Estas tan vacío…tan vacío, pero aun así eres capaz de amar. Amas con todo tu ser, pero no a alguien en especial. Sino a algo en especial. Tal vez lo más adecuado sea explicar como es que alguien como tú, vacío y hueco, puede amar de alguna forma posible, incomprensible para cualquier ser humano o pokemón. En realidad, es algo bastante sencillo. No amas con el corazón, amas con tu ser, con cada fibra de tu ser… cada vacía parte de tu ser…

Estas vacío, literalmente, ya que dentro de ti no hay absolutamente nada. Ni un corazón, órganos, sangre o cualquier cosa, solo aquello con lo que te alimentas. No es algo realmente importante, el como continúas con vida, si es que se le puede llamar vida, puede que para algunos sea un misterio, pero para ti no. Para ti es como un milagro. El milagro del amor tal vez. Suena tan romántico dicho de esa forma, quien lo pensaría de ti pequeño Don Juan. Pero es algo perfectamente natural, es decir, no se puede vivir sin dar o recibir amor, y en tu caso, es algo totalmente correspondido. De cierta manera.

De cierta espeluznante y aterradora manera. La forma en que amas podría denominarse como horrible para ciertas personas, y para otras un amor que va más allá de la vida de y la muerte. Tal vez lo que te hace amar es precisamente lo que buscas desesperadamente cada vez que puedes, como si de un alimento se tratase, aunque no es necesariamente así. Es más como un sustituto. Fuegos fatuos. Son aquello que buscas cada vez que tu cuerpo lo pide, para darte la capacidad de seguir amando… tan ardientes, tan hermosos, tan delicados, tan peligrosos. Esos fuegos, esas llamaradas, son la definición perfecta del amor que profesas hacia ese algo.

Algo que no puedes definir concretamente con palabras. Pero ese algo que más amas sucede cada vez que te alimentas. No, no amas alimentarte ni sentirte satisfecho de esa forma, amas la fuente de todo ello. Amas casi por decirlo de una forma, el momento. El momento en que comienzas a mover tus manos de forma hipnótica frente a tu presa, el momento en que sus ojos se pierden, en la nada misma y a la vez en el todo mismo, cayendo completamente a tu merced. Los ojos de tu querida víctima se pierden en tu propia visión que le induce a obedecerte enteramente, aunque claro, de forma consiente no lo harían por nada del mundo. Incluso la persona más avara y codiciosa del mismo, conscientemente, rechazaría todo el oro que puedas darle con la condición de que te obedezca. Pero en esos momentos, nadie se puede negar a ti y a tus deseos.

El momento en que aquello que te hace sentir tan enamorado y encantado se aproxima. Cuando tu pequeña e inocente víctima, fielmente, te obedece y… se deja absorber. No, no amas como es el sentimiento que te llena cuando eso ocurre. Lo que amas tan desesperadamente… es el espectáculo que eso brinda. Algo tan hermoso, encantador, bello y fantástico, solo para ti. Realmente, solo para ti, ya que cualquier otra persona al ver aquello caería en la locura misma.

Amas ver como aquella persona o pokemón… pierde su alma. El momento en que su vista que se encontraba perdida solamente, se llena de vacío, el momento en que su cuerpo cae al suelo irremediablemente y aunque en algunas ocasiones el corazón siga latiendo… ya no hay motivo real para que lo haga. Son vacíos, tal y como eres tu. Amas ese momento, te has enamorado de aquel maravilloso momento. Del espectáculo maravilloso que brinda el ver como alguien es desprendido de su alma.

Pero claro, solo un Dusclops como tú podría amar algo tan retorcido y cruel como eso. Tu eres la razón de porque en San Valentín nadie querría algo relacionado a ti como regalo.