Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a StephenieMeyer, aunque no podría reconocerlos… La historia pertenece a Twilightzoner, yo sólo traduje para la diversión de ustedes y por obviedad, la mía también.


SUMMARY: Una parodia donde Todos son Humanos de "Sol de Medianoche". AH, AU y por lo tanto OOC. No hay sed de sangre —Sólo lujuria humana incontrolable—. Pornografía y Erotismo llenos de diversión.


N/A: Se ha dicho de los primeros libros y películas de vampiros, que el vampirismo era simplemente un sustituto mal disimulado para el sexo. Volviendo a esos días, todo el género fue considerado muy subido de tono. Con esto en mente, esto es una parodia en donde TODOS SON HUMANOS de "Sol de Medianoche" reemplazando a todo el vampirismo con sexualidad —no hay sed de sangre— sólo lujuria humana extrema. ALERTA GRAVE DE PORNOGRAFÍA. Si estás acostumbrada a historias sólo románticas y de amor, está no es así. Has sido advertida…


N/T: Uff, chicas, ¡como lo prometí! Aquí les dejo la tradu, presiento que les gustara mucho… por lo menos a mí sí. ¡HOT, HOT, HOT, HOT!


*|~Deseo de Medianoche~|*
*~Capítulo 1~*

Mientras estaba sentado en la cafetería, todo en lo que podía pensar, por enésima vez en ese día era: Dios, cómo odiaba la preparatoria.

Realmente era un purgatorio, sentado aquí, día tras día, escuchando hablar sin fin a los profesores de temas en los cuales estaba más avanzado de lo que ellos pudieran creer.

Hasta que nos mudamos aquí hace dos años, todos estábamos siendo educados en una escuela avanzada para chicos superdotados, lo que en realidad no incluía a Emmett ni a Rosalie, pero cuando tus padres están pagando extravagantes sumas para enseñanza, se sorprenderían de las excepciones que tales escuelas pueden hacer. Cuando mi madre decidió que quería vivir en un pueblo pequeño y mi padre sintió que sería "benigno" dedicar su excepcional talento médico a un rústico hospital, fuimos arrastrados hasta aquí, al lugar más miserable, nublado, y húmedo del planeta: Forks, Washington. Dudo que mis padres se dieran cuenta de lo doloroso que fue para nosotros estar aquí. Y para alguien como yo, que rara vez establecía una conexión con otra persona, era verdaderamente atroz estar rodeado todo el día por los ordinarios niños que este pequeño pueblo albergaba.

Mis hermanos y yo éramos demasiado diferentes —demasiado guapos, demasiado inteligentes, demasiado sofisticados, y los más imperdonable, demasiado adinerados—. Por otra parte, los locales parecían estar un poco obsesionados con el hecho de que mis cuatro hermanos adoptados también fueran dos parejas involucradas románticamente. Si se hubieran molestado en preguntar, yo podría haber dicho que Jasper y Emmett, a quienes ahora consideraba como hermanos, fueron relativamente recién agregados a la familia y que no habían crecido con mis hermanas ni conmigo. Pero no les importó preguntar, y claro que no a mí no me interesaba ilustrarlos. Entre más razones tuvieran para dejarme solo, mejor.

Cuando nos mudamos aquí, ya había sido bastante malo encontrar a todas las chicas de la escuela arrojándose sobre mí. No importaba que no supieran nada de mí, podría haber sido un asesino depravado, para lo que les importaba. Se trataba de mi aspecto, mi "cabello bronce" y ojos "esmeralda penetrantes". Había oído muchos comentarios en aquellos días: qué lindo, qué alto, qué bueno estaba. Realmente no consideraba que mi aspecto fuera tan excepcional, rodeado —como por lo general estaba— por mi familia igualmente atractiva. Pero aparentemente, causamos gran revuelo en el Instituto de Forks. Y como yo era el único Cullen "soltero" y disponible, estaba en el extremo receptor de la mayor parte de atención. Había llevado unas dos semanas antes de que yo hubiera sido capaz de disuadir a las más persistentes. No me fue fácil. Había sido educado para ser cortés, para ser un caballero. Con el tiempo, las miradas frías y respuestas cortantes consiguieron que captaran el mensaje, aunque de vez en cuando, pensaba que todavía podía vislumbrar anhelo no correspondido en ciertos rostros.

Sospechaba que la mayoría del alumnado enseguida llegó a la conclusión de que yo era gay. No eran los únicos —creía firmemente que mi familia había por lo menos especulado sobre ese mismo punto de vez en cuando—. Pero ya que yo no mostré interés en nadie, hombre o mujer, simplemente llegué a ser conocido como una especie de solitario freaky o un niño rico engreído. El hecho es, que la gente de mi edad no me intrigaba, hombre o mujer. Eran demasiado insignificantes, no lo entera o suficientemente formados como para captar mi atención. En contraste, yo trabajaba duro para educarme y constantemente mejorar yo mismo. Disfrutaba leyendo y aprendiendo sobre literatura, arte, cine, música, ciencia e historia —sobre más o menos todo—. Era buen lector y viajaba también. Era sólo que me era sumamente difícil conectarme con cualquier adolescente, por no hablar de estos adolescentes de pueblo.

Dicho esto, no es que nunca hubiera visto una chica por la cual me hubiera sentido atraído —pasaba de vez en cuando—. Hasta sentía un cierto grado de… estimulación en ocasiones. Es que la primera vez que ella abría la boca y algo de inanidad se derramaba, no podía sustentarlo. En ese momento, sentía que cualquier atractivo inicial se disipaba al instante, y me quedaba preguntándome qué había captado mi atención, en primer lugar. No es que yo quisiera ser así. Había pensado infinidad de veces que sería mucho más fácil si fuera "normal", si tan sólo pudiera salir a "echar un polvo" como Emmett expresaba tan pintorescamente. Pero sabía que si por alguna circunstancia, de repente me encontrara en la cama con una hermosa mujer, pero por otro lado estúpida, que tuviera todos los atributos físicos que un hombre comúnmente deseaba, no sería capaz de ejercer. Así que tal vez había algo mal en mí, algo faltante en mi esencial carácter.

Mi hermana Alice, probablemente mi mejor amiga, escogió ese momento para interrumpir mi meditación.

—Edward, ¿has oído hablar de la chica nueva, Isabella Swan?

Ah, sí, el último tema del chismorreo en la preparatoria de Forks, la hija del jefe de policía, quien se acababa de mudar aquí para vivir con él.

— ¿Cómo podría haberlo evitado? —Respondí cínicamente.

Otro rubor floral uniéndose al alumnado, ¡qué maravilloso!

—Está en mi clase de Inglés —señaló Alice—. Realmente parece muy, muy tímida. Sin embargo, es linda. Se dice a sí misma "Bella" —sólo esperaba que no fuera otra mujer a la que tuviera que rechazar, por otro lado, no era del todo posible que tuviéramos una clase juntos.

—Está sentada por allá —Alice inclinó la cabeza hacia el otro extremo de la cafetería—. Oh, Dios mío, está sentada con Jessica Stanley. ¡Pobre Bella!

De manera automática, mis ojos viajaron en la dirección que Alice había indicado. Bella estaba al otro lado del lugar, muy lejos de mí como para tener una verdaderamente buena visión de ella. Aunque estuve de acuerdo con Alice, parecía ser linda. Pero la distancia no permitía realmente algo más que una vaga impresión. También comprendí la expresión de compasión de Alice. Jessica Stanley era una de las creaturas más cabezas huecas y menos simpáticas del instituto. Si Bella Swan fuera feliz en su compañía, indudablemente no tendría ningún interés en ella, en cualquier caso, no es que me fuera a interesar.

El almuerzo estaba a punto de terminar, por lo que depositamos nuestras bandejas y nos dirigimos a nuestras respectivas clases. Me senté en la mesa de trabajo que afortunadamente no tenía que compartir y me preparé para otra ronda de aburrimiento en biología. En verdad que esta clase me irritaba, ya que mis propios estudios me dejaban tan avanzado en los temas que enseñaban, que era terriblemente aburrida.

Un momento después, me di cuenta de que una figura femenina pasaba del pasillo hacia la parte delantera del salón. Me reí entre dientes silenciosamente cuando su pie se enganchó en algo y casi perdió el equilibrio. Pero la diversión se extinguió cuando mi mirada se posó en su cuerpo. Mientras se acercaba al escritorio del profesor y comenzaba a hablar en voz baja con el Sr. Banner, mis ojos examinaron su figura. Vestía un par de estrechos jeans de tiro bajo y una camiseta ajustada, que de algún modo la hacían ver completamente femenina. Era delgada, pero tenía amplias curvas en todos los lugares correctos. El Sr. Banner señaló la silla que estaba a mi lado, y la chica miró en mi dirección. Aspiré bruscamente. Era Bella Swan, y era mucho más que linda. Era hermosa, exquisita. Tenía un espléndido cabello castaño oscuro, largo y espeso. Sus ojos también eran de un color marrón oscuro, y tan grandes y expresivos que una persona podría perderse en ellos. Tenía una cara en forma de corazón y carnosos labios rosas. Cuando la miré sentí como si algo me atravesara el pecho.

Mi mente entendió todo en ese momento, y al mismo tiempo, mi cuerpo comenzó a reaccionar involuntariamente. Por primera vez en mi vida, estaba completa e instantáneamente excitado por el simple vislumbre de una mujer. No podía creerlo. Era intolerable —inaceptable—, y enteramente humillante. Simplemente no podía sentirme de esta manera. Pero aquí estaba yo, sentado en clase, de repente encontrándome con una erección atroz. Moví mi silla más cerca a la mesa; temeroso de que alguien se diera cuenta, mis manos se agarraban convulsivamente al borde de la madera. Aparentemente, fui incapaz de suavizar la expresión atónita y horrorizada de mi cara antes de que Bella se sentara junto a mí, porque cualquier palabra de saludo cortés que estuviera a punto de decir, murió en sus labios, y rápidamente desvió la mirada. Pasó el cabello por encima de su hombro para tener algo con que ocultarse detrás. Debió de haber pensado que estaba demente. Me sentía como si así fuera.

La mirada de aprensión en sus ojos mientras se sentaba, se había simplemente añadido a su atractivo. Cargaba un atrayente sentido de vulnerabilidad. Eso encendió dentro de mí una cierta intensa reacción todavía indefinida. También su delicioso perfume me llamaba, el cual olía como a fresas maduras. Embriagó mis sentidos. La sangre latía en mi entrepierna y me mordí el labio para evitar gemir en voz alta. ¡Esto era ridículo! ¿Cómo podía esta nula, esta niña-mujer, tener tal efecto en mí?

Quería alejar la silla de la mesa, para que así pudiera mirarla subrepticiamente, pero tenía miedo de que eso pudiera exponer mi… carencia de control. No había manera de que pudiera estudiarla a mi entera satisfacción estando sentado justo a su lado, sería demasiado obvio. Finalmente, agarré una carpeta y estratégicamente la coloqué en mi regazo, lo que me permitió ocultar mi condición mientras empujaba mi silla hacia atrás, alejándola de la mesa. Entonces, pude al menos beberme ciertas partes de su anatomía sin que ella lo notara.

Su castaño cabello era largo, casi hasta la cintura. Se veía denso y sedoso, y anhelaba tocarlo, ansiaba agarrar un puñado de éste para orientar su cabeza justo así. Sus dedos eran delicados, y no pude evitar imaginar lo que se sentiría que se envolvieran alrededor de cierta parte de mi anatomía ahora imprevisible. Volví a morderme el labio inferior, prácticamente sacándome sangre esta vez. La piel de sus brazos se veía pálida y suave, y tan mujeril. Desde mi punto panorámico actual, pude ver la curva completa de uno de sus senos, tirante contra la tela de su camiseta. Cerré los ojos y visualicé el sensible y rosado pezón que debería adornar la cima, mi lengua persuadiéndolo para que viniera a la vida plena de mi boca llena de adoración. Mi mirada se desplazó hasta la delgada cintura, e imaginé mis manos atrayéndola hacia mí, deslizándolas por su perfecto trasero y presionándola en mi erección. Tuve que detenerme antes de que mi respiración se hiciera entrecortada. Rápidamente eché un vistazo por el aula, para ver si alguien había notado mi perturbación.

Ahora que había memorizado lo que había podido ver de ella, mi mente se fue por un camino más oscuro. ¿Qué se necesitaría, me pregunté, para tener a Isabella Swan a solas conmigo? ¿Podría utilizar esos encantos que tan a menudo desdeñaba para persuadirla y apartarla? No era violación lo que estaba pensando, eso no me atraía para nada. Pero pensamientos de seducción —sí, seducción, eso era— llenaban mi mente. No tomándola en contra de su voluntad, pero sí manejándola a la mía. Me visualizaba a mí mismo sujetando sus muñecas encima de su cabeza con una mano, mientras que la otra junto con mi boca suscitaba involuntarios gemidos y jadeos de placer, su cuerpo retorciéndose inútilmente debajo del mío, todo el intelecto y la razón perdidos en sensación. La llenaría por completo y gritaría mi nombre en su estática posición. Mi entrepierna pulsaba y me moví incómodo en mi silla.

De pronto me sentí como un monstruo. Estaba demente. Esa era la única explicación. De alguna manera, y sin razón aparente, simplemente me había vuelto loco en los últimos 45 minutos. Yo, indudablemente, necesitaba ser entregado. ¿Cómo había pasado de ser una creatura casi asexual a un desalmado rabioso en una tarde? La clase casi llegaba a su fin, Gracias a Dios. No había oído ni una sola palabra de lo que se había dicho, no es como si realmente me importara. Tenía que salir de acá. Tenía que alejarme de Isabella Swan. Quitó su cabello de su hombro y su exquisita esencia me golpeó de nuevo. ¿Estaba provocándome? Mi laxa erección otra vez estaba como palo completamente.

Creo que esa vez mi gemido interno no fue tan silencioso, porque Bella me lanzó una mirada rápida. Estudié el cuaderno en mi regazo, como si el significado de la vida de pronto hubiera sido revelado ahí. El timbre sonó y glorifiqué en silencio. Aguardé un minuto para que todos se fueran, pero todavía tuve que sostener el cuaderno delante mío cuando salí del aula. Me encontraba en las profundidades de la mortificación.

No podría enfrentarme a otra hora de aburrimiento. Sabía que si tuviera que sentarme por otra aburrida clase, mis fantasías volverían con toda su fuerza. En verdad que estaba adolorido… ahí abajo. No creía que pudiera soportarlo más tiempo. Opté por irme a sentar en mi coche hasta que la escuela terminara, esperando a mis hermanos mientras escuchaba música relajante. Siempre podría encantar a la Sra. Cope, la administradora escolar, para conseguir una ausencia justificada. Era la única vez que realmente valoraba mis llamados encantos.

Juré que no pensaría en Bella Swan y no lo hice. En lugar de eso, pensé en mi reacción hacia Bella Swan —lo que para nada era la misma cosa—. ¿Qué diablos había en esta mujer —esta chica, en realidad— que me tenía tan acobardado y desconcertado? A decir verdad, había visto otras mujeres por lo menos tan guapas como ella, sin tener nada parecido a esta reacción —sin tener reacción alguna, de hecho—. Entonces, ¿cómo es que me había convertido en un maniático sexual en una hora sentado junto a ella? Había socavado todo criterio que tenía de mí mismo. Estaba… aturdido.

Me obligué a relajarme y a escuchar los acordes de la orquesta del CD que se estaba reproduciendo. Traté de discernir los sonidos de los instrumentos individualmente. Finalmente fui capaz de calmarme.

Me sobresalté cuando las puertas de mi coche se abrieron. Sólo eran mis hermanos. La escuela había finalizado por ese día, ¡Gracias a Dios! No parecieron notar mi tensión, pero se sorprendieron cuando conduje al hospital. Les dije que se fueran a casa sin mí, ya que quería hablar con Carlisle. Estaban perplejos, pero afortunadamente no hicieron ninguna pregunta.

Me di cuenta de que habría sido extraño que un adolescente promedio quisiera hablar con su padre acerca de lo que me había ocurrido hoy. Pero Carlisle no era un padre normal. Por un lado, era doctor. Más importante, era joven, sólo 33 años. Pero mis padres eran tan amorosos y tan compasivos que no habían tenido problema en adoptar niños, en especial a los niños mayores que a menudo quedaban en la cuneta. En cierto modo, Carlisle me parecía como un hermano mayor comprensivo, maduro y con experiencia. Así que no sentía la misma vacilación en indagar… aclaraciones para aliviar mi confusión como cualquier adolescente normal hubiera sentido, aunque no estaba del todo exento de temor.

Después de deshacerme de la recepcionista, me quedé parado en la oficina de Carlisle a la espera de que respondiera a su llamado. De pronto me pregunté si esto sería una idea sensata. ¿Qué era lo que exactamente se suponía debía de decir: Hoy vi a una chica y me puse duro? No había nada anormal en eso. Entonces, ¿qué estaba haciendo aquí?

Carlisle entró a su oficina y me dio un rápido abrazo, y una sonrisa le iluminó el rostro.

—Estoy sorprendido de verte aquí, Edward. ¿Qué puedo hacer por ti?

—Yo, um, yo, quería hablar contigo —tartamudeé.

Carlisle se sentó detrás de su escritorio, completamente en su papel de doctor. Repentinamente estaba serio.

—Muy bien, ¿Qué puedo hacer por ti?

—Esto es realmente vergonzoso —comencé—. Ni siquiera estoy seguro de por qué estoy aquí, exceptuando que enteramente fue una nueva experiencia para mí. Y estoy… perplejo.

—Edward, tú yo podemos hablar acerca de lo que sea, lo sabes —Carlisle era absolutamente sincero—. Por favor, explícate.

—Bueno, hoy había una nueva chica en la escuela, y yo me… excité —admití vergonzosamente.

— ¿Y el problema es? —instó Carlisle.

Él estaba tratando de decirme que no había nada insólito respecto a la situación.

—Mi reacción no fue normal. Temo que no sea… sano —admití.

— ¿A qué te refieres? —ahora Carlisle estaba más preocupado.

—Esto es tan humillante —me detuve un momento, entretanto Carlisle esperó pacientemente, la comprensión estaba grabada en sus facciones—. Quería apartarla del aula y… tomarla. No podía pensar en nada más. No me importaba lo que ella sentía, sólo la quería, sólo quería satisfacerme a mí mismo en ella. Me sentí como una bestia.

—Bueno —fue todo lo que Carlisle dijo por un momento—. Todavía no estoy seguro de que sea algo fuera de lo normal en un adolescente. Tienes 17, Edward, y las hormonas están golpeando con toda su fuerza —se detuvo y lo consideró por un momento—. No estás hablando de nada violento, ¿verdad?

—No. Nada de eso —acepté—. Era más como si simplemente no me importaran sus sentimientos. Sólo quería tenerla, pero también quería darle placer. E indudablemente que no quería hacerle daño —me detuve y lentamente me pasé una mano por mi cabello—. ¿Me estoy volviendo loco? Nunca he sentido nada como esto antes. Es tan… perturbador —terminé débilmente. Mi voz le sonaba extraña a mis propios oídos.

—Siempre y cuando no tengas pensamiento de fuerza o violencia, no puedo ver que tu reacción sea diferente de la de cualquier otro adolescente —declaró Carlisle—. Sé que no te gusta pensar en ti sólo como cualquier otro adolescente, pero fisiológicamente, eso es lo que eres. Comprendo que mental e intelectualmente estás mucho más allá del promedio de los de 17 años de edad. Al parecer, tu cuerpo físico está emparejándose con el resto. Y honestamente, me siento aliviado.

— ¿Así que para mí es normal… pensar esas cosas? Porque Carlisle, no había nada… tierno en las fantasías que me pasaron por la mente —confesé—. Mis deseos eran… salvajes… incluso dominantes. Eso está mal, ¿no?

—Las sensaciones que me estás describiendo, el tipo de fantasías de las que estás hablando, son, creo yo, relativamente normales. Pienso que si hablas con esta chica y te acercas a ella, tus fantasías cambiarían. Necesitas verla como una persona, no un objeto de deseo. Luego, vendría la preocupación por sus sentimientos. Querrías que ella te quisiera de la misma manera. Así que —continuó Carlisle razonablemente—, llega a conocerla. Habla con ella, averigua como es, ve si te gusta más allá de la apariencia. Si es así, y ella te corresponde, entonces te deseo felicidad. Y aquí estaré para ayudarte en todo lo que pueda.

"Y es posible que necesites algo de ayuda, Edward —reconoció Carlisle—. No recuerdo que alguna vez hayas tratado de ganar el afecto de alguien antes. Tendrás que ser paciente y desinteresado, tus cualidades nunca se habían exhibido en abundancia hasta ahora. Y, por supuesto, tienes que ser un caballero. No me interesa que siglo sea, las mujeres de todas las edades aprecian la caballerosidad. Bueno, no hay mucho aconteciendo aquí, ¿nos vamos a casa?

Asentí en respuesta, a más que sólo a su última pregunta. Carlisle tenía razón, como siempre. Tendría que conocer a Bella Swan. Por alguna razón, encontraba aterradora a la idea.


N/T: Uff, ¿apoco no está HOT? Y luego Carlisle siempre tan comprensivo y ayudando.

¿Les gustó? ¿No les gustó? ¿Traduzco puras tonterías? (Obviamente yo no pienso eso, si no, no lo traduciría) Si tienes algo que decirme, preguntarme o sugerirme: ¡DÉJAME UN REVIEW! :D

Nos leemos el próximo sábado. ¡POR EDWARD ANTHONY MASEN CULLEN QUE ESTÁ MUY, MUY HOT, HOT, HOT!

¿Sí me dejan review?

Las quiero
*~Sol~*