Disclaimer: "La Pecera de Eva" y sus personajes no me pertenecen ni yo saco ningún beneficio económico de usarlos en este relato.

Parejas: "Lesther" (Leo x Esther).

Esther no había conocido a Leo antes del accidente.

Por supuesto que sabia quien era. Todo el mundo sabia quien era. Por supuesto que lo había visto paseándose por los pasillos del instituto como si fuera el rey de aquel pequeño universo que era el Unamuno. El guaperas de Leo. El grandullón de Leo. El que hacia que todas las chicas bajasen la mirada cuando pasaba al lado de ellas y se rieran como las estúpidas e insulsas crías de quince años que eran. Esther podía admitir que ella había sentido como le saltaban los colores cada vez que su mirada se cruzaba con la de aquel gigante de piel morena que parecía sembrar el caos allá donde iba.

Sabia todo lo que se decía de el. Que una vez le había sacado una navaja al profesor de su clase de gimnasia. Que trapicheaba con droga en su barrio, incluso a pesar de que su padre fuese policía. Sabia que se había fugado casi un mes de casa, y que nadie sabia que había sido de el en ese tiempo. Sabia que había estado unas semanas en un centro de menores. Y que al volver, no había sido el mismo... Esther muchas veces hubiera querido preguntarle que fue lo que ocurrió, pero por desgracia o por suerte, para cuando pudo hacerlo Leo ya no lo recordaba. Y quizás hubiera sido mejor así.

Esther en la vida podría haberse visto saliendo con alguien como el. Su padre no lo hubiera aprobado. Y ella, seguramente, tampoco. No se veía con un delincuente juvenil, un año mayor que ella... daba igual que la chaqueta de cuero que llevaba le marcase esos increíbles hombros que tenia cada vez que andaba. Pero la realidad da muchas vueltas. Eso la pequeña Esther lo sabe muy bien.

Ahora ya no le sorprende devorar la boca de Leo mientras este la abraza y la presiona contra la pared del pasillo...ni sentarse sobre sus rodillas en un banco del parque y que el entierre su cabeza en el cuello de ella y aspirar el aroma de su pelo, y sentirse como la chica mas dichosa del mundo. Hay una parte de su mente que le dice que son las drogas las que hacen que se encuentre así. Pero Esther no le hace caso...tan solo se limita a mirar a los ojos marrones del gigante y sonreir mientras sus labios y los de ella se encuentran.

Es un día como cualquier otro...están apoyados contra la pared, justo a la salida del instituto. Las clases acaban de terminar. Esther ve a todo el mundo yéndose. Saluda a Eva con una leve inclinación de cabeza cuando la ve aparecer. La psicóloga responde con un guiño de ojos y una sonrisa de complicidad al verlos a los dos. De vez en cuando algún chico o chica vuelve la cabeza y los mira con una ligera extrañeza, preguntándose como dos personas tan diferentes como una princesita de cuento de hadas y un gigante que trapichea drogas han acabado juntos.

Leo interrumpe el beso que le esta dando, y durante un momento no dice nada...tan solo sus ojos se pierden en los de ella, y ella sabe en ese momento lo que el le va a decir. No quiere oírlo, pero no le queda otro remedio:

"No necesitas esa mierda..."

La mano de Esther desciende hacia su bolso, y durante un breve momento, por su cabeza cruza un destello de enfado...pero sabe que no puede enfadarse de el. Esther no había conocido a Leo antes del accidente. Pero lo conoce ahora y sabe que es un buen hombre. Y uno no se vuelve bueno de la noche a la mañana, medie un coche o medien veinte.

La decepción de su rostro desaparece tan pronto como vino.

Tiraría las pastillas en cuanto llegase a casa.