AMOR PIRATA

Disclaimer:Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer.

Isabella Swan decide huir de un compromiso no deseado, haciéndose pasar por hombre logra entrar como tripulante de un barco…pero su capitán al mando le hará sentir sensaciones que nunca en su vida ha experimentado. ¿Le dirá que no es hombre como le había hecho creer?


-¡Vamos, mátame! – le ordenó a su hijo mientras desabrochaba los botones de su camisa y dejaba al descubierto su pecho desnudo

-Tú bien sabes que no puedo hacerlo – el joven se había negado a quitarle la vida a su padre

-Entonces eres un cobarde, eso es lo que eres, un maldito cobarde

-No soy un cobarde. Pero no matare a mi padre

-Edward ¡por favor! – esta vez suplicó por que lo hiciera – Estoy muriendo, no quiero pasar los últimos días de mi vida tirado en una cama mientras agonizo y espero la muerte

-Es mejor eso

-¿No eres capaz de concederle ese deseo a tu padre?

Edward mantuvo su vista fija a su padre, sus ojos verdes por un momento se habían oscurecido ante el pedido de su padre.

En su mano izquierda sostenía una pistola que su propio padre le había entregado para que acabara con su desdichada vida, pero ¿Cómo se sentiría él después de acabar con su padre? Es que acaso él no se daba cuenta del favor tan grande que le pedía.

Pero en el fondo sabía que debía hacerlo ya que si no lo hacia su padre lo odiaría hasta el final de sus días.

Armado de valor alzo su brazo izquierdo y con el pistola en mano apunto directo al corazón de su padre.

-¿Cuáles son sus últimos deseos capitán Cullen? – preguntó

-Cuídate hijo

Cerró los ojos y disparó, escucho el cuerpo de su padre caer al piso pero jamás los abrió.

-¿Qué pasó?

La ama de llaves había entrado a la habitación al escuchar la detonación de la arma del joven pirata, las la mujer comenzaban a brotar al ver a su amo muerto.

-Descanse en paz, Capitán Cullen – y al decir esto último tiró el arma junto al cuerpo de su padre...

Despertó sobre saltado empapado de su sudor, había sido un solo sueño pero eran los recuerdos del pasado que aun lo atormentaban, nunca pudo recuperarse después de ese día, en que su propio padre le pidió que acabara con su vida.

Se levantó de la cama y avanzó unos pasos hacía un recipiente con agua, metió las manos a este y se enjuago la cara y por último su cabello color bronce.

-Veo que ya te despertaste – lo interrumpió su segundo al mando al entrar al camarote de su capitán

-No pude dormir en toda la noche –respondió el joven Capitán– Cuando lo logro es solo para soñar con el pasado

-Edward tenías tan solo quince años, no fue fácil

-Bueno – suspiró – Eso esta en el pasado, él esta muerto y enterrado – esbozo una media sonrisa con cierto toque de ironía – Yo mismo lo hice – observó sus manos y aun podía ver en ellas rastros de tierra y de sangre, la misma sangre de padre - ¿Qué novedades hay? – prefirió cambiar de tema, en lo personal nunca le gustaba hablar de su pasado

-Ninguna, estaré en una taberna antes de partir ¿Se te ofrece algo?

-Espera – lo interrumpió antes de que se retirara –Iré contigo

-¿Seguro? – su segundó al mando arqueó una ceja confundido, Edward nunca bajaba del barco cuando llegaban a un puerto

-Desde luego Jasper – el joven capitán sonrió - Necesito un poco de distracción

Jasper Hale aparte de ser el segundo al mando era el mejor amigo de Edward Cullen, él rubio conocía muy bien su pasado y sabía por lo pasaba.

-Muy bien – dijo feliz Jasper – A distraernos un poco

Y así ambos hombres bajaron del barco y fueron a la primera taberna que encontraron

XXX

-No pienso casarme – una joven se cruzo de brazos y negó con la cabeza –

-No Isabella Swan – su padre la señalo con un dedo – Te casaras con Jacob Black quieras o no

-Oblígame - lo miró con ojos retadores

-Sera un placer, así que más vale que aceptes este compromiso o…

-¡Al diablo con el compromiso! ¡Al diablo con Jacob Black! – Lo interrumpió y avanzó hacia él – No me casare con él y es mi última palabra padre – giró sobre sus talones y cuando estaba a un paso de salir del despacho de su padre, él la detuvo…

-¿Se te olvida que la última palabra la tengo yo?

-Nunca se me ha olvidado – Isabella se detuvo en el marco de la puerta – Pero ya veremos quien de los dos gana, si tú o yo – y con esto salió del despacho cerrando la puerta de golpe

Isabella había salido tan enfadada después de haber tenido una conversación tan agradable con su padre. Ella no quería casarse con un hombre que a penas ni conocía y que solo lo veía de vez en cuando o en algunas fiestas a las que era invitada la familia Swan.

Pero Bella no quería casarse tan joven ¿Acaso la vida termina cuando una se casaba, tener hijos y dedicarte la mayor parte de tu vida a la familia? No, ella era joven con un alma libre, aun le quedaban muchas cosas por descubrir, que disfrutar y ese compromiso no acabaría con sus ilusiones, primero se lanzaría a una aventura y después cumpliría con el compromiso.

Llegó a su habitación, esa tarde decidió que permanecería encerrada hasta el día en que su padre recapacitara, pero sabía perfectamente que no iba a pasar eso, la única opción que tenía era huir ¿Pero como lo haría?

Y fue cuando se le ocurrió una magnifica idea, abrió la puerta de su habitación y miró el pasillo, no había nadie, salió sigilosamente y entró a la habitación de su hermano.

Hace tres años que Emmett se había ido al extranjero a estudiar por orden de su padre, ¡cielos! Lo extrañaba tanto, cuando estaba triste él era quien la hacia reír e incluso la consolaba, si tan sólo él estuviera a su lado tal vez sentiría un poco de fuerza para sobrellevarlo.

Pero no había tiempo para recordar cosas del pasado, fue directo al armario y sacó unas botas negras, un pantalón en color negro y por ultimo una camisa y un chaleco, pero antes de salir encontró un pequeño sombrero colgado en el espejo lo tomó también ya que tal vez le serviría si quería ocultar su cabello.

Con su pequeña carga fue de nuevo a su habitación y guardó las cosas que le había tomado prestadas a su hermano debajo de la cama, lo conveniente sería que huyera después de la cena, así nadie se daría cuenta sino hasta al día siguiente.

La noche llegó muy rápido, para su desagrado el padre de Bella había invitado a cenar a Jacob Black. Bella solo escuchaba la charla que mantenían ambos hombres y esperaba en momento oportuno para retirarse y continuar con su plan de huida.

-Isabella está muy feliz por la boda – comentó Charlie Swan, pero era evidente que mentía

-¿En cerio? – dijo Jacob Black – Yo también lo estoy. Creo que deberíamos adelantar la boda – sugirió – Como vera no puedo esperar cuatro semanas para casarme con su hija y pensé que tal vez nos podríamos casar en tres días, no veo el motivo por el cual hay que esperar mucho

-Me parce estupendo. ¿Tú que dices Bella?

-Tres día es perfecto – respondió la joven sin un matiz de alegría, solo el sarcasmo se lograba filtrar en cada palabra y el padre de Bella se dio cuenta – Si me disculpan caballeros debo retirarme, no me siento bien

-¿Qué tienes? – le preguntó Jacob Black algo preocupado

-Es solo un dolor de cabeza – explicó Bella al mismo tiempo que se levantaba de la silla

Ambos hombres se habían levantado al mismo tiempo que Bella. Ella se despidió dándole un beso a su padre en la mejilla, después de Jacob, extendió su mano hacia él y Jacob la tomó para besarla con delicadeza.

-Espero que se mejore

-Gracias – Bella asintió débilmente y se marchó del comedor.

Cuando entró a su habitación cerró la puerta con llave después sacó la ropa de su hermano que había guardado bajo su cama y la dejó sobre la cama.

Bella comenzó a desabrocharse su vestido y este resbaló por su cuerpo, tomó la primera prenda que era el pantalón, aunque le quedaba un poco grande se las ingenio para que este no terminara por caérsele, después se puso la camisa y el chaleco y por ultimo las botas.

Estaba lista y lo único que hacía falta era ocultar su cabello, así que la joven se hizo una trenza y la oculto abajo del sombrero.

Y se miró en el espejo de cuerpo completo, su apariencia había cambiado un poco y solo espera que creyeran que era hombre, para su fortuna la ropa le quedaba floja y esto evitaría que alguien pudiera ver más allá.

Continuara…