Debes alimentarte igual que cualquier otro ser vivo en este mundo, lo sabes bien y por ello es que estas aquí. No es que te guste realmente todo esto, es decir, eres muy tímido a la hora de encontrarte con otros como tú y tampoco te gusta combatir realmente, por lo que solo sales por alimento cuando es absolutamente necesario para ti y por el enorme hambre que te acongoja. Como en estos momentos, aunque si bien como pocas veces sales a cazar solo o en lugares como ese no eres realmente bueno.

Tal vez ya has cometido un error al alejarte de las profundas aguas del fondo del océano donde habitas e irte a una zona mucho más iluminada, cerca de un puerto. Pero en esa zona hay varios pokemón con forma de pececitos dorados que pueden servirte de alimento. Ves a uno de ellos más adelante, así que abruptamente decides acercarte pero lo terminas ahuyentando demasiado pronto.

No importa mucho realmente, porque aún hay un montón de ellos a tu alrededor de todas formas, pero en verdad deberías ser un poco más cuidadoso. Así jamás vas a poder acabar con el hambre que tienes de forma rápida.

Ves a otro Magikarp, esta vez nadando directo hacia ti, contrario a lo que acabas de vivir. No entiendes realmente porque y tampoco es que te importe demasiado, pero lo aceptas. Dejas que se acerque, lo cual hace con desmedida curiosidad, un pez ciertamente extraño crees tú, pero perfecto para ti. Alzas uno de tus brazos, delgados y suaves, intentando jugar un poco con el aunque sabes que es inapropiado jugar con la comida. Es divertido de todas formas. El se deja llevar, es demasiado tonto como para sospechar más de ti, así que juega con tus delicados brazos nadando en círculos a tu alrededor. Solo puedes reír por la gracia que eso te provoca realmente.

Pero el hambre te acecha de nuevo, por lo que decides terminar pronto de jugar y tomar tus debidos alimentos apropiadamente. Alzas esta vez ambos ligeros brazos pero esta vez no en son de juego, lo que tu nueva presa nota. Se lanza contra ti intentando atacarte, asustado, presa del pánico y la confusión porque ya se ha dado una idea más o menos de lo que pretendes y no le agrada en absoluto. Es una pena pero no te sientes mal por el, sino por ti, ya que has debido terminar demasiado pronto con los juegos. Tu estomago te exige alimento.

Su ataque ha sido en vano, ya que no te afecta, al contrario, el solo se ve entumecido por tu habilidad, y es imposibilitado de hacer algo como eso de nuevo. Tiembla, aun más cuando lo encierras entre tus brazos jalándolo a lo profundo de las aguas. No importa que tanto intente soltarte, es imposible. Pero sus agitados movimientos comienzan a molestarte cada vez más así que decides hacer algo, aunque sea un poco cruel.

Le inyectas un potente veneno que lo paraliza enteramente, y comienza a afectarle poco a poco de otra forma, hasta que finalmente lo arrastras a aquella zona en lo profundo del océano donde puedes degustar tus sagrados alimentos cómodamente. Las aguas más oscuras donde solo tú puedes ver y vivir de forma cómoda y agradable según tus términos.

Te observa, claramente asustado, antes de que termines con su vida y tú continúes con la tuya, comiendo tranquilamente un alimento con el que ya jugaste y ya te entretuviste. Pero no es malo, es decir, eso no te vuelve un villano solo por hacerle creer que no eras una amenaza. Los Frillish deben comer, no es culpa tuya. O eso dices tu, jajaja.