Declaimer: Naruto NO me pertenece, es de Kishimoto,

Sumary: ¿Qué pasa si Sakura nunca estuvo en el equipo 7? ¿si hubiera dejado Konoha a los 9 años, y hubiera terminado viviendo bajo el mismo techo que Itachi Uchiha, convirtiéndose en una Akatsuki? Pero el destino la lleva a conocer a Sasuke y Naruto, donde verán que de una u otra forma, su destino esta unido.

NOTA (18/07/2015): ESTE FIC ESTA SIENDO EDITADO, PARA LOS QUE PREGUNTARON PORQUE LO BORRE, YA HABÍA TRATADO DE EDITARLO ANTES PERO DEJABA EL TRABAJO A MEDIAS, ASÍ QUE ESTA FUE UNA MEDIDA EXTREMA PARA HACERME TRABAJAR EN ÉL.

NO ABRÁ CAMBIOS EN LA HISTORIA DEL FIC, SOLO CORREGIRE ALGUNOS ERRORES EN LA TRAMA.

PenName: MaGy-Souh

Burakkurōzu

Prefacio

…17 de Enero…

Esa mañana era fresca, el invierno aun no salía de sus aposentos… yo era pequeña, y eso lo sabía de sobra, mis padres habían salido de misión, mi clan no era muy conocido, así como reducido; pero no por eso era débil, siempre, cada generación, que era conformada por una sola familia con no más de 5 integrantes, generaba a la aldea ANBUs de excelente calidad, manteniendo un status medio en la sociedad.

Yo era Haruno Sakura, la hija menor de Daiji y Takimi Haruno, una niña de nueve años de edad, piel cremosa, ojos verdes y un extraño color rosado en el cabello, no conocía a nadie más con este color, a excepción de mi madre, aunque solo lo usaba en casa, ya que cuando usaba su traje ANBU cambiaba a un tono arena.

Pero ese día, cuando solo contaba con escasos nueve años de edad, me dieron la noticia de que mis padres habían muerto junto a mi hermano mayor.

Mi casa no era muy grande que digamos, un departamento propio. Aun no entraba a la academia, faltaba un año para eso, y no tenía a ningún amigo en toda la aldea, incluso dudaba que alguien me conociera, pasaba la mayor parte de mi tiempo dentro de mi casa, por no decir que todo, hacía diversas actividades, la mayoría no eran para niñas de mi edad, pero a mí me fascinaban.

A veces veía por la ventaba a chicas de mi edad jugar con muñecas, diciendo que la muñeca eran ellas, les ponían trajes muy bonitos y terminaban con un apuesto muñeco. Otras veces jugaban a la "casita" o cosas así. Yo lo consideraba tonto y ridículo.

Mis pasatiempos iban más allá de jugar e imaginar. No jugaba a la casita, yo mantenía mi casa, mis padres muy seguido estaban fuera, en un principio mi hermano se quedaba a cuidarme, pero cuando obtuvo su grado ANBU a los

quince, y yo tenía siete, ya me quedaba sola, no había muchas actividades que hacer, salvo hacerme mi comida y recoger lo que yo misma ensuciaba.

Pero eso no estaba entre mis pasatiempos, mejor dicho entre mis obligaciones; lo que me gustaba hacer era practicar ninjutsus médicos, mi madre era una ninja médico, tenía en la biblioteca bastantes pergaminos que contenían infinidad de jutsus, muchos que ni ella misma había aprendido, todo sacado de la base de datos de la aldea, y firmados por Tsunade Senju.

Desde que leí por primera vez uno de esos pergaminos supe que quería ser médico, la "Princesa Tsunade" como era mencionada en varios de esos papeles era la mejor medi-ninj de todos los tiempos, ella había cambiado la medicina, en ese momento era como mi ejemplo a seguir, pero desgraciadamente, nunca la había visto, de hecho había salido de la aldea muchos años atrás, sabía que había sido una gran Kunoichi, y marco diferencia en la última guerra ninja junto con otros dos grandes ninjas, y su sensei había sido el mismo tercer Hokage ademas era nieta del primer Hokage.

Después de recibir la terrible noticia de la defunción de mis padres, se les hizo una sepultura privada, a la que por supuesto, asistí.

Pero después del entierro, todo vino a mi cabeza, mis padres eran los encargados de darme el dinero que ocupaba para alimentarme, vestirme y calzarme, y yo no quería ser mantenida por la aldea, las reservas de mi casa no dudarían más de una semana, aunque, por suerte, cada que mis padres salían de misión, y sin excepción, me decían: Sakura, hija, ya sabes que hacer en caso de emergencia.

Yo ya sabía a qué se referían, y eso era a un ahorro que tenía la familia, para casos como este, o algún accidente grave en su ausencia. Suficiente para vivir por un año sabiendo como adminístralo bien.

El año siguiente entraría a la academia, tendría que apurarme y graduarme cuanto antes, de esa manera obtener el rango mínimo, Gennin, y comenzar a tener propios ingresos. O la otra opción era irme de la aldea, y comenzar como médico en algún hospital de una aldea con baja fuerza militar, ya que en Konoha, debía tener mínimo el grado de Chunnin para ser médico; eso contando que no se todos los ninjutsus que debo saber, solo sabía lo básico, y espera que eso me sirviera de algo.

La idea que más me llamaba era la primera, pero no aseguraba poder vivir dos años sin ingresos, y conseguir un trabajo no es tarea fácil, menos para una niña de mi edad.

Después de meditarlo una semana, accedí por la idea de irme de la aldea, pero lo haría bien, por la puerta principal, y no huyendo, pediría permiso al hokage, así, si alguna vez quisiera volver, no tuviera problemas para hacerlo.

Ese sábado había mucha conmoción en la aldea, todos hablaban de la exterminación del clan Uchiha y que había quedado solo un sobreviviente. Conocía al clan Uchiha, como todo mundo, un clan poderoso y temido, con sus miembros portadores de un poderoso Kekkei Genkai, el Sharingan.

No preste mucha atención a toda esa revuelta y seguí con mi camino, tenía planeado ir a la aldea del té, no era militarmente poderosa, así que no tendría problema para entrar, contando que para mí corta edad de nueve años, mi nivel ninja podría compararse con el de un estudiante graduado de academia, no es muy alto, pero sé más que tirar kunais y shiriken con precisión, hacer varios jutsus básicos, como el de transformación, clones de sombra, y otros.

Después de salir por la puerta norte, estuve corriendo cerca de seis horas a velocidad baja, tardaría cerca de unos siete días llegar hasta esa aldea, pero llegaría.

El bosque era algo tenebroso de noche, oscuro, y algunos sonidos raros de los animales que habitaban el área. Me aloje en una cueva y prendí una fogata para dormir. Cuando Salí de casa, me había asegurado de cargar solo con lo esencial, eso solo dejaba a 3 cambios de ropa, que consistía en una falda rosa palo, una blusa roja, y unos mayones negros, no quería llevar mi vestido rojo, que era lo que siempre usaba, ya que aunque mi clan no fuera reconocido, no podría arriesgarme a ser detectada como habitante de konoha. Unos garrafones de agua, algo de comida procesada, una lámpara y mi equipo médico.

Estaba a punto de conciliar el sueño, cuando escuche un golpe a un árbol, que vaya que me asusto, me levante casi como resorte, y fui a ver qué pasaba después de tomar mi lámpara.

Cuando llegue me encontré con un árbol partido en dos, había una especie de trampa y un chico medio parado queriéndose caer. Sin pensarlo dos veces corrí a ayudarlo, lo arrastre hasta la cueva donde estaba, y lo acosté en mi futon. Gracias al fuego logre ver que tenía una mordedura de serpiente, en ese momento solo pensé en curarlo, conocía el tipo de serpiente que era, eran muy poco comunes en estos lugares, pero ya había visto una en mi trayecto. Afortunadamente tenía el antídoto para ese veneno, que era muy peligroso, pero su antídoto era muy fácil de conseguir, aunque difícil de aplicar, ya que consistía en una inyección de chakra.

Después de dos horas de arduo trabajo, quede exhausta, creo que incluso me desmaye, había practicado eso de las inyecciones, pero solo hacía tres o cuatro, pero en un caso de verdad se podían ocupar hasta veinte penetraciones de antídoto para que pudiera servir.

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Me sentía cansada y como si mi cuerpo estuviese bastante agotado, pero de repente, mi cerebro comenzó a procesar todo lo que me había pasado y todo lo que había hecho, y como reacción natural, abrí los ojos rápidamente.

Estaba acostada en la cueva donde me había quedado, estaban todas mis cosas, más una mochila, una mochila negra con un abanico bordado.

Comencé a viajar la vista por todo el lugar, pero no había nadie, así que decidí salir de mi refugio. Camine pesadamente hasta afuera, ahora ya todo era claro, estaba en una pequeña cueva sumergida en el bosque, por lo tanto lo único que vi al salir fueron árboles y más árboles.

-hasta que despiertas - me dijo amablemente una voz que me saco de mi tranquilidad.

-¿Quién eres? – pregunte y voltee a ver al sujeto que me hablaba.

Era un chico alto, le calculaba unos catorce años a lo mucho, con cabello negro amarrado a una coleta y dos mechones bajaban a cada lado de su rostro, su piel era muy blanca, como si fuese de porcelana. Y unos profundos ojos azabaches. También tenía unas muy curiosas líneas de expresión que iban desde la comisura interna de sus ojos hasta medía mejilla.

-soy Itachi – me dijo tranquilamente, entonces vi unas vendas en su pie derecho, él era el chico al que había ayudado, y al parecer noto mi observación a su extremidad. – Gracias por ayudarme con esto… - y movió su mano, para que yo continuara la oración,

-Sakura – le dije.

-¿de los Haruno? – me pregunto, cosa que me sorprendió, ya que casi nadie sabía ni siquiera de mi existencia, además contando que estaba fuera de la aldea, y sin nada que dijera mínimo que pertenecía a Konoha.

-si… - dije con un deje de tristeza.

-Bueno Sakura, gracias por salvarme, no estaba en mi mejor momento. Incluso me impresiona que una niña de nueve años maneje jutsus médicos. – Dijo otra vez con esa sonrisa – aunque deberías volver a la aldea, te deben estar esperando.

-No, yo no voy a la aldea, voy a la aldea del té. – dije segura.

-Pues deberías pensarlo, ahora mismo esa aldea está llena de problemas internos y en bancarrota - y ahí se habían ido mis planes, a la bancarrota. – en estos momentos Konoha es la mejor aldea para vivir.

-No, ya no tengo nada en Konoha – le conteste insegura -¿y tú? Por tu protector eres de Konoha, pero tampoco estas en una misión, ya que no vienes con un equipo, y si fuese una misión individual ANBU, traerías el uniforme.

-A diferencia de ti, yo si tengo mucho en Konoha, pero no puedo volver… - me dijo tristemente.

-¿Y a dónde vas? –pregunte, pero este solo me miro dudoso –no tienes que decirlo…

-En estos momentos, planeo quedarme en una guarida y entrenar un poco – dijo –mi vida no tiene un objetivo fijo por ahora.

-y crees que yo podría ir… claro, solo por un corto tiempo…

-Claro… ¿Por qué no?—contesto como si invitar a vivir a una niña de nueve años a una guarida fuera lo más natural.

-Genial – dije sonriendo, por alguna extraña razón, el me daba un sentimiento de familiaridad y tranquilidad.

Después de eso viajamos todo el día, no platicamos mucho durante el camino, pero apenas tenía aliento para seguir el paso de Itachi, yo no era muy veloz que digamos, no en comparación de mi compañero, que a pesar de estar lastimado su paso era rápido y continuo, así que trate de esforzarme a mi máximo, no quería ser un estorbo, menos si no tenía donde ir.

-Ya llegamos – me dijo cuándo paramos en un árbol con un tronco muy grueso, hizo unos movimientos con las manos y después emergió una puerta del tronco por la que entramos.

Adentro había un largo pasillo, de unos 15 metros y después otra puerta, pero esta se abrió solo con girar el pomo, lo siguiente fue una especie de sala y un comedor de 4 sillas posterior a los sillones junto a 3 puertas y una escalera abajo, no había ninguna ventana, lo que llevaba a concluir que estábamos bajo tierra.

-¿Es tu casa?... – le pregunte, cosa que por un lado era bastante obvia, ya que había muchos carteles, bordados y pinturas con el mismo signo que tenía él en sus ropas, el abanico de papel del clan Uchiha.

-Es de mi clan, pero no creo que les moleste, además su ubicación es secreta, en estos momentos solo la conozco yo, y claro, tú.

-Ooh – fue lo único que atine a decir.

-según se, abajo hay varios cuartos, puedes tomar el que gustes – me dijo – hay que descansar, mañana será un día muy largo.

Obedecí y baje por las escaleras, me topé con otro pasillo, esta vez más corto, y rodeado por 5 puertas, entre a la primera del lado izquierdo, era una recama, estaba completamente ordenada, y ahora que lo pensaba, en este lugar no habitaba nadie, pero aun así estaba impecable.

Me recosté en la cama, que era uno de los pocos muebles que había en ese espacio, que se limitaban a un pequeño escritorio, una silla, una mesa de noche y finalmente la cama.