Disclamer: los personajes no me pertenecen, obviamente... sino a la maravillosa S. Meyer... la historia es completamente mía XD


EPÍLOGO

··· al final, todo lo que importa es que te amo… siempre···

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Un niño pasea por la costa, observa los veleros desaparecer en la línea que marca el horizonte y se desdibujan entre los rojos y anaranjados del atardecer. Sus pies sienten la arena bajo sus plantas y el agua cada vez que la marea le moja hasta los tobillos, sus cabellos cobrizos bailan con la cálida brisa y sonríe al ver volar una gaviota más allá.

Esa tarde había tenido que bajar ahí, se había despertado y esa sensación de que el mar lo llamaba lo había reclamado.

Ahora se sentía en paz de nuevo, clavando sus ojos verdes en la arena y mirando a la poca gente pasar a su lado. Escuchaba el ritmo constante y dulce del oleaje y respiraba tranquilidad. Para cualquier otro niño de once años, aquella actividad le habría resultado bastante tediosa; pero él no era como los demás.

Él tenía ideas que no estaban acorde con su edad, había madurado más rápido que los otros y, en su mente, ya había trazado un claro plan de lo que haría en el futuro…

Seguiría sus sueños.

La luna comenzó a despuntar y la marea se hizo más perezosa y alta. Él sonrió, era casi como en su sueño, el que había tenido desde siempre, donde la luna estaba apareciendo y dando paso a la noche, las estrellas brillaban y se oía el rumor del mar. En su sueño, él era diferente y mayor y estaba con una mujer hermosa.

En aquel sueño… había pasado mucho tiempo para que estuvieran así, juntos –no estaba seguro de cómo lo sabía, pero era así-; ahí, ellos se declaraban amor eterno y juraban volver a encontrarse, juraban no separarse jamás.

La parte que nunca entendió fue que él decía que no era el primer juramento, ni el último.

En realidad, a su corta edad no entendía mucho eso de la eternidad y las promesas de ese tipo; pero le gustaba, siempre que soñaba con ella, tenía sentimientos dulces y esa sensación de estar completo.

Como ese día, justo ese día, se sentía complementado. Y un poco inquieto si lo pensaba detenidamente, bajo esa capa de tranquilidad tenía el presentimiento de que debía encontrar algo.

Caminó por la orilla, poco antes de llegar a la zona donde descansaban las barcas que los pescadores utilizaban y se sentó sobre una de ella. Miró con detenimiento la luna y se preguntó por qué motivo se sentía así. No era normal, eso seguro.

Ninguno de los niños de su escuela podía decir que le pasara lo mismo que a él…

Sus pensamientos se vieron cortados abruptamente cuando vio una figura entre las rocas que sobresalían de la arena y caminaba a trompicones por ellas. Era delgada y femenina, una chica intentando pasarlas y avanzar hacia su dirección.

El cabello largo y en ondas bailaba con cada pequeña brisa del viento, era pálida… era…

-¡hola!- le saludó cuando llegó a su lado, con una voz dulce y sedosa; sonrió y pareció que todo se iluminó a su alrededor.

-hola…

-¿sabes dónde está el restaurant "El ocioso"? mi mamá me dijo que no quedaba lejos…- la chica se sentó a su lado con un resoplido –pero llevo caminando toda la costa desde la casa que rentamos hasta aquí y no lo he visto.

-¿EL ocioso?- él observó de un lado a otro, tratando de recordar la ubicación exacta del local –está un poco más allá –apuntó el letrero de madera blanco y sonrió –donde está ese letrero de ahí, ¿ves?

Ella se agachó y observó dicho letrero, frunció el ceño y resopló de nuevo.

-sí, lo veo… pero ya no quiero ir- sonrió –me cansé un poco, no estoy acostumbrada a caminar entre arena.

-¿de dónde eres?

-vivo en Roma, pero mi mamá insistió en que necesitábamos vacaciones.

Él sonrió, le gustaba Roma; pero prefería estar ahí, era menos ruidoso y había menos gente. Le gustaba pasear por el acantilado y ver el mar, en lugar de tener que esquivar a motoristas locos en las calles; pero era una ciudad hermosa.

-¿vas a quedarte mucho tiempo?- le preguntó, sintiéndose un poco tonto, a su edad no era muy normal socializar con las niñas.

-unas semanas- giró su rostro hacia el cielo y la luna sacó algunos destellos plateados a su piel.

Era hermosa –y eso viniendo de un niño de once que veía a todas igual ya era algo-, como etérea y perfecta, como… familiar. Sí, su bella visión le parecía muy familiar, cómoda, agradable, le daba paz.

-¿te conozco de algún lado?- le preguntó después de un rato.

Un rato en el que aquellos ojos chocolates le habían traído ecos de un conocimiento más allá de lo que entendía, de que imaginara –o su cerebro dijera que, en realidad recordaba- cómo de sedoso era su cabello. Un rato en el que le estuvo llamando.

No estaba seguro de cómo responder a ese llamado, pero sabía que existía.

-no lo creo, te digo que yo vivo en Roma- se encogió de hombros y clavó su mirada en él.

Para el buen observador, sus ojos se dilataron un poco y su respiración también aumentó de frecuencia, el corazón galopó en su pecho y ella se tambaleó un poquito en su lugar. La piel se le empalideció y, de un segundo a otro, recuperó el color, adornado de un sonrojo poco elegante, muy inocente.

-sí… yo…- balbuceó y agitó la cabeza, como para volver a la realidad –creo… que no.

Él sonrió.

-sé que te conozco- se encogió de hombros –sólo que no sé de dónde.

-no lo sé, tal vez estás loco.

-no lo creo…- suspiró y miró la luna.

No estaba loco. Sí, nadie soñaba lo que él, nadie parecía tener recuerdos como los suyos, nadie era como él y nadie sabía por qué sabía todo lo que él sabía; pero estaba seguro de que no estaba loco, era todo demasiado real.

El tiempo pasó lentamente, en la pequeña burbuja que se había creado alrededor de ellos; pero tenían que avanzar.

-debo irme, mi madre debe estar buscándome- anunció ella, levantándose de la barca.

Caminó unos cuantos pasos, sintiendo la arena entre sus dedos.

-¿cómo te llamas?

Se giró y sonrió.

-Isabella… como mi bisabuela.

Él afirmó.

-¿y tú?

-Anthony… no sé por qué- sonrió y ella se sonrojó de nuevo.

-adiós, Anthony.

-nos vemos luego, Bella.

El sobrenombre susurrado les causó escalofríos, una cálida sensación que hizo estremecer sus cuerpos jóvenes e inocentes; era como el preludio de una tormenta eléctrica, algo que prometía… que prometía mucho….

Prometía el inicio de algo más, de algo nuevo… de algo sin fin.


y se acabó...! no lo puedo creer T_T es un momento de sentimientos encontrados, estoy feliz de ver ke terminé otro proyecto, pero lo voy a extrañar... neee modo, así son las cosas, todo llega a su fin.

ya saben ke las kiero mucho, a todas akellas ke me acompañaron durante el trayecto de una forma u otra, gracias x sus rws, alertas y favoritos... cada uno hace mi corazón más feliz, además, siempre estoy en proceso de aprendizaje, así ke me gusta saber en ke estoy mejorando o en ke tengo ke hacerlo y las opiniones constructivas siempre son buenas :D

así ke... GRACIAS

y ns vemos en el siguiente fic ;)

besos y mordidas:

clarisee