PRÓLOGO

"Kaleido, de nuevo…"

En el pasillo resonaban aún las ovaciones del público por el recién terminado espectáculo, y ella satisfecha podía escucharlas con claridad, como si aún estuviese de pie sobre el escenario.

Los pasos a través del pasillo la hicieron darse la vuelta para ver de dónde provenían. Pudo ver una silueta y al instante reconocer de quién era.

Corrió lo que sus pies le permitieron hasta llegar frente a él.

-¡Joven Yuri!... - El grito desapareció transformándose en un murmullo cuando el rubio se detuvo y la vio a los ojos.

No había duda, era él.

La nostalgia regresó al verlo ahí parado en el pasillo con sus orbes azules clavadas en ella. No lo pensó dos veces y corrió a abrazarle.

Era como querer aferrarse al pasado.

-¿Sora? – El abrazo lo tomó desprevenido. - ¿Estás bien, sucede algo?

¿Qué había sido todo eso?

Yuri no podía explicárselo.

-Joven Yuri,... ha vuelto – Ella estaba llorando…

¿Había pasado algo?...

Y recordó que tal vez fuese por lo que Kalos le había dicho.

La volvió a estrechar contra él al verle a punto de flaquear.

-...Todo va a estar bien.

Leon había muerto. Había sido, según Kalos, un accidente aéreo.

Todo sucedió tan repentinamente que al enterarse el personal del Kaleido, ya estaban en marcha los preparativos para la nueva puesta en escena.

Fue una gran pérdida y más para Sora, quien había sido su compañera, y más que eso, durante dos años.

Y todo por la llamada anónima de un sujeto que aseguraba saber el paradero de su hermana, ya muerta. Tuvo que viajar a Francia y ahí fue donde todo terminó.

De eso ya hacía poco más de un año, pero el dirigente de Kaleido le había advertido que era muy probable que cuando Sora le viera, su reencuentro, abriría de a poco la herida que Sora tanto había luchado por cerrar.

-Cuando le vi salir... pensé que era imposible que usted estuviese aquí... pero... usted lo está, es cierto. – La peli rosa no podía articular palabra alguna entre tanto gimoteo.

Quería reír, pero sabía que no eran el momento adecuado, parecía una niña que lloraba por haberse perdido.

-He venido a pasar una temporada en Kaleido... – Una leve risa, clásica de él, se escapó por lo que la chica había dicho.

Y sin poder evitarlo, desató el cabello rosa, sorprendiéndose al ver cuánto le había crecido desde la última vez que la vio.

Dejó caer la pinza que sostenía el peinado y sus mechones surcaron por toda la espalda femenina.

La observó, sin aún soltar el abrazo.

Sora había cambiado… mucho.

Suavemente, con el tocado de flores, le recogió el cabello en un intento por evitar que el fleco le cubriera el rostro. Ella simplemente lo dejó trabajar mientras posaba la mirada en el suelo.

-Joven Yuri... - Sus dedos acariciaron delicadamente el trabajo de aquel rubio en su cabello. - Gracias... - La sonrisa en sus labios volvía a emanar la alegría de siempre e inexplicable lo hacía volver a sentirse miserable.

Suspiró.

Sabía de antemano que para un demonio como él le era imposible permanecer tanto tiempo al lado de un ángel como ella.

El aplastante sentimiento de culpabilidad volvía a caer sobre él.

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Pronto el siguiente capítulo, besos… -_n