Piscina en la casa Cullen.

Otra vez, yo Isabella Swan, Bella como yo prefería, fui arrastrada a la casa del amor de mi vida, Edward, por su hermana Alice, mi mejor amiga.

Era un día soleado, muy raro en Forks, ya que siempre estaba nublado y Alice estaba especialmente alegre.

Cuando llegamos, me quede en shock. ¿Por qué los Cullen iban en bañador? ¿Por qué no se tapaban si les daba la luz del sol?

Pero todas mis dudas fueron resueltas cuando me condujeron hacia la parte de atrás de la casa. Donde… ¡Había una piscina!. La alegría pudo más que la sorpresa.

-Sabia que te iba a gustar- dijo Alice alegremente.

Y antes de que me diese cuenta, me cogió y me llevo hacia su habitación.

Delante mío tuve una gran variedad de biquinis, minúsculos en mi opinión.

-¡No me pienso poner eso!- grite cansada.

-Bella, te quedan de muerte, estas súper sexy- dijo haciendo que me sonrojara profundamente.

Al final no tuve más opción que ponerme un biquini azul oscuro, el color preferido de Edward. Y supe que Alice tenía razón cuando pude ver la reacción de Edward. Nada mas verme se le salieron los ojos de sus orbitas y pude apreciar como la boca se le abrió un poco provocando la risa de los Cullen.

-Estas hermosa- me dijo en el oído.

-Gracias- dije con una sonrisa.

Todos nos dirigimos a la parte de atrás donde estaba la gran piscina.

Y pasemos allí una gran tarde soleada rara en Forks.

Lo que no me espere…

-Al agua- grito Emmett y lo siguiente que vi fue el agua y la gran risotada de Emmett.

Cuando pude salir no tuve mas opción y me tire encima de Emmett, provocando que él se balanceara un poco para adelante y nos cayéramos en el agua.

Y ese fue mi turno de reír. Tenías que ver la cara de Emmett, estaba en shock pero la risa se me paro cuando me cogió de repente y se puso a correr conmigo encima.

-¡Emmett!- grite

-Que pasa hermanita?- dijo con burla.

-¡Emmett, déjala en el suelo!- grito Edward en mi ayuda.

Y fui pasando como un saco de patatas de brazo en brazo hasta que al fin me dejaron en una hamaca.

Todos los Cullen nos miraron con una gran sonrisa en la cara. Se estaban divirtiendo de lo lindo.

La tarde se me paso volando. Siempre pasaba igual cuando me encontraba con ellos.

De noche Edward y yo nos quedemos en el jardín a lado de la piscina y se me ocurrió una idea.

-Edward- susurré.

-Dime, Bella.

-¿Nos podemos bañar en la piscina?-pregunte esperanzada.

-Pero es muy tarde y…

-Por favor- dije con la carita que me enseño Alice.

-Esta bien.- y yo mentalmente celebre mi triunfo.

Edward y yo nos metimos en el agua, caliente y perfecta. Edward me cogió de la cintura y me abrazo por detrás.

Y un fuego me recorrió cuando pude notar su pecho perfectamente esculpido en mi espalda, pero sabía que no podía hacer nada, sobretodo con esos limites que había puesto.

Estuvimos nadando los dos juntos abrazados, disfrutando de la calidez del agua, con Edward dándome besos donde podía y susurrándome palabras de amor al oído.

Me gire y lo abrace tanto como pude.

-Gracias- dije contra su pecho aspirando su ahora.

-¿Por qué?- me dijo extrañado.

-Por esta maravillosa tarde, por dejarme entrar en tu mundo, por se parte de tu familia, por todo.

-No tienes que darme las gracias, si no yo a ti por haberme aceptado y no haber salido corriendo cuando te dije lo que era- dijo con burla probablemente imaginándose la escena.

-Te amo- dije mirándolo a los ojos.

-Y yo, esposa próximamente mía- dijo con una sonrisa.

Y esa fue una de las muchas tardes que tendría en mi próxima eternidad.