Esta historia está basada en la obra de Stephenie Meyer – Crepúsculo. Y es la continuación de su obra no publicada: Sol de media Noche. comienza en el cap.13 (En mi perfil encontrareis el enlace para poder leer los primeros 13 escritos por Stephenie)

Los personajes, la trama y el argumento le pertenecen a ella, mi aportación son los pensamientos de Edward y todos los momentos en que él no está con Bella que no aparecen en Crepúsculo, aunque siempre siguiendo su línea argumental.

Espero que os guste.


13. Confesiones.

La vuelta a casa fue tranquila, el perfume de Bella en el coche me torturaba y me consolaba a partes iguales. Rememoré el momento en la puerta del gimnasio, cuando movido por un impulso irrefrenable, me había encontrado tocando su rostro. Intenté desterrar el remordimiento para no empañar el recuerdo. Bella era tan cálida, tan suave…

Pero lo mejor de todo, ahora caía, había sido su reacción. Ella no había huido de mi gélida mano, no había mostrado el menor atisbo de rechazo ante el contacto, por el contrario parecía complacida, tan emocionada como yo. Analicé esta nueva información, sopesando qué significaba, y a pesar de que me hiciera tan feliz, concluí, que definitivamente era malo, malo porque no me ayudaba a mantenerme alejado, malo porque, el que ella lo pudiera desear tanto como yo, hacía las cosas más difíciles si cabía.

Mientras la silueta de mi casa asomaba entre los árboles, las voces que la habitaban me gritaron desde dentro, sacándome de mi ensoñación. Recordé que me esperaba y suspiré resignado.

Escanee las mentes una a una para saber a qué iba a enfrentarme, y también para comprobar el estado de mi coche favorito… ¡Ufff! Se había salvado.

Vi que no me habían esperado para discutirlo, pude ver en la mente de todos algo de preocupación, algunos por mí, otros por la situación, en dos de ellas la resignación por no poder hacer nada al respecto. Rosalie y Jasper no me lo iban a poner fácil.

Entré por la puerta directo al salón, donde se encontraban mis cuatro hermanos. Rose y Jasper eran los únicos que tenían algo que decirme, Carlisle, Esme y Alice estaban totalmente de mi lado, no solo no estaban enojados conmigo, sino que estaban felices por mí. Emmett, expectante, mostrando comprensión tanto por el enojo de Rosalie como por mi, según él, absoluta locura.

Carlisle y Esme se unieron a nosotros.

La tensión era palpable, esta situación se parecía demasiado a la vivida hacía solo unas semanas, aunque esta vez todo el mundo tenía claro que hacerle daño a Bella no era una opción.

Empecé hablando yo, pensé que era lo correcto.

―Bueno, ya sabéis todos que Bella ha averiguado lo que somos, no voy a negar que he sido imprudente, pero, si sirve de algo, yo no se lo dije, lo averiguo por sí misma. Os diré que nuestro secreto está totalmente a salvo con ella, ya nos demostró su discreción cuando el incidente de la furgoneta y ahora, merece más confianza si cabe. Siento las consecuencias que esto pueda tener, pero… –dudé, era difícil decirlo delante de ellos, en voz alta, pero lo creí necesario– pero Bella ahora es mi vida, no existe ninguna diferencia en vuestras relaciones y la nuestra en lo que se refiere a nuestros sentimientos. Os ruego que respetéis mi elección y aceptéis a Bella, sin reservas –miré a Rose–. Por alguna razón que se me escapa, Bella me ha elegido a mí también, me ha demostrado su valentía y su tolerancia, y también me ha dejado ver sus sentimientos hacia mí. Yo… yo todavía no se qué debo hacer, ni si puedo hacerlo… ―El dolor que me causaban mis dudas me obligó a parar.

Los pensamientos de Rosalie eran un amasijo de insultos, celos e incredulidad.

—Eres muy egoísta Edward, nos expones a todos, esto va en contra de todas las reglas ―dijo "solo es una humana vulgar" pensó. Le miré con ira y con una advertencia en mi mirada. Ella no deseaba que yo expusiera sus verdaderos sentimientos en voz alta. Lo captó.

―¿Lo averiguó sola? ―preguntó Emmett extrañado.

―Bueno, ató cabos, es una chica lista ―dije, sin poder disimular el orgullo en mi voz― fallo unas cuantas veces ―recordé la ocurrencia de la araña, pero contuve la sonrisa, no era el momento más adecuado― tal vez le di demasiadas pistas, insistiendo en que era peligroso.

No quise nombrar a los Quiluetes, Bella se disgustaría si supiera que había metido a su amigo en un lío.

―Tengo que recordaros de nuevo los riesgos ―intervino Jasper―. No elegimos a la persona a la que amamos, y ya he comprendido ―miró a Alice, supe que habían estado hablando de mí― lo que significa para ti esta humana. Y de verdad que me alegro por ti. Pero yo he vivido en el pasado las consecuencias de saltarse las normas de nuestra especie. Has quebrantado una regla muy importante, podríamos tener problemas si llegara a oídos de los Vulturis. Yo he visto en primera persona las consecuencias.

―Yo no veo esa posibilidad ―intervino Alice. "Aunque mis visiones no llegan muy lejos, sabes que hay otras decisiones que tomar antes de llegar más allá, Edward. Ahora mismo todo está en el aire" me dijo con el pensamiento, y volví a verme en el prado con Bella, a través de la mente de Alice. Las dos mismas opciones de siempre. Sacudí la cabeza.

―Yo… entendería que os marcharais, no es mi deseo, pero si pensáis que quedaros es demasiado arriesgado para la familia… ojalá hubiera alguna manera de asumir yo solo la responsabilidad ante los Vulturis.

―No nos vamos a ninguna parte Edward ―dijo Esme con ternura en sus ojos.

―Para los Vulturis no hay distinción, los cómplices sufren el mismo castigo que los culpables ―intervino de nuevo Jasper. Alice le miró un poco exasperada.

La mente de Rosalie me seguía insultando implacable: "tonto irresponsable, idiota, esa humana no vale todo esto…" Un gruñido salió de nuevo de mi garganta; ella clavó sus ojos llenos de reproches en mí, encarándose, Emmett la atrajo hacia él con su brazo, interponiéndose entre los dos.

Carlisle tomó la palabra.

―Realmente la probabilidad de que los Vulturis se enteren me parece muy remota, suelen preocuparse por escándalos mayores. Además, aunque así fuera, creo que la única que correría verdadero peligro sería la propia Bella.

Carlisle tenía razón. Yo no paraba de exponer a Bella una y otra vez ante el peligro. Bueno, me consolé, yo también creía que este peligro era realmente remoto…

Edward, nosotros estamos de acuerdo ―dijo poniendo un brazo sobre el hombro de Esme, incluyéndola―. Nos alegramos de tu elección de todo corazón, la respetamos y estaremos encantado de considerar a Bella una más de la familia. Las consecuencias ―miró a Jasper―, si las hay, serán consideradas cuando llegue el momento. De todas formas sé por experiencia que, al menos en el pasado, los Vulturis compartieron el secreto de nuestra existencia con algunos humanos.

―He oído hablar de ello ―le contestó Jasper― pero creo que jamás sobrevivieron como humanos mucho tiempo. La conversión sería una buena solución Edward, además Alice ha visto…

―¡No! ―Le gruñí, enfadado― Esa no es siquiera una opción.

―Chicos, chicos por favor ―dijo Alice― realmente no supone ningún cambio sustancial para la vida de la familia, creedme. Todo va estar bien. De todas formas, el sábado por la noche lo veré todo con más claridad ―todos la miraron extrañados, menos yo, que lo hice con exasperación.

―¿Qué pasa el sábado? ―preguntó Emmett, con curiosidad. Miré con resentimiento a Alice.

―Voy a salir con Bella…―empecé a decir.

―¿tienes una cita adolescente? ―se rió Emmett, su carcajada cortó un poco la tensión del momento, así que no le tuve en cuenta que se estuviera riendo de mí. Alice continuó.

―Edward parece que tomará su elección en ese momento, veo las mismas dos opciones que hace unas semanas… una vez tomada la decisión podré ver con más claridad el futuro.

Suspiré, sin creerme que realmente pudiera dañar a Bella, de ninguna de las dos maneras.

―Confío en ti Edward, de verdad que las posibilidades de que le hagas daño son muy pequeñas ―me sonrió, animándome―. Lo que sí veo claro es que pasado mañana nos vamos los dos de caza ―dijo de repente, con una sonrisa.

―Será lo mejor, si ―estuve de acuerdo con ella.

Esme se adelantó. A pesar de todo, ella seguía feliz. Para ella todo estaba siguiendo el orden adecuado, mi amor era correspondido y eso era lo más importante para ella, a pesar de todos los riesgos, que Bella me hubiera aceptado tal y como yo era, la llenaba de una felicidad absoluta, pensaba en Bella con verdadera admiración y estaba deseando conocerla también.

Me contagié un poco de su felicidad, era cierto: Bella me había aceptado tal y como era. Suspiré emocionado y preocupado al mismo tiempo. Siempre de las dos maneras.

―Gracias ―le susurré a Esme, poniendo mi mano sobre la de ella cuando puso la suya sobre mi hombro. Me sonrió de nuevo.

Carlisle concluyó la conversación.

―Bueno ―dijo, dirigiéndose a Rosalie y Jasper― estamos de acuerdo entonces. Bella, si así lo deseáis ―me miró entonces― será bienvenida a la familia, y gozará de nuestra protección.

Todos asintieron, Rose con mala cara; Alice alegre, convencida de que ya quedaba menos para iniciar su amistad con Bella; Jasper con determinación, esto me sorprendió, de repente él estaba totalmente de mi lado. Vi también en la mente de Emmett que haría todo lo posible por aplacar un poco a Rosalie. Esme y Carlisle desbordaban entusiasmo.

―Gracias, Carlisle. Gracias a todos ―le agradecí de corazón. Aunque yo no tuviera claro que pertenecer a la familia fuera lo más conveniente para Bella, que estuvieran de acuerdo en aceptarla me hacía muy feliz.

Unas horas después me deslicé por la ventana de Bella, camuflándome entre las sombras que ya conocía tan bien, para observar con atención cada detalle que su subconsciente quisiera mostrarme.

Pero esta noche era distinta, ella estaba muy inquieta y no paraba de moverse, y yo entendí muy bien el porqué. La misma electricidad que había nacido esta tarde en la clase de biología envolvía la habitación como si fuera una bruma, encerrándonos en una burbuja. Me vi arrastrado hacia el lado de su cama, y me paré a escasos centímetros, horrorizado por haber llegado hasta allí sin darme cuenta, pero sin ser capaz de retroceder.

El imán estaba haciendo efecto, esta vez multiplicado por mil. Podía sentir el calor de su cuerpo, podía verlo como si tuviera color, y me estaba empujando hacia ella.

―Edward ―susurró.

Miré sus labios fijamente, hipnotizado, parecían tan suaves, tan dulces, alargué la mano, solo quería rozarlos, comprobar su textura… levanté un poco mi mano, dirigiéndola a su rostro.

Se escapó un gemido de sus sueños.

Salí de mi trance, asustado por haberme permitido llegar tan lejos, retrocedí a la oscuridad, luchando contra la atracción feroz que me quería mantener a su lado. Rompí la cuerda invisible y me refugié tras la mecedora.

Mis pensamientos me abrumaban, sentía mi piel cargada de electricidad, respiraba con dificultad por el esfuerzo. No recordaba que nada, hasta ese momento, me hubiera costado tanto como para quitarme el aire. En mi mente luchaban el deseo de tocarla, contra el remordimiento por casi haberlo hecho… y si lo buscaba, también podía encontrar al monstruo, desenterrado por la excitación, gruñendo pero resignado, muy al fondo de todo lo demás. Bueno, eso era casi bueno ¿no?.

¿Cómo había llegado tan lejos? ¿Qué hubiera pasado si la hubiera llegado a tocar?

Cogí aire, el fuego de mi garganta y el veneno que inundaba mi boca, me dio ideas sobre cuál podría ser la respuesta. Jamás debía tocarla dejándome llevar por un impulso. Jamás debía perder el control. Sin cometer errores, me recordé.

Bella se despertó un momento, confundida, yo me camuflé entre las sombras manteniendo la respiración, totalmente inmóvil, después de un largo segundo se dio la vuelta y siguió durmiendo intranquila.

Me senté en la mecedora. Tenía que controlarme mejor, ser consciente en todo momento de mis movimientos… aunque iba a volverme loco de tanto luchar contra mis deseos. Bueno, había deseado matarla y había conseguido no hacerlo, controlar lo demás tendría que ser más fácil que eso ¿no?

No. No matarla había sido coherente con lo que yo era, con mi lucha interior por no ser un monstruo. Y más tarde, mantenerme en esa decisión había sido más fácil, si la amaba no matarla era parte de ese amor. En cambio besar sus labios, acariciar su rostro… eso era algo provocado por el amor, era algo que estaba casi convencido, ella sí deseaba. Recordé su conversación con Jessica, como había respondido, con aparente decepción, cuando le había preguntado si yo la había besado, que yo no era "de ésos". ¿Podría ser capaz de besarla sin dañarla?

Las imágenes del deseo bailaban en mi cabeza: sus dulces labios, su suave piel, su olor irresistible, su oscuro pelo, su tierna sonrisa… todo daba vueltas en mi mente, mareándome; me imaginé besándola, abrazándola con cuidado, saboreando su aliento, enterrando mi rostro en el perfecto hueco de su cuello… ¡Suficiente! Me acerqué a la ventana, tenía que salir de allí inmediatamente, me giré un momento para mirarla otra vez, dudando por un momento, me dolía tanto separarme de ella, bueno, solo faltaban cuatro horas, y volvería a estar en su puerta con mi coche.

Volví a casa a cambiarme de ropa, todo estaba tranquilo, solo vi a Carlisle y Esme en el salón. Carlisle estaba a punto de marcharse al hospital. Me saludaron con una curiosa sonrisa en los labios, habían estado hablando de mí y aunque estaban algo preocupados por la situación, el sentimiento predominante seguía siendo de alegría por mí. Les devolví la sonrisa agradecido. Los demás estaban también en casa, pero disfrutando de un poco de intimidad.

Después de cambiarme me senté un rato al piano, cuando no estaba con Bella me gustaba envolverme de su melodía para que me hiciera compañía.

Emmett bajó al cabo de un largo rato, me levanté del piano y le indique que hoy también me iría solo. Asintió con una sonrisa burlona. Se abstuvo de hacer comentarios, pero claro, yo podía leerlos en su mente, y como no, se estaba riendo de mí. No lo hacía con mala intención, simplemente le parecía todo muy divertido.

Aparqué mi coche detrás de la calle de Bella, esperando a que su padre se marchara. Busqué la mente de Charlie y los sonidos de Bella, solo para ver si ella ya estaba levantada, para anticiparme al aspecto que tendría esta mañana. Él miraba hacia otra parte, pero supe que ella estaba en la habitación, aunque él no me dijera nada de su imagen.

Charlie estaba preocupado por su hija y por el baile, preguntándose si ella no iba porque no la habían invitado, pero sin saber cómo abordar el tema para no herir sus sentimientos. Me reí entre dientes, si él supiera lo que había pasado su hija para no ir al baile. A pesar de mi intención inicial de darles intimidad la curiosidad pudo conmigo.

―Respecto a este sábado… ―dijo él, mientras se acercaba al fregadero y abría el grifo.

―¿Sí, papa? ―la voz de Bella sonó precavida.

―¿Sigues empeñada en ir a Seattle?

¿Le contaría la verdad a su padre? ¿Le hablaría de mí? ¿del cambio de planes? Eso me hubiera gustado.

―Ése era el plan ―dijo Bella, sin mentir ni decir la verdad.

―¿Estás segura de que no puedes estar de vuelta a tiempo para el baile?

―No voy a ir al baile, papá ―respondió enfadada, y cambiando sutilmente de tema.

Me sentí frustrado, quería que Charlie se girara para poder ver la expresión de Bella, debía de ser encantadora…

―¿No te lo ha pedido nadie? ―se atrevió a preguntar al fin.

―Es la chica quien elige.

―Ah ―contestó Charlie. La conversación no le había aclarado nada y solo consiguió aumentar su preocupación, pero no dijo nada más.

Por fin miró a Bella, para dedicarle un gesto con la mano a modo de despedida. Ella estaba preciosa esta mañana, se había puesto un suéter de cuello vuelto, esta vez de su talla, mucho mejor que el enorme suéter del día anterior, aunque no se podía comparar con la camisa azul de hacía dos días… me pareció que tenía un aspecto cansado, pero no pude verlo bien en la confusa mente de Charlie. Bueno, tendría paciencia, no tardaría en salir.

Cuando Charlie se marchó en su coche patrulla, acerqué el volvo a la casa y lo dejé delante de la entrada de coches. Solo un segundo después apareció el rostro de Bella arriba, en la ventana, sus ojos se iluminaron inconfundiblemente de felicidad al ver mi coche. Ella no pudo verme a mí, pero si hubiera podido hacerlo, habría visto exactamente lo mismo en los míos.

Una incontrolable sonrisa se instaló en mis labios y ya no pude sacarla de allí, aunque lo intenté, solo conseguí hacerla más amplia. Era mi orgullo hinchado, volando descontrolado y feliz dentro de mi pecho. La observé disimuladamente mientras se acercaba a mi coche con paso contenido pero jovial, pensé que parecía estar controlándose para no dar saltitos. Abrió la puerta y me dedicó la sonrisa más hermosa que jamás había visto, yo por mi parte no había conseguido deshacerme de la primera.

―Buenos días. ¿Cómo estás hoy? ―. Vi las consecuencias de su agitada noche dibujadas debajo de sus ojos, sus ojeras estaban casi tan marcadas como las mías.

―Bien, gracias ―me dijo, desbordando entusiasmo.

¿Qué esperaba? Ella siempre respondía lo mismo a esa pregunta.

―Pareces cansada ―insistí.

―No pude dormir ―confesó al final, mientras removía su pelo. Lo que hizo circular su aroma por todo el coche, aumentado el ardor en mi garganta…

Doloroso pero soportable, sonreí orgulloso de mi control.

―Yo tampoco ―bromeé. Arranqué el coche y para dirigirme al instituto.

―Eso es cierto. Supongo que he dormido un poquito más que tú ―me dijo riendo.

¿Podía haber un sonido más bello en el mundo?

―Apostaría a que sí ―le dije, recordando su rostro dormido la noche anterior.

―¿Qué hiciste la noche pasada? ―su pregunta me sobresaltó, como si ella pudiera verme también en su habitación. Reí entre dientes, eso era imposible, de todas formas no iba a responder a su pregunta.

―No te escapes. Hoy me toca hacer las preguntas a mí.

―Ah, es cierto. ¿Qué quieres saber? ―Preguntó, un poco exasperada.

―¿Cuál es tu color favorito?

Quería saberlo todo de ella, necesitaba conocer hasta el más mínimo detalle. Ella puso los ojos en blanco, y esquivo mi pregunta.

―Depende del día.

―¿Cuál es tu color favorito hoy? ―insistí. Mientras me venía a la mente el color azul de su camisa.

―El marrón, probablemente.

―¿El marrón? ―pregunté extrañado.

― Seguro. El marrón significa calor ―la nostalgia se filtró en su voz―. Echo de menos el marrón. Aquí una sustancia verde, blanda y mullida cubre todo lo que se suponía que debía ser marrón, los troncos de los árboles, las rocas, la tierra

Eso tenía sentido. El marrón era el color de la ciudad que amaba, en la que había crecido.

Mirando sus hermosos y brillantes ojos de chocolate decidí que el marrón también era ahora uno de mis colores favoritos. Su oscuro cabello también lo era. Lo miré preguntándome si sería tan suave como parecía. Deseaba comprobarlo.

―Tienes razón. El marrón significa calor.

Alcé la mano, y toqué el cabello de su hombro, apartándolo hacia atrás… era todavía más suave de lo que parecía. Su corazón se disparó, su cabeza se inclinó ligeramente hacia mi mano.

Llegamos al instituto, me giré con la excusa de aparcar el coche, mientras dirigía mi mano, con gran esfuerzo, de nuevo al volante ¿Qué había pasado con aquello de no cometer errores? me reproché a mí mismo. El remordimiento me quemó tanto como la sed, ¿es que no iba a ser capaz de controlarme? Tenía que esforzarme más… aunque en realidad… no hacía ningún daño ¿no? Y a ella parecía complacerle.

Empezaba a justificar mis actos… era imperdonable. Sin cometer errores, me repetí. Aunque cada vez lo hacía menos convencido... le hice otra pregunta al azar, para distraerme de mí mismo.

―¿Qué CD has puesto en tu equipo de música? – pregunté, mi enfado conmigo mismo se filtró un poco en mi voz.

―El último de Linkin Park.

Sonreí, yo también tenía ese disco en el coche. Otra cosa en común con ella, la música parecía unirnos. Abrí el compartimiento de la música y saqué mi CD.

―¿De Debussy a esto? ―bromeé, mientras le enseñaba la carátula, ella la miró extrañada.

Abrí la puerta del coche, e intenté ir lo más humanamente rápido que pude para poder abrir la suya. Esta vez tuve suerte, se lió con el cinturón de seguridad y me dio tiempo a llegar. Me miró mientras sostenía abierta su puerta y me dedicó una sonrisa abrumadora.

Caminamos todo lo juntos que me permití, sintiendo su calor pero sin contacto físico. Tuve que luchar contra mi mano, que deseaba desesperadamente aferrarse a la suya. La apreté en un puño, cada vez era más difícil.

Lo que si conseguí ese día fue que por fin Bella me revelara algunos de sus secretos, añadiendo detalles a mi lista. Todo estaba unido de una forma sutil a lo que ella era: sus películas favoritas me indicaban que era fantasiosa y romántica; sus libros, estaban llenos de personajes complejos, llenos de imperfecciones humanas, de situaciones en las que el amor no siempre salía victorioso. Nunca me dio un solo título como favorito, se declaró incapaz de elegir solo uno de entre sus libros o sus películas. Me sorprendió lo poco que había viajado, y entre clases me encontré soñando con llevarla a los lugares que le gustaban… Su voz fue filtrándose en mi cabeza como una melodía, el sonido más bello que yo había disfrutado jamás, era capaz de aislarme de todo lo demás, de dejar de escuchar al resto del mundo cuando Bella me estaba hablando. Ella era el centro del universo para mí, lo más importante e interesante.

A la hora del almuerzo la esperé en la puerta de su clase otra vez, disfrutaba del cambio que veía en su cara cada vez que me encontraba allí. Disfrutaba especialmente cuando no me veía enseguida y me buscaba con la mirada inquieta, hasta que sus ojos encontraban los míos y se llenaban de paz, y sus mejillas de un color delicioso.

―Hola ―le dije sonriendo.

―Hola ―respondió, sin disimular su entusiasmo.

Caminamos en silencio hasta la cafetería. Hoy yo estaba realmente más relajado, que Bella conociera mis secretos y que mi familia aceptara a Bella, me había dado cierta paz. No sé si era esa paz la que me hacía sentirme también más relajado en mis cambios de humor, en mi lucha entre mis deseos y lo correcto, pero las muestras de afecto de Bella habían dejado de causarme preocupación para dar paso, únicamente, a la más absoluta de las satisfacciones. Y porque negarlo, sentía mi pecho hinchado por dentro, ya no se trataba de esperanza, ahora era realidad.

Cuando entré en la cafetería los pensamientos de Mike llamaron mi atención, hoy eran incoherentemente envidiosos, y se centraban más en ella que en mí: "Quisiera ser yo el que caminara a su lado, yo le cogería de la cintura. Espero que se canse pronto de ese bicho raro…"

Mientras acompañaba a Bella, que se me había adelantado en coger la bandeja, me giré hacia él y le dediqué una sonrisa malévola, con toda la intención de asustarlo. Vi con satisfacción como su rostro se volvía blanco, al igual que su mente. Jessica que se sentaba a su lado, se dio cuenta de su reacción, pero cuando miró hacia donde la vista de Mike se había congelado, solo nos vio a Bella y a mí de espaldas. Y no me interesó lo más mínimo que pensaba al respecto.

―Coge también algo para mí ―le recordé a Bella, al ver que solo había cogido una manzana y una limonada.

―¿Qué te apetece comer hoy? ―me preguntó con una sonrisa pícara en los labios.

Definitivamente, di por confirmado su sentido del humor morboso. Bueno, una vez asumido me pareció divertido que pudiéramos reírnos de mis debilidades, aunque empezaba a sospechar que el problema era que ella no me tomaba suficientemente en serio. Le seguí un poco el juego.

―Humm… estoy viendo mi plato favorito… pero ya sabes, estoy a dieta ―la miré también sonriendo con picardía.

Escuché como su corazón se aceleraba, ¿la había asustado? Sus mejillas se sonrojaron y se giró hacia la comida de nuevo.

―¿Pizza entonces? ―me preguntó sin mirarme. Todavía había un poco de humor en su voz, pero también algo de vergüenza.

No pude soportar no ver su rostro en ese momento y la busqué a través de la mente del chico que estaba frente a ella. Seguía ruborizada y sus labios estaban intentando controlar una sonrisa. Definitivamente no estaba asustada, me di cuenta de que lo que Bella escondía era el rubor que le había causado sentirse halagada. ¿Qué iba a hacer con esta chica? Tendría que dejarle más claro aún el tipo de riesgo que estaba corriendo, que supiera con lo que estaba jugando… pero esperaría al sábado, hoy la conversación solo giraba en torno a ella.

Nos sentamos en nuestra mesa, uno en frente del otro. Todavía habían muchos ojos curiosos que nos miraban con asombro, pero los ignoramos. Yo escuché a mi familia sentada en su mesa. Todos me observaban con disimulada curiosidad, la única que lo hacía con algo de rencor era Rosalie. Me alegró ver que en la mente de Jasper había aceptación e incluso alegría por mí, al comprobar cómo me estaba sintiendo.

―¿Cuál es tu gema favorita? ―le pregunté, volviendo a concentrarme en nosotros. Mientras la presencia de todos los demás se apagaba.

―El topacio ―Contestó rápidamente, y al momento se ruborizó.

¿No había manera de que una pregunta se resolviera con una respuesta? ¿Qué le había hecho ruborizar? ¿Le había recordado algo?

―¿Qué? ―le pregunte curioso.

―¿Qué? ―repitió ella, disimulando fatal, como si no pasara nada.

―¿En qué estas pensando? ―le pregunté con una sonrisa, realmente mentir no era lo suyo, vi como la sangre golpeaba furiosa sus mejillas, el calor me calentaban desde el otro lado de la mesa. Y su olor se intensificó.

―Nada de verdad… siguiente pregunta –respondió, mirándome con la cabeza gacha.

Bueno, no me había dejado otra alternativa, la miré intensamente a los ojos, intentando deslumbrarla, ayer había funcionado…

―Bella por favor… mientes fatal ―ella miró rápidamente hacia su comida, esquivando mi mirada. Así que no hizo efecto.

―No ―susurró.

―Dímelo ―espeté, un poco molesto por su maniobra evasiva. Ella cedió.

―Es el color de tus ojos hoy ―respondió sin levantar la mirada, jugando con un mechón de su cabello ―.Supongo que te diría el ónice si me lo preguntaras dentro de dos semanas.

Me sentí intensamente alagado. Mis ojos picaban, como si quisieran llorar, desee abrazarla con toda mi alma, pero me controlé. Tenía que aprender a hacerlo. En ese momento me hubiera encantado devolverle el cumplido, hablarle de como la mirada de sus hermosos ojos de chocolate me hacían pensar que mi corazón podría empezar a latir de nuevo en cualquier momento. Pero me controlé, temeroso de que si dejaba escapar todas esas palabras sería incapaz de frenar mis actos. Cambié de tema.

―¿Cuáles son tus flores favoritas?

Clase de biología, todavía quedaba película por ver. Esta vez había alejado mi silla todo lo que pude de la de Bella. No sirvió de nada. Cuando el señor Banner presionó el interruptor de la luz, fue como si hubiera encendido al mismo tiempo, la electricidad entre nosotros. El imán me impelía a acercarme con más fuerza que ayer, me esforcé en no moverme, con la clarísima sensación de que hasta la silla se acercaría hacia ella si la dejaba.

Bella se reclinó sobre la mesa, apoyando el mentón sobre sus brazos doblados. Su cuerpo estaba tenso, su cabello cubría su espalda. Tuve que apretar con fuerza mis manos para no volver a acariciarlo. ¿Y si lo acariciaba solo un poco? No era tan terrible. No, si me dejaba llevar luego no vería el momento de parar, pero… ¿y si lo hacía de forma consciente? controlando mi cuerpo y mis movimientos, concentrándome al máximo, solo un segundo…

El señor Banner encendió la luz, cortando mis pensamientos. Fin del dilema.

La acompañé hasta la clase de gimnasia, en silencio. Me di cuenta de que estaba decidido a tocarla otra vez. Dejé de luchar conmigo mismo, ya que eso no parecía funcionar, acababa desobedeciéndome constantemente, en cambio, si me permitía un gesto totalmente controlado, igual sería más fácil, lo importante era el control.

Se giró, mirándome directamente a los ojos, intentando leer mis intenciones.

Levanté mi mano despacio, dándole la oportunidad de alejarse si así lo deseaba, ella se inclinó inconscientemente hacia mí. Acomodé mi mano en su mejilla, acariciándole suavemente la sien, sintiendo el latido de su pulso, y deslizándome hacia su mandíbula, sintiendo su dulce calor, su piel suave como la seda, tan frágil, tan preciosa… ¡Suficiente!

Me di la vuelta y me alejé despacio. Había conseguido parar, había sido consciente en todo momento de mis actos y los había controlado. No había sido tan difícil. Y la esperanza volvió a mí, esta vez soñando con tacarla otra vez siendo capaz de no hacerle daño. Siendo capaz de disfrutar de su calor hasta que la alarma de mi garganta me indicara cuando parar. Siempre antes de que la ponzoña llegara a mi boca…

La vi a través de los ojos de Mike, que la miraba enfadado. Mezclando la imagen de ella con el recuerdo de mi mirada en la cafetería. Viéndome a través de sus ojo me di cuenta de que no había perdido del todo mi toque, cuando se trataba de Mike, mis ojos reflejaban claramente el depredador que yo era.

Me encontré con Emmett camino de la clase de español.

―Hola chico, ¿Cómo lo llevas? ¡Vaya! se te ve exultante ―esta vez no me extraño.

―Así es exactamente como me siento ―le dije sonriéndole.

―¡Vaya! ―exclamó de nuevo― ¿Qué ha pasado con la tragedia que siempre te persigue? ¿Los remordimientos y los reproches?

―Volverán, seguro ―respondí con humor―. Pero me he dado un descanso.

―Así me gusta chico, hay que relajarse.

Me crucé con Ben en la puerta de clase y me dedicó una mirada nada amistosa. ¡Upss! Había olvidado la historia de Angela. Escruté su mente buscando alguna pista, no fue difícil, enseguida se puso a pensar en ella, todavía no había encontrado el valor para hablar con ella, aunque parecía a punto. Bueno, estaría atento por si necesitaba otro empujoncito.

"¿Tienes pensado otro experimento de la naturaleza humana para hoy? ¿Alguna trágica historia de amor adolescente, aparte de la tuya, para manipular?" pensó Emmett, recordando la jugada de ayer.

Yo negué con la cabeza sin mirarle.

"Que pena, fue divertido"

Eché un vistazo a la clase de gimnasia de Bella, solo un momento, no quería que ella volviera a enfadarse como ayer. Vi que Mike y Bella seguían jugando a bádminton, aunque Mike la ignoraba por completo, lleno de resentimiento. Mejor, pensé, así ella no se haría daño hoy.

Sonó el timbre y salí humanamente disparado hacia el gimnasio, despidiéndome de Emmett con un gesto con la mano. Me devolvió el gesto mientras se preguntaba cómo de grave podía ser lo mío, y sí lo de ser un lunático tendría cura. Él era totalmente consciente de que lo escuchaba.

Esperé a Bella en la puerta de su clase. Vi salir primero a Mike, que hizo un gran esfuerzo por no mirarme, aunque cuando pasó a mi lado no pude evitar gruñir un poquito, de forma casi imperceptible, aun así él pareció captarlo y apretó el paso mientras se le aceleraba el corazón. Sonreí satisfecho. Sabía que no debía jugar a este juego, era peligroso, pero hoy no había manera de mantenerme a ralla. Debía intentar portarme mejor, me recriminé. Pero la satisfacción no desapareció ni un ápice.

Bella salió por fin. Su alivio al verme fue evidente de nuevo, su amplia sonrisa me pilló desprevenido deslumbrándome totalmente, se la devolví embelesado ¿podría acostumbrarme alguna vez a esto? No lo creía. ¿Cómo podía yo merecerla? Era imposible, era un regalo que debería rechazar avergonzado, pero era demasiado egoísta para hacerlo.

Caminamos juntos por el pasillo y antes de debatirme de nuevo con mi eterno dilema: ¿la toco o no la toco? Le lancé la siguiente pregunta, consciente de que solo mi insaciable curiosidad era capaz de aplacar al resto de mis anhelos.

Esta vez le pregunté sobre Phoenix. Quería conocer hasta el más mínimo detalle de su vida anterior y cuál había sido el camino que le había traído hasta aquí. Este tema encendió una luz especial en ella, sus palabras se volvieron más fluidas, hablaba con entusiasmo de cada una de las cosas que habían formado parte de su vida anterior. Casi todo tenía que ver con la luz, el sol y el calor. Sentí una punzada de dolor, al sentir su nostalgia, al saber cuánto echaba de menos su antigua vida, en la que yo no tendría cabida.

La conversación convirtió en un borrón el camino a su casa y la tarde sentados en el coche. Apenas fui consciente de cómo cambiaba el color del cielo, y de cómo un aguacero golpeaba contra la carrocería del coche, aislándonos todavía más, si cabía, del resto del mundo.

El coche estaba rebosante de ella, su voz, su olor, su presencia. Sin dejar de prestarle atención, observaba sus gestos, el suave movimiento de sus labios cuando acariciaba las palabras. Cada vez se sentía más relajada hablando de ella misma, su tono había pasado de la timidez al entusiasmo, dándole un nuevo sentido a todo lo que decía. Sus manos volaban delante de mí, removiendo el aire, pero el olor era cada vez más tolerable, el fuego de mi garganta, sin apagarse, parecía más llevadero.

Bella estaba describiendo su antigua habitación con tanto detalle que no me fue difícil encontrar el rincón donde me hubiera escondido si pudiera vigilar allí sus sueños, claramente a ella le satisfacía más la antigua habitación, me abstuve de decirle lo mucho que me gustaba esta, se suponía que no había estado nunca… algún día tendría que hablarle sobre mis visitas nocturnas, me sentí avergonzado al pensarlo ¿Cómo se lo tomaría? Recordé alarmado como se había enfadado cuando se dio cuenta de que la había vigilado en el gimnasio; pero también recordé su tranquila reacción al saber que la había seguido a Port Angeles… lo único que podía tener claro es que su reacción era impredecible.

Escuché como se acercaba el coche de Charlie, llegaría en unos minutos.

―¿Has terminado? ―preguntó con alivio, cuando dejó de hablar y yo no le hice otra pregunta.

―Ni por asomo, pero tu padre estará pronto en casa.

―¡Charlie! ¿Es muy tarde? ―preguntó sorprendida mirando a través de parabrisas.

El cielo llevaba un buen rato oscuro a causa de la tormenta, pero yo pude diferenciar en el horizonte el sutil cambio de luz anunciando el crepúsculo.

―Es la hora del crepúsculo ―murmuré pensativo, mientras rememoraba todas las reflexiones que a lo largo de mi existencia había hecho sobre este momento del día ¿tendría que reajustarlas, como todo lo demás? No, seguía siendo triste, el crepúsculo ahora era el aviso de que llegaba la hora de separarme de Bella. Me dejé llevar de nuevo por el impulso de que ella me conociera, me giré para mirarla a los ojos―. Es la hora más segura para nosotros. El momento más fácil, pero también el más triste, en cierto modo… el fin de otro día, el regreso de la noche. La oscuridad es demasiado predecible, ¿no crees?

―Me gusta la noche. Jamás veríamos las estrellas sin la oscuridad ―me dijo algo emocionada, pero enseguida cambió su expresión frunciendo un poco el ceño―. No es que aquí se vean mucho.

No pude hacer otra cosa que reírme de su repentina irritación.

―Charlie estará aquí en cuestión de minutos, por lo que a menos que quieras decirle que vas a pasar conmigo el sábado… ―le dije, expectante, aunque convencido de su negativa.

―Gracias, pero no ―respondió, mientras recogía sus libros―. Entonces, ¿mañana me toca a mí?

―¡Desde luego que no! ―le respondí divertido, pero fingiendo indignación―. No te he dicho que haya terminado, ¿verdad?

―¿Qué más queda?

―Lo averiguarás mañana ―le dije sonriéndole, mientras extendía la mano para abrirle la puerta desde dentro del coche.

Escuché como su corazón se disparó al acercarme, dudé una milésima de segundo si volverme, si encontrarme con su rostro, solo quería rozar mi mejilla con la suya, sentir el calor de su piel contra la mía… pero de repente unos pensamientos hostiles me arrancaron a golpes de mi trance, poniéndome totalmente en guardia. Congelándome.

"Es el coche de uno de los Cullen, el rumor era cierto entonces, ¿estará Bella ahí dentro con él? Esto no me gusta nada… tendré que hablar con ella o con Charlie..." Pensó el hombre mayor, pude ver que estaba sentado en el lado del copiloto, mientras dejaba conducir a un chico de apenas unos quince años. Eran Quileutes, sin duda.

"Espero que Bella está en casa". Pensó la otra voz con entusiasmo, mientras en su mente se entremezclaban imágenes de Bella en la playa. Ese debía de ser Jacob Black y el hombre que había nombrado a mi familia era su padre Billy, los descendientes de Efraín.

―Mal asunto―murmuré apretando los dientes. Mis músculos se tensaron a la defensiva, intenté controlar el rugido que quería escaparse de mi garganta.

―¿Qué ocurre?

―Otra complicación ―dije, mirándola por un segundo, no quería que ella conociera esta parte de mí. Le abrí la puerta y me aparté rápidamente.

―Charlie ha doblado la esquina ―le advertí para que se apresurara.

El otro coche estaba tan cerca que pude sentir la desafiante mirada del Sr. Black clavada en mi rostro. Le devolví la mirada. Leí sus pensamientos llenos de advertencias y reproches, parecía como si de alguna manera, él supiera que yo podía escucharlos.

"Esto no está nada bien, es muy peligroso ¿Qué pretenderá? ¡Solo es una niña! Una niña inconsciente. ¿Qué significa esto? Tendré que reunir al consejo, ellos nunca se habían acercado tanto a un humano, aunque no esté violando el tratado tenemos que estar alerta. ¡Y tenía que ser la hija de Charlie! ¿Cómo podría advertirle? Se molestará de nuevo si vuelvo a nombrar a los Cullen…. Parece que él también me a reconocido… ¡Ni se te ocurra hacerle daño a esta chica chupasangre!"

Me sentí irritado, y al mismo tiempo un poco triste, sus temores estaban totalmente justificados. Pero la furia era el sentimiento predominante, hacia la hostilidad del padre y también hacia los esperanzados pensamientos del hijo…

Bella saltó del coche confundida, mirando el coche negro sin comprender nada.

Aceleré el motor, sin apartar la mirada de los Quileutes, y salí de allí lo más rápido que mi coche me permitió, alcanzando a escuchar como el chico saludaba a Bella.

Me alejé de allí sin rumbo fijo, quería diluir mi furia y aclarar la cabeza un poco, dejar de tener esa sensación, esa necesidad de "cazar". Mis dedos estaban adheridos al volante, los aflojé un poco, no quería romperlo. Unos kilómetros más tarde paré el coche.

Tomé aire profundamente, el olor de Bella inundó mis pulmones y a pesar del dolor, me sirvió de bálsamo. Ella sabría manejar la situación. Era hábil. En realidad lo que me había alterado era el instinto. Esto no era asunto de ellos. No violarían el tratado, ellos tenían más que perder que nosotros. Poco a poco fui recuperando el control y la furia le cedió paso a la curiosidad, como siempre ¿Cómo lo estaría llevando Bella? ¿Se atrevería el anciano a hablar sobre nosotros? ¿Qué pensaba Jacob de Bella? Había percibido que él estaba realmente emocionado por volver a verla, antes de que su padre se pusiera tenso por verme y la preocupación y la curiosidad la borraran un poco de su mente.

Encendí el coche y di media vuelta, dirigiéndome de nuevo a casa de Bella. Aparqué a una distancia prudencial, fuera de la ruta de la Push. No quería volver a cruzarme con ellos.

Encontré a Bella a través de los ojos de Jacob, la miraba entusiasmado mientras ella cocinaba. Pude ver como el chico analizaba el bonito brillo del pelo de Bella bajo la luz de la cocina, percibí la tensión de los hombros de ella, estaba nerviosa. Los pensamientos de este chico no eran desagradables como los de Mike, aún así los celos me golpearon con fuerza.

―Bueno, ¿cómo va todo? ―le preguntó él.

―Bastante bien ―contestó, sonriéndole sinceramente. El cuerpo de Bella cambió en cuanto escuchó la voz del chico, vi como sus hombros se relajaban, había desaparecido la tensión por arte de magia ― ¿Y a ti? ¿Terminaste el coche?

El chico le contestó. Bella parecía realmente a gusto al lado de Jacob, la conversación fluía de forma cómoda y natural. Había una especie de camarería entre ellos dos que me sorprendió, y me molestó un poco también. Bueno, ella me había dicho que era un viejo amigo de la familia, igual se conocían desde niños. Aunque esa deducción no mejoró mi humor. Cómo me gustaría estar con ella allí en su cocina, en su casa mientras ella estaba despierta, viendo como se desenvolvía en su vida cotidiana.

Vi el recuerdo de mi coche en la mente del chico.

―¿Hay algo que no funcione en la camioneta? ―le preguntó de repente.

―No ―contestó Bella extrañada.

―Ah. Me lo preguntaba al ver que no lo conducías ―Bella se puso un poco tensa de nuevo, se giró hacia la comida ocultándonos su rostro.

―Di un paseo con un amigo ―mintió.

―Un buen coche ―comentó con admiración―, aunque no reconocí al conductor. Creía conocer a la mayoría de los chicos de por aquí.

Bella asintió pero se mantuvo en silencio. Con la vana esperanza de que lo dejara correr.

― Papá parecía conocerle de alguna parte.

Bella hizo un esfuerzo por cambiar de tema, pidiéndole que le pasara unos platos, pero Jacob estaba decidido a sacarle la información, aunque estaba un poco avergonzado por su propia insistencia, era un chico tenaz.

―¿Quién es? ―le preguntó directamente.

―Edward Cullen ―respondió Bella, después de suspirar resignada. Me sorprendí sonriendo de repente, emocionado al escuchar de nuevo mi nombre en sus labios y ver el brillo que se reflejaba en sus ojos al nombrarlo.

Jacob soltó una estridente carcajada, Bella y yo le observamos extrañados.

―Entonces, supongo que eso lo explica todo ―explicó―. Me preguntaba por qué papá se comportaba de un modo tan extraño.

Jacob era totalmente sincero, y pude comprobar por mi mismo lo que Bella me había dicho en el coche, no creía ni una sola palabra de las antiguas leyendas.

―Es cierto. No le gustan los Cullen ―disimuló Bella.

―Viejo supersticioso ―murmuró Jacob algo molesto.

―No crees que se lo vaya a decir a Charlie, ¿verdad? ―le preguntó Bella en voz baja, ansiosa. Jacob se distrajo un segundo, perdiéndose en el color de sus ojos, en la línea de preocupación que había entre ellos, yo apreté la mano inconscientemente, siempre tenía que contenerme cuando veía esa expresión, deseando alisarla con mi dedo.

"Me gusta" pensó Jacob, haciéndome apretar el puño con más fuerza, por motivos diferentes. "Tiene unos ojos tan dulces. ¿Ese Edward será su novio?. Espero que no, pero… creo que sí" pensó resignado.

―Lo dudo ―dijo al fin―. Creo que Charlie le soltó una buena reprimenda la última vez, y desde entonces no han hablado mucho. Me parece que esta noche es una especie de reencuentro, por lo que no creo que papá lo vuelva a mencionar.

Vi el alivio, mal disimulado en un intento de indiferencia, en el rostro de Bella.

¿El padre de Bella se había molestado cuando Billy había mencionado a mi familia? ¿Le gustábamos al jefe Swan? Recordé el día del accidente de Bella, cuando él había hablado con mi padre, en aquel momento no le di mucha importancia, pero había visto la admiración y el respeto en sus pensamientos.

Mi mente voló más allá, esperanzada, ¿me vería Charlie con buenos ojos como el novio de Bella? "Eres un vampiro" me recordó cínicamente una voz dentro de mi cabeza, la mía esta vez, pero la ignoré. Sabía que no me aceptaría nunca como vampiro, pero él nunca iba a saber eso. Pero si mi familia era buena para él, si incluso nos había defendido ante su evidente mejor amigo. ¿Podría verme como un chico adecuado para su hija? Me imaginé la misma escena que estaba transcurriendo ahora mismo en el salón, pero sustituyendo a los Black por mí mismo.

Sacudí la cabeza, ¿me veía yo mismo adecuado para su hija? No, pensé con tristeza. Yo no era adecuado para Bella, de ningún modo. Ni siquiera era seguro para ella. Me alzaba como su protector, y me justificaba en su vida, pero en realidad yo era el mayor peligro de todos; porque ella confiaba en mí, ella estaba dispuesta a arriesgarse, ponía su vida en mis manos, en mi dudosa moralidad, confiaba en el amor que yo sentía por ella, que era inmensurable y demoledor, sí, pero también era nuevo e impredecible. Yo apenas estaba empezando a aprender a manejarlo.

Sacudí la cabeza de nuevo. Iba a intentar manejarlo. De momento estaba saliendo bien.

Era imperdonable que la pusiera en peligro…

La batalla empezó de nuevo en mi cabeza, zarandeándome de un extremo a otro. Le ordené silencio.

Cerré los ojos y le eché un vistazo a Bella a través de los ojos, siempre atentos, de Jacob Black. Demasiado atentos. Y así seguirían, pensé, esperando su oportunidad si yo se la daba, y algo me dijo que este chico, aunque fuera menor que Bella, sí era un rival para mí. Lo peor de todo es que pude ver a través de su mente que era un buen chico, de buenos sentimientos y corazón transparente. Admiraba a Bella, le gustaba, aunque no tuviera demasiadas esperanzas. Yo sabía lo fácilmente que esos sentimiento podían ir a más, yo lo había vivido. Y Bella… ella se comportaba con él como no lo hacía con nadie. Recordé como había reaccionado en la cocina, ella estaba tensa por la situación, y la voz de él la había tranquilizado de repente…

Me vinieron a la mente las palabras de Carlisle del día anterior: Tenía que haber un camino. Y yo, de forma totalmente egoísta, aunque estuviera convencido de que ninguno de los dos lo merecía, iba a buscarlo.