Misión NIÑERA

Capitulo 2

Por Lallen

Disclaimmer: Oh vamos, ya lo saben. Ludwig Kakumei no me pertenece, le pertenece a Kaori Yuki.

Summary: En un futuro… tal vez lejano tal vez cercano, Ludwig tiene ganas de salir a dar una vuelta, y le deja su primogenito a Will por una tarde. No, no es yaoi. De hecho, tiene más de LisettexWill. ¡Wiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!

(Pd; El hijo es de Ludwig y Dorothea, por si quieren saber) (Weird…)

-Eh… Eh… bueno…- Lo peor es que Lisette lo miraba como si tuviera al mismísimo anticristo en brazos y no al inofensivo bebe heredero del reino.

-No me digas que vamos a tener que cuidar de este engendro porque sus padres están ociando en otra parte.-

Wilhelm tragó saliva. Tenía leves sospechas de que iba a terminar con un gran golpe en la cabeza si le decía la verdad.

-Bueno… aproximadamente… e… es eso.- balbuceó, mientras el principito daba vueltas en sus brazos, que encontraba inesperadamente cómodos.

Al ver la reacción facial de la chica, Wilhelm vio pasar su vida frente a sus ojos. Pero por suerte Lisette tenia el suficiente autocontrol para no ahorcarlo ahí mismo.

Sólo tuvo un tic nervioso en el ojo izquierdo. – ¿Dis…culpa?-

-Lo… lo siento ¡No pude responder, solo me lo dejó y ya!-

-¿No podías negarte al menos?-

-¡Eso intenté! Pero… es que…- No pudo encontrar una verdadera explicación. Después de todo, solo le quedaba una en mente: Era el sirviente de Lui-sama y no podía negarse.

Obviamente Lisette no lo veía de ese modo, y no quería aceptarlo.

- ¡Se supone que hoy es mi día libre!-

-Bueno… pues…-

No pudo seguir la frase, así que mejor guardo silencio mientras Lisette seguía mirándolo molesta. Hasta que finalmente, esta suspiró enojada y volteó hacia un lado, con cara de bochorno.

-La verdad yo… quería tener tiempo para… sacarte de aquí con algún pretexto…-

Ahí es cuando Will la observó con mucha curiosidad en la mirada ¿Había oído bien? Lisette no era para nada del estilo a hacer ese tipo de cosas.

Tampoco era malvada, maltradora (bueno… un poco), amargada y fría, el sabía que era una fachada para protegerse del mundo (o eso esperaba). Aunque era difícil, muuuy difícil quitarle esa fachada, eso era cierto. Así que le pareció muy raro que pareciese a punto de quitársela ella misma.

-¿Tú? ¿Salir? ¿Nosotros?-

Lisette se sonrojó y siguió mirando hacia la pared junto a ella. –Sí… eh… ¡Para que me compraras un pan relleno! ¡Y eso es todo! No estaba pensando en nada de índole romántico ni nada por el estilo… ¡Este no es un manga de romance!-

Wilhelm siguió mirándola con miles de signos de interrogación sobre la cabeza. Lisette, al notar el atento examen de su esposo (todo el universo: ¿?), no supo si sentirse acosada u ofendida, y prefirió sentarse junto a él para mirar el "engendrito" por cuidar.

Y su primera reacción fue una mueca de asco.

Miró con total desaprobación el adorable bebé medio adormilado en brazos del sirviente. Era una mezcla de esos dos locos que tenía por padres. Y obviamente eso no podía ser bueno.

Y si no le gustaban mucho los niños, éste en especial le traía una repulsión particularmente completa. Al menos a la mitad de su sentido común.

Porque muy en el fondo tenia una parte de ella feliz de la vida, y ansiosa por abrazar al bebé, pero obviamente eso iba en contra de todos y cada uno de sus principios. Por eso, mejor ignorar a la parte de su mente que le decía que Georg era lindo.

Porque su mente y su sentido común le decían que ese niño era diabólico. No podía ser de otro modo, teniendo los genes de una madre desquiciada y un padre enfermo en todos los sentidos posibles. Para ella ese niño era la reencarnación de algún espíritu diabólico.

-¿Y que tal si salimos con el bebé? Será sacarlo a pasear, y podré comprarte el pan relleno.- propuso Wilhelm tratando de saltar el problema.

Lisette hizo un ademan de fastidio, pero asintió con la cabeza. –Bueno bueno… llevemos al engendro a pasear. Pero si hace algo diabólico en el camino, no te sorprendas.-

Will asintió satisfecho y sonrió. Lisette volteó hacia otra parte otra vez, con cara de fastidio y un sonrojo apenas notorio en las mejillas.

Así, unos minutos mas tarde la pareja caminaba por la ciudad, llevando al bebé en una carreola. A cada paso, sentían más y más miradas sobre ellos… miradas extrañas…

-Creo que creen que es nuestro.- observó Will.

-…- Lisette apretó los dientes. La simple comparación le pareció increíblemente desagradable. Como comparar… eso ¿Con un hipotético bebé de ambos? –El nuestro no sería una abominación.-

-Este tampoco es una abominación.-

-…no seas hipócrita: esa cosa es lo más maléfico y abominable que he visto en mi vida.-

Will se quedó unos minutos en silencio, mirando el pequeño medio dormido en la carreola. Luego volteó hacia Lisette interrogante.-Enserio no te parece… ¿Lindo?-

Lisette hizo una mueca de asco y elevó la vista al cielo. – ¡Lindo! ¡Dios mío! Will, tanto tiempo junto al príncipe te esta causando un retraso mental cada vez peor, esa cosa….-

Lo señaló con un dedo y entonces el pequeño la miró con curiosidad. Con una de esas miraditas que solo un bebé puede poner.

Lisette frunció el ceño y volteó hacia otra parte. -…ok… este también es un hipócrita. Y no me sorprende.-

Wilhelm sonrió con ganas de reírse pero optó por no hacerlo. Sabía que Lisette habría aceptado al pequeño de no ser por su orgullo. Y de alguna forma, no podía culparla, iba a ser imposible que le cayera bien el hijo de Ludwig.

-Pf… esa horrible cosa, cuando crezca, lo primero que hará es conseguirse algún sirviente (que por cierto no será de mi familia), y recorrerá con él el mundo para arruinarle la vida a todos.-

-No tiene por que ser así… no solo es hijo de Lui-sama, también… debe tener algo de Dorothea, ¿no?-

Lisette puso cara de sarcasmo.

-Ay Will, vaya que eso arreglaría las cosas. Así que además de ser un engendro malévolo va a ser un masoquista extraño que venderá pociones extrañas para redondear un poco su enorme fortuna?-

-No tiene por que quedarse forzosamente con lo malo de los dos, Lisette.-

-¿Y según tú qué es lo bueno?-

Wilhelm se quedó en silencio tratando de encontrar una respuesta. –Eh…- siguió pensando. –Eto… bueno… ehm… ¿La obstinación de Lui-sama? Eh… de Dorothea-sama… huh… -

-Ya, no intentes.-

Wilhelm bajó la mirada y otra vez se quedó sin verdaderos argumentos. ¿Como podía esperar Lui-sama que lo defendiera si nunca lograba responder a las observaciones de Lisette?