LJ Community: Retos a la carta

Tabla: Principios de la psicología

- Describir - Explicar - Predecir - Controlar -

#1: Describir


Pairing: SajixRyomou
Rate: M
Summary: "¿Que qué es lo que siento por Mou-chan?" preguntó él. "No sé qué le ves de extraño a mi pregunta, Saji" le respondió ella.
Nota: Me decidí a escribir esto porque hay MUY pocos fics de ellos dos. Para redactarlo tuve que especular mucho, y puede ser que alguno de los dos roce el OOC... Espero que no lo suficiente como para que entorpezca la lectura.
Advertencia: Escenas sexuales (no explícitas, pero blah), alguna que otra palabra soez. Ah, y una verdadera advertencia, si no les gusta el SajixRyofu, se les va a hacer medio complicado leerlo.
Tìtulo: "Mi santuario"


– ¿Que qué es lo que siento por Mou-chan? – él pestañeó repetidas veces. Ella arqueó una ceja.

– No sé qué le ves de extraño a mi pregunta, Saji. – le dijo, adelantándose unos pasos.

Las dos figuras caminaban por un prado que parecía de otro mundo. Los colores eran más vivos que lo normal, y todo estaba muy iluminado. El sol parecía demasiado cercano a ellos, y aún así ninguno de los dos sentía calor, o dolor, o molestia alguna. Aún así, Saji podía sentir un cosquilleo divertido en su mano, unida a la de ella. Esas sensaciones agradables parecían mantenerse.

Ryofu lo miraba.

– … No entiendo por qué querrías saber una cosa así, Ryofu.

– ¿Es que tenés que entender todo?

– Perdón, perdón… – él movió su mano cerca de su rostro, disculpándose – No sirvo cuando las cosas no son lógicas.

– ¿Y tus sentimientos por ella no son lógicos?

– Creí que estábamos hablando de tu pregunta, y no de la respuesta.

– ¡Es increíble cómo podés trasgiversar todo para no responderme! – soltó su mano, colocando sus manos en su cadera – Saji.

El rubio suspiró, metiendo sus manos en sus bolsillos. Cerró los ojos, y la misma imagen lo asaltó… Ni muerto podía olvidarse de ello. En realidad, de ella. Como si su nombre estuviera tatuado a fuego en sus párpados.

– Conozco a Mou-chan hace mucho tiempo. – dio un respingo – No sé cuánto en realidad, tampoco me puse a pensar en ello…

Ryofu soltó un suspiro lo suficientemente audible como para hacerlo detener su relato.

– Por favor, no me vengas con el viejo cuento de la amiga de la infancia. Al grano.

– Oh, vamos… – él le acarició la cabeza – Como si no tuvieras tiempo de sobra, Ryofu.

– No estoy acá hace mucho tiempo… Todavía no me acostumbro al concepto eternidad. Es algo muy grande para una mente humana, Saji…

Él susurró algo en su oído y deslizó sus labios a su cuello, haciendo que el cuerpo de la chica comience a temblar al tacto.

El rubio organizó sus pensamientos para responderle. No es como si a Ryofu le fuera a doler lo que él iba a confesarle por responder a su pregunta… En realidad, el que tenía que estar preparado para escuchar lo que iba a decir era él mismo.

– Para explicártelo de una manera más simple… Mou-chan es como un santuario.

– ¿U—Un santuario? – repitió Ryofu, mordiéndose el labio inferior al sentir cómo las manos de él empezaban a deslizarse en su cuerpo.

Mi santuario… – Saji sonrió contra la piel de ella, y continuó su trabajo – Santuario que un fiel adora, al cual acude… Y santuario en el que uno no comete pecados.

– Nunca te pensé como un creyente… Ngh… – La chica rodeó el cuello de Saji con sus brazos al sentir que él la empujaba con poca suavidad y aún menos cuidado a un árbol.

Él sólo pudo sonreír al escuchar cómo ella no podía contener más los suaves gemidos que estaba buscando arrancarle desde que comenzó a explorar su cuerpo.

– ¿Cómo podría despurificar un santuario con mis propias manos? De tan sólo imaginármelo… – sus manos se deslizaron para deshacer la unión del blaser que ella llevaba puesto – No creo que a nadie le gustaría derramar sus fluidos corporales en los lugares de adoración…

– C—Creo que—¡Ah! Creo que… no te estoy entendiendo…

Él ahogó un gemido de frustración en su garganta. No es como si Saji lo comprendiera del todo.

– Mou-chan no es cualquier chica. Y cada vez que me encuentro a mí mismo imaginándome los modos en los que podría llegar a su cuerpo… Siento extraños deseos de autoflagelarme… – suspiró, bajando aún más.

– No suena como vos… – comentó Ryofu entre jadeos.

Él asintió.

– Lo peor de todo esto es que ella correspondería si tan sólo yo dijera las palabras correctas… Con tan sólo suspirar algunas mentiras de fidelidad y amor eterno en su oído… Sé que sería… mía.

Ryofu pudo ver una punzada de dolor en su rostro. Tal vez, y sólo tal vez, había cometido un error muy grande al preguntarle.

– Pero uno no puede hacerle eso a su santuario. No sabiendo que… – continuó él.

– Que la engañarías con cualquier chica que se te pase por enfrente. – Ryofu completó la frase, riendo.

– Es una manera cruda de decirlo pero sí, es eso… – suspiró, a la vez que sus manos descendían para acariciar su muslo. Sintió que ella tembló ante el tacto, y le sonrió – Calladita estás más linda.

Ella frunció el ceño, pero mantuvo silencio.

– Aún así, yo sabía que Teifu estaba enamorado de ella. Por más amigos que fuéramos, él me quería afuera del camino, porque yo sólo era un obstáculo entre Mou-chan y él… – dejó que su mano subiera unos centímetros, arrancándole más jadeos a Ryofu – … Sabiendo que yo no podía... No quería involucrarme con Mou-chan me dije a mí mismo que daría un paso al costado… Y empecé a salir con Ryofu Housen…

Ryofu sonrió, ayudándolo a deshacerse de la ropa restante que ella llevaba puesta.

– Pero aún así… – Saji cubrió la boca de la chica, intentando sofocar sus gritos – Yo seguía haciéndole comentarios a Mou-chan que sabía que la harían sonrojar… O enojarse, o reír… – rió con voz ronca – Y lo hacía igual, sabiendo que eso sólo le daría ilusiones. Porque no la quería para mí… Pero tampoco quería que estuviese con nadie.

– Egoísta… – soltó ella, sólo provocando que él embistiera contra ella.

– Y no podía evitar cogerme a Ryofu imaginando que era otra la que gritaba mi nombre, que eran otros brazos los que me rodeaban…

Los dos sabían que ese comentario no era malintencionado. No es que los dos no disfrutaran el tiempo juntos, pero ambos sabían que no estaban enamorados el uno del otro.

De hecho, extrañamente, ese comentario hizo que Ryofu se retorciera entre sus brazos, y suspirara algunas palabras sin coherencia en su oído. Él aceleró sus embestidas, sintiendo sus jadeos como una muestra de aprobación.

– Teifu era definitivamente un mejor partido que yo para ella… Pero aún así, humano. No podía concebir que la lastimara. Yo mismo di un paso al costado para no hacerle lo mismo que le hago a todas...

– Te estás engañando a vos mismo, Saji… – acotó entre jadeos.

– ¿Estás insinuando que lo que yo no quería era que estuviera en brazos de otro?

Ella sonrió, y depositó un suave beso en sus labios.

– Lo dejo a tu criterio.

Él negó con la cabeza. Había caído en el juego de Ryofu. Ella le había dejado una trampa, y él había corrido a pisar el palo que la activaba.

– Los seres humanos engañan, lastiman, mienten… y engañan de nuevo. – soltó ella.

– Tsk… Ryofu… No quieras enseñarle sobre pecados a un pecador de primera categoría.

Sonrió a la vez que sentía que los músculos de Ryofu se destensaban, haciendo que ella se rinda y caiga en sus brazos. Él la retuvo contra su pecho por unos segundos y luego la depositó con suavidad en el suelo.

– Ahora… – preguntó ella, cerrando los ojos – Nunca llegué a conocer a este tal Teifu… ¿Estaba enamorado de Mou-chan?

– Sigue estándolo. – Ryofu notó una cierta dureza en sus palabras – Él es un tipo gracioso, honesto, y muy impulsivo. – rió – Cuando practicaba tomas con Mou-chan parecía otra persona… Como si se sintiera seguro al tenerla entre sus brazos…

Ryofu suspiró, apoyando su cabeza en el pecho del muchacho.

– Cuando estaba tentado de hacer algún movimiento para poder acercarse al cuerpo de Mou-chan, solía golpearse a sí mismo.

– ¿Y por qué desconfiar de alguien que es tan… justo? – cuestionó ella, volteándose para mirarlo a los ojos.

– Lo estás viendo con tus ojos, Ryofu… – le rodeó la cintura con los brazos – Y ese es tu problema.

– … No entiendo tu punto, Saji.

– Ryomou es muy inocente. Y muy débil. La bondad de los humanos tiene límites.

Sin que ella se diera cuenta, él apretó los puños.

– ¿Estás intentando decirme que él, un día u otro, sucumbiría a esa inocencia? Por cómo me lo describís, él no…

Saji negó con la cabeza, interrumpiéndola.

– La mente no siempre sigue a las hormonas. El autocontrol no siempre gana. Y menos que menos ante alguien que no entiende qué es lo que pasa por la mente de un hombre…

– La inocencia es… un suplicio – comenzó Ryofu, encogiéndose de brazos.

– ¡Ryofu-sama!

– … Un suplicio que puede ser divertido... – completó ella, sonriéndole a la chica que acababa de llegar.

– Ryofu… – Chinkyuu le sonrió a la muchacha de cabello verde, ignorando abiertamente a Saji (cosa que en realidad, a él lo divirtió mucho).

El rubio le sonrió a ambas chicas cuando las vio irse, tomadas de la mano. A veces creía que él era quien compartía a Ryofu… Pero ese pensamiento solía estar seguido por una negación. Era Chinkyuu la que la compartía con él.

De todos modos, el corazón de Ryofu siempre había pertenecido a Chinkyuu, y él no pretendía meterse en medio.

Cerró los ojos, sabiendo que la misma imagen lo atormentaría.

'Mou-chan…' suspiró para sus adentros, sintiendo una brisa cálida que le alborotaba el cabello.

No iba a dejarse derrotar por una mujer tan débil.