Había llegado todo lo alto que una agente femenina podía permitirse llegar en la PES, y había llegado a romper esas barreras para seguir subiendo más y más alto. Nunca había flaqueado con nada. Había empezado en este cuerpo siendo muy joven, y ahora, varias décadas más tarde, había tocado techo.

Si, lacapitana Holly Canija podía sentirse orgullosa de sí misma, como sin duda estarían aquellos que la conocieron. Hacía mucho tiempo que había aprendido cual es el límite hasta el que puede arriesgarse una misma y daba todo de sí en cada caso, en cada misión. Hacía mucho tiempo que había tenido que olvidarse de tener miedo.

Aunque había una cosa a la que la Capitana ahora sí temía: Artemis Fowl. Después de su viaje en el tiempo, Holly no podía mirar al muchacho de la misma manera. No solo porque le había mentido sobre algo tan grave como lo que lo hizo: culpándola de la enfermedad de su madre de tal forma que ella misma terminó creyéndolo, y porque le había demostrado tener tantos escrúpulos como cuando lo conoció con solo 12 años.

No, eso Holly podía llegar a comprenderlo. Tenía que tener a las criaturas de su lado para que la misión diese resultado, y era la vida de su madre lo que estaba en juego. Holly se preguntaba muchas veces si ella no hubiese hecho lo mismo.

Lo que no entendía la capitana era las reacciones que había experimentado cuando ella era una adolescente.

¡Había besado a Artemis! Lo había hecho porque en ese momento se sentía atraída hacia él. Y había deseado más. Sabía que no era solo por ser una adolescente, sabía que detrás de aquel beso que a veces sentía arder en sus labios había algo más…algo en lo que Holly no podía permitirse pensar.

Y lo que ahora temía era que, después de todo, seguía esperando otro beso.