Algunas parte de este fanfiction fueron inspiradas en las obras de Laura Lee Guhrke. Los personajes aquí descritos pertenecen a la cadena Fox.

B...&...B

"¿Qué estaba haciendo?", se preguntó ella cuando transcurrieron varios segundos en el beso. Se había dicho que solo sería algo pequeño, que solo sería un simple roce de labios, pero ahora Booth ahuecaba ambas manos alrededor de su cabeza mientras con sus pulgares le acariciaban las sienes. Luego la beso de nuevo, aquella suave presión la desarmó, era demasiado tierno, demasiado dulce, nada de lo que ella estaba acostumbrada.

Él apresaba el labio inferior entre los suyos y le succionaba suavemente -¡Demonios, por que lo hace tan bien!"- pensó mientras él seguía degustando sus labios, mordisqueando y saboreando como si se tratara de un dulce caramelo.

Temperance sintió como se desasían una a una todas sus barreras. Su sentido común y la hiperracionalidad con la que Sweet continuamente la juzgaba, amenazaban con abandonarla por completo bajo la estela de deseo con la que Booth la estaba cubriendo. Besos suaves y tiernas caricias, emociones confusas y ajenas y por supuesto él, sus manos, su boca, su perfecto acromion. Estaba tan confundida que ya no sabía qué pensar de Booth, pero sabía lo que quería creer. Pedía a gritos saciar un hambre que llevaba años cultivándose en silencio.

Booth se irguió y la rodeó hasta quedar a su espalda, apoyó las manos en sus hombros y luego fue deslizándolas muy lentamente por la longitud de sus brazos, finalmente tiró de ella a la altura de sus codos hasta dejarla completamente pegada a él.

¿Bones?

Ella notó su intensa mirada.

¿Qué?

¿Tienes una aventura con Colfer? —le preguntó mientras le rozaba su cuello con los labios. Como ella no contestó, él le apretó la espalda contra su pecho y deslizó las manos a lo largo de sus brazos hasta rodearle la cintura—. Dímelo —le susurró al oído—. Si no —añadió con voz grave y sedosa—, me quedaré aquí de pie besándote la oreja hasta que me lo digas.

Sonrió ante su aturdimiento —Eso te gustaría, ¿verdad? — sabía que él estaba sonriendo. Volvió a besar su cuello lenta y delicadamente, atormentándola—. ¿Verdad?

Sí —dijo ella entre jadeos—. Sí.

Booth hizo lo que había prometido apresándole el lóbulo de la oreja con los labios, ella emitió un gemido entrecortado y él se sintió poderoso. La rodeó fuertemente con un brazo, quería fundirse en aquel cuerpo, su olor le inundaba nublando todos sus sentidos y no podía negarlo, jamás se imaginó que podría dominar de aquella forma a la racional y siempre objetiva doctora Temperance Brennan. Con la mano libre, empezó a desabrocharle los botones de la parte delantera del abrigo.

Temperance se estremeció, sabía que debía detenerlo, sabía de debía parar, después de todo sería ella quien saldría perdiendo al final. Pero no lo hizo. Él estaba palpablemente excitado. A pesar de las capas de ropa que los separaban, ella podía notar su pene erecto contra sus nalgas, y se restregó contra él, disfrutando de aquel contacto, buscando instintivamente lo que su mente se empeñaba en decirle que no debía ni podía tener. Él siguió desabrochándole los botones mientras la mantenía apretada contra su cuerpo y ella dejó caer la cabeza sobre su hombro. Debía detenerlo, tenía que pedirle que se detuviera entonces, cuando todavía tenía fuerzas para hacerlo.

Booth… —empezó a decir, e inspiró profunda y sonoramente, pero él la cortó antes de que pudiera decirle que parara.

¿Tienes una aventura con Colfer? —volvió a preguntarle, esta vez Con voz contenía un atisbo de brusquedad e impaciencia, exigía una respuesta—. Quiero saberlo.

¿Y qué te importa eso?

Me importa. —Introdujo la mano bajo el abrigo y el cuello en "V" de su blusa y siguió avanzando hasta palparle el seno. Lo apresó en todo su volumen con la palma de la mano bajo el apretado tejido del sostén —. ¿La tienes?

Temperance se oyó a sí misma jadear levemente. —Es algo personal —dijo entre jadeos — No te importa

Booth le rozó el lado del seno con las yemas de los dedos por el interior del sostén y le dejó una estela de ardientes besos a lo largo de la línea del hombro hasta el lugar donde el sostén, parcialmente desabrochado, se fundía con su piel. Emitió un sonido de impaciencia y dejó de acariciarle el pecho, alargando el brazo hasta los restantes botones del abrigo para seguir desabrochándolo.

He oído lo que has dicho antes a Angela. ¿Lo decías en serio, Bones? —Su respiración se hizo entrecortada mientras proseguía con el resto de los botones, luego paso a desanudar su blusa mientras ella veía aquella mano que trabajaba habilidosamente en su tarea, lo cual le hizo pensar que sin duda habría desnudado muchas veces a las mujeres que habían hecho parte de su vida. El abrigo y la blusa quedaron hechos un ovillo sobre el sillón cercano de la sala de Temperance mientras esta mantenía sus brazos laxos pegados a su cuerpo. — ¿Te sientes sola, Bones?

«¡Qué pregunta tan injusta!», pensó ella. No contestó, pero tampoco era necesario. Él ya conocía la respuesta y la estaba explotando. Y ella le estaba dejando. Le apresó ambos senos, acariciándole la piel desnuda que sobresalía por encima del sostén con los pulgares. Introdujo un muslo entre los de ella. Sin dejarse intimidar por los pliegues de la falda, empezó a mover la pierna, frotándola contra el lugar donde ella ardía más intensamente.

¿Te sientes sola? – repitió susurrante en su oído.

No te importa Booth …. Eso es personal —su voz se fue desvaneciendo - No sabía que tenias la costumbre de escuchar conversaciones privadas.

Estaba a punto de perder la cabeza, y sabía que tenía que detenerlo. Su soledad no se mitigaría con un salvaje y rápido revolcón. No sería más que un acto…. Solo sexo….. como lo había sido con otros hombres y luego ella quedaría más vacía que antes porque esta vez era Booth la sensación de soledad sería más profunda de la que sentía entonces.

-Yo hago parte de tu vida personal Bones – le dijo mientras besaba su hombro ahora desnudo

-Ya no –respondió ella.

El sonrió melancólico contra su hombro —Yo también me siento solo, Bones.

Temperance quiso reír ante la ironía, pero no logró hacerlo – Tú tienes a Jenna.

No importa —murmuró, dándole media vuelta para observarla directamente a los ojos

¿Cómo puedes decir eso? —dijo con voz baja y grave — Has cambiado Booth, ya no te conozco.

-Por favor no pienses en ella ahora – le dijo antes de besarla suavemente – no puedes hacerlo ahora después de ignorarla todo este tiempo.

Sus cuerpos estaban ardiendo, sus bocas cálidas y deseosas de saborear desintegraron cualquier resistencia que pudiese existir entre ellos. Como un maldito lapsus, el ansia que ella había estado conteniendo durante años se desató en un instante. Con un gemido, se volvió y rodeó el cuello de él con sus brazos. Atrapó su boca con la suya y lo besó, un beso ansioso, nacido de todo ese tiempo que no había estado con él, de estar sola y, en el fondo de su ser, deseosa de estar y yacer única y exclusivamente con él. Se apretó contra él, besándolo con toda la pasión que le había negado, a él y a sí misma.

Él dejó escapar un sonido, quizá de sorpresa, quizá de júbilo, y sus brazos la apretaron con fuerza y determinación y el beso fue aún más profundo, su lengua entró en su boca y sus manos se encajaron en sus nalgas. Su boca se deshacía en la de ella en besos calientes, profundos, y en pequeños mordiscos rápidos a sus labios mientras la llevaba de espaldas de la sala al dormitorio, situado detrás de una puerta cercana.

Dentro de la habitación, movía y guiaba su cuerpo como en una danza. Cuando la espalda de Temperance chocó contra la pared contigua a la cama, él cogió el cinturón de su falda, lo desabrochó y retiró todas las prendas con rapidez y eficacia. El ambiente de la habitación era frío, pero cuando sus pieles desnudas se tocaron, el calor surgió con una intensidad arrebatadora. Él acarició sus pechos, ahuecándolo con sus manos, sus dedos se cernieron sobre sus pezones erectos, presionándolos con tanta delicadeza como los besos que le daba en las mejillas, el cuello, la nuca o los labios.

Ella posó sus manos sobre sus hombros fornidos, su piel estaba húmeda de excitación y sudor, pero cálida y suave. Ella le acarició contemplando sus dedos mientras recorrían su torso desnudo. Acarició su vientre liso y plano pero, antes de que pudiera ir más allá, él cogió sus manos y las apartó de sí.

Pero quiero tocarte.

No—dijo cuando ella protestó —Más tarde —y la besó para acallar cualquier otra protesta, cogiéndola de las manos, desplegando sus brazos mientras la presionaba contra la pared.

Entonces, agachó la cabeza y besó uno de sus pechos, saboreando y succionando primero un pezón y luego otro, mientras la mantenía prisionera contra la pared. El cuerpo entero de Temperance tembló mientras él la acariciaba y jugaba con sus pechos. Ella suspiró, quería más. Cuando él mordió sus pezones, su cuerpo se puso erecto y profirió un pequeño sonido, suave y dulce, de placer desenfrenado. Ella sintió cómo se humedecía entre los muslos, se estiró, haciendo fuerza contra él, sus caderas comenzaron a agitarse, todavía quería más. Arqueó la cintura hacia él, pero aún estaba demasiado lejos.

Booth, tócame.

Él se sintió en la gloria, ella era desinhibida y deliciosa, se entregaba entera y absolutamente al acto. Booth nunca había sentido tanto placer como lo en ese momento.

Le besó el pezón y la piel del pecho. —Ya lo estoy haciendo.

No, allí – dijo implorante – tócame

Booth sonrió con malicia aunque ella no pudo verlo —¿Dónde?

-Sabes dónde – gimió ella mientras restregaba los pechos contra su cuerpo.

No, no lo sé —dijo, besándola.

Ella se quejó, estirándose entre sus brazos.

-Entonces es que no eres un buen amante.

Un reto, hasta en un momento como aquel ella conseguía retarlo.

Él se irguió mientras sus manos jugueteaban con sus pechos.

Dímelo, lo haré si me lo dices – sonrió y esta vez ella observó el brillo malicioso en su mirada.

Ahora la retaba a ella, entonces fue su turno de sonreír. Le tomó una de sus manos y la guío atreves de su piel hasta el vértice de sus muslos sin apartar ni un solo instante su mirada de aquellos oscuros ojos.

¿Ahí? —preguntó con ternura.

Ella asintió y él deslizó un dedo entre sus piernas para acariciar aquel lugar húmedo y suave donde más ansiaba tocarla. Temperance suspiró entre sus brazos.

Me gusta, Booth – gimio mientras estiraba su cuerpo y cerraba los ojos presa de placer – me gusta como lo haces.

Lo sé, Bones —dijo besándola en la boca—, pero sé que hay algo que te gustará aún más.

Se arrodilló y ella supo inmediatamente lo que iba a hacer. Comenzó a temblar mientras la besaba entre los muslos, el vientre y aún más abajo. Sus labios rozaron la suavidad de su vello. Ella se apretó contra él, gimiendo ante el placer carnal de aquel beso, él la aferró por la cintura, sosteniéndola en el aire, atrapada contra la pared.

Él succionó con dulzura, primero abajo, después arriba, moviendo su lengua por toda la extensión de su sexo, saboreándola, mientras sentía punzadas de calor por todo su cuerpo. Ella se retorcía, temblando con cada suave lametón de su lengua, y sus manos se aferraron a los hombros de él en pequeños movimientos convulsos.

Booth —suspiraba, moviendo las caderas contra su boca.

Su lengua se posó en ese lugar especial que él sabía que le produciría mayor placer, y lo lamió con rapidez, con ligeros toques, y justo cuando ella pensaba que iba a enloquecer, relajó la fuerza de sus brazos y ella pudo mover las caderas hacia su boca para obtener todo su placer. Temperance se agitó, temblando entre sus labios, en oleadas de éxtasis que parecían ir y venir, incluso cuando él espaciaba las caricias de su lengua en breves besos. La saboreó una vez más, se detuvo y se irguió ante ella.

A Temperance le habían abandonado las fuerzas, la racionalidad y el sentido común y se entregó a él, temblando, con los brazos firmemente apretados contra su cintura, su cuerpo todavía agitado por la fuerza de sus orgasmos. Él apretó su cintura contra la de ella y Temperance sintió su vigor, caliente y duro contra su vientre. Lo cogió entre las manos, pero sus dedos no podían abarcar completamente su miembro, y lo apretó, explorando esa forma con la que todavía no se había familiarizado.

Él la detuvo.

Quiero hacerlo ahora, —dijo con repentina urgencia pasando saliva con dificultad – necesito hacerlo.

Apartó sus manos y la echó sobre la cama, la puso boca arriba y con la rodilla entreabrió sus muslos. Su pene presionó con éxtasis los labios de su sexo, exigiendo entrar, y ella abrió más las piernas, ofreciéndose a él. Él la penetró y ella lo recibió entre suspiros. Lo sabía, siempre lo había sabido, Booth era un hombre fuerte y ardiente, tan duro, tan hábil, tan varonil…. pero sobre todo tan dulce y tierno. La estaba enloqueciendo. La besaba y mordisqueaba en el cuello, la garganta y el hombro, haciéndola agitarse incluso ahora, que la tenía apretada entre las caderas, obligándola a aceptar su tamaño, penetrándola cada vez más, con cada impulso.

Entonces, en medio del mar de frenesí y entrega, en media de la marea impetuosa de deseo. La punta de su pene llegó a lo más profundo de ella, a ese lugar exquisito que producía más placer que ningún otro de los que él había saboreado momentos antes, ella gritó su nombre frenética y extasiada ante esta última explosión, correspondió a sus arremetidas empujando también, y sus palabras de súplica comenzaron a salir en tropel, en una serie de sílabas inconexas.

Más deprisa – le exigió.

Aguantando el peso sobre sus antebrazos, él obedecía a sus frenéticas exigencias, penetrándola rápidamente y con dureza, una y otra vez, hasta que consiguió volver a llevarla al clímax, con los hombros y los brazos extenuados de sostener su peso.

Ven —suplicó—, más —Cuando él volvió a penetrarla, apretó las nalgas con fuerza y todos sus músculos se tensaron en fuertes convulsiones alrededor de su miembro.

Él profirió un grito ahogado y suave, enredado en su cabello, deslizó sus brazos detrás de ella, y apretándola contra sí como si no pudiera estar más cerca de ella, penetrándola lo más profundamente que pudo, eyaculó violentamente mientras su propio placer se desataba sin remedio. Su cuerpo se puso rígido y el calor de su clímax se desbordó dentro de ella.

Él llegó al orgasmo encima de ella, jadeando contra la almohada. Alzó la mano para acariciar su mejilla. —Bones —suspiró—, ¡oh, Dios, Bones! —Respiraba con fuerza, besando sus cabellos, sus orejas y su sien.

Ella sonrió, acariciando su espalda, pasando sus dedos sobre las fuertes y rígidas líneas de músculos y fibra, encontrándose con el peso duro de aquel cuerpo. En pocos segundos….. se quedaron dormidos.

¿Booth?

Despertó con el sonido de su voz y fue entonces cuando se dio cuenta de que se había quedado dormido. Inhaló su fragancia y eso lo excitó al instante, despertando totalmente mientras recordaba el acto apasionado de hacía unos momentos. Sus brazos trataron de enroscarse alrededor de ella pero Temperance yacía al pie de la cama con su bata de baño fuertemente anudada a su cintura

Es hora de irte.

Su voz fría y rígida lo hizo abrir los ojos de inmediato

-Jenna debe estar esperando por ti….. – suspiró en silencio y desvió su mirada hacia la ventana de su alcoba – Por favor no la hagas esperar.

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Seis meses atrás…

-¡No entiendo porque te enojas! Simplemente estoy brindando otra posible perspectiva de los hechos.

-No, eso no es lo que haces

Temperance se acomodó nuevamente contra el asiento de cuero negro – Debes admitir que en mi versión todas las variables concuerdan y son soportados por las pruebas.

-Lo cual no quiere decir que sea lo que haya ocurrido

Brennan frunce el cejo y mira por la ventana de la SUV, razona, analiza, plantea una hipótesis, concluye y finalmente pregunta -¿Por qué estas molesto?

Desde el asiento del conductor Booth la observa ligeramente antes de acomodarse las gafas oscuras sobre el puente de la nariz – No estoy molesto

-Claro que si.

Booth suspira y tensa los nudillos sobre el volante – Esa chica fue asesinada…. Lo que le ocurrió no fue un accidente.

-Estas basando todo el escenario en una conjetura, el hecho que la victima tuviese una relación con un hombre casado no convierte a este en un asesino.

-Claro que sí. Añade la fortuna de su esposa y el hecho que el Director del Smithsonia, donde por cierto trabaja el sospechoso, es el padre de la esposa de este.

-El Doctor Backer podría encontrar mejores oportunidades en cualquier parte del mundo Booth y sinceramente no creo que el dinero sea un móvil para él.

Booth da un palmazo contra el volante y lanza un breve improperio - ¡Ves! No estás siendo objetiva, has confraternizado con el sospechoso…. Los dos son…. Un par de cerebrines

-Para un hombre como Backer el móvil seria su conocimiento, sus descubrimientos….. no el dinero, créeme Booth se lo que te digo.

-No me lo trago. Mira huesos puede ser todo lo inteligente que quieras, puede ser casi un dios de la ciencia si así lo deseas, pero fue un hombre de carne y hueso cuando se acostó con Karen Granger, el mismo hombre de carne y hueso que pudo haberla matado con tal salvar el dinero, que entre otras cosas financia sus investigaciones.

-En eso tienes razón – dijo Brennan segundos después

-Claro que la tengo

-Pero no puedes descartar el escenario que te presento, las pruebas concuerdan.

-Esto es increíble- balbucea Booth - Sabes, lo que sucede es que te ofende que pueda ser uno de los tuyos

-¿De los mios?

-Si, ya sabes… cerebrines

-Le has cogido maña a esa palabra

El teléfono de Booth empieza a replicar interrumpiendo la conversación, el agente lo toma con prisa, últimamente no se sentía con ánimos para discutir con la antropóloga forense.

-¡Booth….ah¡ hola Jenna

Brennan lo observa con disimulo antes de volver su mirada a la ventana de la SUV.

-¿En serio? - El agente levanta la mirada y observa por su espejo retrovisor sin soltar el móvil y luego sonríe – si, tienes razón lo veo. Está en el asiento trasero….. no, claro que no es una molestia. ¿Dónde vas a estar?... De acuerdo, te veré allí entonces …..Adios y cuidate.

-Es, la doctora Jenna…. La de ….Afganistán.

-Si, esa misma.

El silencio se instaura de pronto dentro de la SUV.

– ¿Has salido con ella? – pregunta Brennan segundos después, con aparente desinterés

-Si, anoche. Ha dejado su abrigo en el asiento trasero. Se lo llevaré una vez te deje en el Jeffersonian.

-¿Crees que lo dejo a propósito?

Booth se quita los lentes y la mira incomodo ante su comentario – No, no creo que Jenna…. ¿Tu crees que lo haya hecho a propósito?

La Doctora Brennan encoje un hombro y lo mira con brevedad – Es lo que hubiese dicho Angela

Booth sonríe ante su sinceridad, a veces las cosas que dice le hacen parece una niña muy pequeña y no la majestuosa mujer, antropóloga forense, que es - ¿Y desde cuando tu eres una experta en pensar como Angela?

Ella no responde y sigue mirando por la ventana del SUV. Booth toma sus gafas y las acomoda nuevamente sobre el puente de su nariz. El camino restante lo hicieron en silencio.

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-Tengo los modelos del arma que posiblemente mató a Karen Granger – dijo Angela entrando al despacho de Temperance Brennan, en el Jeffersonian.

Brennan observa su ordenador y con desgana centra su atención en ella. -¿Que encontraste? - pregunta observándola con interés.

-Bien… - Angela suspira mientras se encamina con su libreta de apuntes hacia la Doctora Brennan – Es un arma afilada con un eje radial de unas 0,4 pulgadas, no parece tener empuñadura y según la profundidad de la herida puede medir unas 12 pulgadas de longitud. He hablado con Hodgins y me ha dicho que estaba recubierta en estaño, ahora esta realizando pruebas para concretar algunos puntos más.

Brennan fija su mirada nuevamente sobre el ordenador – De acuerdo - dice sin ánimo.

Angela frunce el ceño –¿No vas a revisar los modelos?

Brennan abre la boca para decir algo pero simplemente frunce el cejo y niega con la cabeza – las veré después – dice con acritud.

-¿Estás bien?- pregunta Angela

Ella la observa y la artista se da cuenta de la melancolía que se apaña en aquel rostro, toma asiento y le pide que le cuente sus penurias. Brennan sonríe y trata de quitar peso al asunto…. Pero no puede y le duele, no desea admitirlo pero la indiferencia de Booth le duele y no sabe como lidiar con ese sentimiento. Se siente confundida, aislada y desorientada…. Las cosas podían estar mal, podían ser difíciles y complejas pero él siempre estaba allí con una sonrisa, una mirada o una simple palabra de aliento. Brennan debió admitir lo mucho que extrañaba la copa que solía tomar con Booth después de un día arduo de trabajo…. Extrañaba su compañía y eso le dolía.

-Ha cambiado Ángela…. y no se como debo lidiar con esto

La artista le toma la mano tratando de brindar un confort y un poco de apoyo –Hablas de Booth. Lo extrañas ¿No es así?

Brennan se desase del contacto y se deja caer en el sillón mientras una solitaria lágrima se desplaza por su mejilla – Sabes, aun no me ha dado una explicación del porque no apareció aquel día en la fuente…. Un año…. Fue un largo año Angela y lo único que dijo fue un simple "hola, que tal Molucas".

-¿Has tratado de hablarlo con él?

Brennan la observó directamente a los ojos, Angela tuvo que reconocer que pocas veces había visto a su amiga tan triste – No quiere hablar conmigo. Siempre que trato de llevarlo al Dinner o cualquier otro lugar encuentra una excusa y se marcha o simplemente dice que tiene un compromiso con la doctora Lynch

-¿Jenna? ¿La que salvó su vida en Afganistán?, ¿Han estado saliendo?

Brennan asiente en silencio y baja la mirada hacia su pulcro escritorio repleto de papeles – Le extraño Angela…. le extraño demasiado.

-¿Qué vas a hacer?

-No lo se…. Booth me dijo un día que en un año las cosas definitivamente tenían que cambiar, y lo han hecho. Booth ya no me mira a los ojos.

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Bien esta es mi primera historia sobre Bones…. Espero que les haya gustado este primer capítulo. Por favor no olviden oprimir el link de abajo, sin reviews la verdad es que prefiero no escribir.

Nos leeremos pronto….

LilythWH