Bueno... Realmente no sé que decir xD Finalmente, aquí está el especial Kuutau que os dije hace ya más de un año, creo. Lamento mucho mi demora, y espero que les guste esta locura mía. Creo que he cambiado un poco mi forma de escribir, me gustaría saber cómo les parece ahora mi manera de redactar.

Disfruten ^^


Desde que había llegado a Estados Unidos, no había parado de menearse por todos los estados existentes dentro de ese enorme país. Cantando y grabando discos, Utau estaba más que cansada. Aunque tenía el consuelo de que al volver a Japón tendría tarta de chocolate. Ah, y también tenía el no tan consuelo de que Kuukai también la acompañaba.

Por alguna razón del destino, el hotel dónde se hospedaban había decidido que estaría muy bien juntar a Utau y Kuukai en una misma habitación. Cabrones, pensó ella.

− Vamos Utau-chan, tampoco es el fin del mundo si dormimos los dos en una misma habitación, ¿no? − dijo Kuukai antes de meterse dentro de la mullida cama.

− Cállate Kuukai, cállate, que estás mas guapo.

Utau se metió dentro del baño para cambiarse tranquilamente. Mientras la rubia estaba allá metida, Kuukai no paraba de pensar lo increíblemente afortunado que era. Iba a dormir con Utau, su Utau, esa Utau que lo alteraba por las noches y por quién se desvivía. Y hoy era la noche perfecta para reclamarla cómo suya sin que Ikuto lo degollase vivo.

Cuándo salió del baño, se metió en la cama de matrimonio. ¿Había mencionado que los cabrones del hotel les habían dado una cama de matrimonio? Doblemente cabrones, pensó ella.

− Buenas noches, Kuukai − dijo ella antes de apagar las luces y meterse dentro de la cama ella también.

No pasaron ni dos segundos cuándo oyó cómo su compañero de habitación se levantaba de la cama. No le importaba mucho que fuera a hacer Kuukai, aunque realmente se sorprendió al ver que el chico había arrancado las sabanas de su cuerpo, dejándola de alguna manera, desprotegida.

− ¿Se puede saber que estás haciendo, Kuukai? Si es una bromita de las tuyas, no tiene ni puta gracia.

Lo siguiente que hizo el de ojos verdes, paralizó completamente a la rubia. Kuukai se puso encima de ella, manteniendo un pequeño espacio entre sus pechos y besó sus suaves y carnosos labios. Utau pudo notar la intensidad y la lujuria con que le miraba Kuukai y también notó una traviesa mano intentando desabrochar los botones de su pijama.

En realidad, Kuukai no sabía lo que estaba haciendo. Sólo estaba obedeciendo a sus más bajos instintos y a sus pensamientos más ocultos. Aquellos que le gritaban que la hiciera suya y que dejara su esencia en ella.

− Kuukai, ¿Qué diablos estás haciendo? − exclamó Utau cuándo los cálidos labios del chico se separaron de los suyos.

− No lo sé… Sólo obedezco a mis instintos, Utau. Esos instintos me ordenan poseerte… No puedo ir contra ellos.

Nada más pronunciar estas palabras, Kuukai volvió a juntar sus labios, pero esta vez en un beso más hambriento y demandante. La traviesa lengua del chico quería abrir un paso entre los labios y dientes de Utau, pero esta estaba en sus trece y no dejaría entrar al chico. Este se estaba empezando a desesperar y mordió suavemente el labio inferior de la chica. Esta intentó reprochar, pero el joven aprovechó ese momento para meter su lengua en la cálida y húmeda boquita de Utau.

La rubia no sabía que pensar. Aquel joven, su compañero y amigo, estaba encima de ella, besándola cómo un desquiciado y sujetando sus manos para que no pudiese apartarle de ella. Aunque, en alguna parte de su mente, le gustaba toda aquella situación. Y esa parte se estaba apoderando de las acciones de Utau, que estaba empezando a responder al apasionado beso que el otro le daba.

Al ver que su pequeña rubia lo iba aceptando, Kuukai se dejó caer encima de ella, chocando pecho contra pecho y otras cosas también. Se separaron para volver a besarse con demencia. Inconscientemente, Kuukai empezó a restregarse contra el delicado cuerpecito de Utau, frotando ligeramente las partes más intimas de cada uno. Seguían besándose, aunque a veces se paraban para respirar un poco de aire, pero volvían a la carga después de unos segundos sin sentirse.

Utau empezó a gemir tímidamente al notar la prominente erección que no paraba de restregarse contra su ya húmeda intimidad. No supieron en que momento la ropa desapareció de sus cuerpos y cuándo el ambiente se volvió más pasional y ardiente. Ya no obedecían a la razón, sólo se guiaban por la necesidad de sentirse el uno al otro. Y llegó aquel momento en que Utau no pudo aguantar sus gritos orgásmicos por más tiempo.

Mientras Kuukai mordía sus pezones erectos y frotaba con algo de desesperación el clítoris de Utau, ella masajeaba la extensión del pene erecto de su pareja, provocando que el chico tuviera pequeños espasmos de placer por todo el cuerpo.

Seguramente los vecinos de la habitación contigua se estaban enterando de todo, pero no les importaba.

Kuukai dejó los rosados y erectos pezones de Utau para ir bajando lentamente por su vientre y dejando pequeños besos de mariposa por el camino. Dejó de frotar los húmedos pliegues de Utau para recorrerlos con su lengua, saboreando el verdadero sabor de su querida rubia y haciendo que la chica gritara de placer.

Utau nunca pensó que el chico hiperactivo de Kuukai pudiera ser tan… ardiente. Cada vez que esas ásperas manos la tocaban, cada vez que su lengua recorría su piel y cada vez que le susurraba al oído cuánto la quería y la deseaba, hacía que Utau perdiera más la consciencia.

En medio de aquel acto pasional, Kuukai no pudo aguantar más. Su erección le dolía demasiado, estaba al límite y si no la calmaba no sabía lo que haría. Cómo si Utau le leyera la mente, hizo un ademán de separar su cabeza de su intimidad. La chica se incorporó para que su rostro quedase delante del enorme pene de su amante. Sin ningún tipo de miedo y vergüenza, empezó a lamer y succionar el glande de Kuukai.

El chico no se esperaba aquello de Utau, pero era una sorpresa bastante agradable y placentera. Notaba cómo la suave lengua de la chica se deslizaba por toda la longitud de su pene. Utau sentía la penetrante mirada de Kuukai en ella y eso, extrañamente, la ponía cada vez más excitada.

Kuukai estaba a punto de venirse, así que apartó la boca de Utau de su erección y la besó con pasión mientras se incorporaba para meter ya de una vez su pene dentro de la que parecía ser, virginal vagina de Utau.

Nada más fue entrando, unos pequeños espasmos de dolor sacudieron a Utau. No era para tanto, pero algo si que dolía. Kuukai intentó calmar aquellas ondas dolorosas besando su cuello de cisne, y digamos que si que pudo apaciguar algo de dolor. Aquello pasó rápidamente y de inmediato pudo empezar a moverse dentro de ella. Aquel lugar era, simplemente, la puerta al cielo. Era estrecho y cálido, además de suave. Y había una cosa que le llenaba de orgullo.

Había sido el primero de Utau. Gracias a eso, su ego creció a pasos agigantados y también su felicidad y satisfacción. Además, los gemidos que Utau lanzaba ayudaban bastante a que eso ocurriese.

− Ku-Kuukai… ¡Dios, más rápido! − gemía Utau, que sorprendentemente no mostraba ningún signo de vergüenza ni en su cara ni en su voz.

Cambiaron de posición. Utau estaba encima de Kuukai, moviendo las caderas rápidamente y realizando círculos con ellas, llevándolos a los dos a un paraíso continuo de placer desorbitado. No pasó mucho tiempo para que Kuukai sintiese que ya estaba en su punto. No habían utilizado ningún preservativo, todo había sido espontáneo, pero sólo les importaba el placer y aquello no había estado ni estaba en mente de los dos adolescentes revolucionados.

− ¡U-Utau! ¡Estoy a punto! − dijo entrecortadamente el chico. Cogía de las caderas a la joven, mientras subía el también las suyas propias para que las embestidas fueran más profundas.

Utau sólo respondió con más gemidos orgásmicos. Ella también estaba en su punto. Quería que el joven se corriera dentro de ella, sentir cómo su interior era bañado con el semen del chico. Lo ansiaba.

Y, al final, llego tan esperado clímax. Los dos gritaron de placer y sus rostros formaron la más pura mueca de satisfacción habida y por haber. Utau arqueó su espalda y Kuukai apretó su agarre en las caderas de la chica. Nada más pasó el orgasmo, se miraron a los ojos.

Kuukai, aún sin salir del interior de la chica, se incorporó y le dio un suave beso en los labios, que Utau correspondió inmediatamente.

Era su forma de decir "te amo".


Se acabó :3 ¿Les ha gustado? ¿Ha sido una pura mierda? ¿Me darán un premio?

Por favor, no sean crueles con esta pobre escritora lenta xD