OoC

Todos humanos

UA

Los personajes pertenecen a S. Meyer y la historia a Chica Lunatica; yo sólo la he adapatado de su versión de Harry Potter a Crepúsculo, haciendo cambios para que quede creíble(por la cosa de que no sean magos y todo eso). Si alguno prefiere harry Potter que Crepúsculo le recomiendo que se pase por su perfil:

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Capítulo I. Mi suicidio

Los monótonos pasos lograban escucharse en el pasillo, provocando un eco que retumbaba contra las paredes. La tenue luz de una vela alumbraba el lugar, colocada cuidadosamente en un candelabro que ella llevaba en su temblorosa mano. Una gruesa lágrima rodaba por su mejilla. Ella la retiro con fuerza; estaba segura de lo que iba a hacer. Caminaba con rapidez, pues no quería que las soluciones impertinentes llenaran su mente de nuevo.

Todo estaba planeado, hacia meses que observaba a su alrededor. Escogió su estación favorita, el invierno. El día especifico, sábado; así nadie lo notaria, pues estaban demasiados ocupados en sus asuntos como para notar la falta de una persona.

Llevaba ya bastante tiempo observando la vida a su alrededor. Se daba cuenta de que era una pieza extra en el rompecabezas.

Otra gruesa lágrima salió de sus ojos. Estaba harta de que la trataran como lo hacían; siempre era la sabelotodo, el ratón de biblioteca, la chica becada.

Retuvo otra lágrima; ya no lo soportaba. A pesar de que había demostrado que era igual de buena que los demás, ese insulto perduraba. Antes no le importaba, trataba de hacerse inmune a esos insultos, pero ya su protección se debilitaba; ya empezaban a dolerle.

Llegó a su destino y abrió la puerta; tal como había pensado, la torre estaba vacía. Caminó lentamente hasta las puertas del pequeño balcón que había y lo abrió. Una fuerte corriente de aire entro en la sala, haciendo que la pequeña llama de la vela amenazase con extinguirse; ella tuvo que taparla para que no se apagase. Se movió hasta una esquina, donde el aire no alcanzaba, y colocó ahí la vela. Después, se acercó al muro de piedra que estaba delante de ella y miró hacia abajo; era un gran abismo.

¿Bella, crees que es lo correcto?, se pregunto a ella misma.

—No, no lo es. —se contestó a ella misma—. Pero ya no puedo más. Estoy cansada; siempre la misma rutina, estudiar, estudiar, estudiar…

¿Pero has pensado en las personas?, su conciencia parecía no querer dejarla en paz.

—Sí —afirmó firmemente—, creo que soy algo que está de más. Nadie me ha querido, bueno, tal vez mis padres. Pero están muertos, muy lejos de mí.

Otra lágrima rodó su mejilla. Un penoso accidente de coche fue lo que los mató. Se culpaba por todo; ellos no debieron de ir a buscarla. Estaba segura de que nunca podría olvidar el día de su cumpleaños; la fecha en la que sus padres tuvieron el desafortunado incidente al querer ir a visitarla a la residencia donde ella estudiaba, de forma de castillo que se recortaba en el horizonte en la alta colina.

Se recostó de la pared y se dejo caer hasta el suelo. Hundió la cara entre sus manos y empezó a llorar. Trataba de limpiar su mente, de borrar su estado, de reconstruir su alma, pero las heridas ya eran muy profundas y el llanto ya no apaciguaba su dolor.

—No le importo a nadie —sollozó—, soy… algo extra.

Le importas a muchas personas, le reprochó su conciencia de nuevo, muchas te han querido, Bella. Y mucho.

—¿Como quienes? ¿Eric, James… Mike? Creo que ya ni nota mi presencia —murmuró dolida—. Pueden pasar los días y no notan mi ausencia. Sólo soy un recurso de estudio.

Lloro más fuerte.

Bella, tus estudios, por todo lo que has estudiado. ¿Piensas echarlo por la borda?

Era verdad; habían sido siete años de duro trabajo. Era delegada de clase, pero eso no le importaba. Había perdido el interés de muchas cosas, como las oportunidades de su futuro, tendría que afrontarlo todo sola, y no quería eso. Se convertiría en una vieja amargada.

¿Sabes que irás al infierno?

Tremenda pregunta la de su mente, pero ya tampoco le importaba. Su conciencia le pedía que recapacitara, que se diera cuenta de lo que hacia antes de que fuera, muy tarde.

Isabella Swan era una chica delgada, de tez blanca y de unos expresivos ojos color chocolate. Su cabello enmarañado, recogido en una coleta iluminaba su cara, que tenía una expresión triste pintada en ella.

Reflexionaba sobre lo que pensaba hacer; lo que hacia definitivamente no era lo correcto, pero no encontraba otra alternativa. Se había convertido en una chica suicida.

Antes sus amigos lograban que ese pensamiento se alejara de su mente pero… ya ellos no estaban; ahora tenían demasiadas cosas en la cabeza, como sus parejas. Estaba ella sola en el mundo. Ella había nacido sola, y así mismo se iría.

—Esto es estúpido —murmuró, sintiéndose estúpida por hablar ella sola.

Y rió, despreocupada. Era la primera vez en un tiempo que reía.

Todavía tenía tiempo de arrepentirse, pero no. Ya el asunto estaba listo.

Imágenes de Mike con Jessica… Eric con su amiga besándose en un aula… Tenía como diez años, pero se sintió engañada. En verdad no sabía porque hacía eso, si por la muerte de sus padres o por un chico demasiado cobarde como para darse cuenta lo que se le mostraba ante el.

—Tal vez sea por él —siguió llorando—, tal vez sea por que no me corresponde.

Un chico alto, de pelo cobrizo, caminaba por los pasillos. Era la una de madrugada pero no tenia sueño; apenas dormía. Siempre estaba alerta y eso no ayudaba.

Edward había dejado a Laurent dormida en la cama. Sonrió, satisfecho. Quería ir a la torre, a pensar. Le gustaba ese lugar. No era muy frecuentado por estudiantes, además de que había una linda vista hacia el lago.

Llego a la torre e iba a entrar pero una luz que procedía de adentro hizo que se detuviera, miro hacia adentro.

Una chica de cabello castaño se levantó del suelo. Una pequeña falda de vuelo y una camisilla de tirantes negros se ceñían a su cuerpo. Ella se acerco al muro, haciendo que la vela iluminase su rostro. Edward se sorprendió mirando atentamente cada movimiento que hacia la castaña. La muchacha apagó la vela con un suave soplido. Un mechón de cabello cayó en su frente y lo retiró, poniéndolo detrás de su oreja.

—Está decidido —la escuchó susurrar pequeño suspiro mientras se acercaba al balcón.

Edward miraba lo que ocurría. No era posible; se veía deprimida, pero nunca pensó que llegaría al extremo de suicidarse. Tenia que hacer algo.

Bella puso un pie sobre la barandilla que cercaba el muro balcón y cuando se equilibró, puso el otro. Al impulsarse, se tambaleó por unos segundos, pero logró volver a ponerse recta. Miró hacia abajo y una sensación de vértigo inundó su estomago, regándose por cuerpo.

Cerró los ojos. Otra lágrima rodó.

No puede ser capaz de eso, pensó Edward, aún estático en las sombras.

Pero se equivocaba.

Bella abrió los brazos al mismo tiempo que sus ojos. Estaría muerta para cuando sufriera el impacto; el aire inundaría sus pulmones de manera violenta y explotarían debido a la presión.

Miró hacia abajo y cerró los ojos levantando el rostro.

Estaba preparada.

Edward se acercó y se puso detrás de ella. La castaña no notó su presencia, aún cuando sus cuerpos casi se rozaban.

—¿Qué haces?

Bella pegó un respingo, sorprendida. Se dio la vuelta, lentamente, enfrentando los fríos ojos verdes de su interruptor. La fuerte brisa que pasó la obligo a tambalearse.

—¡Swan, baja de ahí! —exclamó nervioso.

—No quiero —respondió calmada.

Se giró y miró la oscuridad de la noche. Sentía miedo. Era luna nueva y unos cuantos rayos alumbraban el lugar, dejando a la vista el panorama que tenía en frente. Una suave brisa pasó, acariciando su cara, acurrucándola, invitándola. Ella cerró los ojos dejándose llevar.


Espero que os guste, a mi me ha gustado mucho^^

es la primera vez que adapto así que sed buenos.

Audio recomendado: Tourniquet, de Evanescence