Disclaimer: los personajes no me pertenecen. Sólo la historia.

Gracias, por aguardar. Fue un año difícil, pero bueno ya fue. Besos.


La mordedura

"ladraba, mordía y despedazaba, era lunes; masticaba, babeaba y sonreía, eso sucedió el martes. Durante el miércoles y jueves se maravilló que aun respiraba y mostró los colmillos para que entendiera que no había escapatoria. ¿Estaba vivo o estaba muerto? Era viernes y utilizo sus garras para llegar a los huesos y utilizarlos para afilarlas. El sábado la piel no existía solo la carne, trataba de llegar a sus viseras, mientras más profundo mejor. Y el domingo no descanso hasta que el corazón se detuvo…esa noche utilizo su saliva para regenerar la carne y los órganos, y así, resucito. Ladraba, mordía y despedazaba, era lunes…" (Useless)

Érase una vez un hecho.

Entonces ¿Qué era? ¿El impulso, el reflejo y la necesidad que nacía al verle? Potencia que gobernaba sobre su cuerpo, convirtiéndole en una marioneta sin voluntad ni raciocinio; el temblor, cual murmullo, se originaba desde un punto desconocido de su cuerpo, elevándose a lo largo de su espalda, haciendo vibrar su espina dorsal. ¿Tal vez era miedo? Porque la necesidad de escapar estaba, de huir o quizás luchar hasta que la muerte se cerniese sobre su anatomía destruida, meramente como instinto de supervivencia. El pánico le paralizaba, a veces solo sintiendo su presencia, ante la simple intuición de que él se aproximaba, y cuando él no estaba solo con pensarlo se activaba cualquier conector neuronal que aun estuviese en función. La pesadez en sus piernas, como si estuviesen hechas de concreto, le obligaban a mantenerse en su lugar cuando él posaba su mirada sobre ella; se le drenaban las fuerzas vitales para ser reemplazadas por algo más fuerte y menos natural. Y esperaba a identificar qué es lo que era, de donde nacía y así, de alguna manera, entenderse a sí misma.

¿Qué era? Porque no podía detenerle, por más que los años pasasen la sensación no envejecía o deterioraba, sino que se potenciaba, expandiéndose dentro de ella, creando un nuevo universo de percepciones antinaturales, violentas y viscerales. Porque era un agujero, un agujero negro dentro de ella, no había otra manera de explicarlo. Un oscuro, pestilente y profundo hueco en su interior. Hipnótico y aterrador, consumiendo todo lo que alguna vez fue e intento ser, agrandándose con cada respiración, profundizándose con cada latido, y oscureciéndose con cada toque de él. Porque ya no había anhelos, y si los había, cosas que ya no se planteaba, se contaminaron, gracias a él, pero primordialmente, a ella. Porque no era una víctima, ya no más sino que era una participe, una estúpida, enferma y vigorosa participe; quien merecía un peor castigo que él. Sabía que estaba mal, porque lo sabía, y eso hacía peor el pecado; lo percibía a cada instante, era un constante pinchazo en la nuca que le traía malestar, irritándole y avergonzándola. Por lo que se repudiaba y se asqueaba de ella misma.

¿Qué era? Buscaba la explicación que le ayudaran a lidiar con lo que sentía, con lo que hacía, y con los pensamientos oscuros, proyecciones nefastas, que le aterraba en poner en práctica si alguna vez la ocasión ameritaba; ya que estaba segura, y eso era lo que le aterraba, ella haría lo impensado con tal de satisfacer el hueco que estaba dentro de ella. Ese esplendido, asqueroso y profundo agujero negro el cual ahora le componía. Los reprimía, luchaba con tantas fuerzas por mantener la entereza, aferrándose con uñas y dientes, a la luz, a lo bueno y la verdad…pero las líneas cada vez eran más difusas, confundiéndola, exasperándola y al final del día, él estaba ahí, machacando cualquier intento de pensamiento coherente y la sensación del agujero negro en su pecho se hacía menos pesada, como si se llenara y al mismo tiempo, se profundizaba por el mismo peso de su presencia.

Y…no se iba, porque estaba ahí, aconsejando horriblemente, estableciendo hechos que no tenían coherencia alguna, y aun así, le afectaba, alterándola, modificando sus procesos analíticos. Porque sabía la verdad, y aun así, después de tanto tiempo no era capaz de alcanzarla y abrazarla. Entonces ¿Qué era? Porque no se iba, podía sentir como apretaba dentro de su cráneo, queriendo escapar; recubriendo con odio, rencor, amor y locura cada acontecimiento. Podía sentirlo, aguardando en las profundidades de su ser, observando, acumulando fuerza, disfrutando de la presencia de él, atraída hacía la destrucción y oscuridad. A veces, se tapaba los oídos para no escuchar, para no sentir, y no caer de nuevo en su inmundicia, mas no bastaba por lo que se reiteraba ¿Qué era? Ya que gritaba dentro de ella, manejándola, desviándola, torciendo su voluntad, alentando su propio cuerpo, porque ni ella misma podía negar esa verdad horrible, despreciando toda la mierda que sucedió y sucedía, porque dentro de ella algo cantaba lujuriosamente "Mío, él es mío". Y le exasperaba no identificar quien lo establecía.

¿Qué era? Porque estaba ahí, dentro de ella o a su alrededor, no podía asegurarlo, por lo que trato de no escuchar aunque se le hacía imposible, ya que gritaba, aullando cual animal en celo. Estorbándole en su empresa de no decaer, en no dejarse atrapar. Así que abrió los ojos ligeramente, su visión borrosa se enfocó en la puerta de la casa que le pareció lejana, por más que estuviese unos pasos; temblorosamente, levanto su mano derecha hacía delante, para luego torcer el codo, y girarla hacía atrás de ella. Apretó los labios, mientras que luchaba, vanamente, pero lo hacía escapando un ligero sonido de agonía de su boca; la respiración se agitaba, calentando su piel, estirándola y apretándola. Se sentía caer, quería alejarse, pero él la mantenía apresada con su agarre; sus piernas perdieron vitalidad y no podía soportarlo; tenía que escaparse, ya que explotaría, sabía que lo haría en cualquier momento.

La respiración se atragantaba en su garganta, sus pulmones no daban abasto, y su cadera no soportaba su peso, queriendo partirse por la mitad. Sus rodillas se mantenían dobladas, mientras que agitada, desvió la vista hacía un costado, mas no llego a verle ya que tuvo que cerrar los ojos nuevamente cuando sintió la enorme bola de calor que le golpeo el cuerpo, naciendo desde su vientre. Otro gemido, mezclado con un tinte de súplica escapo de su boca mientras sentía como los dedos de él se metían dentro de ella; ella no tuvo más opción que aferrarse, sin fuerza alguna a él, su mano derecha se sujetó a la nuca de él, y mantuvo el agarre de mano izquierda en el antebrazo izquierdo de él. Sintió como él respiraba aceleradamente sobre su oído, elevando el estremecimiento en su espina; el dedo pulgar de él masajeaba su clítoris, mientras que otros tres dedos se mantenían dentro de ella, demandando espacio y anchura, deslizándose fácilmente gracias a los jugos que ella despedía.

Captaba la dureza de él en su espalda, pero él no hizo un intento de aliviar su propia excitación sino que estaba concentrado en ella, poseído en conseguir lo que sea que estuviese buscando. Su corazón le aturdió, mientras intentaba respirar de alguna manera ya que sentía que sus pulmones no trabajaban correctamente. Tuvo que apretar los labios cuando sintió que había raspado ese punto dentro de ella, que junto a estimulación continua del clítoris le estaba llevando a otro plano de existencia; la mano derecha de él estaba bajo su blusa, apretando su pecho fuertemente, casi en forma dolorosa, a lo que su mano izquierda se movía frenéticamente dándole impulso a sus movimientos. Procuro concentrarse en otra cosa pero le era imposible, porque casi podía imaginar su dedo mayor concentrándose ese punto, refregándolo y excitándolo, mientras que su dedo pulgar seguía atacando sin clemencia su clítoris por lo que el anular y el índice salían y entraban descaradamente de ella. Aun así, siendo coaccionada de manera tan despiadada, ella aun luchaba, porque ya gritaba en su cabeza, intentando tomar control de su cuerpo, para ayudarle a él a conseguir su meta.

De pronto, los dientes de él mordieron sin fuerza su cuello, marcándolo, liberando un gruñido casi animal desde su garganta; pegándose más a ella, como si eso fuese posible, paso la lengua sobre la piel, que ya enrojecía por el contacto de sus dientes.-Bella…-susurro cargado de urgencia y demanda, ocasionando que toda la lucha de ella quedase trunca; su voz, fue el componente que faltaba para que ella se rindiera, por lo que un jadeo potente salió de su boca, y sus caderas comenzaran a moverse al compás de los dedos de él. Liberándose, dispuesta a los designios de él y con la desesperación potenciada en su cabeza. A medida que entraba y salían sus dedos el globo en su vientre se ensanchaba, aplicando fuerza, drenando la vitalidad que le quedaba para concentrarse en el orgasmo próximo.

Su mano derecha enterró sus dedos en esa sedosa cabellera cobriza y su cabeza se apoyó pesadamente sobre el hombro de él, gracias a que él estaba encorvado hacía delante; estaba segura que él observaba directamente hacía la cadera de ella y como su mano trabajaba. Abrió los ojos someramente, y estaba vez logro llegar a verlo, estudiando como la mandíbula de él estaba endurecida, sus dientes apretados y sus labios fruncidos; y fue ahí, cuando se enteró que esos profundos ojos verdes estaban clavados en su rostro. El calor aumento en sus mejillas, quemándola, y avergonzándola, estaba por mirar hacia otro lado, cuando la mano derecha de él abandono su pecho para tomarle el rostro, obligándola a que le mire. La presión dentro de ella se hizo insoportable, y por algún motivo, la mirada continua de él, le impulso a dejarlo fluir, tal vez por qué él se lo demandaba sin palabras. Cuando el espasmo de placer comenzó a sacudir su cuerpo, haciendo temblar cada musculo dentro de ella, obligándola a doblegarse entre los brazos de él, convirtiendo su cuerpo en puro calor y haciendo explotar su vientre en un vorágine de necesidad y relajación, que fluctuaban rápidamente coaccionándola para que liberase un gemido pesado y primitivo. Todo su ser se perdió entre el placer para luego desintegrarse, soltando lo contenido que no se agotaba dentro de ella, sino que se recargaba y renovaba para que padezca maravillosamente de más orgasmos. Por lo que se perdió, sintiéndose desfallecer cuando el fulgor dejo sin fuerzas su cuerpo, sin reconocimiento si aún estaba viva.

No supo cuánto tiempo paso, quizás años, días o segundos, cuando se sintió volar, por lo que abrió los ojos, enterándose en ese momento que los había cerrado, notando como Edward la había tenía aferrada entre sus brazos para dirigirse hacia la alcoba de él, la alcoba de ambos. La determinación, junto a lujuria que se marcaba en sus facciones le hizo sonrojar, pero le desconcertó cuando él la llevo hacia la habitación. Era vergonzoso tener los pantalones bajos, dejando su pubis al descubierto, pero le dio más vergüenza, tener que preguntar-eh… ¿Qué haremos?- esa consulta, hizo que los ojos de él, se dispararan hacia ella, donde pudo notar lo oscuro en su mirada verde, ese oscuro que solo significaba una cosa…él se enterraría en ella tantas veces como fuese necesario para calmar las ansias, las ganas, la lujuria…la bestia dentro de él. Se paralizo un instante cuando la coloco, con sumo cuidado sobre la superficie, como si ella fuese compuesta por vidrio, algo que le amargo ligeramente, ya demasiadas cosas había hecho con su cuerpo como para que le trate de esa manera. Pero lo cierto es que él era eso, su comportamiento dual donde la cuidaba como si fuese lo más precioso, ansioso y preocupado hasta la histeria de que ella no se lastime, de que ella no pase penuria alguna y al mismo tiempo, cuando estaban solos la tomaba sin contemplaciones, exigiendo a su cuerpo, mente y alma a nuevos retos, dejándola agotada, marcando su dermis con mordidas, presiones y chupones que le recordaban por días que él paso, que dejo su huella, y haría otras nuevas tan pronto como la oportunidad se presente.

Porque el cuerpo es poco, pero la imaginación y la necesidad de él era ilimitada, y al mismo tiempo… ¿no la hacía a ella peor que él? ¿No la hacía una loca enferma aceptarlo así? Porque cuando estaban separados unas horas, la histeria y urgencia se elevaba dentro de ella, no pudiendo apartar idea coherente que le permitiese discernir con la sensación que le impulsaba a buscarlo. Porque sabía que era una enferma obsesión, y la presión dentro de su cabeza aumentaba, dejándola desprotegida, perdida, y a la merced de ese impulso que le susurraba al oído, como coros nerviosos y hambrientos, que le guiaban de tal manera, que ya no sabía dónde se limitaba ella y la necesidad por él. Noto como él paso sus dedos por su boca, esos dedos que estuvieron dentro de ella, por lo que mordió su labio inferior, emocionada y desconcertada cuando paso su vista hacia el bulto hinchado que era resguardado por su pantalón.-dime, Bella…-murmuro, a lo que ella casi se pierde cuando él levanto sus piernas para ayudarle a sacarle la pantalones, para luego asistirla para que se siente así le quietaba la prenda de arriba, mientras que él se sostenía con una rodilla en la cama y su otra pierna apoyada en piso-…¿Qué haremos?- todo el rostro de ella se volvió tonalidad rojo también recubriendo su pecho de la misma tonalidad, cuando él termino de quitarle su camiseta, dejándola desnuda frente a él; solamente usaba corpiños cuando iba hacia la casa de sus padres o tenía gimnasia, nada más, no había necesidad de cubrir algo que no tenía, su pecho pequeño la perturbaba, pero al mismo tiempo evitaba perder tiempo en quitarse esa molesta prenda cuando estaba con él. Pareció perderse, enfocado en el pecho de ella, por lo que pasando la lengua por sus labios, humedeciéndolos, levanto la mano derecha para pasar sus dedos por su pezón derecho, palpando lo erecto que estaban.

Entrecerró ligeramente los ojos, mientras que su corazón latía a mil por hora, y el aire volvía a condensarse. Abrió la boca para hablar, cuando él con el dedo gordo de su mano masajeo en forma circular la aureola de su pezón. La mirada de él estaba clavada en ese pezón, como si fuese algo fascinante, digno de estudio y observación meticulosa. Trago pesadamente, quedándose sin palabras, cuando la guio para que volviese a costarse, una vez horizontalmente, él bajo su torso para guiar su boca a ese afamado pezón. Curvo ligeramente su columna cuando sintió los labios de él recorrerlo y por instinto, al conciencia que ella tenía pequeños pechos, levanto la mano izquierda para tomar su pecho derecho, apretándolo, y así darle más tamaño para que él pudiese mamar tanto como lo desease. Chupo fuertemente, pero no le importó, como si quisiese sacar leche de ahí, y los gemidos de ella no se hicieron esperar, mientras que su vagina nacía la sensación y el vacío que aparecía cuando él estaba cerca, demandando su carne para poder llenarse, para sentirse completa. Lamio y chupo, con devoción y en forma errática, pasando de lento a rápido dejándola necesitada mientras que su entrepierna se calentaba, se apretaba y reclamaba por él, exudando el néctar que él tanto amaba. Edward masajeo con su mano izquierda el otro pezón, sosteniéndose con el antebrazo derecho. La mano derecha de Bella viajo hacia la cabeza de él, instigándole a que siga chupando, mamando como si de eso dependiese su vida, y en cierta manera era cierto.

Dejándose llevar por la sensación y la promesa de obtener lo hermoso, soltó su pecho para bajar el brazo y así pasarlo por debajo de él, que estaba inclinado hacia delante chupándola devotamente, y palpo su bulto dentro de su jeans para apresarlo entre sus manos. Sintió como él tembló ligeramente, para que, con el sonido de "pop" soltase su pezón lleno de saliva.- ¿Qué es lo que haremos…mi bella?- reformulo, mientras que la saliva en su pezón caía hacia un costado, delineando su figura, haciendo que ella frunciese el ceño, ya que se había olvidado que ella lo había preguntado antes. Él paso su pierna izquierda y así arrodillado, apresarle entre medio de él. Se saco la camiseta rápidamente, a lo que ella le fascino su escultural pecho, dejando caer ligeramente el agarre de su miembro. Cuando él sintió que estaba abandonando su toque de su carne, tomo rápidamente la mano de ella, para obligarla a que reconozca y localice lo que dentro de poco recibiría. Ella volvió a morder su labio inferior, y una sonrisa despiadada y seductora cruzo los labios de Edward.- ¿qué crees que es lo que haremos, mi Bella?-

La mirada de ella paso de su pecho hacia su zona pélvica, donde se estaba erigiendo la lanza que le atravesaría en menos de un instante, un pensamiento paso fugazmente por su cabeza, a lo que frunció el ceño para abrir la boca y hablar; mas fue cortada rápidamente por la boca de él que comenzó a asaltar su boca sin piedad. Su lengua…por todo lo santo…esa aplicada lengua, tomo dominio dentro de su boca, a lo que ella intento luchar para tomar más espacio, pero esta se imponía, impartiendo un tempo rápido y furioso, necesitado y aclamado, la antesala a la penetración. Su corazón retumbaba en sus oídos, el calor cubrió su piel, mientras que comenzó a traspirar ligeramente por más que el invierno se estuviese avecinando sin clemencia ese año; porque todo se daría y podía sentir como él la besaba con furia y la sagacidad necesaria para marearla y dominarla. Levanto sus manos para colocarlas entre las mejillas de él, acercándolo, como si eso fuese posible a su boca, mientras que él se movía encima de ella. Hasta que sintió el contacto de sus piernas velludas, que se introducían entre medio de las de ella, entendió que él se había logrado quitar los pantalones.

Estiro el cuello hacía atrás, para obligarlo a romper el beso, cuando sintió que ya no podía respirar más, y él siguió, riguroso, besando su cuello, apretando sus labios contra su piel, para dejar la marca de la bestia. El fulgor, sensación que ocupaba toda su anatomía, aumentaba, mientras que la respiración se presurizaba y la piel se calentaba en forma febril. Sintió que él tomaba con su mano derecha su cadera y así acomodarla; a lo que único que pudo pensar, cuando su pene toco cerca de su entrepierna, que tenía algo que hacer y por algún motivo, no era esto. Entre la nebulosa de placer, ansiedad y necesidad, esa idea regreso a su cabeza y miro la mesita de luz, dándole a entender que eran las 8 am, por lo que abrió impresionada los ojos.-Tengo que ir al colegio…-le informo alarmada, pero todo se diluyo cuando sintió la cabeza de él justo en su entrada, preparada y traspirada para recibirlo. Él la miro un instante, y sonrió maliciosamente, dejándola paralizada, mientras que sin pausa pero sin prisa se introducía dentro ella; exhalo en forma satisfactoria y urgente, como quien conoce por primera vez la relajación pura, cuando le sintió introducirse dentro de ella, en forma resbaladiza y natural. Cerro los ojos, cuando casi podía jurar que sentía como todo su cuerpo se amoldaba perfectamente al tamaño de él, como la longitud de él ocupaba más terreno dentro de ella, reclamando sin clemencia lo que le pertenecía.

-Edward…-salió en forma de súplica el murmullo, a sabiendas a que sabía a lo que ella se refería. Una parte de ella, que luchaba por mantener su entereza, por más que esta fuese débil y estúpida, sabía que tenía que ir a clases, ya que estaban cerca de los exámenes muy importantes, pero la carne de él obligaba a palpitar su centro, a contraerse y exudar el elixir de la vida misma, la excitación en su más pura esencia. Pero él empezó ese compas, ese hípnico y hermoso compas, estableciendo el baile que él le había enseñado, donde se elevaban a otro plano de existencia, donde la piel era poca, las secreciones muchas, los gemidos ensordecedores, y las sensaciones plenas; desde adentro hacia fuera, lenta y tortuosamente, estableciendo su jerarquía en todo lo que competía a ella, ya que logro que ella se olvidara de sus responsabilidades, de la vida que existía fuera de esa casa, de la realidad que amenazaba con aplastarla algún día. su parte baja estaba sostenida por las piernas de él, ya que Edward estaba arrodillado mientras que ella se mantenía acostada; entre la marea de placer que se elevaba dentro de ella, se sorprendió cuando solo sintió que él movía su cadera, introduciendo su carne sin perder el ritmo pero no le sintió encima de ella. Por lo que volvió a abrir los ojos, y noto como el sostenía, con la mano derecha un móvil, dejándola paralizada; no solo que pudiese seguir fornicando mientras realizaba una llamada, sino que la lujuria de él se mantenía pero también su control. Se sonrojo, porque esos ojos verdes no la dejaron jamás, sino que se encauzaron en ella, por lo que él metió los dedos de su mano derecha en su boca, a lo que cadera comenzó a moverse más rápido, rigurosa y vertiginosamente, para seguir metiendo su pene dentro de ella.

Quiso detener su cadera, para alejarse del sexo de él, con temor y vergüenza de que alguien del otro lado de la línea la escuchase, pero él pareció leerlo en su mirada, por lo que saco sus dedos de su mano izquierda para dirigirlos directamente hacia su clítoris, para jugar con este. Un gemido, salido con pudor y calentura, escapo de sus labios, por lo que se tapó la boca, sin poder detener su propia necesidad de moverse con él. Los labios de él se curvaron, en esa sonrisa torcida tan característica, antes de hablar.-hola…- ella se desesperó, tratando de escapar, pero la mano izquierda de él viajo hacia la cadera de ella para obligarla a quedarse, a seguir recibiéndolo sin tapujos. Los ojos de ella se abrieron entre el estupor y el terror de que alguien pudiese escucharla, por lo que tapo con más fuerza su boca, cuando las penetraciones se hicieron más pesadas, profundas y avasalladoras. El estremecimiento creció por su espalda, agitándola, a lo que el globo fue llenándose.-…soy Edward Cullen…es para avisar que Isabella Swan no podrá asistir a las primeras clases…-la vergüenza junto a la pena la bombardearon, mientras que su cuerpo parecía ignorar lo que eran esos sentimientos, ya que su cadera seguía la feroz y constante oscilación.

Él había hecho lo que siempre hacía… establecer su voluntad dejándola perpleja. No dejaba de fornicar, ya que, de vez en cuando, cuando su parte aun sana, que era más débil y se desvanecía entre la bruma que se expandía en su pecho, le indicaba que no había amor en el acto; había algo más, algo oscuro y pesado, tal vez antiguo y retorcido, que pasaba los cánones del amor y el odio, sino que formaba parte de la esencia misma de la vida y la muerte, y era eso lo que él expresaba por ella. Su labio inferior tembló, en una mezcla de necesidad física potenciada por las profundas y constante penetraciones, rozando cada parte que podía ser estimulada dentro de ella, pero también porque quiso llorar; porque se sentía marchita y descolocada. Ya que quería otra cosa y al mismo tiempo, esto era lo que necesitaba; porque era él y las ambiciones, los cuentos de hadas y proyecciones fantásticas no se concatenaban con la realidad que aplacaba y absorbía. Y lo conocía, el tiempo de las mentiras y las excusas habían terminado, determinando que quedara él. Él, la realidad, los sentimientos y esas ganas de llorar y gritar que siempre se presentaban cuando la voz dentro o fuera de ella, se acallaba.

Él pareció notar la tristeza en ella, más cuando sus ojos se llenaron de lágrimas, por lo que endureció sus facciones.-…si, tiene consulta médica…-se calló un instante, mientras apretaba los labios y una gota de sudor, que nació desde su frente recorrió el contorno de su rostro.-…es probable que no pueda ir en todo el día…- su cadera siguió el impulso, con más fuerza, como si buscase enterrarse dentro de ella, para que le absorba y pueda vivir dentro de su vagina.-…ella está bien…-algo en su tono alerto a Bella, que torció el rostro en forma placentera, cuando estaba llegando a ella, en forma potente y sin medida el placer que él solo podía brindarle. En un esfuerzo sobrehumano, mantuvo su boca tapada, para no dejar escapar los gemidos indecorosos, nacidos de su alma. Edward apretó la mandíbula, dejando salir un resoplo entre medio de sus labios.-…yo me encargare de eso…-y corto la llamada, a lo que eso marco la pauta, de que no se contendría y no quería que ella lo hiciera. Sin cuidado alguno tiro el celular a un costado de la cama, para luego inclinar su pecho hacía ella, y con la mano con la que había tenido el móvil tomo la mandíbula de ella, para que reciba su boca. Porque el control y la imperiosidad estaba ahí, necesitaba que ella le responda, que ella actué, que ella lo sienta para recibirlo; sin importar la circunstancias, sin importar la mierda que él pudiera hacer, ella era suya. Porque la bestia lo establecía, porque él la había quebrado para su placer, porque ella se lo había prometido.

El beso profundo, sin contención y emulando las estocadas potentes y sagaces de su falo, la dejo sin aliento, por lo que cerró los ojos para recibirlo, haciendo que unas lágrimas fuesen derramadas.

-dilo…-él demando profundamente, cuando soltó sus labios y siguió besando el rostro de ella, a lo que ella tuvo que subir sus piernas, para rodearlo y así poder soportarlo, mientras que paso sus brazos para poder abrazarlo y así acomodarle mejor encima de ella. Su respiración se apuró, cuando las cosquillas, casi dolorosas crecieron dentro de ella, cuando él, con su falo y su aliento sobre su oído, abarco cada parte de ella. El calor aumento y no creyó soportarlo más, porque explotaría si lo ocultaba y trataba de evadirlo, porque las fuerzas eran drenadas y el fulgor se apoderaba de ella. Podía sentir toda su carne dentro de ella, el cuerpo de él encima de ella y su demanda sobre su oído.-…Dilo…-pidió con más urgencia.

Y por más que quiso contenerse, en un inútil intento de resistirse, tuvo que dejarlo ir. Nada cambiaba las circunstancias y la voz en su cabeza que amenazaba con clavarle un puñal en su cerebro si no lo decía.-…te amo…- ella dijo en forma de súplica, para dejarlo ir, para liberarlo y al mismo tiempo, cuando el orgasmo se apodero de ella, mamando su pene, perderse en la sensación. Y la voz en su cabeza dijo con gusto y éxtasis "Mío, él es mío", y lo más triste de todo que lo único que podía pensar, mientras que sentía como él descargaba dentro de ella, ¿Qué era lo que pasaba por su cabeza?

Érase una vez un anhelo

Había pasado casi dos años desde ese día, donde todo cambio y se moldeo de tal manera que no permitió dejarlo que fluya naturalmente, sino que se forzó y se torció para no morir cuando la tormenta paso. Supo que algo estaba mal, lo supo esa maldita noche, fue como caer en otra realidad donde quedo desprotegido y más descolocado que antes. Porque ahí lo entendió y fue horrible tener que darle un nombre, porque implicaba tantas cosas, nefastas y prometedoras, pero en su mayoría tenebrosas. Busco ayuda, fue donde dijo basta y busco la ayuda necesaria para darle forma a sus ideas y esas sensaciones de las que durante mucho tiempo huyo. Y entendió, que todo lo anterior no tenía el espesor con lo que ahora se estaba enfrentando, como si todo lo anterior fuese un juego de chicos y ahora tenía verdaderos problemas. Claro estaba que grito, despotrico y maldijo al supremo, pero pareciera que este se burlase de su insignificancia porque no aplaco los sentimientos sino que los formo para que los reconociera, los aceptara y se agotase con tratar de luchar contra estos.

Por lo que primero puso las cosas en orden, guiado por su sicólogo, y fueron tantos los errores cometidos, bastantes profundos y penosos, que casi no lo hace, pero hizo lo necesario, ya que necesitaba liberarse, necesitaba sacar de su pecho las culpas y pestilencias que siempre le apresaron. Fue un proceso lento pero positivo, algo escabroso, mas lo hizo porque era necesario, para arrancar a vivir su vida, sin la pesadez que cada vez se establecía más en su cabeza. Aun así su mente, de vez en cuando, viajaba antes las faltas cometidas, rememorándolas, para aplacarlo y contradecir el progreso logrado; aunque trataba de no caer en la inmundicia que quería contaminar su figura, a veces se perdía, no dándole merito a lo conseguido. Pero cada vez eran más esporádicas esos malos momentos; ya que se reiteraba que el pasado no podía cambiarlo, que las lágrimas derramadas no podían evitarse, pero si se secaban, se olvidaban y se continuaba a partir de eso. A la primera persona que pidió asistencia fue a su madre, donde le conto la verdad…bueno, parte de la verdad, el resto- y lo más importante- no se atrevió a mencionarlo; fue un proceso de reparación largo y tortuoso, pero al mismo tiempo fue lo que él necesitaba y al parecer, lo que su madre también.

Su madre le acompaño, para que no decaiga, y bilateralmente, ella se sintió útil. Comprendió, que después de que la caja de Pandora se abriese, había afectado a tal punto a Esme que nada de lo que hiciese era suficiente para ella. Hasta cierto punto lo entendía, ha de saber el supremo todas las tensiones y problemas que tuvieron que pasar Bella y Edward durante mucho tiempo, y todos se confiaron de que no era nada grave, aun cuando las circunstancias alrededor de ellos fuesen nefastas. Pero Esme se sentía completamente responsable de esto, y por lo tanto, soporto estoica la mierda que le tiraron, los reclamos, valederos o no, que ejecutaron contra ella… y su madre lo soporto, porque creía que lo merecía, realmente pensaba que era culpa de ella todo lo desencadenado. Y aun la normalidad había regresado, su madre aun lo demostraba en su mirada, por más que intentase ocultarlo, estaba expectante a un peligro que solo ella podía intuir y nadie comprendía.

No fue necesario llegar al extremo de tomar medicamentos, su melancolía estaba relacionada con su falta de hablar cuando el problema estaba presente, y así no consumirse en reproches y sanciones innecesarios. Por lo que las medidas tomadas fueron pesadas, y al mismo tiempo, ya dos años pasados desde que comenzó la terapia, sabía que había evolucionado al punto que estaba conforme consigo mismo y su accionar, aun cuando evadiese el gran problema de su vida.

Se quedo mirando un instante la ventana, cuando sintió que su cabeza le dolía por más que fuese un reflejo de lo que realmente le molestaba. Paso la mano por su cabellera, incomodo, esta conversación elevaba su nerviosismo hasta el punto de la histeria, ya que nacía desde adentro la necesidad de escapar, de no hablar de lo que no tenía que existir y al mismo tiempo, sabía que tenía que decírselo a alguien. Podía sentir como su sicólogo, Diego, esperaba, porque había dado la pauta durante estos años que algo ocultaba, algo crecía dentro de él y al mismo tiempo, fue lo suficientemente hábil para mantenerlo alejado de las sesiones, sin vislumbrar nada de lo que realmente le aquejaba en este momento. Diego aclaro un poco su garganta, llamando su atención, por lo que torció el rostro molesto.- ¿cómo salieron en el partido del fin de semana?- Jasper resoplo, dándose coraje, aun cuando ambos supieran que era el preámbulo para lo que vendría.

Se quedó pensando un instante, cuando respondió.-bien…hubiera sido mejor si Emmett hubiese estado…pero le ganamos…-su voz fue monocorde, y los ojos de Diego siguieron las manos de Jasper, que volvieron a pasar por su cabello.-…a veces… no tendría que preocuparme tanto ¿no es cierto?- estableció, más que nada para sí mismo, mientras que agitación crecía dentro de él, porque la mayor verdad sería dicha, y no sabía cómo reaccionaría si él mismo la escuchaba en voz alta.- tengo un gran trabajo…ya me pude comprar mi auto y estoy pagando mi propio departamento…-se intentó convencer, quien sabe de qué, y al mismo tiempo, su mandíbula se tensionaba, mientras que sus músculos se endurecían. Se callo un momento, volviendo a mirar la ventana, millones de ideas viajaban por su cabeza, colisionando, porque no quería decirlo y aun así, era primordial hacerlo.

-es normal preocuparse…es lo único que nos distingue del resto y nos hace únicos…-menciono Diego, a lo que Jasper le miro confundido.-…no es lo mismo que nos preocupa a ti que a mí, mediante nuestras preocupaciones, miedos y deseos, nos formamos, delineamos nuestra vida, establecemos, por decirlo de alguna manera, lo que haremos y que camino tomaremos…así que si es normal preocuparse, aunque sea de lo más minúsculo.- Jasper asintió lentamente, captando el punto de vista de Diego. Se recostó ligeramente sobre la silla, relajando su figura, y mantuvo el silencio un instante.

-anteayer vi a Alice…-comento.- pudimos mantener una charla, eso ya es algo… hice mal tantas cosas.- agito la cabeza decepcionado de sí mismo.

-ella no te ama, Jasper…-el joven rubio, se focalizo en él. Diego, sonrió meramente.- tú lo sabes, yo lo sé, ella lo sabe. Dime ¿Por qué comenzaste a salir con ella, hace poco más de un año?

-porque la amaba…o al menos eso creí…-apretó un poco los labios.-…o sea, pasaron tantas cosas entre nosotros.

-¿en serio? O ¿pasaron tantas cosas en la vida de ambos en el tiempo que ambos estaban atraídos mutuamente? Por lo que me has contado, casi nada paso entre ustedes…tú la usabas para tener sexo, con ella descargabas tus frustraciones…

-gracias por hacerme sentir más mierda de lo que realmente soy.-sus facciones demostraron asco. Esto no detuvo a Diego, sino que le alentó a seguir.

-¿quieres una apreciación de la realidad o un cuento de hadas?- cuando Jasper no dijo nada, continuo.- eres joven, tienes permitido equivocarte, de chocarte con una pared si hace falta y con Alice lo hiciste….yo creo que ella te amo en un punto, por eso insistió, pero al final, fue una proyección en su cabeza, ella hizo su propia historia a parte de la realidad y al final, al no obtener lo que buscaba, también desistió. Ella creció y te dejo ir, al igual que tú, la dejaste ir.

-y si tanto ella siguió su camino ¿Por qué me odia tanto?- estableció disgustado. Diego obvio su tono.

-porque tú representas una mala época en su vida, Jasper, al igual que durante mucho tiempo ella lo fue para ti… ella perdió a su hermana, y por lo que me dijiste, su familia se despedazo, ya no queda nada para ella, y fue durante el tiempo que estuvieron juntos…así que no te sientas culpable, eras joven, y ella también lo es, lo superara, se repondrá a su tiempo…al menos, como dijiste, tuvieron una charla.-el joven Cullen asintió sin mucho convencimiento, pero fue lo que necesito escuchar para poder continuar.-¿y porque has mencionado a Alice?- Jasper levanto una ceja, desatendiéndose del tema, aun cuando todo su porte se denotaba que se estaba aproximando a un tema sensible y por lo tanto, lo que realmente le fatigaba.- hace tiempo que hablas de ella, si mal no recuerdo estábamos hablando de la relación con tu padre. ¿Tanto te afecto la charla con Alice?

-mi padre…- suspiro cansado.-…él es otro tema, y ella…a veces creo que la odio tanto…-levanto las manos, apretando los puños, frustrado, para luego bajarlas. Apretó los labios, mientras que la dureza se originaba desde su mismo centro, elevándose por su espalda y así apretar su cuello.-…y después entiendo que no…sería tan fácil si tan solo…-paso las manos por su rosto frustrado.-…después la miro y creo que no…ya no sé lo que me pasa con ella…-Diego frunció el ceño, sin lograr comprender a quien se refería.-…y lo peor es que ella estaba feliz por mí, de que yo este viniendo aquí, que yo este progresando.-bajo la mirada avergonzado, con las mejillas ligeramente sonrojadas.-…anteayer me abrazo…y…no pudo evitar masturbarme después de eso.- murmuro despreciativo

-Jasper …¿estamos hablando de Alice aun?- tanteo el terreno lentamente Diego, por lo que el aspecto del joven pareció derrotista.

-estoy hablando de mi hermana, Bella…-levanto la mirada para ver la expresión de sorpresa de Diego, que al instante relajo, para volverse pensativa.-ya sé lo horrible y retorcido que suena, de hecho, las últimas tres mujeres con las que he estado tenían el cabello y ojos similares a ella. Y me odio tanto por sentirme así, y no puedo evitarlo...-trago con cierta dificultad mientras que sus ojos se volvieron rojos como si quisiese llorar.-…soy un enfermo.

-¿Por qué crees que eres un enfermo, Jasper?

-¿Como por qué?- dijo exasperado, parándose de la silla, para luego caminar en un lado a otro frente al escritorio que le separaba de Diego.- ella es mi hermana ¡por todo lo santo! Ella es…

-Jasper…-pronuncio, como quien le habla a una criatura para que entienda- ella no es tu hermana, ni siquiera fueron criados juntos…estuvieron un par de años bajo el mismo techo, tratados como si fueron hermanos pero después del tiroteo ella se fue a vivir con tu tío. Ella…no es tu hermana.-esto hizo detener Jasper un instante, colocando sus manos sobre el respaldo de la silla, no es que fuese un imposibilitado mental, pero sabía las implicancias y consecuencias si intentaba algo con Bella, sabía que algo horrible pasaría, no podía especificar qué, pero sería sangriento y atroz.

-ella es la única que siempre me entendió, aun cuando no me comprendía a mí mismo, ella es…-dijo y algo en su voz se rompió, cuando sintió que el peso de su pecho se fue evaporando ante la verdad impuesta por su boca y las razones establecidas por Diego.-..Y al mismo tiempo, cuando no puedo dejar de pensar en ella…la odio tanto.

-¿Por qué la odias?- demando Diego, sin llegar a entender su punto de vista.

El rostro de Jasper se relajó, entre la melancolía y la maravilla, como quien comparte la verdad del mismo universo, donde todo es caos pero a su vez espectacular, entre sus reacciones solares, entre las muertes de las estrellas y el nacimiento de otras, entre tormentas y calmas que afectan tantos componentes para crear la paz y el desorden sin que permita que el cerebro lo procese sino que solo lo sienta desde el alma misma. -¿Cómo no odiarla? Si es preciosa…ella es hermosa.- pronuncio embriagado.- ella es…ella, y tarde tanto tiempo en darme cuenta lo que era. Me siento en desventaja en comparación. Porque ella no podrá jamás sentir lo mismo y al sonreír, sabes bien que no habrá alguien como ella jamás…y yo quiero parar de sentir esto, pero no puedo porque ella me mira y sé…lo sé…que crece a cada día.

-¿y a que le tienes miedo? ¿Qué te preocupa tanto? ¿Qué ella no sienta lo mismo?-Jasper suspiro pesadamente, bajando la cabeza.

-yo sé que ella no siente lo mismo…ella me ve como a su hermano, cuando yo deje de verla de esa manera hace tiempo…no puedo dejar de imaginar lo que sería besarla, introducir mi lengua dentro de ella, que se retuerza bajo mi cuerpo. No puedo escapar de lo que siento por ella…y aun así, si ella diera huella de que siente lo mismo, ellos no me dejaran hacer nada.-una sonrisa se asomó en los labios de Diego.

-si te refieres a tu padre y tu tío, ellos tendrán que acostumbrarse si eso es lo que ambos quieren…es tu vida y la vida de ella, no la de ellos. Sabrán amoldarse a lo que vendrá si es que la circunstancias están a favor tuyo.-el joven Cullen agito la cabeza.

-tu no escuchaste la forma en que Edward hablo ese día, y le creo...ese día lo noto en mí antes de que yo me diera cuenta…no sé cómo lo hizo, como si supiera reconocerlo…él me matará si llego a intentarlo.

-ese día fue algo extraordinario en la vida de ustedes, no significa que sea algo que realmente quisiese decir…-estuvo por abrir la boca, pero Diego se apuró.-…hace mucho tiempo leí en algún lado…-pareció que quiso recordar, pero no tuvo éxito.-…solo sé que no tienes por qué manejarte ante los deseos de los demás, porque no estas dañando a nadie, solo estás enamorado de Bella. Y si va contra las imposiciones de los demás, problema tuyo no es…!ah! ya lo recuerdo, claro que no es tan dramático, decía algo como "A veces tenemos que destruir a alguien para salvarnos a nosotros mismos". Y si ella responde a tus sentimientos, no debes detenerte ante lo que los demás quieren…¿no es cierto?

Este dicho fue lo que hizo que la preciosa joven, cayera de lo alto, para bañar la hermosa alfombra de sangre.

Érase una vez una duda

El hecho que su amiga hubiese faltado a clases le sulfuraba, sabía que estaba siendo irracional, de hecho, Bella había estado cuando todo su mundo colapso a su alrededor, pero ahora cuando sentía que estaba contra la espalda y la pared la necesitaba más que nunca. Le mando algunos mensajes los cuales no fueron contestados, dicho sea de paso, fueron lo que derramaron la gota al vaso; por lo que tuvo suerte de no mandar todo a la mierda e ir en busca del responsable de su actual condición, o la responsable en su caso. Estaba tan fuera de sí, que casi busca a Jacob para validar algo que no tenía sentido alguno, e incluso pensó en Jasper, lo cual le hizo dar cuenta que estaba pensando insensatamente. Sentía que todos lo sabrían si solo le miraban al rostro, e incluso, podría jurar que algunas personas ya lo intuían; sabía que todo era producto de su imaginación, mas aun el temor persistía.

No quería contemplar las implicancias, de hecho, no se planteaba lo que pasaría en el futuro si todo fuese verdad, por más que su inconsciente ya lo hiciese, sino que podía sentir un aspecto nuevo de sí misma había despertado y no había marcha atrás. Y era eso lo que más le molestaba, lo que movilizaba cada fibra dentro de ella, esto marcaba un antes y un después, ya no habría retorno y eso le paralizaba hasta la medula. Con la muerte de su hermana, Irina, su vida se había transformado al punto ser irreconocible, ya no tenía nada de lo que pudiese catalogar como propio; su madre, o al menos, la sombra de la que fue su madre, vagaba por la casa, bajo tratamiento siquiátrico y su padre, realmente no estaba, era un ente que aparecía de vez en cuando para saber si necesitaba dinero. A todo esto, quedo ella, sola, a la deriva sin entender porque el supremo era tan cruel, y como había quedado en la nada misma.

Emmett estuvo, a su forma, estuvo para ella, yendo contra las limitaciones emocionales que tenía, se demostró atento y comprensivo. Los Cullen, también, e incluso Rosalie, quien jamás pensó que podría comportarse tan humana, le sostuvo emocionalmente. Y sabía perfectamente que Jasper no había terminado la relación, sino que estiro lo imposible, para evitarle más dolor. Pero la única que realmente se quedó callada, sin decir nada, sin decir cosas que no servían para nada, fue Bella. Porque ella lo sabía de primera mano, cuando todo se despedaza no hay palabras de aliento, ni predigas que suenan huecas y ni abrazos que realmente pesan; porque cuando alguien muere, nada puede deparar o hacer más tolerable el dolor. Porque cuando alguien muere, el resto muere con este, y eso había sucedido con Alice. En el día del funeral se quedaron las dos sentadas, fumando un cigarrillo que no sabía de donde había sacado, mientras miraban a la nada. Fue lo único que necesito, e incluso noto como Bella había dejado una mano su mano izquierda a su costado abierta, sin moverla, sin obligarla a hacer nada, solo la dejo ahí; por lo que después la tomo sin decir nada, entrelazando los dedos, mientras seguían fumando.

Porque ahora Irina se estaba pudriendo debajo de la tierra, y el desastre había quedado, destruyendo el hogar que le había visto crecer. Incluso cuando confeso que odiaba a su hermana por ser una drogadicta de mierda que murió entre medio de su inmundicia, Bella no la sanciono, sino que asintió, dándole la razón. Le estableció en pocas palabras que no estaba mal odiarla, porque duele cuando las personas que amamos mueren, y nos dejan detrás. Porque jamás hay que tener pena por lo muertos sino por los vivos que quedan en el camino tratando de recoger los pedazos de lo que alguna vez fueron. En ese instante fue cuando lloro, y lloro, dejo escapar todo, la ira, la pesadez, el amor que le tenía a su hermana, y su estupor al entender que no la vería más. Porque los muertos, muertos están y nada lo cambia. Y ahora quedaba nada para ella, nada que llamara propio, nada de nada.

Así que el tiempo paso, todo se fue asentando, estableciendo su nueva realidad; apenas se quedaba en su casa, no era porque no quería cuidar a su madre, sino que no soportaba verla de esa manera, y sabía perfectamente que su madre no soportaba verla tampoco. Su personalidad, tan vivaz y jovial se había modificado ante lo sucedido, volviéndose sombría y osca; llego al extremo de casi romperle la cabeza a su tía, la madre del Emmett cuando le reclamo por no estar más tiempo con su madre en este momento de dolor. Pero se contuvo, no solo porque estuviera embarazada, sino porque su boca vomito un par de verdades que le dolieron y se sintió triunfal cuando vio el daño que le ocasiono a su tía cuando le dijo sobre su abandono hacía su propio hijo por mucho tiempo, y como aun ahora, no tenía tiempo para hacerse cargo de ese gran muchacho, sino que había vuelto a formar una familia sin incluirlo a él. Por lo tanto, a partir de ese día, y por mucho tiempo, se volvió normal quedarse a dormir en la casa de Bella.

Edward le recibió cálidamente y Bella le trato con normalidad, porque sabía perfectamente que no había nada que pudiese hacer, sino que establecer cierta regularidad en su vida. Esa fue su vida, de vez en cuando, su padre la llamaba para saber dónde estaba o si necesitaba algo, a lo que ella respondía que no, que estaba bien y no se despedía; comenzó a odiar lentamente a ese hombre, al igual que a su madre. De vez en cuando le mentía a Bella, sospechaba que esta lo sabía, pero no decía nada; y después del trabajo, se iba a alguna fiesta, a veces acompañada por Jacob, a veces sola. Y fue en una de estas fiestas, donde conoció al ser que ahora le atormentaba y le llenaba de un júbilo irracional. Porque Bella se dio cuenta de su cambio, como de a poco regresaba a ser como era antes, como después de la muerte estaba regresando la vida a ella. Pero no dejaba de ser difícil y bastante preocupante su nueva realidad…y Bella había faltado hoy a clases, sin responder el móvil, después de lo acontecido el día anterior.

Había salido, aprovechando sus recientes 18 años, después de clases en busca de esa persona que tanto hacia palpitar su corazón en contramano. Cruzo hasta Port Ángeles, para después de un café, terminar besándose en su auto; se sintió virgen, temblorosa recibió sus labios, tímida y lenta, paso la mano por sus cabellos, apreciando su tersura y fue ahí cuando comprendió que todo había cambiado y por lo tanto comenzó a temerle a lo desconocido. Agito la cabeza, tratando de despabilar su mente, cuando sintió su móvil vibrar, reticente, espió de quien era la llamada y más relajada atiendo cuando vio que era de su amiga.

-Al… ¿sucedió algo?- se notó la urgencia en su tono, por lo que frunció el ceño enojada, aún estaba cabreada que no hubiese estado en todo el día cuando su cabeza explotaba ante lo sucedido.

-lo hubieses sabido si hoy estuviese aquí…-le contesto en mala manera, justo cuando salía hacia el estacionamiento de la institución educativa; respiro hondo, cuando Bella no le contesto, sabía que estaba mal su forma de hablar, pero le costaba ser cordial bajo las circunstancias.-…perdón- se avergonzó.- pero realmente necesito…

-vamos, ven…-le interrumpió calmadamente.- hoy haremos unas pizzas para cenar.- una sonrisa se vislumbró en los labios de Al, que relajo sus facciones tenuemente. Necesitaba la regularidad y comodidad que ofrecía Bella, era imperante saber que alguien la escucharía, sin dar consejos inocuos ni la juzgaría cruelmente. Necesitaba saber que al final del día, aun cuando desde hacía un año estaba atrapada en un momento horrible, lleno de espanto y agotador, había una manera de escapar, de encontrar una salida, aun cuando las posibilidades estaban en su contra. Prendió un cigarrillo, mientras subía a su vehículo; espirando aire, para luego mirarse mediante el espejo retrovisor, se estudió ¡por todo lo sagrado! ¿Cuánto había cambiado en tan poco tiempo? No era la misma chica superficial y vanidosa de antes, y aunque extrañaba esa parte de ella; donde se concentraba en cosas que eran modificables y maleables a la realidad, ahora entendía que mucho había cambiado en ella.

Su cabello estaba más largo, casi llegándole a los hombros; tanto su maquillaje como su ropa no tenían el mismo cuidado que antes, de hecho, el negro se había convertido en su color predilecto; y su actitud tan alegre y positiva se había ido al mismo retrete. No tenías las ganas de antes y no quiso tenerlas por mucho tiempo. Pero ahora, y ante un comentario realizado por esa persona, supo que extrañaba tanto de ella misma, tanto de lo que se ocultó entre el dolor de la muerte y lo osco de la putrefacción. Por lo que ato su cabello y sonrió, y por primera vez, esa alegría llego a sus ojos, y ahí fue cuando entendió que realmente estaba jodida. Por lo que murmuro para sí misma.- mierda…-

Érase una vez una carencia

Sus orbes azules se enfocaron en ella, instigándole a que no cerrara los ojos, era un orden tacita, ya que necesitaba saber todo lo que sentía, todo lo que pensaba, todo lo que él le hacía padecer. Las facciones de ella se contrajeron, y sus piernas, que estaban envueltas alrededor de su cadera, perdían vigor mientras más se hundía dentro de ella; ella le succionaba como si quisiese meterle dentro de ella, y él quería introducirse más dentro de ella. El vaivén de caderas era cada vez más furioso, más demandante, más cruel. Porque él sabía que algo le atormentaba, pero ella no le hablaba, y cuando lo hacía, realmente no podía comprender a lo que se refería; jamás fue bueno con los sentimientos, no era lo suyo, podía ser bueno, malo entre otras cosas, podía reconocer cada faceta de la personalidad y las acciones humanas, pero allí a entenderlas era otra cosa. Ella lo sabía y él se odiaba por no poder asistirla cuando más le necesitaba; porque sabía que ella sufría y eso le enervaba.

¿En qué momento todo se había desvirtuado? ¿En qué momento se quedó a mitad del camino sin saber para qué lado disparar? Porque a cada instante se sentía más enajenado de la verdad, más alejado de su familia, más solo que nunca. Y aun así, no tenía ni puta idea donde comenzar, como volver a tener una conexión real, no la apariencia que desde hacía tiempo persistía. Había tantas cosas que hablar, tantos perdones que dar y suplicas que obtener, por lo que se sentía tan desconcertado. Porque sus hijos, ya no se sentían propios, porque su vida ya no era suya sino que un simple espectador, porque ella ya no le hablaba. Porque cada palabra dicha era hueca, sin valor ni energía, solo lo básico para no caer en la desesperación y mentirse lo suficiente para seguir viviendo. De vez en cuando caía en esas reflexiones que tanto le dañaban pero eran acertadas al punto que le dolía en el pecho no tener el valor para tomar las riendas de sus problemas y entablar un curso de acción.

Rosalie vivía su vida, palabras corteses se decían, donde se establecía cierta normalidad a la mesa, pero nada profundo…siendo sinceros, no tenía puta idea que acontecía en su vida. No tenía pista de sus miedos, de sus anhelos, de sus proyectos, nada más allá de lo que demostraba a simple vista. Con Jasper…Jasper…él era un tema que no quería tocar, porque se desataba una bestia en él que quería escapar en cualquier momento; era su hijo, de hecho, su único hijo varón, y al mismo tiempo, una razón para su falta de sueño. No sabía que quería ese hombre de su vida, ya con 22 años había dejado de ser un niño hacía tiempo, y aunque daba pauta que estaba formando su propio camino, claro estaba que este camino fue largo y tumultuoso gracias a las decisiones erradas que tomo durante mucho tiempo, ahora parecía haberse encaminado a un lugar acertado. A todo esto, él no estaba invitado a compartir esta nueva realidad que le rodeaba, ambos, rencorosos y tercos, no podía pasar por alto esa historia de necedades y sanciones impartidas, de palabras hirientes y verdades escupidas. De vez en cuando su hijo visitaba su casa, solo cuando él no estaba presente y él…no tenía el valor de levantar el teléfono para preguntar a su hijo como se encontraba. Todo lo que sabía, lo sabía gracias a su esposa, nada más.

De vez en cuando, su mente viajaba hacía su hermano y esa niña que durante mucho tiempo considero como suya, y aun hoy, después de lo dicho y demostrado, aun después del dolor y esa noche, donde todo quedo dado vuelta y no regreso a tener un balance correcto y manejable, sabía que no había manera que pudiera considerarla de otra manera. Porque la vio crecer, la tuvo entre sus brazos y la amo de esa manera, y de esa manera la seguirá amando; de la misma forma que amaba a su hermano, a quien también crio como suyo. Pero por más que se sintiera de esa manera no cambiaba que ahora tratase de establecer una pantalla para que nada más se escape; porque en dos años no pudo establecer cuál fue el problema y de ahí radicaba su carencia para entender lo que los demás sentían. Por más que lo intentase, y seamos honesto, no lo había intentado, sino que se refugió en lo que era aparente, en lo que le permitía entablar una normalidad ficticia.

Y por último, siendo lo que realmente le atormentaba, estaba …ella. Por lo que apretó los dientes, cuando ella coloco su mano derecha sobre sus ojos, tapándose, y así dejar de verle mientras bombeaba fuertemente dentro de ella. Sabía que no era producto de la pasión ni fogosidad del momento, sino de la distancia que establecía, ya que había cosas que él no entendía, y el sufrimiento de ella era una de estas. Porque a partir de ese día, se marcó un antes y después, porque el desgaste estuvo desde antes mas eso estableció la línea definitoria de lo que realmente sucedía. Carlisle percibió la tristeza en ella, por lo que tomo con su mano derecha, la que antes estaba sobre su seno, su mentón, obligándola a verle. Por tal acción ella tuvo que sacar la mano de sus ojos, presentándose ante él llorosos.

La carne erecta de él la invadía, sin perder la profundidad y firmeza, estableciendo que nada de lo que ella había ido a hablar tenía valor alguno.- jamás, Esme…-le dijo perpetuo, lleno de bronca y necesidad; una lagrima cayo, marcando el contorno del rostro de la mujer. Y se odio. Porque no había otra palabra para describirlo, se odio por hacerle esto a ella; de imponer su insuficiencia ante los pedidos de ella, los cuales ahora eran claros y fuertes, los cuales no podía ignorar o hacerse el desatendido. Mas no los aceptaría. No. No. No ¡no! Porque todos eran pequeños crímenes de los cuales era culpable y ella quería impartir el castigo, por lo que huiría como un fugitivo. Porque eran pequeñas cosas, pequeños hechos, pero cada uno acumulables y definitorios que indicaban el asesinato de lo que una vez fue propio. Y ¡por todo lo sagrado! Él no quería ser un asesino, pero también costaba saber que mierda hacer, más cuando eran personalidades tan potentes como la de él las implicadas, más cuando no sabía cómo demonios dar el brazo a torcer y aceptar que los demás tampoco sabían qué camino tomar. Por lo que era mejor ignorarlo, solo ignorarlo un tiempo más, dejar esa virtualidad en la cual residía persista, para resistir…pero no… ¡mierda! Ella ya no quería morir, aunque eso significase tener que sacrificarlo a él.

Cuando la comezón en su nariz se hizo más notaria, junto a las ganas de llorar, mediante a la creciente opresión en su garganta nacida desde su pecho, siguió moviendo su pelvis para enterrarse en ella; porque ella no le haría esto, porque no podía haber nada sin ella, porque sin ella no había él. Su mentón tembló e hizo lo único que sabía hacer, ocultarse. Por lo que, cuando ella noto la afección en él, Carlisle tomo sus labios, demandando, mediante ese beso, que no dijera otra palabra, que no cavara su tumba con esos delicados labios. Pero Esme lucho, contra la carne que invadía su ser, queriendo llevarla junto al orgasmo que estaba a la orden del día, ya que raspaba en ese lugar dentro de ella donde se originaba el mismo universo y la creación. Levantando sus manos, la puso al costado del rostro de Carlisle, así obligándole a romper el beso, y mirarlo a los ojos.

Sabía perfectamente cuando fue hacía su oficina, diciéndole que tenían que hablar, así proponerle que debían darse un tiempo para aclarar lo que sucedía entre ellos y su alrededor, cuál sería la reacción de su marido. Porque Carlisle podía ser muy primario y volátil cuando algo se descolocaba de su esquema, ya lo habían pasado hacía más de cinco lustros y más cuando ese algo era ella. Primero había negado fervientemente con la cabeza que no fuera necesario tomar tal medida, que todo tuviera solución sin necesidad de tomar ese tiempo que para él era una condena; mas ella se mantuvo firme, como había practicado por mucho tiempo. Ya que todo se desmoronaba a su alrededor, porque sus hijos sufrían, porque su marido sufría y ella se sentía impotente. Así que le imperaba aclarar sus ideas, establecer un curso a tomar y no le era posible estando junto a Carlisle; no implicaba divorciarse, eso era algo horrible y significaría la destrucción de ella misma. Pero si, separarse, relajarse y de esta manera, buscar alguna salida potable. Pero él grito, no queriendo escuchar razones, y algo le enervo cuando ella comenzó a llorar, ya que no era fácil tener que pedirle esto y él no lo entendía.

Por lo que rápidamente, y con cierta violencia, se acercó a ella, con una mirada oscura y posesiva, para besarle y así llevarla al punto donde estaban, ella acostada sobre el escritorio mientras él la penetraba sin clemencia. Cuando miro hacía los ojos de su marido, quien tenía los rasgos llenos de dolor y bronca, lloro más fuerte, repudiándose por no ser más fuerte, por no aferrarse a su cometido y darle un dolor innecesario a ese maravilloso hombre, cual único pecado era ser humano.-jamás…-estableció con la voz rota, toxico y desolado, cuando apretó los parpados llevados por la sagacidad del momento físico y la devastación del alma.-…no me vas a dejar…-abrió los ojos, a lo que lagrimas acidas caían por los ojos de Carlisle, estimulando su propio dolor y llanto.-…no te lo voy a permitir, Esme…-y de pronto, cada molécula de Esme se compenetro con el orgasmo, obligándole a dejar que fluya mediante sus venas, seguido por el derramamiento de él dentro de ella, mientras ambos temblaban.-…jamás…-murmuro y no le permitió hablar cuando volvió a besarla para volver a moverse dentro de ella, sin que ninguno de los dos dejara de llorar.

Érase una vez un espejismo

Paso la mano por sus cabellos, algo cansado y ciertamente distraído, mientras que una resolución tomaba fuerza en su cabeza; de vez en cuando su mente viajaba alta y lejana, sin permitirle disfrutar completamente por lo que había luchado, por lo que había proyectado, por lo que había contaminado la pasión. No era ni tonto ni lerdo, sabía lo que había hecho, y no era agradable tener que afrontar el día a día bajo el peso de su propia conciencia. Porque no había pagado las consecuencias y de la misma manera podía verlas reflejadas en la mirada de ella cada maldito día, a cada endemoniado segundo. Podía sentirlo dentro de él, y de vez en cuando, cuando ella se acurrucaba en sus brazos, en busca de la protección y calor que él debería darle, cuando creía que estallaría por la presión ejercida. Esa parte de él, que durante milenios estuvo latente y estos últimos diez años tomo fuerza y lugar dentro de él, al punto donde no había distinción entre lo que una vez fue y la mierda cual era ahora, no se percataba de lo que se había formado, del conflicto que se estaba originando en el caos que lo componía.

Otro frente se había formado dentro de él, y sabía perfectamente que esta vez tenía que hacer lo correcto…mas podía sentir el aroma a Fresia en su piel, por lo tanto el miedo crecía, calando sus huesos, si hacía lo que correspondía, lo que era bueno y debió hacer desde el primer momento. Pasó la lengua por sus labios y podía sentir el sabor de la miel que salía de ella, para llenarlo, endulzarlo y embrujarlo; y podía sentir el nerviosismo se elevaba, la abstinencia tomaba lugar para quebrar lo tenía planeado realizar, haciendo arder su garganta, quitándole la voz, aumentando la sequía. Por más que poseyó y corrompió la dulzura, no se iba… ¡demonios! No paraba y eso le enfermaba ¿Qué más necesitaba? Si ella se había abierto, descubriendo su alma y ofreciendo su cuerpo cual sacrificio para su placer ¿Qué más quería de todo esto? La bestia no se calmaba, las sensaciones no se diluían y él necesitaba más, mucho más de ella. Y esto le enfermaba, que todo le moleste, que todo que interrumpa el tiempo que tenía que tener con ella: el trabajo, los viajes, tener que compartir tiempo con alguien que no sea ella, en resumen, la vida misma, le estorbara.

Por lo que deseaba, a sabiendas que estaba mal desear más de lo que ya tenía, pero era un hombre, por lo tanto los pecados cometidos no le limitaban y proponía más, redoblando la apuesta, poder establecer cierta normalidad en la vida de ella. Quería que ella tuviera lo que él le había arrebatado, quería que ella fuese feliz, no ver en su mirada el recelo y poder quitar lo realizado…no solo la aberración cometida hacía casi tres años, porque no hubo amor en ese momento, solo la locura y la desesperación de poseerla y conservarla para su deleite. Sino también por los años de sufrimiento y tortura autoimpuestos que solo trajeron penuria para ambos, desembocándose en la miseria cometida. Siempre fue un ser primitivo y abstente de cualquier tipo de coherencia que pudiese determinar un curso sano y cuidado de todo a lo que ella competiera. Pero ahora, tal vez en forma egoísta, lo cual no era una sorpresa, quería que ella tuviera algo sano y valedero, algo por lo cual no le hiciese sentir tan miserable.

Lo sabía, no solo llevado por la intuición, que la bestia de vez en cuando torcía, sabía perfectamente que ella era miserable. Desde esa noche, donde él le quito gran parte de su inocencia destruyéndola, imponiendo una manera de ver, de percibir y aceptar la verdad que él le podía ofrecer que altero y desbarranco cualquier aspiración que ella tendría sobre ambos, sobre la vida misma. Y se odiaba, porque detestaba ser tan cruel, porque la pesadez en la cabeza no se había ido, no porque fuese alimentada por la mierda cual era, sino por las repercusiones de lo todo lo que había hecho, de tener que arrastrarla, sosteniéndola para que no se libere de la miseria que era. Quería ofrecerle otra cosa, el calidez, la ternura y la caricia necesaria, pero lo hecho, hecho estaba y con nada se quitaba; no sabía qué camino tomar y al mismo tiempo, estaba tomando peso la resolución en su cabeza.

Tapo su rostro con las manos, sintiéndose viejo y agotado, como si sus 31 años fueran demasiados para su cuerpo, y más cuando la bestia, antigua y podrida, jamás le dejo descansar para recuperar fuerzas, sino que fue absorbida gustosamente por su anatomía.- déjame el cansancio para mí…-dijo bromista Tanya, que se acercó al mostrador de la zona de placas, donde Edward estaba apoyando, aparentemente viendo algunos estudios.-…los chicos se tuvieron que vacunar ayer y estuvieron todo el día llorando.- Edward asintió, sonriendo levemente, falsamente. La hermosa doctora, junto a su marido, Alec, tuvieron trillizos hacía dos años; al principio no fue fácil para la joven pareja, y aun hoy, terminaban exhaustos y fastidiados, en primer lugar por tener tres niños de tan corta edad y las carreras de ambos. Un año atrás estuvieron a punto de separarse, la crisis matrimonial fue más potente que otras veces; las constantes peleas con Alec, su duda de si era buena madre y el hastió de la rutina destrozaron sus nervios. Estuvo cerca de llamar a un abogado para que la represente, más cuando hacía meses que no compartía la cama con su marido; fue en una consulta médica, donde su paciente, la joven Swan le dio el mejor consejo.

Era habitual que la joven apareciera, siempre preocupada de quedar embarazada, aun hoy en día tenía la curiosidad de saber quién era su pareja; al principio se asustó, creyó que la joven era víctima de violencia de género, gracias a las marcas en su piel. A lo que Bella al captar su sugerencia rió despreocupadamente, para luego apretar un poco su piel, demostrándole, que tenía una piel muy sensible y por lo tanto, las marcar no eran producto de violencia alguna, sino de la fogosidad del acto sexual. Fue reticente, no creyéndole en primer lugar, pero a medida que el tiempo pasaba y las marcar desaparecían rápidamente para ser reemplazadas por otras, y presenciando en varias oportunidades como esas marcas se formaban fácilmente en su piel, respiro tranquila. Creía que en cierta manera, se había hecho amiga y hasta cierto punto, confidente de la jovencita; Bella había confesado que nadie sabía que era sexualmente activa, y prefería dejarlo de esa manera. Indagando un poco supo que era alguien por el cual su familia era probable que no aprobaría, no por nada en particular, sino que la joven alego que todos los hombres de su familia eran sobreprotectores hasta el ahogo y por lo tanto, prefería mantener su relación fuera del radar de los Cullen.

Conociendo al Carlisle supo que era verdad, aunque por lo que pudo observar, Edward, su tutor legal, no parecía estar muy interesado en la vida de la joven, al menos eso parecía en cada reunión que tenían. No quiso expresar esta última reflexión, para no acomplejar a Bella, pero le gusto que ella le contase ciertas cosas, haciéndola sentir, que después de algunos meses, hacía bien las cosas y podía contenerle. Un día le pregunto, ya que desde hace casi dos años que se atendía con ella hasta ese momento, porque aún no había revelado sobre la relación que tenía a alguien y la respuesta de Bella le hizo reconsiderar todos sus problemas. La joven miro a la nada y dijo suavemente "quiero aferrarme a lo que es mio un tiempo más, los problemas vendrán, y de eso estoy más que consiente, tal vez no esté bien preparada, pero luchare cuando llegue el momento; porque no puedo vivir sin él, si él no está…yo…por eso quiero resguardarlo, y cuando la realidad venga, le mostrare el dedo y luchare por ambos ¿está mal querer atrasar lo inevitable? No tengo ningún plan, pero estoy segura que ambos podremos afrontar lo que venga."

Esa noche, después de acostar a niños, fue hacía el sofá de la sala, lugar que ahora ocupaba Alec, y ante su sorprendido marido, le beso apasionadamente, a lo que Alec reacciono al instante. Fue como quien vuelve a reencontrarse con su amada después de la guerra; estudiaron sus formas, acariciaron sus susurros, besaron sus heridas, se entregaron apasionadamente, para intentarlo, para luchar por lo que era de ambos y de nadie más. Porque es fácil rendirse, dejar que la decepción y los sueños rotos nos derroten; pero nadie entiende, que hay que agradecer nacer en este tiempo y espacio, que hay que aprender lo que realmente vale la pena y no perderse en las fantasías que no tienen valor alguno y no se acoplan a lo que realmente somos. Porque es posible luchar aun con nuestros pecados a cuesta, solo hay que aceptarlos, abrazar nuestras limitaciones y reconocer que los demás son humanos y se equivocan, comprendiendo que por más que se esté perdido, que se critique y se reclame nada cambiara hasta que nosotros dejamos de lado lo que no nos es productivo y solo cerrar los ojos, respirar hondo, y seguir, tomando un camino que por más duro y escabroso sea, sabemos que es el correcto. Y eso fue lo que hizo la hermosa doctora, aun hoy en día había momentos de caos, pero volvía a luchar, porque su marido lo valía, sus hijos se lo merecían, y ella amaba su vida.

-¿Cómo esta Alec?- pregunto el cobrizo mientras enfocaba su vista en las placas, una fractura doble, la cirugía sería larga y pesada por lo que podía observar. Tanya hizo una mueca, mientras pispiaba los estudios que tenía el doctor en mano, agradecía no tener que ser traumatólogo.

-bien…algo fastidiado, odia estar de licencia…-Alec se había fracturado dos costillas cuando jugaba con los niños, nadie sabe cómo había pasado, pero estaba casi segura que algo tenía que ver con su empresa de construir un fuerte con ellos.

-debe ser un dolor de huevos tenerlo todo el día en casa ¿no es cierto?- Edward sonrió y Tanya suspiro pesadamente.

- si, la verdad, parecería que tengo cuatro hijos, no tres…pero bueno ya lo sabía antes de casarme con él…y Cullen ¿Cómo estás?- demando mientras que el doctor frunció el ceño mirando algunas resonancias magnéticas.

-bien…-Tanya espero que se explayara, pero como siempre, fiel a su hermetismo, agito la cabeza en forma de derrota. De repente, una idea paso por su cabeza, tal vez aburrida y queriendo obtener alguna reacción por parte de su ex pareja y actual amigo, comento.

-dentro de dos semanas, Isabella cumple años ¿o me equivoco?- paso desapercibido que Edward apretó ligeramente la placa en su mano, para mirarla y asentir.

-si…-bajo la vista un poco, ligeramente avergonzado, algo que no supo cómo interpretar la doctora.-…18 años…

-mira…-suspiro un poco, y apretando los labios dudosa, sin saber si estaba haciendo lo correcto, continuo.-…quizás no es mi lugar…-Edward frunció un poco el ceño.-…y varias veces, en forma educada, me has mandado a volar, cuando intente presentarte a alguien…no sé si es porque hace…milenios….-ella sonrió nerviosa, mientras que él pareció tomar más altura a lo que su espalda se endurecía.-…tuvimos una relación, si podemos llamarla así…pero no crees que ahora que Isabella dentro de poco será mayor…tendrías que…no sé ¿hacer tu vida?- el silencio cayo entre ambos, y Tanya se quiso meter dentro de un pozo; varías veces, tanto su marido como Sam, quienes eran muy buenos amigos de Edward, le habían aconsejado que no se metiera en cualquier cosa que competiese a Edward.

Y ahora, ante la mirada penetrante del doctor, donde no pudo leer si estaba molesto o pensativo o despreciativo, comprendió que era cierto; se sonrojo, bajando la mirada, no pudiendo soportar el fuerte escrutinio de él. Entonces él, saco aire por la boca, para pasar la mano por sus cabellos, por lo que Tanya abrió los ojos como platos, comprendiendo algo que jamás considero.

-ya tienes a alguien…-todo el cuerpo de Edward se convulsiono ligeramente para luego petrificarse, bajando la cabeza automáticamente, sin atreverse a enfrentarla; los labios de Tanya se abrieron ligeramente, para recuperarse de su asombro la instante.-…entonces es eso, ya hay alguien.- pero el Doctor no se atrevió a aclarar ni negar su presunción. Algo descolocada, ante la reacción de él, que no podía descifrar a que se debía.-Edward…-sonrió para quitarle el peso a lo que sea que estuviese pasando por su cabeza, levanto la mano para colocarla en su hombro-…está bien, te felicito si es así…la verdad es que te mereces a alguien y no tienes que…

Entonces, él levanto la cabeza, y esos ojos verdes se habían oscurecido al punto, que parecían negros; toda la figura de Tanya tembló de terror, ante la carga de bronca y resguardo que tenía esa mirada, dejando quieta la mano en el aire, sintiendo que estaba ante un animal letal y no un hombre. Duro un segundo, para la sensación de peligro se quedó en ella, palpable ante sudor frio que cubrió su cuerpo y las alarmas que se encendieron en su cabeza. Edward, relajo su postura como si lo anterior no hubiese existido, cosa que le dio más pavor a la Doctora, pero trato de no demostrarlo.

-estoy ocupado…será mejor que me vaya…-dijo con una sonrisa, y lo que más le impacto que esa sonrisa era igual que muchas otras, demostrando, que todo lo anterior, todo lo que alguna vez presencio de él, también era falso.-…nos vemos.-retirándose hacía el pasillo detrás de él, alejándose de ella. La hermosa mujer, se quedó ahí, perdida entre la conmoción del momento, las sensaciones que crecían dentro de ella, porque fue en ese preciso instante comprendió que ese hombre, del cual durante algunos años creyó estar enamorada, no era más que una quimera espeluznante. Agitada, coloco las manos sobre la mesada, para tomar aire, dándose cuenta ahí que se había detenido su respiración; volvió a mirar hacia un costado, viendo como él se alejaba, apuesto y entero, obteniendo miradas de muchas enfermeras al pasar y quiso resguardarse en los brazos de su marido, en busca de algún tipo de protección ¿Qué clase de hombre era? ¿Qué causaba que tuviese tanta potencia dentro de él para paralizarla de pavor? Pero más importante ¿Qué era lo que podía causar ese cambio en él?

Ahora sabía que él era fabula, no podía sacarse de su cabeza que nada de ese gran hombre no era más que una deformación de algo horrible, el simple hecho de sonreír, reponiéndose al segundo de lo que sea estuviese pasando por su mente, le dio a entender que todo siempre fue una actuación. y por lo tanto, la cabeza de Tanya empezó a rememorar todo sobre él, todo lo pasado y vivido, cada momento compartido y visto, sin saber que estaba buscando pero su inconsciente sabía que estaba ahí, cerca, a un solo paso; su corazón comenzó a latir con fuerza, traspirando y su respiración comenzó a agitarse. Sus ojos miraron sin ver hacia donde él estaba, alejándose, tratando de obtener una respuesta a un cuestionamiento que no reconocía. Algo tenía que haber para que reaccione de esa manera, para que devele algo que resguardo celosamente, durante años, a todo el mundo. Porque ese hombre no era lo que decía ser y algo que ella implico causo que se vislumbrara su verdadera naturaleza frente a ella.

¿Qué era? ¿Quién era? Busco velozmente dentro de sus recuerdos, su cuerpo ya sabía la resolución antes que ella, el cosquilleo de sus dedos y su espina dorsal se enfriaba demostrándoselo; ¿Quién era? Y su mente regreso hacía casi diez años, en un funeral, cuando aún era pareja de Edward, y la reacción que tuvo ante cierta niñita, ante cierta criatura y su actitud ante él, obteniendo más respuesta de que ella terminara con él y que Alec le hubiese golpeado. Sus labios se deformaron en horror, ante los días e incluso los meses siguientes junto a sus años, se desesperó, y fue ahí, justo cuando Edward estaba doblando hacia la derecha, que él le miro desde lo lejos, obteniendo esa penumbra que podía trasmitir queriéndola consumir para que jamás diga ni una palabra, alterándola y confirmándole algo que jamás quiso saber.

-¡oh! Dios mío…-susurro para sí, ante la nefasta verdad.

Érase una vez una verdad

Estuvo esperando a su amiga. No había podido ir a clases, había tenido relaciones sexuales con Edward durante toda la mañana, dejándola cansada al punto que se quedó dormida, y cuando se despertó, él ya no estaba. Tenía los libros frente a ella, mas no les prestaba atención alguna, no podía acomodar sus ideas para procesar sobre formulas y fechas de guerras y muerte; se sentía vacía, limitada por todo lo que sucedía y no sucedía. Sentada en el comedor, sintió que la habitación no estaba ahí, ni siquiera ella lo estaba, donde quiera que estuviese no era un lugar bueno, era el mismo lugar donde se había apresado durante años. Quizás ahora, próxima a cumplir 18 años implicaba cosas que no tenía en consideración antes o al menos, no se permitió entrever. De vez en cuando, esas cuatro paredes le asfixiaban y otras tantas, no estaban ahí, era como si estuviese libre y al mismo tiempo enterrada en vida.

Cuando él no estaba se originaba ese hueco, creciendo y consumiendo todo en ella, queriendo absorberla de tal manera, que la dejaba descolocada. Miro un momento el texto delante de ella, y fue ahí, cuando su vista se nublo, apareciendo las lágrimas, junto a la angustia y la amargura creciente. Porque nada estaba bien, jamás lo estuvo, y se sentía tan bien y tan mal estar con él. Porque la dicotomía persistía, el odio que le tenía al amor que le profesaba. Porque había tantas cosas que se había callado, que había preferido ocultarlas, y detenerle, imponer sus expectativas y no dejar exasperarse ante los conflictos de él, transformándose en propios, que echaron raíces y ahora se ramificaban en sus pensamientos. Se sentía atrapada en una telaraña, en una que no le permitía salir, buscar relajo y simplemente disfrutar de lo que tanto amaba y necesitaba

Había tantos axiomas estancados en su garganta, pudriéndose, contaminando cada palabra que quisiese decir, modificándolas de tal manera, que le traía más pesar. Paso las manos por sus ojos, tratando de apartar esas lágrimas, ocultando por un tiempo más para que todo no estallase; porque ambos lo sabían, y ninguno se atrevía a decirlo, eran dos extraños que se amaban. La distancia, al no poder hablar, no criticar, gritar o acusar por lo sucedido, sacar la mierda fuera para que fluya lo natural y valedero, causaba que todo empeorase. Mas ¿Cómo decir lo que no podía decir? Porque los miedos se elevaban por su espina dorsal, dejándola osca, llena de dudas y dándole más bronca. Porque nada era certero, más cuando lo que sea que estuviese en su cabeza no le dejaba en paz, más cuando él no le ayuda a sentirse mejor. Todo empeoraba, por lo que su garganta se apretó y la comezón aumento en su nariz…estaba cansada sentirse como si estuviese loca y al mismo tiempo, no quería dejarse de sentirse así.

Porque había tantas cosas que rondaban su cabeza, tantas recriminaciones y preguntas hacía él, hacía lo que fuese lo que hubiese entre ambos. Porque dando vueltas y vueltas estaban, sin detenerse, ni llegar a ningún lado, sintiendo que si paraban morirían y significarían la aniquilación de lo que tenían. Coloco sus codos sobre la mesa para enterrar su rostro entre sus manos, mientras que algunas lágrimas, traicioneras, caían; sentía la presión en su cabeza creciendo, no comprendiendo, como él logro soportarlo durante tantos años, ya que ella sentía que no aguantaría por mucho tiempo más…y sin embargo, lo hacía, no sabía cómo, pero lo hacía. Estaba aterrada, porque sabía que si lo decía, si hablaba con él, no le gustaría la respuesta, y aun peor, no tendría ninguna para darle. Y eso ¿en qué le dejaba? ¿acaso no había manera de detenerlo?...regresando al mismo tema, dentro de poco cumpliría 18 años y ya no sería problema la edad, pero la verdadera raíz del problema subsistía y era lo que más preocupación conllevaba: él… ¿se quedaría con ella? No solo por las consecuencias si enfrentaban al mundo, sino también si ella vomitaba toda la mierda que sentía, por lo pasado y vivido, por lo que ambos se habían causado. No estaba segura si él lo soportaría.

Porque después de lo que paso…después que él le ultrajo, ella ya no hablaba, en castigo, consciente o no, por lo que había hecho, y él, en busca de alguna información de lo que pasaba por su cabeza, la tomaba, con delicadeza o con dureza, siempre pidiéndole permiso en forma tácita, para obtener algo de parte de ella. Como esa mañana, él solo buscaba una cosa, que constate, incluso cuando no podía desentrañar lo que a ella le aquejaba, que aún le amaba; no era tonta, él estaba aterrado de que le dejara, de tener que pagar la sentencia por el delito cometido y le abandone, por eso no empujaba ningún tema. Y la bronca, junto al dolor, y las ganas de llorar aumentaba. En primer lugar por su incapacidad por explayar lo que su mente decodificaba, darle un poco de la mierda que acumulaba en su interior, para liberarse, para liberarlos; y quería que él sufra, que pague por lo que hizo, pero que jamás se le ocurra separarse de ella, porque no podría vivir sin él…sin él, moriría. Así que ella no hablaba, y él no ayudaba, y vueltas y vueltas daban.

Tomo aire por la boca, limpiándose las lágrimas, no quería Al la viese de esa manera, cuando alejo un poco la pesadez de ella, miro hacía la ventana, la oscuridad estaba tomando lugar. Tomo su móvil, que estaba frente suyo, y tratando de distraerse, miro los mensajes, varios de Al, otros de Rose, muchos de Edward y uno solo de su madre. Un tinte de culpa se plantó en su corazón, su madre se había convertido en el blanco perfecto de la mierda que estaba dentro y fuera de ella; desde esa noche, todo se había torcido y no fue capaz de obligarlo a tomar el cauce normal, más que nada por su falta de esfuerzo para hacerlo. Desde hace noche, en otras oportunidades había desfogado su miseria en ella, a sabiendas que Esme no respondería, no solo porque sentía culpa por los años pasados, del cual no tenía ninguna responsabilidad, sino también por temor a perderla.

Sabía perfectamente que se comportaba como una completa perra con ella, pero no podía evitarlo, y en cierta manera, culpaba a Edward por esto, siendo consciente que ella sola era la responsable. Amaba tanto a su madre, y su inaptitud al no poder trasmitírselo, de asegurarle que no tenía la culpa de nada y contarle lo que le pasaba en su vida, le dolía. Un gemido agónico salió de su boca y quería abrazar a su madre, pidiéndole perdón, quería acurrucarse a ella, para que le cuide y le afirme que todo estaría bien, aun cuando ambas supiesen que no era verdad. Quería demandarle tantas cosas, porque ella no le dañaría, era la única de todos que no lo haría: ¿Me amaras incluso cuando sepas la verdad? ¿Cuándo entiendas que no soy lo que crees que soy? ¿Algún día me perdonaras? ¿No me dejaras? Todas estas preguntas se juntaban en su cabeza, y sabía perfectamente que no podría hacerlo, no porque su madre le rechazaría, ella jamás lo haría, sino que sería exponer a Edward y a ella misma ante lo demás, y aun no estaba preparada, aterrada de que ambos no pasen la prueba de fuego. Por lo que agito la cabeza, sonriendo esperanzadoramente, alejando el pesar de su pecho, tenía Fe en ambos, porque ella no apostaba, pero si lo hiciera lo haría en ellos. En dos semanas Bella confirmaría cuan equivocada que estaba.

A los pocos minutos, sintió como un auto aparcaba frente a su casa, y rápidamente se dirigió a abrir la puerta; repuesta, vio como Alice se bajaba de su auto, para meterse velozmente huyendo del frio para refugiarse en la calidez del hogar. Tan pronto como la pequeña jovencita entro, tembló.- ¡que frio que hace!- se quejó, quitándose su abrigo, dejando su pequeño bolso sobre unos de los sillones, donde guardaba lo necesario para quedarse a dormir. Bella asintió, yendo hacia la cocina para calentar el agua y así ofrecerle algo caliente para tomar. Más relajada, siguió a Bella, sentándose en una de las sillas de la mesada y observar como la jovencita Swan buscaba galletas (de distinta variedad) para ofrecerle; sin decirle una palabra, Bella sabía que lo que le aquejaba a Al era algo relacionado a lo sentimental, por lo tanto implicaba todo el dulce que se pudiese conseguir.

Alice sonrió, más tranquila, apartando las preocupaciones que estuvieron bombardeándola toda la mañana, tenía que sacarlo de su pecho y Bella sabría escuchar.- logre conseguir "the notebook" y "orgullo y prejuicio" en blue-ray – le informo para que sepa que estaba preparada para cualquier eventualidad.

-¿la película o la miniserie?- demando recelosa Alice, Bella se giró hacía ella, levantando una ceja, ligeramente ofendida por su pregunta.

-amo al de la película, pero Colin Firth, es Colin Firth…así que tengo a los dos, jamás podría elegir a uno por encima del otro.- colocando todos los paquetes sobre la mesada, a lo que Alice asintió conforme.

-bueno, mi pequeña Luke Skywalker, preparada has de estar, el camino a tomar lo sabes…-y ambas rieron.

Después de desechar la idea del café fuerte, ambas se sentaron en la comodidad del sillón, cubiertas por una manta, a tomar chocolatada junto a todo tipo de galletas dulces mientras miraban las películas; a ninguna de las dos pareció importarles el desorden que hacían o desvelarse. Sabían perfectamente que no irían a clases mañana, no después del empacho que esperaban tener después de tanto dulce comido. Pasaron las horas, y esto le permitió a Alice relajarse ligeramente, agradeciendo que Bella fuese comprensiva y no presionar sobre el tema que le había alterado. Cerca de la medianoche, la jovencita de cabellos negros suspiro un poco, dando pauta de que ahora tenía la suficiente calma para explayarse. Ninguna de las dos dejo de mirar la tv, una para darse fuerza para hablar de lo que le pasaba, la otra dando su espacio para que pueda expresarse.

-a veces me pierdo en mis cosas, en pequeñas cosas y cuando regreso, entiendo todo lo que paso en poco tiempo…lo mucho que paso…-empezó tentativamente, partiendo un pedazo de chocolate, que Bella tenía guardado para casos de emergencias; le dio un porción a la joven Swan a lo que ella dejaba que el chocolate blanco se deshiciese en su boca.-…no entiendo como llegue a este punto, todo se fue a la mierda y no sé qué mierda hacer…-trago el dulce que quedaba y su voz se quebró, sin desprender su vista de la pantalla.- no tengo idea que hacer y quiero dejar todo e irme…no tiene sentido estar aquí.

Pudo ver periféricamente como Bella se agito pero no dijo nada, suspiro pesadamente, y cerró los ojos, rememorando ese beso, esa caricia que ahora le llevaba a esta encrucijada. Cuando la abrió, miro la escena donde Elizabeth rechaza bajo la lluvia al señor Darcy, y sus labios temblaron.

-y siento que….-unas lágrimas cayeron, pero no se atrevió a limpiarlas, porque si lo hacía estas serían verdaderas como la sensación de estar desprotegida y con ganas de gritar.-…creo que me enamore…-pudo percibir la mirada penetrante de Bella sobre ella, pero no se quiso enfrentarla, no cuando no sabía qué hacer con lo que sentía.-…y si alguna vez creía que sentía amor por tu hermano, ahora entendí que no fue así…-rió secamente, amargada.-…ni tampoco es algo físico…porque con Jacob, aunque la atracción estuvo, pero el sexo con Jacob no tiene ni la más mínima proximidad con el beso que tuve con esta persona…-se giró a ver a Bella, que parecía tener la mandíbula descuajada y los ojos abiertos como platos.-…ah sí, por cierto, me acosté muchas veces con Jacob hasta hace unos meses.

Bella se sonrojo, algo avergonzada por la forma liberal de hablar sobre el tema, y fue lo que Alice necesito para reír con ganas. Cuando paso su estupor, también rio, demostrándole a Alice, que no le juzgaba por lo que había hecho. Cuando la risa paso, miro hacia su amiga, apoyando su cabeza sobre el respaldo del sillón, y Bella colocada de costado para mirarla completamente.

-así que Jacob…-mordió su labio inferior.-…eso sí que no me lo esperaba.- Alice, movió sus hombros, para no darle importancia.

-la primera vez que lo hicimos fue por aburrimiento…después porque sabe muy bien cómo usar su lengua…-levanto las cejas, causando otra carcajada por parte de Bella. Alice le siguió, hasta que ambas se calmaron.- ¿Bella?- le hablo en voz baja, a lo que su amiga le miro expectante-¿me podrías besar?- la joven Swan se acercó a ella, dándole un beso en la mejilla. Cuando se separó, Alice suspiro.-no me refería a eso…-bajo la mirada, avergonzada.-… ¿me podrías besar…en los labios?- un silencio sepulcral domino la habitación.

Espero que su amiga le dijera que estaba loca, que la tratara como una pervertida y le diese una cachetada; pero como siempre, nada de eso paso, como era de esperarse de Bella, ella solo espero. Frunciendo ligeramente el rostro en dolor, miro hacia su amiga, y noto que ella esperaba el motivo para que lo hiciera y abrió un poco la boca, acurrucándose mejor entre la manta que cubría a ambas. Cuando las palabras no salieron, la angustia se potencio soltando algunas lágrimas.

-tengo tantos malditos problemas, no necesito otro…y la conocí, primero éramos amigas, pero mi corazón…-se llevó la mano al pecho, mientras más lagrimas caían, llena de impotencia y emoción.-…empezó a latir…y hubo un motivo para empezar de nuevo, de reír…nunca me sentí así…ni con Jacob ni con tu hermano…con nadie- cubrió su rostro con sus manos, no queriendo afrontar la realidad, ni lo que le pasaba, habían caído los esquemas de su vida y eso no se cambiaba con nada.-…se convirtió en la razón para levantarme, para volver a ser quien era…-saco las manos de su cara, negando fervientemente con la cabeza, enfrentando a Bella, que afectada por su dolor, también lloro.-…y no está bien, porque yo jamás…-apretó los labios, mientras que el calor por lo negado y la bronca por lo que le sucedía aumentaba, alterándola. -… ¿entiendes que jamás mire a otra mujer…antes de Charlotte?-exclamo con desesperación, tratando de buscar alguna explicación a lo que le pasaba, a lo que no debería sentir.-…pero deseaba besarla, sentir su lengua, tocarla…porque es hermosa, y mi corazón y mi cuerpo me piden que la toque…-cerro los ojos, derrotista, apretando los parpados. Reposo su cabeza, nuevamente, sobre el respaldo del sofá, mirando al techo de la sala.

Entonces se calló, por un momento no dijo nada, hasta que Bella, busco bajo la manta la mano de ella, para ofrecerla, a lo que ella se aferró a esta, como si su vida dependiera de esto.

-estoy enamorada de una mujer…-resolvió en forma derrotista.-…la bese y fue lo mejor que me paso en mi vida…me sentí en el lugar correcto, con la persona correcta, por más mierda que pase a mi alrededor, ahí tenía que estar, con ella, besándola.- abrió los ojos, y giro ligeramente su rostro para mirar hacia esos ojos chocolates.- eso me hace una lesbiana ¿no es cierto? Que me excite una mujer, amarla…soy lesbiana-Bella apretó más su mano.-…perdona que te haya pedido que me besaras, quería saber que tan lesbiana era…-dijo con un humor triste.-… ¿te doy asco?-Bella se impactó por su pregunta, y soltó su mano, a lo que automáticamente Alice cerro los ojos en dolor, sintiéndose rechazada.

No quiso pensar ni sentir, hasta que sintió, como que Bella quitaba la manta que las cubría. La joven Swan se había soltado el pelo, mordiéndose el labio inferior, se levantó ligeramente del sillón, para luego pararse frente a Alice. Se pasmo cuando Bella coloco su pierna derecha sobre el sillón, seguida de su pierna izquierda, arrodillándose y así sentarse sobre las piernas de Alice.

-jamás me darás asco, Alice…-tomo la mano derecha de la joven Brandon, para que la colocara sobre su cadera.-…eres esa mitad que no sabía que tenía…-Alice vio la determinación en el rostro de Bella y se sonrojo a más no poder.-…eres mi amiga, y te agradezco…-tomo el pequeño rostro de Alice entre sus manos, acercando su cara a ella.-…porque me compartiste algo tan profundo para ti, cuando yo no puedo hacerlo…-no llego a captar la última parte cuando los labios de Bella se posaron sobre los de ella, en un beso gentil y delicado. El contacto sutil fue cálido y le emociono hasta la medula. Al principio, fue casto, manteniéndolo simple y manejable, pero cuando Bella paso una de las manos hacía su nuca, la mano izquierda de Alice, que estaba sin hacer nada, fue hacia la cintura de Bella, levantando un poco la ropa de ella para sentir su tersa piel. Un suspiro de alivio escapo de los labios de Alice, y abrió su boca, para pasar su lengua en los labios de Bella, que no dudo dejarla entrar. El gusto al chocolate y la chocolatada de ambas bocas se mezcló, junto a los nervios que crecían. Con más fuerza, y patosamente, ambas se besaron, lamiendo sus lenguas, creciendo la fuerza de la unión.

Alice, bajo la cabeza, tomando aire, ligeramente agitada a lo que los labios de Bella, se reposaron sobre la frente de su amiga también recuperando el aliento. Entonces rió, a lo que Bella la siguió.-bueno, confirmado…-dijo sin preocupación Alice, mientras que levando la cabeza para mirar a su amiga que sonreía.-…soy lesbiana…pero no tanto.-Bella rió, para luego pretender estar ofendida.

-jamás nadie se ha quejado de mis besos…-y bajo su rostro tentativa, para darle un beso casto a Alice en los labios. Tan perdidas estaban en su mundo, que no escucharon cuando la puerta se abrió y alguien las estaba observando, pasmado.

-¡qué demonios!-grito colérico Edward, haciendo que las dos saltaran de sus lugares, asustadas. Se soltaron y cuando Bella trato de pararse, se enredado con la manta que estaba en el piso, cayendo al piso; Alice la soltó como si quemara, para encontrarse la mirada asesina de Edward. No se percató de la caída de su amiga, ni de lo que sucedía a su alrededor, sino que se quedó clavada en esas facciones rudas y violentas, estaba segura que él hubiera actuado a no ser que se distrajo con Bella; en su vida había creído en monstruos, y ahora, podía intuir que estaba frente a uno. Al encontrarse con esos ojos crudos y oscuros, haciendo que todo su ser se paralizara, drenando su sangre y fuerza, lo único que pudo hacer fue caer en pánico y cubrirse cuando vio que él se aproximaba rápidamente hacia ella. No sabía que sucedería, pero sabía que sería horrible.

Érase una vez una pesadilla

Había sido un día pesado, desencajado en muchos aspectos, y se estaba acomplejando cuando recibió el mensaje de Bella avisando que Alice se quedaría a dormir. Esto implicaba que no tendría la oportunidad de estar a solas con ella, de disfrutar de lo que ella solo podía entregar y tener que soportar una noche sin saber que sucedía con ella. Por lo que después de su corta guardia se dispuso irse a su casa, necesitaba al menos poder dirigirle alguna palabra a ella, lo que sea, solo para calmar a la bestia que estaba abstinente. Cuando se dispuso a cerrar su oficina, y marcharse, sonó su móvil, por lo que maldijo internamente cuando vio quien se intentaba comunicar con él. Se vio tentado a rechazar la llamada, pero sabía que no estaría bien, sería injusto para ella y demasiadas injusticias ya se estaban cometiendo. Desde esa noche donde él hizo lo que solo una bestia podía realizar y logro, gracias a su manipulación, aislar a Bella de los que la amaban, no podía soportar hablar con su madre. Quizás sintiendo remordimiento ¿Quién lo sabía? Aunque la verdadera pregunta era ¿a quién mierda le importaba?

Es un hecho bien sabido que a nadie le importa si una basura de persona puede expresar sentimientos fuera de las malicias que pasa por su cabeza; la "verdad deseada" que sabía que todos buscarían si estuviesen informados de sus crímenes y la que él solo aceptada, no le permitía vislumbrar una realidad donde alguien le perdonaría por todo lo que hizo, por lo que hacía y haría. No había posibilidad alguna de redención, más cuando la culpa, el pecado y todas sus mierdas estaban latentes y se impartían en cada acto. Porque podía decirse a sí mismo que su único pecado fue haberla amado, mas eso era una estúpida mentira, porque hubo tantas cosas que tendría haber hecho, tantas cosas que pudieron establecer un orden sereno y adecuado para las cosas, para que su familia no sufra y Bella no se viese atrapada en la miseria que él podía ofrecerle. Mas esto hubiese significado su propia muerte y aunque, utópicamente, le hubiese gustado hacer el bien, permanecer entero y no quebrarse ante la maravilla, fue un hombre, uno quien quiso tenerlo todo y por más que le gustase tener arrepentimientos, todos aparente por supuesto, estos no significaban nada ya que ella estaba a su lado y nada más importaba.

Paso la mano por sus cabellos, y atendió la llamada de su madre.-hola mamá ¿Cómo estás?-

-bien, bien cariño…-algo estaba fuera de lugar en su tono, pero en su propio egoísmo no podía concretarlo, estaba desesperado de al menos limpiarse los dientes con su droga.-… ¿Cómo estás tú?

Cruzando la puerta de salida se dirigió hacía la zona de estacionamiento, mientras que saluda al pasar a algunos empleados del hospital.-cansado después del turno…-mintió, nada de lo que salía de su boca era verdad, la mentira era parte de su léxico, desvirtuando cada vocablo, ya que estaba lleno de fuerza, la adicción le hacía invencible y la droga estaba completamente a su disposición.- así que ira ahora a dormir.

-está bien…-hubo un silencio, tal vez incómodo para ella, mientras que a él no le afectaba. Sabía perfectamente que Esme no sabía cómo actuar, no después de no saber que terreno estaba pisando con él ni con Bella.-…se acerca el cumpleaños de Bella…y junto a tu hermana estamos realizando planes para festejarlo…-se detuvo antes de abrir la puerta de volvo, y la resolución que venía tomando fuerza en su cabeza volvió a aparecer. De repente, el monstruo que estuvo entretenido imaginando lo hermoso y delicioso que era pasar su lengua entre los labios de ella; para sus orejas cortadas, llenas de sangre y moscas para empezar a prestar atención. Él maldito imbécil de Edward pensaba realizar algo y esto competía a Bella, por lo que no le gusto. Empezó a gruñir, en forma de advertencia, para que no se atreviera a peligrar su fuente de vida.- y creemos, que estaría bueno…

Edward suspiro pesadamente, abriendo la boca "¿Qué vas a hacer?" el monstruo paso su pata llena de garras por su garganta, apuntando el filo justo a la yugular, haciendo que toda haciendo en él se detuviera. Podía escuchar lejanamente como su madre le hablaba, mas no podía importarle menos, porque era tiempo de hablar y no sabía cómo hacerlo. "Lo que sea que creas que harás…no te atrevas a involucrarla...MÍA, ELLA ES MÍA. No es tuya, no es de nadie, es solo mía, tu solo eres molestia" le recordó la bestia, soltando su aliento pestilente frente a su cara. Entro al vehículo, para ligeramente derrotado, desparramarse sobre el asiento; no dio señal de querer prender el motor, sino que siguió con el móvil sobre su oído, sin escuchar lo que le decían. Se miró mediante el espejo retrovisor, pudiendo observar el cansancio de milenios de lucha abrumándolo, a lo que en su mirada se aproximaba la bestia, enferma y colérica, que solo se concentraba en matarlo.

Pero por primera vez en su vida, no tuvo miedo de las advertencias impuestas, no tuvo razón para luchar, sino que cerró los ojos, ya que esto sería la cumbre de su egoísmo pero significaría que al fin sería libre en muchas formas. La bestia se asustó, y empezó a chillar, tratando de cortar sus cuerdas bocales, aplastando con una mano su corazón mientras que perforaba sus pulmones para que no hablase. No entendía adónde iría Edward pero su Bella estaba involucrada y eso le aterraba.

-…hay más espacio y así que…-siguió hablando su madre.

-Esme…-le dijo suavemente, alterando ligeramente a la mujer del otro lado de la línea, era extraño que le llamase por su nombre, y por algún motivo espero lo peor.-…es tiempo que pongamos las cosas en orden…Rose no es mi hermana.-por el gemido que escucho del otro lado, supo que su madre comenzó a llorar, temerosa de lo peor. Pero el mantuvo la serenidad, era tiempo de allanar el camino para que toda la mierda pudiese fluir.-…yo…-tomo aire, dejando que el silencio caiga, para luego pronunciar.-…estoy enamorado, mamá.-dijo y fue ahí cuando sintió que su vista se nublaba, porque lo que jamás fue dicho fue pronunciado, porque su mayor secreto era develado y no sabía qué hacer. La bestia se vio descolocada, apaciguada, y volvió a acostarse, sin dejar de escuchar pero más segura que nunca, sonriendo ante la promesa de un mañana mejor, sin restricciones y llena de placeres. Esme del otro lado lanzo una exclamación de júbilo.

-¡oh! Mi bebe…

-mamá…-dijo, yendo en contra de su resolución de establecer distancia, porque no podía dejarse de sentir indefenso, como un niño y quería que esa mujer que le crio como propio le resguardase. Lagrimas cayeron por el contorno de rostro, mientras apretaba los parpados, tapándose la cara con las manos.-…estoy enamorado y solo quería que supieras que…lo siento…-su voz se vulnero, alertando a Esme.

-no está nada mal, Edward, tu…-

-no soy una buena persona, y pronto te darás cuenta…por eso quiero, porque cuando llegue el momento es seguro que no me querrás escuchar, es que…lo siento, no es tu culpa, solo que no lo pude evitar.- aseguro en voz baja, agotado y con ganas de desaparecer.

-Ed…-ella trato de intervenir, intentando darle algún tipo de asistencia, darle a entender que no podía ser tan malo como parecía intuirse y que se mantendría a su lado sin importar que. Pero él fue más rápido, cabezota y hacerle oyente de un monologo.

-creo que he estado enamorado desde siempre…por culpa de lo que siento y lo que yo no puedo aceptar yo…-se calló, y sintió que su corazón chorreaba toda la verdad del universo, porque fluía y no había manera de pararla, no quería que parara.-…no soy una buena persona, y cuando realmente lo entiendas ¿me seguirás amando, mamá?- demando suplicante.

-claro que sí, jamás lo dudes…-dijo llena de pesar por el dolor de su hijo. Tomo aire por la boca y asintió más que nada para sí mismo, para convencerse de algo que estaba seguro que no se cumpliría.

-después hablaremos del cumpleaños de Bella…-dando por terminado el tema, a lo que Esme supo no presionarlo.-te amo, mamá…

-yo también, Edward…-y él corto la llamada.

Le costó un poco reponerse de la llamada pero cuando lo hizo, se sintió ligeramente más libre, como si unas de las cadenas que le ataban se hubiesen desprendido de su costilla y pudiese respirar sin tanta dificultad. El viaje a su casa se le hizo rápido, perdido entre sus pensamientos, pero más optimista, era hora de hablar con Bella para verificar si ella estaba de acuerdo al camino que había empezado a tomar. Porque sabía que si él hablaba, si el daba a conocer la relación que ambos sostenían, no solo tendría consecuencias él, sangrantes y punzantes, sino también ella, significando su realidad familiar, porque todo cambiaría y quería que ella tenga algo de lo que jamás pudo darle. Quería a sus 18 años darle el regalo de la opción, abrirle las puertas para que sepa que se encontraba detrás de estas y sepa que umbral cruzar.

Algo distraído entre sus reflexiones, más tranquilo porque la bestia parecía descansar, sin elevar las ganas ni aumentar sus emociones, abrió la puerta, para encontrarse con un escenario jamás planteado. Su perdición estaba rodeando con sus piernas los costados de Alice mientras ambas se besaban apasionadamente. Se paralizo, su sangre y fuerza fueron drenadas, mientras que la bestia perdida entre lo jamás imaginado se quedó estupefacto. De repente ambas pararon y después de cambiar algunas palabras, que no llego a comprender, perdido entre la bruma de la ira que estaba creciendo entre sus venas, luego ambas rieron. Entonces, ella se atrevió a hacerlo de nuevo, su Bella se atrevió a compartir sus labios con alguien más que no era él. La potencia, junto a la historia de la muerte y lo infernal, se acumuló en su anatomía y la bestia no llego a manejar su cuerpo, porque fue el mismo Edward, acomplejado con la traición, con que ella buscase a alguien más hizo que su furia sobrepasara su intelecto y fue en busca de lo que era una amenaza.

-¡qué demonios!- aulló, potenciado por la bestia, a lo que se preocupó, cuando ambas sobresaltadas se detuvieron, y Bella trato de pararse, asustada ante las facciones de él y cayó al suelo sobre su cola. Lo único que pasaba por su mente era la muerte de lo que no tenía que ser, de destruir a esa criatura que ya no reconocía como una jovencita menudita e indefensa. No sabía que iba a hacer, pero marcado por la energía abrumadora alimentada por lo que jamás fue nombrado y vivía dentro de él, sabía que no pararía. Porque ella era de él, porque ella era lo único que importaba, era lo que determino su nacimiento e indicaría su muerte, lo demás no importaba, lo demás era la molestia misma. Se aproximó velozmente, colérico y febril, queriendo que muera, que desaparezca, sin pensamiento coherente, y la bestia ladrando fuera de si dentro de su cabeza. Se cernió sobre Alice, que comenzó a llorar desesperadamente cubriéndose con sus manos, en espera de lo que estese por suceder, y estaba por abrir la boca, para devorarla cual cronos a sus hijos pero su ángel de perdición fue más rápida, y se colocó frente a Alice, empujándola un poco hacía atrás, protegiéndola.

Esos orbes chocolates no demostraron temor alguno ante él, quizás al estar acostumbrada a vivir entre el constante limbo, pero él estaba fuera de sí, queriendo destruir todo a su paso, matando lo que no debió pasar.-¿Qué?- grito colérico, en busca de una respuesta que no estaba capacitado a escuchar. Pero Bella no aplaco su porte, estableciendo algo que siempre fue sabido, la bestia, que rugía y demandaba la destrucción de todo, siempre fue dominado por ella, ya que no se fue capaz en dar un paso una vez que se plantó en su lugar. Los llantos de Alice se hicieron más fuertes, desgarrada de que alguien haya presenciado lo que hasta hace unos instantes ella no quería admitirse a sí misma, y aterrada de las consecuencias. El cuerpo completo de Edward tembló, impotente, con ganas de llorar y devastar el universo, porque se estaba escapando de sus manos y eso no podía tolerarlo.- ¿Cómo?- vocifero en agonía. A lo que las facciones de Bella se amargaron, agotada de tener que soportar su mente obtusa, llena de recelos e desviaciones.

-Alice, vete a mi habitación…-dejo suavemente, obteniendo que el rostro de Edward se contrajese en dolor, mientras que una lágrima caía por su rostro. La joven Brandon no pareció escuchar, ya que se mantuvo llorando tras ella.- ¡ahora, Alice!- le ordeno, sin dejar caer su figura, haciendo que Alice se agitara tras ella, y fuese corriendo, en dirección opuesta donde estaba Edward, huyendo de él. Antes de desaparecer del pasillo, Bella pronuncio.-cierra la puerta y espérame…-Alice se detuvo, y observo como ninguna la estaba mirando, sino que ambos se mantenían sus vistas conectadas, en una discusión tacita, por lo que supo que tenía que hacer lo que le fue indicado.

Cuando se escuchó que la puerta de la habitación de Bella fue cerrada, más lágrimas habían caído del rostro de Edward.- ¿Por qué?-demando fuera de sí. A lo que algo dentro de Bella se quebró, y agotada de sus mierdas, levanto la mano para darle una cachetada.

Él se sorprendió, pero su ira no se apaciguo, pero la pequeña joven delante de él torció los labios en forma despectiva.- ¿Por qué que, Edward? es horrible tener que ver como la persona que amas esta con otra persona ¿no es cierto?-entonces él se paralizo, y también la bestia dentro de él, sin comprender a lo que se refería. Pero las ganas de destruir no solo eran expedidas por él, sino que también ella.- ¿sabes cómo me sentí, incluso cuando era pequeña, cuando presencia mientras fornicabas con esa golfa en tu cama?- le recordó a algo que sucedió hacía más de 14 años, ya que Bella era una mujer y una mujer jamás olvida nada.

Él abrió la boca, en forma grotesca, sin poder defenderse, a lo que todo se fue aplacando, incluso la bestia estaba ayudando a calcinarlo, porque siempre le reprocho toda la mierda que hizo para alejarla.- eso fue antes…-intento argumentar.

-¿antes de que, Edward?- dio un paso hacia delante ocasionando que él se repliegue, en busca de algún tipo de refugio ante sus acusaciones.- ¿antes de que me propusieras que me casara contigo?-la culpa creció dentro de Edward, y la bestia no supo cómo reaccionar, por lo que oculto, cobardemente, entre sus sesos.-¿antes de que huyeras?- escupió con la mayor cizaña posible, porque estaba podrida de sentirse así, de no hablar, de que no hablen de lo que estaba latente y la bronca subyacente. Fue ahí cuando él confirmo que ella jamás tuvo la opción, que él la había enredado desde el primer momento en su locura, para que se enamorara y no pudiera huir jamás de él.- ¿antes de que, Edward?-

Entonces él se plantó, tomando fuertemente los brazos de ella, haciendo que el rostro de Bella se contrajese en dolor. No aminoro su agarre, sino que la apreso y la fuerza eléctrica se potencio, recargada por la prontitud del momento. –dilo…-grito. También cansado, de tener que ocultarse, de tener que aguardar, que ella pronuncie lo que durante tres años evito.-dilo…

Algo dentro de Bella se rompió, y comenzó a llorar desesperadamente, cuando la carga abrumadora de las sensaciones postergadas agolpó su cuerpo. Por lo que cuerpo se fue deshaciendo en los brazos de Edward-me violaste, Edward…me violaste…-y él asintió, también llorando. Para luego cubrirla entre sus brazos, protegiéndola del espanto de la verdad.- ¿Por qué Edward? ¿Por qué lo hiciste?- Bella se acurruco entre sus brazos, como si fuese una criatura, para chillar en agonía. Y él, solo se quedó ahí, abrazándola, acrecentando la culpa. Podía haberle dicho muchas cosas, que lo sentía, que la amaba, que tanto las tristezas como las alegrías siempre se terminaban. Que en algún momento cambiaría, pero lo cierto, la verdad latente era ¿Qué diversión habría en todo eso? así que se quedó callado, mientras su ángel lloraba.

Alice escucho los gritos, aunque no supo que decían, siguió llorando, hasta que después de un rato se quedaron callados, y víctima de su propio cansancio, se quedó dormida. Se despertó cuando se el frio, por dormirse sin haberse tapado, le hizo temblar; helada y abombada por el llanto que le agoto, miro el reloj que estaba sobre la mesa de luz para darse cuenta que eran las 4 de las mañana. Al instante comprendió, rememorando lo sucedido, que Bella no se encontraba a su lado, por lo que precavida, culpable por haberle traído problemas a la única persona que siempre se demostraba entera para ella, salió, temblando, de la habitación. Recorrió el pasillo, para llegar hacía la sala y no la encontró, dudosa y algo descolocada, escucho ruidos provenientes de la última habitación del pasillo, desde la habitación de Edward.

Estuvo por no ir, por un momento creyó que ellos aún estaban hablando, pero se congelo en su lugar cuando lo que escucho fue un gemido, un gemido de placer masculino. Lentamente, mientras que su corazón bombeaba exaltado, fue hacia esa puerta, que la vio entreabierta. Supo lo que encontraría y al mismo tiempo no quería creerlo, por lo que se aproximó hacía la puerta, cautamente y asomando su rostro, pudo presenciar lo que jamás fue contemplado.

Pudo ver la espalda de Edward, desnudo, moviéndose rítmicamente, con fuerza y pasión, sobre un cuerpo, en estocadas limpias y potentes, al principio no pudo ver su rostro de la mujer bajo de él ya que estaba hacía un costado, tratando de ocultar sus facciones, llevadas por el fulgor del sexo. Las piernas de ella le rodeaban, para que sean más profundas las penetraciones. Entonces él bajo la cabeza, curvando un poco la espalda, para tomar su pezón en su boca, causando que ella moviese su cabeza para estirar su cuello a lo que un gemido retumbaba en el aire. Bella, sudorosa y acalorada, mantuvo los ojos cerrados, mientras era atacada sin piedad por la carne y lengua de él. Alice se quedó congelada en el tiempo, sin saber cómo actuar, presenciando el acto sexual, que se veía rudo y poseído, lleno de pasión y flujos, sumamente resbaladizo. Entonces, los ojos de Edward se desplazaron hacía la puerta, sin dejar de mamar ese pecho, como si su vida dependiese de eso, y observo el rostro perplejo de Alice. Y lo que jamás esperaba de ese hombre, que siempre fue la excelencia misma, presentándose desde siempre como lo deseado y cúspide la perfección masculina, sonrió maliciosamente, para soltar ese pezón y aumentar el ritmo de su cadera.

-Dilo…-pidió seductoramente, y aunque su atención estaba en Alice que se quedó estupefacta, sabía que toda su concentración estaba en esa joven bajo él.

-Te amo, Edward…-respondió Bella, entre hondas de placer y desesperación, los orbes oscurecidos de Edward, la soltaron, y fue ahí cuando se dio cuenta que estaba temblando, para dirigir su rostro y besar a Bella.

Por lo que Alice, dio un paso atrás, para rápidamente, refugiarse en la habitación de Bella, lejos de la verdad presentada que destruyo todo lo que alguna vez creyó saber.

Érase una vez un final


espero que le haya gustado.

Leía te mande un pm pero no me respondiste. Así que tuve que publicarlo. Beso.

Puede que no les hay gustado como se desarrollo las cosas pero salio así, al igual que la forma que escribí. Pero después de mucho tiempo son escribir, no pude hacerlo de otra manera.