EL PIRATA Y EL ÁNGEL

Disclaimer: Todos los personajes de este libro pertenecen a Stephenie Meyer, solo la historia es mía.

N/A: Aunque el título pueda dar opción a pensar otra cosa, esta historia no va de piratas, tiene una pequeña mención a ellos, pero la trama no va por ahí. Así que quedan advertidos.

Espero que les guste esta nueva historia. Es un poco diferente a lo que he hecho hasta ahora por tres motivos: es bastante larga, no es de Harry Potter y tiene lemmon. La historia ya está terminada, pero aún me faltan por repasar los últimos capítulos así que en dos o tres días estará completa.

CAPÍTULO UNO

Conforme el velero iba aproximándose a la costa de Port Angeles, Edward podía sentir como el nudo de su garganta iba creciendo y haciéndose cada vez más grueso, tanto que casi le impedía respirar. Si cerraba los ojos, aún podía recordar con total nitidez, aquel día cuando con sólo doce años, emprendió desde ese mismo puerto, un viaje que cambiaría toda su forma de vida, desde el más mínimo detalle hasta la parte más compleja. Aún recordaba, como si las estuviera viendo ahora mismo las lágrimas de su madre, Esme, y como su padre, Carlisle, intentaba consolarla por tener que despedirse de su único hijo, para que éste pudiera hacerse un hombre. Hasta que el gran transatlántico que lo llevaría a Londres, a su nueva vida, no se alejó lo suficiente para que le resultara ya imposible ver las lágrimas de su madre, no se secó él las suyas propias y se acercó a las personas que serían como sus padres, durante los próximos seis años, hasta que fuera mayor de edad y pudiera volver con su formación ya completada. Sus acompañantes, Carmen, la hermana de su madre y Eleazar, su esposo, se le antojaban entonces dos personas muy extrañas. Siempre se preguntó como Carmen y su madre podían ser hermanas cuando no se parecían en nada. Para Edward, Carmen fue su primer amor, aunque por supuesto nunca nadie lo supo. Le parecía una bruja de los cuentos que su madre solía contarle por las noches, con su pelo negro, largo hasta la cadera y rizado en graciosos bucles, sus ojos grandes y de un increíble verde –como los suyos propios-, y su boca grande y exuberante, con labios gruesos y bien perfilados. Le encantaba imaginársela en una marmita, revolviendo ingredientes para una poción, mientras susurraba las palabras mágicas correspondientes. Pero estos pensamientos, en lugar de asustarlo, como a cualquier niño de su edad, lo que provocaban era hacer crecer su fascinación por ella, hasta el punto de acecharla y sorprenderla en los momentos más descabellados, para ver si la encontraba preparando algún brebaje. El marido de Carmen, Eleazar, era un hombre alto y delgado, pero fuerte, su pelo era también negro, aunque muy corto y sus ojos tan oscuros como su pelo, aunque, a pesar de su negrura, daban una agradable sensación de calidez. Así como Edward sentía por Carmen una gran fascinación, la que profesaba a su marido no se quedaba atrás. Eleazar era un hombre inteligente con unas ansias increíbles por aprender y enseñar y Edward se benefició de todas sus enseñanzas y con cada cosa nueva que aprendía su admiración por él crecía hasta límites insospechados. Como el viaje se llevó a cabo en la estación cálida, las noches eran templadas, ideales para pasarlas en cubierta. Eleazar solía llevar una manta de su camarote y extenderla sobre la cubierta, en la zona de popa y allí se tumbaban los tres, escuchando como la hipnótica y cadenciosa voz del hombre les hablaba de los lejanos planetas, las constelaciones, la luna, las estrellas… En esas noches, Edward aprendió a orientarse con las estrellas, los ciclos lunares y a predecir las tormentas por la forma de las nubes y la luna. En los tres meses que duró el viaje, su mente fue llenándose con todos los conocimientos que poseía Eleazar: aprendió cosas sobre los pájaros –como que las gaviotas suelen rondar las zonas costeras, pero solo se adentran mar adentro para morir-; aprendió que algunas aves eran migratorias y en invierno buscaban zonas más cálidas hasta que llegara otra vez la estación templada; era capaz de distinguir la mayoría de los peces con los que se encontraban a su paso y sabía cuáles eran los mejores cebos para cada especie; aprendió a hacer y desatar gran cantidad de nudos marineros y como leer un mapa. Le hablaron de Inglaterra, su nuevo hogar y de todas las cosas que aprendería en su nuevo colegio, y como tenía tanta sed de conocimientos, su nueva vida le empezó a parecer una gran aventura, en lugar de un castigo, como lo consideraba al salir de su casa.

Los siguientes seis años los pasó formándose en ciencias, biología, literatura, filosofía, matemáticas, física, química... e incluso protocolo. Era un chico solitario, al que todos veían como un bicho raro por sus ansias de aprender, pero a él no le importaba, era feliz con su vida. Las vacaciones de verano las pasaba con sus tíos Carmen y Eleazar en una pequeña hacienda que tenían en el condado de Dorset. Durante esos seis veranos, aprendió a montar a caballo y cómo cuidar de éstos y otros animales, aprendió a seguir rastros, a diferenciar las plantas curativas –como el poleo y la manzanilla-, de las más nocivas y como preparar infusiones con ellas para conseguir distintos resultados, por ejemplo una poción para dormir usando adormideras. Aprendió a distinguir las bayas venenosas de las comestibles. Se subía a los árboles más altos con la facilidad de una ardilla y nadaba mucho mejor que la mayoría de las personas. Pero lo que de verdad lo entusiasmó fueron las clases de esgrima que recibió de Eleazar, aprendió a fintar, atacar, defenderse, salir de situaciones en las que parecía que todo estaba perdido, aprovechar su entorno en beneficio propio a la hora de luchar con la espada y todo con tanta maestría que consiguió superar a su maestro en solo cuatro años. Con tanto ejercicio no sólo su mente se fue fortaleciendo sino que su cuerpo de adolescente también sufrió cambios para, poco a poco, ir convirtiéndose en el bien modelado cuerpo de adulto que ahora poseía y que tantos suspiros robaba a las mujeres. Su pelo castaño oscuro, se aclaró un poco con el sol, dándole tintes broncíneos, su pómulos se marcaron más y su mandíbula se hizo más dura, mientras que sus ojos siguieron conservando aquél asombroso color verde que hacía que, a pesar de los años que habían transcurrido, todavía se reconociera al pequeño que salió de su casa hacía ahora ocho años. A los dieciocho se graduó con honores el primero de su promoción, Carmen y Eleazar, a todos los efectos sus padres en estos seis años le regalaron una espada, para que se acordara de ellos ahora que volvía a su hogar.

Por fin el tan anhelado día en que volvería a su casa, a volver a ver a sus padres había llegado, sus tíos lo acompañaron al puerto y se quedaron saludándolo hasta que el velero se perdió de vista en el horizonte, llevando a Edward de vuelta a su hogar.

N/A: Y hasta aquí el primer capítulo, es bastante corto, pero muy importante para la historia.

Muchísimas gracias a todos los que se hayan tomado la molestia de leer.