Ante todo:

DISCLAIMER: los personaje pertenecen a Stephenie Meyer, aunque la historia es mía.

Las cursivas son conversaciones telefónicas o conversaciones que se oyen en la lejanía.

Los pensamientos de los personajes están escritos "entre comillas".

En ésta historia, los protagonistas son humanos.

Está escrita en POV Renesmee.

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20. EPÍLOGO.

Pirirp… piririp… piririp…

- Uff, tengo que irme. – dije levantándome del suelo, con mi pequeña abrazada a mi cuello. Miré el busca y, definitivamente, tenía que irme. Era una llamada del hospital.

- ¿Te vas, mami?

- Si, tengo que ir a trabajar, pero volveré pronto.

Fui hacia el salón y dejé a mi niña en el sofá, jugando con su canguro de peluche.

- Mamá, tengo que irme. – dije asomando la cabeza por la puerta de la cocina. – la chica que rompió aguas ayer noche se ha puesto ya de parto.

- ¿Y no puede atenderla tu abuelo? – dijo sin moverse, ya que estaba dándole pomada en el brazo a mi hermanita Rebecca, que ya tenía cuatro años.

- Creo que no le caen muy bien los hombres.

- De acuerdo.

- April está viendo la tele. – dije señalando hacia el salón.

- ¿No vamos a ir a patinar? – me preguntó Rebecca.

- Tengo que irme corriendo a trabajar, pero mañana April, tu y yo iremos a patinar. Lo prometo.

Mi madre continuó poniéndole la pomada a Becca, que se había caído patinando y se había echo un pequeño esguince en el brazo.

Le lancé un beso a mi hermanita y fui con April, de la que me despedí con un gran beso en la mejilla y me marché corriendo con el bolso y el casco en la mano.

Hacía ya casi seis años que me enamoré del que creía que era mi hermano. Después de muchas dificultades y meses de sufrimiento, Jacob y yo iniciamos una relación, nos fuimos a vivir juntos y me quedé embarazada de la preciosa April, la viva imagen de su abuela Sarah, aunque tenía la sonrisa de mi madre, Bella.

Me monté en mi moto y fui a toda velocidad hacia el hospital en el que trabajaba, junto a mi padre, jefe de cirugía, y mi abuelo, el director del hospital.

La noche anterior, había llegado una chica al hospital. Estaba desnutrida y muy sucia. Había roto aguas en plena calle y estaba muy asustada. No dejó que nadie se acercara a ella salvo yo, la única mujer joven, alegando que solo yo podría entenderla. Mi abuelo estaba de guardia y me había dicho que me llamaría en cuanto a la chica le empezaran las contracciones fuertes. Había llegado el momento.

Cuando llegué al hospital, aparqué donde siempre, y eché a correr por los pasillos hacia los quirófanos.

- Doctora Black, por aquí.

Seguí al enfermero, que llevaba la ropa de quirófano en sus manos. Le di mi bolso y mi casco y me puse la ropa encima de la que ya llevaba puesta. Del quirófano cinco salían unos gritos que me indicaron que ya había llegado el momento.

- No me toquéis! Dejadme, idiotas!

- Solo quiere verte a ti.

- Gracias Seth. – le di un beso en la mejilla, me puso los guantes y entré en quirófano. – siento llegar tarde. – dije apartando a mi abuelo con el codo. - ¿A que viene tanto grito, Chasity? ¿Te encuentras bien? – Dije mirando a la chica a los ojos. No tendría ni dieciséis años.

- Ahora si. Doctora Black, me duele mucho.

- Tranquila. Pronto acabará el dolor. Se de lo que hablo. – le guiñé un ojo y la chica sonrió, aunque se notaba que estaba sufriendo.

- Doctora Black, ha perdido mucha sangre. – susurró mi abuelo, cogiéndome del brazo y acercándome a él. – no ha dejado que nos acerquemos, a Seth le ha mordido y a Roni le ha arañado la cara. – dijo señalando a la enfermera que estaba a su lado. – Es un embarazo peligroso. Para los dos. – dijo refiriéndose a la chica y a su bebé.

- Pues no perdamos más tiempo.

Seth entró en quirófano, nos preparamos y los cuatro nos pusimos a trabajar. Me daba mucha pena ver sufrir tanto a la chica, sobre todo porque era muy consciente de lo que estaba pasando. Podía ver el miedo en sus ojos.

- Doctora…

- No hables. Respira.

- Doctora, esto no va bien. Lo se.

- No digas eso. Todo va a salir bien. – dijo Seth, cogiendo a la chica de la mano. – Respira y empuja.

La chica empujó un par de veces y la cabeza del bebé empezó a ver la luz. Se estaba quedando sin fuerzas y seguía sangrando.

- Doctor Cullen, haga algo, está sangrando mucho. – dije, empezando a ponerme nerviosa. – pequeña, coge fuerzas y vuelve a empujar.

Empujó de nuevo. Los hombros del bebé ya estaban fuera. Cada vez faltaba menos.

- Doctora, me estoy mareando.

Seth fue corriendo a por un paño húmedo y empezó a empapar el rostro de la chica, que estaba empezando a ponerse muy blanca.

- Anoche hablé con la asistenta social. – empezó a decir. – Quiero que viva con usted.

- ¿Cómo?

- Mi niño. Quiero que sea usted quien se encargue de él.

- No digas eso. No te va a pasar nada. – empujó un par de veces más y, al fin, el niño salió.

Seth le cortó el cordón umbilical y se llevó al niño, que estaba llorando, y mi abuelo se puso al mando. Me quité los guantes y, cuando iba a ir a ver como estaba el niño, la chica me cogió del brazo con las pocas fuerzas que le quedaban y me quedé a su lado.

- No puedo cuidar de él.

- ¿Por qué? ¿Y tus padres?

- No tengo, y me he escapado del orfanato. No saben que estaba embarazada.

- Pero… yo no puedo… no es tan simple…

- Confío en usted. Es joven y se que le querrá mucho.

- No se… - "¿porque me hace esto?"

- Tengo los papeles de la adopción. Solo tiene que firmarlos.

Estaba nerviosa. Muy nerviosa. Me estaba poniendo entre la espada y la pared. Ese niño merecía ser feliz junto a una familia que le quisiera, pero no estaba segura de poder aceptar tal responsabilidad.

- Lo siento, pero tengo que pensármelo.

Me alejé de ella, fui a lavarme las manos, aunque terminé yendo a los vestuarios para darme una ducha.

¿Por qué una desconocida me pedía a mí que adoptara a su hijo? Entendía su miedo, pero yo no podía hacer nada. Además, era una decisión que no podía tomar yo sola. Era algo que debía consultar con Jacob.

Cuando salí de la ducha, veinte minutos después, me envolví con una toalla y fui en busca de mi móvil. Marqué el número de Jacob, que me contestó tras sonar el primer tono.

- Hola princesa.

- Hola Jake.

- ¿Estás en casa con tu madre?

- No. Estoy en el hospital. Por la chica de anoche.

- La adolescente que estaba embarazada, no? ¿Cómo ha ido?

- La chica se escapó del orfanato y casi da a luz en plena calle. Ni siquiera puede mantener al niño. – dije, sintiendo como me embargaba la tristeza. – si supieras lo que me ha pedido…

- Cariño, no podemos quedarnos con el bebé. – dijo con pesar.

- Ya lo se. – ya me había puesto a llorar. Un pobre niño iba a quedar sin hogar, porque no dejarían que la chica se quedara con él. – Perdona, es que estoy un poco sensible.

- ¿Te sientes mal? ¿Tienes mareos o nauseas?

- No, no. Todo va bien. Además, con April no me empecé a encontrar mal hasta casi los cuatro meses.

- De acuerdo. Y, por favor, no llores más, princesa.

- Si. Yo… ahora iré a casa.

- Nos vemos en una hora.

- Te quiero.

Colgué el teléfono y empecé a vestirme frente al espejo. Apenas se me notaba la tripa, pero mi madre y Sarah estaban empezando a sospechar que volvía a estar embarazada. Decían que mis ojos brillaban y que tenía mejor cara, que estaba radiante. Por eso Jacob me había dicho que no podíamos adoptar al pequeño. No podíamos permitirnos el criar tres niños.

Terminé de vestirme, como si fuera a cámara lenta, cogí mi bolso y mi casco que Seth debía de haber llevado a los vestuarios, y fui a ver que tal seguía la chica. Cuando llegué a la puerta del quirófano, me encontré con mi abuelo, que tenía muy mala cara, y la mujer que tenía al lado aun tenía peor cara. Me temí lo peor.

- ¿Qué pasa?

- Vayamos a su despacho. – dijo la mujer.

No me gustó nada el tono con que me habló, así que no me moví del sitio. Me crucé de brazos y esperé. Rebuscó por el maletín que llevaba y sacó unos papeles.

- La señorita Moretti ha fallecido.

- ¿Qué? ¿Cuándo? – dije, sintiendo como me fallaba la voz.

- Hace diez minutos. No he podido cortar la hemorragia. – dijo mi abuelo. Siempre se ponía triste cuando fallecía alguno de los pacientes del hospital.

- Si, pero antes de que ocurriera hemos hablado y ha reiterado que quiere que sea usted quien elija con quien debe quedarse el niño, eso si no quiere adoptarlo, claro.

- Pero…

- También tengo aquí los papeles de la adopción.

Casi me desmayo. Era demasiado para mí. Me sentía triste por al muerte de la chica, y responsable por el futuro del bebé. ¿Y si le pasaba algo por mi culpa? ¿y si no era feliz con la familia que le adoptaba? "No. No puedo hacerle esto. Pobrecito. No tiene culpa de nada."

- ¿Esos son los papeles de la adopción? – dije cogiendo los papeles de su mano.

- Si.

- Doctor Cullen, ¿tiene un bolígrafo a mano?

- ¿Qué? – exclamó. Estaba claro que sabía lo que estaba a punto de hacer. - ¿Estás segura, cielo?

- No voy a dejar que ese niño crezca en un orfanato. – hice que se diera la vuelta, apoyé los papeles en su espalda y fui firmando donde me decía la mujer. – ese niño necesita unos padres que le quieran.

- ¿Qué piensa Jacob de esto? ¿lo has hablado con él?

- Si, hablé antes con él. – le devolví los papeles a la mujer, que tenía la pinta de una abogada.

- Nunca había realizado una adopción tan rápida, pero Chasity era la hija de unos buenos amigos, y deseo que su bebé esté con alguien que pueda hacerlo feliz. – dijo mientras guardaba los papeles. – Felicidades. – estrechamos nuestras manos y se marchó.

Cuando se marchó, fui hacia la sala de los recién nacidos. Mi abuelo me siguió y, en ese momento, lo tenía a mi lado, cogiéndome de la mano.

- No se como voy a hacerlo. – dije poniéndome a llorar, otra vez. "este embarazo me va a dejar sin lágrimas. No dejo de llorar."

- Bueno, ahora vas a tener dos hijos. No es tan grave.

- Tres.

- ¿Cómo?

- En seis meses y medio van a ser tres.

- Cariño. – me abuelo besó mi frente y me abrazó. – este niño va a tener la mejor madre del mundo. Va a ser muy afortunado y muy feliz. Estoy seguro.

- En mi piso no vamos a caber los cinco. – dije secándome las lágrimas con los puños de la chaqueta.

- No pienses en ello ahora. – dijo besando mi mejilla. – vamos, ve a coger al pequeño.

Entré en la sala y Seth, que estaba cambiando los pañales de una niña, fue a por el niño y lo dejó en mis brazos. Era un niño realmente guapo, como su madre. Tenía los ojos azul grisáceo y un poco de pelo rubio. "Igualito a su madre."

- El niño está muy sano. Creo que te lo podrás llevar hoy mismo. – dijo Seth, que acariciaba la mejilla del niño. Le mire. ¿Cómo sabia el que le había adoptado? - ¿Cómo vais a llamarle?

- No tengo ni idea. En este momento no se nada.

- Creo que la chica dijo un nombre.

- ¿Cuál? – dije mirándole a los ojos.

- Creo que Richard.

- Entonces se llamará Richard. – besé la frente del niño y di media vuelta. – eres precioso, Richard. – dije cuando parecía que el pequeño que me estaba mirando.

Cuando salí de la sala, dejando a Seth trabajando, me encontré con mi abuelo que, además del casco y mi bolso, llevaba otra bolsa. Sin hacer preguntas, ambos salimos del hospital y fuimos hacia un taxi que estaba frente a la puerta.

- He llamado a un taxi para que te lleve a casa. Luego te llevaré yo la moto. – dijo abriéndome la puerta del taxi. – Jacob lo entenderá.

- Eso espero, abuelo.

Mi abuelo dejó la bolsa a mi lado, me ayudó a ponerme el cinturón y cerró la puerta. Le di mi dirección al taxista y nos pusimos en marcha. Llegamos a casa a los veinte minutos. El taxista me ayudó con la bolsa y me acompañó hasta la puerta. Llamé al timbre y esperé a que mi madre me abriera, pero no fue ella quien abrió la puerta.

- Renesmee… - dijo Jacob en un suspiro, mirando al niño, que dormía en mis brazos.

- Su madre murió. No pude hacer otra cosa. – dije mientras Jacob cogía al niño de mis brazos.

Pagué al taxista y cogí la bolsa que me tendía.

- Gracias.

- ¿Cómo se llama?

- Richard.

Seguí a Jacob y cerré la puerta. Mi chico fue a sentarse en el sofá, al lado de mi madre, que estaba viendo el telediario.

- ¿Quién es? – preguntó mi madre, acariciando la mejilla del pequeño.

- Nuestro hijo.

Mi madre me echó una mirada mientras cogía al niño de los brazos de mi chico y yo me sentaba al lado de Jacob, que me abrazó con fuerza.

- No se como vamos a hacerlo, pero encontraremos la manera. – susurró Jacob en mi oído, acariciando mi espalda. – todo irá bien. Ya lo veras.

- Ya… pero mañana…

- Solo tengo que llamar a mi madre y ella lo arreglará.

- ¿Qué pasa? – dijo una dulce voz a nuestro lado. - ¿Por qué lloras, mami?

- ¿Quién es? – preguntó mi hermana Rebecca.

- Es tu nuevo sobrinito. – dijo Jacob, cogiendo a mi hermana en brazos y sentándole en su regazo.

Yo cogí a April y también la senté sobre mis rodillas.

- ¿Y su mamá?

- Su mamá no puede cuidarle. – dije mirando a mi niña, reprimiendo las lagrimas.

- ¿Dónde está?

- Está en el cielo.

- Pobrecito. – dijo mirando al bebé. – Entonces, ¿se va a quedar con nosotros?

- Si.

- ¿Va a ser mi hermanito?

- Si.

- Mi hermanito es muy guapo. - dijo, haciéndome sonreír. - ¿Puedo cogerlo?

- Dentro de unos días, nena. Aun es muy pequeño. – dijo Jacob.

- ¿Va a venir mañana con nosotros?

- Si.

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POV JACOB.

Me miré al espejo y empecé a temblar. Había llegado el día, el día que había deseado que llegara desde que me enamoré de mi supuesta hermana. Tuve que llamar a Seth para que me ayudara con la corbata, ya que las manos no dejaban de temblarme, mientras, Paul, sentado en la cama, le daba el biberón al nuevo miembro de mi familia.

- Chicos, es la hora. – Edward entró en la habitación y se sentó al lado de Paul, que le dio al niño. – Renesmee ya está lista y está de los nervios.

- ¿Ya está lista? – pregunté, aunque no se de que me sorprendía. Renesmee nunca tardaba en arreglarse. – Bueno, pues vámonos.

Edward me dio al niño, que se estaba quedando dormido y bajamos todos juntos al jardín, donde nos estaban esperando mi familia y nuestros amigos.

Fui hacia el pequeño altar improvisado, donde nos esperaba Aro, primo de Carlisle, que era el que iba a oficiar la ceremonia. Me puse a su lado, juntando mis manos, intentando que no se me notaran los temblores. No quería parecer un histérico, y mucho menos cuando vi a Renesmee aparecer. Estaba realmente preciosa. Llevaba un vestido blanco, con las tiras anudadas al cuello, muy ceñido, marcando la tripita que le había salido debido al embarazo. No se lo habíamos dicho a nadie, pero parecía que quería que se dieran cuenta de ello.

Delante de ella iban Rebecca y April, cogidas de la mano. Ellas también iban muy hermosas, eran como dos pequeñas novias.

- Hola. – dijo mi pequeña cuando llegó a mi lado.

Les di un beso en la mejilla a cada una y me incorporé en el momento en que Renesmee llegaba a mi lado, del brazo de Edward y mi padre.

- Hola. – la cogí de la mano y noté que ella también temblaba ligeramente, aunque tal vez fuera mi temblor el que notaba.

- ¿Estás nervioso? – susurró, besando el dorso de mi mano.

- No. – mentí. Renesmee me sonrió.

- Embustero.

Nos volvimos hacia Aro, que empezó a hablar.

No me enteré de nada. Estaba demasiado ocupado concentrándome en no ponerme histérico. Noté un apretón en mi mano. Miré a Renesmee, que me sonrió y me hizo un gesto con la mirada para que mirara a Aro.

- ¿Aceptas a Renesmee, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, hasta que la muerte os separe?

- Si, si.

- De acuerdo. Los anillos, por favor.

April y Rebeca trajeron los anillos y nos los pusimos. Volví a no enterarme de nada hasta que sentí los brazos de Renesmee alrededor de mi cuello, y sus labios chocando con los míos. Respondí al beso al momento y todos empezaron a aplaudir al momento.

- No sabes lo feliz que soy. – dijo Renesmee abrazándome con fuerza.

- Yo también, cariño.

- ¿Dónde está mi pequeño? – dijo dándose la vuelta, mirando a mi madre, que llevaba al pequeño en sus brazos. – Quiero una foto con mis niños.

Cogí a April en brazos y Bella vino a hacernos una foto. Nos fotografiamos con toda la familia y bailamos con todo el mundo. Realmente fue el mejor día de mi vida.

- ¿Que tal? – dijo Renesmee sentándose a mi lado. - ¿Se lo está comiendo todo?

Estaba sentado en una de las sillas, dándole el biberón a Richard. Renesmee cogió al niño de mis brazos y continuó ella dándole de comer.

- ¿Qué vamos a decirle cuando sea mayor? – dije. No sabía como podríamos decirle que su madre había muerto.

- Pues la verdad.

- Ya, pero…

- Jacob, ambos sabemos lo que una mentira puede hacer. – dijo poniéndose seria, mirándome a los ojos. Asentí con la cabeza. Ambos lo habíamos pasado muy mal al no conocer la verdad sobre su origen. – No voy a permitir que Richard viva en una mentira. Sera doloroso, pero siempre le contaremos la verdad.

- Eres la mejor. – dije dándole un beso en los labios y otro al pequeño en la frente. – Te quiero.

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Hola!

Lo se, lo se. Me he pasado tardando en actualizar, pero es que he andado un poco distraida, pero ya lo he terminado.

Gracias a todas las que me habeís ayudado. Espero no defraudar.

Un enorme beso para todas.

Nos vemos en mis otras hitorias. Próximamente, A tu lado, siempre. Alice x Jasper.