YOUR GAY FRIEND

(Los personajes no son míos, pertenecen a la talentosísima Stephenie Meyer, ¡sólo la trama es mía!)

Estaba enamorada de Edward Cullen. Él era el hombre perfecto que cualquier mujer querría tener al lado, y por eso agradecía al Cielo que él también me amara… aunque no de la misma manera. Sí, había olvidado mencionar que Edward era gay. Yo era su mejor amiga y él, la mía.


CAPÍTULO 1: Enamorada

Estaba enamorada de Edward Cullen, y cuando digo enamorada, hablo en todos los términos habidos y por haber. Él era mi otra mitad, mi amigo, mi compañero y mi familia. Hacíamos absolutamente todo juntos desde que yo tenía uso de memoria. Compartíamos desayunos, almuerzos y cenas; charlas sobre amor, sexo y ropa, inclusive; noches en vela acurrucados uno al lado del otro, mientras nos acariciábamos hasta quedarnos dormidos. Nada podía compararse con aquellos momentos de felicidad. Ir tomados de la mano por el instituto, viajar en su coche, salir a caminar sin rumbo fijo, eran cosas que me hacían sentir completa. Edward era el hombre perfecto que cualquier mujer querría tener al lado. Físicamente era alto y delgado, pero con unos abdominales tonificados que te hacían sudar de sólo verlos transparentados en las camisetas que solía llevar. Su cabello color bronce, siempre tan revuelto y despeinado, contrastaba a la perfección con sus ojos verde esmeralda y su piel tan blanca y tersa que pedía a gritos ser besada.
Por dentro era aún mejor que por fuera: sensible, divertido, cariñoso y sobre todo, protector. Él sabía exactamente que palabras utilizar en el momento adecuado. Era el consejero perfecto y por eso agradecía al cielo por haberlo puesto en mi vida y que él me amara también a mí.

—¿Por qué demonios es gay? ¿Puedes explicármelo? —el comentario de Lauren proveniente del final del pasillo me devolvió a la Tierra.

—Antes de hablar de mi hermano, ¡te lavas la boca! ¿Oíste, maldita perra? —Alice se plantó en el medio del pasillo mientras respondía con su voz chillona a las acusaciones de una de las zorras más grandes del Instituto.

—Allie, creo que puedo defenderme solo —Edward intentó calmar a mi mejor amiga mientras me observaba a mí negando con su cabeza.

—¡Esa zorra va a pagarlas! UNA POR UNA.

—Ya, tranquila, enana —intenté parecer serena para no alterar más las cosas, aunque debo decir que yo también me encontraba bastante molesta—. Creo que tu hermano tiene razón —apreté la mano de mi amigo con cariño. Él me devolvió una de sus sonrisas torcidas, esas que tanto amaba.

Sí, había olvidado mencionar que Edward era homosexual. Lo supe (o al menos lo imaginé) a mis doce años. Él no se comportaba como el resto de los chicos, simplemente —y en pocas palabras— era distinto. Su forma de pensar y de tratarnos a mí, a Rose y a Alice nos hacía creer que pertenecía más a nuestro grupo que al de Jasper y Emmett. Él estaba orgulloso de su condición y hasta ese momento, sólo veía a las mujeres como sus amigas. Sin embargo, yo lo quería de otra forma. No podía evitar sentirme una maldita lesbiana cada vez que suspiraba por él, pero sabía que tendría que lidiar con aquello por el resto de mi vida. Él no iba a cambiar y yo jamás iba a abandonarlo porque tuviera una inclinación sexual diferente. Me dolía incluso pensar en tenerlo lejos. Yo era su mejor amiga y él, la mía. Era el único hombre que se preocupaba por mí sin segundas intenciones, pues era evidente que él no quería nada conmigo. Qué ironía… si supiera que realmente era la única persona que yo deseaba que me mirara con otros ojos.

—¿Estás bien, muñeca? —Edward me acercó a su cuerpo y besó mi frente. Mierda, otra vez me había quedado pensando en él y nuevamente las mariposas invadían mi estómago.

—Sí, eso creo — intenté desviar la mirada para no toparme con su rostro perfecto.

—Oye —me obligó a mirarlo a los ojos—. Realmente no quiero que te pongas mal. Esto pasa siempre y sabes que poco me afecta lo que todo el mundo diga de mí —aparentemente no sospechaba de nada. Me tranquilicé.

—Pero me enferma, ¿cuál es su problema? Tú eres como cualquier otro, esto está hastiándome —puse mi mejor cara de póquer y me salí por la tangente.

—Hey —tomó mi cara entre sus manos y se acercó a mis labios. Demonios, ahí íbamos de nuevo. Malditas hormonas presidentas del Fan Club de Edward Cullen—. No puedo verte mal por esto. Tú me quieres. Rose y Jazz junto con mi familia, también me apoyan. Félix me quiere…no necesito más nada.

—No pude evitar rodar los ojos. Félix me quiere. Sólo de escuchar su nombre sentía asco y celos, MUCHOS celos. Otro detalle que había olvidado mencionar era que el amor de mi existencia tenía novio. Edward y Félix habían estado saliendo por tres o cuatro meses. Aún recordaba el día en que me lo dijo. Mejor dicho, el día en que me lo presentó formalmente.

FLASHBACK

Era una mañana cualquiera. Estaba terminando de alistarme para ir a la escuela cuando Edward se anunció tocando la bocina de su Volvo. Al salir de casa, noté que no estaba solo. Alguien iba en el asiento del copiloto, MI ASIENTO. Fue en ese momento que mi amigo se acerco y me rodeó con sus brazos.

—Nena — comenzó a hablar con esa voz condenadamente sexy que me hacía humedecerme.

—Dime, Ed —dije con vos inocente.

—Quiero que conozcas a alguien —hizo señas para que alguien bajara de su coche—. ¿Recuerdas a Félix? Del departamento de filosofía…

—Sí, por supuesto, ¿cómo has estado? —sonreí falsamente, mientras el chico se acercaba hasta mí y me extendía la mano.

—Muy bien, ¿qué tal tú? —preguntó el hombre de cabello negro y ojos azules. Él también era realmente hermoso, aunque yo personalmente no podía dejar de tenerle asco, pues sabía lo que se aproximaba. Edward creía que yo no lo sabía, pero había notado en los días previos como su cabeza giraba disimuladamente hacia la mesa del chico mientras almorzábamos, o como se quedaba más tiempo de lo normal saludándolo en los pasillos, o como lo ayudaba en sus tareas ni bien notaba que el moreno tenía algún problema en lo que fuera que estaba haciendo. Ellos dos se traían algo y yo me hacía una idea sobre qué era ese algo.

—Muy bien.

—Bella, Félix y yo estamos saliendo. Pensaba decírtelo la semana pasada, pero no estábamos muy seguros aún de comentarlo.

—No te preocupes mi amor, comprendo perfectamente —lo abracé y besé su mentón, sin saber que decir—. ¿Vamos? —tomé mi mochila, esperando para salir disparada a su auto. Sinceramente no quería escuchar nada más.

—Seguro. Oye, Bells,¿te molestaría ir en el asiento de atrás? —ya comenzaba a reemplazarme.

—Es sólo por hoy, mi auto se averió —Félix se apresuró a explicarme.

—No hay problema —dije con vos despreocupada—. Alice también suele hacerlo cuando sale con Jasper —hice puchero y finalmente reí. Me sorprendí incluso por lo buena actriz que estaba siendo.

Al llegar al Instituto me encerré en uno de los baños de mujeres y me pasé el resto de la hora llorando como una viuda. Creo que ese día puse oficialmente a Félix Vulturi en mi lista negra secreta.

FIN DEL FLASHBACK

Y casi como si lo hubiese llamado con el pensamiento, el bastardo hijo de su madre dobló el pasillo y se acercó a nosotros.

—Cariño —dijo Edward en un susurro mientras se acercaba a abrazar "amistosamente" a su novio—. Te he extrañado.

—Y yo a ti —observé como Félix le devolvía el abrazo a mi amigo con fervor y, cuando nadie lo vio, rozó la nalga de mi amigo con su palma derecha. Edward rió por la incitación.

—Hola, preciosa —Félix se acercó y me levantó en brazos. Exceso de confianza. El único hombre gay o no gay —sacando a Emmett— autorizado para hacer eso era mi Edward.

—Hola, corazón —sonreí de forma incómoda mientras sus brazos me sostenían en el aire como a un bebé. Justo en ese momento sonó el timbre.

Salvada por la campana.

—Los veré en el almuerzo —dijo finalmente mientras depositaba un beso en la mejilla de mi amigo. Noté como se ruborizaba y deseé poder ser yo la que provocara eso.

Una vez en el laboratorio tomamos nuestros asientos de siempre, juntos. Sólo había una puta clase que no compartíamos. Aquello era demasiado de amigos para mi gusto.
Luego de escuchar y apuntar las indicaciones del profesor acerca de nuestro próximo proyecto, me dirigí al armario a buscar los tubos de ensayo y los elementos que necesitaríamos para nuestro experimento con las fases de la mitosis. Edward como siempre tan caballero se ofreció a ir pero no se lo permití, habíamos quedado en que iríamos una clase cada uno.

—Bien. Cebollas, pinzas, tubo de ensayo, microscopio, lámina… —hablaba en voz baja mientras corroboraba que llevaba conmigo todo lo que necesitaba.

Supe que empezarían los problemas cuando escuché una respiración entrecortada cerca de mi oído.

—¿Necesitas algo Newton? —giré bruscamente para enfrentarme a él. Ya no le tenía miedo. Mike había sido mi novio por más de un año hasta que las cosas se pusieron un poco, como decirlo… violentas. Lo quería mucho, pero él sólo quería follar todos los días. Aún me arrepentía de haber perdido mi virginidad por un maldito romance adolescente. Finalmente me engañó con la puta de Lauren Mallory, lo cual debo decir, me salvó la vida. A modo de venganza, esparcí el rumor de su pequeño miembro y sus problemas de eyaculación precoz por toda la escuela. Se ha encargado de torturarme desde entonces.

—No te precipites Bella, sólo quería tener una charlita contigo, por los viejos tiempos.

—Habla. Tienes dos segundos.

—Estaba pensando que tal vez te gustaría tener algún encuentro íntimo conmigo, te he visto muy solita últimamente —puso una voz de pervertido que hizo a mi estómago retorcerse del asco.

—Eres desagradable —intenté esquivarlo, pero sus manos se colocaron en torno a mis hombros.

—No decías lo mismo cuando me pedías que te diera más, ¿o acaso lo olvidaste? —hijo de puta, eso fue un golpe bajo.

—Déjala si no quieres pasarla mal —la voz de mi salvador se hizo escuchar desde la otra punta del salón. Gracias a Dios el profesor había ido a buscar un café y nos había dejado a los alumnos solos.

—Oh, ¿y qué vas a hacer al respecto Cullen? ¿Besarme? —Mike hizo una mueca de asco mientras sus amigos se unían a su broma homofóbica y se colocaban en posición detrás de él.

—Eso quisieras, Impotente Newton —recordé el apodo que le habíamos puesto a Mike el año anterior y dejé escapar una carcajada.

—¡Eres una zorra! —mi ex novio se abalanzó sobre mí pero justo cuando lo hizo, la mano izquierda de Edward se estampó en su cara, haciéndolo gemir de dolor. Una pequeña gota de sangre se desbordó de su nariz mientras caía al suelo de bruces.

—Espero que te haya gustado mi beso, idiota —Edward me tomó en brazos y me abrazó.

—Estoy bien cariño, no me ha hecho nada —lo calmé, aunque seguía muy alterado.

—Tú —volvió sus ojos en dirección a Mike—. Juro que la próxima vez no me comportaré. Y por cierto —se acercó y rozó su oreja con su boca—. No me gustan los rubios, los prefiero castaños—. Hizo una mueca en mi dirección y sonrió. Fue inevitable sonrojarme.

Todos en el aula comenzaron a felicitar a Edward. Mi ex quedó tumbado en el suelo casi llorando. Para cuando el profesor volvió, ya todos habían vuelto a sus asientos, incluso Mike, que había logrado llegar a su silla cojeando.

Una vez que organizamos los materiales, nos dispusimos a comenzar con el proyecto. Luego de cinco o diez minutos, tomé un lápiz y agradecí a mi amigo por lo que había hecho.

Gracias, por todo. Eres el mejor amigo del mundo. Te amo

Deslicé la pequeña nota por debajo de sus dedos. Al leerla, sonrió y tomó un bolígrafo para responderme.

De nada, Corazón, estoy contigo, para siempre. Yo también te amo.

Su nota me derritió de amor y me ruboricé. Si tan solo supiera de qué forma lo amaba yo en realidad, no me escribiría de esa forma.
La hora continuó como si nada. Fuimos los primeros en terminar el trabajo, aunque no era novedad. Éramos los mejores de la clase. El señor Molina nos llamaba "el dúo dinámico" o algo por el estilo. Además, nunca le causábamos problemas, por eso más de una vez nos dejaba entrar tarde a sus horas o incluso salir al baño.

—Cullen y Swan, diez. ¿Por qué no me extraña? —el profesor rió por lo bajo mientras Ed y yo nos chocábamos los puños en broma—. Bien, ¿recuerdan que hablamos de los tutores de cada curso? Pues ustedes dos lo serán. La próxima semana ingresará un alumno nuevo al que no le va muy bien en la materia, y como somos número par, no tiene compañero. Creo que ustedes dos serán de mucha ayuda, chicos —escuchamos las quejas y suspiros de Ben y Eric, los ñoños del curso, a espaldas nuestra.

—Yo no tengo problema —respondí, algo entusiasmada. Realmente adoraba la materia y no me preocupaba pasar más tiempo del usual con Edward.

—Yo tampoco, siempre que esté con Bella —me miró por debajo de sus pestañas con un gesto de amor, amor de hermanos. Carajo.

—Excelente. Hasta la próxima clase entonces, chicos —el profesor mostró una sonrisa de suficiencia y en ese momento el timbre sonó.

Tomé mis apuntes y me dirigí al pasillo. Me apoyé en el umbral de la puerta a esperar que Edward recoja sus cosas y guarde las herramientas. Newton pasó cerca de mí sin siquiera decir una palabra. Después trataba a Edward de puto. Él era diez veces más marica que él. Y menos guapo. Jamás tendrás su color de cabello, ni su sonrisa, ni sus ojos, ni… bien, creo que había quedado claro.

—¿Qué estás mirando? —la voz de Edward me agarró con la guardia baja.

—Y-o na-nada, ¿por qué? —pregunté avergonzada.

—Ay, Bellita, otra vez tan distraída — movió la cabeza de un lado a otro—. ¿Será que el amor llamó a tu puerta y no me has dicho nada?

—Hace un tiempo ya que lo ha hecho —mierda, metí la pata—. Quiero decir… Mike era un asno. Pero si hablamos de ahora, no, realmente no ha llamado a mi puerta —hice puchero.

—Ya lo hará —me dijo mientras me aferraba a su cuerpo y besaba mi clavícula—. Eres una mujer fuerte, independiente y hermosa. No veo porque un hombre no se fijaría en ti.

—Tal vez porque es gay —bromeé. Si supiera cuanta verdad había detrás de esas palabras. Edward rió y me tomó de la mano, en dirección a la cafetería.

—Eres increíble. Realmente no se que sería de mí sin ti.

—Y sin Félix —otra vez hice puchero, pero esta vez en broma. A veces podía dejar los celos y mi obsesión insoportable por él de lado.

—No, tontita —me corrigió, aún con una nota de diversión en su voz que lo hacía parecer mayor—. Los amores van y vienen, pero los amigos no —genial, otra vez recordándome que sólo era su puta amiga de mierda.

—Más te vale que así sea, perra —pellizqué su culo y salí corriendo. Sin embargo, mis pasos torpes no me ayudaron y en cuestión de segundos Edward alcanzó mis piernas y me subió a sus hombros dejando mi trasero a la vista de todos.

—¿Qué decías, zorra? —Edward reía a carcajadas.

—¡Bájame! —sentía la sangre bombear en mi cerebro, producto de mi risa y de mi posición boca abajo.

—¡EDWARD ESTÁS ARRUINANDO SU CAMISA! —una voz chillona comenzó a acercarse desde el otro lado de la cafetería, dejando a todos boquiabiertos a su paso.

—Van a salirte canas, hermanita —la voz suave de mi amigo pareció alterar aún más a Alice.

—¡Qué la bajes! No sabes cuanto me ha costado elegir ese modelo de Dior, ¡y mucho menos lo que tardé en ponérselo!

—Ya, relájate. ¿Qué pasa? ¿Jazz no te está atendiendo bien? —saludamos con la mano a nuestro amigo rubio. No pude evitar explotar en carcajadas ante la ocurrencia de Edward.

—Tú —los ojos furiosos de Alice se trasladaron a mi rostro—. ¿Qué es tan gracioso? Newton la tiene del tamaño de un cacahuate, no creo que hayas estado bien atendida ¡nunca! —mostró una sonrisa maquiavélica, mientras todo el mundo giraba para ver a Mike, que ahora se ocultaba debajo de su mesa—. Y tú —volvió a mirar a Edward—. Tampoco estás bien, necesitas una vagina urgente —pegó media vuelta y se dirigió a nuestra mesa, marchando como un soldado. Nosotros le seguimos.

—Hola, chicos —saludamos al resto de nuestros compañeros. Emmett y su novia, mi amiga Rose, nos saludaron con la mano, mientras que Jazz, el novio de mi amiga Alice y hermano de Rose, se paró para dejarnos un lugar en la mesa.

—Entonces, ¿qué haremos este fin de semana? —Alice preguntó emocionada, golpeando sus pequeños puños en la mesa, mientras su pelo alborotado negro se movía sin parar y sus ojos verdes brillaban de alegría.

—Estamos a Lunes, Allie —intenté calmarla. No quería estar toda la semana escuchándola hablar sobre lo mismo.

—¿Y cuál es el problema? Van a abrir un Pub nuevo a diez kilómetros de Forks, ¡debemos conocerlo!

—Bella tiene razón, deberías tranquilizarte —Edward me apoyó.

—Yo me uno a la salida —Emmett habló mientras tomaba a Rose de la mano.

—¡Gracias, Em! ¿Ves que no miento cuando digo que eres la oveja negra? ¡Tú eres el único de los tres que salió mal de fábrica, Edward! —Alice se burló—. Se nota que fuiste el último en ser expulsado del vientre de mamá.

—Todos reímos por la ocurrencia de Alice. Era casi increíble que Edward, Alice y Emmett fueran trillizos. Sí lucían como hermanos, pero no de la misma edad. Emmett parecía el papá de ambos, con sus músculos y su excéntrica forma de hablar y Alice con su estatura y sus chillidos, aparentaba ser una recién salida de la primaria.

—De acuerdo, yo también iré —dijo Edward, resignado.

—¿Qué me dices ahora, I SA BE LLA? —preguntó Alice, con suficiencia en sus palabras.

—Juro que vas a pagar por esto, enana —dije con furia.

—¡Vienes! ¡Por eso eres mi amiguita! Te amo —se acercó hasta mí y comenzó a besarme toda la cara—. Vamos a ir de compras, vi una falda azul que te sentaría increíble y…

—¡Ya es suficiente! No vas a vestirme devuelta como a una golfa, Alice.

—Creo que alguien necesita acción, amiga —dijo Rose, sacudiendo su cabeza de un lado a otro en dirección a Alice. Fulminé a la rubia con la mirada, mientras ella aún reía.

—No, no la necesita —Edward me tomó por la cintura y me abrazó, susurrándome al oído—. No les hagas caso.

—Deja de defenderla, maldito. Si no supiera que te gusta la salchicha diría que estás enamorado de ella—. Edward se atragantó con la comida y yo me ruboricé, pero ella no pareció notarlo—. Hablando de salchichas, ¿dónde está Félix? —en ese instante el teléfono celular de Edward sonó.

—¿Diga?... Hola amor… No, estoy en el almuerzo…. ¿Te parece?... Pero tengo que dejar a Bella…Bueno, le preguntaré… Sí, yo te aviso…Yo también, adiós —una sonrisa se desplegó en su rostro.

—¿Qué pasó que me nombraste? —Pregunté, confundida y curiosa.

—Félix quiere que nos saltemos la próxima clase —dijo avergonzado—. ¿Puedes volverte con Alice? No importa si no quieres, me quedo y yo te llevo o puedo traerte tu linda camioneta —dijo irónicamente.

—No —lo corregí—. Tú ve, es tu novio, ¿verdad? No te preocupes por mí. Sobreviviré —dije pronunciando suavemente la última palabra aún un poco molesta por cómo se había burlado de mi camioneta.

—Eres mi salvación —volvió a besar mi frente por décima vez en el día—. Tú —miró a Alice—. Si te la olvidas, va a costarte la vida. Adiós, chicos —tomó su abrigo de la mesa y se alejó por el pasillo, en dirección al aparcamiento.

—Vete a la mierda —Alice gritó, provocando otra vez que todos los que estaban a nuestro alrededor volvieran a girar en nuestra dirección. Debía empezar a considerar en cambiarme de mesa a la hora del almuerzo—. Bien, creo que será tarde de chicas hoy —miró a Rose con complicidad.

—Me parece perfecto —acotó feliz la rubia.

—A mí también —mentí. Sinceramente no tenía ganas de juntarme con nadie.

—Hagámoslo entonces. Dejaremos a Rose en su casa, te llevaré, volveré a mi casa a buscar las cosas, pasaré a buscar a Rose e iremos a la tuya, ¿te parece?

—Si, eso está bien, Charlie y Reneé no están, pueden quedarse si quieren, mañana vendremos juntas.

—Puedes ser muy inteligente cuando quieres—. Alice besó mi cabeza y se dirigió a su próxima clase, justo cuando sonó el timbre.

Rápidamente, todos nos retiramos de la cafetería para volver a la rutina escolar.

Las clases se me hicieron eternas sin Edward a mi lado. Realmente me costaba vivir sin él y no quería ni siquiera pensar en un futuro, cuando nuestras vidas se "abrieran" al comenzar la Universidad y todo eso. Mierda, sí que iba a extrañarlo. Por fin el timbre me despertó de mis pesadillas. O me devolvió a una realidad peor.
Alice me esperaba en su Porsche, mientras besaba apasionadamente a su novio como si se le fuera la vida en ello o como si Jasper se estuviera por ir a la guerra, o algo de eso.

—¡Al fin sales! —se quejó—. Adiós Jazz, más tarde te hablo.

—Adiós— vi como besaba su mejilla con amor, y me llené de envidia—. Nos vemos, Bells, si se pone molesta ya sabes, sólo me llamas —guiñó el ojos y subió a su Audi.

—¡Tonto! Te amo —Alice gritó llena de euforia.

—Yo a ti — la voz de Jasper me inspiró serenidad entre tanta locura.

—¿Y Rosalie?

—Está con Em, ya sabes haciendo qué. Él la llevará a tu casa mas tarde, ¿no hay problema con eso, cierto?

—No, sólo estamos nosotras dos en casa. Reneé acompañó a papá, no vuelven hasta el sábado.

—Benditos sean —Alice se tiro al piso y comenzó a alabar mis pies.

—Ya para, hoy te estás excediendo, Cullen —comencé a reír a carcajadas.

—Sí, tal vez tengas razón. Pararé. Pero sólo por un rato. Sube al coche —di la vuelta y finalmente me encontré sentada en el asiento del copiloto.

El viaje fue tranquilo y sin diálogos, para mi tranquilidad. Debía admitir que desde que Edward se había escapado con Félix, mi día se había vuelto desesperante. Tenía un deseo reprimido interno de llorar hasta deshidratarme. Aunque Alice no sabía nada, sentía que necesitaba descargarme con alguien. No podía seguir fingiendo más ni aparentar que todo estaba bien.

—Bells —la voz calmada de Alice por encima de la música me sobresaltó—. Hay algo que quiero hablar contigo.

—Dispara —bromeé. Volví a cambiar mi humor cuando vi la cara apenada de mi amiga—. ¿qué ocurre?

—Tú sabes que yo amo a mi hermano, ¿cierto? ¿Qué lo único que quiero es que sea feliz y que no me importa su condición sexual?

—Sí, por supuesto que lo sé —intenté calmarla, pero vi como las lágrimas en su rostro comenzaba a brotar.

—Pues bien, jamás creí que la cosa sea tan en serio. Tú sabes que Edward jamás estuvo con una muchacha y supo que era homosexual…

—…Cuando vio una foto de Brad Pitt y le pareció lo más excitante que había visto en su vida y que por eso jamás te has tomado tan en serio su inclinación sexual —continué su frase.

—Sí, por eso mismo, pensé que era algo pasajero, en casa somos todos muy liberales y creí que tal vez era sólo el hecho de cómo hemos sido criados pero—

—¿A qué quieres llegar con esto, Alice? —a pesar de esforzarme, no terminaba de entenderla.

—Edward va a llevar a Félix a conocer a la familia, el sábado.

—¿QUÉ? —sus palabras me tomaron por sorpresa. En realidad, no tendría que haber sido así, pero aún tenía la maldita esperanza que un día Edward se despertase con una erección durante una de nuestras pijamadas y pensara: "Oh, estoy duro gracias a Bella, creo que tendré sexo con ella hasta el cansancio y luego nos casaremos y viviremos felices por siempre".

Ahora sabía que eso nunca ocurriría.

—Lo que oíste —Alice bajó la mirada.

—Bueno —intenté calmarme y contener las lágrimas—. Es su decisión, amiga. Nosotras no podemos hacer nada más que estar junto a él y apoyarlo en sus elecciones.

—Siempre creí que tú y él iban a terminar juntos —se lamentó. Sus palabras me dejaron pasmada.

—¿Qué dices?

—Lo que escuchaste. Intuía eso, a veces sentía como si tuviera visiones o una premonición de que eso podría pasar —me miró, melancólica.

—Tranquila Allie, yo siempre estaré con tu hermano —le prometí—. Ahora ve a casa y preocúpate un poco por ti. Te veré en un rato, ¿de acuerdo? —ella sólo asintió con la cabeza y destrabó la puerta del auto para que pudiera salir.

El aire frío sacudió mis mejillas y supe entonces que necesitaba explotar. Ya estaba en la entrada de mi casa, cuando las lágrimas comenzaron a brotar y el llanto se hizo inaguantable. Sorbí mi nariz, mientras intentaba inútilmente colocar la llave en la cerradura. Una mano fría rozó mi espalda.

—Yo sabía —Alice me tomó entre sus brazos y me acunó sobre su pecho.

—Todo esto es una mierda —chillé contra el cuerpo de mi amiga.

—Bella, tú amas a mi hermano, ¿verdad? —en ese momento, sentí como la voz de Alice adquiría cierta nota de esperanza.

—Yo- yo —no sabía que decir.

—Sí, sí lo haces, y no te molesta su condición sexual, sino que…

—… Eso hace que sea imposible que se fije en mí, de acuerdo, acertaste —comencé a llorar aún más fuerte.

—Ay, amiga —intentó consolarme—. Siempre lo supe.

—¿De verdad?

—Pues, sí. ¡Guau! Estás enamorada de mi hermano gay —rió. Realmente estaba loca.

—Sí, es realmente genial —puse mis ojos en blanco.

—¿Qué piensas hacer al respecto?

—¿Nada? —pregunté.

—Tonterías, ¡vamos a conquistar a Edward!

—¿Qué? ¿Te has vuelto loca? Alice la marihuana no es buena. Creí que nunca más habías vuelto a tocarla después de la fiesta de Tyler.

—¡No digas idioteces! Aunque sí, realmente estoy un poco loca —rió imitando el gesto típico del señor Burns de Los Simpson.

—Deberías saber que estamos embarcándonos en una misión imposible.

—NADA es imposible para Alice Cullen, ¿oíste? NADA. ¡En dos horas regreso! —dicho esto, se alejó por el camino, subió a su coche, y aceleró a más no poder, dejándome con una duda existencial aún más grande de la que ya tenía.

¿Sería posible que yo conquistara a Edward? Sí, como no.

Estamos embarcándonos en una misión imposible —repetí para mí mientras observaba como el coche de Alice se perdía por la carretera.


¡HOLA A TODOS!

Aquí está el primer capítulo editado. No puedo más que agradecerles por el apoyo incondicional. Espero que estas pequeñas modificaciones atraigan a más lectores y que inviten a los viejos seguidores a releer la historia. Espero poder volver pronto para continuar con mis historias incompletas.

Háganme saber qué les parecieron los cambios. Les mando un beso gigante.

Flor