocado en la misma, pero solo habían dos estudiantes que conocíamos con nosotras, el resto vendrían de otros lados. Fui a conserjería a coger la llave de mi taquilla y esperé la inmensa cola que había para abrir la nueva. Me cambié los zapatos y dejé mi bolsa de deporte allí. Así fuimos las dos hasta la clase 7 de primer curso. Tuvimos suerte y pudimos escoger sitio, por la mitad de la clase pero con mesas separadas, Haruna detrás de mí. Enseguida nos pusimos a charlar las dos, mientras su mirada se clavaba en la puerta por donde entraban todos los estudiantes de nuestra clase. Había muchas chicas pero los chicos no se quedaban cortos, y encima parecía que hubieran tomado mucho calcio durante su infancia, ya que la mayoría medían más de metro setenta de altura. Con esta altura podrían jugar a voleibol, tenis y básquet perfectamente.

Mis pensamientos se rompieron al ver entrar al profesor, que enseguida se puso a pasar lista y empezó con la clase de matemáticas. Estuvimos toda la mañana repasando algunos conceptos de la secundaria baja en casi todas las materias pero en Biología, una de las asignaturas optativas de mi rama, ya nos pusieron un montón de trabajo. Justo cuando estaba deambulando en mis pensamientos sobre cómo iba a organizar la tarde complicada que se me presentaba, sonó la campana del final de clases y todos los estudiantes salieron como almas del diablo del aula.

- Karen, vamos a ver donde podemos comer.

- Ya voy.

Así cogimos nuestras mochilas y nos fuimos hacia el exterior, a ver donde podíamos encontrar un lugar para hacer nuestro pequeño pícnic. El césped que rodeaba las edificaciones estaba repleto de estudiantes ya disfrutando del almuerzo, así que por más que paseamos no encontramos ningún lugar. Al final optamos por ir a la cafetería, donde además aprovecharía para comprar un refresco. Haruna se sentó en una mesa mientras yo iba hacia la barra a pedir, poniéndome la última en una cola de unas veinte personas. Intenté volver a pensar en que haría esta tarde, ya fastidiada por culpa de la tarea, y yo que quería ir a nadar un rato. Miré a los carteles para ver qué era lo que tenían allí, pero no veía nada debido a que justo delante de mi tenía dos chicos de una altura considerable, supongo que rondarían el metro ochenta, quizás uno de ellos más. De espaldas no los podía apreciar bien, pero diría que iban a la misma clase que yo. Seguro que mi mejor amiga estaba al acecho, a ella no se le escapaba ninguno.

Poco a poco llegué a la barra y me apoyé en ella, esperando a que alguno de los camareros se fijaran mi presencia, pero al ver que no llegaba el momento le grité que viniera. En ese instante los dos chicos que estaban justo a mi lado se giraron y sentí sus ojos clavándose en mi figura. Por fin el camarero me atendió y me dio el refresco, que por cierto era muy barato teniendo en cuenta que era una marca internacional, supongo que sería el precio de estudiante. Le di el dinero y sin esperar el cambio (no había) me giré y busqué con la mirada a mi amiga, pero estaba difícil, las mesas estaban repletas. Al fin la encontré fuera haciendo señas, y cuando me dirigía hacia ellas mis oídos no podían evitar escuchar otra conversación ajena.

- ¿Has visto esa chica? No se podía esperar a que atendieran al resto, tenía que ser ella la primera. – dijo una voz que provenía de mis espaldas.

- Va, no te preocupes Koshino, total ya tenemos lo que queríamos.

- Si, Sendoh, pero no se puede ir así por la vida, hay que respetar una cola.

- Déjalo ya, que no sabes – y bajó la voz, pensando que no lo escucharía - ¿Qué la susodicha está delante de ti?

Al instante dejaron de hablar pero volví a sentir unas miradas clavadas en mis espaldas, así que aceleré el paso e hice como si no hubiera escuchado nada, hasta que llegué a la mesa solitaria donde estaba Haruna.

- ¿Qué te ha pasado, que has tardado tanto? Un poco más y nos quedamos sin sitio. ¿Ui, y esa cara? – debería poner una cara de furia.

- Nada, que unos despotricaban contra mí, solo porque no iba a estar esperando media hora a que se me colaran otros listillos en la barra.

- Conociéndote, no debes haber esperado ni un minuto. Bueno vamos a comer que… - y al momento calló, desviando su vista hacia un punto lejano.

- ¿Qué pasa?

- Karen, no me lo puedo creer. ¡Mira, mira!

- ¿Qué pasa?

- ¡Gira tu cabeza a la derecha! ¡Ya, que se van!

Hice lo que me dijo y mis ojos se fijaron en dos chicos, justo los dos chicos que habían hecho cola junto a mí y que habían conversado de aquel modo, dejándome con muy mal sabor de boca. Uno de ellos era de estatura menor, con el pelo corto cayendo a ambos lados, de color negro, unos ojos negros como el carbón y una sonrisa rota, ya que iba charlando con su amigo. El que lo acompañaban eran muy alto, ahora que me fijaba quizás hasta llegaba al metro noventa, un chico musculado que iba con un refresco en su mano y seguía la conversación como si nadie lo estuviera mirando. Y digo nadie, porque todo el sector femenino de mi alrededor solo tenía ojos para ese sujeto. A parte era muy curioso, porque fijándome más en su rostro, siempre sonreía con una naturalidad indescriptible. Sus ojos eran azules pero oscuros, tirando un violeta indescriptible; unos ojos que llegaban a hipnotizar a mi mejor amiga, que estaba embobada ante tal espectáculo. Me pareció que ese chico en cuestión desviaba la mirada hacia nuestro sector pero solo creo que me pareció, ya que al minuto despareció por una esquina del bloque con su amigo.

- ¿Lo has visto?

- ¡Sí, amiga, pero qué más da!

- ¿Cómo que qué más da? Él era la estrella de Kitazawagakuen Jr.

- ¿El qué? – ya empezamos con los equipos estrella que tanto idolatra mi querida amiga.

- El Kitazawagakuen Jr., una escuela muy prodigiosa de Tokio de la cual salen muy buenos jugadores de baloncesto.

- Ah, baloncesto – uno de los deportes que ya tenía claudicado, por culpa de Ayako, que había sido manager del equipo de nuestro antiguo instituto. Nunca le había dado importancia, solo había ido a alguna final pero no me entusiasmaba nada.

- Sí, básquet. Y parece mentira que teniendo como amigas a Ayako y a mí no sepas aún quién es ese jugador.

- La verdad, Haruna, es que me da igual quién sea y como se llame. Mejor que comamos y nos vallamos a la siguiente clase, que aún llegaremos tarde y no quiero llevarme esa fama.

- No hay quién te entienda – y dicho esto cortó el tema, a sabiendas que no lo enterraría. Cuando algo se le ponía entre ceja y ceja, te lo empezaba a machacar hasta que casi ya la mandabas a paseo.

Nos comimos los bocadillos y nos fuimos hacia la entrada del edificio, a ver si podíamos acabar el día bien. Llegué al aula y no sé como salió de nuevo el tema del básquet, y no me lo podía creer.

- ¿Te quieres presentar a manager del equipo? – ya lo que me faltaba.

- ¿Pues claro, no te acuerdas que en el otro lado me quedé sin ese puesto?

- Sí, pero habíamos quedado que no nos involucraríamos en nada que se saliera de los estudios.

- Y no se sale, solo es una forma más de aprender el campo que quiero explorar.

- ¿Qué? – ¿desde cuando mi amiga tenía estas preferencias?

- Si. A ver, Karen, tú ya sabes que yo quiero ser licenciada en medicina deportiva, ¿no? – asentí – Pues que mejor modo de aprender que estudiando un equipo de básquet a fondo.

- Ya, creo que se te olvida un pequeño detalle. ¿Por casualidad no estará en ese equipo el chico que me hablabas antes? – y evidentemente di en el clavo, sonrojándose levemente – Acerté.

- No creas que lo hago por él, yo no soy de las que se arrastran frente a una estrella.

- Pues chica, lo pareces.

- ¡No! – me gritó con los puños apretados. Definitivamente estaba logrando lo que quería – No pienso caer tan bajo, yo solo haré mi trabajo.

- Bueno, si eso es lo que crees conveniente, adelante. Solo espero que te vaya bien y que saques provecho – y le sonreí sinceramente.

- Claro – y me devolvió la sonrisa. – Por cierto – y se acercó a mi oído – ni se te ocurra involúcrate con una estrella.

- ¡Tranquila! Ui, mira la hora que es, ya debe estar a punto de empezar la clase.

En efecto, a los dos segundos de haber dicho estas tres palabras, una profesora hizo aparición y empezó a repartir folios a todo el alumnado, mientras se hacia el silencio en la sala. Empecé a rellenarlo y así hasta que pasó una hora y el timbre volvió a sonar, dando por finalizada la clase. Todos salimos hacia los pasillos y nosotras nos fuimos hacia las taquillas a recoger nuestras pertenencias. Yo cambie las mochilas, cogiendo la bolsa de deporte mientras que mi amiga ya se iba a paso ligero hacia el polideportivo.

- Gracias por esperar – le espeté.

- Espero tener suerte en la selección. Hasta mañana, Karen.

- ¡Adiós! – me despedí mientras ella giraba y se perdía por uno de los pasillos.

Ya con mi bolsa me dirigí hacia la piscina. Sabía de antemano que hasta octubre estaría abierta para los estudiantes en las horas no lectivas, así que me dirigí hacia los vestuarios. Cuál fue mi sorpresa que se hallaban vacios, por lo menos el de las féminas. Dejé la bolsa en un banco, cerré la puerta con pestillo y empecé a desnudarme, ponerme el biquini deportivo y cogí una goma de pelo. Fui hacia el espejo y me miré. Mi pelo castaño caía lacio por mi cara hasta un poco más allá de los hombros. Unos ojos ambarinos me devolvían la mirada mientras unas pestañas altivas no dejaban de moverse. Bajé mi vista hacia mi cuerpo, vestido por un biquini negro con una franja rosa que lo cruzaba. Aún conservaba vestigios del entrenamiento de natación al cual me había sometido los dos años anteriores, dejando mi figura lisa completamente. Lo malo que tenía es que mis pechos y las curvas tan características de una adolescente no habían aparecido hasta que no dejé la competición, provocando que no hubiera tenido ningún éxito con los chicos anteriormente. ¿Quién se iba a fijar en una chica que estaba más plana que una tabla de planchar? Nadie, ya que todos los energúmenos que había conocido solo se fijaban en el físico. Total, que aún me encontraba frente a mi reflejo, cuestionándome si alguna vez en lo que me quedaba de preparatoria conseguiría lo que nunca había pasado: que algún chico se fijara en mí.

Di la espalda a mí misma, me até el pelo, recogí las gafas de agua y la toalla y salí de allí en dirección a mi segundo sitio más querido: la piscina. Dejé la toalla en una de las hamacas, me puse las gafas y me situé en un borde. Tomé impulso y me lancé hacia el agua, entrando limpiamente sin casi salpicar después de un tiro de cabeza convencional. Buceé por debajo hasta casi la mitad, que serían unos veinticinco metros, y saqué la cabeza al exterior, tomando una bocanada de aire fresco. El aire entro en mis pulmones, aliviando mi angustia. Tomé otra y me volví a sumergir, buceando el resto de la piscina, así completando la distancia olímpica. Volví a sacar la cabeza al exterior y me estiré flotando encima del agua, mirando el cielo azul cristalino. Desde luego hoy hacia un día de pleno verano, eran las cinco de la tarde y parecía que fueran las dos, ya que el calor era sofocante.

Hice unos cuantos largos sin contarlos y a la hora salí del agua, contemplando lo desierta que se hallaba la zona de solárium. La gente de este instituto no sabe apreciar el buen clima, no lo aprovecha. Me dirigí hacia la hamaca, me quité las gafas y me estiré, dejando que la brisa tocara todo mi cuerpo y secara las gotas que brillaban. Cerré los ojos y los rayos de sol inundaron todo mi cuerpo, absorbiéndose por mi piel. Mi cabeza se relajó hasta que me di cuenta que o me levantaba o acabaría dormida allí, y nadie me podría despertar.

Me incorporé, sacudí mi cabello, sacándome la goma y moviéndolo con mis manos hacia ambos lados, escurriendo así todo el líquido que contenía. Ya levantada de la hamaca, cogí mis pertenencias y me dirigí hacia la puerta de entrada a la edificación. Antes de entrar, me giré al ver que me había dejado mi goma de pelo al lado de la piscina y al recogerla del suelo levanté la mirada, que chocó contra unos ojos que se me hacían conocidos. Me puse de pie y miré hacia el punto, pero no vi nada.