Renuncia: Los nombres de esta historia pertenecen a Stephenie Meyer. La trama es mía, y aunque no lo crean, surgió por un sueño. Una amiga me contó aterrorizada que soñó lo que se convertiría en la base de esta pequeña historia.

ò . Я . Ω . R . ó

"!A buscar aventura, que la halla el que se muda!"Miguel de Cervantes

. Ω .

Mudanza

A Bella le cayó como anillo al dedo salir de Arizona, tenía a un imbécil por novio, cuyas únicas gracias eran verse y coger como un dios, con ella y muchas más. Se podía decir que estaba enamorada, pero sabía que él no era razón para quedarse. Y para el profundo alivio de sus padres y amigos, dejó a Jacob y se fue por dos años a Londres.

Durante el primer año, se dedicó a estudiar y a conocer. El clima, a diferencia del de Phoenix era frío y lluvioso, por lo que pasó seis meses enteros con gripe. Después de este período de adaptación, el único malestar que llegó a tener fue resaca.

Al dar inicio el segundo año, llegó Edward. Se hicieron amigos al instante. Bella, feliz de tener a un norteamericano con quien hablar, y él feliz de haberla conocido, porque le fascinó desde que la vio en el aeropuerto sosteniendo un cartel con su nombre.

Bella, era delgada, de cabello castaño y pálida, con almendrados ojos de chocolate. En contraste, era temperamental, suspicaz, sarcástica y supersticiosa. Era católica, pero también creía en los signos zodiacales, en los fantasmas y en la reencarnación. Estas características, combinadas con su evidente inteligencia y la sensibilidad que mostraba ante los problemas humanos, la hacían muy interesante.

Edward era ateo, no creía en nada y le parecía divertido que Bella rezara de vez en cuando. Él era muy práctico, de modales suaves, muy cariñoso y tolerante, aunque podía ser en extremo terco. Tal vez, su apariencia física acentuara estas cualidades; era alto, de contextura más bien delgada, pero de músculos muy bien definidos, blanco, con pelo color bronce y ojos de un verde imposible, grandes e inocentes como los de un niño.

Bella continuó estudiando con la misma dedicación, pero Londres palideció al lado de Edward. Seguía paseando, pero lo hacía para estar con él. Lo llevó a todos sus lugares favoritos, y juntos descubrieron otros. Eran felices, estaban enamorados y era obvio. Pero, como es usual en esos casos, el tiempo pasó volando, y Bella debía regresar a Arizona. Para despedirse, fueron a Italia por tres maravillosos días, durante los que hubieran aumentado un par de libritas cada uno, de tan buena que estaba la comida, si el sexo no hubiera estado mejor.

Fue un adiós optimista, jamás pensaron que ese era el fin de todo, claro que se extrañarían, pero, ¿para qué sirve la Internet? Hablaban diariamente, unos días cosas cotidianas, otros, intentaban satisfacer la incesante necesidad física que tenían el uno por el otro.

Más lentos de lo deseado, los meses pasaron. En Diciembre, Edward llegó a Arizona con sus pragmáticos pensamientos nublados por la emoción de verla de nuevo y Bella lo esperaba con el estómago lleno de mariposas y la cabeza, de precauciones. El reencuentro fue todo lo que habían anhelado, un año de ausencia les permitió almacenar la pasión que el tiempo suele matar.

—Bella... Bella... te extrañé tanto —decía Edward, mientras sostenía su cara con ambas manos y la miraba a los ojos.

—Tócame. Necesito que me toques—. Tomó las manos de Edward las llevó a sus pechos.

Edward dejó escapar un suspiro entrecortado y la besó con fuerza.

. Ω .

Para desmayo de sus tías, Bella se fue a vivir con Edward, a un primorosa casita de pisos blancos y techito rojo, que concordaba a la perfección con su idea de "Hogar dulce hogar". Comenzaron como jugando; comprar muebles, adornos y plantas, y pensar dónde ponerlos era una aventura. No era nada fácil escoger, pues tenían gustos tan diferentes como un medieval y un renacentista, pero se inventaron un estilo muy pancista en el que cabía bien el mundo de los dos, sin fronteras ni advertencias de ningún tipo para distinguir lo de cada quien.

Se acomodaron rápido a las costumbres del otro. Pronto sintieron como si siempre hubieran vivido juntos y sus vidas anteriores fueran recuerdos ajenos. Pero esto, además de proveerlos de una intimidad y confianza que no imaginaron posible, le dio paso a la rutina. Con esta nueva inquilina pretendiendo quedarse con ellos de forma definitiva, los problemas domésticos normales, o no tanto, empezaron a notarse.

A mediados de junio el calor ya estaba en su punto, de modo que desde las ocho de la mañana era imposible andar por las calles sin sudar, el sol ardía en la frente en cuanto comenzaba a subir por el cielo y recuperaba la piedad hasta las cinco de la tarde. Para colmo, otra vez no había agua, aunque, gracias a Dios en un mes se iban de ahí. Todos los días era un predicamento nuevo en esa casa, que si no había agua, que si el dueño quería enseñársela a un amigo, o que si los vecinos hacían el amor a todo volumen a las horas más inverosímiles posibles. Esto último, fue más bien cómico los primeros días, pero la frecuencia se volvió ridícula. No podían comer o dormir sin que les pusieran serenata, y cuando tenían visitas, la mujer se esmeraba.

Fue difícil persuadir a Edward de irse de ahí, a ambos les gustaba la casa, pero mientras Bella encontraba estos inconvenientes imposibles de tolerar, a él le parecían a lo sumo pintorescos. Finalmente, después de mucho insistir, comenzaron la búsqueda de un nuevo sitio para vivir. Por meses visitaron casas nuevas y viejas, pequeñas y grandes, cercanas y lejanas, sin encontrar una que se ajustara a sus necesidades, hasta que por fin dieron con un apartamento en una buena zona que tenía jardín y un buen precio. No era nuevo, no tenía alacenas y los pisos eran de un color que Bella no habría escogido nunca de haber tenido la elección. Pero, en términos generales, era cómodo y acogedor; con amor y pintura quedaría perfecto. Lo arrendaron casi de inmediato.

A pesar de faltar un mes para que se venciera el contrato de la casa en que vivían, Bella, que era obsesiva-compulsiva con el ordenada y la limpieza, decidió aprovechar ese tiempo para arreglar el apartamento antes de mudarse. Resultó que faltaría más que pintura y amor.

Fue necesario lijar las puertas ya pintadas, pues se inflaron, orgullosas de su nuevo color; cambiar los interruptores de luz, todos los grifos y alguna que otra tubería. Por ironías de la vida, la presión del agua era tan fuerte, que arruinaba todo tubo por donde pasaba. Se acostumbró a encontrar un problema nuevo con cada visita al apartamento. Pronto se vio gastando más dinero del presupuestado, pero valdría la pena, era mejor mucha agua que poca, ¿o no?

Al momento de trasladar sus cosas de una casa a otra, Bella tenía todo perfectamente organizado, de manera que no debía preocuparse por la mudanza. Cada mueble, caja y planta estaba rotulada y clasificada "Cocina: Platos" "Cuarto principal: Mesa de noche" y así sucesivamente, no habría dónde perderse.

La mudanza fue más difícil de lo esperado. El trabajo de los pintores todavía no terminaba y no limpiaban la cocina aun, una de las habitaciones resultó ser muy pequeña, por lo que había una cama extra en medio de la sala, haciéndole compañía al ya excesivo número de muebles, adornos y plantas que tenían.

Nada de esto parece muy estresante, hasta son de esperarse este tipo de contratiempos al cambiarse de casa. Pero, para Bella era insoportable. Después de un día como ese, cualquiera dormiría como piedra. Así que, con la cabeza llena esquemas organizativos, se durmió como el bebé que había sido 24 años atrás.

. Ω .

Si no me crees, pregúntale a mi papá, él es el dueño de la casa —le decía la niña, ya impaciente.

¿Pero, quién eres? —respondió Bella, cada vez más inquieta.

Victoria —respondió, distraída— ¡Ah, sí! Ya que somos amigas, te cuento que me gusta Edward.

ò . Я . Ω . R . ó

Esta es una historia que escribí hace mucho tiempo y que tenía guardada sin ningún propósito en particular. Hoy después de hacerle un par de retoques decidí compartirla con ustedes. Como ya está completa, voy a actualizar seguido, pero es corta, cortísima, tiene menos de 12,000 palabras. Y los capítulos por lo tanto son enanos y pocos.

Me hace una ilusión enorme saber qué opinan del inicio de esta historia.

¿Review?