No puedo creerlo... ¡lo he terminado! no os podeis hacer una idea de lo emocionada que estoy en este momento!

Y como regalo de despedida he llegado a los 100 reviews! yujuuuu!

Gracias por vuestra paciencia, se que probablemente he escrito el fic que tardaba más en actualizarse de la historia! jeje

Me vais a permitir que este capítulo se lo dedique a mis tres mosqueteras, que han estado conmigo desde el principio, comentando practicamente todos los capitulos:

ISA-21, EMRB87 y CARO-CULLEN

Millones de gracias por darme la mano al principio del camino y acompañarme hasta el final. OS ADORO!

Gracias a todas las que habéis comentado ocasionalmente, y a las que no me dejasteis desde que me encontrasteis, esta historia no hubiera sido posible si no hubiera sentido vuestras manos sosteniendome, me habéis ayudado a escribir con vuestros ánimos y vuestras hermosas palabras:

Triana Cullen, IsHale, Deathxrevenge, Andaira Cullen, Evane81, Nurymisu, rarosy, Valeriax100pren, neesiiee, belewyn, , Twiwords, Lorena, Lara Cullen Masen, aliies, manami-chan, , daganegra, , Aime Swan, wenday y a Samillan(espero que estés mejor, un beso enorme)

Para las que quieran continuar con la historia desde POV Edward, encontré estas historia en fanfiction:

Noche Sin Luna, de Mariiz Reloaded = Luna nueva povEdward.

¡Si alguna sabe de las versiones de Eclipse o Amanecer povEdward, por favor, avisarme!


-respuestas a los comentarios del anterior capítulo-

Triana. Seguro que nos seguimos leyendo por aquí! ya sea en tus fics o en los míos! jajaja, verás que tienes razón, Edward es incapaz de enfadarse con Alice! Gracias por todos tus comentarios, me encanta como los escribes, comentándome los detalles de la historia que te gustan, se nota que eres escritora! . Muchísimas gracias por estar aquí! Besitos.

Rarosy. Gracias x leerte todas mis historias! animaté y sigue dejando reviews en las historias que te gusten, que a las autoras nos hace muchísima ilusión.

Nurymisu. El esfuerzo se ve recompensado con comentarios como el tuyo, con ellos me siento mas que pagada por el esfuerzo. Muchas gracias!

Evane. Cariñete! gracias por dejarme aquí comentario. Que te quiero! y NOP no habrá continuación, me ha llegado la hora de volar por mi cuenta!

Emrb87. Gracias y mil gracias por todo. Un abrazo Enorme! por estar siempre conmigo ;) Me ha encantado que me pusieras un 10 en esa frase!

Deathrevenge. Todos con Alice forever! Edward es un amor, pero también un tramposo! ;) Gracias por comentarme siempre!

IsHale. Gracias por dejar siempre un comentario, o una sonrisa, :*

Isa-21. Me parto con las canas verdes, jajaja! Un abrazo enoorme por estar siempre ahí! Fuiste la 1º persona que me comentaste en este fic, y me has acompañado hasta el final! 1000 gracias!


Gracias también a todas las añadieron mi historia a seguimientos y favoritos!

Gracias a las lectoras silenciosa! manifiestense en este último capítulo por favor! me haría muuuuucha ilusión! 8(pucherito estilo Alice)

Espero volver a saber de todas vosotras en algún otro fic.

No me enrollo más, os dejo con el último capítulo.

HASTA SIEMPRE

Espero que os guste:


CAP 24. EL BAILE

Acababa de llegar de caza, después de un día muy largo sin Bella.

Hacía más de dos meses que habíamos vuelto de Seattle, y apenas habíamos permanecido separados desde entonces. Mis incursiones de caza se limitaban a un par de horas y en la segunda, la separación me era ya prácticamente insoportable.

Hoy, desde que la había dejado con Alice por la mañana, había permanecido todo el día sin ella, mi nivel de ansiedad estaba ya al límite. Y a esto había que sumarle la expectación y el nerviosismo de lo que me esperaría esta noche.

Saludé a Jasper, que leía un libro en el sillón, y subí a mi habitación para ponerme el esmoquin negro que descansaba sobre una silla. Me miré al espejo, mientras arreglaba mi pajarita. Mis ojos estaban claros ahora, pero había en ellos un brillo diferente, pude ver la emoción en ellos y algo de miedo también.

Pasé mi mano por mi cabello, intentado domar lo indomable, y como siempre, fallé.

Bajé las escaleras y me senté en último peldaño. Permanecí inmóvil, a pesar de mis nervios. Oí como Jasper sentía mi ansiedad y se divertía en privado a mi costa. Le ignoré.

Podía escuchar, proveniente del baño de Alice, los suspiros resignados de Bella mientras mi hermana y Esme jugaban a las muñecas con ella. Me esforcé por mantenerme fuera de sus mentes, como había prometido, e intenté sumirme en mis propios pensamientos.

Sabía lo poco que le gustaban a Bella estas cosas y también lo irritante que podía llegar a ser Alice si le daban carta blanca.

De todas formas, al igual que yo, Bella no era capaz de negarle nada a mi hermana, un pucherito de los suyos y cedía al instante. La verdad es que le estábamos muy agradecidos, Alice se había portado como una hermana para Bella durante estos meses, ayudándole a realizar todas las tareas humanas que su escayola no le permitía hacer por sí sola.

Si el viaje a Seattle había hecho que naciera su amistad, estos meses la habían afianzado. Me sorprendía y satisfacía lo mucho que Alice quería a Bella, haciéndome sentir culpable por haber intentado impedir su amistad. Aunque no puedo negar que fue un shock para mí la tarde que las vi, riendo, con los brazos enlazados la una en los hombros de la otra, tal y como Alice lo había visto en sus visiones. Ver esa imagen, que tantas veces me había enseñado mí hermana en su mente, me causaba el temor de que se cumplieran el resto de ellas. Sacudí mi cabeza sin querer ir más allá de ese pensamiento.

Alice no solo se había metido a Bella en el bolsillo, Charlie sentía verdadera devoción por ella. Al contrario que conmigo, que desde que habíamos vuelto de Seattle me miraba con recelo, culpándome, con razón, del accidente de Bella.

Escuché movimiento en la habitación, estaban a punto de bajar.

Me removí nervioso, y me levanté de la escalera. A Jasper se le escapó una risita "¿Quieres que te eche unas manos con esos nervios" pensó divirtiéndose a mi costa. Yo negué con la cabeza, exasperado, sin mirarle.

Tenía motivos para estar nervioso, y no quería que manipulara mis emociones.

La primera razón era la que más temía, iba a llevar a Bella al baile.

Y ella no lo sabía.

No había sido fácil. Sabía que Bella jamás hubiera aceptado ir al baile de fin de curso. Después de la experiencia del baile de primavera, tenía claro que si se lo pedía ella me diría que no, poniendo la escusa de su pierna escayolada para disfrazar su miedo a hacer el ridículo, totalmente injustificados, ya que yo jamás la dejaría caer.

Pero no podía permitir que se perdiera una experiencia humana como el baile de final de curso.

¿Cómo podía saber que no le gustaba si nunca había ido a ninguno?

El baile era un gran acontecimiento para las chicas humanas de su edad. Incluso para Rose y Alice, que llevaban décadas asistiendo a ese tipo de bailes, era una ocasión muy especial.

Había algo más, relacionado, como siempre, con mi propio egoísmo. También iba a ser la primera vez para mí. Yo jamás había tenido a nadie con quien ir. Me sentía especialmente emocionado.

E intimidado, mi segundo motivo para estar nervioso.

Solo pensar que tendría a Bella entre mis brazos, meciéndola contra mi cuerpo, hacia que mi respiración se acelerara.

La imagen que me había mostrado Alice, hacía un mes, era otro de los motivos que me habían empujado a hacer lo imposible por ir al baile.

Ella se había presentado en el hospital, el mismo día que Bella despertó, poco después de que se hubiera quedado dormida por los sedantes. Recordé aquel momento:

La puerta se abrió y Alice asomó su cabeza tras ella, un puchero acompañaba a su mejor y más ensayada mirada triste. Después de tantos años, debería ser inmune a sus trucos, pero fui incapaz de reprimir mi sonrisa.

- Eres una tramposa.

- ¿pero funciona?

- No te vas a librar tan fácilmente – le respondí.

Ella levantó una ceja que dejaba claro que pensaba que sí se iba a librar. Con una sonrisa traviesa, me enseñó la bolsa que llevaba en la mano, mientras me mostraba el flash de una imagen borrosa. Duró una milésima de segundo, pero me vi a mí, vestido con un esmoquin negro, con Bella entre mis brazos, que bailaba conmigo impresionantemente hermosa. Solo alcancé a ver sus hombros desnudos, antes de que Alice dejara intencionadamente de pensar en ello, y me devolvieran mi propio reflejo.

- He comprado el vestido del baile de fin de curso para Bella. Tenemos que tramar un plan…

Alice y yo estuvimos tanteando las posibilidades desde ese día. Daba igual la forma en que me las ingeniera para intentar persuadir a Bella, Alice siempre veía como mis intenciones se estrellaban contra su terca negativa. Incluso en unas de las opciones que barajamos, en la que me empleaba a fondo con mi capacidad de persuasión - poniendo al límite mi propio auto control -, consiguiendo que ella cediera, acabó, horrorizándonos cuando vimos como más tarde, para librarse de ir, intentaba fingir una caída por las escaleras de su casa, delante de su padre, que acababa siendo real, y quebrándole el tobillo de la pierna sana.

Estuve a punto de desistir, pero al final a Alice se le ocurrió la solución:

La única forma de que Bella me acompañara al baile, era que no supiera que la llevaba hasta que fuera demasiado tarde.

- No te lo pondrá fácil cuando se dé cuenta – me advirtió Alice -, pero una vez allí disfrutara.

Así que evitamos hablar del baile en su presencia, y Bella estuvo lo suficientemente distraída, entre su pierna, Alice y yo.

Me parecía increíble que al final hubiéramos conseguido distraerla lo suficiente como para que ahora no sospechara nada.

Me dirigí a la mesa y cogí las flores que había comprado para ella.

— ¡Date la vuelta y cierra los ojos! — ordenó Alice desde la habitación—. Y mantente fuera de mi mente, no lo arruines.

Suspiré con resignación y obedecí, sabiendo que discutir con Alice solo me haría perder más tiempo.

Escuché como Esme y Alice ayudaban a Bella a bajar las escaleras, sus pensamientos repetían una canción, desincronizada entre ellas. Me habían hecho prometer que no haría trampas, y había intentado obedecer, dentro de mis posibilidades.

Di la bienvenida a su embriagador aroma y al desbocado sonido de su corazón.

Alice y Esme pasaron a mi lado, para sentarse en la banqueta del piano.

— ¿Puedo mirar? – pregunté ansioso.

— Sí… ahora —ordenó Alice.

Me di la vuelta, mientras escuchaba como el corazón de Bella se desbocaba en su pecho. El mío también parecía a punto de arrancar a hacerlo.

Me quedé sin aliento.

La suave gasa envolvía su pálida piel, envolviendo sus delicadas curvas, aferrándose a ellas; el color del vestido, azul con un tenue estampado floral, le daba aquel tono cremoso a su piel de marfil que me encantaba. El vestido tenía un profundo escote, palabra de honor, que dejaba sus hombros al descubierto dejando su atractiva clavícula a la vista. Jamás había visto a nadie tan hermoso. Y a pesar de que sentí el arrebato de la pasión tentándome, y el dolor que me causaba la certeza de que tenía que contenerme, valía la pena cualquier sufrimiento que pudiera aportarme, tan solo por el placer de contemplarla.

- Alice, Esme… gracias – dije, sin apartar los ojos de Bella.

Levanté mi mano, sin poder mantenerla por más tiempo alejada de ella, rocé suavemente su mentón, deleitándome con el calor de su piel en mis dedos, me incliné hacia el hueco de debajo de su garganta, sin poder resistirme a sentirlo entre mis labios.

- Eres tú – susurré contra su piel.

Me incorporé para colocarle las flores.

- Fressias – le dije, mientras las enredaba en su pelo, ahora rizado – Completamente redundante, por lo que concierne a la fragancia, por supuesto.

Me aparté un poco, admirando de nuevo su belleza embriagadora.

- Estás absurdamente hermosa.

- Me robaste las palabras – dijo ella, mientras sus ojos quemaban en los míos -. Justo cuando me había convencido a mí misma de que eras real, apareces así vestido y tengo miedo de estar soñando de nuevo.

Una oleada de satisfacción sacudió mi cuerpo. La cogí entre mis brazos, sin poder apartar mi vista de sus labios.

- ¡Cuidado con el pintalabios! – gritó Alice desde el piano.

Me reí, pero me contuve, depositando otro beso en su garganta, mientras mi respiración aumentaba significativamente.

Humm… iba a ser una noche interesante y complicada.

- ¿Estás lista para irnos?

~O~

La ayudé a sentarse mientras mis ojos hambrientos volvían a recrearse en su cuerpo. Acomodé cuidadosamente su escayola dentro del coche, antes de cerrar su puerta y volar a mi asiento, sin querer mantenerme ni un segundo alejado de ella.

Salimos del camino de mi casa hacia la carretera.

— ¿Cuándo tienes pensado decirme de qué va todo esto? — se quejó Bella, reprendiéndome con la mirada.

—Me sorprende que aún no lo hayas adivinado — le dije, sonriéndole con picardía. ¿Estaría disimulando? Ella siempre había sido tan suspicaz.

Ella capturó su respiración, y su expresión enfadada se evaporó de repente, para dejar ver en sus ojos algo parecido a la fascinación.

—Ya te he dicho lo guapo que estás, ¿no? — dijo, sonrojándose levemente.

—Sí – le contesté con una sonrisa de satisfacción.

Luego liberó mi mirada y se perdió en sus pensamientos.

¿Qué estaría pensando? Cuando le frunció el ceño a su zapato de tacón me hice una idea.

—No voy a volver más a tu casa si Alice y Esme siguen tratándome como a una Barbie, como a una cobaya cada vez que venga — sonreí, divertido, recordándome interiormente que tenía que volver a dar las gracias a Alice por este impresionante vestido, tal vez Bella no lo apreciara lo suficiente, pero yo lo hacía, y mucho. El sonido del teléfono me sacó de mis pensamientos.

Miré la pantalla, era Charlie y era la primera vez que llamaba a mi teléfono.

—Hola, Charlie – contesté extrañado.

— ¿Charlie? — preguntó Bella asustada, claramente preocupada por si le había pasado algo a su padre. Intenté calmarla con la mirada, últimamente parecía temer constantemente que le sucediera algo malo a su familia. La experiencia vivida en Phoenix le había marcado más que físicamente, sentí una punzada de dolor al pensarlo.

- Hola Edward – respondió Charlie -. Mira, tengo un chico en la puerta, Tayler Crowley. Lleva un esmoquin y un ramillete de flores y dice que viene a recoger a Bella para el baile.

— ¡Me estás tomando el pelo! — dije riendo.

— ¿Qué pasa? — oí que decía Bella.

— ¿Por qué no me dejas que hable con él? — le pedí a Charlie.

- ¿Bella? – preguntó Tayler confuso al otro lado del teléfono.

—Hola, Tyler; soy Edward Cullen. Lamento que se haya producido algún tipo de malentendido, pero Bella no está disponible esta noche — mientras hablaba no pude evitar un fuerte sentimiento de posesión, a pesar de que la situación me había parecido divertida, el hecho de que alguien no tuviera claro que Bella era mía, solo mía, me enfurecía. ¿Cómo podía haber pensado que ella iría con él al baile? Iba a dejárselo claro -. Para serte totalmente sincero, ella no va a estar disponible ninguna noche para cualquier otra persona que no sea yo. No te ofendas. Y lamento estropearte la velada – dije por ser amable, sin sentirlo en absoluto.

- No pasa nada – susurró Tayler con un hilo de voz, dejándome claro que había captado el mensaje.

Colgué el teléfono sintiéndome satisfecho. Pero la cara de Bella borró mi sonrisa, haciéndome sentir algo avergonzado – aunque nada arrepentido.

Bella enrojeció al instante, con lágrimas amenazando en sus ojos.

— ¿Me he extralimitado algo al final? No quería ofenderte.

— ¡Me llevas al baile de fin de curso! — estalló fuera de sí.

Ops.

No me había dado cuenta, con la sorpresa de la llamada, que le estaba revelando cual era nuestro destino. Había previsto su enfado, pero su expresión reflejaba mucho más que eso, estaba furiosa, ofendida y decepcionada. Su reacción me descolocó, me puse a la defensiva.

—No te pongas difícil, Bella.

Apartó la cara, mirando por la ventanilla.

— ¿Por qué me haces esto? - preguntó con dolor, volviendose de nuevo hacia mí sus ojos acusadores.

—Francamente, Bella, ¿qué otra cosa creías que íbamos a hacer? – le pregunté mientras señalaba mi esmoquin con la mano.

Su sonrojó y bajó la cabeza, las lágrimas empezaron a inundar sus ojos. Estaba sacando las cosas de quicio.

Ella miró hacia abajo, y borró con cuidado las lágrimas de su rostro.

—Esto es completamente ridículo. ¿Por qué lloras? — le pregunté desconcertado. Sintiéndome algo culpable. ¿Tal vez no tendría que haberlo hecho? Recordé a Alice diciéndome que lo iba a pasar bien ¡por Dios! Solo era un baile ¡era tan testaruda!

— ¡Porque estoy loca!

—Bella... – le dije con frustración, mientras la miraba a los ojos, intentando con todas mis fuerzas aturdirla con mi mirada.

— ¿Qué? – preguntó, mientras la furia se borraba un poco de su rostro. ¿Estaba funcionando?

—Hazlo por mí — le supliqué.

—Bien — dijo, al fin, después de un momento de abstracción, parecía haber funcionado —. Me lo tomaré con calma. Pero ya verás. En mi caso, la mala suerte se está convirtiendo en un hábito. Seguramente me romperé la otra pierna. ¡Mira este zapato! ¡Es una trampa mortal! — dijo mientras levantaba la pierna mostrándome su zapato de tacón, dibujé la curva de su tobillo con mi marida, subiendo por su esbelta pierna hasta donde se escondía debajo de la suave gasa de su vestido.

—Humm. Recuérdame que le dé las gracias a Alice esta noche.

— ¿Alice va a estar allí? — dijo, mostrando de repente alivio en sus ojos.

—Con Jasper, Emmett... y Rosalie — admití.

Su expresión se volvió de nuevo preocupada al nombrar a mi otra hermana, y se sumió de nuevo en sus pensamientos De repente sacudió la cabeza y preguntó mientras fruncía el ceño:

— ¿Estaba Charlie al tanto de esto?

—Claro — le confirmé, mientras una sonrisa divertida se dibujaba en mi rostro -. Aunque Tyler, al parecer, no – añadí divertido. Sabía que debería ser más comprensivo, el pobre chico debía estar pasando un mal rato, pero ¿Cómo se había atrevido siquiera a pensar que podía llevar a mi chica al baile?

Llegamos al instituto. Me bajé del coche y me acerqué a la puerta de Bella para ayudarla a bajar. Cuando abrí la puerta vi sorprendido como se cruzaba de brazos con expresión obstinada e infantil, negándose a moverse.

Bufé exasperado, y algo divertido.

—Hay que ver, eres valiente como un león cuando alguien quiere matarte, pero cuando se menciona el baile... — dije mientras sacudía la cabeza con resignación.

Esperé, pero Bella no hizo ademán de moverse.

—Bella, no voy a dejar que nada te haga daño, ni siquiera tú misma. Te prometo que voy a estar contigo todo el tiempo.

Pareció pensárselo, al final me miró con ojos arrepentidos y el indicio de una sonrisa tímida en sus labios.

—Así que ahora... No puede ser tan malo –dije con dulzura.

Estiró los brazos y me agaché para ayudarla a bajar del coche, deslicé mi mano por su cintura, mi cuerpo se sacudió por la electricidad de sentir su calor baje aquel suave tejido que envolvía su cuerpo.

Entramos lentamente al gimnasio, mantuve a Bella apretada contra mi costado, para que tuviera un punto de apoyo, aunque no podía negar que disfrutaba cada centímetro de contacto de su cuerpo con el mío. Yo hubiera preferido llevarla en brazos, pero sabía que ella se negaría en redondo y no iba a tentar más a mi suerte. Bella al fin me estaba acompañando al baile.

El gimnasio estaba invadido por arcos de globos y guirnaldas de colores. Bella se rió mientras lo contemplaba. La miré con curiosidad.

—Parece un escenario listo para rodar una película de terror — me susurró sin dejar de reír.

—Bueno, desde luego hay vampiros presentes más que de sobra- le contesté contagiado por el hermoso sonido de su risa.

Mis hermanos estaban bailando en el centro de la pista de baile. Bailaban claramente inconscientes de que estaban incumpliendo nuestra máxima de no llamar la atención. A pesar de que la gente les miraba con evidente asombrado, no había nada extraño o sospechoso en sus pensamientos.

— ¿Quieres que eche el cerrojo a las puertas mientras masacras a todos estos incautos pueblerinos? — me susurró de repente Bella al oído, continuando con nuestra broma privada. Tuve que hacer un gran esfuerzo para no demostrar lo que me escandalizaba su broma. Era incorregible.

— ¿Y de parte de quién te pondrías tú?

—Oh, me pondría de parte de los vampiros, por supuesto – tuve que sonreír.

—Cualquier cosa con tal de no bailar.

—Lo que sea.

Después de comprar las entradas nos dirigimos hacia la pista de baile.

Bella me apretó el brazo y dejó de mover los pies, parecía asustada de nuevo. La alcé un poco más por la cintura y continuamos avanzando.

—Tengo toda la noche.

El miedo se hizo más evidente en su rostro.

—Edward. De verdad, no puedo bailar – susurró atemorizada, tan bajito, que solo oídos tan agudos como los míos podrían haberlo escuchado.

—No te preocupes, tonta — le susurré al oído, tratando de borrar esa expresión de su rostro —. Yo sí puedo.

Alcé sus brazos y los coloqué alrededor de mi cuello, la levanté levemente del suelo e hice que reposara sus pies sobre los míos. Luego rodeé su estrecha cintura con mis brazos. Y empezamos a bailar.

Ella me miró sorprendida durante un momento, pero en cuanto nuestros cuerpos empezaron a mecerse con soltura se relajó entre mis brazos, apoyando su cabeza en mi pecho. Nos deslizamos por la pista con facilidad.

Pronto la gente empezó a desaparecer para mí. Solo existíamos nosotros y la música que nos envolvía. Tenerla así, entre mis brazos, con su cuerpo contra el mío, era embriagador. Hundí mi nariz en su pelo, absorbiendo su aroma, disfrutando de la dulce y prohibida fragancia. Mi cuerpo clamaba por ella, y tuve que luchar contra mis propias manos que querían volar más allá de su cintura.

—Me siento como si tuviera cinco años – dijo, con una risa encantadora cuando dejamos de dar vueltas.

—No los aparentas — le susurre, el deseo se hizo presente en mi voz, ella me miró ruborizándose. La abracé, acercándola más todavía, y bese su pelo. Empezó otra canción y volví a dejar que descansara sobre mis pies, meciéndonos y girando en la pista, perdiéndome más en ella.

"Cuidado hermano, recuerda que estás en un lugar público" los pensamientos de Emmett me devolvieron algo de cordura. Le miré con los ojos entrecerrados.

Pero otros pensamientos, mucho más ruidosos, llamaron mi atención.

Jacob Black acababa de atravesar la puerta. Estaba buscando a Bella entre la gente. Vi en sus pensamientos cuáles eran sus intenciones. Venía a entregar un mensaje de parte de su padre, para advertir a Bella sobre mí y mi familia. Nuestras miradas se cruzaron un segundo y vino directo hacia mí, a pesar de que no había visto a Bella todavía, dio por sentado que estaba conmigo.

—De acuerdo, esto no es ni la mitad de malo de lo que pensaba — dijo Bella, antes de levantar la vista hacia mí y percatarse de mi expresión furibunda.

— ¿Qué pasa? — dijo, siguiendo la dirección de mi mirada.

El muchacho se acercaba hacia nosotros, con paso incómodo pero decidido.

"menuda faena me ha hecho mi padre. Bella me mandará a paseo y con razón. No debería haber venido… y su novio no parece muy contento de verme. ¡El sentimiento es mutuo colega!"

Cuando la gente que bailaba en la pista le dejó vernos con claridad sus pensamientos cambiaron de dirección.

"¡Oh Dios mío! ¿Bella? Está impresionante, ¡Guau!" Su mirada se deslizó por su cuerpo de forma rápida pero deliberada, yo gruñí por lo bajo.

¡Compórtate! — me susurró Bella entre dientes.

Él disimuló al saber que ella estaba observándole "…y va a pensar que soy un idiota cuando le diga a lo que he venido" pensó mortificado.

—Quiere hablar contigo – le dije, mientras hacía un gran esfuerzo para controlar mis deseos de gruñir exponiendo mis dientes.

—Hola, Bella, esperaba encontrarte aquí — dijo, teniendo la delicadeza de mostrarse avergonzado.

—Hola, Jacob —dijo Bella con calidez —. ¿Qué quieres?

— ¿Puedo interrumpir? —preguntó mirándome ahora a mí.

"Así que este es Edward Cullen. Mi padre debe estar loco, pensando que es un chupasangre. Aunque la verdad es que tiene un aspecto espeluznante, tan pálido, tan perfecto…"

Ignoré sus divagaciones, luchando con el deseo irracional de enseñarle los dientes y mostrarle cuan espelúznate podía llegar a ser. En cambio, deposite a Bella en el suelo y di un paso hacia atrás. Mi cuerpo lloró la falta de contacto.

—Gracias —dijo Jacob.

Asentí, guardando la compostura, miré a Bella, para comprobar que ella estuviera de acuerdo, y me alejé de allí maldiciendo. ¿Sería un buen momento para cobrarle la deuda a este chico, por haber quebrantado las reglas del tratado? Bella no me lo agradecería, seguro.

Me apoyé contra la pared del gimnasio o no los perdí de vista.

Un involuntario gruñido volvió a surgir de mi garganta cuando vi las manos enormes de Jacob Black en la delicada cintura de Bella. Cerré los puños con fuerza, recordándome que no podía montar un numerito en el instituto.

Alice me miró a través de la pista de baile.

"Edward, relájate, parece que vas a matar a alguien" asentí antes de coger aire, y volver a componer mi máscara de indiferencia.

Bella y Jacob se balanceaban sin moverse del sitio, mientras él le daba vueltas al tema sin ir al grano. Las manos de Bella descansaban en los hombros de él. Mientras él se la comía con los ojos delante de mis narices.

- ¿Has visto algo que te haya gustado? – le preguntó Bella de repente, ¿estaba provocándolo? Ella se giró para echar una mirada a un grupo de chicas ¿acaso no se daba cuenta de que ella era la más hermosa del baile? ¿a la que todos deseaban?

Él, naturalmente, no siguió su mirada, sus ojos se clavaron en los de ella.

—Sí, pero está comprometida - dijo con toda la intención.

Ella le miró confusa un momento, hasta que comprendió sus palabras, luego bajó la cabeza avergonzada.

—A propósito, estás realmente guapa — le dijo con timidez.

Di un paso hacia ellos, dispuesto a terminar con esto de una vez. Era más de lo que podía soportar. Había llegado al límite.

—Vaya, gracias. ¿Y por qué te pagó Billy para que vinieras? — Bella cambió rápidamente de tema, justo antes de que yo perdiera los papeles y me abalanzara hacia ellos.

Retrocedí a la pared de nuevo, y por el rabillo del ojo vi como Jasper se dirigía hacia mí.

- No va a hacer nada Jasper – le tranquilizaba Alice.

Él había sentido mi furia y le costaba creerlo.

Mi hermano apoyó una mano en mi hombro cuando estuvo a mi lado, derramando su poder tranquilizante sobre mí.

- ¿Estás bien Edward?

Le miré un momento, sentí que mi máscara se deslizaba unos segundos, dejando ver mi lucha interior, pero enseguida noté, agradecido, como hacía efecto en mí sus poderes.

- Solo están hablando – dijo Alice, tratando de tranquilizarme cuando vio mi expresión.

- Tú no puedes escuchar lo que él está pensando.

- Y tu no deberías hacerlo, por tu propio bien.

- Estoy bien, puedo controlarme. Gracias Jasper.

- Lo sé – me dijo Alice, mientras cogía a Jasper de la mano, dirigiéndose de nuevo a la pista "pero cambia esa cara" pensó.

Me centré en el rostro de Bella, e intenté concentrarme en sus gestos más que en la conversación. Ella me devolvió la mirada un segundo, tranquilizándome, me dedicó una leve sonrisa antes de volver la vista a su amigo.

Después de lo que me parecieron horas la canción terminó. Jacob ya había transmitido el mensaje. Cuando dijo: «estaremos vigilando» mis cuatro hermanos le miraron, Rosalie me miró después a mí, con reproche. Yo no atendí a sus pensamientos acusadores. Mis ojos y mi mente estaban pendientes de las manos y los pensamientos del chico, que debían, por el bien de todos, retirarse de una vez por todas de mi chica.

Bella bajó los brazos, dando por terminado el baile, pero las manos de él continuaron en su cintura, mientras su mirada se paseaba libremente apreciando su vestido. Sus pensamientos se detuvieron en la escayola, dudando si debía dejarla sola. Me apresuré para reunirme con ellos.

— ¿Quieres bailar otra vez, o te llevo a algún lado?

—No es necesario, Jacob. Yo me hago cargo – le dije con voz contenida.

—Eh, no te he oído llegar — dijo sorprendido, estabas demasiado distraído codiciando lo que es mío, pensé—. Espero verte por ahí, Bella — dijo mientras por fin retiraba sus manos de ella.

—Claro, nos vemos luego – respondió Bella con una sonrisa.

—Lo siento — dijo Jacob antes de desaparecer entre la multitud.

Suspiré, sintiendo que la furia que había desatado dentro de mí los celos empezaba a remitir. Deslice mis brazos por su cintura y la acerqué hacia mí con mucho cuidado, alzándola para colocarla de nuevo sobre mis pies. Ella apoyó su cabeza de nuevo contra mi silencioso corazón. Volví a suspirar, intentando deshacerme de toda la rabia, y disfrutando de su contacto, que actuaba como un bálsamo tranquilizador, más efectivo incluso que los poderes de Jasper.

— ¿Te sientes mejor? — me preguntó, distinguí claramente el humor en su voz. Genial, ahora a ella le parecía gracioso.

—No del todo — dije entre dientes.

—No te enfades con Billy. Se preocupa por mí sólo por el bien de Charlie. No es nada personal.

—No estoy enfadado con Billy — ¿de verdad no sabía de lo que se trataba? - pero su hijo me irrita.

Ella levantó la cabeza de mi pecho para evaluar mi rostro.

— ¿Por qué?

—En primer lugar, me ha hecho romper mi promesa.

Me miró confusa, haciendo que apareciera entre sus cejas la arruga que delataba siempre su preocupación, me hizo sonreír.

—Te prometí que esta noche estaría contigo en todo momento – le expliqué.

—Ah. Bueno, quedas perdonado – dijo mientras relajaba sus facciones.

—Gracias. Pero hay algo más - confesé. Lo pensé un momento, a pesar de mi arrebato de sinceridad, no creí oportuno admitir mis deseos violentos contra su amigo… intenté suavizarlo, mucho:

—Te llamó guapa. Y eso es prácticamente un insulto con el aspecto que tienes hoy. Eres mucho más que hermosa.

Ella rió al tiempo que se ruborizaba, y las vibraciones de su risa contra mi cuerpo destruyeron el último atisbo de enfado.

—Tu punto de vista es un poco parcial – me dijo, mientras su cabeza recuperaba de nuevo su sitio en mi pecho.

—No lo creo. Además, tengo una vista excelente – repliqué, estrechándola todavía más contra mí.

Nos dejamos embriagar un rato por la música. Tenía el cielo atrapado entre mis brazos y no pensaba dejarlo escapar. Se sentía tan frágil contra la forma de piedra de mi cuerpo, y sentirla así, acurrucada contra mí, me hacía sentir que podía protegerla de todo. Este momento era perfecto. Su calor se filtraba por mi ropa, caldeando todo mi cuerpo, haciendo que las zonas de más contacto ardieran. Mi garganta quemaba de la forma habitual, ahora fácilmente soportable, pero el hombre de dentro de mí, estaba en llamas, y el fiero control que tenía que ejercer sobre él hacía que me doliera por dentro, creando un nudo enorme en la boca de mi estómago, pero ni aunque me arrasara por dentro pensaba soltarla.

— ¿Vas a explicarme ya el motivo de todo esto? — me preguntó de repente, sacándome de mis poco seguros pensamientos.

Le miré confuso, tratando de averiguar a qué se refería. Ella miró las guirnaldas del techo como explicación.

La miré por un momento y decidí que sería mejor hablarlo fuera, la conduje hacia la salida cruzando el gimnasio. Ignoré los pensamientos de envidia de Jessica y las fantasías muy poco apropiadas de Mike, cuando pasamos a su lado. En cambio, me alegró ver a Angela y Ben bailando el uno perdido en los ojos del otro. El amor había triunfado para ellos.

Una vez fuera la cogí entre mis brazos. Me alejé un poco hasta los bancos del fondo de jardín, siendo incapaz de separarme de ella la acomodé en mi regazo, ella tenía su cabeza apoyada en mi pecho, también reacia a separarse de mí. La acuné mientras miraba la luna bajo las rosadas nubes del crepúsculo, un hermoso cielo que marcaba el final de otro día, era una pena no poder detener el tiempo. Mientras yo continuaba congelado, ella cambiaba a cada momento. Las palabras que ella me había dicho en el hospital me vinieron a la cabeza. Estoy más cerca a cada minuto que pasa, y el más ardiente e inconfesable de mis deseos era tenerle entre mis brazos para siempre. Pero ella debía vivir. El precio a pagar por mis sueños era muy alto.

— ¿Qué te preocupa? — me preguntó.

—El crepúsculo, otra vez. Otro final. No importa lo perfecto que sea el día, siempre ha de acabar – ella no sabía lo mucho que había cambiado mi percepción del paso del tiempo desde que la conocía. Antes solo era un recordatorio de que el tiempo pasaba y nada cambiaba en mí vida. Ahora, al contrario, era como un gran reloj de arena, que marcaba una lenta pero incesante marcha atrás, hacia el final de mi tiempo con ella.

—Algunas cosas no tienen por qué terminar — sabía a qué se refería, pero cambie de tema, respondiendo a su pregunta anterior, no quería hablar con ella de eso ahora que me sentía tan vulnerable, que me hacía dudar a mi mismo de mi propia resolución.

—Te he traído al baile, porque no deseo que te pierdas nada, ni que mi presencia te prive de nada si está en mi mano. Quiero que seas humana, que tu vida continúe como lo habría hecho si yo hubiera muerto en 1918, tal y como debería haber sucedido.

Ella se estremeció durante un momento, como si le dolieran mis palabras, pero enseguida una sonrisa se extendió por su rostro.

— ¿Y en qué extraña dimensión paralela habría asistido al baile alguna vez por mi propia voluntad? Si no fueras cien veces más fuerte que yo, nunca habrías conseguido traerme.

Tuve que reírme ante su réplica.

—Tú misma has reconocido que no ha sido tan malo.

—Porque estaba contigo.

Estaba conmigo. Volví a alzar los ojos hasta la luna, semioculta entre las nubes que iban perdiendo su color y tornándose grises.

— ¿Me contestarás si te pregunto algo?- le pregunté, curioso.

— ¿No lo hago siempre?

—Prométeme que lo harás – dije, sabiendo que en cuanto conociera la pregunta intentaría escaparse.

—De acuerdo.

—Parecías realmente sorprendida cuando te diste cuenta de que te traía aquí.

—Lo estaba — dijo con cautela.

—Exacto. Pero algo tendrías que suponer. Siento curiosidad... ¿Para qué pensaste que nos vestíamos de esta forma?

—No quiero decírtelo.

—Lo has prometido.

—Lo sé.

— ¿Cuál es el problema?

—Creo que te vas a enfadar o entristecer.

¿Qué es lo que había imaginado? La curiosidad me estaba matando ¿Me podía enfadar o entristecer? Intenté no dejar volar mi imaginación, Bella iba a sorprenderme seguro.

—De todos modos, quiero saberlo. Por favor.

—Bueno, supuse que iba a ser una especie de... ocasión especial. Ni se me pasó por la cabeza que fuera algo tan humano y común como... ¡un baile de fin de curso!

— ¿Humano? — pregunté confundido.

—De acuerdo, albergaba la esperanza de que tal vez hubieras cambiado de idea y que, después de todo, me transformaras.

La miré a los ojos ¿de verdad había pensado eso? ¿Cómo podía querer renunciar a la vida por mí? Sentí un fuerte dolor en mi pecho, era duro tener que negarle algo que en realidad cumpliría mi sueño imposible de tenerla para siempre, algo que dejaría que el crepúsculo y el paso del tiempo dejaran de tener importancia para mí. Pero no podía permitírmelo, no podría soportar cargar el resto de mi existencia con su muerte en mi conciencia, ella no era realmente consciente del precio que tendría que pagar por ello, y cuando se arrepintiera sería demasiado tarde, y yo sería la causa de su desgracia.

Sonreí con tristeza al percatarme de la situación, ¿de verdad creía que nos habíamos vestido así para pasar tres días en el infierno?

—Pensaste que sería una ocasión para vestirse de tiros largos, ¿a que sí? – dije con ironía enmascarando mi dolor.

Bella se encogió avergonzada.

—No sé cómo van esas cosas; al menos, a mí me parecía más racional que un baile de fin de curso — mantuve mi sonrisa ante su ataque —. No es divertido — añadió, borrándola de mi cara.

—No, tienes razón, no lo es. De todos modos, prefiero tomármelo como una broma antes que pensar que lo dices en serio.

—Lo digo en serio.

—Lo sé. ¿Y eso es lo que deseas de verdad?- le pregunté apenado.

Ella asintió mordiendo su labio con nerviosismo.

—De modo que estás preparada para que esto sea el final, el crepúsculo de tu existencia aunque apenas si has comenzado a vivir. Estás dispuesta a abandonarlo todo.

—No es el final, sino el comienzo — dijo, con sentimiento, haciendo que mi estómago se encogiera. A pesar de mi condena, me conmovía que quisiera renunciar a todo por estar a mi lado.

—No lo merezco.

— ¿Recuerdas cuando me dijiste que no me percibía a mí misma de forma realista? Obviamente, tú padeces de la misma ceguera.

—Lo sé.

Ella suspiró, derrotada. Observe su rostro, preguntándome si realmente habría sopesado todos los inconvenientes, si estaba tan decidida como aparentaba o era mi reticencia lo que le hacía estar tan segura, luchando contra mí, con la seguridad de que yo siempre me iba a negar. Decidí ponerla a prueba.

— ¿Estás preparada, entonces? — le pregunté.

—Esto... ¿Ya? – preguntó, mostrándose de repente nerviosa.

Me incliné despacio, sintiendo como su calor caldeaba mi boca mientras me acercaba, acaricié su garganta con mis fríos labios y susurré contra su piel:

— ¿Ahora, ya?

Bella se estremeció, cerré los ojos sintiendo como mis músculos se tensaban por el contacto.

—Sí — susurró, con la voz entrecortada.

Su cuerpo estaba rígido pero ella seguía igual de testaruda que siempre. Y estaba decidida, no había duda.

No pude evitar reírme con amargura, me incorporé de nuevo, mirándole a los ojos con reproche.

—No te puedes haber creído de verdad que me iba a rendir tan fácilmente.

—Una chica tiene derecho a soñar – dijo, en un susurro de voz, mientras su cuerpo, que contradecía todo lo que ella decía, se relajaba.

— ¿Sueñas con convertirte en un monstruo?

—No exactamente. Más bien sueño con poder estar contigo para siempre.

Sentí que el mundo se abría bajo mis pies, ella me estaba ofreciendo su vida, su alma, y yo estaba rechazando la felicidad que ella me ofrecía, ese para siempre. Mi subconsciente me insultó, y tuve que recordarme a mí mismo que lo hacía por ella, que no podía aceptar ese regalo.

—Bella. Yo voy a estar contigo..., ¿no basta con eso?

Acaricié sus labios, sintiendo una urgencia dolorosa por besarla. La intensidad de nuestro sentimientos me embargo con fuerza, hinchando mi pecho, deseando con todas mis fuerza que pudiera existir otra alternativa.

—Basta por ahora – me dijo, con gesto obstinado.

Me sentí exasperado ante la promesa explícita de sus palabras de que esto solo aplazaba la discusión. Ella acarició mi rostro, y me relajé bajo su tacto, sentí esa descarga eléctrica que me arrasaba por dentro, a la que nunca iba a acostumbrarme, de la que nunca tendría suficiente.

—Mira, te quiero más que a nada en el mundo. ¿No te basta eso? – me dijo ella, con una sonrisa indulgente.

—Sí, es suficiente. Suficiente para siempre - susurré mientras volvía a inclinarme para sumergirme en el calor de su piel contra mis labios.

FIN