De repente, su mundo se detuvo. Dejó de girar.

Sintió su mirada verde perforando su cara. Estaba tan apenada, no se le venía a la mente idea alguna para zafarse de ese desliz.

¿Qué le diría? Moriría si le viniera con esa cháchara de "sólo sexo".

—¿Cómo me dijiste?

Bien, aquí vamos. Respire profundo, y sin más, solté.

―Eso. Amore. Y no pienso dejar de decirte así porque no te guste, o por que sea demasiado cursi, ¿estamos? ―Sentí como mis mejillas se tornaban un poco calientes por la sangre acumulada en esa región. Ya estaba, se lo había dicho. Podía respirar tranquilamente.

Quedó perplejo sólo un momento, para luego estallar en carcajadas. Se acercó a mí, y masajeó cariñosamente mis mejillas mientras depositaba un casto beso en mis labios.

―¿Sabías que te ves divina cuando te molestas? ― Río de buena gana luego de su comentario; se levantó de la cama y se dirigió al baño. ¿Creía que se podía escapar tan fácil de ella? Pero que iluso que era Alex.

Lo seguí. Estaba más que consciente de su desnudez, tanto como él lo estaba de la mía. Esa sonrisa de suficiencia en su cara sólo significaba una cosa: el muy bastardo sabía que lo iba a seguir.

Se recostó en el marco de la puerta, cortando el paso hacia al baño. Bufé sonoramente, y ese acto hizo que su sonrisa se ensanchara más.

―¿Qué es tan chistoso? ―Grité cansada―. ¿Te importaría? Llego tarde a mi casa ―Esperé pacientemente a que se moviera, pero era de esperarse, no hizo absolutamente nada.

―Vaya, pero si eres una cobarde.

―¿Cobarde yo? Estás de guasa. Ahora, muévete. Quiero bañarme, y por si no lo has notado, es jueves, y mañana tengo clases, y tú trabajo.

Me miró fijamente a los ojos, y tomándome desprevenida, me acercó hasta rozar su pecho con el mío. Mantuvo sus manos en mi cintura.

―Si me das un beso, hago lo que quieras, amore mío.

Sonreí de lo más idiota, y sin poder evitarlo, lo besé apasionadamente. Sentía sus labios húmedos sobre los míos, y sus dientes mordiendo seductoramente mi labio inferior.

Sus manos recorrieron su cuerpo hábilmente, moriría de placer ahí sino se apuraba.

―Alex ―susurró. Sabía que él la entendería.

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El olor a panqueques inundaba el apartamento. No había mejor manera de despertarse luego de una noche tan movida… O quizás sí.

Desperté con una sonrisa en mis labios, y me moví un poco hacia la izquierda. Abrí los ojos asustado. Niki no estaba.

Palpó la almohada y notó que había una carta.

La abrió precipitadamente. No querría ni pensar que lo había dejado, con Elena había sido suficiente.

"Lamento no haberme despedido de ti. Te juro que te lo recompensaré.

Nos vemos en Milo's a las 3. No te olvides de ir por mí.

Tu amore, Niki"

Suspiró. Esa niña sí que se lo tenía todo montado. Sonrió para sí, después de todo, le gustaba.