Vale, vale, podéis matarme si queréis pero AL FIN OS TRAIGO ALGO QUE LEER Y MUY BONITO, ¿VALE? ¡Estoy de vuelta señoras y señores! Siento estos meses y años de espera que ya os deben de tener hartos... como siempre los estudios y hace mas de un año que solo tengo Internet en el móvil para variar jaja -.-" cosas que pasan hijos mios... no me excuso, la culpa es mía por ser una vaga y tener todas escritas y no ponerme a pasarlas a ordenador... lo siento. Ahora os dejo con la historia, palabra número 8: Caricia. Del reto de Natsumi Nikura de los 25 momentos. Basado en hechos reales, se la dedico a Samuel, mi actual novio con el que pasé malos y buenos momentos, mi mejor amigo en aquel entonces y ahora también. Te quiero cariño.

Caricia

Febrero.

Se miró al espejo, tenía los ojos cargados de unas oscuras ojeras que contrastaban con su pálida piel, que le daba aspecto de enferma. Tenía el pelo enmarañado al rededor de su cara ovalada.

Había cambiado, pero la verdad es que empezaba a estar harta de ese cambio años atrás. Su pelo, ahora mucho más largo estaba adornado por unos hilos de sol al estilo californiano (la peluquera le había dicho que le quedarían bien), sus ojos seguían rodeados de aquellas perennes ojeras aunque se echara kilos de maquillaje, denotaban cansancio. El no dormir la dejaba así, y es que desde que William había sido un autentico capullo estúpido e idiota... en fin, que no podía pegar ojo.

Había quedado con Ulrich la noche anterior, quien a pesar de ser su mejor amigo había empezado a hartarse de la estupidez innata en William, de los lloros y el sufrimiento de Yumi y de discutir con ella para que se olvidase de él de una vez por todas. Por eso le había parecido extraño que él le hubiera dicho de quedar aquella misma mañana para hablar de su última (y por lo que parecía) definitiva ruptura, ya que él se había cansado de escuchar de los peros de William y la distancia entre ellos era cada vez mayor a causa de los celos de él.

Lo echaba de menos, llevaba tiempo sabiendo que se había enamorado de él, pero por no querer reconocerlo, o tal vez por el miedo al rechazo se había metido a William en la cabeza para quitarse a Ulrich de ella. Pero le quería, y sentía que esa relación fraternal era demasiado fuerte y demasiado cercana como para que realmente fuera fraternal.

Yumi trató de arreglarse lo que pudo y se puso el abrigo antes de salir por la puerta. No tenía teléfono, así que esperó que Ulrich no se preocupara demasiado si no llegaba a la hora acordada sin avisarle.

Cuando bajó del bus lo vio allí, sentado en el banco de piedra en la calle frente al centro comercial al lado de la parada. Cruzó la calle y fue a por él. Se abrazaron sin mediar palabra hasta romper el contacto... Los abrazos con él siempre le hacían sentir especial, protegida, pequeña entre sus brazos.

-Hola hermanita-, dijo Ulrich.

Se besaron las mejillas, como siempre solían hacer.

-Hola Ulrich.

-¿Qué tal estás?

Yumi se encogió de hombros y ladeó la cabeza.

-Ya sabes-, dijo.

Ulrich asintió.

-Te echaba de menos-, añadió él al asentimiento-. Llevo demasiado tiempo sin verte.

Las palabras de cariño eran comunes entre ellos desde tiempo atrás, aunque la verdad es que hacía meses que ni siquiera hablaban ni la mitad de lo que hacían antes.

Ulrich propuso ir al puerto, ya que tenía que ir a recoger un encargo a un centro comercial cercano a éste, así podrían tomar un té y charlar tranquilamente.

El frío les golpeaba las mejillas y les helaba las manos, las aceras estaban húmedas por la lluvia, y solo los silenciosos muros de las edificaciones escuchaban su poca animosa charla, ya que apenas había una persona por las calles vacías.

-¿Has visto?-Dijo ella rompiendo un corto silencio que se había hecho entre ellos-. Me he hecho mechas californianas.

-Ya veo-, dijo mirándola-. Estás muy guapa.

Yumi sintió un calor infernal en la cara y deseó que aquel calor no fuera la sangre tiñéndole su enfermiza y paliducha piel de las mejillas

-Gracias-, pronunció casi en un susurro.

-Y... ¿Porqué te las hiciste?

Yumi carraspeó e hinchó su pecho de aire, orgullosa.

-Fue un ataque de rebeldía contra William- Dijo antes de reír.

-¿En serio?

-Si, ya sabes cómo es, no quería que cambiara mi color de pelo. Además, a parte de todo, quiero sentirme guapa, y soy yo quien debe hacerlo, no él.

-Haces bien, aunque a ti no te hace falta ponerte guapa-, rió él-. Ya lo eres.

Yumi rió y le golpeó un hombro con cariño.

-Tonto, jajaja. Eso es porque que salgo a ti, hermanito-. Dijo entre risas.

Ulrich reprimió un abrazo, tal vez fuera excesivo, pero a pesar de verla reír, a los pocos segundos volvía a estar triste.

Caminaron hasta el puerto, pero justo poco antes de llegar se había puesto a llover. Estaban calados de frío y el paraguas de Yumi chorreaba agua. El calorcito del centro comercial les hizo quitarse el abrigo automáticamente.

La cafetería de la derecha nada más entrar les pareció apropiada, así que después de haber ido a buscar el encargo de Ulrich se sentaron en una de las mesas de la terraza interior.

Yumi abrió la carta de infusiones. Ulrich escrutó su rostro en silencio, buscando algo de felicidad en él, pero no la hallaba ¿Tan difícil era hacerla feliz? Si él lograba hacerla sonreír con un simple abrazo y con una palabra de cariño, ¿Porqué William no lo hacía? La amaba, Ulrich la amaba, desde que se la había lanzado a William a los brazos, automáticamente había realizado que estaba colado por ella y lo rápido que había curado su corazón, con cariño y largas mañanas charlando palabra sabias, de la traición de Sissi, con quien no había tenido ni la mitad de relación que con Yumi, todo ello a pesar de haber creído estar enamorado de ella por largos meses. Sin embargo, a pesar de creer haber hecho lo correcto buscando la felicidad de Yumi al animarla a salir con William, los ojos de la chica le decían lo contrario.

-Ya sé lo que quiero-. Prorrumpió la japonesa, des-colgándole de sus enmarañados pensamientos-, infusión de frutas del bosque.

Él la miró extrañado, pero sonriente, aunque el el fondo estaba preocupado por ella... odiaba verla así.

-¿En serio? ¡¿Qué hay de tu amado té verde?!.

-Naaah-, agitó la mano en el aire en señal de negación-. Hoy no me hace amargarme más de lo que estoy.

Ulrich la miró, maldita sea, estaba tan preocupado por ella... No sabía ni qué pensar.

El camarero se les acercó y, tal como había dicho, Yumi pidió una infusión de frutas del bosque, en cambio él pidió un café con leche pequeño.

Yumi dejó la carta de infusiones sobre la mesa y él se calló a sí mismo, calló sus sentimientos, no podía soñar con ella, no podía amarla, ella era su mejor amiga, su hermana, no podía tener aquel impulso de querer abrazarla como si no hubiera una siguiente vez, no podía querer besarle cada vez que se miraban a los ojos, ¡No! Trató de espantar la idea de su cabeza como si de un pajarito se tratase.

La escuchó durante media hora, y se reprimió una sarta de insultos y tacos únicamente dedicados a William. Finalmente, se formó un pesado silencio. Yumi miró su infusión ya mediada, estaba con una expresión desfigurada por la tristeza

-¿Y qué vas a hacer ahora?

Yumi hundió la cara entre las manos y cerró los ojos tratando de encerrar tras sus párpados las pocas lágrimas que le habían quedado sin derramar. Después de intentar calmarse a sí misma levantó el rostro y negó con la cabeza suspirando.

-No lo sé.

A Ulrich se le rompió el alma. La verdad es que al verla así siempre se le rompía al verla así. Y, sin saber bien lo que hacía, pasó el dorso de su mano por el rostro de la chica.

-Pero qué... ¡¿qué mierda estoy haciendo?!-Pensó-. ¡Ella es tu mejor amiga!¡Tu hermana!

Sin embargo, y sin saber porqué, no podía evitar pensar en besarle en ese instante. No podía evitar verse en un futuro a su lado.

Yumi se sonrojó, la idea de ser su novia ya llevaba tiempo rodándole en la cabeza y solo despertaba en momentos como eses.

Ulrich retiró la mano y desvió la mirada. Luego volvió a mirarla, tremendamente preocupado y a ella le hormigueó la pasada presencia de la mano del chico en su rostro... sabiendo que era una caricia prohibida... un imposible.

BUENO, BUENO, BUENO... ESPERO QUE CON ESTO ME PERDONÉIS Y QUE OS HAYA GUSTADO. MUCHAS GRACIAS A TODOS POR LOS REVIEWS Y DE VERDAD, SIENTO LA TARDANZA.

RECUERDO QUE ESTO VA DEDICADO A LA MEJOR PERSONA DEL MUNDO CON EL QUE VIVÍ MOMENTOS COMO ESTES Y MOMENTOS GENIALES Y AÚN HOY EN DÍA ME REGALA SU CORAZÓN. SAMUEL, TE AMO, HOY HACEMOS TRES MESES PERO LOS SENTIMIENTOS SON MÁS FUERTES CADA DÍA... FELICIDADES MI TODO

AISHITTEIMASU!

Un beso a todos, muchas gracias y disculpas otra vez...

besos

Yumivigo